Historia y Arqueología Marítima

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El Imperatore" - La agonía de los grandes veleros

La gallarda proa del "Imperatore"

Fuente: Revista Yachting - 1939

 

En la Vuelta de Rocha, se encuentra fondeado hace un tiempo, esperando la carga que ha de ir a sus bodegas, el Imperatore , magnifico velero de cinco palos de bandera italiana, que realiza su ultimo viaje a vela, para ser convertido luego en buque a motor.

Fué construído en Kiel por los astilleros Krupp y botado en 1922 con el nombre de "Susanne Vinnen", inscripto en el puerto de Bremen. Pertenece a una serie de cuatro barcos gemelos, de los cuales uno se hundió y otro ya fué transformado en buque a vapor.

El "Imperatore" tiene las siguientes dimensiones: eslora total, 87 metros; manga, 13,4 metros, calado  pies, con carga completa. Su velamen tiene una superficie de 1.900 metros cuadrados, con los que puede desarrollar más de doce nudos de velocidad, con la matrícula del puerto de Bremen, realizó el viaje a Sud América, llegando varias veces al Rio de la Plata, remontando el Paraná hasta Santa Fe donde cargaba cereales y rollizos de quebracho. En 1930 fué comprado por Italia para ser destinado a buque-escuela, siendo rebautizado con el nombre de "Patria". Después de cumplir ocho años esta honrosa misión, el año pasado fué vendido a una empresa particular, quien le cambió el nombre por el actual. En la fotografía que ilustra estas páginas representando la timonera del barco, puede leerse todavía una inscripción que data de estos años al servicio de la marina de guerra italiana.

En este su último viaje como velero, el "Imperatore" nos trajo un valioso cargamento de 2.400 toneladas de mármol de Carrara, algunos de cuyos bloques pesaban hasta 16 toneladas. El capitán del "Imperatore", Ercole Ghirlanda, nació en Carrara, a orillas del mar Tirreno, cerca del gran puerto militar de Spezia. Puede decirse que empezó a navegar desde que nació, pues su padre también era capitán de barcos. Entre los recuerdos de su infancia marinera, nos cuenta sus aventuras con un pequeño velero que navegaba sin permiso del propietario, quien bajo llave guardaba el timón y los remos. Desplazando el cuerpo y orientando convenientemente las velas, burlaba estas inútiles precauciones.

A los quince años, ingresó a la Escuela de Capitanes, donde se diplomó cuatro años después, alternando estos estudios con enseñanzas prácticas a bordo de barcos mercantes, donde navegaba como grumete.

Terminados sus estudios, se embarcó como cadete en el buque-motor "Ardito" y al cabo de un año, pasó como capitán al "Eduardo", velero de 400 toneladas, realizando tráfico mercante por el Mediterráneo.En 1937  entró como primer oficial a bordo del "Patria", que hoy comanda con el nombre de "Imperatore".

Ghirlanda narra con amenidad y sencillez sus largos viajes. De su charla afable y de su rostro sereno, se desprenden la belleza de la vida del mar, nos cuenta detalles pintorescos de la vida de a bordo, como la pesca del delfín del que se hace el "muscame" tan codiciado por los genoveses.

Arponeando delfines desde la proa

Hablamos de las tragedias del mar, su rostro se entristece, desfilan por su cerebro algunas imágenes imborrables... En el golfo de Méjico, a bordo de un petrolero, en medio de un "tornado" impresionante, tan temido en esas regiones, se acercaron a un barco que al parecer estaba en peligro. Electivamente el barco se hundía; con grandes esfuerzos botaron una chalupa que pudo recoger a todo el pasaje compuesto de 26 personas. Cuando estuvieron a salvo en el petrolero, notaron que faltaba una mujer, volvieron al buque ya al garete y con grandes esfuerzos pudieron sacarla, porque enloquecida se negaba a embarcar en el bote. Veinte minutos despues y a la vista del barco salvador,  el casco abandonado, se abría ante los golpes del mar, hundiéndose entre la espuma. . .

El "Imperatore", el último gran velero italiano y uno de los pocos que aún muestran sus gallardas arboladuras por los mares del mundo, visita por última vez el puerto de Buenos Aires. Una sala de máquinas reemplazará sus cinco palos cargados de velas.

Es la agonía de los grandes veleros, la ruda poesia del mar antiguo que desaparece ante el progreso. La transformación del "Imperatore" será para Ercole Ghirlanda, su capitán, como la muerte de los sueños de la niñez, como la muerte de lo que amamos, ante una realidad irresistible que siembra la nueva vida sobre los despojos de la muerte.

Navegando de ceñida

 

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