Historia y Arqueologia Marítima

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"EL VAPOR DE LAS PAMPAS"

Historias del Olvido

Un proyecto revolucionario en los tiempos iniciales de la navegación a vapor: unir Buenos Aires con Chascomús por vía fluvial y terminar con el lento y costoso transporte en carretas. Un  pequeño vapor demostró que era posible.

Textos: Daniel E. Cichero

          En 1857, la actual Argentina estaba partida en dos países. Uno de ellos, el Estado de Buenos Aires, conducido por las elites de viejo cuño unitario, se había quedado con las llaves del Reino (el puerto y sus rentas) y su presupuesto superaba al de todas las demás provincias sumadas.

            En esos tiempos y por estas playas La Porteña, daba sus primeros resoplidos y la navegación a vapor era incipiente. Los viajes de ultramar todavía se hacían en grandes veleros y hacía apenas cuatro años que una compañía inglesa había introducido el vapor Primer Argentino para navegar en el Río de la Plata.

            Aquel 1857 fue muy lluvioso y –como ocurre aún hoy luego de siglo y medio- muchos pueblos de la campaña bonaerense quedaron aislados al inundarse los precarios caminos que los comunicaban con la capital. Fue entonces cuando una pequeña empresa naviera “vio el negocio”. Se trataba de Aspiazú y Cía., una joven sociedad que se empeñó en abrir y lograr la concesión de una ruta fluvial comercial que, desde Buenos Aires, debería permitir llegar a Dolores y Chascomús a través del Río Salado.

El proyecto era revolucionario. Se trataba de introducir vapores en plena Pampa para permitir la salida de los cueros, lanas y carne salada de todo el sur de la campaña y acabar de una buena vez con el mortificante y costoso tráfico en carretas. Una línea naviera regular que, obras mediante, podría llevar el humo negro de las nuevas chimeneas navales hasta el interior mismo de las estancias.

            Aspiazú presentó un proyecto de concesión para la nueva ruta fluvial en la Legislatura porteña. Allí fue duramente debatido. El principal argumento a favor era el pésimo estado de los caminos. En el libro Biografía del Salado, su autor Carlos Moncaut relata que “se había dado el caso de un conductor de carretas que había debido embarcar su carga en una flotilla de canoas, ante la imposibilidad de atravesar el Salado y cubrió de esa manera más de 20 leguas de distancia ([1])”.

            Los detractores del proyecto, por su parte, dudaban de que la empresa se fuera a hacer cargo de las obras, del balizamiento del río, y de la construcción de almacenes en sus márgenes a intervalos regulares.

Lo único cierto es que, hasta entonces, nunca nadie había navegado por ese río que, durante décadas, supo ser la permeable frontera natural con las naciones indias.

Un cronista de la época decía: El día en que un pobre habitante de la campaña divise admirado desde la puerta de su choza, sobre la margen del Salado y a 100 leguas distante de la costa del mar, la columna de humo que despida la chimenea del primer vapor que surque el río, deberá ser escrito en letras de oro en la historia del Estado de Buenos Aires”.

 Con el Estado o sin el Estado. 

            Aspiazú y Cía. logró de la Cámara de Representantes bonaerense una concesión de la ruta para su explotación por el término de 10 años. Pero como pasaban las semanas y la compañía no determinaba con precisión qué obras se comprometería a realizar, el Senado le revocó provisoriamente el privilegio otorgado por la Cámara de Representantes.

La empresa no demoró más que unos días para definir su propuesta de inversiones y se obligó por escrito a explorar las primeras 25 leguas, a balizar el río para marcar el canal y hacer navegables alguno de los pasos que –en épocas normales- solían quedar secos durante parte del año.

Aspiazú sintió que su río y sus barcos surcando la llanura inmensa lo llevarían a la cima. 

Concesión de la Cámara de Representantes bonaerense para la navegación del Río Salado del 28 de Mayo de 1857.

Concédese a los Sres. Aspiazú. Hoevel  y Cía. el privilegio exclusivo por el término de 10 años para hacer la navegación a vapor desde el puerto de Buenos Aires hasta la boca del Río Salado y en todo el interior de éste bajo las condiciones siguientes:

·        Que dicho privilegio no excluya la navegación a vela, ni aún en el interior de dicho río, aunque tengan que hacer los empresarios algunas obras para facilitar la navegación.

·        Que las obras que se hagan para este objeto quedarán para beneficio del Estado.

·        Que deberán empezar a hacer los viajes dentro de los 6 meses de publicada la presente Ley, sin lo cual queda sin efecto el proyecto.

·        Que deberán hacer cuando menos dos viajes al mes, quedando en caso contrario sin efecto el proyecto.

·        Que conducirá gratis la correspondencia pública.

·        Que el P.E tendrá derecho a elegir que los vapores destinados a esta navegación sean aparentes para ella.

·        Comuníquese al P.E.

                                       Firmado: Elizalde

                                                       Moreno Trelles.

            El fervor comercial por la apertura de la nueva ruta lo invadió todo. Moncaut señala que algunos armadores de barcos a vela  quisieron adelantarse al viaje en vapor y

efectivamente- así se lo constata en distintos periódicos porteños del mes de julio. En uno de ellos, del día 11, se lee: Para el Salado hasta el Callejón. Saldrá para dicho destino el 18 del cte. la goleta nacional “Clorinda” de porte 3.500 arrobas admitiendo todavía 2/3 de su carga”. Para tratar, acudir a su consignatario Marcelo Rughi de la calle Belgrano nº22.

            Cinco días más tarde se lee en “La Tribuna”: Para el Salado se fleta la hermosa y nueva goleta “Protectora” de 6.000 arrobas de carga. Para tratar, ocúrrase (sic) a su dueño Vicente Rosa (h) en calle Belgrano 26 ½. Era evidente que nadie quería quedarse atrás y menos aún si el que iba adelante era el mismísimo vecino de al lado

            El colmo pareció llegar el 21 de Julio, cuando el diario “El Nacional” hace un anuncio bajo el espectacular título de: EXPEDICIÓN NAVAL”. Más abajo completaba: Salen hoy con una flotilla aventurera a navegar el Salado. Exploradores traerán –si son felices- mejores resultados que los que han querido dotarse con la intervención del Estado. (Hoy diríamos que es un “palo mediático” contra Aspiazú). El vapor “Yerba”, un paillebot  y una ballenera son los héroes de la jornada. Desembarcarán  Salado adentro 2.000 arrobas  de carga con destino a Dolores. Continuará la expedición adelante remontando el Salado, en busca de unas lagunas encadenadas por dónde cuentan llegar a Chascomús con el resto de la carga; y si el arroyo Gualiche está navegable como el Capitán de la expedición promete, la ballenera llegará a Azul… Parece que la abundancia de agua este año hace por lo menos verosímil una  empresa que en otras circunstancias habría parecido absurda.

            A todo esto, los de Aspiazú y Cía., iban con retraso. Recién anunciaban zarpar con el vapor Río Salado del Sur para los últimos días del mes. Si era así, para cuándo llegasen, la ruta ya estaría plagada de velas de la competencia y hasta otro vapor le habría tomado la delantera en su propio río.

Las primeras noticias de la flotilla llegadas a Buenos Aires fueron desalentadoras. El Salado estaba desbocado de correntada y los veleros, y –ni aún- el vapor Yerba habían conseguido avances sustanciales. Por otra parte, en grandes tramos del río la crecida había desbordado la barranca con lo que los barcos perdían la noción del propio curso del cauce. Todo parecía haber sido una quimera.

Estas circunstancias reavivaron el debate político de la concesión, habida cuenta que nadie sabía con exactitud el alcance de las obras que serían necesarias para hacer navegable al río. Por lo tanto, se requería que la Legislatura se expidiese cuanto antes acerca de la concesión “para que la Empresa afronte los gastos o que los evite a tiempo, si el permiso no se le concediera”.

La Asamblea Legislativa se reunió nuevamente. Vélez Sarsfield se opuso, como ya lo había hecho en el Senado. Pero los diputados lo aprobaron por mayoría con la condición de que se reuniera una Comisión Especial de estudio compuesta por los senadores Vélez y Guerrico y los Diputados Elizalde, Frías y Mitre que –como suele ocurrir aún hoy- nunca llegaría a expedirse.

Velas y calderas entre los pastizales. 

Mientras todo esto ocurría, a mediados de Agosto, el vapor de Aspiazú y Cía, el Río Salado del Sud, conseguía llegar a fuerza de carbón y pericia hasta el Paso de la Postrera, (cerca de la actual localidad de Guerrero) en las cercanías de Dolores. Hasta entonces, habían tardado 6 días (el Capitán Scott calculaba que demoraría sólo dos si el río estuviera balizado) en recorrer ese tramo. A sus competidores de vela les había costado más de un mes y la renuncia a seguir adelante. Desde allí, el Capitán, J.J Scott, y el armador Aspiazú intentarían solos la hazaña de entrar con el Río Salado del Sud en la laguna de Chascomús.

Una carta -citada por Macaut- y que escribiera el vecino del lugar Francisco Villarino a un amigo en Buenos Aires, revela detalles sobre esta olvidada travesía. Dice así en sus párrafos más salientes: 

Estimado amigo:

            He considerado de gran interés instruir a Vd. de la gran novedad que ha causado ver fondear en las aguas de esta laguna a un vapor.

            Prescindiendo de que jamás lo he creído dudoso y que manifesté mi creencia al Sr. Aspiazú de que se encontraría…con suficiente agua, no estaba en mis alcances la poderosa corriente que se opondría en la embocadura del río, para su entrada, pues es de 12 millas por hora y es demasiado triunfo para su capitán… con su habilidad de vencer este obstáculo y conseguir llegar hasta  donde jamás llegó buque alguno.

            No obstante, vencido este obstáculo, se encontraron con la insuficiencia de un baqueano que les hiciese conocer al menos el canal de los arroyos, que vienen serpenteando a distintos rumbos, desde el Paso de la Postrera en el Salado (cerca de la actual Autovía 2) hasta la llamada Laguna de las Barrancas, y desde ahí hasta la llamada La Tablilla, y desde ahí a esta laguna… Esta travesía no ha dejado de presentarles obstáculos por la falta de inteligente baqueano, que no les dejaba de entorpecer su marcha con continuas baraduras (sic)…Pero lo constancia se sobrepuso a todas las dificultades y en la tarde del 11 del

corriente, se presentó en nuestra laguna saludando al pueblo y a nuestra bandera con una salva.

Nuestro Juez de Paz y el Sr. Cura, seguidos indistintamente por todas las clases y sexos de este vecindario se agruparon al punto del fondeadero, las azoteas y las arboledas se hallaban apiñadas de un inmenso gentío…aplaudiendo con vivas la sorpresa de lo que jamás se había visto en esta laguna. El pueblo como un relámpago se embanderó, siguiéndose de un prolongado repique de campanas.

Ese mismo día se empabezó el vapor y el Sr. Aspiazú convidó con un almuerzo al Sr. Juez y su familia, el Sr. Cura y una gran reunión de vecinos, pero fue tan escesiva (sic) la concurrencia del público que se ocupó y desocupó la gran mesa hasta cuatro y cinco veces…y siendo la aglomeración del paisanaje tan numerosa, el Sr. Aspiazú tuvo la generosidad de mandar a tierra…algunos cajones de ginebra y algunos manjares…  

Acta del Pueblo de Chascomús.

 En el pueblo de Chascomús, a 12 del mes de agosto de 1857, reunidos en el Salón del Juzgado de Paz, el Juez. El Cura Vicario, Municipalidad y vecinos de este pueblo, para levantar un Acta solemne en conmemoración del primer viaje a vapor que a explorado la vía hasta la laguna de este pueblo, llegando en el día de ayer a las 4 ½ de la tarde poco más o menos…

 La carta también aprovecha para despacharse contra el anterior régimen: ¡Qué contraste con las bacanales mashorqueras (sic) del “gran americano”: nadie prorrumpió una palabra descomedida, todo fue vivas al Gobierno y a los empresarios…! 

El Río Salado del Sud engalanado tras su llegada a Chascomús en 1857.

(Grabado de Fernando Pérez de Burgos) 

Finalmente, el chascomusense redondea en término de costos y beneficios: ..La campaña del sur…encontraría remedio al perjuicio que hoy recibe: no hay carretas por el mal estado de las boyadas, y si las pudiese haber, en un mes no harían viage redondo, por descontado espuestas a todas las contingencias, y los fletes que no han bajado de 80 pesos la arroba… Esta vía de navegación no dejará parar el movimiento comercial de nuestra campaña… que anhela cicatrizar las heridas y penalidades que nos ha dejado el gobierno del tirano. 

El epílogo de costumbre. 

Durante las semanas siguientes las aguas del Río Salado bajaron. De regreso, Aspiazú volvió a hacer números. Y los números no le cerraron.  Y Buenos Aires se preparaba para la guerra contra la Confederación. Y ya nadie tuvo ojos para ver más allá de aquella inundación incidental. Al fin y al cabo sólo era otra inundación. Como tantas que hubo y tantas que habría.

Todo quedó en una hazaña, en el festejo esperanzado de un pueblo aislado y, al fin, en una anécdota conocida por pocos. El olvido hizo el resto.

Moncaut rescata un título aparecido al año siguiente en “El Nacional”. Decía: A los estancieros del Sud. Y abajo describía la oferta:

Se venden los artículos siguientes depositados en la costa del Río Salado, en el “paso del callejón”, por liquidación de negocio: Vigas y tirantes de pino Tea y Rusia, como para galpones y corrales, 1.200 cartones-piedra de una vara cuadrada, lo mejor conocido para techos, y 5 carros con rodados altos con todos sus arreos correspondientes… El que se interese por todo o por parte de estas existencias, ocurra a la calle Balcarce nº5 de las 10 en adelante, escritorio de Aspiazú y Cía. 


 Fuentes.

·          Carlos Moncaut “Biografía del Salado”, La Plata, 1970.

·        Archivo Histórico de la PBA – Sección Legislativa – Año 1857.   

© Daniel Cichero, 2001

[1] Aproximadamente 110 Km.


El Dr. José Maffeo, de Chascomús y colaborador de Histarmar, nos envía lo siguiente (21.02.08):

Acompaño en este mail imágenes de las actas originales del Libro de Actas Nro. 1 de la Corporación Municipal de Chascomús (fs. 15), en donde se dispone entregar copia del acta de arribo a la Cía. Aspiazú, y en donde se autoriza a sufragar un "refresco abundante" en el baile en honor al arribo del vapor. Acompaño también la transcripción del texto de las actas. El original del libro, se encuentra en el Archivo Historiográfico de Chascomús.

Transcripción íntegra del Libro de Actas Nro. 1 (fs. 15) de la Corporación Municipal de Chascomús - Año 1857

En el Pueblo de Chascomús a trece de Agosto de mil ochocientos cincuenta y siete. Reunidos los Municipales Don Pedro Roca, Don Dionisio Romay, Don Pedro Roca y el suplente Don Eugenio Otero en representación del procurador de ella, de la Presidencia del Juez de Paz Don José Luis Lorenzo: leida la acta de la anterior se procedió a dar cuenta del pedimento del Presidente para la presente reunión; y a continuación se expresó que si todos estaban de acuerdo debía obsequiarse por la corporación con una copia legalizada del la acta que ese día había levantado el Pueblo con la ocasión de la entrada a esta laguna del Vapor Río Salado al Sud, de los Sres. Empresarios Espiazú, Hoevel y Compañía, expresando en el oficio con que debía acompañarse el reconocimiento de la Municipalidad a quienes obtuvieron la suerte de ver la importancia futura de este Municipio; y todos por la afirmativa, autorizaron al Sr. Presidente para su efectividad. Con ello quedó terminada la presente sesión.

Manuel Aurrecochea.
Secretario.

En la misma fecha y reunidos los mismos Sres. Municipales arriba expresados para adicionar al acta anterior resolvieron que ella fuera firmada y por esta nueva acta se le autorizó al Sr. Presidente para costear un refresco abundante en el Baile que debía darse en obsequio de la Empresa Aspiazu, Oevel y Compañía presentando en Tesorería cuenta justificada de la inversión para su pago. Con lo que se levanta la sesión.

 

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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