Historia y Arqueología Marítima

 

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TURISMO ANTARTICO : UNA EXPEDICION EN 1937

 

Por RICARDO CAPDEVILA

Resumen: La actividad turística en la Antártida, que ha tomado especial magnitud en las dos últimas  décadas, presenta a los países miembros del Tratado Antártico una nueva problemática, vinculada con la conservación del medio ambiente y los intereses económicos que pone de manifiesto su volumen creciente. Esta comunicación da cuenta de un viaje turístico realizado a Isla Orcadas del Sur en el año 1937.

 EL TURISMO A LA ANTARTIDA Y LA PROTECCION AMBIENTAL

 El hombre, en su insaciable deseo de saber y conocer, ha recorrido los rincones más inhóspitos de la tierra. Tres suertes de motivaciones principales lo han impulsado: el interés político, el interés comercial, el interés científico. A ello debemos sumar, en los tiempos modernos, el interés turístico y deportivo. El turismo ha creado una compleja situación vinculada al estado jurídico actual del continente austral, regulada internacionalmente por la normativa del Tratado Antártico, desde  1961. El acuerdo de países antárticos ha fijado los parámetros de todas las actividades, al establecer el principio de que la Antártida es un continente dedicado a la ciencia y una reserva para el futuro de humanidad, por lo que su delicado ecosistema debe protegerse de la intervención del hombre, que es el primer factor negativo por producir con su accionar un deterioro sistemático de todos los sitios donde opera al generar residuos de distinta índole con el uso de combustible, las construcciones de distinto tipo, y su paso  por el territorio en distintos medios. Por ello, entre las medidas más significativas adoptadas por los países antárticos, debe señalarse que el tema ha  sido abordado mediante una regulación plasmada en el llamado Protocolo de Madrid (1991), que encara los distintos aspectos de la actividad del hombre, salvaguardando , como debe ser, los daños que produce la presencia del hombre. Sin embargo, esta normativa de derecho internacional público, carece de la parte sancionatoria, es decir que es una norma incompleta. Pero los países miembros, que han incorporado el Protocolo a su legislación, han completado la norma, estableciendo sanciones, las que en todos los casos, son de aplicación para sus nacionales, o las expediciones patrocinadas o autorizadas pro dichos países.

El turismo antártico ha cobrado significativa importancia  en las últimas décadas. Así el puerto de la ciudad de Ushuaia, en la Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, convertido por su posición geográfica en el más importante acceso para la actividad, el movimiento de turistas a la Antártida que allí embarcan va creciendo año a año, alcanzando en las últimas temporadas cifras que superan los 80.000 turistas. Lo que significa que este puerto cubre alrededor del 90% de la actividad total en el continente.

 EXPEDICION TURISTICA A LA ANTARTIDA EN 1937

ARA Pampa y remolcador Charrúa (Archivo Histarmar)

Hace sesenta y siete años, el 11 de enero de 1937, zarpaba del puerto de Buenos Aires e, transporte de la Armada Argentina “PAMPA”. A su bordo un nutrido pasaje, compuesto por la comisión de relevo para el observatorio meteorológico y magnético de islas Orcadas del Sur y la Escuela Nacional de Pilotines y Maquinistas, a más de la tripulación al mando del  teniente de navío Julio C. Castro, al decir del relator de la expedición “uno de los más excelentes marinos que ha tenido la suerte de conocer, hombre de cultura excepcional, gran capacidad y serenidad”. Completaban el pasaje las dotaciones de relevo para los transportes navales que operaban en la Patagonia, y entre los turistas, figuraban dos marinos retirados, que iban a recordar sus viejos tiempos en la navegación austral, estudiantes universitarios y profesionales. Mucho pasaje no podía cargar,  ya que disponía de sólo 42 cuchetas  para el albergue de los mismos. Cuatro damas participaban de la expe3dición, esposas del relator de la expedición, el pintor y yachtman  J. Martínez Vázquez,  nuestro relator, la señora de Shifflin, médico del buque, y la señora del contador Granatta, con su hijita de tan sólo 11 meses. Dice el relator:

“Por lo tanto el “Pampa” en su viaje a las desoladas regiones polares llevó cuatro representantes del que en otros tiempos se llamaba “sexo débil” ”

El “PAMPA” era un buque de transporte construido en 1923 en Danzing, en el astillero Danziger Werft para la marina mercante chilena, con el nombre de “RIO BUENO”, conjuntamente con su gemelo “RIO SECO”. Ambos fueron adquiridos  después por la armada argentina y bautizados respectivamente con los nombres de “PAMPA” y “CHACO”- Sus características principales eran una eslora de 83,50 metros, manga de 11,45 metros, desplazamiento máximo de 3.650 toneladas, calaba 16 pies y la planta propulsora era un motor de doble expansión de 1.750 hp. y  alcanzaba 12 nudos y medio de velocidad máxima.

El “PAMPA” recaló en Mar del Plata, no pudiendo acceder al puerto por fuertes vientos, hizo combustible y carga en el puerto de Ingeniero White (Bahía Blanca), recaló luego en golfo Nuevo, Comodoro  Rivadavia, y enfiló hacia el estrecho de Lemaire, temido pasaje bautizado en la época como el “estrecho más bravo del mundo”, por sus mareas de doce metros de diferencia y corrientes que superan las siete millas por hora, las que ponían a prueba la escasa fuerza de máquinas de la que disponían los buques en aquel tiempo. Fondearon en el puerto de Ushuaia, donde lucían solitarias la figura de otro transporte de la armada, el “PATAGONIA” y algún pequeño velero, de los que realizaban el tráfico en el canal de Beagle. ¡Qué diferencia con los tiempos actuales, donde el extenso muelle luce buques de turismo de hasta mil pasajeros, buques pesqueros de altura y los barcos de la armada que pertenecen al Area Naval Austral!.

Desde este puerto  el “PAMPA” debía iniciar su derrota hacia la Antártida. La señora del relator debió pedir una autorización especial para continuar a bordo en esta etapa, por los riesgos eventuales que la misma suponía, y las otras señoras, animadas por este pedido, adhirieron al mismo, y así un grupo de damas, integró esta etapa de la expedición, que podemos denominar como “segunda expedición turística a la Antártida”. Y llamamos segunda expedición turística, por haber dado a conocer en el IV Congreso de Ciencias Históricas Fueguinas (Ushuaia 1984), la primera expedición de este tipo, de la que fue protagonista el legendario periodista porteño don Juan José de Soiza Reilly, junto a su esposa, su hija y un grupo de personalidades del Club Universitario Buenos Aires, allá por febrero del año 1933.

 EL VIAJE A ORCADAS DEL SUR.

El 18 de febrero, completa su carga y pasaje, el “PAMPA” dejaba el fondeadero de Ushuaia y zarpaba rumbo a su destino antártico. El ingreso al pasaje de Drake y los días de navegación que siguieron, fueron penosos, por la fuerte onda marina y las nieblas que obligaron  a navegar a media máquina. Debe merituarse que por aquel tiempo los buques  no estaba equipados con radar , lo que impedía en medio de la niebla advertir la presencia de témpanos. El autor relata que hasta siete hombres vigilaban hacia la proa para eludir el riesgo de colisión. En medio de la niebla, solitario el “PAMPA”, en la ruta del cabo de Hornos, por la que virtualmente no existía tránsito marino. Por ello el buque emitía pitadas para advertir por el eco la presencia de algún sólido de hielo.

Así relata el expedicionario J. Martínez Vázquez, aquellos momentos:

Cuarto día. No trajo variación. Nada más que niebla o sea la navegación de la forma y el color. Avanzamos muy lentamente. La mayoría del tiempo estamos al garete. Sólo cuando clarea un poco y hay una visibilidad que no alcanza a un kilómetro se navega a media máquina. Con una visibilidad menor marchamos a menos de un cuarto de máquina y cuando la niebla se cierra en forma que ni la proa se puede ver, detiénese totalmente. Nada más se puede hacer exceptuando las pitadas y las observaciones sobre la temperatura que denunciarían la cercanía de témpanos….Es una navegación  penosa, como la comprueban las ojeras del capitán que aumentan en intensidad y coloración, señal evidente de preocupaciones y desvelo…..”

Después de una noche al garete, las calderas con presión, pero la máquina inmóvil, amanece con una niebla menos densa. Cuenta el relator:

“Por la relativa visibilidad el barco ha aumentado su marcha. Hay la seguridad de estar bloqueado por los hielos, aunque no los veamos. Si la estima no miente nos encontramos en el medio de la calle de los témpanos. Calle formada por los archipiélagos antárticos South Shetlands y de las Orcadas. Calle por donde se meten al Atlántico los temibles huéspedes que nos manda la gran barrera del Polo Austral.”

En el quinto día de navegación en demanda de las islas antárticas, el sol apareció en un par de oportunidades, lo que permitió que los marinos tomaran alturas del astro con el sextante, para estimar con mayor precisión la posición con relación al puerto de destino. Al atardecer  avistaron las costas de la isla Coronación, pero la niebla volvió a instalarse , y debieron abandonar el rumbo para alejarse al norte eludiendo los bajofondos costeros. Esa noche una enorme cantidad de témpanos tornó riesgosa la navegación y obligó a parar máquinas manteniéndose  al garete o realizando pequeños movimientos para eludir los riesgos. A ello se sumó una fuerte marejada que sacudió la nave, no permitiendo el descanso y manteniendo a todos en vela. Sigue el relato:

“Se tiene la certeza de que en caso de siniestro no se puede contar con la ayuda de nadie. Estamos a miles de millas de los centros civilizados y de la ruta naviera más próxima. Los pocos botes  del transporte serían completamente inútiles con semejante noche y mar. Sin embargo se oyen de vez en cuando carcajadas. Pero esas carcajadas me suenan como los silbidos de los chicos cuando entrar en una pieza oscura. Sirven para ahuyentar el miedo.”

A la madrugada del día siguiente, el cielo se despejó y tomaron rumbo al este, siempre temerosos de que la niebla los obligara a cambiar nuevamente de rumbo. Ya estaban de nuevo a la vista de la isla Coronación. Enfilaron hacia la isla Montura, tomaron como referencia el monte Ramsay, y poco después avistaron el llamado Manchón Austral, “característico promontorio que sirve de baliza”. Navegan entre témpanos gigantescos y se maravillan  con la imponencia de los glaciares que caen desde los montes hacia el mar. El radiotelegrafista informa que desde varias horas no consigue comunicarse con el observatorio. Comenta el relator:

La apatía de los miembros del observatorio nos asombra. Saben muy bien que desde el día anterior estamos por los alrededores y que con el tiempo claro deberíamos entrar. Sin embargo, no nos toman en cuenta. ¿Después de un año de vida entre los hielos se les habrán congelado hasta los sentimientos?”

Fondean en Bahía Uruguay, y desde allí observan el pequeño istmo donde se asienta el observatorio, con una extensión de 4000 metros de frente por 600 de fondo. En él, la casa principal y otras pequeñas construcciones, así como una antena de radio truncada.

“Varias cruces a la derecha, nos dicen en su mudo lenguaje que no todos han vuelto de ese desierto de hielo….Si no fuera por la actividad de la chimenea nadie creería que la casita estuviera ocupada. ¿Qué hacen los observadores? ¿Dónde se encuentran?. El “pampa” los ha llamado con su sirena y no han dado señales de vida!....Esperábamos verlos enloquecidos de alegría, saltando y dando vivas al barco que los recuperaría para llevarlos nuevamente a la civilización. Pero nada, absolutamente nada”

Curiosa, sin duda laguna la conducta de los habitantes del istmo, a los que el relator define como “hombres de hielo”.  Acota:

“Al rato  parece uno en la puerta, mira apáticamente, no corre, no se apresura, no agita los brazos. No se saca el gorro para hacernos señas. Después de esa mirada casi despectiva, sigue su camino, se dirige a una casilla, mete su cabeza en ella!....Ni la presencia del transporte ha interrumpido la rutina de su trabajo….”El Pampa” que espere!”

Particular conducta la de los invernantes australes. Continúa el relator.

“Poco después aparece otro. Camina lentamente hacia la orilla. No demuestra emoción. No hace señales. Salen dos más de la casita. Le siguen apáticamente. Se acercan al mástil y se ponen en línea. Luego izan lentamente la bandera argentina. Quedan inmóviles, tranquilos, no dan ninguna muestra de emoción. ¡Son Hombres de hielo!.”

Se inicia la descarga de víveres para los nuevos invernantes. El mar está picado y dificulta la maniobra. Pese a ello, y al hielo encallado en la costa, con sumo peligro se hace la maniobra.

Y aquí se debe destacar que, pese al riesgo cierto y permanente, las damas argentinas, señoras Rosa. S. de Schifflin, Magdalena B. de Martínez Vázquez- nuestro expedicionario relator- la señora E. de Granatta y su pequeña hija de once meses, singulares turistas antárticas, desembarcan en el istmo. El tiempo para la maniobra era breve, pero las malas condiciones del mar y el naufragio de una de las chalupas que hacían la descarga, atrasó la maniobra de partida, por lo que el buque debió permanecer al ancla hasta el otro día en el fondeadero, lo que permitió a las turistas un mejor conocimiento del singular destino turístico. ¡Curiosa imagen la de estas damas vestidas a la usanza de la moda ciudadana, posando para el testimonio de la cámara, que las proyectará desde aquel tiempo como un caso precursor del turismo antártico, casi 20 años antes de que comenzara a desarrollarse el turismo comercial al continente austral!.

                                                           -o0o-

 El viaje de regreso a Ushuaia, no fue mejor que el de ida. Mala mar, fuertes vientos del oeste que impedían el avance, los témpanos navegando de vuelta encontrada, hicieron desapacible el andar de turistas y navegantes, que tardaron cinco días en recalar nuevamente en Ushuaia. Como anécdota vinculada a viejas supersticiones marineras, cuenta Martínez Vázquez que el terrible temporal del regreso fue imputado por la marinería del “PAMPA”  a la mala idea de alguno de los tripulantes que embarcó varios pingüinos con destino a Buenos Aires. La tradición marinera dice que transportar aves vivas a bordo, trae mala suerte. Y así, los inocentes pingüinos fueron imputados por el fuerte temporal, hasta que en la noche del tercer día de navegación, alguien los echó al agua. A partir de esa noche el tiempo mejoró sensiblemente. Que cada uno saque sus propias conclusiones.

 APENDICE

INTEGRANTES DE LA COMISION SALIENTE DEL OBSERVATORIO DE ISLAS ORCADAS DEL SUR (INVERNADA 1936) Y LA LLEVADA POR EL “PAMPA” EN FEBRERO DE 1937

Conforme los relevamientos realizados por José Manuel Moneta y el historiador Santiago M. Comerci, los integrantes de la “gélida” dotación saliente del observatorio de isla Orcadas del Sur en el año 1937, fueron Aage Johansen, Félix Celestino Monti, Carlos A. Flugerto, Humberto Para y Rómulo Devoto. De los mismos, Monti y Devoto, eran veteranos de anteriores invernadas en isla Laurie.

La comisión entrante estaba compuesta por Bruno Collasius, Delfín Díaz Vieyra, Diego García Goyena, Rodolfo Placke y Nicolás Contursi. Los nombrados en primer y último término, ya tenían invernadas anteriores.

 FUENTES

Revista Neptunia- Sports Náuticos- Año XVIII- Pgs. 398/402 y 470/ 472. Buenos Aires, 1937

Capdevila R. y Comerci S.M. “Orcadas: 80 aniversario”. Publicación Nº 16. Dirección Nacional del Antártico. Buenos Aires 1984

Moneta, J.M. “Cuatro años en las Orcadas del Sur”. Editorial Peuser. Buenos Aires 1946

 

 

 
 

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