Historia y Arqueología Marítima

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 MEMORIAS DE UN VETERANO DE GUERRA

 

Por el Contraalmirante (R) Veterano de Guerra de Malvinas Enrique Germán MARTÍNEZ (Nro. Vet. 8521622)

HOMENAJE DE LA “ASOCIACIÓN AMIGOS DE LA FRAGATA ARA LIBERTAD” AL CRUCERO GENERAL BELGRANO, A SUS TRIPULANTES Y A SUS CAÍDOS EN COMBATE

LOS HECHOS

2 de mayo de 1982, la hora 1601. El crucero liviano ARA” GENERAL BELGRANO”, ex USS “PHOENIX” botado en 1937 y que había sobrevivido al ataque japonés en Pearl Harbour el 7 de diciembre de 1941, sucumbió durante la Guerra de Malvinas ya que su antigua estructura no resistió el ataque proveniente del submarino nuclear HMS “CONQUEROR”, que disparó una salva de al menos tres torpedos de los cuales dos hicieron impacto en el casco de la nave. 

Su lema grabado en letras de bronce en el escudo heráldico fue honrado en todo su significado “Irse a pique antes que rendir el pabellón”.

Pese a los denodados esfuerzos de los grupos de Control de Averías, las inundaciones se tornaron incontrolables y aproximadamente a las 1612, con la escora del buque en 15 grados y en aumento, la tripulación recibió la orden de cubrir sus puestos de abandono. Las condiciones de viento eran entre 30 y 40 nudos, el estado del mar 4/5 y la temperatura del agua de mar de 1 grado centígrado.

El comandante CN Héctor E. BONZO, demoró cuanto pudo el abandono para lograr que los heridos fueran atendidos y preparados lo mejor posible antes de embarcar en las balsas salvavidas. También para distribuir los tripulantes por balsa dado que se habían producido muchas bajas y en la soledad de las balsas el apoyo muto es fundamental para la supervivencia. Los grupos de rescate trabajaron denodadamente extrayendo heridos desde las cubiertas bajas y los oficiales de la Plana Mayor garantizaron el control y el orden antes y durante el abandono del buque.

A las 1623, ya con 20 grados de escora a babor, el Comandante ordena abandonar el crucero siguiendo el procedimiento establecido de saltar sobre el techo de las balsas o utilizando redes de abandono según fuera la banda de abandono. A las 1630 la escora ya era de 30 grados.

A las 1645, todo el personal que había sobrevivido había abandonado el buque. En esas circunstancias y como último hombre, abandona el Comandante, arrojándose al mar y nadando hasta la balsa más próxima.

A las 1701, el crucero ARA “GENERAL BELGRANO” desaparece de la superficie.
-Tripulantes: 1083
-Bajas 323
-Sobrevivientes 770 

Luego del hundimiento, las balsas comenzaron a atarse entre si, por si mismas, o con la ayuda de los botes neumáticos, con el concepto de formar un campo de balsas para facilitar la localización posterior. No obstante, al poco tiempo y dadas las condiciones de la marejada existente comenzaron a sufrir golpes tan violentos que amenazaban con dañar los flotadores por lo que se decidió cortar dichos cabos y dejar que se dispersaran.Durante la noche el temporal continuó en aumento, alcanzado vientos de 60 nudos y olas de casi nueve metros.

El movimiento de las balsas produjo un gran cansancio muscular que determinó que los mayores sufrimientos de los sobrevivientes fueron el frio, los mareos y el agotamiento físico.No se observó ningún caso de indisciplina ni agresividad. El liderazgo a bordo de las balsas fue ejercido por los líderes formales. Los sobrevivientes coincidieron que canciones y rezos en conjunto contribuyeron en gran medida, a mantener la moral alta. 

El mismo 2 de mayo, y ante la certeza del hundimiento, la Armada Argentina, inició las operaciones de búsqueda y rescate. A tal fin, destacó cuatro aeronaves de exploración y cuatro unidades de superficie, que incluían un buque hospital.
A las 0910 hs del 3 de mayo, una de las aeronaves observó una gran mancha de petróleo y posteriormente objetos flotantes. De acuerdo a los cálculos que consideraban el efecto viento/ corriente, la posición era coherente con una deriva al rumbo 160 velocidad 1.5 Ns, desde el punto de hundimiento.

A las 1000 hs los buques de rescate adoptan una formación de línea de frente con una separación de cinco millas entre unidades, sobre un rumbo coincidente con el vector viento/corriente (SSE) y con origen en la posición de los objetos avistados por el avión explorador.

A las 1315 se avistan las primeras balsas y se inicia el rescate de los sobrevivientes. Al día siguiente, a las 1250 hs se localiza la última balsa pero sus ocupantes no habían resistido la prolongada espera. La operación de búsqueda y rescate se dio por finalizada el dia 7 de mayo a 2235 hs-

MI RELATO

Esta es la crónica fría como el mar en la zona del naufragio y desapasionada, si no hubiera sido testigo presencial de aquella jornada. 

Era teniente de navío, 31 años de edad, casado y con dos hijos de 7 y 6 años de edad, me desempeñaba como Jefe de Operaciones del Destructor ARA PIEDRABUENA, que desde el instante en que el Crucero queda fuera de combate asume el rol de Comandante en la escena de la acción.

Es imposible describir la responsabilidad que me oprimía el alma al sentirme uno de los responsables directos de la localización de las balsas con las cuales, en las maniobras de evasión y contramedidas antitorpedos posteriores al ataque, así como por la caída de la noche y el mal tiempo reinante, habíamos perdido todo contacto.

Desde la desaparición del eco radar del Crucero en las pantallas de nuestro radar de superficie, hasta la localización del primer rastro de un naufragio al día siguiente al mediodía, puedo contar cada segundo, como los que en toda mi vida he dedicado con mayor intensidad a ayudar a otras personas, que las imaginaba sufriendo indescriptibles circunstancias físicas y espirituales. Y estaba en lo cierto.

Durante toda la noche repetimos los cálculos de deriva de las balsas, con todas las variables posibles, suponiéndolas con diferentes cantidades de tripulantes y por ende con diferentes calados y superficies expuestas al viento, así éstas comenzaron a mostrarnos un área cada vez más grande donde las balsas estarían muy dispersas, lo cual por un lado facilitaría su localización pero por otro harían mucho más lento y costoso en vidas el rescate.

Nada jugaba a favor, el viento no había sido constante en dirección e intensidad los días previos, por lo cual las corrientes en la superficie eran difíciles de calcular. Durante la noche había soplado con intensidad de temporal fuerte y había generado un estado de mar tan violento que en una de las inmersiones de la proa, bajo la ola gigante que nos embistió, sumergió nuestro buque hasta el mamparo del puente de mando y el choque con el mar fue tan violento que se produjeron flexiones permanentes en la estructura más fuerte del buque, es decir en su armazón.

Flexionó puntales, baos y cuadernas, es decir el esqueleto del buque. No sólo eso, el impacto furioso del mar desencajó una torre de la artillería 5 pulgadas de la batería proel es decir una masa de acero de varias toneladas, sacándola de su base de giro y dejándola condenada e inservible por el resto de la corta vida que tuvo el Destructor PIEDRABUENA.

Aún así a la medianoche, con todas nuestras luces y reflectores encendidos, a la mínima velocidad de gobierno, haciendo sonar nuestra sirena y emitiendo con el sonar en modo de búsqueda para disuadir la aproximación de un hipotético submarino, navegamos peligrosamente durante un tiempo considerable en el área del “punto dato”, es decir donde según el cálculo de ese momento nos indicaba que podían haber derivado las balsas salvavidas. Tal era el viento y las corrientes supuestas que ya estábamos a 30 millas del lugar del naufragio. Pero no vimos ni el más mínimo rastro de un naufragio en la impenetrable oscuridad del Atlántico Sur.

A partir de ese momento la incertidumbre sobre las reales posibilidades de un abandono razonablemente exitoso en orden comenzó a minar de dudas nuestras esperanzas, las cuales estaban puestas fundamentalmente en el adiestramiento de los marinos del Crucero y en el mantenimiento del orden y la disciplina en el momento más crítico del abandono, siempre que la velocidad del hundimiento se los hubiera permitido.

Es imposible relatar cada segundo de una noche de angustia y trabajo recalculando todas y cada una de las variables que podían aumentar o disminuir la velocidad de deriva de las balsas y su dirección en función de la meteorología pasada y presente. Fue una noche eterna de vigilia, en la cual nadie pensó en uno mismo. Hasta que llegó la madrugada aún con olas de más de 5 metros de altura y viento de temporal, que daba lugar a una temperatura insoportablemente gélida en el exterior del buque, circunstancias en que supuestamente luchaban por su vidas nuestros camaradas.

Un obstáculo más nos llenó de congoja cuando al amanecer, una densa niebla impedía a las aeronaves de búsqueda ver la superficie del mar, en la cual aunque furiosamente encrespada, se tenían que ver los techos color naranja de las balsas salvavidas, en caso que la distancia de avistaje fuera adecuada.

A las 0910 entre los jirones de niebla una aeronave alcanza a divisar una gran mancha de combustible en la superficie y algunos despojos, tendidos en la dirección del viento. Nuevamente frenéticos recálculos nos dieron una posición no muy diferente a la que ya suponíamos, e inmediatamente ambos buques se lanzaron, adoptando un esquema de búsqueda en dirección al punto donde interceptaríamos a las balsas que hubieran sobrevivido al naufragio, a la máxima velocidad compatible con la preservación de la integridad y seguridad de los navíos.

A las 1315 ya en la zona de mayor probabilidad de avistaje, las aeronaves se encontraban efectuando una búsqueda expandida en espiral, cuando en el circuito de control y coordinación entre las aeronaves y los destructores ARA BOUCHARD Y ARA PIEDRABUENA, se escuchó una frase proveniente del piloto de la aeronave que cada uno recordará de por vida y quedará impresa en su alma según fueran sus sentimientos y emociones: “Veo una balsa,…. No, varias balsas!.... Rectifico, se avistan muchas balsas! Gritó eufórico el piloto...

Ambos destructores, a los que se sumaron luego el Aviso ARA GURRUCHAGA y más tarde el Buque Polar ARA BAHÍA PARAISO y el Buque de la Armada de Chile PILOTO PARDO, rescataron 770 sobrevivientes, en un hecho sin precedentes en cuanto a la pérdida de vidas en un acto de guerra de semejantes características, cuya dimensión es abrumadora, pero pudo haber sido mucho peor de no haber sido por la calidad profesional y humana y el adiestramiento y arrojo del personal de la Armada Argentina.

 esos camaradas que permanecen en su último puesto de guardia, custodiando el pabellón nacional de su navío allá en las profundidades del mar, Dios y la Patria les concedan el honor y la gloria eterna. Para ellos mi emocionado recuerdo, agradecimiento por su valor en todas las circunstancias que les tocó vivir y por su entrega incondicional al servicio.A los que sobrevivieron, pese al duro castigo recibido durante sus interminables horas en las balsas, con la incertidumbre más absoluta de lo que estaba ocurriendo, mi admiración y satisfacción por haber contribuido a rescatarlos del mar enfurecido y que hayan regresado íntegros y seguros a sus hogares y sus afectos. 

A todos los veteranos que regresamos a casa, cualquiera haya sido nuestro grado de participación, nos cabe el deber de resaltar los actos de heroísmo de quienes cayeron en la batalla y dar nuestro testimonio de que se combatió con valor, profesionalismo y orgullo patriótico.

El hundimiento del Crucero Belgrano "no fue un crimen", sino un acto de guerra, No éramos víctimas, sino combatientes y no fuimos "los chicos de la guerra", esa patética imagen llorosa, adolescente y sufriente con la que muchos nos quisieron caracterizar.

Éramos verdaderos combatientes, sujetos a las leyes de la guerra, orgullosos de nuestro uniforme, de nuestra bandera y de nuestro destino. Si pasamos privaciones o padecimientos sabíamos que las guerras se caracterizan por esas alternativas y éramos suficientemente fuertes y adiestrados para sobrellevarlos.

Pero también sabíamos que esos padecimientos no eran nada comparados con la certeza de que el oponente tenía, al igual que nosotros, la firme determinación de quebrar la voluntad de lucha de nuestras fuerzas armadas por medio del daño.

Que la Patria no olvide a sus militares, profesionales o reclutados, que fueron a defenderla en combaten. Sería de indigna bajeza atribuirles la menor relación con la situación política del país en aquellos tiempos. Sería también una ofensa a los jóvenes que se entregaron a la batalla desigual con valor y patriotismo y una afrenta a la dignidad de sus Instituciones fundacionales, en las cuales se forjaron y prepararon para ir a la guerra: las Fuerzas Armadas de la Nación.

Clte.(R) Enrique Germán Martínez

Foto: MEMORIAS DE UN VETERANO DE GUERRA
Por el Contraalmirante (R) Veterano de Guerra de Malvinas
Enrique Germán MARTÍNEZ (Nro. Vet. 8521622)

HOMENAJE DE LA “ASOCIACIÓN AMIGOS DE LA FRAGATA ARA LIBERTAD” AL CRUCERO GENERAL BELGRANO, A SUS TRIPULANTES Y A SUS CAÍDOS EN COMBATE

LOS HECHOS
2 de mayo de 1982, la hora 1601. El crucero liviano ARA”GENERAL BELGRANO”, ex  USS “PHOENIX” botado en 1937 y que había sobrevivido al ataque japonés en Pearl Harbour el 7 de diciembre de 1941, sucumbió durante la Guerra de Malvinas ya que su antigua estructura no resistió el ataque proveniente del submarino nuclear HMS “CONQUEROR”, que disparó una salva de al menos tres torpedos de los cuales dos hicieron impacto en el casco de la nave. 

Su lema grabado en letras de bronce en el escudo heráldico fue honrado en todo su significado “Irse a pique antes que rendir el pabellón”.

Pese a los denodados esfuerzos de los grupos de Control de Averías, las inundaciones se tornaron incontrolables y aproximadamente a las 1612, con la escora del buque en 15 grados y en aumento, la tripulación recibió la orden de cubrir sus puestos de abandono. Las condiciones de viento eran entre 30 y 40 nudos, el estado del mar 4/5 y la temperatura del agua de mar de 1 grado centígrado.

El comandante CN Héctor E. BONZO, demoró cuanto pudo el abandono para lograr que los heridos fueran atendidos y preparados lo mejor posible antes de embarcar en las balsas salvavidas. También para distribuir los tripulantes por balsa dado que se habían producido muchas bajas y en la soledad de las balsas el apoyo muto es fundamental para la supervivencia. Los grupos de rescate trabajaron denodadamente extrayendo heridos desde las cubiertas bajas y los oficiales de la Plana Mayor garantizaron el control y el orden antes y durante el abandono del buque.

A las 1623, ya con 20 grados de escora a babor, el Comandante ordena abandonar el crucero siguiendo el procedimiento establecido de saltar sobre el techo de las balsas o utilizando redes de abandono según fuera la banda de abandono. A las 1630 la escora ya era de 30 grados.

A las 1645, todo el personal que había sobrevivido había abandonado el buque. En esas circunstancias y como último hombre, abandona el Comandante, arrojándose al mar y nadando hasta la balsa más próxima.

A las 1701, el crucero ARA “GENERAL BELGRANO” desaparece de la superficie.

-Tripulantes: 1083
-Bajas 323
-Sobrevivientes 770                                                                                                  

Luego del hundimiento, las balsas comenzaron a atarse entre si, por si mismas, o con la ayuda de los botes neumáticos, con el concepto de formar un campo de balsas para facilitar la localización posterior. No obstante, al poco tiempo y dadas las condiciones de la marejada existente comenzaron a sufrir golpes tan violentos que amenazaban con dañar los flotadores por lo que se decidió cortar dichos cabos y dejar que se dispersaran.
Durante la noche el temporal continuó en aumento, alcanzado vientos de 60 nudos y olas de casi nueve metros.
El  movimiento de las balsas produjo un gran cansancio muscular que determinó que los mayores sufrimientos de los sobrevivientes fueron el frio, los mareos y el agotamiento físico.
No se observó ningún caso de indisciplina ni agresividad. El liderazgo a bordo de las balsas fue ejercido por los líderes formales. Los sobrevivientes coincidieron que canciones y rezos en conjunto contribuyeron en gran medida, a mantener la moral alta. 

El mismo 2 de mayo, y ante la certeza del hundimiento, la Armada Argentina, inició las operaciones de búsqueda y rescate. A tal fin, destacó cuatro aeronaves de exploración y cuatro unidades de superficie, que incluían un buque hospital.

A las 0910 hs del 3 de mayo, una de las aeronaves observó una gran mancha de petróleo y posteriormente objetos flotantes. De acuerdo a los cálculos que consideraban el efecto viento/ corriente, la posición era coherente con una deriva al rumbo 160 velocidad 1.5 Ns, desde el punto de hundimiento.

A las 1000 hs los buques de rescate adoptan una formación de línea de frente con una separación de cinco millas entre unidades, sobre un rumbo coincidente con el vector viento/corriente (SSE) y con origen en la posición de los objetos avistados por el avión explorador.

A las 1315 se avistan las primeras balsas y se inicia el rescate de los sobrevivientes. Al día siguiente, a las 1250 hs se localiza la última balsa pero sus ocupantes no habían resistido la prolongada espera. La operación de búsqueda y rescate se dio por finalizada el dia 7 de mayo a 2235 hs

MI RELATO

Esta es la crónica fría como el mar en la zona del naufragio y desapasionada, si no hubiera sido testigo presencial de aquella jornada. 

Era teniente de navío, 31 años de edad, casado y con dos hijos de 7 y 6 años de edad, me desempeñaba como Jefe de Operaciones del Destructor ARA PIEDRABUENA, que desde el instante en que el Crucero queda fuera de combate asume el rol de Comandante en la escena de la acción.

Es imposible describir la responsabilidad que me oprimía el alma al sentirme uno de los responsables directos de la localización de las balsas con las cuales, en las maniiobras de evasión y contramedidas antitorpedos posteriores al ataque, así como por la caída de la noche y el mal tiempo reinante, habíamos perdido todo contacto.

Desde la desaparición del eco radar del Crucero en las pantallas de nuestro radar de superficie, hasta la localización del primer rastro de un naufragio al día siguiente al mediodía, puedo contar cada segundo, como los que en toda mi vida he dedicado con mayor intensidad a ayudar a otras personas, que las imaginaba sufriendo indescriptibles circunstancias físicas y espirituales.  Y estaba en lo cierto.
Durante toda la noche repetimos los cálculos de deriva de las balsas, con todas las variables posibles, suponiéndolas con diferentes cantidades de tripulantes y por ende con diferentes calados y superficies expuestas al viento, así éstas  comenzaron a mostrarnos un área cada vez más grande donde las balsas estarían muy dispersas, lo cual por un lado facilitaría su localización pero por otro harían mucho más lento y  costoso en vidas el rescate.

Nada jugaba a favor, el viento no había sido constante en dirección e intensidad los días previos, por lo cual las corrientes en la superficie eran difíciles de calcular. Durante la noche había soplado con intensidad de temporal fuerte y había generado un estado de mar tan violento que en una de las inmersiones de la proa, bajo la ola gigante que nos embistió, sumergió nuestro buque hasta el mamparo del puente de mando y el choque con el mar fue tan violento que se produjeron flexiones permanentes en la estructura más fuerte del buque, es decir en su armazón.
Flexionó puntales, baos y cuadernas, es decir el esqueleto del buque. No sólo eso, el impacto furioso del mar desencajó una torre de la artillería 5 pulgadas de la batería proel es decir una masa de acero de varias toneladas, sacándola de su base de giro y dejándola condenada e inservible por el resto de la corta vida que tuvo el Destructor PIEDRABUENA.

Aún así a la medianoche, con todas nuestras luces y reflectores encendidos, a la mínima velocidad de gobierno, haciendo sonar nuestra sirena y emitiendo con el sonar en modo de búsqueda para disuadir la aproximación de un hipotético submarino, navegamos peligosamemte durante un tiempo considerable en el área del “punto dato”, es decir donde según el cálculo de ese momento nos indicaba que podían haber derivado las balsas salvavidas. Tal era el viento y las corrientes supuestas que ya estábamos a 30 millas del lugar del naufragio. Pero no vimos ni el más mínimo rastro de un naufragio en la impenetrable oscuridad del Atlántico Sur.

A partir de ese momento la incertidumbre sobre las reales posibilidades de un abandono razonablemente exitoso en orden comenzó a minar de dudas nuestras esperanzas, las cuales estaban puestas fundamentalmente en el adiestramiento de los marinos del Crucero y en el mantenimiento del orden y la disciplina en el momento más crítico del abandono, siempre que la velocidad del hundimiento se los hubiera permitido.

Es imposible relatar cada segundo de una noche de angustia y trabajo recalculando todas y cada una de las variables que podían aumentar o disminuir la velocidad de deriva de las balsas y su dirección en función de la meteorología pasada y presente. Fue una noche eterna de vigilia, en la cual nadie pensó en uno mismo. Hasta que llegó la madrugada aún con olas de más de 5 metros de altura y viento de temporal, que daba lugar a una temperatura insoportablemente gélida en el exterior del buque, circunstancias en que supuestamente luchaban por su vidas nuestros camaradas.

Un obstáculo más nos llenó de congoja cuando al amanecer, una densa niebla impedía a las aeronaves de búsqueda ver la superficie del mar, en la cual aunque furiosamente encrespada, se tenían que ver los techos color naranja de las balsas salvavidas, en caso que la distancia de avistaje fuera adecuada.

A las 0910 entre los jirones de niebla una aeronave alcanza a divisar una gran mancha de combustible en la superficie y algunos despojos, tendidos en la dirección del viento. Nuevamente frenéticos recálculos nos dieron una posición no muy diferente a la que ya  suponíamos, e inmediatamente ambos buques se lanzaron, adoptando un esquema de búsqueda en dirección al punto donde interceptaríamos a las balsas que hubieran sobrevivido al naufragio, a la máxima velocidad compatible con la preservación de la integridad y seguridad de los navíos.

A las 1315 ya en la zona de mayor probabilidad de avistaje, las aeronaves se encontraban efectuando una búsqueda expandida en espiral, cuando en el circuito de control y coordinación entre las aeronaves y los destructores ARA BOUCHARD Y ARA PIEDRABUENA, se escuchó una frase proveniente del piloto de la aeronave que cada uno recordará  de por vida y quedará impresa en su alma según fueran sus sentimientos y emociones: “Veo una balsa,…. No, varias balsas!.... Rectifico, se avistan muchas balsas! Gritó eufórico el piloto...

Ambos destructores, a los que se sumaron luego el Aviso ARA GURRUCHAGA y más tarde el Buque Polar ARA BAHÍA  PARAISO y el Buque de la Armada de Chile PILOTO PARDO, rescataron 770 sobrevivientes, en un hecho sin precedentes en cuanto a la pérdida de vidas en un acto de guerra de semejantes características, cuya dimensión es abrumadora, pero pudo haber sido mucho peor de no haber sido por la calidad profesional y humana y el adiestramiento y arrojo del personal de la Armada Argentina.
A esos camaradas que permanecen en su último puesto de guardia, custodiando el pabellón nacional de su navío allá en las profundidades del mar,  Dios y la Patria les concedan el honor y la gloria eterna. Para ellos mi emocionado recuerdo, agradecimiento por su valor en todas las circunstancias que les tocó vivir y por su entrega incondicional al servicio.
A los que sobrevivieron, pese al duro castigo recibido durante sus interminables horas en las balsas, con la incertidumbre más absoluta de lo que estaba ocurriendo, mi admiración y satisfacción por haber contribuido a rescatarlos del mar enfurecido y que hayan regresado íntegros y seguros a sus hogares y sus afectos. 
A todos los veteranos que regresamos a casa, cualquiera haya sido nuestro grado de participación, nos cabe el deber de resaltar los actos de heroísmo de quienes cayeron en la batalla y dar nuestro testimonio de que se combatió con valor, profesionalismo y orgullo patriótico.
El hundimiento del Crucero Belgrano "no fue un crimen", sino un acto de guerra, No éramos víctimas, sino combatientes y no fuimos "los chicos de la guerra", esa patética imagen llorosa, adolescente y sufriente con la que muchos nos quisieron caracterizar.
Éramos verdaderos combatientes, sujetos a las leyes de la guerra, orgullosos de nuestro uniforme, de nuestra bandera y de nuestro destino. Si pasamos privaciones o padecimientos sabíamos que las guerras se caracterizan por esas alternativas y éramos suficientemente fuertes y adiestrados para sobrellevarlos. 
Pero también sabíamos que esos padecimientos no eran nada comparados con la certeza de que el oponente tenía, al igual que nosotros, la firme determinación de quebrar la voluntad de lucha de nuestras fuerzas armadas por medio del daño.
Que la Patria no olvide a sus militares, profesionales o reclutados, que fueron a defenderla en combaten. Sería de indigna bajeza atribuirles la menor relación con la situación política del país en aquellos tiempos. Sería también una ofensa a los jóvenes que se entregaron a la batalla desigual con valor y patriotismo y una afrenta a la dignidad de sus Instituciones fundacionales, en las cuales se forjaron y prepararon para ir a la guerra: las Fuerzas Armadas de la Nación.

Clte.(R) Enrique Germán Martínez



 

 
 

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