Historia y Arqueología Marítima

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Pinturas de Carlos Parrilla Penagos

Indice Pinturas Marinas
 

 

Este es su correo electrónico: c.parrillapenagos@gmail.com  Y esta es su página web personal: www.carlosparrillapenagos.es
 
Cuadro Título Comentarios
Mexicano
   El navío “Mexicano” de primera clase y 112 cañones, otro Romero de Landa, batiendo al “Excellent” inglés de 74 durante el Combate de San Vicente. Detrás de él vemos al “Soberano” y semitapada por el humo de sus cañones la enorme mole del “Santísima Trinidad”, cañoneándose  a su vez  con el “Blenheim” y el “Prince George”, fuera de la vista tapados por el “Mexicano”. A la derecha de la imagen y en último término navegan el “San José” y el “San Nicolás”, que serían capturados al final de la batalla.
   Este soberbio navío se construyó en el astillero de La Habana como donativo de los súbditos de Nueva España al rey Carlos III, de ahí su nombre.
   Su mayor protagonismo lo tuvo durante el Combate de San Vicente, ya que fue uno de los siete navíos españoles que sostuvieron el peso de la batalla demostrando su buena construcción en madera de cedro, así como el arrojo de su comandante, el brigadier Don Francisco de Herrera que murió durante la acción, y del resto de su dotación. Tuvo 72 bajas con 26 muertos y 46 heridos.
Encuentro en el Paraná Guazú    El 2 junio de 1807 se produjo en el río Paraná-Guazú un combate entre dos unidades menores españolas; la balandra mercante “Mercedes” (en primer término) artillada con dos cañones de a seis y comandada por su propietario Don Francisco de Castro, y el falucho “San Antonio” comandado por el alférez de navío Don Francisco Pareja también armado con dos cañones de a seis, con una goleta británica de 16 cañones llamada “La Paz”, anteriormente española y apresada durante la pérdida de Montevideo unos meses antes, que remontaba el río Guazú en busca de presas.
   Los barcos españoles se toparon con el inglés cuando estaban de patrulla y entablaron combate cotra él. El resultado fue indeciso pues ambos bandos sufrieron mucho por el fuego contrario. La goleta se retiró acribillada, mientras que los barcos españoles, también muy castigados, tuvieron ocho heridos lamentando además la muerte de Pareja.
   Esta acción tuvo lugar durante las operaciones que comandó Don Santiago Liniers contra los ingleses en su invasión del Río de la Plata de 1807, y que terminaron con la derrota británica en su intento de tomar Buenos Aires el 5 de julio, así como la devolución de Montevideo y la culminación con éxito de todos los demás objetivos de la campaña.
Recalada en Nutca    El 30 de julio de 1789 comienza en Cádiz la épica expedición de exploración científica comandada por el Brigadier Don Alejandro Malaspina.
   Para tal fin se habían construido dos corbetas especiales, la “Descubierta”, que comandaría el propio Malaspina, y la “Atrevida” gemela de la anterior, que quedaría bajo el mando de su amigo el Capitán de Navío Don José de Bustamante y Guerra.
   Así las cosas parten con destino a Montevideo haciendo escala en Canarias. De Montevideo zarpan hacia las Islas Malvinas y Patagonia, doblando el Cabo de Hornos para después visitar la isla de Chiloé, Talcahuano, las Islas Desventuradas, Valparaíso y El Callao, siguiendo después la costa hacia Guayaquil y Panamá, finalizando la primera parte del viaje en Acapulco en abril de 1791.
   Una vez en el puerto novohispano reciben el encargo de buscar el Paso del Noroeste, así que zarpan hacia Alaska sin encontrarlo. Ya de vuelta recalan en la base de San Lorenzo de Nutca, el puesto más septentrional del Imperio Español, situado en la actual isla de Vancouver, Canadá.
   Después de volver a Acapulco los dos barcos se adentraron en el Pacífico para explorar, juntas o por separado, las Islas Marshall, las Marianas,  Manila, las costas filipinas, Macao, Islas Célebes, Molucas, isla sur de Nueva Zelanda, Sidney, Tonga y vuelta a El Callao, desde donde iniciaron el viaje de regreso a España doblando el Cabo de Hornos, volviendo a las Malvinas, las Antillas del Sur y Montevideo.
   Llegaron a Cádiz el 21 de septiembre de 1794, con lo que el viaje duró cinco años y dos meses, aportando toda clase de conocimientos e información científica que desgraciadamente  fue arrumbada en el olvido, aunque mucho más tarde, ya en 1885, se le diera la importancia que merecía.
   La imagen representa el momento de la llegada de las dos corbetas a San Lorenzo de Nutca, puesto defendido por el Fuerte de San Miguel, guarnecido por la Compañía de Voluntarios Catalanes, como se aprecia por las barretinas en sus cabezas.
   En primer término tenemos a la “Atrevida”, y en último a la “Descubierta” que enarbola el gallardetón de brigadier en el tope del palo mayor. Estas corbetas se construyeron especialmente para la expedición científica presentando diferencias con respecto a otras de su clase, las portas para los cañones no alcanzan la aleta, siendo sustituidas por pequeños ventanucos de ventilación que oxigenaban las cámaras de oficiales y almacenamiento hechas para su misión a popa. Las troneras de los cañones llevan portas de madera, algo inusual en las corbetas o fragatas, y sobre la toldilla se construyó una cámara que no permitía la ubicación de la botavara.
   Años después, de vuelta al Virreinato del Río de la Plata, la “Atrevida” fue volada por su comandante, el teniente de navío Antonio Leal de Ibarra,  en la rada de Montevideo ante el asalto de los ingleses en la madrugada del 3 de febrero de 1807. Lo hizo para cubrir la retirada de los civiles, soldados y marinos que lograron eludir así la ocupación británica. La “Descubierta” estaba en ese momento destacada en Malvinas, bajo las órdenes del capitán de fragata Bernardo Bonavía (esta última información es por gentileza de Juan Carlos Luzuriaga, historiador naval, Montevideo).
Captura en el Caribe
   El navío “San Juan Nepomuceno” al costado de la fragata británica “Clyde” que se bate sin esperanza ante la superioridad de su oponente, al fondo el bergantín también llamado “San Juan Nepomuceno” vigila la acción después de haber contribuido en su persecución y alcance.
   El 14 de diciembre de 1781, en plena guerra de Independencia de los Estados Unidos contra Inglaterra, y después de zarpar de Puerto Rico el “San Juan Nepomuceno” capturó esta fragata británica y represó otra anteriormente norteamericana. No serían sus únicas presas pues al año siguiente, y tras la conquista de Pensacola, capturó otra fragata, la “London”.
   Como vemos en la imagen el navío luce el esquema de colores por entonces dominante en la Real Armada, así como el empleo de entena en lugar de botavara en el palo de mesana.

 

Volando a Haití Este cuadro ilustra la gesta que en 1801 hicieron Don Cayetano Valdés y Federico Gravina, que turnándose en el mando del gobierno del navío "Neptuno" de 80 cañones, y uno de los navíos más veleros de la flota, partió de Brest junto con una escuadra franco-española para ayudar a sofocar una rebelión en Haití. A poco de zarpar se vió que el navío estaba en tan mal estado que por la cantidad de agua que embarcaba corría el riesgo de irse a pique durante la singladura, así que Gravina ordeno dejar la escuadra y arribar a El Ferrol para reparar. Bajo su supervisión se consiguió tener listo el navío en 15 días, zarpando de inmediato. Durante la travesía ambos comandantes se turnaron día y noche en el comando del barco, consiguiendo completar el viaje en 19 días hasta La Española, adelantando a la escuadra combinada y dejando boquiebiertos a los oficiales de la misma cuando al llegar a su destino vieron al navío español ya fondeado.
En facha y combatiendo Una fragata española, detenida con la arboladura en facha y movida por el oleaje, nos muestra su pantoque forrado de cobre mientras cañonea a otra británica que se resiste a arriar su bandera, a pesar del castigo que está recibiendo
140 cañones El Santísima Trinidad haciendo las pruebas de mar después de sus reparaciones y embono que le fueron efectuadas, por los daños sufridos en el combate de San Vicente, en el arsenal de La Carraca, Cádiz. Lo vemos con casi todo el trapo dado recibiendo viento moderado por el través de estribor. A unos cuatro cables un dos puentes le acompaña, y a lo lejos por su popa se adivina la silueta de Cádiz
De vuelta encontrada Un navío español de 64 cañones navegando de bolina y de vuelta encontrada con un 74 cañones británco. Vemos que, según el color azul de la grímpola del trinquete, el español pertenece a la base de El Ferrol, mientras que el inglés enarbola un gallardetón en el tope del mesana, indicando que un comodoro está a bordo. Me he tomado la libertad de pintarlos asomando la artillería, como si ambos comandantes no se fiaran de las intenciones de su oponente, aún estando en tiempos de paz.
Extraños aliados En primer plano tenemos al navío de 112 cañones San Hermenegildo, navegando por aguas de Tolón con otros buques británicos, durante la guerra que ambas potencias mantuvieron desde 1793 hasta 1796 contra la Francia revolucionaria, haciendo aliados a dos países tradicionalmente enemigos.
¡Victoria! En esta ocasión el nuevo cuadro del pintor Carlos Parrilla es una escena ficticia, un hermoso cuadro realizado por encargo.
El descanso del coloso El Santísima Trinidad anclado y visto por la amura de babor, con insignia de Jefe de Escuadra
¡Bravo por el Montañés! El 30 de marzo de 1795, durante la guerra de los Pirineos contra Francia, el navío español Montañés fue sorprendido por una división francesa compuesta por ocho navíos (uno de ellos de primera clase) y dos fragatas. El Montañés, bajo el mando del Capitán de Navío Don José Jordán, tuvo que refugiarse en el puerto de San Feliú de Guixols donde se acoderó, ofreciendo su costado al enemigo. Después de más de dos horas de combate los franceses tuvieron que retirarse sin poder hacerse con el navío español. ¡Bravo por el Montañés!
Bandera de corso Se trata de una escena que se repitió innumerables veces durante el siglo XVIII, un corsario español, un bergantín, enarbolando la bandera de corso de mediados de siglo, a la caza de un barco enemigo, en este caso inglés.
En alta mar Una escuadra española navegando con un primera clase al frente.
El Real Carlos El "Real Carlos", otro de los "Meregildos" de la clase "Santa Ana" (de trágico y desgraciado final), un poderoso primera clase de 112 cañones. Lo vemos por su aleta de estribor zarpando de la bahía de Algeciras. En último término, detrás de la balandra mercante, distinguimos Gibraltar.
Finisterre El navío "Argonauta" enarbolando la insignia de Gravina, esta vez encabezando la línea de combate aliada, cañoneándose con el "Hero" británico, a su vez cabeza de su línea. Tras el español vemos a su matalote de popa, el "Terrible", y detrás de éste al resto de la vanguardia  perdiéndose en la niebla.
Real Felipe Vemos al tres puentes por su costado de babor, navegando con viento fresco. Una imágen del protagonista de la batalla de Tolón de 1744, favorable a las Armas españolas
Purísima Concepción Bañados por el sol de la mañana descansan los dos mayores navíos del mundo, el "Concepción" y el "Trinidad", quizá en El Ferrol, esto lo dejo a gusto de cada uno. El "Purísima Concepción" podía montar 120 cañones después de que Gautier lo reformara abriéndole 8 portas más de las 112 que llevaba originalmente.
Santísima Trinidad Aquí tenemos al "Santísima Trinidad" visto por la amura de estribor mostrando su decoración final, navegando con las gavias y el contrafoque, enarbolando insignia de teniente general, y acompañado de un bergantín.
Príncipe de Asturias El "Príncipe de Asturias", pintado según la descripción que hicieron de él los ingleses en Trafalgar, en rojo con dos delgadas franjas negras para definir las andanas. Al fondo un dos puentes sigue su derrota. La costa podría ser la de Cartagena.
Stuart contra Nelson Aquí tenemos a la fragata española Sabina, mandada por Don Jacobo Stuart, combatiendo contra la Minerve de Nelson en la acción que tuvo lugar el 19 de Diciembre de 1796 en las proximidades de Cartagena
Navegando hacia poniente Vemos al "San Juan Nepomuceno" junto con una fragata (izquierda) y dos navíos más. A éstos, por estar más alejados, no se les distingue bien, pero el más próximo, un primera clase, bien podría ser, por su costado rojo, el "Santísima Trinidad " o el "Príncipe", siguiendo la descripción inglesa de estos navíos en Trafalgar. La segunda imagen corresponde al boceto a lápiz del cuadro.
Jorrando una presa Navío español de tercera clase en la época en que aún no se había efectuado el cambio de pabellón (la bandera es la blanca de los borbones, que en 1785 se cambiaría en la Real Armada por la actual roja y amarilla), le vemos remolcando una presa, una gran fragata británica
Argonauta Navío de 80 cañones "Argonauta" último de su clase en ser construido en España. Aquí le vemos batiendo a los ingleses durante su última acción, en un momento al principio del combate de Trafalgar. Más tarde sería apresado, incendiado y hundido por los ingleses ante la posibilidad de que los españoles lo represaran.
El Trinidad y compañía El Santísima Trinidad mostrando su costado de babor, acompañado de otros navíos. Éste debía ser su imponente aspecto durante la época entre San Vicente y Trafalgar. Recordemos que fue pintado de rojo y negro después de ser reparado y remontado a 140 cañones tras el castigo que recibió durante el combate de San Vicente.
Aquí viene el Santa Ana Navío de línea de primera clase "Santa Ana" de 112 cañones, visto por la amura de babor, y pintado según las ordenanzas de la época, en negro con franjas amarillas
Ciñendo Representa una corbeta española navegando de bolina
Glorioso Representa el combate que sostuvo este navío contra el navío "Warwich" y la fragata "Lark" a los que desarboló el 25 de julio de 1747 a la altura de las Azores.
El buque insignia Acrílico sobre lienzo 46cm x 36,5cm.
Representa a nuestro "Santísima Trinidad" fondeado en puerto después de haber sido remontado a 140 cañones con sus cuatro andanas completas, y sus costados pintados en rojo y negro.
Duelo de fragatas Acrílico con tratamiento de óleo en lienzo de 46cm x 38cm.
El autor se inspiró para este cuadro en un relato de Pedro G. Somarriba llamado "Resurrección" y que podeis leer en la sección "relatos". Representa el combate de una fragata española contra otra británica
Fragata Cuadrito de 33cm x 22cm, acrílico sobre lienzo.
Una fragata española navegando en fuerte marejada con las gavias arrizadas
Corbeta Corbeta española vista por la aleta de babor
Combate a la misma vuelta Encuentro entre una fragata española y otra británica que, a un cable de distancia, se cañonean navegando a la misma vuelta y con el viento de empopada
Salvas de saludo Fragata portuguesa intercambiando salvas de saludo con el fuerte de la isla de Villegaignon en la bahía de Guanabara, a su arribada a Río de Janeiro, al fondo el Pan de Azúcar.
He querido hacer un pequeño homenaje a la modesta armada de nuestros hermanos portugueses, que aunque pequeña con sus 14 navíos, 7 fragatas, y 20 corbetas y bergantines, mantuvo durante el S.XVlll un altísimo nivel en entrenamiento y pericia en sus marinos y tripulaciones, así como la calidad de sus buques. Tristemente, una vez entrado el S.XlX y tras la pérdida del Brasil, la marina de Portugal corrió la misma suerte que la española, viéndose abocada a la postración y el abandono durante demasiados años. ¡Viva Portugal!
Navío Reina Luisa Considerado el mejor tres puentes de la Real Armada el "Reina Luisa" fue en verdad un soberbio navío de primera clase y 112 cañones diseñado, como no, por el gran José Joaquín Romero y Fernández de Landa. Fue el más veloz y marinero de cuantos navíos de su clase alistó la Armada, como demostró el día 17 de enero de 1795 al dar caza y apresar, bajo el mando del General Lángara, a la fragata francesa de 32 cañones "Efigenia" en las cercanías de la isla Dragonera.
El cuadro representa ese suceso, viendo al "Reina Luisa" con insignia de Teniente General al costado de la "Efigenia", en último término se ve al navío "Montañés" que también participó en la acción.
Alas y rastreras Tres navíos de línea españoles, dos de primera clase y uno de segunda, navegando con poco viento ayudándose de las alas y las rastreras de babor del trinquete. En primer término vemos al Santísima Trinidad con insignia de Teniente General, a la derecha al Príncipe de Asturias (Esta vez pintado según las ordenanzas), y a la izquierda otro navío sin identificar. Es el cuadro más grande que ha pintado el autor (81cmx65cm). Acrílico sobre lienzo
Una Armada formidable Esta vez el nuevo cuadro se titula “Una Armada formidable”, y ¿Por qué? Pues porque a pesar de todos los problemas que tuvo nuestra sufrida Armada y sus admirables marinos, creo que llegó a ser eso, formidable. Partiendo prácticamente de la nada a principios del S.XVIII llegó a ser en tiempos de Carlos III la segunda Armada de guerra del mundo, y aunque poco antes de Trafalgar estaba ya corroída por toda clase de problemas, lo cierto es que seguía siendo una fuerza tenida en cuenta por todas las demás potencias de su tiempo, y qué mejor representante que mi querido, enorme, torpe y admirado Santísima Trinidad, navegando a primeras horas de la mañana, y comandando la escuadra que le acompaña, como no podía ser de otra manera.
Santísima Trinidad, El Escorial de los mares Nuestro gigante viene navegando con viento fresco que entra por su aleta de estribor haciendo que se escore ligeramente a babor, enarbolando insignia de Capitán General, como indica la bandera del tope del palo mayor.
Nueva versión del Santísima Trinidad, esta vez basándome en la maravillosa maqueta que Máximo Agudo ha realizado para su diorama de Trafalgar, y mi propio perfil de Todoababor.
He pintado la proa de negro, he puesto el refuerzo para la maniobra del ancla, y he prescindido de los dorados en el beque y el mascarón, pintándolos en blanco. Con respecto al mascarón he preferido continuar con el clásico león engallado, ya que, hablando con Juan Carlos Mejías, coincidí con él en que lo más seguro es que, principalmente por falta de presupuesto, no se cambiara el león por la alegoría sobre su nombre. Así que aquí está esta nueva visión del Trinidad, y no va a ser la última, seguro.
Proa a las Indias Pintura ambientada en el Siglo XVII sobre un gran galeón español de cuatro palos (Trinquete, Mayor, Mesana y Buenaventura), enarbolando la enseña imperial que mejor representa el período de Los Austrias, la Cruz de San Andrés. Visto por su costado de babor, saliendo de la borrasca, navega hacia la puesta de sol, más allá América
Una Marina, dos banderas El 28 de mayo de 1785, por un Real Decreto de Carlos III, se cambió la bandera naval española por la actual roja y amarilla, por ser fácilmente distinguible a larga distancia, y evitar así problemas de identificación con otras marinas.
En este cuadro he pintado a dos fragatas españolas navegando a la misma vuelta con sendas banderas, aunque sé que en plena navegación no se enarbolaba el pabellón, sino que apenas se izaba el gallardete a modo de catavientos, en este caso la imagen lo requiere.
No sé si se dio alguna vez esta circunstancia en el tiempo de cambio de enseña, pero me ha parecido bonito poner a una de las fragatas con el pabellón blanco, y a la otra, la que comanda la división, con la nueva bandera. En concreto la bandera blanca es la de diario, ya que en combate se izaba la de guerra, que llevaba el escudo real completo, y no sólo las armas de Castilla y León.
Cabo Sicié El 22 de febrero de 1744, enmarcado en la llamada "Guerra de la oreja de Jenkins", tuvo lugar el Combate del Cabo Sicié (o de Tolón, según los autores), entre una escuadra británica y otra franco-española. Esto último es un decir porque la vanguardia y el centro franceses evitaron el combate, fuese porque Francia tecnicamente aún no estaba en guerra con Gran Bretaña, o porque el octogenario almirante francés De Court de la Bruyere era un conocido antiespañol, el caso es que nos dejaron en la estacada.
Se ha hablado mucho de la cacareada superioridad británica en asuntos navales, o de como se ufanan de que 15 navíos ingleses derrotaron a 24 españoles en el cabo de San Vicente. Pues bien, aquí nada menos que 32 navíos de la pérfida Albion no pudieron con 12 españoles, la mitar de ellos marchantes, es decir, con la artillería rebajada en su calibre y peso en beneficio de la velocidad. Además de sufrir el doble de bajas que los españoles (unos 800 contra unos 400 de los nuestros).
El cuadro representa el momento en el que el "Namur" insignia de Mathews, tres puentes y 90 cañones, tiene que retirarse machacado por el fuego del "Real Felipe", insignia de Navarro y 110 cañones. Al tener que orzar para alejarse de la línea española ofreció su popa al "Hercules" (64 cañones), matalote de popa del "Real Felipe", momento que aprovechó para descerrajarle toda una andanada que atravesó su espejo provocando un infierno en el interior del navío inglés. 32 contra 12, y no pudieron con nosotros, ¡Toma ya!.
El San José El navío de primera clase y 112 cañones San José fue el cuarto navío de esta categoría que fue alistado durante el S.XVIII por la Real Armada. Construido en El Ferrol en 1783 y diseñado por Gautier, se siguieron los planos del Purísima Concepción, pero a diferencia de éste, resultó ser un barco magnífico. Fue capturado por los británicos durante la batalla del Cabo de San Vicente, y el propio Nelson izó su insignia en el navío español. Aquí lo vemos por su amura de estribor acompañado de otros barcos. Luce uno de los esquemas de color que se usaron en la Real Armada, costado en amarillo-ocre único, desde las mesas de guarnición hasta las batiportas inferiores de la batería principal. Este esquema se abandonaría posteriormente por el clásico negro con las baterías en amarillo
Presa en el estrecho Pequeño cuadrito que representa a una fragata española que ha tomado a una corbeta británica como presa en aguas del estrecho de Gibraltar. Vemos a la corbeta desarbolada, rendida y con nuestro pabellón sobre la bandera británica, al fondo a la izquierda de la imagen se ve la silueta del peñón
El Rayo El navío Rayo ya remontado de 80 a 100 cañones, convertido en un primera clase. Recién fondeado en la bahía de Cádiz recoge velas descansando con la sobremesana dada para que el navío se mantenga proa al viento, desestibando una de las lanchas del combés para dejarla en el agua, vemos que las portas de la banda de babor están cerradas para facilitar la maniobra. A la derecha de la imagen una balandra se acerca, y a la izquierda un bergantín holandés encara la bocana de la bahía, detrás de éste aparece la ciudad mientras otras embarcaciones pululan por la bahía gaditana.
Entrando en la tormenta El Trinidad, iluminado por uno de los últimos rayos de luz del día, acortando trapo ante la noche tormentosa que se avecina, navega con las gavias arrizadas, la trinquete y el contrafoque, con el viento de empopada e hincando el tajamar en el agua.
San Juan Nepomuceno Construido en los astilleros de Guarnizo bajo las especificaciones de Gautier, el “San Juan Nepomuceno” fue y es uno de los navíos de línea españoles más conocidos debido a su épica resistencia durante el combate de Trafalgar. Su heroica última acción contra seis navíos enemigos fue comandada por el brigadier Don Cosme Damián Churruca que murió en la acción tras sufrir la amputación de una pierna por una bala de cañón.
Pero antes de esto la vida operativa del San Juan estuvo llena de acciones y combates, navegando tanto en aguas europeas como americanas. Fue insignia de Don José Solano que mandó la escuadra que apoyó la reconquista de Pensacola durante la guerra de independencia de EEUU, o la captura de las fragatas británicas “Clyde” y “London”, así como multitud de misiones de escolta y transportes de todo tipo.
Fue uno de los navíos mas veleros y de mejor andar de la Armada, siendo por esto destacado en descubierta en muchas ocasiones.
En la imagen aparece enarbolando un gallardetón en el tope del palo mayor, significando que un brigadier o un capitán de navío no subordinado lo comanda, quizá Churruca.
Conde de Regla" El navío de primera clase y 112 cañones "Conde de Regla" entrando en La Habana, en cuyo arsenal fue botado el 4 de noviembre de 1787.
De excelentes características, como todos sus hermanos de la clase Santa Ana, tuvo un papel destacado durante el combate de San Vicente al intentar desorganizar la línea inglesa junto con el Príncipe de Asturias cañoneando al Orión, al Colossus, al Prince George y al Blenheim, después el Victory probó su hierro. Más tarde colaboraría en el rescate del Trinidad impidiendo que los ingleses lo capturaran. Tuvo 26 bajas, con 9 muertos y 17 heridos.
El Conde de Regla fue un regalo de Don Pedro Romero de Terreros, Conde de Regla, a Carlos lll. Noble onubense emigrado a Nueva España que llegó a ser el personaje más rico de su época, dueño de las minas de plata más importantes del virreinato.
Honor a su nombre
Representación del último combate del navío “Glorioso”.

   Vemos al navío español batiéndose con el Russell inglés de tres puentes y 92 cañones, al fondo a la derecha  el Darmouth arde en llamas, mientras unas fragatas se mantienen apartadas de la acción después de haber recibido lo suyo.

   Verano de 1747, el navío Glorioso de 70 cañones parte de La Habana con cuatro millones de pesos de plata y su comandante, Don Pedro Mesía de la Cerda, tiene órdenes de evitar a toda costa que caigan en manos de los ingleses y llegar a España con la preciada carga.

   El primer tramo de la travesía se realiza sin contratiempos, y el 25 de julio de 1747 se avistan las islas Azores. Sin embargo por la tarde aparecen un gran número de velas, revelándose como un convoy de doce mercantes ingleses protegidos por el navío Warwick de 60 cañones, la fragata Lark de 40 cañones, y un bergantín de 20. Inmediatamente los ingleses se lanzan a la caza del Glorioso hasta que cae la noche. En la madrugada del 26 comienza el cañoneo, el Glorioso primero se encarga de la fragata Lark mandándola a pique, después le toca el turno al Warwick al que deja sin palo mayor y sin mastelero de trinquete. El navío español decide no rematar al inglés, y siguiendo las órdenes recibidas, pone rumbo al Este y continúa hacia la península. Los escasos daños sufridos pudieron ser reparados en plena navegación.

   El 14 de agosto aparece a la vista el cabo Finisterre, a la vez que otra escuadra inglesa compuesta por el navío Oxford de 50 cañones, la fragata Soreham de 24 cañones y el bergantín Falcon de 20. Enseguida comienza el intercambio de disparos, al cabo de tres horas el navío español queda con la popa destrozada, pierde el botalón de foque, y sufre otras averías sobre todo en el velamen, sin embargo nuevamente el bravo navío hace que los ingleses prueben lo duro del hierro español ya que el Oxford queda desarbolado, y tanto la fragata como el bergantín sufren serios daños. El Glorioso otra vez logra zafarse y continúa viaje.

   El 16 de agosto entra en Corcubión y cumpliendo con su misión desembarca el tesoro. Allí se desembarcaron a los heridos más graves y se avitualló de víveres y munición, saliendo otra vez a la mar con rumbo a El Ferrol para reparar los daños sufridos en este segundo combate. Sin embargo un fuerte viento en contra obliga al Glorioso a arrumbar al sur, hacia Cádiz. Para evitar a los barcos enemigos que pululan por la zona desde los puertos portugueses, el Glorioso se aleja de la costa y navega hacia alta mar, dando un amplio rodeo.

   El 17 de octubre, al llegar al Cabo de San Vicente, se topa con una escuadra de corsarios británicos apodada “The Royal Family” por los nombres de los barcos que la componen. Son cuatro fragatas que en total montan 120 cañones, la King George, la Prince Frederick, la Duke y la Princess Amelia, llevando en total 1000 hombres en sus dotaciones.

   El Glorioso sostiene tres horas de combate y todo parece ir bien para los británicos, más aún cuando se les une otro navío de 50 cañones, el Darmouth. Sin embargo, al poco de llegar el navío inglés salta por los aires fruto de un certero disparo del Glorioso que alcanzó su polvorín, salvándose sólo 14 hombres. Pero un nuevo refuerzo para los ingleses aparece en escena, nada menos que un navío de línea de tres puentes y 92 cañones, el Russell. El Glorioso continúa valientemente el combate prolongándose hasta el amanecer del día siguiente. A estas alturas el casco tiene tantos impactos y vías de agua que amenaza con hundirse, la munición está agotada y su aparejo ha desaparecido casi por completo, por lo que la defensa ya no es posible. Con 33 muertos y 130 heridos a bordo, desarbolado y la munición agotada, el comandante Pedro Mesía ordena arriar el pabellón real y  rinde su barco.

   En esta ocasión los ingleses no pudieron robar nada ya que el tesoro había quedado en Corcubión, e incluso ni el navío pudieron aprovechar, pues se encontraba en tan mal estado que al llegar a Lisboa, se vendió para desguace.

   El trato que tuvieron los marinos españoles fue correcto, siendo elogiado su valor. El Comandante Pedro Mesía y parte de la tripulación fueron llevados a Londres, y posteriormente serían puestos en libertad, regresando a España.

   El Rey, ascendió a Pedro Mesía de la Cerda a Jefe de Escuadra, así como a los supervivientes de la dotación, que por su valor y destreza se les proporcionó recompensas y ascensos.

   Para hacerse con el Glorioso los ingleses sufrieron la pérdida de un navío de línea y una fragata, así como otros dos navíos desarbolados, tres fragatas desmanteladas, y otro navío, otra fragata y un bergantín con serios daños. No se tiene constancia del número exacto de bajas inglesas aunque sólo en el útimo combate los muertos ascendieron a 340 (286 en el Darmouth), de los heridos no se tiene información, así como de las bajas en los tres combates previos. Por el resultado de los combates contra el solitario navío español, las bajas se presumen demasiado dolorosas como para ser recordadas sin vergüenza.

Ocaso en Ferrol Navío de tercera clase y 74 cañones de encalmada en la ría de El Ferrol a las últimas luces del día. A la derecha vemos como una lancha se le acerca por su aleta de estribor, mientras al otro lado de la imagen unas embarcaciones se dirigen a puerto aprovechando el escaso viento antes de que caiga la noche. Al fondo, señalada por el bauprés del navío, se adivina la imponente silueta del castillos de San Felipe
Lanchas cañoneras Desde que el gran Antonio Barceló ideara las lanchas cañoneras durante el gran sitio de Gibraltar de 1779 nuestros enemigos tuvieron que tenerlas muy en cuenta ya que demostraron ser unas rivales formidables a pesar de su pequeño tamaño. Rápidas, maniobreras y armadas con un gran cañón de a 24 apuntando por la proa se revelaron de una eficacia en muchas ocasiones decisiva en combates cercanos a la costa, sobre todo con vientos suaves y en encalmadas ya que se desplazaban tanto a vela como a remo, atacando al enemigo desde sus ángulos muertos sin que éste pudiera responder a su certero fuego.
La pintura representa una división de estas unidades navegando por la bahía de Algeciras para acosar a las posibles embarcaciones que quisiesen entrar o salir de Gibraltar. Eran pequeñas pero matonas y los ingleses las sufrieron durante los últimos lustros del S.XVIII y primeros años del XIX, hasta que en 1808 la Guerra de la Independencia hiciera que los aliados y enemigos cambiaran de lugar.
Balandra Atalaya Cuadro que representa a una de las unidades de las llamadas fuerzas sutiles en las que se apoyó el resurgimiento de la, por entonces, deprimida Armada Española, hasta volver a ocupar un puesto destacado entre las armadas más importantes del mundo, de nuevo el tercero o cuarto según los autores, aunque esta vez a bastante distancia de las dos primeras, Gran Bretaña y Francia.
La balandra “Atalaya”, armada con un cañón de a 18 y una carronada de a 24, tuvo una participación muy activa durante la Primera Guerra Carlista. Encuadrada en la flota comandada por el brigadier Melitón Pérez del Camino hizo labores de patrullaje por el Cantábrico y destacó en el bloqueo de las costas vascas.
En concreto patrulló por aguas de Pasajes para después tomar parte en acciones como el Primer Sitio de Bilbao en julio de 1835, el desembarco en la playa de La Antigua en San Sebastián bajo el mando del teniente de navío Don Ramón Ancha el 10 de febrero de 1836, el segundo y tercer Sitio de Bilbao en noviembre-diciembre de 1836, sobresaliendo al cañonear certeramente un foco de resistencia carlista en las canteras de Aspe el 3 de noviembre, y su participación en el desembarco de las fuerzas del brigadier Leopoldo O´Donnell en Ondárroa, Deva y Motrico el 5 de octubre de 1837
Zarpando de Guarnizo El Real Felipe recién artillado, con sus 114 cañones de buen hierro de La Cavada, dejando por la popa la bahía de Santander y la isla de Mouro. Navega con viento del nordeste que le entra por el costado de estribor. A la izquierda de la imagen una fragata le acompaña, a la derecha una balandra sigue sus aguas
     

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