Historia y Arqueología Marítima

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UN CEMENTERIO DE BARCOS

El Arrecife Avarua en la Isla Rarotonga

LAT. APROX. 21° S LONG. APROX. 159°0

Fuente: Revista Neptunia 1930 -tomado de la revista Sea Breezes por Fürbes Wie -

No existe en los dominios de Inglaterra un lugar más hermoso que la isla Rarotonga cuando ésta se avista desde el mar. Elevados peñascos elevan sus picachos a miles de pies hermoseando la vista. Todos los tonos del verde, del azul y del marrón se mezclan entre sí, mientras los arrecifes de coral que la rodean forman un perfecto marco de oro viejo que encierran totalmente el cuadro. El autor contempló este magnífico espectáculo a la salida del sol. El mar estaba encalmado como el agua de una fuente y sin embargo, los pesados lomos de las eternas rompientes del Pacífico se quebraban con ruidos de trueno sobre los arrecifes, dando una vaga idea de lo que aquello es cuando los grandes Nortes entran a soplar.

El capitán W. O'Brien, piloto de "Avarua"

La historia de Rarotonga muestra que no son estas maravillosas vistas las que sorprenden siempre al viajero que procede del mar. Tormentas, huracanes, repentinos chubascos han exterminado innumerables buques y marinos desde los comienzos de la historia europea en el Pacífico, exterminio que ha hecho ganar a Rarotonga el nombre de "Cementerio del Pacifico".

Si uno se interesa por los buques y por los marinos, seguramente tendrá que buscar la compañia del capitán W. O'Brien, el piloto de Avarua, principal desembarcadero de la isla. La personalidad del capitán O'Brien es interesante y nadie mejor que él conoce la historia de los viejos buques.

El que escribe lo conoció cuando era un elegante segundo de hermoso buque —el viejo Samarkand— maravilloso "clipper" de doradas vergas descripto por Sea Breezes antes de ahora.

Quizá los camaradas de otro tiempo del capitán O'Brien se alegrarán al saber que actualmente se halla tan joven como hace 30 años.

El capitán O'Brien recibió al autor de estas lineas con un genuino saludo de bienvenida a estilo de los mares del Sud, invitándolo a tomar asiento a la sombra, en el corredor cubierto por hibiscus de su encantador "bungalow" para escuchar la siniestra historia dé   los Arrecifes Avarua, historia que hace estremecer de extremo a extremo, porque, a pesar de haber visitado la mayoría de los grupos de islas del Pacífico Sud, ninguna de ellas puede presentar historia más terrible en estos mares del Sud que el record de las crueles escenas de naufragios que registra Rarotonga.

El primer buque que cayó en desgracia en los arrecifes Avarua se supone que fué español. Su nombre, su procedencia, su destino y otros detalles auténticos sobre su existencia se han perdido en !a antigüedad del pasado. Encalló mucho antes de que el primer inglés arribara a esos radiantes mares y la primera revelación de su naufragio se tuvo cuando unos niños nativos encontraron algunas monedas españolas de oro mientras zambullían entre los corales. La fecha más moderna grabada en esas monedas corresponde al año 1614. Próximo al punto donde fueron halladas se recogió también un bao maestro clavado en cobre ricamente esculpido con imágenes de Santos. Cuando esta pieza fué limpiada prolijamente de las incrustaciones de coral que cubrían los grabados, tuvo la evidencia el experto naturalista que lo examinó de que ese bao debió haber permanecido sumergido más de trescientos años. Durante mucho tiempo este bao hizo las veces de cabezal sobre una de las puertas de un jefe de la isla y en el año 1912 fué adquirido por el comandante de la fragata escuela argentina Presidente Sarmiento que arribó a la isla.

¿Quién lo sabrá? Quizá estos despojos pertenezcan a algún galeón español que rumbeó al Sud en viaje de Perú a Filipinas. Puede ser esto cierto, porque nos ha sido dicho por historiadores españoles de la conquista, que todas estas islas meridionales del Pacífico fueron bien conocidas por los primeros aventureros españoles, que con toda bravura daban la cara a los desconocidos peligros del poderoso Pacífico.

Los Rarotonganos tienen la leyenda en su tradición de que barbas negras "pakehas" (hombres blancos) arribaron del mar a la isla y habitaron en ella cuando Ran era Rey de Rarotonga. La genealogía de Rarotonga dice que Ran reinó en esa isla hace 300 años.

Algún día sin duda el arrecife Avarua nos dará datos más exactos de los secretos que guarda y entonces se escribirá de nuevo la historia del Pacifico.

El siguiente naufragio fué el de la barca ballenera Oreas. En 1837 recaló en la isla para proveerse de madera y agua, después de haber cruzado en las aguas del Sud por más de tres años. Al llegar al fondeadero perdió la virada, encalló y se deshizo. Los nativos tuvieron con este motivo una magnifica provisión de aceite de ballena.

Durante los últimos años del siglo pasado fueron muchos los "schooners", en gran parte afectados al comercio del Mar del Sur, que dejaron sus "huesos" en tan traidor arrecife. Entre ellos figura el de mala fama Sea Bird "negrero" aprovisionador de brazos para las plantaciones de Queensland. Llegó a Avarua y mientras su capitán bajó a tierra a su tarea de reclutar, el viento refrescó del Norte. Garrearon las anclas y a la mañana siguiente muchas millas del arrecife estaban cubiertas con sus despojos.

Bergantín "Roma", capitán "el viejo" y notorio "Bully" Hayes

La historia del Arrecife Avarua estaría incompleta si no se menciona al bergatín Roma, comandada por el notorio capitán de los viejos tiempos "Bully" Hayes. Allá por los "sesentas" se inició la guerra Maori en Nueva Zelandia y con tal motivo los fusiles y su aprovisionamiento de municiones se pusieron a premio.

Cualquier mosquete viejo se cambiaba por una tonelada de lino valuada quizá en 30 a 40 libras, de ahí que comerciantes sin escrúpulos hicieran una rica cosecha. El gobierno de Nueva Zelandia lanzó un edicto suprimiendo el comercio, pero pocos fueron los que cumplieron esta prohibición. Entre estos figuró "Bully" Hayes con su pequeño y bien aparejado bergatín Roma. Desembarcó con éxito varios cargamentos de armas y con tal motivo las autoridades resolvieron su arresto, ofreciéndose además una recompensa por su captura. Pero Hayes bien informado por sus emisarios en tierra, de la alarma que había causado, zarpó y fué a fondear en el puerto Raglán para continuar su comercio con los nativos sin imaginarse que las autoridades podrían preocuparse de él.

E! intercambio estaba en su apogeo cuando la policía armada entró en el pueblo de Raglán y no quedó a Hayes otra escapatoria que virar anclas y zarpar. Por el espacio que ocupa la película dental cruzó claro entre los escollos ganando la mar con rumbo a Rarotonga. Aguantándose fuera de los arrecifes Avarua invitó a los Rarotonganos a visitar su arsenal a bordo. El negocito estaba en pleno auge cuando la voz de ¡fuego! invadió el buque. Una inmediata inspección comprobó que las llamas y el humo procedían del sollado inmediato a la bodega donde estaba depositada la pólvora. "Bully" Hayes no era cobarde. Con una actividad rayana en locura obligó a los visitantes a trabajar como marineros y con su ayuda, todos, incluso oficiales, viraron las anclas mientras los gavieros desplegaban el paño alto. Cuando el buque estuvo en franquía bajó a la bodega de la pólvora y con un taladro perforó el forro del casco en varias partes para inundarlo; luego subió a cubierta y puso la proa a un playal entre los arrecifes donde embicó.

Pronto el bergatín se inundó y el fuego fué así extinguido. Con la marea baja de los días siguientes, taponeó los agujeros y entregó a cada uno de los visitantes un rifle en recompensa de la ayuda prestada. Cuando el Roma flotó de nuevo .había a bordo 40 nativos, pero esta no era una circunstancia que preocupara a Hayes. A pesar de las enérgicas protestas de esta pobre gente, hizo rumbo mar afuera y cuando estuvo claro de la costa ordenó que fueran atados en la bodega y allí los mantuvo hasta que recaló en la Bahía Moretón en Queensland. donde la demanda de brazos era muy necesaria para la plantación de caña de azúcar. Hayes recibió una considerable suma de dinero por la forma sin escrúpulos con que había proveído de "pájaros negros" a la explotación. Su conciencia no lo molestó porque el dinero percibido fué acreditado como importe de pasajes por el transporte de esos hombres.

En tanto la historia ha averiguado, el Roma ha sido el único buque que aún a pesar de haber sido varado en Rarotonga consiguió siempre hacerse a la mar.

La barca "Tritón", que en el año 1913 tuvo el mismo fin que otras en el Arrecife Avarua

A principios del año 1913, la barca noruega Tritón, fondeó en Rarotonga y embarcó gente nativa, para llevarla a la isla Malden a cargar guano. Con trapo bajo se aguantó afuera del arrecife, pues el capitán no aceptó la . ayuda del piloto O'Brien para entrar al fondeadero. Esta actitud como se verá le resultó lo más desgraciada porque no hay puerto en el Pacífico Sud como Rarotonga que esté sometido a un régimen de mareas más caprichoso. El piloto, al abandonar entonces el buque en cuyo momento este tenía el trinquete enfachado mientras soplaba suave, brisa de afuera, recomendó al capitán que aumentara el velamen por si soplaba Norte y ganara un barlovento de dos millas para quedar claro de los arrecifes, consejo que fué aceptado y el mismo O'Brien lo remolcó.

Entre tanto el capitán bajó a tierra para cerrar sus negociaciones.. Ea noche enfró antes de que éste dejara arreglados completamente sus asuntos. Hacia media noche comenzó a soplar con fuerza de huracán el Norte previsto por O' Brien y al romper el alba de la siguiente mañana el Tritón fué visto demasiado próximo a los arrecifes para considerarlo en salvo. Así fué. antes de que hubiera tiempo de socorrerlo se montó sobre ellos. Las poderosas rompientes del Pacífico pronto dieron cuenta de él. Cuando O'Brien salía para prestarle auxilio ya su cubierta era barrida por los golpes de mar y el castillo y la cabina estaban inundados. Toda la tripulación fué salvada. La furia y la potencia del mar en Avarua lo evidencia el hecho de que pocas horas después el casco se quebró en dos, siendo la parte de proa llevada por sobre los arrecifes y depositada en la playa a una distancia mayor de 200 metros adentro de la orilla.

Paquete transpacífico "Maitai". Los restos de la "Tritón" se aperciben frente al trinquete

El Tritón había sido construido en el Clyde, era una creación de Dumbarton y puede observarse aún el cuidado puesto en su construcción, examinando la proa desde el nacimiento del castillo hasta la roda, que permanece sobre, la arena tan intacta como cuando fué nueva y hasta el cabrestante está en buenas condiciones; con baja mar los niños nativos de la isla se trepan a él y se entretienen en hacerlo girar.

En el año 1915, casi exactamente en el mismo punto donde tocó el Tritón, encalló el paquete a vapor trans-pacífico Maitai. Ha sido esta la presa más valiosa reclamada por el Avarua. En su tiempo el Maitai era el "gallo del Pacífico", hermoso buque cuyo cargamento estaba avaluado en 200.000 libras esterlinas. Formaba parte de la Unión Steamship Company de Nueva Zelandia. Como el Tritón fué una víctima del Norte. Mucho fué salvado de a bordo en éste, porque el viento decayó pronto, pero a pesar de los esfuerzos realizados por gente experimentada en salvatajes, el arrecife no renunció a su víctima. Los dos grandes cilindros de la máquina del Maitai pueden contemplarse hoy durante la baja mar.

Al año siguiente (1916) el schooner Avarua (bautizado con el mismo nombre del arrecife) estaba fondeado tranquilamente al ancla. El piloto O'Brien estaba a bordo en ese momento, conviniendo la descarga para el siguiente día. cuando sin signos aparentes que lo anunciara; comenzó a soplar una tormenta del N. que impidió en absoluto abrirse de la costa. O'Brien se hizo cargo de la maniobra y fondeó cinco anclas (todas las que existían a bordo) con la intención de aguantarlo. A la puesta del sol el viento se convirtió en huracán. La noche cerró, completamente. Desde la playa obscura y sombría muchas miradas ansiosas esperaban por momento recoger seres humanos extraviados a través de las rocas procedentes del Avarua. conviniendo todos en que nada era humanamente posible hacer para prestar auxilio al buque en peligro dada la furia del viento y la poderosa mar que rompía en los arrecifes. El amanecer del nuevo dia era impacientemente esperado porque nada se divisaba, pero con !as primeras vislumbres del día resonó en la playa el grito de Alabado sea Dios! "Ella está aún allí".

Efectivamente, semioculta a la vista por las crestas de las olas y la niebla formada por la espuma arrastrada por el viento, alcanzábase a divisar al Avarua aún fondeado con sus cinco anclas. O'Brien izó el viejo pabellón al tope del mayor donde sólo flameó durante una hora porque el viento lo hizo trizas. Había momentos en que el Avarua quedaba materialmente fuera del agua para luego hundirse y ser barrido de proa a popa, pero a pesar de la terrible prueba a que lo sometía el "Viejo Padre Océano", sus anclas aguantaron y los arrecifes de coral que no distaban del casco más que unos pocos pies de la popa no pudieron atrapar a su ansiada victima.

Por la tarde, el viento rondó al Sud lo suficiente para que O'Brien pudiera salir claro de los arrecifes. Llegado el momento de un recalmón para poder maniobrar, con dos rizos en la mayor y la trinquetilla el Avarua escapó de las insaciables fauces de esos terribles escollos.

Dos días más tarde O'Brien regresó al puerto y después de recobrar las anclas que se habían filado por ojo, entró de nuevo a sus quehaceres cotidianos como si nada de extraordinario le hubiese ocurrido. Tal es el hombre que se hizo marino en los viejos y famosos "clippers".

Y tal es la historia del peaje que el mar y el arrecife se cobran en Avarua.

Es posible caminar por entre esos escollos en baja mar y observar que desde uno al otro extremo de su extensión se hallan cubiertos por despojos de buques. Baos de hierro retorcidos, pescantes entrelazados, hierros anudados, grandes planchas de fierro provenientes de forros, largas burdas metálicas con aspecto de serpientes y anclas herrumbradas aparecen aquí y allá. Un naturalista estaría allí en la gloria. En los pozos formados entre los hongos del coral juguetean numerosos pececillos de variados colores y cangrejos de horrible aspecto pueblan los recovecos formados en las grietas.

Es en verdad aquella una tierra de alegría, pero de muy siniestra historia.

 

 

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