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EL CAPITAN LAVARELLO Y EL RIO BERMEJO

Por Juan Lucio Almeida - Todo es Historia Nº 105 - Febr 1976

El rio Bermejo pasa por Buenos Aires. No es una ocurrencia; es una verdad absoluta. En lejanas tierras de Tarija, de Salta, de Jujuy, las agüitas corren alegres y curiosas. Como las cabritas sueltas, que, juntándose de a dos, de a tres, cuatro o cinco, forman las tropillitas, las majaditas, y luego, todas juntas, la gran majada. Las agüitas, saltando entre peñascos, con cabriolas de mojarra, trazan sus senderitos, abren surcos, cavan arroyos acudiendo al llamado de los declives, conforman el caudal mayor, y son el río, el rio adulto, con nombre propio: Bermejo. Y cuando el Bermejo llega al otro grande, que desde otras lejanas regiones cumple también la inexorable ley de la gravedad, pierde su nombre y es Paraguay; y el Paraguay es luego Paraná, el majestuoso. Con nuevo nombre las aguas marchan a la cita con el Uruguay, festejan nuevo bautismo, la gran agua es el Río de la Plata; la gran agua se entrega al coloso, a la inmensidad verde, a la comunicación ilimitada.

 

El capitán mercante José Lavarello querí navegar el rio Bermejo En 1854 construyó una embarcación con madera de cedro, lapacho y algarrobo, bien calafateada y embreada con petróleo. Además de vela para propulsión la dotó de una máquina horizontal de madera con ruedas laterales; dos sacos de cuero llenos con recortes de cobre servían de ancla. La bautizó Senta. Tenia 42 pies de eslora. 7 de manga y 4 de puntal. En términos menos náuticos, 15 metros de- largo, 2.20 de ancho y 1.20 de altura. Cubierta, castillete de proa, asientos en popa y toldo para lluvia. Fue en Oran. A fines de setiembre de 1855 la armó en guerra con seis lanzas, seis fusiles de chispa y un cañoncito de hierro calibre de "a 2"; que equivale a una bala esférica de menos de un kilogramo de peso (un bochín). Cargó 180 cueros de vacuno, la tripuló con once personas, él inclusive y se largó río abajo rumbo a Corrientes.

Por gentileza del Departamento de Estudios Históricos Navales del Comando General de la Armada, tenemos sobre nuestra mesa de trabajo, el Diario de navegación de aquel viaje, el manuscrito de Lavarello. Un precioso documento, creemos que inédito hasta el momento de elaborar esta nota.

Lavarello zarpó a las diez de la mañana del 25 de aquel mes y año, de  Puerto Pizarro situado a los 23°15' latitud Sud y 65°30' longitud Oeste del Meridiano de Paris con viento del E". Cuatro indios accionaban la máquina del Senta, imprimiéndole un andar de cuatro millas por hora. La despedida no fué cosa indiferente ni silenciosa, pues anota el marino que "...al ponerse en viaje saludé con tres tiros de cañón a los SS. Don Vicente Uriburu teniente gobernador de Oran y D. Francisco Sevilla que por voluntad de ellos asistieron a la despedida de la Expedición".

Del 25 al 28 navega con algunas dificultades por falta de agua, sorteando.bancos e islotes de arena con pequeños sauces y troncos en el canal de unas 40 a 50 pulgadas de profundidad; el Senta no cala más de 30 pulgadas pero varias veces ' toca fondo. Por supuesto no navegan durante las noches, en que los expedicionarios sostienen guerra sin cuartel contra los mosquitos. La velocidad media de navegación real resulta de dos millas por hora (poco más de cuatro kilómetros y medio); nos parece lento, pero recordemos que el Senta era una batea grande, no un aliscafo. A media mañana del 28 encuentran un indio sobre la margen derecha y al preguntarle por el puerto de Las Bateas, el aborigen contesta que precisamente ese es el lugar. Aquí permanecen hasta el 8 de octubre reacondicionando la carga, arreglando la máquina que ha sufrido averias y carneando algunas reses que charquean para el viaje.

Zarpan finalmente de Las Bateas navegando por un rio muy sinuoso pero más limpio y de mayor profundidad que no presenta dificultades, salvo algunos temporales que obligan a buscar refugio. El 17 hacen alto al pie de unas barrancas de quince pies de altura, lugar denominado Puerto de las Estrellas, estancia de Alejo Cardoso "...última población cristiana situada sobre la Margen Occidental del Rio Bermejo. Lavarello va trazando un croquis del rio, haciendo descripciones de los paisajes de ambas márgenes, mencionando clases de árboles, pastos, peces, profundidades, anchuras, tirajes de la corriente, enumerando los puntos en cifras que al final del Diario llegan a 1191; y después de cada singladura anota situación, millas navegadas y distancia en linea recta.

Pensamos donde habrá ido a parar ese croquis; posibles lugares pudieran ser los archivos de Paraná o de Concepción del Uruguay, por razones que veremos más adelante. Expresa el capitán que desde Puerto Deseado hasta Puerto de las Estrellas abunda el ganado vacuno y caballar por la aptitud de las pasturas en las cuatro estaciones, aunque ganado lanar hay muy poco.

El 20 levan anclas nuevamente. Los despide don Vicente Uriburu y el gobernador de la provincia de Salta, general Rudecindo Alvarado.

Con los indios matacos

La región de Las Estrellas está poblada de animales salvajes; tigres, leones, osos hormigueros, zorros, ciervos; y muchos reptiles, como el lampalagua y el "quirigó"; aves de todas clases y abundante miel de abeja que los indios comercian en grande. En el rio abundan el dorado, el surubi, la raya, la boga y "...también está lleno de yacarés ofensivos". Los indios matacos le aseguraban que desde tiempos remotos, en años de sequía, suelen aparecer especies humanas de estatura monstruosa, que tan pronto como los ven a ellos huyen precipitadamente y se esconden en el bosque; y en el rio "unos animales anfibios de forma humana, con cabellos rizados corno los negros..." suelen salir a la ribera a calentarse al sol cerca de los cañaverales; les han dado el nombre de "Negritos de las aguas"

El 22 pasan por Esquina Grande. Establecen relaciones muy cordiales con los matacos en base a regalos consistentes en tabaco, pañuelitos y otras chucherías; algunos caciques mandan chasques a sus parientes que viven más abajo y recomendando que no molesten para nada a los expedicionarios. " Los empresarios de todas las haciendas de la región conducen con rnuy buen trato a los indios, logrando buen resultado de los establecimientos, promoviendo un gran comercio a las provincias de Salta, Jujuy y hasta Tucumán". No ha visto armas de fuego en poder de los naturales, sólo lanza, arco y flecha, macana, y cuchillos que reciben en pago de sus trabajos.

Muy aficionados a la música, construyen flautas que "...tocan pésimamente". Tienen una sola mujer y cuidan mucho a su familia; el casamiento consiste en la simple obtención de consentimiento del cacique. Para el divorcio, la india que lo desea coloca en el camino que conduce al río "...un atado de leñas secas, hacen en seguida las averiguaciones y queda efectuado el divorcio".

Los cadáveres de los difuntos los colocan en el fondo de pozos de ocho a diez metros de profundidad, bien arreglados, ponen vasos para tomar agua y los llenan con ramas de árboles. No tienen religión ni adoran nada; son sucios y viven de la caza y de la pesca, tarea para el  hombre, y de papas silvestres, tarea para la mujer, que viste una muy, pero muy minifalda. El toldo no excede el largo del indio y como no cortan los pastos de su alrededor viven entre serpientes y toda clase de insectos dañinos; pero nadie muere de picaduras, por los eficientes remedios vegetales que preparan.

Algunos tienen ovejas cuya carne no comen porque es creencia de que haciéndolo quedarán ñatos; sólo utilizan la lana para hacer ponchos al cacique. Cuando carnean una vaca se la comen de una sentada, al son de su música insufrible. En la época del algarrobo y del chañar los matacos no trabajan, puesto que lo pasan en permanente estado de ebriedad con el licor que elaboran. Gustan mucho del sombrero, que fabrican con palmas "...con alas y todos los accesorios de un buen sombrero". Estas son algunas de las cosas que Lavarello cuenta de los indios matacos.

El 24 alterna con un cacique llamado Granadero a quien además de los usuales presentes para sus subditos, regala un cuero de vaca. Muy agradecido, al despedirse, le recomienda no acercarse a los tobas, pues "...son unos indios muy feroces y al tiempo muy falsos".

El 26 se encuentra con indios "chupuage". Se muestran peligrosamente hostiles y tiene que hacer aprestos del armamento, incluso el cañón; por suerte, los regalos obran favorablemente y todo termina en amistad. Son altos, bien formados y de constitución muy sana; hombres, mujeres y niños andan completamente desnudos; son de piel oscura y Lavarello los denomina "Indios Pelados".

 

Con los indios tobas

La navegación, aunque lenta, no presenta problemas, el rio es manso y limpio y su profundidad no crea dificultades de flotabilidad al bravo Senta. El 27 sobre la margen oriental, aparece la primera toldería de indios tobas. Estos ". . .llevan por distintivos un botón de estaño metido en el labio inferior, a la manera de los Indios Chiriguanos pero distinguiéndose de aquellos en que el bolón es más grande y no tiene esmalte". Todas las demás costumbres son casi igual a las de los matacos. Más adelante, sobre la margen opuesto encuentran una de las últimas tolderías de matacos; el cacique se llama Capitán Martin, monta un hermoso caballo oscuro y está armado con lanza, regalo de su patrón, el señor Cornejo, en cuya hacienda de Campo Santo ha trabajado con toda su tribu. Conoce bien el rio Bermejo hasta su confluencia con el Paraguay.

Lavarello le ofrece buena paga si lo acompaña hasta Corrientes en el Senta como baqueano e intérprete de los tobas, pero el cacique no acepta porque está comprometido para trabajar en la hacienda del señor Cornejo para mediados de la luna nueva; y muy comedido, navega con los expedicionarios hasta el día siguiente para recomendarlos al cacique Santos. El intérprete Pedro también habla pestes de los tobas "...que son muy feroces y criminales".

El 29 es un día de sol muy fuerte, navegan 17 millas, lo que da una idea de las bondades del rio.  Una tribu toba se muestra tan amenazadora que obliga a nuevos preparativos bélicos, inclusive con la poderosa artillería pesada. Se asustan los indios, deponen las armas y en virtud de los regalos reina la cordialidad. A uno que habla castellano Lavarello le propone el viaje en buque hasta Corrientes, con tentadora remuneración, pero '..me contestó que los Paraguayos eran malos y que les tenia miedo pues cuando encontraban indios los mataban con pistola". Y no fue posible convencer a nadie. La particularidad de esta tribu es un canuto metido en la parte inferior de la oreja.

El 3 de noviembre llegan al puerto de la Cangayé. A media tarde torna contacto con un indio que está pescando, se llama Leoncito, es de la tribu del cacique Tío Lorenzo, quien se encuentra enfermo. Lavarello lo invita a viajar con él hasta Corrientes; acepta con mucho gusto, aunque previamente  debe contar con la anuencia de su familia. Embarca y navega hasta la toldería de Tío Lorenzo que está un poco más abajo. Fondea el Senta; Leoncito va a tierra y regresa luego con cuatro indios y cuatro chinas, que pasan un rato a bordo y reciben abundantes regalos para ellos y para Tío Lorenzo.

A las seis de la mañana del día siguiente Leoncito ya está de vuelta; le acompañan su mujer, Tuerto José y Cacique Pedro de los atalabas. Entonces tiene lugar este acontecimiento: "La mujer de Leoncito me presentó su hijo para que lo bautizara lo cual hice dándole el nombre de José Lavarello hijo de León Lavarello y de Marín Luisa Lavarello, este es el primer apellido cristiano que se dio a los salvajes del Chaco, nacido el 14 de agosto de 1850". El contramaestre del Senta, Juan Rosacuta, fue el padrino.

 

Combate y un herido

Sabido es que nunca faltan encontrones cuando un pobre se divierte. Sucede que rato después de la ceremonia, en la margen occidental aparecen ocho tobas montados en briosos caballos y vestidos con ponchos y chiripá; entre ellos hay un cautivo santiagueño; el cacique se llama Tigrani.

El Senta leva anclas llevando a bordo a Leoncito, Tuerto José y Cacique Pedro. Más adelante aparece nuevamente Tigrani con dieciseis indios y una muchacha blanca también cautiva. Nadie acepta los regalos ofrecidos por Lavarello. Desaparecen, para aparecer más abajo, esta vez en gran cantidad. Por un indio que se acerca nadando al Senta, Leoncito se entera que la intención de Tigrani es matar a Lavarello, quien les advierte que mejor no lo intenten porque los va a quemar a cañonazos. Aparentemente los indios se achican, y se internan en el bosque ribereño. El capitán destaca a dos belelas, amigos del cacique Tío Francisco, con una carta para el gobernador de Corrientes, Juan Pujol, con orden de entregarla en propias manos

La pipa de la paz aún no se ha fumado; y poco antes del mediodía, al pasar frente a un cañaveral de la margen oriental, una lluvia de flechas cae sobre el Senta "...que no ofendieron a nadie gracias al fuerte viento..." La respuesta es un par de tiros de escopeta. A las doce fondearon para zarpar a las tres de la tarde; y cuando estaban pasando muy pegados a un pequeño bosque, una nueva lluvia de flechas cubre la embarcación hiriendo malamente al contramaestre Rosacuta; dos flechas le dan en la cabeza y otra en la espalda. Una cerrada descarga de fusilería parte del Senta y el ataque de los indios cesa de inmediato.

Lavarello lleva su buque hasta el centro del río, fondea y establece doble guardia en posición de combate. Leoncito, constituido en médico de a bordo, se ocupa con todo empeño de atender a su compadre, mientras indignado acusa de la agresión a los tobas de Tigrani, agregando que suele hacer lo mismo con sus pares, los belelas y con sus amigos, los amachicoy, aunque éstos les han han hecho sufrir serios reveses a los tobas, matándoles mucha gente.

— ¿Y quiénes son los que roban cautivos en las fronteras de Santiago del Estero?
—Nosotros, los belelas, no acostumbramos hacer eso. Eso lo hacen solamente los tobas.
—¿Entonces, cómo es que los belelas tienen catorce cautivos?
—Los compramos a los tobas. El precio de cada cautivo es de tres o cuatro caballos.

Aprovechando las buenas vinculaciones de Leoncito, Lavarello remite una carta al general Pedro Ferré con un indio atalaba, muy bien montado, que marcha a Corrientes; asimismo, al anochecer llegan diez indios atajabas en muy buenas montas, con quienes entran en tratativas para que lo acompañen hasta dicho pueblo, se ponen de acuerdo, previa entrega de regalos a cuenta de la paga convenida.

 

Final del viaje

Estamos en 14 dee noviembre. Gracias a los buenos cuidados de Leoncito, su compadre, el contramaestre Rosacuta, se ha reintegrado al servicio el día anterior, totalmente recuperado de las heridas. La parte náutica de la expedición, salvo una pequeña averia en la máquina, reparada de inmediato, ha sido de plena tranquilidad

Al amanecer, antes de levar anclas, aparecen seis indios en la margen oriental El capitán les pregunta por el cacique y uno de ellos contesta en buen castellano que es él; se llama Juan Carapé, es guaricurú, su toldería se encuentra más adelante y tiene buenos caballos.
— ¿A qué distancia estamos del rio Paraguay?
—Apenas siete leguas Pero por tierra se acorta mucho el camino.

Entonces capitán y cacique convienen en viajar por tierra hasta Corrientes. Antes hay que cumplir otra tarea: mudar la tribu de arapé He la margen oriental a la puesta del sol hace dos viajes, el primero los "muebles", consistentes en sacos de cuero de osos hormigueros llenos de mate ¿sera yerba mate? lazos, ollas de hierro, una cantidad de estacas con punta, esteras y otros utensilios; en el segundo viaje traslada las familias . Concluida la mudanza se ensillan ocho caballos y se prepara la partida del grupo lo componen el capitán Lavarello con dos marineros reemplazados a bordo por dos indios atalabas que le han acompañado: el cacique Carape y un hombre de su confianza; el cacique belela José; el atalaba Cacique Pedro: y Leoncito

El Senta queda a cargo deJuan Rosacuta como piloto, a quien Lavarello da instrucciones "., sobre ln que diría a los Paraguayos si apresaban el buque. Le dije que les contestara que yo había pasado a Corrientes por tierra escoltada por indios y que me había marchado el día 12 a 14 leguas antes de llegar al rio Paraguay. Le entregué al mismo tiempo dos cartas de recomendación para el Presidente de la Republica del Paraguay Dn. Carlos Antonio López conseguidas del Sr. General D. Rudecindo Alvarado encomendándole que entregase una  al jefe político de Humaitá"

A las tres de la tarde montaron y empezaron a galopar a campo traviesa. Hicieron noche y a las cuatro y media del día 15 ensillaron y reanudaron viaje. Pasada la media tarde llegaron al rio Atajo, donde encontraron un patacho italiano, con bandera argentina, cargando madera para vender en Buenos Aires. Desmontó Lavarello y mientras charlaba con el capitán del patacho, hizo trato con los tripulantes de una canoa que pasaba, para que lo llevaran hasta el puerto de Corrientes  para que al día siguiente hicieran lo mismo con sus compañeros de viaje, a quienes dio instrucciones para que esperaran frente a dicho puerto. Media hora después entraban en el Paraná "... en menos de 45 minutos habíamos llegado al puerto de Corrientes ..." y tIras entrevistarse con el gobernador de la provincia, señor Pujol, entregarle dos pliegos que le había dado el teniente gobernador de Oran, coronel Vicente Uriburu ".. me retiré a mi morada en casa del comerciante de esta plaza Dn Cayetano Remagli..."

Al día siguiente cruzaron el Paraná los restantes de la partida, recibieron su paga religiosamente y muy contentos emprendieron el regreso ofreciendo repetidamente sus servicios para una nueva ocasión enseguida S.E. el Exmo. Sr. Gobernador mandó publicar en el periódico oficial la feliz llegada de la Expedición Exploradora del rio Bermejo y anunciando a la sazón que el "Senta" se hallaba detenido en Humaitá por orden del Presidente del Paraguay Dr. López. Al mismo tiempo oficiamos juntos al Eximo. Presidente de la República General Dn. Justo José de Urquiza del buen resultado de mi viaje. Aguardo la llegada del "Senta" que creo no debe tardar mucho tiempo."

Electivamente, el 20 llegó Kosacuta al puerto de Corrientes con el Senta que había sido puesto en libertad en ese día por orden del gobierno paraguayo.El primero de diciembre Lavarello zarpó de Corrientes rumbo a Paraná "Llegué el 6 del corriente y me presenté al Gobierno Nacional. El Ministro de Estado en el Departamento del Interior me pidió copia de un diario junto con el plano del mi diario. Puse mano a la obra y una vez concluida la entregue al Sr. Ministro Dr. Santiago Derqui".

Esta es la ra/ón que nos hace pensar (que dicho plano pueda estar en los archivos de Paraná o de Concepcion del Uruguay)

Reconocimiento oficial

Asi termina el Diario que tan metódicamente llevó el capitán mercante José Lavarello, en aquella temprana expedición del río Bermejo con su "buque" Senta dotado de una increíble máquina de madera que apenas si sufrió un par  de ligeras averias en más de dos meses de navegación. Expedición valorable no sólo desde el punto de vista cientifico sino también por su intención comercial, teniendo en cuenta el cargamento de ciento óchenta cueros de vacuno que traslado desde Oran. Sobretodo si pensamos en tanto proyecto fracasado, por razones nunca bien aclaradas, de aprovechamiento del viejo rio escarlata para el desarrollo de aquella región argentina.

La aventura del marino no cayó en la indiferencia oficial; es asi que a continuación del Diario. Lavarello agrega lo siguiente:
"Marzo 17 de 1856
"Este día recibo el siguiente despacho del Sr. Ministro del Interior: Ministerio del Interior

Paraná Marzo 17 de 1856
Al Capitán de la Marina Mercante D. José Lavarello

"Me recibido y puesto en conocimiento de S.E. el Sr. Vice-Presidente de la República la nota de V. fecha 29 de febrero último en la que V. acompaña el diario de Exploración que ha hecho del Río Bermejo junto además con el plano del río levantado en esta ocasión En su visita S.E. me ha ordenado manifestar a V. que reconoce en todo ello un importante servicio prestado a la Nación.
"Para remunerarlo, en cuanto lo permiten las actuales circunstancias del Erario, ha dispuesto S.E. se libren a favor de V. mil quinientos pesos contra el Tesoro Federal, y que por el Ministerio de la Guerra se le confiera el empleo de Capitán de la Marina de Guerra Nacional *
"Dejando asi cumplida la orden del Exmo. Sr. Vice-Presidente, me es grato saludar a V. con mi más distinguida consideración de aprecio.
Dios guarde a V
Santiago Derqui"
Asi efectivizo el gobierno nacional su reconocimiento al capitán Lavarello

Bien estuvo . Nosotros lo hacemos humildemente sacando de lo desconocido de la historia y remozando para las generaciones presentes, el relato de sus patrióticos afanes

Continuamos, entonces, con la segunda parte de este Diario, en que asienta los pormenores de la expedición del Bermejo que en 1803 realizó con un barco a vapor construido en Santa Fe.

El "Gran Chaco" y su capitán

Parece que al capitán Lavarello le gustaban las exclusivas o las primicias. Recordemos que en la navegación del Bermejo que hiciera en 1855 en el Senta, al bautizar y dar su propio apellido al hijo del indio belela Leoncito, afirmaba "...este es el primer apellido cristiano que se dio a los salvajes del Chaco...". Ahora, al dar los datos referentes al buque con el que se apresta a realizar una nueva navegación por el Bermejo, empieza manifestando que es el primer vapor construido en el Rio de la Plata. Interpretamos "Cuenca del Plata", puesto que la construcción tuvo lugar en Santa  Fe.

Dice Lavarello:
"Datos referentes al viaje verificado en el año 1863 en el Rio Bermejo con el vapor Gran Chaco"
"Este vapor ha sido y es el pri'mero construido en el Río de la Plata . "Fue construido en el lugar denominado El Capito, en los suburbios de Santa Fe por el Capitán José Lavarello. Fue construido expresamente para la navegación del Bermejo. Fue hecho de hierro con 4 divisiones herméticamente remachadas, dividiendo el casco en 5 secciones y teniendo 122 pies de quilla, 22 pies de ancho sobre cubierta, 5 y 1/2 pies de puntal

"El día 15 del mes de agosto de 1862 salimos del puerto de Santa Fe con el buque que lo denominamos "Gran Chaco" y llegamos al puerto de Buenos Aires el 17 del mismo mes. En este punto demoré hasta febrero de 1863, pues durante dicho tiempo tuve que extender mi contrato de navegación con el Exmo Gobierno Nacional. Una vez hecho el contrato empecé mi navegación como se ve por el diario que sigue".

Confirmar si el Grán Chaco fue o no el primer barco a vapor construido en el Rio de la Plata o cuenca del Plata, según se interprete, de acuerdo con lo dicho por Lavarello. es trabajo que se lo dejamos a los investigadores de arqueología naval, nosotros nos ocuparemos de elaborar un resumen del Diario de navegación, que a la inversa de lo que hizoo con el Senta, en esta ocasión lo realiza contra la corriente. Adelantamos que en la navegación con el Grán Chaco Lavarello debió superar problemas muy serios, no solamente por el moderno método de propulsión sino también por el comportamiento de sus colaboradores. Ya tenemos una muestra con el trámite del contrato de navegación que le llevó la friolera de cinco meses En síntesis, no fué la cosa con los salvajes, fue con los civilizados.

 

De Buenos Aires a Asunción del Paraguay

A las siete de la mañana del 11 de Febrero de 1863 con buen tiempo, el Gran Chaco zarpó de Buenos Aires; a las diez entró en el canal de San Fernando y veinticuatro horas después estaba navegando frente al puerto de San Pedro, para recalar en Rosario a media mañana del día 13.
A esta altura del viaje I,avarello ya había tenido el primer encontronazo con la adversidad, debido al mal servicio prestado por uno de los ingenieros de máquinas; cerca de la medianoche de la fecha de zarpada, cuando el segundo maquinista bajó a relevarlo, lo encontró sentado en una silla en la porta de acceso; tal negligencia dio lugar a que los fogoneros dejaran quemar los grillos de las hornallas al punto que no sostenían más el carbón.

En Rosario el barco expedicionario permaneció hasta el 15, allí embarcó dos sacerdotes con un cargamento para las misiones del "Gran Chaco del Colegio de Salta". En Paraná, Lavarello se encontró con la grata noticia de entrevistarse con el Señor Ministro de la República del Paraguay Don José Caminos munido de instrucciones de su Gobierno para auxiliar la expedición de lo necesario . . ." En La Paz embarcó seiscientos postes ñandubay, lo que da una idea de la capacidad de carga del vaporcito, cuyo único inconveniente de navegación se repite cada vez que el ya mencionado ingeniero de máquinas toma su turno de guardia. Tan criticable resulta su comportamiento, que poco antes de llegar a Goya, el capitán recibe la siguiente petición:
"Febrero 21 de 1863
"Los pasajeros y tripulación en común acuerdo llamamos al Señor Capitán para hacer conocer la mala marcha del primer Ingeniero durante su guardia pues advertíamos que el buque no andaba y hasta llegaba el caso de parar el buque sea por mala inteligencia o malicia perjudicábanos demasiado y conocíamos que el segundo maquinista en su guardia hacia marchar prodigiosamente el buque y además conocíamos lo disgustado que estaba el Capitan con los desagradables acontecimientos.
"Pedimos al Sr. Capitán si pudiera dignarse solicitar al primer Ingeniero si podría ó no hacer andar la máquina y en caso contrario tal vez, el segundo podría hacer sus veces hasta algún puerto determinado.
"Y para que conste firmamos: Caciano Panqueli Francisco  Maglí - Enrique Pierángelli - Antonio Olivari — Sebastián Resnales - Bernardo Peña - Pedro Cornelio Blin — Juan Darre."

Es evidente que Lavarello conocía muy bien el Paraná, navegaba también de noche. Él maquinista en cuestión, de apellido Rayer, no obstante prometer "como hombre" el máximo empeño para mejorar sus servicios, no cumplió y el 24 al llegar al puerto de Corrientes, fue separado del cargo y desembarcado. Aquí, el gobernador. D Manuel I. Lagraña. facilitó seis rifles para defensa de los indios. Al respecto, Lavarello ya había tomado sus prevenciones al hacer venir desde el Chaco a nuestro antiguo amigo de la expedición con el Senta, el ahora Cacique belela, Leoncilo, quien embarcó con dos indios de su escolta rumbo a Asunción, donde el Gran Chaco largo anclas el 1" de marzo.

Problemas y buena buena voluntad del gobierno paraguayo

En muy malas condiciones llegaron a Asunción del Paraguay las máquinas del vapor. Tanto, que la expedición ya parecía estar condenada al fracaso. Lavarello, dispuesto a quemar los últimos cartuchos, consiguió, mediante los buenos oficios del ministro de Guerra y Marina del Paraguay, coronel don Venancio López, una entrevista con el presidente de la República y tras exponerle lo acontecido con los mecánicos de su buque" . . . le dije: Señor si V.E. no me auxilia en la expedición ésta ya ha fracasado por hallarme sin maquinistas y las máquinas completamente inhábiles por la mala conducta de los mecánicos que lo han dirigido . . ." Inmediatamente le dieron las instrucciones para que " . . : el Ingeniero principal del Arsenal Mecánico ..." tomara las providencias para que el buque quedara en condiciones de continuar la navegación

El día 5 fueron trasladadas a los  talleres del arsenal las "dos válvulas de Esley" y el 10 se hizo lo mismo con las "bombas de viento". Mientras los ingenieros trabajaban con todo esmero en sus especialidades, Lavarello no permanecía ocioso. Hemos visto con qué habilidad diplómatica se mantuvo en paz con los indios cuando exploró el Bermejo con el Senta. Ahora hemos de verlo alcanzar un triunfo internacional de política comercial. Y aun a riesgo de cargar demasiado con transcripciones un trabajo periodístico, no es para echar en saco roto este inédito testimonio de un lejano embrión de integración económica de la Cuenca del Plata.

El 13 de marzo Lavarello anota en su Diario:
"Me presenté al Exmo Señor Presidente de la República y tratamos verbalmenle lo que sigue: "Su Excelencia el Señor Presidente de la República a mi petición me concede como Empresario de la navegación del Rio Bermejo, contratista con el Exmo. Gobierno Nacional Argentino por vía de auxilio a mi empresa, el puerto de Villa del Pilar libre de tlodos derechos, las operaciones de transito y depósitos pertenecientes a la Empresa á cuya cabeza estoy yo, Capitán José Lavarello. ' "Además hemos estipulado que el Exmo. Gobierno de la República conceda al empresario todas las yerbas Paraguayas que mi Empresa pudiera expender en su navegación; depositando en el mismo puerto del Pilar, el precio equitativo que efectúen las ventas en el Mercado de Buenos Aires, descontando los gastos que origine la traslación del articulo, desde el puerto de la Asunción a la Plaza de Buenos Aires.

"Además hemos arreglado verbalmente, que la República del Paraguay me emprestaría uno de sus vapores para carrera del puerto del Pilar, punto de depósito de la empresa, hasta el de Buenos Aires para el transporte de las mercaderías de mi empresa, hecha, aguas arriba, como aguas abajo.
"Concluido este arreglo verbal, me retiré saludando cordialmente á S.E el Exmo. Presidente de la República".

Lindos tiempos aquellos, en que la simple palabra de honor era compromiso solemne no solo en el trato entre paisanos, sino también, entre el Presidente de un país y un . modesto comerciante de otro. ¿No hay algo de ALALC en aquel convenio''?

Recién el 6 de abril el buque quedó listo y se hicieron las pruebas de máquinas. Navegó media legua contra la corriente, alcanzando once millas de velocidad a 37 y 38 revoluciones por minuto. Lavarello ha estado enfermo desde el 25 de marzo, no ha aceptado médico para el tratamiento de su "enfermedad de costado" y se sometió "de motu propio al sistema del Eroy". Por suerte ha recuperado su salud y satisfecho con el buen andar del Grán Chaco, comienza intensa actividad para zarpar cuanto antes.

 

Por el río Bermejo

Por fin llegó el día ansiado. Al amanecer del 17 carnearon una res, cargaron un poco de sebo, 35 gallinas, algunos almudes de maíz, zapallos, naranjas y otras provisiones; a las diez de la mañana levaron anclas y una hora y media después entraban en el Bermejo, que encontraron muy correntoso por influencia de las crecidas del Paraguay.

La navegación se hace con mucho sacrificio porque las lluvias torrenciales que no paran un solo día y los persistentes vientos dificultan la diaria tarea de cortar leña para alimentar la caldera. El primero de mayo fue destacado el cacique Leoncito con correspondencia para Corrientes.

Hasta aquí se habían salvado dificultades bien gordas; pero las verdaderas peripecias comenzaron ocho días después de la partida de Leoncito. En este día, ocho de Mayo, se declara una epidemia a bordo. Empieza a las nueve de la mañana con el maquinista y sigue a medio dia con el marinero Pierángelli y el carpintero Delaurenzi; vómito y fiebre; el herrero Miguel y el marinero Migone los someten al "sistema purgativo". Al día siguiente son el R. Padre Caciano y los marineros Moretti y Antonio Carratino las victimas del "incesante vómito y violenta fiebre". La navegación debe seguir y el propio capitán del barco asume las tareas del maquinista. Nadie se recupera, por el contrario, dos días después se suman el pasajero Mister Blilz y otro. Luego ¡el Capitán! el segundo Peña, el mozo de cámara Felipe Lavarello, y Migone. Todos de vómito y fiebre, el Gran Chaco está detenido.

I,os únicos que aún no han caído son el contramaestre y los marineros Santiago y Miguel Lavarello "... pero los que no están enfermos no comen .'. . el Capitán administra los medicamentos y sigue él tomando el Eroy". Para el 15 ha mejorado el más joven de los Lavarello, Felipe; y Santiago caza pavos en el bosque con lo que pueden tomar un poco de caldo. Sin embargo, el 19, el Diario dice: "Todos enfermos y no hay un solo hombre sano, no puede marchar la expedición y no se puede cortar leña, el Capitán ha mejorado algo . . .".Menos mal. Pregunta a los foguistas si tendrán algún aliento para encender caldera al día siguiente, le prometen que harán lo posible. El joven Felipe Lavarello le informa que una parte de la tripulación quiere regresar; están acobardados por su estado de salud.

Cumplieron los foguistas y al alba del día 20 el buque se puso en movimiento. Hubo descontento a bordo "... una voz dijo es necesario regresar a causa de estar todos enfermos, les contesté que los medicamentos los compraríamos en el colonia Rivadavia y mandé silencio ..."

La navegación es lenta. El buen trato a los indios tiene su premio y los pocos que van apareciendo colaboran en la cortada de leña; a todos se les retribuye con paga, tabaco y otros regalos. Están más arriba de Lacangayé. Los enfermos, en general, se recuperan, salvo el marinero Carratino, por cuya existencia el capitán tiene poca esperanza. El 27 ocurre otra des gracia; mientras cortaba leña, el marinero Antonio Olivari se hirió de un tiro que se le escapó de una pistola que llevaba al cinto. De inmediato lo trasladaron a bordo, le  extrajeron la bala y le practicaron la primera cura.

Aparecen muchos indios matacos; y entre ellos un belela de la tribu de Leoncito, a quien Lavarello hace embarcar. A propósito; nuestro antiguo amigo Leoncito se ha salvado de la epidemia por haber desembarcado para oficiar de correo hasta Corrientes. Justicia divina. Los enfermos siguen mejorando, el maquinista se hace cargo de sus funciones, pero el pobre Carrantino sigue muy mal. Otro accidente; el indio belela se lastimó un pie con el hacha mientras cortaba leña. En esta tarea los indios colaboran día a día. Los expedicionarios compran ocho gallinas y dos ovejas en la toldería del cacique Juan Andrés.

El 7 de junio el maquinista Alesich se quemó la pierna derecha; otra vez el capitán tiene que reemplazarlo; aún hay quince enfermos. ''Tres días después el maquinista sigue muy afectado y el capitán se enferma de chucho. A pesar de todo el buque sigue remontando el Bermejo; la colaboración de los indios es realmente ponderable; un cacique y seis o siete de sus subditos se embarcan proveyendo leña durante un par de jornadas y luego es relevado por otro team; desfilan asi los caciques Tigre, Napoleón, Capitán Martín, Tucumán, Manuel, Damasco, Santos, cacique Moreno de los "indios pelados", cacique Granadero. Para el 15 Lavarello ha mejorado bastante, también los otros enfermos menos el maquinista y el marinero Carrantino. El 22, enseguida de zarpar a las siete de la mañana, el Gran Chaco varó en un banco de arena. Para zafarlo trabajaron hasta el anochecer.

A las cinco de la mañana del día 26 falleció el marinero Antonio Carrantino. Navegaron hasta llegar, poco antes de la puesta del sol, al lugar denominado Luna Muerta "... aquí anclamos para cortar leña a las 7 p.m. mandé inhumar los  restos del Sr. Carrantino" Todas sus pertenencias, eran un par de pantalones negros, dos camisas de algodón, un pantalón blanco, un saco de lustrina, un sombrero viejo y una caja de madera.

Un buque en navegación es algo asi como una obra teatral puesta en escena, aunque los actores lloran por dentro la función debe seguir. Así fue que a media mañana del día siguiente el Gran Chaco inició una nueva singladura. No hubo mayores novedades y el 2 de julio largó anclas ya muy cerca de Colonia Rivadavia, donde recibió la visita anticipada de varias personas.

Y el 3, anota:
"Marchamos de este punto a las 11 a.m al puerto de la colonia Rivadavia, término de mi viaje. No bien hube llegado me bajé a tierra y me presenté al Señor Jefe Político  Militar Coronel don Emilio Echarú entregándole la patente de navegación junto con el manifiesto del cargamento que venía en el buque, más tarde firmé un contrato con el arriero Araya para transportar parte del cargamento a la Capital concluyendo asi mi navegación" De este modo Lavarello da fin a las anotaciones de aquel viaje. Salió de Buenos Aires destino a Colonia Rivadavia, en Salta; llegó casi cinco meses después tras vencer las dificultades que se le presentaron. que fueron muchas y graves *
 

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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