Historia y Arqueología Marítima

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VIRANDO POR AVANTE

. . .cuando está a todo ceñir. . . (amuras a estribor).. .

por JOHN WALSH M. N. Especial para NEPTUNIA. ilustró el Cap. E. Van Quekelberge - Publicado en NEPTUNIA en 1944

SE le ha ocurrido a usted, intrépido yachtman, pensar que en el momento en que sin ayuda de máquina alguna está virando su barco por avante, está Vd. empeñado en la más científica evolución que el hombre haya llevado a la práctica?

¿Cuando soltaba las escotas de foque y orzaba con el timón, no pensó usted que esta maniobra, que en su barquito le resulta sencilla e infalible, le resultaría complicadísima y no siempre positiva si tuviera que virar por avante con un buque de aparejo redondo? Este podría ser de cuatro a cinco palos, pero para que la explicación e ilustración sean más accesibles a un novicio nos conformaremos con una simple fragata (3 palos). En esta fragata, las fases de la maniobra tienen que ser estrictamente acertadas porque si fallara la virada, resultaría una gran pérdida de valioso barlovento con las consiguientes dificultades que originaría el empezar de nuevo.

Cuando está a todo ceñir y que el viento cambia gradualmente hacia proa, lo que ocurre a menudo, llegará el momento en que estará Vd. obligado a cambiar de amura, puesto que el rumbo y la distancia deben ser siempre su primera preocupación. Un buque de ultramar nunca debe seguir un rumbo que lo aleje de su punto de destino. Por esto su primer orden será: "¡Aparejo a virar por avante!" - suponiendo naturalmente que el viento sea bastante moderado para permitir esta maniobra, de lo contrario habría que maniobrar al revés, es decir: "virar por redondo", lo que exige mucho espacio de sotavento.

Así para virar por avante, en primer lugar se levantan la gran vela mayor y la mayor popal hasta que queden suspendidas en sus chafaldetes y en sus apagapenoles, lo que representa una notable disminución en la velocidad. Si no se las alzara ocurriría que estas enormes velas impedirían el giro rápido de las vergas en el momento oportuno.

...quedan suspendidas en sus chafaldetes y en sus apagapenoles. . .

Después convendrá arriar las velas de mayor, estay y las de mesana. Sin embargo algunos capitanes se niegan a tomar esta precaución prefiriendo aprovechar el aumento de velocidad inicial y corriendo pues el riesgo de posibles contrariedades. Esta costumbre es peligrosa y de gran responsabilidad para el capitán, porque al flamear estas velas arrastran en sus desencadenados movimientos a las escotas y sus motones, los que fustigan cual inesperados latigazos a todo cuanto les rodea.

Como cada vela mayor está provista de escotas dobles y que además lleva una escota suplementaria llamada la perezosa, habrá que largar estas también y templar el seno de las de barlovento hacia atrás, después de desengancharlas de sus vinateras fijadas a los obenques.

Estos preparativos todavía no se aplican al trinquete, porque esta vela estando situada a proa, se la aprovecha en más de una ocasión durante la maniobra.

Ahora, sabiendo que las brazas están adujadas para esta maniobra, de manera que impida toda posibilidad de enredos y puedan correr rápidamente por sus motones cuando éstas sean largadas, para completar la primera orden solo nos queda cazar al medio la botavara de la mesana cangreja. Esto tiene que hacerse aunque sólo se trate de una oreja de mulo (Oreja de mulo: vela triangular que se usa.en lugar de la cangreja.). a fin de obtener la mayor presión posible sobre la parte trasera del buque. Necesitará toda esta presión como brazo de palanca para mover el buque en contra del viento.

"¡Listos para virar!". A esta orden cada tripulante ocupa su puesto.

El primer oficial, que como es su deber en todos los veleros, dirige la guardia de babor, se sitúa a proa con sus hombres.

El segundo oficial con la guardia de estribor coloca sus hombres en sus respectivos puestos detrás del palo mayor. En esta orden hasta al cocinero y al capitán corresponde puesto y responsabilidad, puesto que solo ocupan en esta ocasión.

El cocinero toma posición al lado de la escota de trinquete y el capitán al asegurarse que todos están en su lugar, se hace cargo del timón, hace arribar su buque, el que cediendo al viento, adquiere mayor velocidad. ¡ Ahora ha llegado el momento psicológico!

El cocinero, consciente de su responsabilidad, vigila con marcada atención cada movimiento del capitán, quien en ese preciso momento cambia gradualmente el timón para orzar su buque. Este movimiento no ha escapado a la perspicacia del cocinero, quien súbitamente, sin recibir orden alguna, salta la escota de trinquete que vuela flameando al viento por lo que esta gran vela deja de ofrecer toda resistencia. Así como el cocinero vigilaba al capitán, el primer oficial observaba al cocinero y en el momento en que este larga su escota, los hombres bajo las órdenes del oficial saltan las escotas de los foques, dejándolos flamear a merced del viento.

Poco después todo el velamen de la fragata empieza a flamear desordenadamente, con formidable estrépito. Es una escena imponente y salvaje en que la atención no sabe donde detenerse, si en el desorden de las velas o en el ensordecedor chasquido de las mismas. La tranquilidad renace cuando, con el giro del buque, las velas empiezan a quedarse en facha. Desde luego la escena ha cambiado completamente y de revoltosas e inquietantes, las velas se han tornado mudas y al parecer indefensas. Se creería un buque desamparado, una masa inerte de velamen y de acero.

Mas no es así, su inmovilidad aparente es sólo temporaria, pues desde ahora la virada está asegurada, puesto que sigue girando continuamente y que el viento se aproxima paulatinamente a la proa.

Cuando éste ha llegado más o menos hasta una cuarta de la proa, las velas mayores y las de mesana del lado de sotavento quedan socaireadas por las de proa y caen a telón, pero una parte de estas velas del lado de barlovento sigue recibiendo el viento y queda en facha.

Aprovechando este adecuado momento el capitán da la orden: "¡Cambia al medio!!. Esta es la orden que esperaba el segundo oficial y que consiste en girar simultáneamente todas las vergas del mayor y de mesana. Desde que se largan las brazas de sotavento, con la ayuda de la presión del viento sobre parte de las velas de barlovento, las vergas giran solas, no hay más que templar rápidamente el seno de las brazas del lado opuesto y para lograrlo los marineros corren por la cubierta, asidos a ellas, pero sin cazar las brazas todavía.

...todo el velamen de la fragata empieza a flamear desordenadamente...

En este tiempo, el primer oficial con su guardia no queda inactivo, pues mientras que los foques están flameando y  que el viento sopla a fil de roda, hace cazar las escotas otra vez. Estas velas se ponen en facha y por su posición al extremo proel, ayudan considerablemente a la evolución. Con todo el velamen en facha, ocurre a veces que el buque queda parado, no respondiendo más al timón, el cual entonces se pone al medio y después el barco empieza a retroceder. Como es natural, esto es lo que vigilaba el capitán, quien de inmediato invierte el timón, es decir para marcha atrás. Un velero en marcha atrás se puede gobernar mientras que un vapor en estas condiciones, no responde al timón debido a la acción de la hélice.

. de proa. . . sus velas en facha, fuertemente presionadas contra los obenques de trinquete...

No nos olvidemos que todavía la verga de trinquete y las de proa están con sus velas en facha, fuertemente presionadas contra los obenques de trinquete y contra las burdas de mastelero mientras que el buque sigue girando. El primer oficial observa el viento y cuando éste ha pasado a la nueva amura, hace cambiar las escotas de foques y de estay; al mismo tiempo a popa se fila la escota de la botavara de cangrejo con el fin de favorecer la caída de la proa. Cuando las velas de popa se hallan a filo, suena la orden del capitán: "¡Descarga a proa!". El oficial larga las brazas que anteriormente estaban de sotavento los tripulantes halan las del lado opuesto, haciendo virar las vergas que quedan cazadas para la nueva amura.

Con esto se da por terminada la maniobra principal, es decir el cambio de amuras retirándose en este momento la brigada franca del servicio de guardia y la brigada de guardia sigue con los trabajos. Se establece de nuevo la vela mayor y la mayor popal, se cazan las brazas del mayor y del mesana y en fin se izan las velas de estay mayor y de mesana, todas estas con sus escotas cazadas para el nuevo rumbo. Y así sigue a todo ceñir por la nueva amura.

Con la última voz de mando del capitán: "¡Arrancha maniobra!", los marineros más diestros se dirigen a sus ocupaciones habituales, mientras que los novicios siguen con el arreglo de las jarcias de labor que empachan la cubierta, adujando y amarrándolas a sus cabillas respectivas.

...sigue a todo ceñir por la nueva amura (babor)..

Esto es lo que se llama virar por avante.

No se puede entrar en detalles con respecto a los otros métodos empleados para cambiar de amuras, tales como virar por redondo, virar facheando con las velas de proa y virar por avante con uso del ancla de sotavento, su desarrollo sería demasiado extenso para este artículo.

Si alguien cree que un velero no puede entrar a puerto sin ayuda de remolcador, está equivocado. No cabe duda que en condiciones normales, un piloto experimentado puede, en muchos casos, maniobrar tan bien con un velero como con un vapor.

Tampoco debe temer por la seguridad de un velero navegando en alta mar, porque si un vapor de carga puede afrontar la tempestad, téngase la seguridad que el velero, manejado por hombre experto, saldrá más airoso del trance que el primero.

 

 

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