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DE 20 LITROS A 4.500 TONELADAS

Los pontones elevadores entregando carbón al '' G-iulio Cesare"

Fuente: Neptunia 1925

Nuestros lectores aumentan diariamente v se interesan cada vez más por la vida de GUIA TIGRE o de NEPTUNIA o de lo que será, en fin, una revista náutica argentina -que debe resolver el difícil problema de conformar a todos los aficionados.

Es por esto que pasando muy a menudo por la esquina de Florida y LavalLe, donde existe la Dirección General de nuestra Revista, se nos ha ocurrido entrevistar al Director de la Compañía Italia-América, doctor Gras, para obtener de él material de interés para los "yachtmen" y "motor-boatmen".

La Compañía Italia-América con oficinas en la misma esquina, es la Agencia General de la Navegación General Italiana. Hablar en nuestras páginas de una organización tan poderosa, puede a primera vista parecer una exageración o por lo menos salirse del programa trazado por una revista dedicada a la náutica como sport, sin embargo en la organización de una compañía de vapores, mercantes de ultramar, hay detalles de importancia primordial que escapan a la gran mayoría del público, entre los que están incluidos

El 80 % de los "náuticos" que en los días festivos hacen gala en nuestros ríos interiores, de la potencia del motor de sus lanchas, acelerando disimuladamente la velocidad al máximo, al pasar frente al Tigre Hotel, o al lado de un doble par de familia, creyendo con esto causar admiración, sin preocuparse mayormente de los efectos que la marejada puede producir. Estos "almirantes" con gorra y botones dorados en el saco, cuando tienen 20 litros de nafta en el tanque, se creen perfectos lobos de mar, con la enorme responsabilidad a sus espaldas de conducir una unidad de la marina nacional.

Seguramente no han pensado nunca estos "almirantes" en la diferencia que existe entre aprovisionar sus barquitos con. pocos litros de nafta y las 4.500 toneladas de carbón necesarias para aprovisionar a un coloso de 27.000 toneladas de desplazamiento para cruzar el océano.

Y así mientras el "almirante" no necesita más conocimientos que colocar la lanza de la manguera en la boca del tanque, la Compañía Italia-América ha necesitado estudiar debidamente el problema de aprovisionamiento de carbón y aún hoy lo está perfeccionando para obtener una autonomía absoluta en las operaciones de abastecimiento de combustible con admiración del mundo marítimo por la regularidad de los servicios.

Entregar 4.000 toneladas o más de carbón a un vapor para su consumo durante el viaje, no deja de ser asombroso ni desde el punto de vista del valor absoluto de la cantidad, ni desde el del consumo diario. Pero lo que más ha de llamar seguramente la atención en los observadores, es el sistema que emplea la compañía para efectuar la operación en forma económica recurriendo por su cuenta exclusiva en el puerto de Buenos Aires a un depósito flotante de carbón de más de 14.000 toneladas.

Ese depósito está constituido por ocho pontones que cargan más o menos, 2.000 toneladas y están construidos especialmente y dolados de medios mecánicos para el traspaso del carbón desde sus bodegas hasta las carboneras de los vapores, medios que los presentan con un aspecto curioso y raro que más bien dan una idea de complicación y confusión en lugar de la evidente sencillez del sistema como es en realidad, dado que permite hacer el transbordo de esa cantidad de combustible en menos de 12 horas.

Un remolque de pontones

Como se ve en las ilustraciones, cada pontón está provisto de tres torres, que pueden compararse a otros tantos ascensores para un edificio de tres pisos.

Dentro de cada torre desde la bodega del pontón por medio de guinches se eleva un balde de abrir y cerrar automático lleno de carbón y se desplaza sobre zorras especiales Decauville para presentarse a las distintas bocas de carga practicadas en la bóveda o túnel.

Desde allí el balde es luego llevado rápidamente hasta la altura conveniente y apoyándose en un plano inclinado abre su puerta y deja escapar su carga a través de tubos especiales embocados en los portalones de las carboneras.

La entrega del carbón por este medio mecánico es siempre interesante y llamativo. Los transeúntes que recorren el puerto forman un constante círculo de curiosos que asiste a presenciar la tarea. Tampoco han faltado pintores que han confiado a la tela la impresión de grandiosidad que ese trabajo representa en su conjunto dinámico.

Cuatro de esos pontones con todas sus torres en acción durante cerca de 12 horas constituyen el singular surtidor del paquete "Giulio Cesare".

Los pontones salen cargados de los depósitos hasta poner la borda en el agua, listos para la faena y remolcados por los remolcadores de la empresa forman un convoy que a pesar de su marcha lenta a través de los buques surtos y las compuertas de los diques hacen alarde de su aspecto majestuoso y singular.

La Italia-América dispone además de grandes remolcadores para el servicio de sus vapores, que constituyen una hermosa flotilla de cinco, llamados "Almagro", "Palermo" y "San Martín" de 750 caballos de fuerza y "Belgrano" y "Retiro" de 600 y 350 respectivamente.

Remolcador "Palermo" frente al Y. C. A.

Toda esta compleja organización se completa con el fondeadero en el Dock Sud frente a uro terreno donde fué construido el taller mecánico para las reparaciones necesarias que deban realizarse y un depósito de artículos navales para consumo propio.

El "Giulio Cesare" saliendo del puerto, a remolque del "Palermo" y "Almagro"

 

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