Historia y Arqueología Marítima

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OPERACION "CONDOR" EN MALVINAS

Por el CN (R) Oscar R. Gronda - (Foto tomada de Internet)

Corría el año 1966.  Como Teniente de Navío, prestaba servicios como Jefe de una Compañía de Infantería de Marina, destacada en forma permanente en la  Base Naval Ushuaia por el Batallón de Infantería de Marina  Nº 5, con asiento en Río Grande, que años más tarde se cubriría de gloria en las Islas Malvinas.. 

Un acontecimiento, rompió la calma fueguina: el 28 de setiembre de ese año: un avión DC-4 de pasajeros de Aerolíneas Argentinas que cubría la línea Ezeiza - Río Gallegos – Río Grande  y Ushuaia, había sido secuestrado en vuelo entre Comodoro Rivadavia y San Julián por un grupo de nacionalistas armados,  autoidentificados como “Comando Cóndor”. El mismo, constituido por 23 integrantes (entre ellos, una mujer), y encabezado por Dardo Manuel Cabo, hijo de un conocido dirigente gremial de esa época, obligó de ese modo al avión a dirigirse a las islas Malvinas, en una acción reivindicatoria de los soberanos derechos de nuestro país hacia ese lejano territorio que aprendimos a amar, sin estar incorporado a nuestra nación, desde los lejanos años de la escuela primaria. (Un “slogan” que repetíamos frecuentemente, en cualquier ocasión propicia, sintetizaba un sentimiento nacional muy arraigado: Las Malvinas fueron, son y serán argentinas”)

 El avión fue obligado a aterrizar en  Puerto Stanley, luego Puerto Argentino, Isla Soledad, Malvinas. Los secuestradores descendieron, desplegaron banderas argentinas y leyeron una proclama. Algunos isleños que se encontraban en las inmediaciones, creyendo que se trataba de una emergencia, se acercaron al avión a fin de prestar una eventual ayuda y en la ocasión fueron tomados prisioneros.

Posteriormente aparecieron otros pobladores, portando armas de puño y acompañando a un reducido “grupo de defensa” local. Tras diversas tratativas, en principio fueron liberados los prisioneros,  pasajeros y tripulantes del avión y posteriormente, los integrantes del “Comando Cóndor” se entregaron a las autoridades locales; no cabía otra conducta, pues el avión carecía de alimentos y de calefacción.

En el avión viajaba circunstancialmente el Contralmirante (R) José María Guzmán, por entonces Gobernador del Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur (Presidente de la Nación: el Teniente General - R -  Juan Carlos Onganía). Él posteriormente proporcionaría información muy interesante del hecho en un reportaje que fue publicado en el Boletín del Centro Naval Nº 814 , de mayo – agosto de 2006. 

Tras la rendición del Grupo Cóndor a las autoridades locales, su desarme y su internación en un lugar de detención, el Comandante del Área Naval Ushuaia, Capitán de Navío Tirso Ranulfo Brizuela, dispuso que el Trasporte de la Armada Bahía Buen Suceso a la sazón  en puerto, se dirigiera a Malvinas y trasportara a Ushuaia los pasajeros del avión, su tripulación y los integrantes del grupo nacionalista.

Personal policial, a cargo de su titular en  Tierra del Fuego, debía hacerse cargo de la detención formal del grupo nacionalista. Una vez a bordo; un reducido grupo de Suboficiales y Cabos de mi Compañía, a mi cargo, debía custodiar sus lugares de detención en el Trasporte y brindar seguridad al buque, ante cualquier eventual proceder de los detenidos, que representara algún tipo de riesgo.

Fue así que con mi gente embarcamos en el BUEN SUCESO; me presenté al 2º Comandante, el entonces Teniente de Navío  Jorge Alfredo Mantovani, actualmente Capitán de Navío ( R) y posteriormente al Comandante, Capitán de Corbeta José María Fernández Garibaldi, quien falleció en 1972 con el grado de Capitán de Fragata. En ese entonces los Trasportes Navales navegaban ininterrumpidamente desde Buenos Aires hasta Ushuaia, trasportando pasajeros y todo tipo de carga en uno y otro sentido y haciendo escala en numerosos puertos de la costa patagónica,  rol que la Armada cumplía cabalmente y que lamentablemente, como tantas otras cosas, ha perdido. Habitualmente y tal como sucedió en esta ocasión con el  BUEN SUCESO, el Comandante y el Segundo eran Personal Superior de la Armada y el resto de la Plana Mayor y dotación, pertenecían a  la Marina Mercante.

A poco de acomodarnos a bordo, nos enteramos que contábamos con dos insólitos pasajeros: dos polizones que habían embarcado subrepticiamente en un puerto patagónico, no recuerdo cuál: dos chicos de alrededor de 13 ó 14 años. Descubiertos en navegación, rumbo a Ushuaia, el Comandante se puso en contacto radial con los padres, les comentó la sorpresa de haberlos detectado a bordo y que, de todos modos  con mucho gusto “se haría cargo” de ellos hasta regresar a Buenos Aires. Fue así que, convertidos en mascotas del Trasporte, estos simpáticos grumetes nos acompañaron hasta Malvinas.

Luego de  nuestro primer rancho de la noche en navegación, algunos Oficiales nos reunimos en el bar de la cámara; fue entonces cuando escuchamos a estos chicos revolver los aparadores del comedor en penumbras  en búsqueda de pan, ya con el apetito  de sus jóvenes años, por cuanto habían  cenado muy temprano, con la tripulación. El médico de a bordo, un moreno galeno muy agradable del cual lamentablemente no memoricé el apellido, ante este “rastreo de pan” los bautizó apropiadamente “las ratitas del Trasporte”. Los invitamos con voluminosos sándwiches y gaseosas, que por supuesto no rechazaron. Este médico tenía habilidades de mago y prestidigitador y les pidió que lo acompañaran en algunos números de su repertorio, rol que los chicos aceptaron encantados y fue así que tuvimos un show de sobremesa, muy agradable, con un médico/mago y los chicos de partenaires.

En navegación  hicimos algunas coordinaciones con los efectivos policiales y adoptamos algunas previsiones para evitar sorpresas Y llegamos a Malvinas... Con anuencia  del Comandante que mucho agradecimos, nos apiñamos en el puente numerosos   ajenos a él, observando, en un silencio que tenía un contenido muy acentuado de emotividad, ese paisaje bastante similar al fueguino, que se iba agrandando a nuestros ojos y que era nada menos que un jirón despojado de nuestra patria.

Apareció un lanchón, que trasportaba al Grupo Cóndor.  De acuerdo con  instrucciones emitidas por radio por las autoridades locales, debía trasbordar al BUEN SUCESO fuera de la bahía (nada de tomar muelle). El mar estaba un poco picado; no afectaba al Trasporte pero sí – y mucho – al lanchón que se movía como una coctelera y hacía muy riesgoso el trasbordo. Cuando se nos acercó escuchamos desde su bodega  La marcha de San Lorenzo cantada a viva voz, pese al rolido y cabeceos...

El Comandante comentó: “Es imposible trasbordar en estas condiciones; debemos hacerlo dentro de la bahía, pero por razones obvias no quiero pedir permiso para hacerlo. ¿A alguien se le ocurre algún verbo que pueda reemplazar decorosamente a solicitar permiso?. “Alguien” propuso ”sugiero efectuar el trasbordo dentro de la bahía”; lo aceptó el Comandante, trasmitió la sugerencia por megáfono,  la aceptó la autoridad británica y así se hizo.

El primero del Grupo Cóndor que trasbordó fue su jefe,  Dardo Cabo;  (posteriormente, luego de estar un tiempo preso recuperó su libertad, integró una organización subversiva, creo que Montoneros, y fue muerto en un enfrentamiento armado). La autoridad policial fueguina le hizo presente que a partir de ese momento estaban a su cargo en calidad de detenidos y que no debían moverse de los alojamientos que se le iban a adjudicar; Cabo, que en  todo momento adoptaba formas militares (erguido, clavando tacos, etc,) contestó: “No van a tener quejas del comportamiento de mi gente” y realmente fue así. Todas las medidas de precaución que habíamos adoptado resultaron suficientes y la custodia de este personal no presentó ningún problema.

Integraba el Grupo Cóndor una mujer, Cristina Verrier, hija de un conocido Juez de aquellos años y pareja de Cabo; se le adjudicó un camarote de Oficiales y a poco de iniciar el Trasporte la navegación hacia Ushuaia sintió mareos, por lo cual el médico la visitó y  le dio algún medicamento, que solucionó su problema.

Una vez que pasajeros y tripulación del avión secuestrado trasbordaran al “Buen Suceso”, me presenté y saludé al Almirante Guzmán; luego tuve la agradable sorpresa de encontrarme con otro  pasajero: un Oficial de Prefectura, si mal no recuerdo  de apellido Achinelli, con el cual yo había entablado  una  amistad en Ushuaia. Él me contó una anécdota graciosa: en el asiento al lado suyo en el avión de Aerolíneas viajaba esta señorita Verrier.   En determinado momento del vuelo y luego de modificarse el rumbo ostensiblemente, advirtió preocupado  por la posición del sol, que no volaban hacia el  sur. Fue entonces que ella le dijo en voz baja y en tono misterioso algo así como: “Advierto que usted se da cuenta que no vamos hacia el sur; ¿sabe qué pasa?; no vamos a Ushuaia, vamos a las Islas Malvinas”. Achinelli me comentó: “No le contesté nada, pero la miré y  pensé; qué mambo tiene esta chica....” Poco después, cuando por los movimientos de muchos pasajeros, se notaba que “algo raro” pasaba, se lo fue a comentar al Almirante Guzmán y  fue allí que se difundió por los parlantes que el DC-4 había sido capturado.

Anecdóticamente me comentó Achinelli, entre muchos otros detalles que prolongarían excesivamente este relato, que fue alojado en una casa de familia, en donde lo atendieron con gran sentido de la hospitalidad; que a la noche, cuando regresaba a dormir, a altas horas, encontraba a su disposición elementos para  prepararse té y entre las sábanas.... una bolsa de agua caliente...

Entre los pasajeros del avión también se contaba Ricardo García, que fue propietario del diario Crónica (no sé si todavía lo es). Evidentemente, había sido advertido previamente de la operación que se iba a realizar y eso motivó su presencia en ese vuelo. Se lamentaba que las autoridades malvinenses le habían confiscado unos rollos de fotografías que llevaba arrollados al cuello, bajo la camisa. Pese a ello, creo recordar haber visto después por televisión una filmación suya, que se  iniciaba con imágenes de los baños del Aeropuerto de  Ezeiza, poco antes de partir el avión, donde los integrantes del grupo preparaban los uniformes a utilizar en la operación.

A bordo circularon varias fotografías del hecho que estoy narrando, obtenidas en Malvinas, que eran de propiedad del Almirante Guzmán, a quien se las habían obsequiado. Lamentablemente no se me ocurrió pedirle alguna (eran muchas); hubiesen constituido un recuerdo grato e ilustrado este relato.

Al llegar a Ushuaia y advertidos de una numerosa  presencia de periodistas en la ciudad, primero fondeamos en la entrada a la bahía y luego tomamos muelle a altas horas de la noche, lo que permitió que el desembarco se realizara sin testigos ni inconvenientes.

Pese a la hora no habitual y a la inclemencia del tiempo, resultó grato comprobar que en el muelle estaban todos “los que tenían que estar”. Entre ellos, la gente de Servicios Marítimos de la Base Naval, apoyando la maniobra y  el   Capitán Brizuela,  recibiendo al Almirante Guzmán y observando todo. Apenas tuve la oportunidad, me presenté y sencillamente, sólo necesité decirle:

Señor Comandante: orden cumplida, sin novedad”.

 
 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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