Historia y Arqueología Marítima

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VELEROS DE LA COSTA BRASILEÑA

CANOA DE 22 METROS, EN BAHIA

Por BERNARDO BUTS - 1939- Publicad n la revista Yachting, numeros 126-127-128.

Los primeros barcos a vela que se encuentran al sur de la costa de Brasil, son los de Río Grande, bastante similares a los llamados Doris, en Bretaña, embarcaciones que utilizan los paimpolés cuando pescan bacalao en Groenlandia y Canadá.

Estos conocidos veleros de Río Grande do Sul, son finos, de fondo chato, con vela latina, bastante alar-fados, lo que tal vez les permita ceñir bien. En realidad salen poco de la Laguna de los Patos, y cuando lo hacen es para pescar. Fué allí donde Denis (el tripulante de proa a popa), luegfo de observar la navegación de estos veleros, llegó a la conclusión de que muchas veces el 80 % de un barco, es su tripulación. basándose sin duda, en la maniobra y destreza de quien lo tripula.

Aprovechando la reflexión de mi hijo, creo oportuno narrar una anécdota tragi-cómica, ocurrida hace varios años.

Siendo vn inven, fuimos cierta vez de la pequeña Maña a la grande, en un bonito vacht de 9 metros. Abordo éramos tres: un amigo inglés (hov general), unnintor (oue no era vo), y yo, el más joven. En la travesía tuvimos mal tiemno, y también algunos inconvenientes. nnos al querer subir la vela mavor, la driza miedo trabada, la vela no quiso baiar lo poco Que había subido, v la escota, estando enredada, se negó a aflojar. El pintor cortó la driza, debido al apremio del momento, vo corté la escota, y 1a, vela se deshizo en pedazos. El inglés, testigo v parte de los acontecimientos, se introduio en la cabina y rezaba arrodillado en el piso, habiendo tomado la precaución de colocar papeles debaio de sus rodillas para no ensuciar su pantalón de franela blanca. A todo esto, el barco llegó a puerto, puede decirse que por sus propios medios, sin contar con la desordenada ayuda de sus tripulantes.

En las palabras de Denis, referentes al tema “tripulantes”, ¿no hay acaso mucho de verdad?

Es indudable que el yachting ha marcado progresos notables, y entre éstos el de facilitar la maniobra en navegación. Pero reconozco también que para adquirir la necesaria capacidad de una tripulación, tan importante en cualquier objeto que flota, es a veces mejor empezar con una vela cangreja y tres foques que con una bermuda de dacrón. Parece que las marinas de guerra piensan algo semejante, al construir para la educación de sus cadetes, fragatas de velas cuadradas.

Esperando sepan dispensar los lectores mis anteriores reflexiones, sigo navegando la hermosa costa brasileña.Hacia el norte de Río Grande do Sul, al no haber puertos, no hay veleros, hasta llegar a la bendita Santa de los Novios y a Santa Marta, con el cabo del mismo nombre, que lleva un error de latitud y longitud en todas las cartas.

Las lagunas y demás puertitos hasta Florianópolis no tienen veleros, no siendo canoas, de las cuales hablaremos luego.Cre íamos que Florianónolis era la ciudad de las flores (es indudable que los franceses sabemos poco de Geografía y menos de Historia).

Hay un puerto bastante bien hecho, enmarcado en un hermoso y pintoresco paisaje. A lo largo de esta magnífica Isla de Santa Catalina, mar afuera, encontramos el primer velero grande. ¡Qué gran emoción al divisar en el horizonte sus velas blancas!, recordando todos mis sueños, mis antepasados más o menos corsarios, v mis lecturas desde Cristóbal Colón hasta el hombre de la “marca negra” que tenía un solo ojo y una sola pierna. Además ,esta goleta blanca, tiene un magnífico nombre para quienes gustan de la consonancia: “Palma Santa”.Durante treinta años transportó pólvora desde Pernambuco hasta Río Grande do Sul, sin motor (hace unos años le han colocado maquinaria), y aún sigue distribuyendo tan preciado material para las minas de hierro y carbón, como para toda fiesta brasileña.

“Palma Santa” tiene una hermana llamada “Elizabeth”, a quien encontramos en Sao Francisco do Sul.

Les aseguro, señores, que observar un paquebote con sus luces encendidas o un carguero fumando su pipa, es realmente un regalo para los ojos; pero ver en el horizonte la señera figura de una goleta acercándose majestuosamente con sus velas henchidas por el viento, representa una muy distinta belleza, tal vez más lenta y rudimentaria, pero no menos hermosa.

LAS CANOAS

Hay dos clases principales, las de mar y las de río, con entradas y salidas de agua bien distintas. Tanto las pequeñas como las de mayor tamaño, están construidas con troncos de árbol que fueron ahuecados.

En estas embarcaciones puede observarse gran variedad de aparejos; velas tarquinas, al tercio, latinas, portadas en uno, dos y hasta tres palos, según veremos. Varias de ellas las hemos encontrado fuera de la vista de la costa. Tripuladas por dos o tres hombres, zarpan con el terral y regresan con la virazón, resolviendo así el problema de navegar de bolina.

A mi juicio navegan y maniobran mal, siendo además muy peligrosas para quienes no están habituados a ellas, pues se tumban muy fácilmente (;.no es cierto, Denis?). A pesar de dichos inconvenientes, los prácticos de Paranaguá, con quienes pasamos diez días magníficos, prefieren la canoa a otra embarcación, pues les permite llegar con cualquier tiempo hasta el remolcador o barco piloto. Más hacia el norte, he oído decir sin embargo, que las “jangadas” son más útiles donde no hay puerto, pues pasan la “barra” con más facilidad y menos peligro qv.e las canoas.

Deseando establecer el origen de éstas (¿africanas o indígenas?), recurro a lo leído en libros que tratan dichos temas, habiendo llegado a la certeza de que los barcos utilizados para llevar a los esclavos no eran canoas. Una vez allí, éstos conocieron las piraguas de los indios y comenzaron a fabricar canoas del mismo tipo, pero aplicando la técnica africana de utilizar troncos de árbol ahuecados.

Las piraguas de los indios eran construidas con corteza de árbol, que se unían por medio de lianas. Navegaban en ellas quince o veinte hombres; diez para remar y los restantes para vaciar el agua que penetraba por las costuras, estando todos dispuestos a pelear al llegar a campo enemigo, pues eran piraguas de guerra. Por ello, piraguas y tripulantes fueron desapareciendo en esas regiones pacificadas por los portugueses, franceses y otros colonizadores europeos.

Las canoas no han desaparecido, encontrando gran cantidad en toda la costa brasileña. Son embarcaciones muy poco apropiadas para navegar de ceñida, siendo aventajadas en ese aspecto (y haciendo una comparación) por las carabelas que utilizó Américo Vespucio cuando recorrió la costa de Brasil. (1).

En Bahía —sobre la boca del Río Paraguazú- los pescadores eligen por un año su Jefe de Pesca, quien debe decidir diariamente las faenas a realizar. Así es como dispone: “Hoy luna nueva, todos a pescar”, o “Pescaremos con las redes mayores, río arriba”.

Una vez al año, para la fiesta del Bom Jesús, el Jefe fondea su canoa adornada con flores, frente a la bahía, portando además una bandera azul a un metro de la borda.-

SAVEIRO DE VELA LATINA, EN BAHIA

SAVEIRO CON VELA CANGREJA

Todas las canoas que intervienen en los actos de ese día, llevan sus velas de regata, utilizadas solamente en circunstancias especiales.

Son embarcaciones de tres palos, de 18 a 22 metros de eslora. Portan tres velas latinas, debajo de las cuales y para hacer contrapeso, nueve hombres (tres por cada palo), se suspenden de cabos que les permiten mantenerse con el cuerpo afuera y los pies apoyados en cubierta. Tres hombres para las escotas, uno para no hacer nada en proa, y el timonel, agregados a los nueve anteriormente nombrados, completan una tripulación de catorce personas.

El estampido de un petardo indica la señal de partida, y puede observarse entonces la extraordinaria velocidad que desarrollan estas embarcaciones. Creo oportuno consignar la opinión del nropietario del “Vendaval” (hoy Noreste) y de otro amigo que regatea en “sixty meters”, quienes manifestaron que las canoas pueden correr más que sus respectivos barcos, aún cuando éstos naveguen en las mejores condiciones.

Para ganar esta regata no basta con llegar primero. Debe rescatarse la bandera azul del sitio donde ha sido colocada, gesto muy noble y hermoso, pues son muchos los casos en que el patrón de la primera canoa no tiene interés en ser el nuevo Jefe de Pesca (tal vez por no desearlo su mujer o por significar muchos gastos para la fiesta), dejando así la posibilidad a quien llega en segundo lugar.

I Estos pescadores, generalmente mestizos de varias razas, son magníficos atletas, además de inteligentes, tranquilos, buenos compañeros v de perfecta cortesía, característica común en todo Brasil.

A lo largo de la costa se efectúan anualmente varias regatas, siempre bajo el marco esplendoroso de esos paraies. Flores, banderas, música, ¡qué linda vida!, y también velas blancas. Cierta vez, mientras observaba a un mestizo envergar en su canoa una flamante y hermosa vela blanca, me atreví a preguntarle: ¿no cree usted que las velas teñidas duran más que las blancas?. . . ¡Oh, es verdad —me respondió—; mas la vela blanca es mucho más bonita! ¡Qué hermosas sus palabras!

Hace dos años, hubo una regata entre ochenta saveiros, desde la Isla Madre de Deus hasta Salvador. Lamentablemente no pudimos estar en ese lugar para presenciarla, habiendo así perdido, sin duda, un magnífico espectáculo.

1(1) Me permito aconsejar a los navegantes que gustan de las emociones, la entrada a Porto Seguro. Son bancos de corales dentro de un marco de gran belleza, entre los cuales pasó el Almirante Cabral al descubrir Brasil. Allí hizo rezar una misa en acción de gracias en la “coroa vermelha". Hay también una piedra con el escudo de Portugal, que marca dicho descubrimiento.

Cuando Américo Vespucio, en su navegación costera, arribaba a un pueto, le daba el nombre de la fiesta del día, haciendo así: “Salvador”, “Bahía de Todos los Santos’’,  y el de enero '“Rio de Janeiro”.

BARCA DE ‘ BARRA FORA", QUE TRANSPORTA CACAO ENTRE ILHEUS y BAHIA. EL APAREJO ES EL MISMO DESDE EL SIGLO XVIII; PUEDE OBSERVARSE ENTRE UNO DE SUS DETALLES, QUE LOS RIZOS SE .TOMAN POR ARRIBA

LAS BARCAS DE BARRA FORA

Son antiguos pero muy buenos barcos, que no han cambiado su fisonomía desde el siglo XVI en que fueron construidos. Muy extenso sería describirlos detalladamente, pero bastará con reconocerlos como magníficos veleros, que navegan Inuy bien, tanto cerca de la costa como en altamar. Los hemos encontrado varias veces por la “barra falsa”, donde siempre hay poca agua, mucho viento y mar gruesa.

LAS GOLETAS DE CARGA

Navegan entre Bahía y Río Grande do Norte. Son similares a “Palma Santa” y “Elizabeth”. Antiguamente había embarcaciones parecidas en todo el mundo, con poderosos obenques y estays, tres foques, mayor y mesana. Una de ellas, la “Airton”, en la que he sido invitado a navegar, lleva también motor .

Estas goletas son llamadas también “lates”. Y se presenta afluí un pequeño problema de etimología.

\Sabemos que la palabra “late”, es una deformación de la voz de origen nórdico “yacht”, pronunciada a gusto y fantasía de cada pueblo: para los franceses es “yak”, los ingleses pronuncian “iot” (y también algunos “yachtsmen” extranjeros que tratan de hablar inglés), para los brasileños es “iate”, y los argentinos dicen “yate”. Hasta aquí, nada de extraño. Pero en algunos puntos de la costa brasileña, donde nunca han visto un verdadero yacht, hablan de “iate”. Es que existe una idea indefinida entre los habitantes de esos puertos, con respecto al verdadero concepto de esta palabra. Así es como no consideran “iates” a las goletas de tres palos que transportan cacao, siéndolo en cambio el moderno turbomotor que hace el servicio de las islas del Reconcavo; también lo es el antiguo “Comandante Ca-pela”, vapor costero de pasajeros y carga.

 Un tripulante me dijo cierta vez que experimentaba cierto temor con su saveiro, cuando pescaba mar adentro, pero que "preferiría morir antes de andar en esa barcaza”... y me señaló al “Vendaval”. Y al distinguir en el horizonte el vapor de la carrera, dijo: “Prefiero aquel “iate”, uno saca boleto, sube a bordo y está tranquilo”.

LOS SAVEIROS

Estas embarcaciones son exclusivas de Bahía, pudiendo observarse entre ellas, distintos tipos. Las barcazas, con dos o tres palos y sin obenques ni estay, que navegan puramente a vela. Transportan cacao de Ilheus a Bahía. Sus tripulantes son verdaderos artífices de la maniobra, pues guían la embarción dentro del mismo puerto, arriando e izando velas, para hacerla virar, todo ello sin ayuda alguna. Mientras tanto el patrón se ocupa del timón y la escota de mayor.

Estos veleros tienen un aparejo bastante raro, con un mástil muy en proa, un solo foque y botalón enorme. Llevan un barbiquejo que sirve solo de adorno, y a veces dos o tres. Mientras paseaba cerca nuestro, observamos que una de estas barcazas utilizaba uno solo de los tres barbiquejos que portaba.

GOLETA DE TRES PALOS, TRANSPORTE DE CACAO. MANIOBRANDO A VELA DENTRO DEL PUERTO DE BAHIA

Los saveiros actuales, es decir los de diseños más modernos, se agrupan también en varios tipos. Algunos son doble proas, y otros tienen popa con gran espejo. En general, todos, son de fondo chato, para poder llegar a la playa; sus cascos son de líneas bastantes afinadas.

O

EL “ANDARIEGO" SECANDO VELAS FRENTE A UN “|TRES PALOS" DE CARGA, MIENTRAS DENIS REMA EN EL CHINCHORRO RUMBO AL BARC

Los saveiros de pesca portan dos velas latinas. Tienen la cabina en cubierta y bodegas especiales para hielo. Salen a muchas millas mar adentro, con cinco o seis hombres de tripulación, y se dedican a sus tareas durante más de diez días, luego de los cuales, regresan a tierra.

En general, los aparejos de los saveiros tienen mucha altura, debido a que en la zona de Bahía los vientos son normalmente altos, A veces llevan un pequeño foque que sirve para dar equilibrio al barco. Una verga rectangular sobre el palo de proa y la mayor, de formato muy similar a una Bermuda, agrega otra nota característica a estos veleros. Y a propósito del aparejo, las versiones son variadas en cuanto al motivo de la ausencia de obenques y estays. Algunos dicen que ello se debe a la falta de vientos fuertes en esas zonas, mientras otros afirman que las maderas utilizadas para la fabricación de los mástiles tienen una resistencia especial que hace innecesario el uso de cables do contensión.

Hemos navegado en los saveiros, y notamos que normalmente salen poco de la bahía. Cuando lo hacen, es para navegar bien mar adentro.

Dadas las condiciones climáticas que suelen presentarse, con los alisios que soplan muy fuerte, algunos chaparrones y vientos frescos del sur, no cabe menos que admirar la navegación que realizan estos barcos, de palos tan flexibles y maniobra fuerte que requiere gran habilidad, idea de lo cual se tiene al observar la enorme vela mayor, con su escota desprovista de aparejo.

En estas zonas, los alisios dan la apariencia de ser suaves cuando se navega a favor de ellos, pero dejan sentir su rigor, al querer remontarlos. Los veleros grandes emplean dos o tres días desde Recife a Bahía, y diez, once y hasta quince en navegar la ruta inversa. En Recife, además de las goletas de carga, se observan pequeños pesqueros a vela.

No habiendo colinas, los vientos son bajos, y es por ello que las velas tan alargadas en sentido vertical en Bahía, lo sean aquí en sentido horizontal, con botavara muy larga, palo corto y flexible, con su extremo doblado hacia popa, semejante al de los veintidós metros internacional.

En el viaje de regreso de Recife hacia el Sur, pudimos visitar algunos puertos omitidos a la ida. En uno de ellos, Rio das Contas, vimos una minúscula goleta de carga, mientras atravesaba la barra con muy poco viento, siendo perjudicada además por una fuerte corriente y mucho oleaje, todo ello a solo diez brazas de las piedras. ¡Audacia y virtuosismo de sus tripulantes!

Visitamos luego Ilheus, el mayor puerto de exportación de cacao, con su característica e impresionante barra. Allí encontramos una especial cordialidad de parte del ‘'mestre" de un gran velero, quien nos ofreció su barco para que amarrásemos a él, luego de lo cual se mostró muy complacido en ofrecernos una apetitosa comida y hasta una reconfortante ducha con agua dulce.

El lugar que más recuerdos imborrables nos ha dejado, por su hermosura y por los días pasados en él, es sin duda Abrolhos. Son islas ubicadas a 35 millas de la costa, frente a Caravelas. Su paisaje está compuesto por algunos “coqueiros”, un faro, vegetación casi rasante y aguas mansas y muy claras. Infinidad de gaviotas y corales multicolores aumentan aún más, la inmensa quietud y grandiosidad de este paraje incomparable.\

PROAS DE TRES SAVEIROS, EN BAHIA

Nunca olvidaremos las escenas que se fueron sucediendo mientras entrábamos en Abrolhos. Embelesados por la hermosura que nos rodeaba, distinguimos entre los corales, sobre las crestas de las olas y muy cerca de un carguero hundido, dos pequeños puntitos. A medida que se acercaban, fueron despertando en nosotros mayúscula sorpresa y admiración. Pues eran señores, dos barcos de pesca, tan pequeños y aparentemente endebles, que resultaba difícil concebir la navegación que realizaban, azotados por las olas, y bajo fuerte viento. Y lo más curioso era la estructura de estas embarcaciones, pues estaban desprovistas de cubierta y portaban una pequeña vela tarquina. Uno de sus tripulantes ocupaba el timón, otro maniobraba las escotas, y un tercero achicaba continuamente agua, mientras el restante permanecía alerta en caso de necesidad o preparaba comida (fogón a leña).

AIRTON", BARCO DE CARGA BRASILEÑO, ANCLADO EN EL PUERTO DE BAHIA

Estos veleros llegan a Abrolhos llevando sal, y fondean entre los bancos, salando el pescado cada noche. Utilizan anclas fabricadas con madera y como fondeo, un cabo de fibra barata. Diariamente pierden dos o tres de esas anclas, por ello llevan a bordo más de doce, una de las cuales nos fué obsequiada por un gentil pescador, trofeo que se encuentra a bordo de mi barco, como recuerdo de nuestro paso por la inolvidable isla.

Luego de la jornada de pesca, regresan a fondear entre las islas, durmiendo debajo de las velas. Al amanecer reanudan el trabajo, y así durante nueve o diez días, luego de los cuales van al continente para vender “o peixe” y descansar.

Cuando salieron, soplaba viento fresco. Pasaron navegando junto a nosotros. ¡Qué maravilla! Preguntamos al timonel en cuánto tiempo pensaban llegar a Caravelas. “Cinco o seis horas señores, pero deberemos prestan mucha atención”, nos contestó. Al observar el cielo encapotado y las posibilidades .le que el viento aumentara, creimos muy justificable la advertencia. Por ello, cuando ya la popa del velero comenzaba a alejarse, e impulsado quizá por una íntima curiosidad y admiración, pregunté: “Debe ser dura esa vida, ¿verdad?”. “Lo es —me respondió—, pero también es libre señores, eso también lo es”.

Y detrás de la estela que dejaba la nave, quedó en mi memoria el recuerdo de sus palabras, sintiéndome feliz de poseer también yo, la libertad que brinda la vida incomparable del marino.

F I N
 

 

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