Historia y Arqueología Marítima

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Fuente:  Revista Neptunia- Emilio Catella

 La guerra del corso fué, sin duda alguna, uno de los más eficaces recursos con que contaron los pueblos americanos para el logro de su libertad. Aunque en la mayoría de los casos, los corsarios cumplían exclusivamente el objetivo primordial de hostigar la navegación mercante enemiga, en otros, su misión adquiría un carácter político de profundos alcances, haciendo de portavoces de los anhelos libertadores de sus pueblos de origen. Tal el caso de nuestra gloriosa fragata "La Argentina".

Como el doble objetivo que acabamos de citar se combina ampliamente en el crucero "La Rosa de los Andes", nos resulta grato esbozar en estas breves líneas, la actuación de la misma, cuyas hazañas —que significan la primera campaña marítima del gobierno independiente surgido de Maipú— ocupan un lugar destacadísimo en las gestas navales del país hermano.

Era "La Rosa de los Andes" una pequeña fragata de alrededor de 400 toneladas, cuya robustez la habilitaba para surcar gallardamente todos los mares. Su nombre primitivo era "La Rosa" y arribó a Chile trayendo a su bordo a Lord Cochrane, fugitivo de Inglaterra y embarcado en Boulogne. El complemento "de los Andes" se debió a la circunstancia de haber contribuido para su adquisición con un tercio de sus sueldos, todos los jefes, oficiales y soldados argentinos y chilenos, que integraban el ejército libertador de San Martín.

Su armamento consistía en 36 cañones de diverso calibre, y su tripulación completa era de 550 hombres entre marineros y soldados, de heterogénea nacionalidad estos últimos. El comando fué confiado a su primitivo capitán, el valiente Juan Illinworth, inglés de origen, cuyos méritos a raíz de esta campaña, le convierten en una figura preclara en la historia de Chile. Concluidos rápidamente los preparativos, se le encomienda la misión política y militar que describiremos sucintamente.

Zarpa de Valparaíso en los los últimos días de Abril de 1819 y a los pocos días captura a la fragata "Vascongada", la que es enviada al puerto de partida con su valioso cargamento avaluado en 200.000 pesos.

No se le oculta b a a Illinworth que despues de la guerra de corso decretada por Chile, los españoles extremaban la vigilancia de las costas, y por tal motivo, se mantenía alejado de las mismas para evitar encuentros con adversarios de abrumadora superioridad. Sin embargo, el 24 de Junio, a la altura de Santa Elena, sostiene un combate dramático con la poderosa fragata "Piedad", con terribles pérdidas y averías para ambos. El adversario abandona por último la lucha, amparado en su mayor velocidad.

Con graves averías y numerosos heridos, Illinworth se dirige a Las Galápagos, famoso nido de piratas, donde pesa un mes reparando su barco y brindando un merecido descanso a sus hombres. En Agosto de 1819 hace rumbo a Panamá, donde arriba a mediados de Septiembre, apresando en la travesía al bergantín "Gantón" con un valioso cargamento. En esta oportunidad se pone de manifiesto la hidalguía del comandante chileno. Un pasajero americano del bergantín apresado, Vicente Rocafuerte, llevaba en su equipaje una apreciable cantidad de oro, que constituía su fortuna personal. Illinworth respetó la propiedad del mismo, atento a su carácter de americano y neutral. Tan caballeresco proceder es mencionado, años más tarde, por el mismo Rocafuerte.

En la época de nuestro relato, Panamá estaba gobernada por Alejandro Hore, individuo de natural cruel y soberbio. El puerto estaba defendido por dos bergantines armados y su embarcadero contaba con las poderosas fortificaciones de Taboga, rematadas por su histórica y formidable fortaleza. Illinworth resolvió atacar de frente las fortificaciones y los barcos que las protegían. A tal efecto dividió a su gente encargando a los tenientes Jones y Mac Gillin el ataque a los bergantines, con sus embarcaciones menores, reservándose para sí la tarea de atacar al puerto.

Después de un intenso cañoneo desembarcó rápidamente y tras breve y sangrienta lucha se apodera de las fortificaciones, izando en las mismas el pabellón de su barco. Estimulado por la victoria, reembarca Illinworth a sus hombres y se dirige a Panamá, distante tres leguas de Taboga. No pudo evitar empero, que los mismos, maguer la férrea disciplina por él impuesta, cometieran algunas depredaciones, que culminaron con el incendio de la población, a raíz del asesinato de dos compañeros, sorprendidos en una celada.

Al dirigirse a Panamá, no guiaba al intrépido comandante de "La Rosa de los Andes" la intención de atacar a tan poderoso baluarte, pues carecía de fuerzas y elementos para tan magna empresa. Sus fines eran, pues, más políticos que militares. En conocimiento, además, de que 400 ingleses pertenecientes a la desastrosa expedición de Mac Gregor contra Portobello, yacían en los subterráneos de la fortaleza, decidió efectuar su canje por los prisioneros de Taboga. A tal efecto inició negociaciones con el gobernador Hore. Cuando las mismas finiquitaron, tras engorrosas objeciones y demoras, los cautivos habían quedado reducidos tan sólo a 60, muchos de ellos casi moribundos a raíz de las torturas y privaciones sufridas.

La noticia de la victoria de Boyacá, llegada a Panamá en ese entonces, modifica el itinerario de "La Rosa de los Andes". Consciente Illinworth de los eficaces servicios qua le podría prestar a la causa americana, resuelve iniciar una campaña por el litoral colombiano, desde Panamá a Guayaquil. Comienza entonces lo que podríamos llamar la segunda fase del crucero. La misión militar cede el paso a la actuación política, con el beneplácito del gobierno de Chile y para beneficio de la gesta emancipadora de los pueblos americanos.

Navegando sin accidentes, "La Rosa de los Andes", arriba el 1° de Octubre a la isla de Gorgona, próxima a la costa colombiana de Chocó, donde rescata a dos oficiales patriotas, confinados por los realistas de Popayán. Con los informes obtenidos de los mismos referentes a la situación de Chocó, decide Illinworth efectuar un desembarco en sus costas. Estas se hallaban defendidas por las aldeas fortificadas de Izcuandé, Tumaco, Esmeraldas y Guapi, sobre el río del mismo nombre y a unas cinco leguas al interior. Guapi era, en realidad, un punto fuerte del sistema defensivo realista, ya que contaba con una compañía del regimiento de Panamá y una batería compuesta por siete cañones de grueso calibre.

Más hacia el interior se hallaba Santa María, asiento de la autoridad personificada en el teniente de gobernador Don Manuel Valverde y considerada entonces como la llave de las posiciones españolas en las costas colombianas del Pacífico.

El ataque á Guapi se realizó con todo éxito. Asaltada la plaza a la bayoneta al amanecer del 30 de Octubre, fueron rápidamente silenciados sus cañones y capturada su guarnición, logrando algunos pocos defensores huir a Santa María.

Las consecuencias de esta victoria fueron halagadoras para la causa americana. En pocos días los pueblos de Izcuandé, Tumaco, San Buenaventura y otros, izaron la bandera chilena, organizando un gobierno local bajo los auspicios de Chile.

Después de fortificar convenientemente a Guapi, Illinworth decide apostarse en las cercanías de Panamá, previendo un ataque enemigo por el río Atrato.

En Enero de 1820, mientras se encontraba anclado en la bahía de Cupica, se informó por algunos ribereños, de que una expedición realista compuesta de 200 hombres embarcados en cuatro cañoneras, venían desde el Atlántico, subiendo por el Atrato, para sorprender a los invasores de Chocó. En tal emergencia, decide el bravo Illinworth llevar a cabo una operación sin precedentes, por lo atrevida y singular: cruzar de un océano a otro con un destacamento de 100 hombres, llevando a hombros una embarcación para remontar el curso inferior del Atrato y cortar la marcha de los realistas hacia el mar Caribe.

Con gigantescos esfuerzos, navegando a veces, cargando a cuestas la embarcación en largos trechos, salvando bosques y montañas, con energías y tenacidad extraordinarias, llega a feliz término la expedición, embarcando en el Atrato el 4 de Febrero de 1820, después de realizar, a la inversa, lo que tres siglos antes consumara, en epopeya heroica, el infortunado Balboa, al descubrir el mar Pacífico. Llegado al Atrato, no encontró, sin embargo, Illinworth, huella alguna de españoles. Decide por lo tanto regresar a Culpica, dejando como trofeo de su audaz empresa, la canoa de "La Rosa de los Andes" tan arduamente transportada. Colocada la misma bajo un techo protector, constituyó por muchos años un motivo de veneración para los lugareños.

Mientras tanto se habían producido graves hechos en Chocó. El gobernador Valverde organizó la resistencia en Santa María, mientras el general Calzada, movilizaba grandes fuerzas para eliminar a los patriotas de aquella zona del territorio colombiano. De inmediato reinicia sus actividades "La Rosa de los Andes". Illinworth ataca violentamente las posiciones realistas y en una noche adueñase de algunos puntos de la costa y reconquista otros; Pimbique, Guajeri, Izcuandé, Concepción, etc. En esta última localidad, sus tripulantes, enardecidos por la feroz defensa realista, cometen algunos actos reprobables de crueldad, que culminan con el fusilamiento del alcalde Saa.

Con la rapidez extraordinaria que caracterizaba a Illinworth, apenas conquistados algunos puntos de la costa, destacó al interior al capitán Desseniers con tropas escogidas para atacar a Santa María, centro de la resistencia realista. Una vez más la victoria se encariña con las huestes chilenas. Valverde es derrotado y hecho prisionero, después de recio combate que cuesta a los patriotas 21 muertos. A raíz de este desastre, el general Calzada retrocede hacia Popayán.

Conquistada la región, Illinworth organiza su gobierno. Despoja a los realistas de sus bienes, hace trabajar algunas minas de oro en explotación, captura dos bergantines cargados de madera y cacao y los despacha a Chile conjuntamente con 50.000 pesos más 30.000 en letras sobre Quito y Guayaquil, exigidos al gobernador Valverde. Este aporte habría de resultar valioso para la revolución que muy pronto estalla en toda la costa.

Según manifestaciones del derrotado Valverde, el capitán de "La Rosa de los Andes" cometió toda clase de crueldades con los cautivos españoles, especialmente con su persona. Lo cierto es que el infortunado gobernante de Santa María fué remitido a Chile en una pequeña goleta, de cuyos tripulantes, siete perecieron de hambre en la travesía, llegando el jefe realista casi moribundo a Valparaíso, donde le aguardaban dos años de cautiverio.

 

  

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