Historia y Arqueologia Marítima

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Indice  de Arqueología subacuática

EL CAIRN DE PIEDRA DE LA ISLA PAULET
Un monumento arqueológico poco conocido
Ricardo Capdevila

Este texto junto con otros me fué entregado por el Sr. Ricardo Capdevila para ser publicado en Histarmar hace algun tiempo. Vaya esta publicación como un modesto homenaje a su grata memoria y como un recuerdo emocionado de su temprana desaparición. Carlos Mey, Febr 09.

RESUMEN.- La conservación del patrimonio histórico en la Antartida, conforme las recomendaciones del Tratado Antártico, fue asumida por nuestro pais en el marco del programa MUSEOANTAR de restauración y conservación de sitios significativos por su valor histórico. En el desarrollo de ese programa, en las campanas de verano 1993-1994 y 1994-1995, fue relevada una construcción de piedra levantada por los néufragos del buque ANTARCTIC -en el ano 1903- en el sitio més alto de la isla Paulet, con el objeto de llamar la atención de alguna expedición de auxilio. Esta comunicación refiere los antecedentes de la büsqueda y relevamiento del monumento.

ABSTRACT.- The preservation of the historic patrimony of Antarctica, according to the Antarctic Treaty guidelines, was assumed by our country within the frame of the MUSEOANTAR program, for the restoration and preservation of significant historical sites. Within said program, during the 1993-1994 and 1994-1995 summer campaigns, a stone construction ("cairn") built by the wrecked people of the ANTARCTIC -in the year 1903- was surveyed. Said construction was built at the highest point of Paulet Island, with the purpose of calling the attention of a rescue expedition. This communication informs on the background and survey of the monument.


"Nos acercamos más y más, y pronto distinguimos con el anteojo larga vista la señal formidable de piedra que los náufragos habían construido en la punta más elevada para llamar la atención de una expedición auxiliarte
O. Nordenskjóld, "Viaje al Polo Sur" Tomo n, pág. 443

1.- INTRODUCCIÓN

El "cairn" es una señal, generalmente de piedra, construida por el hombre con diversos fines, pero fundamentalmente para tener un elemento que se distinga claramente del resto del paisaje, como forma de orientar u orientarse con fines determinados. Como las cañas con banderines, que se utilizan para marcar los rumbos más seguros en las rutas glaciares, pero de constitución más estable por su construcción, fueron de gran utilidad para marcar depósitos de víveres, indicar las orientaciones elegidas en las exploraciones, materializar puntos para relevamientos topográficos, o como en el caso que vamos a analizar en este trabajo, para señalar a las posibles expediciones de salvataje, la posición de un grupo de náufragos en una solitaria isla del mar de Weddell.

El Diccionario Francés-Español de Emilio Martínez Amador (Editorial Ramón Sopeña S.A., Barcelona 1962), pg. 147, lo define así: "cairn. m. (voz irlandesa) túmulo celta.- prón. kern." El vocablo es poco conocido, pero adquirió cierta difusión a partir de la primera expedición antartica del doctor Juan Bautista Charcot (1903-1905).

Otra definición, aplicable a este tipo especial de señales, es la del Oxford Advanced Learner's Dictionary of Current English: "cairn: pyramid-shaped heap of rough stones set up as a landmark or a memorial" (cairn: montón de piedras rústicas en forma de pirámide erigido como marcación o conmemoración).

El "cairn" pertenece, en la Antártida, especialmente a la etapa heroica de la historia de las exploraciones. Hoy, con las técnicas de posicionamiento global por satélites (GPS), prácticamente ha desaparecido como método de identificación de un sitio, aunque a veces se lo utiliza para señalar cotas o bases de triangulación; pero ocurre que un pequeño aparato electrónico, no mayor que un par de etiquetas de cigarrillos, permite con una precisión antes nunca alcanzada, situar cualquier punto sobre el planeta, saber la distancia y el rumbo que lo separa de y hasta cualquier lugar, y desplazarse así por toda superficie con gran seguridad y casi sin peligro de extravío. Se resumen en él toda una parafernalia de instrumentos, de complejo manejo y volumen ponderable, solucionando prácticamente cualquier problema de situación geográfica.

Sin embargo, en otra etapa de la historia, estos monumentos de piedra, prestaron suma utilidad a las expediciones, como ocurrió, por ejemplo con la señal dejada por la corbeta URUGUAY en la isla Decepción para guía de la expedición francesa del doctor Juan Bautista Charcot (1903-1905). Carlos Aramayo Alzerreca (Historia de la Antártida -Editorial Hemisferio-, Buenos Aires 1949 pg. 85) transcribe los dichos del expedicionario francés en la obra "El Pourquoi Pas? en el Antartico" cuando relata la emoción que le produjo el mensaje dejado por el comandante Galíndez de la corbeta URUGUAY, con un "cairn" que este hizo construir en aquella isla:

"Altas montañas escarpadas y cubiertas de nieve se yerguen en el fondo y a la orilla de nuestro puerto, mientras que al sur se encuentra una colina negra de pendientes escarpadas y de ochenta metros en cuyo somo (sic) se ve el cairn dejado por el Uruguay. Dos hombres van a buscar la botella que contiene; la botella está rota, pero el documento permanece intacto. Había sido destinado al Frangais, que sin su accidente habría probablemente al regresar, pasado por Decepción. He aquí su contenido: Isla Decepción, Enero 8 de 1905. En la fecha he estado en esta bahía con la corbeta Uruguay con el objeto de tener noticias de la expedición que dirige el doctor Charcot, y no habiendo encontrado ninguna, me dirijo a la isla Wiencke, adonde dejaré mis noticias. Ismael Galíndit." Prosigue Charcot: "Leí dicho documento con emoción. ¿Qué reconocimiento no debo yo, en efecto a este pueblo argentino, generoso y hospitalario, que no sólo ha permitido a mi primera expedición -llegada tan miserable y tan pobre a Buenos Aires-repatriarse en las mejores condiciones posibles, que nos ha enviado un barco con nuestro carbón y ha dejado a nuestro regreso un depósito en la bahía Orange, sino que inquietándose por nosotros, durante nuestra ausencia, ha enviado al Uruguay en nuestra busca?"

Como surge del texto, Charcot encontró el "cairn" en su segunda expedición, realizada entre los años 1908 y 1910. Para el tiempo de la primera, habían ocurrido los hechos que se relatan en esta comunicación, protagonizados por la expedición polar del doctor Otto Nordenskjold, y para una eventual guía que sirviera a expediciones de rescate, tanto los marinos argentinos como el expedicionario francés, habían adoptado como método de búsqueda y salvamento, la construcción del"caims" -valga la licencia gramatical- en puntos o sitios destacados de la geografía antartica, cuyo conocimiento era incipiente.

En la página Nº 219 del tomo II de la obra de Nordenskjöld, em el relato cuyo texto pertenece al doctor Andersson, se cita otro "cairn" construido por la expedición sueca en la isla Astrolabe, en el archipiélago de Palmer, al oeste de la península Antartica. La relación es la siguiente:

"Durante el viaje dejé, el 28 de diciembre (de 1902), en el cairn de la isla Astrolabe, un nuevo escrito con datos sobre los acontecimientos de las últimas semanas. El palo de la señal, se pintó entonces de encarnado para que lo distinguieran mejor sobre el fondo blanco de la nieve y la montaña negra, y en una roca del escarpado vertical detrás del cabo, donde quedó plantado el palo, tracé además una gran mancha redonda con la misma pintura encarnada."

Vemos entonces que el sistema usado para indicar situaciones, relacionar hechos o simplemente informar sobre la marcha de la expedición, eran estas señales colocadas en sitios de amplia visibilidad, lo que permitía que cumplieran la función para la que eran construidas. Hoy, son pocas las señales de este tipo que se conservan en el medio antartico, por las condiciones extremas del clima, pero las que quedan se han convertido en mudo testimonio de la etapa heroica de la conquista por el hombre del continente austral.

Y aquí permítasenos una disgresión sobre la calificación de etapa "heroica" de la conquista del Polo Sur. Algunos autores descalifican la adjetivación, como lo hace Frank Debenham, cuando sostiene:

"Esta época ha sido llamada algunas veces la época heroica de la exploración antartica, pero a muy pocos de los que tomaron parte en ella les gustará este nombre, puesto que los héroes pueden aparecer en cualquier y a cualquier aspecto de la vida". Y prosigue; "Si esta denominación quiere significar un período en el que había menos seguridades que ahora, cuando no existía medio alguno de pedir ayuda ante el agobio de las dificultades, cuando las marchas en trineo eran casi sinónimas de hambre, trabajo duro y muchas incomodidades, entonces quizás el nombre fuera adecuado. No obstante no hay que olvidar que todos ellos eran voluntarios y tenían además una idea perfectamente clara de los peligros que los aguardaban" (Frank Debenham ANTÁRTIDA - historia de un continente - Ediciones Garriga, Barcelona 1963 pg. 95).

No coincido con el criterio del distinguido historiador británico. Es cierto que héroes puede haberlos en todos los tiempos y diversas circunstancias. Pero el calificativo de etapa heroica de la conquista del Polo Sur, reúne a la pléyade de hombres que se internaron en un mundo desconocido, donde en cada jornada debieron hora a hora luchar por su supervivencia, con una tecnología primitiva, sin posibilidades de auxilio exterior, reducidas sus posibilidades a sus fuerzas físicas y espirituales. Y son estas características personales las que proyectan el calificativo: se metieron en un mundo nuevo para alimentar el conocimiento de las gentes del mundo viejo. Y para ello no midieron el sacrificio e hicieron frente al misterio del continente austral con valor e inteligencia. Su desinterés, que iba más allá de la conservación de la propia vida, califica a todos ellos. Y así, como hay héroes en todos los tiempos, el obrar de estos hombres, define toda una época de la historia polar, ajena a los intereses económicos y dirigida a enriquecer el conocimiento científico del mundo en que vivimos. Por ello se estima acertado el calificativo de etapa heroica. Otro distinguido autor inglés, el doctor Vivian Fuchs, abona esta posición, ya que se refiere reiteradamente a este período de la historia polar como "época heroica". ("Los hombres del hielo" Editorial Juventud, Barcelona, 1987)

Y ahora, como dicen los españoles, "vamos a por" el monumento que nos ocupa. i

2.- BREVE RESEÑA HISTÓRICA

El 12 de febrero de 1903, aproximadamente 25 millas náuticas al sudsudoeste de la isla Paulet, se hundía el ANTARCTIC, ballenero de bandera sueca, comandado por el veterano de los mares polares, el noruego Carl Antón Larsen, protagonista como su buque, de un rico historial de aventuras en los mares más fríos del mundo.

El ANTARCTIC navegaba en demanda de la isla Cerro Nevado (Snow Hill) en el archipiélago de Ross, al este de la península Antartica. Poco antes, el 29 de diciembre de 1902, había desembarcado en el extremo de esta península, al segundo jefe de la expedición polar sueca del doctor Otto Nordenskjöld, doctor Gunnar Andersson. Este, con el teniente Duse y el marinero Grunden, intentarían llegar por tierra, o mejor dicho por el mar congelado, hasta la estación invernal. Allí comunicarían a sus pares que, de no arribar el buque antes del 10 de febrero, debían trasladarse hasta el extremo norte de la península donde los recogerían entre el 25 de ese mes y el 10 de marzo. El buque, cuyo paso hacia la estación estaba bloqueado por el hielo en el espacio que separa la península y la islas de D´Urville, tomó por afuera de éstas, y se internó en el mar de Weddell.

Nada hacía presumir, ya que el capitán Larsen conocía la zona por haberla navegado entre los años 1891 y 1893, que el viejo buque ballenero iba a encontrar allí su fin naufragando a principios de febrero, destrozado por la presión de los hielos. Afortunadamente la experiencia y la pericia del capitán y de sus pilotos Haslum, Reinholdz y Karlsen, y de los  científicos K.A.Andersson y C.Skottsberg, que en tan grave circunstancia diseñaron una original estrategia para el salvataje, permitieron a los veinte náufraga llegar con vida a la isla Paulet. Para ello embarcaron todos los elementos que pudieron rescatar del buque durante su larga agonía, incluso los botes, utilizando como embarcación de salvataje, uno de los témpanos que causaron el hundimiento del buque. Luego de derivar durante dieciséis días a bordo de planchones de mar congelado y témpanos, mudando de uno a otro cuando las condiciones de estabilidad hacían peligrar la seguridad de los singulares tripulantes, juguete de vientos y corrientes, fueron llevados a unas diez millas de la isla Paulet.

 Luego de tantos días, y habiendo alcanzado una proximidad no exenta de riesgos, pero razonable, echaron los botes al mar, cargados hasta la borda, casi sin margen de flotabilidad, y luego de bogar por seis horas y media, voltearon el cabo sudeste de la isla y recalaron en la amplia playa de la costa noreste, asiento de la pingüinera más poblada de esta parte de la Antártida. Allí habrían de sobrevivir merced a esa rica población que involuntariamente complementó el almacén salvado del naufragio. El capitán Larsen y su gente precedieron con esta epopeya, a la de idénticas características que protagonizara once años después Ernest Shackleton con el ENDURANCE, en su frustrada expedición transpolar que iba a unir los mares de Weddell y Ross, pasando por el Polo Sur.

Una vez instalados en la isla, y con la perspectiva de un invierno duro que se aproximaba, los náufragos decidieron la construcción de una choza de piedra que los albergara, (figura N° 1)

Las expectativas de un rescate próximo a esta altura del año, eran más que remotas. Por ello organizaron las condiciones de supervivencia de la población con un estricto régimen de comidas, basada en una racional distribución de los escasos víveres traídos del buque, a la que sumaron carne de foca y pingüino. Para enriquecer la dieta, durante la estadía, pescaron diez mil peces. Asimismo, la grasa de foca sirvió de combustible para la fragua, que salvada también del naufragio, se usó a modo de cocina. Es interesante señalar aquí, que vaya a saber por qué ocultas razones -aunque se puede presumir que fue por el tamaño del artefacto-, esta herramienta fue generadora de un pequeño enfrentamiento entre el capitán Larsen y su gente: el primero no quería trasladar el artefacto cuando acopiaron en el témpano los elementos que rescataron del buque, pero su herrero, Jonsen Bjórnerud, no quiso separase de su querida herramienta de trabajo, e insistió en cargarla con el resto de elementos que salvaron del naufragio. Y.apoyado por la mayoría de sus compañeros, logró convencer al capitán. Y la fragua los acompañaó no sólo durante la navegación en hielo, sino que se constituyó en tierra, en insustituible fuente de calor para cocer las comidas y templar el interior de la vivienda que luego construyeron. Esta fragua se guarda hoy en el buque- museo corbeta Uruguay, en el puerto de Buenos Aires.

Excepto los hombres desembarcados en bahía Esperanza, nadie conocía el rumbo tomado por el ANTARCTIC, y hasta éstos ignoraban el fin que los hielos marinos habían deparado al viejo ballenero. El ingenio, la experiencia y la sabiduría de Larsen y sus hombres les permitieron sobrevivir en tan extremas circunstancias y en un medio geográfico hostil durante la invernada, hasta que en Noviembre de ese año de 1903, es decir nueve meses después del naufragio, la corbeta argentina URUGUAY rescató a todos los hombres de la expedición sueca, y con ellos, a los accidentales habitantes de la isla Paulet.

3.- EL PROGRAMA MUSEOANTAR Y LOS MONUMENTOS HISTÓRICOS

Nuestro país, como miembro originario y consultivo del Tratado Antartico, ha asumido el compromiso de colaborar activamente en el tema de conservación del patrimonio histórico antartico, como parte del patrimonio cultural de la humanidad. Es en este orden de ideas, que se generó un programa para la restauración y conservación de monumentos históricos, de la zona donde operamos, es decir en el cuadrante antartico americano. La actividad está limitada por factores presupuestarios, razón por la que al diseñarse el programa correspondiente, se decidió comenzar por los relictos más significativos: los de la expedición sueca 1901-1903 del doctor Otto Nordenskjóld, la que para nuestro país tiene especial significado, por haber participado activamente en ella mediante aportes en lo logístico y económico, apoyos brindados generosamente en Buenos Aires y Ushuaia.

Y quizás lo más relevante del vínculo, fue la participación de un marino e incipiente científico argentino, el alférez José María Sobral, que formó parte del grupo de invernantes en la isla Cerro Nevado (Snow Hill). Este distinguido connacional, algunos años después, se doctoró en filosofía y geología en el reino de Suecia, en la universidad de Upsala, una de las más antiguas del mundo, donde era catedrático el doctor Otto Nordenskjóld. De los resultados de esta expedición puede afirmarse que fue, hasta hace muy pocos años, el aporte más importante en conocimientos de esta parte del planeta. Y que las observaciones y mediciones realizadas durante los casi dos años de permanencia en la isla Cerro Nevado (Snow Hill), vuelven a cobrar singular actualidad al servir como referencia cierta para las mediciones de los actuales fenómenos vinculados al estudio del cambio global del planeta.

4.- OTRAS NOTICIAS SOBRE EL CAIRN DE PAULET

Promediando el año 1993, el autor de esta comunicación se reunía con alguna frecuencia para conversar sobre temas de la expedición sueca e intercambiar información con su colega Andrés Zakrajsek. Ambos llevábamos varios años recopilando material documental e informativo referido al tema, con distintos pero parecidos objetivos: Zakrajsek en los preparativos de un programa para situar el pecio del ANTARCTIC, y el autor para enriquecer la información que permitiera lograr mejor los objetivos del programa MUSEOANTAR en cuanto hace a las tareas de restauración. En una de aquéllas conversaciones, surgió la nota del doctor Nordenskjóld que encabeza este trabajo, y con ella el interrogante: ¿Existirá aún el cairn de la isla Paulet? Fue entonces cuando Andrés manifestó que algunos años antes, realizando tareas de glaciología en la isla Dundee, la pirca había servido como referencia topográfica. Una noticia así que daba vida al monumento citado por el ilustre científico sueco, nos habilitó para incorporar un proyecto de relevamiento del mismo en los vuelos del programa de trabajos de la campaña de verano 1993-1994.

Ya estaba previsto para esa campaña, por lo menos un vuelo a Paulet, para inspeccionar el estado de los monumentos y comenzar el traslado de los materiales con que se construirá un cerco de alambre tejido alrededor de la choza de los náufragos del ANTARCTIC, materiales estos que el rompehielos ALMIRANTE IRIZAR había dejado en depósito en base Marambio durante la campaña anterior. El objetivo contemplado con la instalación de esta cerca o "gallinero", como la apodamos eufemísticamente, trasladando los nidos de pingüino existentes sobre y en el interior de la construcción hacia los aledaños de la misma, conforme a la información brindada por los biólogos, impidiendo la nidificación en el lugar, durante uno o dos años. Conforme el control realizado en las dos últimas campañas, son diez las parejas que verano a verano se instalan sobre los restos del monumento. El propósito del desalojo transitorio, es que los vientos y las precipitaciones naturales limpien el lugar, para iniciar luego la prospección arqueológica con vistas al recupero del material museológico allí dejado por los circunstanciales pobladores. Ello permitirá, también, planificar adecuadamente la restauración de la choza, que se encuentra con buena parte de sus paredes derrumbadas y virtualmente cubierta con detritus de pingüino.

A principios de 1994 nos encontrábamos en base Marambio, los componentes del equipo MUSEOANTAR, al que no se había incorporado aún formalmente Zakrajsek, para cumplir con los trabajos del programa, incluso el vuelo de inspección a los relictos de Paulet y bahía Esperanza y el traslado de los materiales mencionados. Era la oportunidad para despejar la incógnita: como parte del plan figuraba, también, la búsqueda de la señal dejada en la cumbre de la isla Paulet. Las previsiones fueron parcialmente cumplidas, por razones que no son materia de este trabajo. Sin embargo, pudimos sobrevolar la isla, y desde el aire avistamos y fotografiamos los restos del monumento .

No se apreció en razón de la distancia el estado de conservación, pero debe señalarse que su perfil se destacaba nítidamente contra el mar y el horizonte. Bl hecho de haber constatado su existencia en forma fehaciente, y el indudable valor histórico del relicto, nos habilitó para una futura prospección en el terreno.

Si este llamado de auxilio de los náufragos había soportado la dureza de los vientos polares durante noventa años, bien merecía ser incorporado al listado de los monumentos históricos antarticos, y en orden a sus merecimientos, que se le realicen los trabajos necesarios para su preservación. Otros temas atinentes, que le dan al monumento vigencia actual para la aplicación de otras ciencias, también fueron considerados, como la posibilidad, mediante la medición de los derrumbes producidos, de la actividad sísmica registrada en el lugar durante noventa años, como lo sugirió el licenciado José Miguel Febrer.

5.- LA ESPERA

La campaña antartica 1994-1995 nos ofrecía la posibilidad de llevar adelante el proyectado relevamiento. Coincidiríamos en base Marambio los grupos Museoantar y GPS-Geodesia, uno con la continuación de los trabajos del programa MUSEOANTAR, y el otro desarrollando un programa GPS conjunto con Alemania. En cierta forma, Zakrajsek, a cargo de este segundo equipo, se incorporaba formalmente al grupo de trabajo de los "historiadores" como suelen denominarnos genéricamente quienes participan en las campañas antarticas.

Son complejos los mecanismos de funcionamiento de la actividad antartica a partir de una planificación a mediano plazo, con objetivos que se concretan por medio de un plan de operaciones anual, en el tiempo anterior a la campaña, para llegar luego a la realidad concreta, que suele modificar estos planes. Y ello ocurre, puesta la cosa en marcha, a partir de que la meteorología nos permita llegar a los lugares de trabajo. Porque la moderna tecnología posibilita operar en todo tiempo . . . que no sea tiempo antartico.

La mecánica del despliegue de las comisiones de verano al este de península, en el área de influencia de base Marambio, aproximadamente es la siguiente: el personal participante se traslada a Río Gallegos, y aguarda en la "gamela", un alojamiento de la Dirección Nacional del Antartico en la base aérea, a que las condiciones de la meteorología permita cruzar el pasaje de Drake en los seguros, pero nada confortables Hércules C-130. Arribados a Marambio, el personal debe ser evacuado rápidamente hacia los campamentos, atento a las limitaciones de alojamiento de aquel emplazamiento. Para ello habitualmente se utilizan dos helicópteros Bell biturbina que operan a pleno durante los días próximos al arribo del contingente, siempre que la meteorología lo permita, para trasladar las comisiones a instalar sus campamentos en los sitios de trabajo.

Llegamos a Río Gallegos el 6 de enero, donde permanecimos cuarenta y ocho horas en espera. Una vez en Marambio, nuestro grupo, que debía permanecer en el lugar dos semanas -conforme los planes- para realizar los vuelos a Paulet, bahía de los Pingüinos y Esperanza, debió adelantar su traslado para armar campamento en Cerro Nevado y dar comienzo a la otra parte del plan de trabajos, ello por la escasez de alojamiento en la base. Nuestros vuelos hacia los otros sitios, entonces, se vieron postergados.

El 9 de enero de 1995, las carpas del grupo de trabajo MUSEOANTAR -integrado por el coautor de esta comunicación a cargo del programa, los técnicos Víctor Melemenis (UNLP), José María Ageitos y Daniel E. Fourcade (I.A.A.)- hacían en una pequeña meseta aledaña a la de la cabaña de la expedición sueca. En tanto adelantábamos otros trabajos, quedábamos a la espera de que la meteorología permitiera los traslados proyectados. En tanto, Zakrajsek realizaba su programa GPS en la isla Marambio, montando su campamento al sudoeste de una de las cabeceras de la pista.

El viernes 27 de enero llegó por fin el anuncio de que los helicópteros pasarían a las 1630 horas a recogernos para volar a la isla Paulet. Fue esta una tentativa frustrada, ya que al hacer escala para combustible en Marambio, la estación meteorológica de base Esperanza avisó que al norte de la península los vientos eran de sesenta nudos, unos noventa kilómetros horarios, por lo que el vuelo fue cancelado por inoperabilidad de la zona a la que nos dirigíamos. Aproveché el retorno a Cerro Nevado para inspeccionar el cartel que dejara la corbeta URUGUAY en noviembre de 1903, en bahía Pingüinos de isla Marambio (isla Seymour), cuando encontró en el lugar a los invernantes de Cerro Nevado ocupados en recolectar huevos en previsión de una tercera invernada forzosa. Aquel se ha mantenido en perfectas condiciones después del tratamiento que recibió el año anterior, en el museo de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de La Plata, por el museólogo Juan María Ageitos.

6.- EL RECONOCIMIENTO DEL MONUMENTO

Enero dé 1995 nos brindó una segunda oportunidad para intentar llegar al monumento. El día 29, embarcados a bordo de los helicópteros que comandaba el vicecomodoro Valencia, volamos de Cerro Nevado a Paulet, transitando unos cien kilómetros de mar abierto que separa ambas ínsulas. Arribados, y mientras una de las máquinas permanecía en la playa de la choza, la otra intentó, con sólo el autor y Andrés Zakrajsek como pasajeros, entiendo que por el riesgo virtual de la maniobra, alcanzar alguna zona próxima a la escarpada cumbre, para aterrizar la máquina. Las características quebradas de las alturas, que, en su cota máxima alcanza los 351 metros, no permite maniobra en las alturas, por lo que debió descender hasta una plataforma situada en una parte muy baja, luego de un par de fallidos intentos de hacerlo más arriba, aproximadamente a cien metros sobre el nivel del mar. De allí en más, trepamos una serie de cuchillas transversales de piedras sueltas de regular tamaño, de carácter volcánico, hasta alcanzar la ansiada cumbre. Allí, en un pequeño filo de aproximadamente diez metros de longitud orientado de norte a sur y que luego cae hacia un gran acarreo, en su parte sur, encontramos la particular construcción.

Es una torre o almena de aproximadamente un metro y medio de  diámetro, con una altura actual de 2,10 metros, que se conforma con rocas de regular tamaño, traídas, sin duda de niveles inferiores, lo que da cuenta del esfuerzo realizado por aquellos valientes, agotando una de las posibilidades de anunciar, a quien llegara desde el mar, la presencia humana en la isla. Debe merituarse debidamente que lo deficiente de la dieta de supervivencia los había debilitado seriamente, como surge del relato de los propios náufragos. La forma cilindrica, atípica en relación con las formaciones que rodean el lugar, distinta a las placas de basalto y de las sierras o cuchillas que ascienden hacia la cumbre, la diferencian netamente del resto del paisaje. Sin lugar a dudas, la forma fue inteligentemente pensada para cumplir sus fines.

Pese a esta previsión, la corbeta URUGUAY en el viaje de rescate, pasó por las proximidades de la isla antes de llegar a Cerro Nevado, sin advertir su existencia. Sin embargo Paulet era la mejor referencia para cualquier buque que intentara la búsqueda de la expedición, como lo prueba el hecho de que el doctor Nordenskjóld salió en demanda de esta isla en octubre de 1903, para dejar en ella un aviso a las eventuales expediciones de auxilio. En esa oportunidad, se encontró con los hombres de bahía Esperanza, hecho ocurrido en la isla Vega, en el lugar que desde entonces se llama cabo Feliz Encuentro. Esta circunstancia lo decidió a regresar a la estación invernal, para atenderlos y que se repusieran de las penurias pasadas por aquellos a los que acertadamente denominó "los exiliados de bahía Esperanza". Ello frustró el final del viaje proyectado a la isla Paulet, retornando a la estación invernal.

Volvamos entonces a nuestra labor. Una recorrida de la base del monumento en búsqueda de algún objeto de valor museológico, que pudieran haber dejado los hombres del ANTARCTIC, tuvo como resultado el hallazgo de un borde muy oxidado de envase de carne en conserva de antigüedad no determinada, y un tubo de margarina de origen inglés. El borde metálico es de difícil identificación, por el alto grado de deterioro. A éste último, le dedicaremos un párrafo especial. Como el tiempo apremiaba, se hizo una rápida revisación del pequeño filo, no dando otros resultados.

Antes de iniciar el descenso, Andrés bajó hacia un pequeño valle lateral al filo hacia el oeste, donde encontró un envase de lata, también de difícil identificación por el estado de deterioro. La ruta de los hombres que ascendieron para construir la señal, pasaba por este valle. Tomamos fotografías del "cairn" desde los cuatro rumbos y también de la zona aledaña. Debe señalarse como particularidad que, en la cadena de filos que asciende desde la plataforma donde nos dejó el helicóptero en dirección a la cumbre, existen varias lagunas pequeñas, de aguas ligeramente verdes; que forman parte de un paisaje de singular belleza. También advertimos la existencia de antiguos nidos de pingüino, hoy deshabitados, hasta en las proximidades de la cima.

Concluido el reconocimiento del monumento, descendimos a la cota de cien metros, donde esperamos que nos recogiera el helicóptero para volar rumbo al sitio de otro monumento significativo de los que nos legara la expedición sueca: bahía Esperanza, donde se encuentran las ruinas de la choza en la que invernaron en el año 1903, el doctor Andersson, el teniente Duse y el marinero Grundeh.

7.- MARGARIN o MARGARINE UNA INCÓGNITA A RESOLVER

El viejo tubo de plomo con desvaída pintura y marcas apenas legibles nos ha planteado una duda sobre el origen del elemento hallado: ¿fue dejado en el lugar por los suecos a principios de siglo, o es de origen más moderno?. Los argumentos para abrir juicio sobre la cuestión, y de los que disponemos al momento, son los que se relacionan a continuación. Es sabido que la expedición sueca se proveyó de distintos materiales; instrumental y alimentos, en diversos lugares. Para configurar la incógnita en su justo punto, partimos de dos posibilidades igualmente válidas:

a) Que el o los objetos hallados fueron dejados en el sitio durante la construcción del monumento por los náufragos del ANTARCTIC; o
b) Que el o los objetos fueron dejados por alguna misión posterior.

Sin descartar definitivamente la segunda posibilidad, nos inclinamos, en atención al estado de conservación de los materiales, por la primera hipótesis, es decir, que los objetos fueron llevados al lugar por los constructores del "cairn". Y abonamos este aserto en la siguiente constancia documental. En el inventario general de los víveres que poseyera la expedición sueca, según consta en varias oportunidades a lo largo de la obra de Nordenskjöld, especialmente en los informes del Dr. Ekelóf, la margarina o grasa vegetal figura denunciada como "margarin". Sin embargo, cuando se refiere específicamente a los elementos de supervivencia y víveres salvados del naufragio del ANTARCTIC y llevados a la isla Paulet, la denominación del producto es "margarine", como la del rótulo del envase encontrado. ¿Simple casualidad o prueba fehaciente?. El texto corroborante se encuentra en Schwedische Südpolar Expedition, Bd. I: 3), pg. 7.

8.- COLOFÓN

La búsqueda y situación de monumentos históricos en la Antártida ofrece particulares dificultades por la dureza del medio geográfico y el riesgo que a cualquier grupo de búsqueda presenta la cambiante meteorología de la zona. Así, en el caso de los monumentos de la isla Paulet, el desplazamiento desde base Marambio significa operar sobre un tramo de mar abierto de cien kilómetros aproximadamente, lo que insume un vuelo de helicóptero de aproximadamente cuarenta a cincuenta minutos, según la dirección del viento, al que debe sumarse el tiempo de estadía y el retorno, es decir que, sólo para inspeccionar los sitios, debe contarse con un tiempo bueno y estable de cuatro a cinco horas incluyendo en él, ya que hay que computar el correspondiente a la preparación de las máquinas, carga de combustible, etc. Y este período de tiempo, pequeño para latitudes de clima más estable, no se da con frecuencia en esta zona de operaciones. A ello debe adicionarse el hecho de que las máquinas deben estar a disposición de los requerimientos de los distintos campamentos desplazados en el área, cuyas necesidades son prioritarias por razones de supervivencia.

Pese a las dificultades apuntadas, en la campaña 1994-1995 se concretó el relevamiento de la señal que, con esfuerzo y sacrificio, levantaran los náufragos del ANTARCTIC en la cumbre de la volcánica isla Paulet. Este símbolo de la férrea voluntad y capacidad del capitán Larsen y sus hombres para sobrevivir en condiciones que hoy, podemos calificar como infrahumanas proyecta la grandeza del grupo de suecos y noruegos que más allá de las penurias y limitaciones, después de protagonizar una epopeya singular, navegando a suerte y verdad a bordo de témpanos, librados a sus propias fuerzas, no bajaron en ningún momento la guardia, y arbitraron todos los medios para procurar su supervivencia, manteniendo en alto el espíritu, sin perder el buen ánimo ni desfallecer.

Por último, y en orden a los valores de los náufragos del ANTARCTIC, señalamos que en noviembre de 1903, el capitán Larsen, en una prueba más de su coraje y capacidad, disminuido físicamente por la escasa dieta de supervivencia invernal, junto a cinco de sus hombres, se embarcó en un bote, y navegó hasta bahía Esperanza primero, para buscar al doctor Andersson y sus compañeros, y al no encontrarlos, puso proa a la estación invernal en Cerro Nevado, lugar al que llegó luego de remar más de ciento setenta kilómetros en un mar plagado de peligros por sus vientos y sus hielos.

Los antecedentes señalados, y como un justo homenaje de la humanidad a aquellos valientes adelantados del conocimiento de las tierras australes, hacen mérito más que suficiente para que, la oscura torre de piedra que desde hace casi cien años se yergue en la parte más alta de la isla Paulet, sea elevada al rango de monumento internacional en el marco del Tratado Antartico.

Los monumentos históricos, son la memoria viva de la humanidad.
Cerro Nevado (Snow Hill), Antártida, enero de 1995.
 

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