Historia y Arqueología Marítima

 

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Tres víctimas del “Conqueror”

Indice Malvinas

 

“Conqueror” en el Gareloch, a principios de los años ´80. Foto de Alistair Lloyd

Por Mariano Sciaroni- publicado en ElSnorkel.com, 18 de abril de 2010.

 El 9 de noviembre de 1971 el submarino HMS “Conqueror” fue considerado plenamente operativo por la Royal Navy. Este “hunter-killer” nuclear, de la clase Churchill y de 4900 toneladas de desplazamiento, sirvió hasta el 2 de agosto del año 1990, cuando fue prematuramente pasado a reserva.

La armada británica se vanagloria de que fue el primer submarino nuclear en lograr el hundimiento de una unidad enemiga. Sin embargo, fueron realmente tres las víctimas del “Conqueror”, tres buques que este submarino mandó al fondo y dejó allí.

 Una historia interesante de contar.  

Mayo 2, 1982. 86 millas náuticas al este-sureste de la Isla de los Estados, República Argentina.

Navegando a 4 nudos por hora, el “Conqueror” exponía su periscopio cada tres minutos. Dentro del submarino, se vivía el clima de tensión que solamente la guerra ocasiona. Había aumentado gradualmente desde el inicio del conflicto por las Malvinas y alcanzado un pico en los momentos que se intentaba dar caza al submarino “Santa Fe” en aguas de las Georgias. Sin embargo, nada podía compararse a lo que ese día se experimentaba.

Es que su comandante, Chris Wreford-Brown estaba ultimando los detalles para lanzar sus torpedos contra el Crucero ARA “General Belgrano”, uno de los buques capitales de la Armada Argentina, el cual se encontraba en ese momento escoltado por un par de destructores. Ya había recibido la orden de su Cuartel General en Northwood: ¡Hunda al Belgrano!

 Armada la solución de tiro y a las 16:01 horas, procedió a disparar, a una distancia de 1400 yardas, tres torpedos Mk. 8 de corrida recta. Dos hicieron impacto en el “General Belgrano”, mientras que el tercero habría tocado (por suerte, sin detonar) en una de las bandas del “Bouchard”, uno de sus escoltas.

 Ello hirió mortalmente al viejo crucero, que una hora y un minuto después se hundió. Trescientos veintitrés tripulantes fallecieron como consecuencia del ataque.

 Al final del conflicto, el HMS “Conqueror” ingresó a su base de Faslane enarbolando la bandera con las tibias y calavera, el “Jolly Roger”, como orgullo de su hundimiento.

 Mayo 6, 1986. 7,5 millas náuticas al este de Palm Beach, Estados Unidos de América.

Ciertamente, una hermosa mañana para navegar, pensó James Burnell-Nagent, comandante del submarino mientras observaba por el periscopio la infinidad de veleros que salpicaban las aguas adyacentes a uno de los complejos turísticos más populares de los Estados Unidos de América.

 El “Conqueror” estaba sumergido, navegando a escasa velocidad, con la totalidad de los apéndices desplegados, haciendo especialmente uso del radar de navegación. Había tantas veces evitado colisiones con submarinos soviéticos, que sería realmente una ironía llevarse por delante una pequeña embarcación de placer. En poco tiempo arribarían a puerto y, un día más tarde, comenzarían maniobras con la U.S. Navy.

 Pero, de repente, la calma se extinguió. Un llamado urgente de la radio, un pequeño yate, a cinco millas de donde se encontraban. Se hunden. Burnell-Nagent ordenó aumentar la velocidad y dirigirse hacia la posición informada.

Cuando el “Conqueror” arribó, solo se veía la proa del “Celebration II”, un trimarán de 63 pies. Por suerte, sus dos tripulantes y cinco pasajeros (incluyendo entre ellos al terrier “Sparky”) se encontraban en botes salvavidas. Y la Guardia Costera ya había anunciado que un helicóptero y una embarcación estaban en camino.

“Sparky” y una de las tripulantes del “Celebration II”. Foto AP

Burnell-Nagent, pleno de humor británico, aprovechó para dar un toque de “James Bond” al evento y ordenó que el submarino emergiera a pocos metros de los náufragos, apareciendo luego en la vela para preguntar si todos se encontraban bien. Y por supuesto que lo estaban. 

Pero había algo más que hacer. El “Celebration II” era una pérdida total, pero constituía un peligro para la navegación. Todos estuvieron de acuerdo, entonces, en hacer que descansara su sueño eterno en el fondo del mar. Aparecieron fusiles desde el “Conqueror” y, mientras su dueño miraba, se le disparó insistentemente a la proa que emergía, a los fines de permitir que el aire encapsulado en la misma pudiera escapar.

 El truco dio resultado y, un par de minutos más tarde, el trimarán desaparecía para siempre de la superficie. No existen constancias de que el HMS “Conqueror” enarbolara el “Jolly Roger” por este evento.

 Julio 2, 1988. 11 millas náuticas al sur del promontorio de Cantyre, Escocia.

Noche de ejercicios para el HMS “Conqueror”, jugando al gato y al ratón con la fragata HMS “Battleaxe” y con otros buques de la flota.

 La noche daba cierta protección al submarino, que exponía y hacía descender el periscopio intermitentemente, tratando de hacerse una idea del panorama a sus alrededores. Obviamente, con buques de guerra en las cercanías, había que mantener el silencio electrónico, por lo que el uso del sonar activo y el radar estaba absolutamente prohibido.

 A las 1:13 horas sin que nada pudiera preverlo, se sintió un golpe en el periscopio, que retumbó por todo el submarino, ordenándose en forma inmediata una emersión de emergencia. Había sido provocado al impactar este con una de las bandas del yate “Dalriada” de la Asociación de Navegación a Vela del Ejército (del Reino Unido), el que se hundió rápidamente. Sus cuatro tripulantes fueron rescatados, sin heridas, por la “Battleaxe”.

 El ejercicio, así y por ese día, llegó a su fin. Tampoco hay constancias que el “Conqueror” ingresara a puerto con la bandera pirata. Catorce días después, exactamente en el mismo lugar, el submarino convencional HMS “Otus”, también con sus apéndices, dañó severamente y casi hunde al yate “Drum”.

 

El “Jolly Roger” del “Conqueror” al regresar de Malvinas, como se ve hoy en el Royal Navy Submarine Museum. Foto de Ian Haskins.

 Como se señaló, fueron tres los buques que el “Conqueror”, voluntaria o involuntariamente hundió. Personalmente, me hubiera gustado que solo fueran dos. La historia, como siempre, está llena de anécdotas y curiosidades. 

 

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