Historia y Arqueologia Marítima

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Batalla del Buceo

Al valiente y glorioso coronel Brown

 

Durante los primeros años de la gesta de Mayo, los realistas tenían el dominio del mar y, con ello, garantizadas sus comunicaciones con la metrópoli, el abastecimiento de sus ejércitos de tierra y la iniciativa en todos los campos.

Era, pues, necesario neutralizar ese dominio del mar. El primer intento de la Junta de Gobierno, realizado por la flotilla al mando del teniente coronel Juan Bautista Azopardo -héroe de la Reconquista de Buenos  Aires durante las Invasiones Inglesas- terminó en la derrota de San Nicolás.

Azopardo y sus hombres se batieron con honor, pero más pudieron las armas y la experiencia de los realistas. Ahora, en 1814, vencidos los españoles en el combate de San Lorenzo, donde San Martín puso por primera vez en práctica sus exitosas tácticas aprendidas en España, las cosas eran diferentes.

El gobierno decidió crear una nueva escuadra, nombró a Brown teniente coronel de Exército y fueron armadas la fragata Hércules de 36
cañones, la corbeta Zephyr de 18 carronadas, bergantín Nancy de 15 carronadas, Goletas Juliet de 17 cañones de diferentes calibres y
Fortuna, de 15 puiezas, Falucho San Luis con 15 cañones y la heroica balandra Carmen, de 5 cañones y en la cual perdiera la vida el
recordado Pedro Samuel Spiro.

Brown eligió como capitana a la Hércules, aparejó hacia la desembocadura del San Juan y remontó por el Canal del Infierno, enfrentando a la flota del capitán de fragata de la Real Armada Jacinto de Romarate en lo que se conoce como el Combate de Martín García. Ahí la Hércules vara, recibe un duro castigo, muere el comandante de la Juliet, capitán Seaver y el de la Hércules, Elías Smith, pero el pabellón no se arría.

En total Brown tiene cien bajas. En una situación desesperante, la figura del irlandés se agiganta con todo el coraje que habría de demostrar a lo largo de su vida. En un bote visita por la noche todos sus barcos,  que permanecen al ancla fuera del alcance de los fuegos enemigos, arenga a los oficiales y tropa, y le dice que se van a desquitar. Y cumple. Al otro dia logra hacer zafar a la Hércules con la marea creciente con la unica vela que puede largar en el trinquete, y se aleja parsimoniosamente aguas abajo para repararla.

Romarate está exultante. Le redacta a un furriel un mensaje de victoria y lo envía a Montevideo para goce del Virrey. Mientras tanto, Brown recibe como refuerzos las goletas Esperanza y Ponte, y otros 60 hombres  de infantería, que conforman la tropa de desembarco. Y ataca para distraer a Romarate mientras sus infantes de marina toman la Isla. En ese desembarco, que es acaso la primera acción anfibia de nuestra Armada, con pifano y tambor hace tocar la Saint Patrick  Day, la hermosa Marcha de San Patricio.

Romarate se interna hacia el Rio Uruguay,  remonta el Rio Negro donde un emisario del coronel Artigas, el teniente Otorguéz, trata de convencerlo que se sume a los patriotas y le proporciona vituallas (*) y sigue hasta el  Arroyo la China, en Concepción del Uruguay. 

Brown cree que Romarate está debilitado, así que ordena a una escuadra sutil que vaya en su persecución pero ello deviene en un error,
porque no está disminuido en su capacidad de combate ni en armas. Se produce el combate del arroyo la China, donde mueren o son heridos 60 patriotas, entre ellos Spiro.

De todas maneras, la flota de Romarate, que era el oficial más brillante de los españoles, queda embotellada en el Rio Uruguay sin poder bajar ya que la artillería de costas de Martín García, en manos de los patriotas, se lo impide.

Así que Brown larga sus velas hacia Montevideo, la ciudad que por tierra está sitiada desde octubre de 1812, en busca de la batalla  decisiva y, por primera vez, los buques izan en el pico de la cangreja una insignia a franjas azules y blancas. Horizontales algunos, verticales otros.

Vigodet y los realistas se ponen nerviosos. Tienen a Romarate neutralizado y lejos, y aunque superiores en buques y armamento, a un comandante, el capitán de navío Primo de Rivera, enfermo. Así que la escuadra de España queda bajo el mando de Miguel de la Sierra. Desesperado se pone a reclutar tripulaciones y no se fija si saben algo de barcos, así que se le ocurre un ingenioso método para dar las órdenes: lo hace a través de los naipes, que los pone en los palos y drizas, a modo de señaladores.

"¡As de Oro!", grita, y los hombres saben entonces que deben cazar la braza del penol de babor de las gavias. "¡Rey de Palos!" y todos se empeñan en liberar las cargaderas de las cuadras del Mesana, Mayor y Trinquete para hacerse al viento. "¡Rey de Copas!" y ha llegado un momento de descanso para beber una copita de Jerez.

Finalmente, la escuadra realista debe hacerse a la mar para ir a batir a la muchachada insolente del irlandés Brown. Forman en fila de fondo el Queche Hiena, la corbetas Mercurio y Paloma, la Fragata Mercedes, la balandra Corsario, el lugre San Carlos, la goleta María, los bergantines Cisne y San José y el falucho Fama. En total son 1.087 hombres y una potencia de fuego de 155 cañones.

Aguas afuera, está la escuadra de Brown, con las cobertas Belfats y Zephyr, el bergantín Nancy y la goleta Juliet. Son en total 941 almas y 108 cañones, que son reforzados por la corbeta Agreable, la sumaca Trinidad y el falucho San Luis, que hicieron llegar a 147 las piezas de artillería embarcadas.

La escuadra realista puso rumbo de combate hacia la patriota, a lo que Brown respondió dando la orden de largar todo el trapo y alejarse en retirada, navegando hacia el SE durante 90 minutos. Los españoles empezaban a brindar por lo que creían era un acto de cobardía, pero en realidad Brown quería alejarlos de la costa para buscar aguas abiertas, mejor calado y, en esas condiciones, maniobrar con libertad.

El Hiena y la Mercurio hicieron vomitar fuego a sus cañones tratando de horquillar a la Hércules, pero el cañoneo fue breve porque cesó el viento, y sin viento esos tíos no iban a ningún lado.

Para entonces, los patriotas habían perdido al San Luis, que fue abordado por el corsario Pepe el Mahonés. La tripulacion logró salvarse lanzándose al agua y ganando la costa, pero su comandante, Guillermo Clark, muere ahogado.

Fue entonces cuando se produjo un hecho vergonzoso: el comandante de la escuadra realista, Miguel de la Sierra, se fugó a bordo del Hiena, que era el bajel de mejor andar, abandonando a todos sus barcos y hombres a su suerte. Tomó entonces el mando el capitán de fragata José Posadas, el mismo que Artigas había derrotado y perdonado la vida, junto a la de sus subordinados, en la Batalla de las Piedras, el 11 de mayo de 1811.

Así fueron las acciones entre el 14 y el 15 de mayo de 1814. El 16 de mayo Brown está ansioso por tener algo de acción, así que hace capitana a la zumaca Itatí, que se había incorporado a su escuadra, porque era buena velera, se aproxima al enemigo y una bala de cañónrebota en la cubierta y de refilón le hace de goma la rodilla, dejándolo rengo para toda la cosecha. Nunca más podrá caminar derechito como a él le gustaba. El caso es que herido no relega su puesto de comandante, se hace trasladar a la Hércules y con ella busca darle un remate de gloria a sus acciones.

Por la noche cañonea a dos buques realistas con todas sus piezas, las de babor y las de estribor, al meterse entre ambas a modo de una cuña con el estilo agresivo de Horatio Nelson, cuya sangre pareciera haber heredado.Los realistas arrían en pabellón.

Toda esa fase del combate se desarrolló frente al Buceo y en proximidad de isla de Flores.

Llega el alba del 17 de mayo. Sobre el horizonte, los bajeles realistas hacia el Oeste y Brown que ordena largar todo el trapo para aprovechar la suave brisa. Al través del Cerro rinde a una goleta, mientras otras dos se lanzan en desesperado repliegue suicida sobre la piedras, así que no le quedan a los españoles otro buque que la Mercurio. Y esa será la presa elegida por Brown, a la que persigue de manera encarnizada.

La corbeta Mercurio busca refugio, como un pájaro que mete su cabeza debajo del ala, en la protección que les da la batería de la ciudadela de San Felipe y Santiago de Montevideo. Desde la costa, los que observan los realistas es arribar a la Mercurio seguida de la Hércules, la cual lleva ondeando el pabellón de Su Majestad el Rey de España, así que salen alborozados a festejar creyendo que la traen prisionera. En la Iglesia Matriz vuelan las campanas. Hay fallas en las calles, vino, rostros sonrientes y mujeres con polleras coloradas.

Pero la Hércules fondea en la bahía de Montevideo, fuera del alcance de los cañones enemigos y Brown ordena largar al viento una bandera azul y blanca por mitades, al tiempo que hace tronar 21 cañonazos de victoria: el Río de la Plata es de los patriotas y nunca más navío español se atreverá a desafiarle.

El gobierno asciende a Brown al grado inmediato superior de Coronel. Montevideo, sitiado por las fuerzas del general Rondeau, se rinde el 23 de junio con 500 cañones, 18.000 fusiles y 6.000 hombres. Al gobernador Vigodet le dan un puntín en el tuje y lo mandan a Rio de Janeiro en la Hércules, desde donde se fue para España. Cerca de 2.000 de los prisioneros se pasan a la causa de los patriotas.

Romarate, que estaba embotellado en el Rio Negro, en el Uruguay, también se tuvo que rendir y fue mandado a su patria, donde llegó al grado de contraalmirante y ejercer el cargo de Ministro de Marina.

Todo eso era el principio del fin para el dominio colonialista español. Mientras tanto, el gobierno, terminó por disolver la escuadra, vendió todos los barcos y le obsequió la Hércules a Brown.

A partir de entonces, de alguna manera se selló ese destino de la Argentina de estar a espaldas del mar, de no advertir sus gobernantes que la proyección del poder marítimo es garantía de su independencia y soberanía. Tímidamente lo comprendió, décadas después, aquel sanjuanino de gesto adusto y mirada penetrante, a quien se lo recuerda como un insigne maestro pero que fue mucho más, un verdadero estadista, como pocos en Argentina, Domingo Faustino Sarmiento.


(*) Este hecho, mal informado, pone furioso a Brown que acusa al oriental de traición porque cree que le ha dado pólvora y municiones al realista y exige que lo aniquilen. Años despues, Artigas logra limpiar su nombre.

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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