Historia y Arqueologia Marítima

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Indice  de Arqueología subacuática

OBSERVACIONES SOBRE EL ESTADO ACTUAL DE ALGUNOS PECIOS

  Por Guido Andrés Seidel, Julio del 2009

 

Entre  marzo y abril de 2009 anduvimos haciendo nuestro viaje anual  por la Patagonia argentina y chilena y aproveché para ir a ver algunos naufragios conocidos. Además del hecho de disfrutar de esa sensación de misterio que siempre envuelve a los barcos naufragados, me interesa siempre verificar su estado y el avance de su deterioro.

Dado que en esta oportunidad me llamó poderosamente la atención una particularidad especial, llenaré algunas carillas y las complementaré con imágenes para dejar constancia de las mismas. Tal vez ahora no sea importante pero quien  sabe, a lo mejor  dentro de 20 o 30 años cuando ya no quede nada de estos pecios  servirá para establecer comparaciones a algún otro investigador.

A la mayoría de estos naufragios los visito regularmente desde hace aproximadamente 15 años, a uno de ellos desde nada menos que 35. Tengo por lo tanto bastante información como para poder establecer  las comparaciones acerca de su ritmo de deterioro.

Conocemos con bastante aproximación las fechas de naufragio a partir de las cuales  comienza a correr la degradación de los materiales al ser sometidos a los dos agentes que más relevancia tienen. Siempre lamento no tener conocimientos de metalografía para analizar en profundidad estos factores, pero a falta de ellos tengo que arreglármelas como pueda. Por un lado tenemos el hecho de que a un naufragio no se le renueva la pintura, la cual con los años se levanta o descascara dejando el metal al descubierto y es por lo tanto susceptible a la corrosión. Por el otro, las condiciones del lugar del naufragio bajo la superficie, sobre ella o en espacios intermareales que creo que son los peores cuando se dan en lugares con amplias mareas o costas desprotegidas donde la marejada rompe con fuerza. En cualquier caso, más tarde o más temprano cuando la oxidación comienza se produce el inevitable desgaste de las estructuras hasta su colapso.

Lo que me llamó mucho la atención este año es como se han venido abajo la mayoría de los pecios visitados. Para analizar esto en perspectiva tomo en cuenta los  períodos desde  la fecha de naufragio hasta que los ví por primera vez, el lapso que medió entre cada una de mis visitas, y esta última observación.

La única explicación que se me ocurre para este repentino desmejoramiento es la obvia conclusión de que las sucesivas capas de metal que la oxidación va quitando de a poco finalmente dejan una pared tan fina que termina por colapsar.

En mérito a la brevedad he tratado de no  abusar de datos sobre los pecios visitados, que pueden ser recordados en mis artículos anteriores  en la página de Histarmar. 

Pecio no identificado – Punta Ameghino, Golfo Nuevo, Chubut.

Este naufragio está sometido a amplísimas mareas y fuertes marejadas en una costa muy expuesta,  dentro de una restinga que actúa como canal potenciando la fuerza del mar. Cuando buceé por primera vez en él sus planchas metálicas ya estaban esparcidas por el fondo en un radio amplio, y aguantaban erectos la roda y el codaste. La primera ha colapsado hace unos cinco años pero la segunda aún aguanta. Tengo la impresión que las razones de tal longevidad sin quebrarse –ya que se trata de restos muy, muy viejos- es que el codaste está cubierto por una gran cantidad de capas de moluscos, principalmente “dientes de perro”, que le dan solidez.

No es fácil observar este pecio. Las condiciones de costa  descriptas  hacen que generalmente haya pésima visibilidad y fuertes corrientes. En el último buceo la situación fue aún peor que otras veces y muy agravada por la fuerte dispersión en toda la zona de Golfo Nuevo de la sumamente invasiva alga llamada “Undaria” que tampoco ha respetado este sitio arqueológico. Lamentablemente, fue poquísimo lo que pude ver bajo el agua. 

“Folía” – Playa Paraná,  Golfo Nuevo, Chubut.

            Naufragado en la década del `70, se encuentra a unos 150 metros de la costa, sometido a  mareas de gran amplitud y a considerables marejadas. Parte del pecio vela  en bajamar y en alta se puede ver un pedacito. Durante mi primera visita en 1989 estaba prácticamente entero y en un solo pedazo, pude abordar y recorrer todo el pecio incluída la sala de máquinas. Su mayor peligro eran las numerosas redes de pesca enganchadas que costaron la vida a varios buzos por lo que PNA prohibió el ingreso.

Se dio la curiosa anécdota de que en la primera visita encontré a un colega buzo local  en la costa frente al naufragio con idénticas intenciones de abordarlo y unimos fuerzas, él pensando que yo tenía autorización para hacerlo y yo que él la tenía. Solo llevamos el equipo básico y pataleamos hasta el Folía llevando un flotador de seguridad. Abordamos por popa viendo que bajo el agua efectivamente había numerosas redes que envolvían el barco como un misterioso velo. Estuvimos mucho rato recorriendo la parte del barco no invadida por el agua y terminamos en la sala de máquinas. Perdimos un poco la noción del tiempo y cuando quisimos salir de la misma tuvimos que hacerlo buceando en apnea por los pasillos ya que la marea nos había cortado la salida….Este susto más la presencia de las redes nos convenció que realmente es un pecio peligroso.

El deterioro del Folía fue paulatino y creo que constante. Hoy en día se encuentra en dos pedazos grandes y varios pequeños con gran parte de su  estructura colapsada. 

Marjorie Glen (“Kently”) – Punta Loyola, Santa Cruz

Naufragado en 1911 por un incendio, terminó mucho mas allá de la marca de más alta marea al punto que crea la curiosa sensación de que parece estar al mismo nivel de la meseta patagónica. Lo ví  por primera vez en 1974 y estaba tan entero que parecía ansioso por volver al agua, solo alterado por algunas labores de chatarreo y con un gran agujero en la amura de estribor donde está la caja de cadenas. En por lo menos seis visitas a lo largo de unos 30 años siempre me parecía increíblemente resistente al deterioro y cada vez me sorprendía su buen estado. A principios de los `80  me indigné porque el pecio –de reconocido valor histórico- había sido usado como blanco de fuego aire-tierra por parte de algunos simpáticos integrantes de nuestra querida Fuerza Aérea, acción que prefiero no calificar aquí…

En la visita de este año lo encontré si bien todavía con su gallarda silueta que se ve desde muchos kilómetros, muy, muy corroido. Me sorprendió mucho que en tan pocos años se hubiera evidenciado tanto deterioro al punto de parecer casi transparente ya. Ni siquiera me animé como otras veces a trepar hasta cubierta donde se encuentran aún todas las maniobras, cabrestante incluído, porque no confiaba en que resistiera.

   

“Desdémona” – Cabo San Pablo, Tierra del Fuego.

            Naufragado en 1985, está en zona intermareal y con mucha marejada que lo toma de lleno. También tiene zonas quemadas en el puente. Su pintura ya ha dado lugar a grandes zonas herrumbradas que van minando su estructura, en algún momento reforzada para moverse en campos de hielo. Su daño mas visible por ahora es una enorme rajadura vertical a media eslora que no estaba en 2004 y que seguramente en pocos años lo partirá por la mitad.

            En ese momento abordé –es accesible vadeando en aguas someras con bajamar- por el rumbo de la aleta de babor que motivó que hubiera que embicarlo, haciendo escalera con la rama de un árbol. Adentro seguía lleno de las bolsas de cemento petrificado marca “Petroquímica Comodoro Rivadavia”, y pude recorrer a gusto todo el Desdémona. En esta oportunidad tuve que privarme de este placer por concesiones conyugales hacia mi media naranja que tiene la idea fija de que a mi edad no puedo asumir ciertos compromisos físicos….

     

              No me sorprendió que faltaran elementos dada la cercanía con Río Grande y muy fácil acceso al barco. Entre los mas evidentes está un largo tramo de la cadena tendida hacia una de las anclas sobre la playa, que sí sigue en el lugar.            

“Saint Christopher” – Ushuaia, Tierra del Fuego.

            Este barco es de madera, por lo cual no valen algunas reflexiones generales. Quedó en el lugar actual en 1957  cuando terminó en fracaso el intento de la empresa Salvamar de Leopoldo Simoncini de reflotar el “Monte Cervantes”. Lo conozco desde 1974 pero nunca pude abordarlo debiendo conformarme con verlo desde la costanera. Hoy la traza de la misma ha cambiado y el pecio quedó tan  cerca de la costa que se puede apreciar a simple vista la magnitud del deterioro de su maderamen podrido y en franco colapso. Una de los problemas de estos ATF era el costoso mantenimiento de los cascos de madera y es fácil deducir los estragos que medio siglo de exposición a los elementos han hecho en él.

 

 “Amadeo” y “Ambassador” – Bahía San Gregorio, Tierra del Fuego, Chile.

            Son los dos restos que más me impactaron por lo venido abajo que están. Puede ser que haya influido en mi apreciación que el escenario fuera la misma imagen del abandono o y la desidia. Me explico: estos pecios están embicados frente a la Estancia San Gregorio, de considerable valor histórico ya que data de 18……En la actualidad sus hermosos edificios –del más rancio estilo patagónico estanciero de calidad- se encuentran abandonados y varios de ellos con claros signos de vandalismo.

  

            Los restos de ambos barcos se encuentran allí desde 1932 y 1937 respectivamente, no naufragados sino intencionalmente varados al término de su vida útil. Su importancia histórica es mucha y merecieron la declaración de elementos de museo de sitio –tal como reza un cartel a su lado- reconocimiento casi incomprensible a la luz de su actual estado de abandono. Recordemos, el Amadeo es posiblemente el vapor más viejo del cual quede algo y el Ambassador uno de los tres únicos clippers de construcción  “composite” (estructura de hierro con forro de madera) que quedan en el mundo.

    

            Ambos están prácticamente en seco, solo la proa de la barca queda en el agua, de manera que no están excesivamente expuestos a la fuerza del mar. A pesar de ello la corrosión ha hecho estragos, casi toda la banda de babor del vapor ha desaparecido y la estructura metálica de la barca está colapsando y ya está perdiendo la forma en algunos tramos. Su cabrestante ha vencido los anclajes en cubierta y se ha desplomado hasta el piso.  Por razones de seguridad no abordé ninguno de los dos.

 “Lonsdale”, “Muñoz Gamero”, “Fallstaff” e “Hypparchus” – Punta Arenas, Chile.

            No observé demasiado avance de deterioro en ninguno de ellos, con algunas salvedades. El Lonsdale es muy fácil de observar ya que está cerca de la costa en un sector público, tiene hasta un mirador donde un cartel  remarca su condición de reliquia histórica y el muy curioso (como yo) puede bajar hasta la playa e ingresar al pecio para convencerse de que realmente le queda algo de la pintura de minio original, increìble. Los otros tres son harina de otro costal ya que están en zona militar y no existe la más mínima posibilidad de ni siquiera verlos de cerca y menos que menos abordar tal como he aprendido por experiencia propia.. Por ello no puedo emitir demasiado juicio de valor sobre su estado actual.

            Hace un tiempo me habían comentado que por la nueva traza de la avenida costanera de Punta Arenas se iba a mudar las instalaciones del astillero ASMAR donde están estos tres pecios los cuales –imposibilitados de ser trasladados ya que están asentados en el fondo- quedarían mas accesibles para ser visitados y estudiados lo que hoy por hoy es imposible.

   

 

  Y la yapa!

            Pasando por Río Grande intenté reconocer lugares conocidos de cuando andaba por allí hace décadas lo que fue muy difícil dado el crecimiento explosivo de esta ciudad. Pero sí encontré algo que nunca me imaginé que aún continuara en su lugar: una gran barcaza tipo pontón ya casi totalmente enterrada en el fango y la arena sobre la margen norte del Río Grande, enfrente del frigorífico de lanares donde ahora hay una especie de anexo de la ciudad.

  

Tandil, junio de 2009.-

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  Argentina

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