Historia y Arqueología Marítima

HOME

Indice 

LAS BALLEIRAS

por GERMAN FRERS

Publicado en la Revista Yachting Argentino en el Tomo I de 1939/1940.

En el mes de Agosto de 1934, navegábamos con Claudio Bincaz en el Fjord II, tirando bordes en el Estrecho de Santa Catalina en el Brasil.

Había una buena brisa del Norte que levantaba una marejadilla escarpada como la de nuestro Río de la Plata, pero de color más alegre y de gusto más salado. Llevábamos a bordo a Mr. William-son, ya fallecido, que era entonces dueño de la "ilhota do Francés", paraíso en miniatura, visitado posteriormente por los yachts argentinos: Ingrid, Ci-ppino y Temen.

Mr. Williamson había sido yachtman, había navegado mucho en el Hunber en sus mocedades, y por eso tomaba con indulgencia y hasta con complacencia, las peripecias de un almuerzo accidentado por la fuerte escora del Fjord, tratando de sos-

ener sobre la mesa, con típica flema británica, una frondosa fuente de ensalada que al fin terminó desgraciadamente sobre sus faldas. No dejaba de extrañarme la conducta del timonel que hubiera podido aflojar la escota o ponerse un poco al pairo en las rachas más frescas en honor a nuestro huésped, pero la explicación la tuve muy pronto al sacar la cabeza por la escotilla. Estábamos rodeados de velas de barcos que ceñían en nuestra misma dilección, y lo que era grave, de barcos que nos pasaban fácilmente por ambas bandas.

Bincaz que había empuñado esa misma caña en miles de regatas cruceros, no podía sufrir ese vejamen, y trataba de hostigar al viejo Fjord para que mostrara su "pasta", a pesar de las barbas, las velas chicas de crucero y de la considerable carga que llevábamos. Pero los barcos que eran las famosas balleneras o "balleiras" de la bahía de Ti-jucas nos pasaban sin merced, con una acción liviana y suave de ave marina, que no dejaba de impresionarme. Sus velas eran harapos, pero eficientes, los mástiles cortos, no llevaban obenques, ni crucetas, ni todas las complicaciones que los navegantes civilizados colgamos de nuestros aparejos, aumentando las resistencias pasivas.

Una tipica "balleira" navegando de ceñida. Obsérvese la superposición de las dos velas en forma completamente "moderna".

Cuando el Fjord le "metía hombro" a las olas
verdes y las hacía estallar en explosiones de espuma blanca, las ágiles "balleiras" se desentendían de esta tarea poco apropiada para su fragilidad y parecían estar siempre en las crestas cortando pequeñas tajadas transparentes de agua calada. Eran la versión primitiva del yacht ultramoderno.

Llegados a la "ilhota do francés", tuvimos la oportunidad de presenciar la llegada de una docena de estas embarcaciones que venían a íaenar el producto de la pesca en la playa, y de verlas en seco, mientras los pescadores causaban gran alboroto en la caleta, del que participaban los perros, las mujeres juntadoras de café, y los urubús y "pájaros fragatas" que venían a rapiñar los restos en continuas picadas verticales.

El origen de las "balleiras" se remonta a varios siglos. En 1700 se establecieron en Santa Catalina varias compañías portuguesas y norteamericanas de pesca de ballenas, que aprovechaban de la abundancia de esos cetáceos en las proximidades y que pescaban como es natural a la usanza antigua, arponeando los animales desde botes apropiados llamados balleneras.

Uno de los tipos más clásicos de estas embarcaciones eran las de New Bedford, de cuyo puerto partían continuamente enormes flotas de veleros, en cruceros de pesca que duraban hasta tres años.

De sus pescantes pendían estos famosos botes, cu-
ya forma había llegado a obtenerse por evolución en un trabajo por demás duro, en el que era indispensable inmejorables condiciones marinas, agilidad de maniobra a remo y facilidad de botadura.

En esta fotografía se puede apreciar la elegancia y finura de esta proa de "balleira".

Hoy en día en muchas características de las "balleiras" brasileñas, pueden distinguirse sin lugar a dudas la fisonomía de aquellas embarcaciones.

Con todo este tesoro documental, al alcance de la mano, decidí trazar las líneas de una de ellas, la "Boa Sorté" y con medios escasos, dediqué un día entero de trabajo, tomando medidas que luego reuní en dibujos hechos en la cabina de Fjord a la luz de un farol.

El plano de líneas que aquí se publica es un resumen de aquel trabajo y permite apreciar la belleza de sus formas.

De poco desplazamiento, sus verticales y horizontales son magníficas y dan impresión de fácil avance y poca resistencia.

La reserva de flotación es muy grande y las líneas cambian poco con el bote bien cargado.

La sección maestra es de pantoque muy suave con mucho fiare y con un poco de S en los fondos, recordando los barcos Vikings.

Comparando con las líneas de las balleneras de New Bredford es interesante observar cómo se ha ido evolucionando hacia un barco más velero, de más calado y de extremos más afilados. Las dimensiones principales se conservan iguales. El calado mayor y el pantoque más levantado los hará más difíciles para abordar las playas, pero aunque esto sucede a diario, lo hacen en lugares de relativo reparo y con cinco o seis tripulantes sobre los rodillos de madera.

El aparejo de dos tarquinas (y tres en los raros días de regatas) es de una sencillez extrema; la característica más notable consiste en que la vela de proa pasa muy a popa del palo de la mayor, exactamente como con los foques genoas modernos.

Esto es notable, los pescadores de Ti-jucas han inventado el genoa o más bien dicho, la utilización de velas que se superponen, muchos años y talvez siglos antes que los yachtsmen, y esto es más curioso aún, conociendo su carácter conservador y rutinario.

El rodillo de la proa para la línea del arpón se conserva todavía, aunque como simple portaespía probablemente.

Los mástiles son de una madera muy resistente llamada "loro" y no llevan ningún sostén arriba del barco.

Los cascos son algunos construidos en tingladillo y otros lisos, que son los más veloces; estos fondos son de GARUVA con cuadernos de construcción de "Canela Preta" quilla de "perova" y remos de PINDABU, maderas desconocidas entre nosotros pero usadas con éxito en la construcción naval en el Brasil.

Un detalle curioso es el ancla, que consta de dos uñas de madera que se cruzan, tomando un grampín y cuatro pequeños troncos que forman una pirámide apoyada sobre la cruz y haciendo de mango. Esta pirámide contiene dos o tres balas de cañón, esféricas para dar peso, de las tantas que se encuentran tiradas en las playas y ruinas de la costa desde la época colonial.

 

La "Boa Sorté", fué construida en el pintoresco puerto de pesca de GANCHOS en la Bahía de Tijucas donde hay inscriptas más de 200 de estas embarcaciones. Allí fuimos con el "Fjord II" con el solo propósito de visitar los constructores. Quedamos atónitos ante el espectáculo de tantos botes en tierra, cuidados con esmero bajo sus tinglados especiales de techo de teja, pero en cambio fuimos decepcionados, en cuanto a documentación de los constructores. Ni un modelo, ni un molde, ni un rastro por donde comenzar la búsqueda.

Esta casta de carpinteros de ribera parece comunicarse la ciencia en el oído, de padres a hijos, y estas "balleiras" son el producto de una técnica de simplicidad tan encantadora que tiene algo de misteriosa.

Como detalle curioso del ambiente de la Bahía de Tijucas, según informaciones de Mr. Williamson, se conservan muchas familias de tipo rubio y ojos celestes, con nombres netamente ingleses, que a pesar de no hablar el idioma, muestran bien patente que descienden de aquellos balleneros establecidos en la isla Santa Catalina.

 

 

Este sitio es publicado por la Fundacion Histarmar

Direccion de e-mail: info@histarmar.com.ar