Historia y Arqueología Marítima

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Los Ombúes y la reducción de los Quilmes

Por Alfredo L. T aullard. a bordo del "'Cerrazón''

Indice Puertos

Fuente: Neptunia 1940

También es Quilmes digno de ser suscintamente historiado a semejanza de lo hecho en números anteriores de "NEPTUNIA" con otros puntos de la costa rioplatense frecuentados por nuestros yachts.

DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA: La costa del Plata a la altura de Quilmes poco ha cambiado en su topografía desde la época del descubrimiento del nuevo mundo, excepto unos metros más de playa ganados al río y unos pies menos de agua perdidos para la navegación fluvial, como resultado del embancamiento paulatino y progresivo, debido a la sedimentación de aluvión del Delta. Siempre fué una costa baja, poco accesible, bordeada de juncales hasta los cuales llegaban algunos arroyitos de escasa agua pluvial, descendiendo desde las barrancas interiores. En efecto, los barcos no podían arranchar de cerca la costa Sud del Río de la Plata, comprendida entre estos dos puertos por impedirlo los bancos de tosca y de arena, y era preciso darle de 2 a 3 millas de resguardo. Desde la punta de Quilmes, a la altura del pueblito del mismo nombre, seguía un trozo de costa baja y uniforme, de 9 millas de longitud al rumbo N.W. 1/4 W. hasta la ciudad de Buenos Aires.

Poco después de rebasada la Punta de Lara se encontraba la extremidad S.E.,del banco que partía de ella y terminaba frente a la ciudad. Se lo llamó Banco de Quilmes (frente a este pueblo) y luego Banco de la Ciudad (frente a Buenos Aires). Era de arena fangosa y el escandallo lo indicaba claramente al N.E. de la Punta de Lara; distante poco más de una milla, había un buen fondeadero con 5 ms. a 5,6 ms. (18 a 20 pies) de agua con fondo de arena y fango, para abrigarse de los pamperos y del viento S.E.; pero era preciso abandonarlo tan pronto como se iniciaban los vientos del primer cuadrante. Los veleros mercantes que iban al puerto de la Ensenada de Barragán para cargar muías, fondeaban a veces cerca de Punta Lara y a 2 ó 3 millas por afuera de la boca del puerto.

EL OMBU BALIZA DE NAVEGANTES: Hace más de un siglo (1826) según noticias de un viejo derrotero, servía el ombú como baliza para la navegación costera de la orilla septentrional del Plata. "En la costa de la Magdalena se reconoce los primeros tres ombúes que están sobre las colinas. Dichos ombúes son fáciles de identificar porque la costa es aquí rasa, con arbustos y pajonales, pues no hay más objeto particular que un ombú pequeño que está más al S.E. que los indicados. Antes de llegar a los 3 ombúes se divisarán otros 6 ó 7 que son del pueblo de la Magdalena y en medio de éstos la iglesia con dos torrecitas. Pasada la iglesia hay un gran ombú con un montecito que parece hallarse más inmediato.al río. Más adelante se divisan tres ombúes juntos, mayores los de la parte del O. y menor el del medio. En seguida se ven dos montecitos de talas en la margen del río y un ombú con dos ranchos, y ésta es la punta Atalaya.

De aquí sigue la costa muy rasa, con playitas de arena hasta el monte de Santiago en la Ensenada en una extensión de 9 millas. Costeando el monte se advierte luego la punta del mismo nombre y parece que se concluye la tierra hasta que con la constante navegación se divisará el ombú de la Punta de Lara y casa de los Ballesteros por ser lo más elevado de aquella costa y luego el monte de la misma punta que es de talas, espinillos y duraznos. Poco después se descubren las lomas y población de Quilmes con su sobresaliente grupo de elevados ombúes, y al perderse de vista, anunciaban, al menos experto de los marineros, caso de no verse ya los palos de los buques de la rada o las torres de las iglesias porteñas, que se estaba en las proximidades del fondeadero del puerto de destino. También sobre la costa de Buenos Aires veía el navegante la hilera de los raquíticos ombúes que no prosperaron, plantados a lo largo del "paseo de la alameda" (hoy avenida Alem). Luis L. Domínguez, poeta de aquella época (1842) elogió sus cualidades de faro o baliza:

...No hay bosques frondosos,

Pero alguna vez asoma

En la cumbre de una loma

Que se alcanza a divisar,

El ombú solemne aislado

De gallarda airosa planta

Que a las nubes se levanta

Como el faro de aquel mar....

LA REDUCCIÓN DE LOS QUILMES: Los orígenes del pueblo de Quilmes son muy lejanos y humildes: proviene de una "reducción" de indios Quilmes y Calíanos, dos naciones indígenas que vivían primitivamente en el "Valle de Calchaquí" en la frontera de Tucumán con Catamarca, de donde fueron expatriados por los españoles al litoral rioplatense y conducidos por la fuerza a las inmediaciones de Buenos Aires, donde se fundó el "Pueblo de Santa Cruz dé los Quilmes" en 1669. Los Quilmes eran un grupo aborigen perteneciente a la misteriosa tribu Calchaquí, la más peculiar de las argentinas, cuya cultura alcanzó apreciable desarrollo y fué anterior e independiente de la Incásica. Estos indios elevaron en Andalgalá grandes murallas de piedra, fueron los mejores arquitectos entre los indígenas del suelo argentino, construyeron habitaciones cómodas y bien ordenadas, tumbas con piedras (Pucará). Sabían tejer finas telas, se adornaban con brillantes joyeles, trabajaban orfebrería en oro, cobre y bronce, campanas, placas pectorales, fabricaban preciosas cera¡nicas y conservaban momias de sus antepasados. Poseían curiosas costumbres matrimoniales y ritos religiosos muy complejos. De su lenguaje apenas se conserva una corta lista de pocas palabras y signos aún no descifrados de su escritura grabada en piedra (Petroglifos).

Los bravos Quilmes se opusieron a la usurpación de su terruño por los conquistadores españoles durante 10 años, en una lucha porfiada y terrible, combatiendo al invasor con táctica de guerrillas en hordas que batieron al blanco infligiéndole grandes peses. En 1558 el capitán Juan Pérez Zurita funda en el Valle Calchaquí la ciudad de Nueva Londres, a orilla del río Quilmevil en la provincia que denominó Nueva Inglaterra, todo este nuevo establecímiento británico (sólo en las denominaciones) sucumbió a manos de los indios capitaneados por un picaro andaluz, Pedro Bohorquez, llegado allí huyendo de España por sus malas artes y muchas truhanerías; buscaba el oro de los Calchaquíes y resuelto a apoderarse de sus supuestos tesoros, se erigió astutamente ante los crédulos indígenas como Inca-Hualpa.

Los oprimidos Quilmes creyeron en el falso Inca y le fueron leales con tal de recuperar su perdida libertad; al efecto, se promovió un levantamiento y se dispuso la resistencia, pero con suerte adversa; al final los Calchaquíes tuvieron que abandonar sus breñas y bajar a los llanos de las ciudades circunvecinas donde fueron vencidos por las tropas de Don Alonso Mercado y Villacorta, quien en el año 1669 los expatrió al litoral en número de doscientas familias de los Quilmes, sin contar los Calíanos, sus vecinos y aliados, con intención de ponerlos bajo la dirección de los Misioneros de la Compañía de Jesús, porque conocían la lengua y modalidades de ellos. Todo fracasó por mala voluntad de las autoridades en el puerto de Buenos Aires y las glorias de los Quilmes se convirtieron en obras comunes de la ciudad en la que servían por un jornal tasado en 2 reales de plata por día. Regidos por las jesuítas en la "Reducción de los Quilmes" se mezclaron con los europeos, se españolizaron olvidaron su idioma propio aunque sobrevivieron algún tiempo con sus primitivas costumbres, pero aceptando también algunas normas civilizadoras de los colonizadores y sus creencias religiosas. Así' tuvo origen el pueblito de Quilmes y vegetó largamente en obscura condición de posta a lo largo del camino que conducía del Puente de Barracas (en el Riachuelo) al Puerto de la Ensenada, recorrido por pesados carretones de gigantescas ruedas. Al siglo de su fundación (fines del siglo XVIII) poseía tan sólo alrededor de 800 habitantes y otro siglo más tarde tuvo que consentir la invasión de las tropas británicas.

EL DESEMBARCO DE LOS INGLESES: Preludiando las Invasiones Inglesas, bordejeaba impunemente a fines de Noviembre de 1805 el bergantín "Antilope' frente a Quilmes para estudiar metódicamente, como cuadra a un espíritu sajón, el ulterior lugar del desembarco. Sondeó durante dos días consecutivos con la mayor escrupulosidad el Estuario y sus costas, tomando debida nota de los bancos de Quilmes y de Punta Lara. Tuvo el arrojo de fondearse en la rada de la Capital bonaerense y hacer a su vista varias presas sin que el timorato virrey que la gobernaba hiciese nada por impedirlo. El pequeño bergantín cansado de manifestar el desprecio que hacía de las fuerzas marítimas españolas y no presentándosele presas que hacer, desapareció del horizonte de Quilmes, retirándose sin que nadie lo incomodase.

Al año siguiente, 24 de Junio de 1806, vuelven a ver los alarmados vecinos de Quilmes que se aproximan las temidas naves inglesas, pero en mayor número y bien pertrechadas. AI píe de la barranca está apostado Don Manuel Sánchez con 10 hombres (por orden del virrey) y observa 10 bajeles colocados en línea de batalla a una legua de la orilla del río: 7 fragatas de porte menor, 2 bergantines y una sumaca, listos para desembarcar.

La aterrada se presentó en extremo laboriosa (describe P. Qroussac); las nieblas del invierno tan frecuentes y tan densas, los golpes del pampero y las sudestadas que dispersaban el convoy cuando era absolutamente indispensable navegar en conserva; la necesidad de echar sondas por instantes para guiar buques veleros, algunos de fuerte calado, por aquel laberinto de bajíos: todo contribuyó a prolongar el viaje.

El "Narcissus" varó en el banco Ortiz y se tuvo que descargarlo para ponerlo a flote; Popham inquieto se transbordó al bergantín "Encounter", que sólo calaba 12 pies, para abrir la marcha y proteger el desembarco, quedándose a una milla de la costa. A las 11 de la mañana del día 25 ya notaron los quilmeños con justificado temor que los ingleses empezaban a echar botes al agua, desde cuya hora procedieron a desembarcar tropa en 21 botes por 3 veces, conduciendo cada uno de ellos de 20 a 22 hombres: luego que verificaron el desembarco en el arenal frente a Quilmes, con la misma tranquilidad que en una isla desierta, se ocultaron en los pajonales del bañado, hasta poco antes de oraciones; a esa hora dieron toque de caja y se formaron en la playa al parecer en mucha cantidad con chaqueta encarnada, vuelta amarilla y pantalón azul; entretanto procedieron algunos a echar en tierra una cureña. Desde la altura grupos de gauchos a caballo presenciaban el apeo de las casacas rojas. Solo estaban apostados en Quilmes el Sub-lnspector General de las tropas, don Pedro de Arce, con un brazo de gente de caballería miliciana compuesto de 200 hombres, con dos cañones de a cuatro y un obús de a ocho, siendo así que en este importante punto se encontró desarmado para luchar contra los bien pertrechados y bravos "highlanders" del 71 y otros escoceses de Pack. Sólo disponía de sables y el que más, cuatro cartuchos de distinto calibre del que cargaba su carabina.

Recién el 26 al amanecer, día triste, nublado y lluvioso, se pusieron los milicianos en movimiento y en seguida P. de Arce mandó romper el fuego al cual el enemigo no demoró en contestar con sus cañones dirigiendo sus tiros a la línea del Sub-lnspector General y a las. fuerzas que iban llegando en su auxilio, en tanto el enemigo empezaba a menudear el fuego graneado, aumentó la confusión en los escasos defensores de Quilmes, que ya habían vuelto el rostro, de suerte que aunque los oficiales trataron de contenerlos no pudieron lograrlo pero su jefe no quedó entre los últimos que huían aunque vociferaba cómicamente. "Yo mandé tocar retirada, no desordenada fuga... ¡Qué dirán las mujeres de Buenos Aires!..."

Así por el atolondramiento e inepcia del Virrey Marqués de Sobremonte, fracasó la primera jornada contra el invasor en la playa de Quilmes.

Otra vez más volvieron con insistencia los ingleses a invadir estas costas, pero con un ejército cinco veces mayor que el anterior y navegando en 32 transportes; llegaron a la Ensenada de Barragán el 28 de Junio de 1807, nadie impidió el desembarco que se llevó a cabo tranquilamente; de allí, emprendieron una penosa y desordenada marcha hasta la Reducción de los Quilmes, varias veces extraviaron el camino, su despreocupado jefe omitió tomar guías y gauchos enlazadores para proveerse de ganado (para alimentar a la tropa). La batería y reducto de Quilmes enmudeció ante este invasor y lo toleró durante tres días acampado entre su caserío.

El general John Whitelocke se instaló todo lo más confortablemente que pudo con su estado mayor en la casa de don Juan Antonio de Santa Coloma y allí preparó metódicamente su marcha sobre la Ciudad, donde fueron batidos y diezmados no por la estrategia de los jefes que planeaban la "defensa" sino por el valor heroico del pueblo de Buenos Aires que cumplió colectivamente con su deber, sin esperar apoteosis individuales. Entre tanto quedaba inactiva en Quilmes la brigada de Mahón, sin pedir ni recibir órdenes, hasta después de la capitulación, a pesar de sus 1.800 soldados así inertes y al parecer olvidados durante la sangrienta jornada de la "Defensa".

BROWN COMBATE FRENTE A QUILMES: Aún le tocaría presenciar a los quilmeños, veinte años más tarde, otra infausta acción guerrera, sí bien gracias a la aguerrida fibra del glorioso Almirante Guillermo Brown, se evitó un desastroso final, salvando el honor del pabellón argentino. Acababa de crearse la actual bandera de guerra con el sol en el centro y situadas en las naves del bravo Brown donde recibió su bautismo de guerra.  Desde las barrancas pudo observar el vecindario del pueblito de Quilmes en la madrugada del 30 de Julio de 1826, con los primeros rayos del sol, a la escuadra del Imperio evolucionando a la vista de la costa. Ya la noche anterior, a las 22 hs., la nave capitana "25 de Mayo" avista la goleta brasileña "D. Paula"; prevenida de la proximidad de la escuadra enemiga inicia el cañoneo y la persecución, pero la noche es muy obscura y se suspenden las actividades. Al amanecer se enfrentan ambas escuadras en el horizonte de Quilmes no lejos de la costa, a la vista de sus habitantes que siguen las acciones ansiosamente. Son las 5 de la madrugada, cuando se ponen en movimiento ambas escuadras con una ligera brisa del E., navegando las naves del Imperio con proa al S.E. de vuelta encontrada con respecto a los barcos argentinos.

El brick "Pirajá", colocado entre ambas líneas, inicia el combate mandando una valiente andanada. Los brasileños tratan de ganar barlovento, luego viran por avante y en una rápida y acertada maniobra cortaron la linea patriota aprovechando la ocasión en que ésta viraba en popa y procuraba orzar.

Batida de cerca por los fuegos de la "Caboclo" y la "Nichteroy" a cuyo bordo navegaba el heroico Norton con su esposa, accidental espectadora del lance con el bravo Brown, la "25 de Mayo" es severamente castigada. Alarmados los restantes barcos argentinos huyen vergonzosamente, abandonando impunemente con su cobarde retirada a la "25 de Mayo" a la furia de la artillería enemiga. La "Nichteroy" y la "María da Gloria" cercaron entre dos fuegos a la nave capitana argentina y la acribillaron de balas.

Era las 10 de la mañana y el combate proseguía encarnizado. Los afligidos quilmeños pudieron ver desde la playa como la capitana argentina, desarbolada, huía presurosa, perseguida de cerca por el enemigo. A su bordo la carnicería espantaba; apenas hay brazos para retirar los muertos y los heridos de que están sembrados los puentes que rebozando en sangre, principian ya a derramarla por los .imbornales.

A esta altura del combate la goleta "Sarandí" dando un noble ejemplo de heroismo procura auxiliar a su capitana, que velejea solo con el trinquete y el velacho, viento por la aleta en procura del refugio de los bajíos donde puede escapar, siendo cercada y protejida por las lanchas cañoneras patriotas que aguardaban este momento desde el veril del banco de Quilmes. La "25 de Mayo" fué conducida abarloada por la "Sarandí" hasta el banco de la Ciudad y varada allí en tan lamentable estado que nunca más pudo salir; sólo sirvió para pontón artillero y al año se desfondó por haber quedado tumbada con la enorme bajante del año 1828; en vez de apuntalarla y dejarla en condiciones de poderse poner a flote, se la dejó negligentemente, y la creciente, encontrándola de costado, la cubrió de agua zozobrando así con este pampero en Balizas Interiores.

Todas estas reminiscencias van dirigidas con cordial simpatía a los yachtsmen del club de Quilmes, que desde hace años fomentan con éxito el deporte de la vela y también a la colectividad británica que tuvo predilección por Quilmes desde la remota época de los quilmeños en la Nueva Londres y Nueva Inglaterra (valle Calchaquí), las invasiones inglesas, las chacras de ingleses que tuvieron en Quilmes asiento favorito, la estanzuela del glorioso irlandés Almirante Guillermo B'rown y el actual Saint George's College, modelo en su género, cuna de los Oíd Georgians y frecuentemente llamado "Little England" donde el lema es:

"Vestigia milla retrorsum".

 

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