Historia y Arqueología Marítima

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LA VELA EN NUESTROS RÍOS

Las velas de cuchillo caracterizan al pailebote puro

Neptunia 1926. Sin mencion de autor

Cuando hace ya algunos años, cerca de un cuarto de siglo, navegábamos en crucero a vela por las aguas de nuestros grandes ríos Plata y Uruguay, teníamos siempre a la vista la compañía infaltable de la vieja goleta, del pailebot de gavia, de la balandra o de la legendaria ballenera de cabotaje que durante largas horas se mantenía ganando camino sobre el "yate de regata" a quien miraban con ironía cuando el viento soplaba por la popa de través, o a quien observaban con sorna cuando Eolo soplaba de ceñida.

Un lugre salinero frente al Yaguarí

Uno tras otro aislados o en convoyes, aguas arriba o aguas abajo, la contemplación de esos viejos veleros constituía uno de los pasatiempos que distraían al timonel de guardia y a los tripulantes en descanso, cuando la brisa fresca y el rumbo tranco permitían solazar el espíritu con la belleza del velero navegando, que surgía no solamente de la exterioridad de su hermosura sino también de las reflexiones íntimas que acuden a la mente ante la presencia de la "personalidad" de esos viejos veleros constituía uno de los pasatiempos que distraían al timonel de guardia y a los tripulantes en descanso, cuando la brisa fresca y el rumbo tranco permitían solazar el espíritu con la belleza del velero navegando, que surgía no solamente de la exterioridad de su hermosura sino también de las reflexiones íntimas que acuden a la mente ante la presencia de la "personalidad" que reúne a su alrededor mayor cantidad de leyenda.

Y la sorpresa, el agrado y la satisfacción llegaban a su máximo cuando el velero ya no era el pequeño buque de cabotaje, sino la poderosa barca de ultramar o el lugre de elevada guinda, quien alcanzaba o cruzaba cargado basta la marca, de salitre o de productos de saladero. La presencia de esas enormes masas navegando por sus propios medios en las aguas del Uruguay o por los estrechos canales que dan salida al Océano formaban verdaderos cuadros de un naturalismo inimitable, porque allí se les admiraba dentro de su propio ambiente que a modo de marco daba al conjunto el sello de una obra de arte verdaderamente real.

El pailebote de gavia es.. .

...un hermafrodita

Toda esa poesía de los cruceros ha desaparecido; de aquella época no queda nada más que el recuerdo, los veleros se han ido casi por completo, substituidos por los poderosos remolcadores que arrastran larcas series de chatas y pontones. Hoy no se esperan los vientos favorables para cruzar una orzada, que entonces daban lugar a que se agruparan en el último punto de un viento abierto, las goletas y pailebots, para continuar después unidos basta que otro cambio de ruta obligaba a aquellos marinos a buscar los veriles favorables donde fondear hasta que la virazón entrara.

Todo eso terminó con la presencia del motor admirable en su funcionamiento mecánico, pero falto de belleza, sin encantos que inspiren otra cosa que la energía y la materialidad del trabajo. No se ve hoy al voluminoso pailebot cargado hasta los trancaniles, remolcado por el minúsculo chinchorro convertido en fuente de energía por los acerados músculos del viejo marinero !

El chinchorro suplía al viento

Se acabaron en nuestros ríos aquellos enormes baupreses y botalones que planeando sobre la superficie, parecían husmear el destino; si alguno queda, ha sido tronchado y se presenta ñato, desdeñoso y huraño a las miradas del yachtsman que también lo desprecia porque no ve en él la percha marinera, sino un suplemento constituido por un puntal de defensa para la roda en las atracadas.

Un queche

El progreso que materializa y encarece la vida porque finca su éxito en el factor tiempo, ha despojado al tráfico marítimo de todos los pliegues donde se refugiaba la gran dosis de cariño que el nauta tenía por su alta profesión. No surcan ya las aguas de nuestros ríos los veleros puros de otros tiempos, si alguno se alcanza a divisar lleva de seguro escondido en sus entrañas la máquina monótona que palpita por la perilla del mesana, y la que, a pesar de haber borrado a bordo todo vestigio del romance en que ha estado rodeada desde viejos años la navegación a vela, no puede negársele importancia por la parte principal que le corresponde en el desarrollo adquirido por el cabotaje, considerándolo desde el punto de vista de las toneladas conducidas y la regularidad de los transportes^

Felizmente nuestro país posee en abundancia la materia de feo aspecto y peor perfume de la cual se extrae la potente energía que en estos tiempos reemplaza al carbón en la máquina de explosión interna, maravilla del ingenio humano, cuyos perfeccionamientos dejan en suspenso la imaginación al contemplar la marcha pausada en competencia triunfante con la de vapor.

Las puestas de sol recordaban al tripulante el hogar lejano

 

 

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