Historia y Arqueología Marítima

 

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CONFLICTOS RIBEREÑOS EN SUDAMERICA EN EL SIGLO XX

Tierra del Fuego y las aguas del canal Beagle frente a los aires de conflicto Argentina-Chile en  1978

La isla en guerra, los cuatro elementos conjugados:

Tierra, Agua, Aire y casi Fuego

 

Por Alberto Gianola Otamendi, Marzo del 2013

La Guerra del Acre o del Caucho La guerra Ecuador Peru de 1901 Bolivia y Peru 1909 Puerto de Leticia-Colombia y Peru Guerra del Chaco- Bolivia Paraguay

Tierra del Fuego y las aguas del canal Beagle conflicto Argentina-Chile en  1978

 Ver tambien: Preludios de Accion Militar Conjunta - Una operación conjunta planificada durante el conflicto de 1978 por la soberanía de las islas del canal Beagle

El Conflicto del Beagle  ;  Breve historia de las lanchas torpederas en Ushuaia.

Tierra del Fuego, Ushuaia y el canal Beagle en el conflicto de 1978. La isla en guerra.

 Festejamos el bicentenario y buena parte de la ciudadanía argentina da la Patria por hecha, sin reparar que en los doscientos años transcurridos desde su emancipación, han ocurrido hechos de variada significación y magnitud que quedan relegados muchas veces en el olvido.

 Hay pueblos que respetan la historia y la mantienen presente para no repetir errores. Pareciera que en estas tierras se cree que todo fue siempre así como lo vemos y que las cosas no costaron nada. Incluso se piensa que se han perdido territorios y no hay conciencia de lo duro que fue conquistar cada pedazo del suelo y luego mantenerlo.Sin embargo, nuestra nación no es grande por casualidad, su tamaño se ha ganado palmo a palmo con el heroísmo, generalmente anónimo, de los verdaderos próceres que lograron nuestra independencia, de los que la defendieron de agresores extranjeros y del asalto desde su interior, como también de los pioneros que poblaron sus lugares más remotos.

 A lo largo de nuestra existencia como país, la amenaza de esos ataques y el requerimiento de defender lo que ya era nuestro fue casi constante, tanto como la escasa atención política de esa necesidad.

La custodia de la patria tiene un largo historial de diario sacrificio, que pasa rápidamente al olvido y muchos ciudadanos dan por sentado lo que para otros fue una dura conquista o tesonera vigilia.

La historia evoluciona y los conflictos de ayer, gradualmente superados por la vía diplomática,  sólo quedan en la memoria de los antiguos pobladores y veteranos de las dotaciones anteriores de las unidades que sirvieron entonces de guardianes de los intereses de la patria.

 Las nuevas generaciones, con otras urgencias y preocupaciones, transitan junto a vetustos esqueletos de armas y edificaciones, indiferentes de su utilización y sentido. Seguramente esos vestigios ni siquiera alcanzan a despertar su interés, carentes del brillo y la llamativa presentación de las construcciones modernas y de los sistemas de última tecnología que operan en sus oficios, o los que conocen de otros países por documentales y bibliografía especializada.

 Así, se pierden definitivamente sitios y vivencias de antaño, frutos de la dura vía de la experimentación y del error; se desvaloriza el tesonero trabajo de nuestros predecesores y el aprecio de las rudas condiciones en que vivieron y sirvieron a la patria. Se adopta lo actual como natural y normal.

 Hace poco más de 30 años, se disputaba aún con Chile la soberanía de las islas del Canal Beagle, y el Territorio Nacional[1] entero vivía bajo la amenaza de una guerra devastadora. Ushuaia[2], capital de esa jurisdicción, y ciudad más austral del mundo, es una población fronteriza y era considerada un bastión de los derechos argentinos. Del sacrificio y los sufrimientos esos tiempos en esas latitudes, ya sólo se acuerdan sus viejos pobladores (los realmente antiguos pobladores) y muy de vez en cuando.

 Un brevísimo racconto de la vida de la Isla Grande de Tierra del Fuego nos remite a los días del conflicto con la República de Chile por la delimitación del Canal Beagle y su implicancia sobre los derechos de soberanía sobre las islas Picton, Lennox y Nueva, además del grupo vecino al Cabo de Hornos[3].

 Estos reclamos llevaron a una escalada militar que fue detenida en los días previos a la Navidad de 1978 por la mediación de S.S. el Papa Juan Pablo II, por la acción de su delegado, el Cardenal Antonio Samoré, horas antes de las acciones de guerra previstas por ambas partes.  

Las fuerzas que se habían dispuesto a la lucha, se replegaron luego de la firma del tratado de Montevideo de enero de 1979.

 De aquel período, quedan en algunos lugares de Ushuaia, Almanza y su entorno, huellas que sólo advierte el ojo perspicaz del observador inquieto. Restos que sólo podrá entender quien haya conocido el cuadro de situación que se vivió entonces. Ello nos lleva a relatar el rol de la Armada en ese período de incertidumbres y aprestos.

 Es curioso, pero siempre que se remite a un caso bélico se mencionan casi con exclusividad los aprestos diplomáticos y las maniobras militares, se excluyen las particularidades localistas. Pero Tierra del Fuego fue escenario de una escalada, afortunadamente apaciguada, que involucró íntegramente a sus habitantes civiles. En las reminiscencias de época, se juntan argumentos sobre la participación directa o indirecta de los extranjeros o descendientes de tales, en apoyo a sus connacionales como informantes, saboteadores o alertas. Pocas referencias se hacen al enorme trabajo de la población local, genuinamente nacional en pro de su tierra y en apoyo de sus fuerzas armadas, que se movilizaron para defender el país que ellos estaban construyendo allí. Desde la colaboración de un padre civil a su hijo teniente, los auxilios del personal de vialidad y empleados de los servicios públicos, a las acciones aisladas de quienes se desempeñaron voluntaria y gratuitamente como guías, observadores, mecánicos, médicos, los que se presentaron espontáneamente como reservistas a tomar las armas, los que proveyeron con su ganado a las tropas desplegadas, los que cedieron sus escuelas y locales como alojamientos. Todos cooperaron preservando también sus propios intereses.

 En auxilio de esos espíritus curiosos, hemos rescatado una sintética descripción del armado del sistema defensivo argentino del sur de la Isla Grande de Tierra del Fuego. Aquí surgirán, a la pasada, singulares anécdotas de esos tiempos.

 Preludios marciales

Si bien la disputa limítrofe con Chile por las aguas y territorios sureños tiene larga data, y se origina en la herencia de los antiguos dominios hispanos, hubo una grave escalada por la demarcación patagónica a fines del siglo XIX (apaciguada por los Pactos de Mayo de 1902[4]) y otras tres serias tensiones en la segunda mitad del siglo XX.

 De éstas últimas, la primera fue en 1958 por la destrucción y el cambio de la baliza de Snipe, que obligó a montar un destacamento temporario de infantería de marina en ese islote.

La segunda, ya agravándose, en 1968 y luego, la más riesgosa y álgida en 1977.

 En febrero de 1968, la lancha torpedera chilena PTF-82 “Quidora”[5] ingresó a la Bahía de Ushuaia en forma provocativa y no autorizada. Este proceder constituyó un desafío a la República, muy propio de las épocas de la “diplomacia de cañoneras”. La incursora fue expulsada destacando una sección de aviones navales armados T28, que se encontraban en estación temporaria, cubriendo guardias rotativas, en la Base Aeronaval Ushuaia. Esto, sin embargo, generó movimientos de tropas a las fronteras de la Patagonia y toda la región insular, por ambos bandos. La movilización se justificaba diplomáticamente como intensos “ejercicios militares”.

 Este incidente de la torpedera chilena, fue excusado informalmente por las autoridades navales de Puerto Williams, como un error del comandante, el Teniente Prieto, que le habría significado su traslado y pase a retiro[6].

 Sin embargo, a partir de la seriedad del mismo, comenzaron a adoptarse medidas de defensa de Ushuaia. Inmediatamente, como primer paso, se instaló un cañón Bofors de tiro rápido, de calibre[7] 40/60 mm. doble tubo en la península, cercano al actual aeroclub. A este montaje se asignó guardia permanente y fue comunicado por una línea de teléfono de campaña con la Central de Operaciones de la base naval.

 Más tarde, se comenzó a construir una batería[8] completa en Monte Gallinero, que resguardara el ingreso a la bahía y permitiera proteger las costas cercanas.

 En junio, el Presidente Gral. Juan Carlos Onganía, ordenó destacar permanentemente dos lanchas torpederas, las que fueron acondicionadas especialmente para estas aguas. Fueron la A.R.A. “Alakush” y A.R.A. “Towwora”, que estuvieron en servicio hasta 1984[9].

 En las tensiones del año 1977, desatadas al conocerse que el fallo del laudo arbitral británico concedía a Chile la soberanía de las isla Picton, Lennox y Nueva y contenía vicios de forma y fondo, se realizó la movilización general de tropas y convocatoria de reservas, desarrollando planes y obras para el alistamiento final de las defensas, por cuanto se hacía previsible una guerra como desenlace inevitable.

 Toda la disputa fue definitivamente zanjada, luego, con la firma del Tratado de Paz y Amistad de 1984. Argentina nunca tuvo salida al Pacífico, Chile obtuvo la suya al Atlántico y una amplia porción de mar e islas.

Los aprestos militares argentinos en Tierra del Fuego

 Previamente a ese momento en que se acordó la resolución por la mediación del Papa Juan Pablo II, ante la continua escalada de la puja limítrofe, la inflexibilidad de las partes y el inminente fallo arbitral (que de cualquier modo no satisfaría a alguno de los contendientes), cada estado inició un vertiginoso proceso armamentista, de alistamiento de sus recursos y potencialidades militares, así como la preparación de los terrenos en los que planificaba llevar adelante sus acciones ofensivas o defensivas.

 Sobrevinieron la convocatoria de reservistas y el despliegue de tropas juntamente con la construcción de estructuras defensivas. Así, a un ritmo vertiginoso se armaron campos minados y obstáculos para blindados, se cavaron trincheras y refugios. Partes de la ruta nacional 3 fueron pavimentados y ensanchados (Punta María y Las Violetas) como aún puede apreciarse, para el uso de la Aviación Naval.

Ensanche Ruta 3 altura estancia Las Violetas

Ensanche Ruta 3 Altura Estancia Viamonte

Se edificaron bunkers para la conducción de las operaciones, el comando de las unidades desplegadas y la dirección de la artillería, tales como los que sobreviven en la Base Aeronaval Río Grande (usado luego en la Guerra de Malvinas) y algunas estancias (p.e. Viamonte y Los Flamencos). Se proyectaron pistas, incluso algunas recibieron una capa asfáltica para su uso por aviones. Se instalaron baterías de cañones antisuperficie y de protección antiaérea, los que requerían sólidas bases de hormigón para soportarlas.

       

Traslado de blindados a la Patagonia por ferrocarril y en buques de transportes navales. 1978

 La Isla Grande de Tierra del Fuego, aunque periférica de los centros neurálgicos de ambas naciones, era el foco del conflicto. Si bien militarmente, lo que allí sucediera bien podía ser secundario en una guerra, se consideraba relevante al momento del cese del fuego, por las posibilidades de negociación posteriores.

 En sendos pensamientos estratégicos, era una grave preocupación la protección de las ciudades principales, Ushuaia y Río Grande para la Argentina, Punta Arenas y el enclave naval de Puerto Williams para Chile, así como la posesión de las islas mayores que daban origen y motivo aparente al debate (Picton, Lennox y Nueva), por su incidencia en el teatro de operaciones, en los pasos interoceánicos (Estrecho de Magallanes y Pasaje de Drake) y en las vías más directas al continente antártico (Pasos Murray y Picton).

 Río Grande y Ushuaia, eran los asentamientos civiles principales del lado argentino y no permanecieron ajenas ni distantes al conflicto. Muy por el contrario, la preocupación por la amenaza sobre ellas era enorme. Por tanto, y con la experiencia del involucramiento de los centros poblados como objetivos militares en las guerras mundiales y las que sobrevinieron durante la guerra fría, se alistaron para la guerra.

Ambas poblaciones y la Base Naval Ushuaia “Almirante Berisso”[10] fueron acondicionadas para una confrontación que se aproximaba inexorablemente, previendo su bombardeo artillero y aéreo, e inclusive su eventual ocupación. Se simularon ataques aéreos y se practicaron oscurecimientos, se tapiaron y velaron las ventanas y puertas, ocultando las luces al exterior, se armaron refugios públicos y muchas casas particulares cavaron sus propios sótanos. Se hicieron depósitos de insumos, se acondicionaron escuelas y galpones como albergues y hospitales, se acopiaron víveres y agua.

 Los objetivos militares (aeropuerto, estación de radio, central de operaciones, etc.) y las posibles playas de desembarco cercanas a Ushuaia, fueron resguardados por la Compañía de Seguridad de Infantería de Marina (I.M.) de la Base Naval, armada según su doctrina operativa, con un grupo de ametralladoras 12,7 mm y seis cañones sin retroceso Czekalski de 75 mm.

 Los puntos principales se acorazaron y cubrieron con defensas antiaéreas de 40/70 mm. y las costas se artillaron, bloqueando los accesos del canal y de la bahía, con baterías de grueso calibre.

 La Planta “Orión” de almacenamiento de combustibles de la empresa estatal nacional YPF, fue vaciada para evitar su incendio o el derrame de los hidrocarburos de sus enormes  tanques, muy vulnerables a la artillería de Isla Navarino.

 Por otra parte, dado que los caminos terrestres que llegan a la isla atraviesan territorio chileno y deben cruzar el Magallanes en balsas de esa nacionalidad por Bahía Azul, en la Segunda Angostura, y el único puerto aceptable para el uso era el de Ushuaia, con un canal Beagle virtualmente bloqueado, se estimaba que Tierra del Fuego quedaría en completo aislamiento apenas se iniciaran las hostilidades. Ni los acopios, ni las previsiones de la Armada, al construir en astilleros nacionales el BDT “San Antonio” con capacidad de operar varado y su flota de buques de transporte “zona sur” (A.R.A. “Canal de Beagle”, A.R.A. “San Blas”, A.R.A. “Cabo de Hornos” y A.R.A. “Isla de los Estados”), adaptados para permanecer con el casco apoyado en seco en las bajamares de Caleta La Misión (y otros puertos patagónicos como Río Gallegos), hubieran conseguido disminuir las penurias del desabastecimiento.

 El orden público, la seguridad urbana y la protección especial de los posibles blancos selectivos dentro del ejido (subestaciones eléctricas, antenas retransmisoras, radio nacional, planta de agua, etc.) fue asignada a la Policía Territorial fue asignada al CCIM Carlos H. Botto, al mando de la Policía Territorial, reforzada con el destacamento de la Prefectura Naval (dependiente entonces de la Armada[11]).

 De este modo, la Armada Argentina, con la Infantería de Marina al completo, reforzada con algunas fracciones especiales del Ejército y de la Prefectura, había colocado en la Isla Grande de Tierra del Fuego más de 15.000 hombres, con los tres componentes (naval, terrestre y aeronaval), con equipamiento completo, artillería de apoyo y logística operativa, listos a cumplir sus planes de batalla en defensa de nuestro territorio soberano.

 Los pobladores contribuyeron significativamente a la preparación militar y convivieron varios meses con una cantidad de tropas nunca antes agrupada en la isla, casi equivalente a su propio número.

 La concepción de las operaciones militares. La "Operación Soberanía"[12]

 La Operación Soberanía, es el nombre que se ha dado al plan militar argentino para retomar el control soberano de la zona reclamada, ocupada de hecho y por la fuerza, previamente, por Chile. Esta denominación no corresponde estrictamente a la forma como se conociera dicho planeamiento durante su preparación, y dadas las cambiantes situaciones que lo condicionaban y el hecho de que finalmente no se pusiera en práctica, todas las menciones bibliográficas están plagadas de inexactitudes de detalles y errores.

 Las fuentes citadas, incluso los libros editados en Chile, contienen versiones que pueden asumirse globalmente orientadoras, aunque arrastren los errores propios de lo que Clausewitz denominaba “la niebla de la guerra”, es decir, la incertidumbre o el desconocimiento de lo que planea o hace el enemigo, mucho más cuando no se produjeron enfrentamientos serios concretos. Pero los detalles erróneamente mencionados pierden trascendencia.

 Según éstas, la campaña argentina contemplaba que la ofensiva militar sobre Chile se iniciaría el viernes 22 de diciembre de 1978, a la noche (a la hora “H”). Antes de ese momento, grupos de la Infantería de Marina ocuparían algunos islotes secundarios, con apoyo de fuerzas navales. Más tarde, se haría lo propio con las islas mayores Picton, Nueva y Lennox, logrando así el control del Canal Beagle.[13]

 La ofensiva terrestre se iniciaría aproximadamente a las doce de la noche. El V° Cuerpo de Ejército atacaría desde la zona de Santa Cruz, tratando de dominar el máximo territorio chileno de la zona patagónica. Al mando del general José Antonio Vaquero[14], debía conquistar Puerto Natales y Punta Arenas.

 Luego, apoyaría por el sur al III° Cuerpo en su avance por Puyehue, hacia Osorno y Puerto Montt. Este Cuerpo, a cargo del general Luciano B. Menéndez, tenía que cruzar la cordillera a la altura de Mendoza, a través de los pasos Los Libertadores‑Maipo y Puyehue, conquistando los alrededores de Santiago y Valparaíso. El propósito era cortar la línea de comunicaciones al centro del territorio de Chile.

 Ese plan parece desconocer que el Ejército de Chile había minado todos los pasos cordilleranos y se presume que estaba dispuesto a usar armas químicas (gases).

 Como reserva se dejó a la II Brigada de Caballería Blindada, con asiento en Comodoro Rivadavia. Entretanto, el II Cuerpo, mandado por el General Leopoldo Galtieri, se le encomendó la tarea de proteger la frontera norte con Brasil, disuadiendo cualquier amenaza sobre la Mesopotamia.

 Desde la madrugada del sábado 23 de diciembre, la Fuerza Aérea Argentina realizaría bombardeos estratégicos, hasta la destrucción de su símil chilena y apoyaría las maniobras terrestres.

 Por su parte, y aunque la bibliografía chilena asigna a la marina argentina la tarea de conquistar una ciudad del litoral, probablemente Puerto Williams, la Armada recibió como misión principal la de oponerse a la acción de la escuadra chilena y apoyar la conquista de las islas Picton, Nueva y Lennox, además de asegurar la Isla Grande de Tierra del Fuego.

 Para ello, la Flota de Mar se organizó en dos grupos de tareas; uno que apuntalaría las acciones anfibias litoraleñas desde el este del Canal Beagle y otro que se situaría en la boca oriental del Estrecho de Magallanes, cuyo objetivo sería neutralizar la amenaza naval trasandina y eventualmente conducir otras acciones estratégicas, amenazando Punta Arenas.

 Un batallón de Infantería de Marina tendría a su cargo la ocupación de las islas menores. Si bien fuentes chilenas citan como objetivos a las rocas Freycinet, Hershell, Wollaston, Deceit y Hornos, otros hubieran sido los puntos en los planes argentinos.[15] Luego otras unidades se harían cargo de la ocupación de las islas mayores. La recopilación sobre las acciones de la flota de mar de Chile en ese período, La Escuadra Activa en acción, indica que posteriormente, fuerzas argentinas intentarían la toma de Puerto Williams, algo que no surge de la memoria de los entrevistados de este país.[16]

 El día 20 de diciembre, el Comandante de la Zona Naval Insular (COZI) citó a su Estado Mayor y le comunicó que se había fijado definitivamente el día “D” y la hora “H”, para el cercano 22 a las 0430 horas de la madrugada. Vale recordar que el planeamiento incluía acciones previas de exploración, preparación y señalamiento de playas de desembarco, zonas de heliasalto, despliegue de observadores adelantados de artillería, posicionamiento de las unidades de línea, etc.

 A continuación cada comandante se retiró de la reunión y se dispusieron con sus unidades, ya en los apostaderos y puestos de acecho, a la espera del momento de iniciar las acciones que les fueron ordenadas a cada uno. Eran horas de gran ansiedad, nervios y actividad.

 No habría nuevas directivas, excepto que se decidiera anular la ofensiva, lo que se comunicaría en forma urgente. Para facilidad de recepción de esa eventual orden, el almirante y su subordinado directo, el comandante de la Agrupación de Lanchas Rápidas (APLA) convinieron que para mayor celeridad y claridad, tal mensaje debía ser emitido por radio con un texto claro (sin códigos ni cifrado) y urgente. El párrafo convenido para cancelar la ofensiva sería: “No puedo proveerle víveres”.

 Esa señal se dio, anulando el ataque ante el éxito de las gestiones del mediador papal, el Cardenal Samoré, la misma medianoche del 22 de diciembre. El mensaje, directamente dirigido a él, fue recepcionado por el Capitán Hermelo en su puesto de comando de la APLA, en el fondeadero de Bahía Relegada, cuando ya las fuerzas especiales, los buzos tácticos y otros grupos de comandos, iniciaban sus sigilosos traslados para el desembarco. Fue un momento curioso, los atónitos radio-operadores y el jefe de comunicaciones del buque insignia, no interpretaban una llamada tan urgente e imperiosa, en ese gravísimo momento, con un contenido que parecía tan banal. Así llegaba la paz.      

 Se había llegado a un acuerdo para la solución pacífica del litigio. Se había detenido la guerra, minutos antes de iniciar el fuego. Finalmente, se cederían las islas.

 El despliegue de las unidades en la isla 

 Como se ha dicho, lo que hoy se reconoce como la operación “Soberanía” tenía varios frentes continentales, con zonas de responsabilidad que correspondían a las tres fuerzas armadas, las que se empeñarían en distintas maniobras complementarias entre sí y simultáneas, en el sur, centro y norte del país.

 En la visión estratégica nacional, Tierra del Fuego se encontraba dentro del Teatro de Operaciones “Sur” (Patagonia), a cargo del Comandante del Vº Cuerpo de Ejército, quien desde Bahía Blanca, tenía a su cargo todo el territorio terrestre y las fuerzas argentinas desplegadas al sur del Río Colorado.

 En particular en Tierra del Fuego, los planes incluían dos maniobras ofensivas, una terrestre para conquistar la parte norte de la isla y una anfibia para asegurar el dominio de las islas al este del meridiano del Cabo de Hornos. Los planes defensivos comprendían la protección de Ushuaia y la costa sur, mediante el cierre del canal con la acción combinada de un pequeño grupo naval de lanchas torpederas y patrulleras apoyadas por una escuadrilla aeronaval de helicópteros misilísticos, artillería costera y minado de pasos marítimos claves. Eso era complementado con la defensa antiaérea puntual de las ciudades y los objetivos vitales para la subsistencia de la población. Por fuera del archipiélago, otros esfuerzos navales (la Flota de Mar, la Aviación Naval embarcada y la Fuerza de Submarinos) daban cobertura más amplia a este “sub-teatro”. El Ejército y la Fuerza Aérea, actuarían predominantemente en el continente, salvo escasas excepciones, de muy pequeña escala, que se mencionan luego.

 La isla se particionó entonces, en dos áreas de operaciones, diferenciadas. Una en las planicies y montes del norte, a cargo de la Infantería de Marina (Contralmirante Oscar Abriata) con casi la totalidad de los medios de esa fuerza anfibia, y otra al sur del lago Fagnano, abarcando el Canal Beagle y los archipiélagos australes. Esta última se conoció como Comando de la Zona Insular (COZI), que se puso al mando del Contralmirante Juan Carlos Malugani, entonces Comandante del Área Naval Austral y Jefe de la Base Naval Ushuaia.

 Ambas áreas dependían orgánica y administrativamente del Comandante de Operaciones Navales (Vicealmirante Julio A. Torti), junto a la Flota de Mar con su ala aérea, la Fuerza de Submarinos y la Aviación Naval no embarcada, pero en virtud de los esfuerzos estratégicos terrestres a realizar, la parte norte de la isla dependía operativamente del V° Cuerpo de Ejército, o más propiamente enunciado, coordinaba su maniobra con aquel.

 El sector fueguino era asistido logísticamente por un puente aeronaval del Comando de Sostén Logístico Móvil de la marina y por vía marítima a través del Comando de Transportes Navales.

Crucero Gr. Belgrano en Ushuaia

 Por otra parte, como dijimos, el resto de la Armada tenía sus medios divididos en otras fuerzas de tareas. El poder naval principal estaba constituido por la Flota de Mar (FLOMAR), al comando del CL Humberto Barbuzzi que apoyaría las acciones en este teatro insular. La escuadra naval agrupaba al crucero A.R.A. “General Belgrano” y los buques artilleros y misilísticos (tres nuevas corbetas y nueve viejos destructores)[17], la aviación embarcada en el portaaviones A.R.A. “25 de Mayo”; la tercera escuadrilla aeronaval de ataque  (12 aviones Skyhawk A4Q, de los que 5 se configuraron como interceptores y el resto como bombarderos) y la escuadrilla antisubmarina  con 3 aviones Grumman S2A y S2E Tracker  junto a 3 helicópteros Sea King, y los buques petroleros, y logísticos de apoyo.

 

Portaaviones A.R.A. “25 de Mayo” con su ala aérea embarcada en esos días (observar las mallas antimisiles, pertenecientes a los antiguos acorazados Moreno y Rivadavia)

 La Fuerza de Submarinos, bajo el comando del CNCD Raúl Marino, con los submarinos Salta y San Luis, y los sumergibles Santiago del Estero y Santa Fe, actuaba independientemente cerrando los accesos al área. Disponía del apoyo de los Avisos “Comandante Irigoyen”, “Francisco de Gurruchaga” y un buque tender o de apoyo, el pesquero Aracena (CC Ricardo Aumann) equipado y modificado al efecto. Sus naves tuvieron contacto sonar y hasta visual de sumergibles y buques contrarios.

 

Áreas de patrulla de los submarinos

 El proceso de planeamiento fue largo y cambiante con las circunstancias políticas y la relación de fuerzas desplegadas. Así cambiaban también los objetivos y las maniobras para lograrlos.

 Vale aclarar, que un serio condicionante del planeamiento y más hacia la concepción táctica de las operaciones y el despliegue de medios, era el hecho que la mayor parte del equipamiento militar de ambos países era obsoleto y muy antiguo. Su estado operativo era un factor limitante.

 En todo caso, las nuevas unidades como los aviones A4Q, las lanchas rápidas tipo “Indómita”, los vehículos anfibios a orugas de la infantería de marina (VAO), los submarinos tipo 209 “Salta” y “San Luis”, las corbetas misilísticas A69 (“Drummond”, “Guerrico” y “Granville”), los misiles Exocet AM38, eran elementos desequilibrantes pero aislados y escasos frente a la magnitud del teatro. Todo cambiaría en el inventario militar de las armadas australes después de 1982, al arribar a Argentina las compras realizadas como enseñanza de esta experiencia (destructores y corbetas MEKO 360 y 140, Misiles MM40, aviones Super Etendard con misiles AM 39, submarinos TR 1700, sistemas antiaéreos Flycatcher para IM, etc.) y a Chile el equipamiento cedido por Gran Bretaña luego de la guerra de Malvinas (Fragatas tipo 21 y 42, por ejemplo) y las adquisiciones con fondos de la Ley del Cobre.

 Asi pues, en la zona septentrional de la isla de Tierra del Fuego, se desplegó prácticamente la totalidad de la Infantería de Marina, con cabecera en la ciudad de Río Grande. Este sector, sin un puerto apto, disponía solamente de las costas de Caleta La Misión, donde operaba el Buque de Desembarco BDT A.R.A. “Cabo San Antonio”, que se varaba en la playa y bajaba rampas y pontones.

 La fuerza militar asignada incluía toda la Brigada de IM N°1 (BRIM N° 1), es decir los batallones de línea BIM 1, BIM 2 y BIM 3, con la artillería de campaña provista por el BIAC y la defensa antiaérea del BIAA, comunicaciones (BIC1), comando y logística de campaña (BIAC). Fue reforzada por el BIM 5, los BIM 6 y 7 (creados para ese hecho histórico), la masa del Batallón de la PNA “Albatros” (igualmente de reciente creación), un grupo de ingenieros anfibios de IM sumados a un equipo de la Compañía de Ingenieros 7 del Ejército y fuerzas especiales de la Agrupación de Comandos Anfibios (APCA), para las acciones profundas en el dispositivo contrario. Contaba con más de 12.000 hombres.

 La brigada adoptó posiciones defensivas, lista a pasar a la ofensiva, como parte del Esfuerzo Estratégico Operacional Secundario (EEOS) con eje hacia Punta Arenas, presionando desde el sur del Magallanes y eventualmente apoyar el esfuerzo principal con un asalto anfibio cruzando el estrecho.

 A su frente se apreciaba el despliegue de una compañía reforzada del poderoso Regimiento de Infantería 10 “Pudeto” del Ejército de Chile, en el sector norte, y otra del renombrado Destacamento de Infantería de Marina “Cochrane”, en el flanco sur, a orillas de Bahía Inútil.

 Así, la infantería de marina apoyaría la ofensiva continental en el Teatro de Operaciones Austral, con su Esfuerzo Estratégico Operacional Principal (EEOP) con su eje de Río Gallegos a Punta Arenas. Su masa de soldados (tiradores de las compañías) estaba nutrida por soldados conscriptos, de excelente actitud y rendimiento, como demostraría cuatro años más tarde con su desempeño integrando el BIM N°2 y el BIM N°5 en la Guerra de Malvinas.

 Los batallones 1 y 2, se situaron a ambos lados de la Bahía de San Sebastián; el primero al sur y el segundo al norte de ésta en Estancia Cullen, con una sección de vehículos anfibios a oruga (VAO – LVPT7) y otra de ingenieros. Poseían apoyo de fuego de una batería de obuses de 105 mm. del Batallón de Artillería de Campaña (BIAC). Sus objetivos operacionales eran la conquista de los campos petroleros chilenos de Cerro Sombrero, luego las angosturas del estrecho y con ello el acceso terrestre a la isla por el paso de transbordadores de Bahía Azul, presionando el flanco izquierdo de El Porvenir.

 La dinámica y ritmo estratégico, dadas por el poder de fuego relativo, eran altamente importantes para asegurar la conquista de esos objetivos estratégicos operacionales (OEO) dentro de las 48 horas, lo que permitiría retenerlos como moneda de cambio diplomática. 

 El BIM N°3 motorizado estaba un poco más al sur de éstos, sobre los bajos de Filaret, en cercanías del obrador de la estación petrolera Cruz de Plata, también con apoyo directo de obuses de 105 mm. del BIAC, cañones 105 mm. sin retroceso y la primera generación de misiles (los filoguiados “Bantan”) de la compañía antitanque del Batallón de Comando y Servicios (BICA). Tomaría posiciones defensivas en Sierra Cabeza de León hacia el sur (un extenso frente de 42 kms.) o bien se proyectaría ofensivamente hacia San Sebastián en Chile, dependiendo de la evolución de las operaciones iniciales.

 El BIM N°5 el único con asiento permanente en la isla y componente de la Fuerza de Infantería de Marina N°1 (o Fuerza de Infantería de Marina Austral), se desagregó de ésta y tomó posición al sur de Río Grande en proximidades de la Estancia María Behety, como reserva del flanco izquierdo de la maniobra, reforzado por una batería de artillería de campaña con obuses de 105 mm. y sus propios morteros de 106 mm.

 Este batallón debía actuar sobre las fuerzas de El Porvenir y bloquearlas, en un esfuerzo secundario del que se ejecutaría al norte de la isla (BIM N°2 y BIM N°1), como una pinza. Su compañía “M” (o “Mar”) mecanizada con una sección de 12 VAO se dispuso en Estancia San Julio, sobre la frontera, con sus secciones completas como equipo de combate[18] (más de 150 hombres en cada una) como punta de las acciones. Sería apoyado por el BIM N°3.

 El BIM N°6 fue formado ad-hoc con personal de cuadros de la Infantería de Marina disperso en otros destinos y puestos administrativos de la Armada, sobre la estructura del Batallón de Seguridad de Puerto Belgrano. Se adiestró prontamente en las célebres arboledas de Cornago, en la Base de IM “Baterías”, provincia de Buenos Aires. Este batallón novicio cubría el ala suroeste del BIM N°5. Desde posiciones en Estancia San Julio, próximas a la frontera, debía tomar las alturas que dominan Bahía Inútil, y confluir posteriormente sobre El Porvenir.

 El BIM N°7 se alistó con el cuerpo de aspirantes de la Escuela de Suboficiales de la IM (Mar del Plata) y constituyó la reserva operacional de toda esa amplia línea isleña, acampado en Estancia Sara.

 Tal como se ha expuesto, la mecanización de los elementos de despliegue fue brindada del Batallón de Vehículos Anfibios (BIVH), apostado en la misma Estancia Sara, con los vehículos a oruga (VAO), formados a dos secciones de 9 móviles, con uno de reserva, uno de recuperación y otro de comando. Una tercera sección, de anfibios a rueda (VAR), 15 en total, fueron trasladados a Ushuaia, para dar apoyo logístico y proveer transporte a la fuerza de Infantería de Marina allí dispuesta (FAI1). Todos estos grandes vehículos anfibios llegaron a la isla a bordo del viejo buque-dique ARA “Cándido de Lasala” y fueron desembarcados con la nave a flote en Caleta la Misión.

 En el mismo establecimiento ganadero antes citado se acomodó también la escuadrilla de helicópteros Puma del Ejército Argentino, que transportaría tropas en el asalto aéreo a las islas menores disputadas.

 La cobertura de fuego de la Brigada de IM N°1 la brindaba el Batallón de Artillería de Campaña (BIAC). Con su jefatura asentada en San Sebastián junto al Comando de Brigada, había distribuido sus 4 baterías de 105 mm (dos de ellas con obuses Otto Melara y las restantes con cañones norteamericanos NA), formadas de a 6 piezas, en apoyo directo de los batallones 1, 2, 3 y 5. La batería de 6 obuses de 155 mm, con su mayor poder y alcance, brindaba apoyo general a todo el frente.

 La defensa aérea del dispositivo militar y de la ciudad norteña de la isla, la proveía el Batallón Antiaéreo (BIAA) que defendía la Base Aeronaval Río Grande, con sus dos baterías, la primera de cañones rápidos Hispano-suizos y la segunda de misiles Tiger Cat.

 La defensa y seguridad urbana era garantizada por el Batallón “Albatros” de la Prefectura Naval,  creado en esos días con la concepción de una unidad de infantería de línea. Si bien el grueso de su personal se instaló en Río Grande, con la misión de mantener el orden y garantizar el gobierno civil, al iniciarse las hostilidades, y era también una reserva general, una de sus compañías y su equipo de fuerzas especiales pasó a la defensa de Ushuaia.

 La Aviación Naval no embarcada, es decir, los aviones de instrucción (con armamento) Mentor,  los Aermacchi 326 GB  de la Primera Escuadrilla Aeronaval de Ataque y los viejos North American T-28 “Trojan” de la Segunda Escuadrilla Aeronaval de Ataque, más los helicópteros de ataque (Alouette III) y transporte (Sea King), al mando del CNAV Roberto Benito Moya, fue asignada en apoyo de ambos sectores insulares, con su puesto de comando en la Base Aeronaval Río Grande y sus medios desplegados en aeródromos de campaña.

 En el área meridional, al sur del lago Fagnano, a órdenes del COZI, se integró la Fuerza de Tareas 42, con la Agrupación de Lanchas Rápidas (Grupo de Tareas GT 42.1), reforzada con la Agrupación de Buzos Tácticos, un Grupo de Minado y el Destacamento Naval de Playas, el Grupo de Tareas Anfibio (GT 42.2) propio del Comando de la Fuerza de I.M. Nº 1 (FAI1)[19], con aproximadamente 700 hombres, para la proyección de fuerzas a las islas defendidas y  finalmente un Grupo de Tareas Aeronaval, con los medios de aviación naval antes descriptos, que para sus misiones en esa parte de la isla conformaba el GT 42.3

 Por otra parte estaba la Agrupación de Defensa de Ushuaia, conformada por la Compañía de IM de la Base Naval, una compañía de infantería del Batallón “Albatros” (PNA),  una sección de comandos de ese mismo batallón y las dotaciones de artillería costera y antiaérea. Juntos sumaban unos 680 hombres.

 La Fuerza de Infantería de Marina N°1 o Austral es una unidad de combate autónoma, usualmente asignada al litoral patagónico, por lo que está equipada e instruida para el frío monte fueguino. Está normalmente integrada por sólo dos batallones, el BIM N°4 y el BIM N°5, lo que constituye una excepción, pues todas las demás fuerzas maniobran como organizaciones ternarias, es decir en equipos de tres unidades. Para este conflicto, la FAI1 fue desmembrada, y mientras el BIM N° 4, que  provenía de su asiento en Trelew, permaneció a sus órdenes, el segundo elemento (el BIM Nº 5), fue incorporado al grueso de la Brigada de IM en posiciones cercanas a su acantonamiento habitual en Río Grande, como ya se ha dicho.

 El grupo de tareas 42.2 estaba formado por el BIM N°4 (+)[20] y la sección de vehículos anfibios a rueda (VAR) para motorizarlo. Fue acomodado en el Colegio Nacional N°1 “José Martí”, en el centro de la ciudad capital, y en un vivac[21] junto al río Pipo. 

Precisamente el BIM 4[22] era la unidad anfibia de la operación en el sur. Estuvo formado por dos compañías de tiradores (“Kaiken” y “Jaguar”), más las de comando y apoyos, un Estado Mayor y una fracción sanitaria. En los momentos próximos al inicio previsto de las acciones, fue engrosado por una tercera compañía de tiradores del Ejército (la Compañía “Leopardo”). Para esta tercer subunidad, el Ejército había seleccionado su gente y designado entre los oficiales a algunos hijos de generales en actividad. De esa forma el batallón 4 quedaba orgánicamente completo (con tres elementos de línea) y bien alistado para combatir, superando los 600 hombres.

 El “4 de línea” tenía dos juegos de planes, unos defensivos y otros ofensivos, dependiendo de la evolución de la situación y de las órdenes que se le impartieran. Así es que tanto tenía previsiones para proteger la ciudad de Ushuaia, entre el Río Olivia y el Río Pipo, o bien para actuar ofensivamente, proyectándose en operaciones anfibias, como mejor caracteriza a la IM.

 Esta última era su misión prioritaria. Para el caso, se planeó una maniobra helitransportada y conjunta (es decir compartida con el Ejército y la Fuerza Aérea). Su objetivo final[23] era la toma de posesión de cuatro islas menores de la zona litigiosa (Evout, Hornos, Barnevelt y Deceit).

 Esa acción partiría en los helicópteros de transporte y carga, desde Lago Fagnano, repostando combustible en el aeródromo naval “Frutilla”, implementado en Bahía Aguirre. El despliegue sería efectuado con aproximadamente nueve aeronaves medianas y grandes de las tres fuerzas (1 Sea King de la Armada, un Puma del Ejército y siete Sikorsky de la Fuerza Aérea) del GT 42.3. que decolarían desde Río Grande y las estancias en que se habían distribuido. Las defensas de las islas serían previamente “ablandadas” con raids de bombardeo desde el portaaviones.

 A la fracción de comandos de la Prefectura que se había destacado a Ushuaia, se asignaron misiones especiales tras la frontera de la Isla Grande.

 La fuerza aeronaval insular (GT 42.3), tenía su base principal en Río Grande, pero había desarrollado y equipado más de diez bases de campaña en Lago Fagnano, Lago Yehuin, Bahía Aguirre, Puerto Español y varios puestos ganaderos, además de adaptar sectores asfaltados de la ruta Nº3, como pistas de ocasión. En cada una de estas estaciones secundarias se desplegaron secciones de aviones T28 y Aermacchi, con mecánicos, repuestos, combustible y fracciones de seguridad.

 Los helicópteros mayores de las tres fuerzas, se retuvieron hasta último momento en Río Gallegos para luego desplegarse a Río Grande y sus pistas auxiliares cercanas. Con ellos se apoyaría a la Infantería de Marina en ambos frentes y particularmente trasladaría al GT 42.2 en su movimiento a sus objetivos marítimos.

 La escuadrilla de los más pequeños y versátiles helicópteros de ataque, con el orden de 12 aeronaves SA 316 B Alouette III de la  Escuadrilla Aeronaval de Helicópteros, se estableció tempranamente, en un campo preparado en el Valle de Andorra. Su misión consistía en explorar la costa sur del lago Fagnano, alertar sobre incursiones aéreas por el sector noroeste hacia Ushuaia, así como patrullar el Beagle para neutralizar su empleo por las lanchas torpederas y las unidades navales de superficie chilenas, apoyando a las patrulleras propias del GT 42.1.

 

Las defensas terrestres de Ushuaia y el Canal Beagle

 Cuando hablamos de defensas terrestres, la reciente novela de Arturo Pérez Reverte “El Asedio”, nos ilustra magistralmente acerca de las vicisitudes de una ciudad sitiada, refiriéndose al acoso francés a la ciudad de Cádiz en 1811. De igual modo que las murallas gaditanas, gran cantidad de baluartes y dispositivos defensivos han hecho historia; muchos se conservan aún.

 Aparte de los conocidos castillos medievales europeos, podemos permitirnos citar algunos ejemplos de fortalezas, las líneas francesas Maginot en el frente con Alemania (1931) y la Alpina en la frontera con Italia; la alemana línea Sigfrido opuesta a la primera y su predecesora homónima de 1916, la famosa Muralla del Atlántico en Normandía (1942 a 1945), la Panther-Wotan del frente oriental germano, sobre el río Dniéper (1943), las líneas Gustav y Bernhardt del III° Reicht (en Italia, 1943), el fuerte Eben-Emael de Bélgica (1931-1940), la línea Mannerheim de Finlandia (1921-1940), y los fuertes de la costa este de los Estados Unidos siguen en pie. Hubo incluso fortalezas marítimas, construidas sobre rocas (p.e. Fort Boyard, francés) o sobre plataformas artificiales (como los fuertes Maunsell de Gran Bretaña).

 Estas complejas obras de ingeniería, que los diseños del mariscal napoleónico Sebastien Bauban y el ingeniero francés Marqués René de Montalembert[24] transformaron en una ciencia particular, costosa y sofisticada, se han preservado como museos, parques y reservas naturales.

 En Latinoamérica se conocen los fuertes de Puerto Rico (San Felipe), Santo Domingo, Haití, Montevideo, El Callao (Perú), Valdivia (Chile) y Río de Janeiro (Brasil), por citar algunos ejemplos que han adquirido fama turística, aunque otrora cada ciudad y puerto era defendido por bastiones y murallas artilladas.

 Incluso los hubo en nuestro propio país, aunque la mayoría de ellos hayan sido derribados para dar cabida al crecimiento urbano (el fuerte de Buenos Aires y la Fortaleza Protectora Argentina de Bahía Blanca son elocuentes demostraciones de ello). Sin embargo, hay algunas excepciones como la pequeña batería de la Ensenada de Barragán de la época colonial[25], que se conformó en un sitio histórico municipal. De igual modo, se conservan modestas  reconstrucciones de algunos fortines del trazado de la zanja de Alsina y de otros de las campañas contra los malones indígenas.

 Otro caso más sofisticado en nuestro territorio es el monumental frente de baterías costeras amuralladas en la ría de Bahía Blanca de 1898[26], levantada durante la génesis de los desacuerdos con Chile en el siglo XIX. Una de sus baterías, completa, fue transformada en museo de la Infantería de Marina. Lamentablemente esa ciudad bonaerense no ha conservado la Fortaleza Protectora Argentina, erigida en el centro de su casco urbano para contrarrestar los malones indígenas que la asolaban desde el sur y el oeste. 

 La Argentina, en Tierra del Fuego, tiene sus propios tesoros ocultos, que guardan su esencia de pionera austral. En Ushuaia y en el precario puerto de Almanza, quedan todavía las huellas de la determinación de la nación por resguardar su territorio, con sendas baterías.

 En este mismo marco geográfico sureño, la República de Chile hizo lo suyo en la vecina base naval de Puerto Williams, en la Isla Navarino con el emplazamiento de obuses[27] de Punta Trucco y Caleta Róbalo, frente a Almanza y de Santa Rosa, canal de por medio con Ushuaia.

 Como dijimos antes, la protección de los accesos marítimos por el Canal Beagle a Ushuaia fueron cerrados desde ambas direcciones, con defensas costeras artilladas, que la protegían de la incursión por superficie de naves chilenas. Una de ellas, iniciada en 1968, la batería Libertad, cubría el acceso oeste y el paso Murray, mientras que en 1977 se montó otra para obstaculizar el ingreso oriental, por el Paso Mackinlay, la batería Independencia, en Almanza.

 Estas dos grandes baterías de cañones antisuperficie eran complementadas por otros tres cañones móviles de 105 mm sin retroceso Czekalski de dotación de la Compañía de Infantería de Marina que brindaba seguridad a la Base Naval Ushuaia Almirante Berisso[28] (y se mantenían en reserva en la para el despliegue oportuno, si se producía un desembarco o incursión anfibia), un dispositivo antiaéreo, un plan de minado marítimo (para ser realizado si se iniciaban acciones bélicas efectivas). Ello se sumaba al despliegue de una fuerza naval de superficie (Agrupación de Lanchas Rápidas), una escuadrilla helicópteros aeronavales de ataque (EAH1), una unidad de Infantería de Marina (BIM 4) y un batallón de fuerzas especiales de la Prefectura Naval (el recientemente creado Batallón Albatros) para cubrir los espacios terrestres y objetivos vitales.

 En la mitad boreal de la isla, se desplegó la Brigada de Infantería de Marina al mando del contraalmirante Abriata. Su orden de repliegue, al finalizar la operación, incluía la directiva expresa de tapar todas las fosas y trincheras, remover los obstáculos contra blindados y volver las instalaciones y campos a su estado original. Salvo algunos bunkers abandonados, sólo quedan allí, pintados de blanco en los techos de sus galpones de esquila, los números asignados a las estancias para identificación y orientación de los pilotos aviadores, cruces rojas en los hospitales y banquinas ensanchadas para aterrizaje, en la ruta nacional. 

 Hacia fines del año 1978, cuando el desenlace militar era casi un hecho, se había completado la formación de dos baterías principales (Libertad y 25 de Mayo) con 4 piezas Bofors de 105/41 mm cada una y defensa aérea de 40/60 mm (tres en la primera y dos en la segunda de ellas), además de otros dieciséis cañones antiaéreos en los demás objetivos en torno a la ciudad de Ushuaia y otras armas menores, con sus depósitos de munición, centrales de dirección de tiro y refugios para el personal de servicio de pieza, demostrando estar listas para la defensa de la ciudad.

 Características de las baterías y sus armas

 1.    Batería Libertad[29]:

 Esta batería fue armada a partir de febrero del año 1968, luego del provocativo ingreso a aguas interiores argentinas, en la Bahía de Ushuaia, de la lancha torpedera chilena Quidora.

 La primera medida posterior al citado incidente, fue instalar un cañón de 40/60 mm[30] en la península del viejo aeropuerto, con guardia permanente con comunicación telefónica alámbrica con la Central de Operaciones de Combate (COC) de la Base. Otras disposiciones presidenciales (del Gral. Juan Carlos Ongañía) destinaron a esa ciudad austral dos lanchas torpederas argentinas (A.R.A. ALAKUSH y A.R.A. TOWWORA), las que conformaron las primeras unidades de combate con asiento permanente en el sur argentino y fueron la cimiente de la Agrupación de Lanchas Rápidas 

Luego se instaló en la cima de Monte Gallinero (un sector alto en el límite oeste del ejido urbano de Ushuaia), desde principios de los años ‘70 sobre la base de los famosos cañones alemanes antitanque Krupp de 88 mm. (Flak 18/36/37/41). Uno de ellos permanece como elemento decorativo en el mástil interno de la Base Naval Ushuaia, otros ornamentan la plaza de armas del BIM 5 en Río Grande. 

En los prolegómenos del momento más álgido de tensiones, en 1978, se modernizó el complejo, cambiando sus cuatro piezas principales por cañones Bofors de 105/41mm[31],  de torre acorazada.  

Cañón de 105 mm.de la Batería en acopio en la BNUS (año 2009)

 

Cañón de 40/60 mm. de la batería en acopio en el IBUS (año 2009), con capas de tubos.

 Esa batería ya estaba instalada en una elevación (conocida como Monte Gallinero) sobre los límites de la ciudad de Ushuaia y cubría el acceso occidental del canal, la boca del Paso Murray, la Bahía Golondrina y, por tiro por sobreelevación, la Bahía Ushuaia. Preveía el fuego de contrabatería sobre los puestos de Santa Rosa y Navarino, en la isla homónima, donde se conocía por Inteligencia y fotografía aérea que había una batería de obuses[32] de 120mm chilena. Junto a ésta, se encontraba el edificio del Casino de Oficiales (alojamiento de oficiales en tránsito) de la Base Naval, que oficiaba de alojamiento y comando.

 

Croquis de la Batería 

Para terminar esta posición defendida, se excavaron en el suelo pedregoso y húmedo, trincheras de arrastre, entre todas las armas, alojamientos y santabárbaras. Los túneles fueron protegidos con una cubierta superior de troncos, chapas y tierra. Esto permitía vincular en forma segura y sigilosa todos los sitios ocupados por el personal, incluso del fuego directo, además de mantenerlos ocultos y enmascarados desde el cielo.

 Al terminar, se probaron todos los cañones con salvas de adiestramiento, según indicaban las normas del momento, agotando incluso el doble de la cantidad de munición prevista. Todas las ejercitaciones de tiro fueron evaluadas por la Dirección de Armas Navales, certificando su eficacia y aprobando la batería para su uso operativo.

 Esta batería tenía así una conformación de armas similar a la todavía puede observarse instalada abordo de los patrulleros A.R.A. “KING” y A.R.A. “MURATURE”, en Buenos Aires.

 La dotación (a 5 hombres por arma) estaba constituida por artilleros navales, gente de mar y la totalidad de efectivos de la Banda de Música (entonces más de 130 músicos) dirigidos por personal de control tiro de la Base Naval.

 Luego, en el año 1978, se construyó una Central de Dirección de Fuego (CDF) entre las piezas 3 y 4 (con un reloj conservador de distancias tipo ROCOR de Lutz-Ferrando (para mantener ángulos de tiro sobre blancos móviles) y anemómetro para determinar viento en superficie), túneles de arrastre zigzagueantes protegidos, depósitos de munición lista y defensas. Más tarde se le instaló un episcopio para telemetría, del crucero A.R.A. “9 de Julio”.

 El polvorín principal estaba en la cárcel, complementado con pozos de munición distribuidos en la ciudad.

  

 

Patio central o rotonda (nótense en las esquinas superiores las barandas de la planta alta) del Presidio de  Ushuaia en 1978 usado como depósito de munición.

 Efectuó pruebas y prácticas de tiro según se indicaba en el MYNACA (publicación reglamentaria de Métodos y Normas de Adiestramiento y Control de Artillería) sobre la península, sobre Islas Casco, Conejo, Dos Lomos y Bridges.

 Al momento de desafectarse, cerca de 1983, los cañones de 105 mm. habían disparado entre 93 y 215 tiros, mientras que los de 40/60 oscilaban entre 169 y 1912 salvas, dependiendo más que de su establecimiento en la isla de sus años de servicio a bordo de unidades de la antigua flota.

 

Estado actual del único montaje remanente en Monte Gallinero, apuntando al Oeste, con la ciudad en segundo plano, abajo (hacia el Este). A la izquierda y delante, dos cajas de munición lista, caídas. 

2.    Batería 25 de Mayo[33]

 A esta nueva línea se la denominó “25 de Mayo”, aunque en algunas referencias se la nombra “Independencia” y fue montada en 1978 en proximidades del Puesto de Vigilancia y Control del Tráfico Marítimo (PVyCTM) Almanza, enfrentando a Puerto Williams, que era (y es todavía en el comienzo del siglo XXI) un apostadero de la Armada de Chile. Allí ese país había establecido sus propias líneas de artillería.  

 Constaba de 4 torres de 105/41mm Bofors con coraza que se ce complementó con una batería móvil de 3 piezas antitanque de 105mm sin retroceso Czekalski y 2 montajes móviles bitubo de 40/60mm Breda Bofors para su propia defensa antiaérea de punto. Además se construyó una plataforma para la operación de helicópteros.

 La batería fue instalada por personal del Departamento Armamento de la Base Naval  Ushuaia, que transportó las piezas Bofors de 105 mm. con carretones y trineos (tipo anguilera) remolcados desde Ushuaia. Los cañones de 40 mm se llevaron sobre carros de Krupp modificados.

 Todos los montajes y los dos carros de transporte de las armas AA se encuentran aún instalados en Almanza en estado operativo, mantenidas por la Base Naval Ushuaia “Almirante Berisso”.

 Su dotación era conformada con personal de refuerzo en la zona, trasladado en previsión del conflicto, y de las áreas de servicios de la Base Naval, a 5 hombres por pieza.

 No efectuó tiros de práctica para permanecer oculta al enemigo potencial. 

Croquis de la Batería 25 de Mayo en Almanza

 

Vista de una pieza de 105 y su campo de tiro frente a Almanza

        

 

 

Montaje de 40/60 de Almanza con capa en tubos, sobre afuste de Krupp 88.

Atrás se nota el albardón de un cañón de 105 mm

 

Carro de transporte de cañón Krupp, modificado. Expuesto en el PVCTM Almanza

 

 

3.  La Defensa Aérea

 Para la protección del resto de los puntos estratégicos del sur de Tierra del Fuego, configurados en Ushuaia por el aeropuerto, la planta de combustibles Orion de YPF, la Intendencia Naval (con sus acopios logísticos), el muelle y la misma Base Naval, la tarea fue más compleja, aunque se limitó al establecimiento de la defensa aérea puntual, con los mismos cañones Bofors 40/60 y ametralladoras dobles de 20 mm.

 Primeramente, hubo que determinar la mejor ubicación de las baterías antiaéreas, en cercanías de cada objetivo a custodiar. Si bien el corredor marítimo estaba obviamente delimitado por el Canal Beagle, las vías de aproximación aéreas, en cambio, hubieron de ser establecidas en forma práctica. Para poder hacerlo se destinaron dos helicópteros navales SA 316 B Alouette III (de la EAH1 a cargo del entonces TNCD Espilondo), sin limitaciones de horas de vuelo. Estas aeronaves sobrevolaron diariamente cada una de las zonas importantes con el TFIM Marín, reproduciendo en sus vuelos los perfiles de ataque de los aviones de bombardeo, encontrando así la posición ideal para cada pieza.

 La defensa antiaérea (AA) se diseñó con la distribución de 21 montajes 40/60mm Breda Bofors fijos (bitubo tipo “B”); uno de ellos monotubo (tipo “C” de 1700 kgs de peso) y 4 móviles (sobre afustes modificados pertenecientes a los viejos cañones antitanque KRUPP 88).

 El sistema, meticulosamente diseñado, se distribuyó según el siguiente orden:

 a.    (7) siete piezas en la península, en protección del viejo aeropuerto (único entonces – 1978) y la Base Aeronaval Ushuaia.

b.     (9) nueve en la Base Naval, defendiendo el Comando, la Intendencia Naval, el Hospital naval y  la Planta de Combustibles de YPF “ORION”. Todavía se visualizan restos de una pieza sobre el Hospital Naval y los terraplenes de protección de otras junto a la Usina eléctrica auxiliar de la Base Naval y en el perímetro de la Intendencia Naval.

c.    (3) tres en Monte Gallinero (Batería Libertad), Ushuaia.

d.   (2) dos en Almanza (Batería 25 de Mayo).

e.    Se colocaron algunos afustes complementarios de ametralladoras Browning 20 mm. en montajes dobles.

 Las piezas eran cubiertas o tripuladas por gente de mar y servicios, con cinco (5) hombres por cañón. Tenían taquillas de munición lista (almacenes o santabárbaras) en sus cercanías y parapetos o albardones defensivos.

 Los montajes móviles colocados como defensa en Almanza, permanecen allí con sus carros de transporte. Otros tres afustes fijos se encuentran en depósito en cercanías de automotores de la Base Naval de Ushuaia, mientras el resto se ha replegado y reutilizado como material ornamental.

 En Río Grande, la cobertura antiaérea fue brindada por el Batallón de Artillería Antiaérea (BIAA) de la IM con su batería de 12 cañones rápidos (11 tiros por segundo) monotubo hispano-suiza de 30 mm. y los tres lanzadores de misiles radioguiados Tiger-cat, casi en la Base Aeronaval “Almirante Quijada”[34]. Luego de establecerse el área vital (que incluía la pista del aeropuerto) y las vías de aproximación aérea, se colocaron las bases lanzadoras triples de misiles en un triángulo isósceles integradas a los cañones que abarcaban la integridad del perímetro. Sin radares de detección temprana, ni dirección de tiro remota, hubieron de desplegarse observadores del aire (ROA) y vigías, adelantados. Estos se complementaron con la red más amplia que daba alarma a todo el dispositivo insular. 

 El equipo completo del batallón antiaéreo (BIAA) fue llevado a la isla por el A.R.A. “Cabo San Pío” (Q50), un BDT americano de la II GM (ex-LST 542), con la proa soldada, descargado en Ushuaia y cargado hasta sus posiciones en camiones contratados. Luego, ese material completo se perdió en la Guerra de Malvinas. En esas otras islas, fue distribuido en la periferia de la zona de apoyo logístico (ZAL) y el puesto de comando de Puerto Argentino, donde uno de sus Tiger-cat produjo el derribo de un Harrier inglés, el 1º de mayo de 1982.

 En la Base Aeronaval Río Grande la Central de Operaciones de Combate (COC) se instaló en un bunker construido para ese efecto. Luego fue reacondicionada y empleada para dirigir casi la totalidad de la Operaciones Aéreas Navales de la Aviación Naval en Malvinas en 1982.

Interior del búnker de la COC de la Base Aeronaval Río Grande

 Muchas pistas de estancias fueron acondicionadas para el despliegue de la Aviación Naval y también se construyeron sitios reforzados para proteger las aeronaves aterrizadas y sus depósitos de repuestos y municiones.

 

 4 El bloqueo marítimo

 Como parte de la defensa del canal, y para cerrar el paso a embarcaciones importantes que pudieran incidir sobre Ushuaia o abastecer las líneas y bases en Navarino, se estableció un plan de minado marítimo en una zona estratégica del Beagle.

 El esquema defensivo fue diseñado sobre la base de las minas inglesas M Mk 1 con actuadores de influencia, es decir con espoletas de activación por la alteración del campo magnético o por la variación acústica (ruido de hélices y motores) que produce el paso de un navío. Su fijación al fondo estaba prevista sobre los calzos MK 17, con un cable u “orinque” de sujeción a un carro de hierro de gran peso.

  Su objetivo principal era cerrar el acceso occidental del Canal Beagle a la altura del Islote Perón y el paso Murray, por eso se preveía el sembrado de las minas en la boca de ese paso.

 Dada la particular hidrografía del área, en función de sus profundidades, corrientes y obstáculos se realizó, con antelación y secreto, un detallado estudio con la participación del Servicio de Hidrografía Naval.

 Para el momento del establecimiento del campo, el Grupo de Minado, integrante del GT 42.1, se posicionó sobre un pontón mediano (30x5x1,2 mts.), del inventario del Buque de Desembarco de Tanques (BDT) A.R.A. “Cabo San Antonio”, adaptado con rieles de lanzamiento, reforzado con una pantalla parabalas, camoufflado como chata y tripulado por dos oficiales y cuatro suboficiales.

 Este artefacto era autopropulsado con dos motores Schottel fuera de borda y portaba del orden de 32 cargas desde las proximidades de Isla Redonda.

Ponton del San Antonio

 Todo ese equipo llegó a bordo del Buque Dique A.R.A. “Cándido de Lasala”, días antes del momento concebido para el inicio de las operaciones.

 El minado se realizaría en forma sigilosa y nocturna, navegando sobre la cartografía secreta referida geográficamente con el sistema Raydist, y guiada por  estaciones trianguladoras situadas en la isla Redonda y en la península Ushuaia.

 El dispositivo sería apoyado por las lanchas torpederas y la patrullera, que estaban ubicadas entre la Bahía Sáenz Valiente y la Bahía Lapataia, además de contar con el apoyo del puesto de vigilancia y control de tráfico marítimo (PVCTM) de Isla Redonda y un helicóptero de la Prefectura.

 En proximidad de esos lugares, se establecieron sitios de amarre y trincheras de protección armadas, como la que todavía se observa frente a la caleta “Cucharita”, al este de la ensenada Zaratiegui.

 Se esperaba oposición de piezas de artillería, que se estimaba se encontraban ocultas en la boca del pasaje Murray.

 

Patrulleras Clase Baradero en cercanías de Lapataia - En el morro posterior (occidental) nótese el reparo del techo de una vieja trinchera.

 5. Las fuerzas navales

 El Canal Beagle y las aguas archipielágicas de Tierra del Fuego son especialmente complejas para la acción naval, pues las unidades de superficie que las navegan se ven especialmente vulnerables al fuego costero y la acción aérea, particularmente de helicópteros armados. Sin dudas, los medios más idóneos, resultaron ser las veloces y dúctiles lanchas rápidas y torpederas, evolucionadas de los conceptos de la Jeunne École francesa, de las que se habían obtenido experiencias muy positivas en la Segunda Guerra Mundial, tanto en el Océano Pacífico como en el Mar del Norte y el Báltico, en los conflictos árabe-israelí, en el greco-turco por Chipre y en Vietman.

Towora

 Tanto para enfrentar a la escuadrilla de torpederas chilenas de la clase “Barceló”, como a otras unidades de superficie trasandinas que operaran en el archipiélago, cuanto para apoyar los traslados de tropas y equipos de la infantería de marina y fuerzas especiales a las islas, en el esquema orgánico del Comando de la Zona Insular (COZI), el Grupo de Tareas 42.1 era la Fuerza Naval “Sutil”, al mando del CFCD Ricardo Hermelo. El grupo alcanzó a tener más de 1300 cuadros, duplicando las dotaciones habituales, en previsión de bajas de combate, que se suponía serían cuantiosas. Estuvo conformado sobre las nuevas lanchas rápidas Intrépida e Indómita, las viejas torpederas Towwora y Alakush, la recientemente adquirida patrullera Baradero, dos buques logísticos destacados de la Flota de Mar, el aviso A.R.A. “Alférez Sobral” y el A.R.A. “Comodoro Somellera”, el Destacamento Naval de Playas con las embarcaciones de desembarco de personal y vehículos (EDPV) y las fuerzas especiales de la Agrupación Buzos Tácticos, con más de 100 hombres.

Lanchas rápidas argentinas

 Como base de apoyo logístico principal, se estableció un campamento en Bahía Relegada. Esa base, en realidad, se conformó sobre un vivac (campamento militar), con reservas de agua, combustible, munición y relevos de personal, con acceso por tierra por la ruta que se extendió en esos días desde Almanza. Sin embargo, carecía de muelles fijos y de edificios sólidos de mampostería.

 Una segunda base de suministros se montó, a flote, en Puerto Parry. Para esta tarea el BDD “Cándido de Lasala” junto a los avisos, trasladaron y fondearon (en una muy difícil maniobra), dos boyones (uno en la bahía interior y otro en la rada exterior) y una chata de combustible fue amarrada en el boyón interior. En ese pontón se cargaron 1.000.000 de litros de diesel con doble filtrado, o Gas Oil Naval (GON), para el reabastecimiento de las lanchas rápidas. Ese mismo chatón, sobrevivió muchos años allí, y todavía subsiste hoy como pontón de amarre en el muelle militar Comodoro Lasserre, en Ushuaia.

 Durante la misma acción preparatoria, se construyó un precario refugio en tierra, base del actual destacamento permanente Comandante Luis Piedrabuena en Bahía Parry.

 Otras bases de apoyo secundarias para las lanchas rápidas y avisos estaban en Bahía Aguirre, Puerto Español, Bahía Thetis y Harberton, abastecidas fundamentalmente de combustible en bidones y tanques inflables (pillow-tanks o coloquialmente llamados “sachets”).

 La “Intrépida” y la “Indómita” recibieron la misión de mantener la superioridad naval en la zona del canal, apoyar con el fuego artillero las operaciones de helidesembarco y proteger los movimientos de tropas de IM a las islas, actuando desde la base de Bahía Relegada, en combinación con los avisos Sobral y Somellera. Su amenaza principal de superficie eran las lanchas torpederas de Chile.

Lancha rapida con LP Zurubí

 Estas dos modernas unidades fueron transportadas por el Buque Dique de Desembarco  (BDD) A.R.A. “Cándido de Lasala” (CF Carlos Rucci). Justamente en uno de sus últimos viajes, sufrió un cruento incendio en la Bahía de Ushuaia que precipitó su desafectación del servicio. Habían sido adquiridas en 1976 a Alemania, experta en el tema por el uso de los famosos S Boots de la Schnellbootewaffe, en la II Guerra Mundial[35], e inicialmente fueron destinadas a la Flota de Mar en Puerto Belgrano, pintadas de gris “horizonte”. En 1978 se les aplicó un esquema de pintado de enmascaramiento acorde a la orografía y flora fueguina[36] y se transfirieron al Área Naval Austral, donde con sus torpedos filo-guiados de gran alcance (los torpedos alemanes SST4 de hasta 18 kilómetros de radio), un novedoso sistema de control tiro óptico y radarizado (el Signaal WM22) y la artillería rápida de gran calibre y precisión (el cañón Bofors de 76 mm con una cadencia de fuego de hasta 88 tiros por minuto y dos piezas Bofors 40L70mm) produjeron un importante desequilibrio local.

 Los dos avisos, el “Somellera” y el “Sobral”, de la Clase ATA, veteranos de la flota norteamericana en el Océano Pacífico, actuarían como sostén logístico móvil o “tenders” de las lanchas rápidas, además de participar en el transporte y apoyo de las fuerzas especiales y de las unidades de desembarco.

 Las antiguas torpederas A.R.A. “Alakush” (originalmente reconocida como P-82) y “Towwora” (P-84), junto a la “Baradero”, conformando el Grupo de Lanchas Torpederas (GRULA), estuvieron posicionadas en el flanco occidental (al oeste del paso Mackinlay), al mando del Comandante más antiguo (TN Olveira).

 Eran de las famosas “Higgins”, otra clase destacada en el teatro del Pacífico[37], y habían sido incorporadas a la Armada luego de la Segunda Guerra Mundial, en 1948, bajo la numeración Nº 3 y Nº 5. Originalmente tuvieron destino en la Escuadrilla del Río de la Plata, en la Base Naval de Río Santiago[38], con el BDT 6 como buque madre. En 1968 se constituyeron en las primeras unidades de combate con apostadero permanente en Tierra del Fuego, luego de la desafiante incursión de la torpedera chilena Quidora.  Recibieron sus nombres definitivos en 1974, ya definitivamente arraigadas en el Beagle, aludiendo a voces de la lengua autóctona yagán o yámana; alakush se refiere al localmente conocido “pato a vapor”[39], mientras que towwora significa “viento que pasa”[40].

 Adaptándolas a este nuevo ambiente, se modificaron ese mismo año ‘68; su puente alto fue cerrado, se calefaccionó la sala de máquinas y se recubrió la obra viva con un forro de placas de cobre, para evitar la acción del teredo (gusano marítimo xilófago o devorador de madera). De la misma manera se les instalaron dos nuevos generadores, para actualizarlas.

 Propio del nuevo teatro de operaciones, su artillería principal de 20 mm fue reemplazada por sendos montajes simples de 40 mm., lo cual se sumó al armamento original compuesto por dos lanzadores MK 50 de 5” de ocho cohetes MK 7 o MK 10 cada una, dos ametralladoras dobles de 12,7 mm, dos lanzadores de cargas de profundidad MK 6 y sus cuatro torpedos de corrida recta con espoletas de impacto de 22,5” (MK 13).

 Sus tanques de 10500 litros de aeronafta (JP1) estaban forrados con una protección autobturante para cerrar perforaciones. Esto demostró su utilidad cuando tras los combates aeronavales de la Revolución Libertadora de 1955, se encontró un proyectil en el tanque de una de estas lanchas de la Escuadrilla de Ríos.

 Por asesoramiento de la Infantería de Marina, su superestructura fue pintada con un novedoso camoufflage de tres colores sin brillo (negro, marrón y verde), e improvisaron su enmascaramiento costero con redes de pesca cubiertas de follaje.

 Estas precursoras de la Agrupación Lanchas Rápidas, formaron un grupo particular que dependía inicialmente de la Base Naval Ushuaia, con otras embarcaciones menores logísticas y de transporte (entre ellas la célebre e histórica lancha ARA “Zurubí” o Surubí, decana de la Armada, pero fuera de servicio en ese período, construida en 1947).

 Para el funcionamiento del comando de este Grupo de Lanchas Torpederas, originalmente formados por los cuatro oficiales que las tripularon (los segundos comandantes eran un maquinista y un artillero que oficiaban de jefes de los cargos y servicios respectivos de ambas), se acondicionaron locales del chaletcito que existe entre la cárcel y el largo edificio de la Jefatura de Base, donde estaba la central telefónica (donde ya entonces trabajaba “Titina”, la célebre y casi eterna telefonista de voz amable y aguda). Sus dotaciones de diecisiete suboficiales y dos conscriptos, habitaron, en esos tiempos, una de las alas del viejo presidio.

 Operaron allí casi solitarias en las aguas nacionales, junto a los avisos que hacían estaciones temporarias, hasta este momento histórico en que la fuerza naval austral se vio incrementada.

 Durante 1977, ya muy desgastados su casco, máquinas y equipos, fueron trasladadas a la Base Naval Puerto Belgrano, en el Cándido de Lasala, para una recorrida general. Allí se las carenó y se le cambiaron los motores por otros recorridos a nuevo en el Taller Aeronaval de Espora. Sin embargo, el calentamiento de la relación diplomática obligó a retornarlas a Ushuaia con las tareas inconclusas de modernización de su planta electromotriz y la electrónica de navegación y comunicaciones. Los nuevos generadores y el equipamiento de radar y comunicaciones se recibieron e instalaron a principios de 1979, cuando la crisis desescalaba.

 Ambas torpederas fueron desafectadas en 1984. La Alakush fue hundida ese año, en la Bahía Ushuaia, cerca del Faro Les Eclaireurs, empleada como blanco en ejercicios de artillería, mientras que la Towwora fue usada como pontón y luego varada en playas del club AFASyN[41] y transformada en pañol de embarcaciones. Iniciada su restauración en 2009, hoy está expuesta en cercanías de la antigua Base Aeronaval Ushuaia, en la orilla de La Misión.

 Durante el conflicto, se oponían fundamentalmente a las más modernas torpederas chilenas Guacolda, Fresia, Quidora y Tegualda, (construidas entre los años 1965/1966) de similar armamento y casco metálico.

 Como embarcaciones de menor escala, durante el año 1978 se adquirieron a Israel las cuatro lanchas patrulleras tipo “Dabur” (“avispa” en hebreo), reconocidas nacionalmente como clase Baradero, de diseño americano pero armadas en ese estado. Compradas para equipar inicialmente el Área Naval Fluvial, recibieron nombres de ciudades litoraleñas mesopotámicas.

 Sólo la primera, precisamente denominada A.R.A. “Baradero”, tras una breve estadía en el Río de la Plata, arribó puntualmente ese mismo año, incorporándose al Grupo de Tareas 42.1, operando con las torpederas, con el mismo  objetivo de controlar e interdictar[42] el tráfico marítimo en zona occidental del Beagle.

 Sus gemelas, la A.R.A. “Barranqueras”, la A.R.A. “Clorinda” y la A.R.A. “Concepción del Uruguay”, llegaron más tardíamente, en 1979, integrándose a la Agrupación Lanchas Rápidas, con asiento definitivo en Ushuaia[43].

 Pese a su menor eslora (20 metros) y desplazamiento (35 tons.) y a disponer de una velocidad limitada (apenas superan los 20 nudos), con sólo ocho tripulantes, consituyen una fuerza de superficie más, nada despreciable en poder de fuego, si se integraba en grupo o “manada de lobos”. Al llegar al país se le instalaron dos ametralladoras de 20 mm, otras dos de 12,7 mm. y sendos lanzacohetes múltiples de diseño nacional MK 1, para proyectiles “Martín Pescador” de 70 mm. Estos últimos fueron retirados en 1985, ya obsoletos.

 Este segundo elemento de tareas, el grupo de lanchas torpederas, montó su propia logística. Operó con un boyón fondeado en Sáenz Valiente y puestos de acecho construidos en los meses previos y normalmente durante las noches en Lapataia, la ensenada y los islotes del oeste del canal, con pontones y otros medios de amarre. Tuvieron un punto de apoyo con combustible en la ensenada, donde incluso escondieron entre la vegetación, un viejo Citroën 2CV anaranjado, de propiedad del comandante de la Towwora, como medio de enlace terrestre. 

 Las “embarcaciones de desembarco de personal y vehículos” (EDPVs) de casco de madera del Destacamento Naval de Playa, remanentes de la II GM, fueron llevadas a la zona por el BDD A.R.A. “Cándido de Lasala” y se concentraron en la Base Logística montada por el GT 42.1 en Bahía Relegada, desde donde trasladarían infantes de marina y apoyarían los desembarcos en las islas menores en disputa.

EDPV

 Algunas de estas EDPVs quedaron luego en Ushuaia para servicios marítimos. Al ser radiadas, a fines de la década de 1980, se adaptaron con estructuras de hierro, para ser lastradas y hundidas como base sobre la que se construyó el muelle de yates del club AFASyN.

 El despliegue y las posiciones de Chile[44]

 La República de Chile, coherente con sus reclamos sobre islas y aguas adyacentes y de la decisión argentina de proteger lo que consideraba propio, armó las costas bajo su control.

 Ya en esos tiempos la Armada de Chile tenía distribuidos en sus islas cincuenta y cuatro puestos de vigilancia y seguridad (PVS), con vigías permanentes y enlace radial con sus bases, como forma de ocupación y de custodia de los pasos principales.

 Fuentes chilenas describen hoy los preparativos en su suelo. No puede determinarse ahora su completa instrumentación real, y mucho menos la eficiencia de tales previsiones. El terreno condicionaba fuertemente la ofensiva, pero hace igualmente difícil su defensa, entre otras cosas por el aislamiento y el rigor climático al que se exponen los defensores en las islas, sin movilidad ni capacidad de apoyo mutuo.

 Los pasos trasandinos de la cordillera fueron obstaculizados con minas antitanque y antipersonal, incluso se presume que se habrían dispuesto armas químicas. En las proximidades de Punta Arenas y Puerto Natales, se implementaron sendos dispositivos, previniendo la ofensiva blindada desde Río Gallegos, a esos sitios neurálgicos del continente. Quedaba claro desde el principio que ni Tierra del Fuego, ni El Porvenir eran objetivos importantes.

 En los puentes se instalaron cargas de demolición, se adelantaron unidades de caballería armadas con cohetes perforantes antiblindaje y se prepararon campos de tiro nocturno, debidamente "jalonados" y pintados para evitar confusiones.

 Con el objetivo de proteger Punta Arenas a toda costa, se levantó una defensa en el área conocida como "cabeza de mar", ubicada a unos 56 kilómetros al norte de la ciudad y a unos 150 kilómetros de la frontera con Argentina. La línea defensiva se extendía desde el Seno Otway, por el oeste, hasta el Estrecho de Magallanes, por el este.[45] Se creó un dispositivo en profundidad, escalonando las posiciones de "erizo" que serían ocupadas por los tiradores, otras destinadas a armas automáticas de mayor calibre, lugares en donde se ubicarían los morteros y finalmente la artillería. Se definieron las zonas a batir, esto es, aquellas que estarían sujetas a un intenso fuego de artillería, para obtener el máximo efecto y poder destructor, impidiendo la irrupción masiva de vehículos blindados. En los pasos más probables, los chilenos construyeron zanjas antitanques, que se complementaron con el sembrado de minas.

 Paralelamente, se diseñó una maniobra que se reconoció como "Escorpión", que consistía en ataques de contragolpe que debían lanzar las unidades blindadas chilenas buscando el aniquilamiento de sus similares argentinas. Se preveía que fuera un movimiento sumamente violento ideado no sólo para destruir o capturar el material argentino, sino para disminuir o afectar la voluntad de combate de la fuerza incursora argentina.

 Cercana a Punta Arenas, la otra zona crítica era Puerto Natales. Allí se montó un dispositivo defensivo semejante al de ésta. Su vulnerabilidad se debía a su cercanía de la frontera, distante a no más de 15 kilómetros, a la escasa profundidad del terreno por su proximidad al mar y su aislamiento, lejana como está de otros apoyos.  

Para el caso de que los efectivos chilenos se vieran superados, el comandante de esa plaza recibió la orden de continuar la lucha, mediante una guerra de guerrillas. Con ese fin se escondieron diversos depósitos de armas y municiones.

 Por su parte, en las islas se establecieron fuertes campos minados en las playas. Actualmente todavía se encuentran intransitables grandes sectores de las Picton, Lennox, Nueva, Wollaston y Hornos, así como los laterales del embarcadero de balsas en Bahía Azul y la ruta que comunica con la Nacional 3 a Río Grande en Tierra del Fuego.

 Dentro mismo del Canal Beagle se establecieron baterías artilleras, en base a obuses de 120 mm. en caleta Santa Rosa (Puerto Navarino), frente a Ushuaia y en caleta Róbalo y Punta Trucco, cercanas a puerto Williams, frente a Almanza.

 La primera de ellas tenía desde su inicio el claro objetivo de batir la ciudad capital del territorio argentino. Estaba cubierta del contrafuego por las elevaciones costeras y era prácticamente invisible por el agreste follaje.

 En su cobertura del extremo occidental del canal, se presume apoyada por alguna pieza en cercanías del paso Murray.

 Las segundas, protegían el acceso oriental a la parte central del canal, al oeste del paso Mackinlay y harían fuego sobre Almanza y el camino costero a Harberton. La Armada de Chile conserva hoy con esmero la batería de caleta Róbalo, que se ofrece como visita turística, para preservar la conciencia sobre el esfuerzo que demandó siempre la custodia soberana de sus posesiones[46].

 En el sitio, pueden apreciarse los alojamientos del personal en improvisadas casillas de madera y la Central de Dirección de Fuego (CDF) sobre un vehículo anfibio a oruga (vulgarmente conocido como “Vinchuca”), semienterrado y enmascarado.

 En Punta Trucco, desperdigadas piezas sin coraza, ofrecen un espectáculo de mayor abandono y desprotección, pero igualmente intimidatorio.

 

Batería de Punta Trucco - Plano de Tiro

 En Puerto Toro (Navarino) y otras islas se establecieron asentamientos de la Infantería de Marina y tropas chilenas. Allí sembraron campos minados y construyeron casamatas, líneas de trincheras, posiciones de fuego y otros refugios para el personal.

 Obviamente, el paso del tiempo no ha terminado de borrar su huella y la memoria nacionalista no permite su olvido. Allí están aún.

 

Posiciones de trincheras protegidas en la península de acceso a Puerto Toro (Isla Navarino)

 Previamente al despliegue principal, se organizó un grupo de tarea llamado Rayo, conformado por una serie de unidades navales, entre ellas las barcazas Elicura y Orompello, el buque antártico Piloto Pardo y el transporte Aquiles[47], con 250 infantes de marina provenientes del Destacamento de Infantería de Marina Nº 4 Cochrane, embarcados en éste. Este grupo se envió a una bahía al sur del Beagle, con instrucciones de repeler cualquier intento argentino de tomar las islas.

 Igualmente, se apostaron  noventa efectivos de Carabineros a las islas, con la idea considerar un hecho policial y no un choque militar, cualquier incursión o ataque menor.

Obús de 120 mm. en Caleta Róbalo Pto.Williams - Chile (frente a Almanza) (año 2009)

 Ese dispositivo se reforzó posteriormente con tropas chilenas en las islas en conflicto, incluyendo a los archipiélagos Deceit, Freycinet, Herschel, Wollaston y Hornos.

 Escuadra de la Armada de Chile se ha había dividido en dos grupos de tareas de superficie: el GT “Alfa o Acero” (con el Prat, el Cochrane, el Blanco, el Zenteno y el Portales) y el GT “Bravo o Bronce” (con el Williams, el Riveros, la Lynch y la Condell, al que se incorporó luego el Latorre)[48]. Esta división fue en función del armamento principal, fuera artillero o misilístico (con misiles Exocet MM38), respectivamente.

 El primer grupo de tareas protegería el Estrecho de Magallanes, mientras que el segundo era la fuerza de choque, que actuando desde sus fondeaderos de guerra, en las islas del sur desde Bahía Nassau, buscaría incidir sobre la Flota de Mar argentina.

 Intentarían converger en dos fases u olas sucesivas, sobre el núcleo de la fuerza naval estratégica argentina, desde apostaderos ocultos bahía Nassau y desde el sudeste de Isla Hornos, o bien actuarían contra los elementos que intentaran desembarcar en las islas, como objetivo secundario. Indudablemente se encontrarían con el GT 42.1 de la Fuerza Naval Sutil.

 Su único submarino operativo, el Simpson, haría otro intento de bloqueo previo desde su santuario al sur de la Isla de los Estados y al este de las islas disputadas.

 Las torpederas chilenas[49] PTF Fresia, Guacolda, Quidora y Tegualda, patrullaban cercanas al Canal Beagle y las islas principales.

 

PTF de la Armada de Chile 

En esos días, en Buenos Aires, se había detectado y frustrado un plan chileno de guerra bacteriológica, para contaminar las aguas potables de la ciudad de Ushuaia, con la participación de personal de la empresa LAN Chile. En los diarios de la época podrá comprobarse que fueron detenidos algunos de sus empleados, sin aclararse públicamente los fundamentos de la medida.

 Aspectos de una probable confrontación

 Las declaraciones de los protagonistas y la información de época nos indican que la guerra fue detenida apenas horas antes de desencadenarse. Incluso la forma en que se canceló la operación inicial fue bastante informal y el método de transmisión de la orden de anulación del desembarco, no garantizaba que llegara en tiempo y claramente a las unidades que ya iniciaban sus despliegues previos a la hora “H”.

 El convencimiento en la justa causa que alentaba la acción militar y la determinación en la lucha, además de la seguridad en el nivel de adiestramiento y calidad del equipamiento de las fuerzas navales y de infantería de marina en las islas, garantizaban una dura batalla.

 Las fuerzas armadas de ambos países contaban con el apoyo de sus propios gobiernos militares y la confianza en sus capacidades e historia militar.

 Esto, coherente con la decisión gubernamental de llevar la cuestión hasta sus últimas consecuencias, hubiera significado una guerra total, involucrando a las poblaciones. Esta guerra probablemente hubiera sido corta por las limitaciones logísticas, pero indudablemente iba a ser cruenta.

 Tierra del Fuego en la estrategia nacional, sería seguramente un teatro de operaciones secundario de una guerra que se combatiría decisivamente en el centro de ambos territorios; pero la magnitud de medios y esfuerzos allí destacados, sumado al hecho de constituir el eje medular de la conflagración, le hubiera significado su devastación.

 Es curioso que las fuentes chilenas parezcan atribuir a sus elementos una victoria casi segura y subestimen las fortalezas argentinas. En los pasajes finales de “La Escuadra Activa en acción”, se detallan los airosos festejos de una victoria en un campo de batalla del que nadie salió triunfante, cuanto menos porque no existió el combate. La clamorosa expresión quizás se deba a la falta de dimensionamiento real de los acontecimientos o los diferentes planos de la realidad en la que se mueven los protagonistas, a veces desconociendo cabalmente su entorno, e incluso a su oponente.

 Puede contribuir a ello, el lamentable silencio de un contrincante que ha sido acallado por el empeño en otras contiendas, ajenas al campo de batalla y sus reglas, de carácter político y judicial, y a serias y continuas limitaciones presupuestarias y operativas, que aún no le dan respiro para analizar adecuadamente su historia.

 Dos notas que en este sentido saltan a la luz de la lectura del libro referido se relacionan con este hecho y me gustaría citar, por cuanto esclarecen esa diversidad de situaciones que no se aprecian desde una óptica individual aislada incluso de lo que ocurría frente a las unidades allí mencionadas.

 El comandante del único submarino chileno en patrulla, el Simpson, relata cómo habría detectado y “perdonado” el destino del buque polar A.R.A. “Bahía Paraíso” antes de destacarse a su santuario al noreste de la isla del Cabo de Hornos, en espera de la Flota de Mar argentina y cómo festejó la anulación de las operaciones. Probablemente no sepa el Cap. Scheihing que él mismo estuvo en el centro del retículo del periscopio de ataque del submarino argentino A.R.A. “Santiago del Estero” (CF Carlos María Salas) horas antes de trasponer el meridiano del Cabo de Hornos.

 En otra oportunidad, entre el día 10 y el 15 de diciembre, un avión naval de los viejos Tracker S2A (TNAV Alejandro Lefebvre) operando en exploración antisubmarina armada desde Río Grande, detectó visualmente en superficie un submarino clase Balao, al este del Canal Beagle. No fue autorizado por sus superiores a atacarlo, porque la evolución de la situación imponía continuar el debate en el ámbito diplomático.

 Más tarde, el día 16, el destructor  A.R.A. “Rosales”, destacado como piquete adelantado de la cortina de protección exterior de la flota, detectó un contacto sonar sumergido evaluado como posible submarino con una alta confianza (esto es así cuando diferentes sensores son coherentes en la apreciación del contacto) y se empeñó con cargas tipo erizos[50], comprobando la detonación de al menos uno de ellos. Sobre ese mismo blanco se enviaron los nuevos aviones Tracker S2E[51] y los helicópteros Sea King antisubmarinos embarcados en el portaaviones, que realizaron varias salidas de combate con lanzamientos de torpedos (infructuosos). Este hecho se dio a 70 millas náuticas al este de Isla de los Estados (al sur del banco Burwood), en aguas atlánticas. Por el análisis de la información del sonar[52], se estimó que correspondía a un submarino clase Oberon. Varios días después un sumergible chileno habría entrado a puerto con daños en la estructura de su vela[53].  

 La misma flota chilena pasó dos veces sobre el submarino A.R.A. “Santa Fé” (CF Alberto Manfrino) a la salida del Magallanes, que la ploteó[54] sin autorización para atacar.

 El segundo relato corresponde a un explorador aéreo Casa C 212, “mirón” en la terminología operativa marina, que había detectado a la escuadra argentina y seguía sus movimientos. Este espía fue también descubierto por los radares 965 de las naves de defensa aérea de la fuerza naval argentina cada vez que se aproximó. Eso significaba además, que la flota argentina estaba alertada de su propia detección y obraban en consecuencia. Por ello, la patrulla aérea de combate (PAC) de aeronaves de ataque A4Q del portaaviones 25 de Mayo, salió en más de una oportunidad a interceptarlo. En una de esas ocasiones la pareja de interceptores (CF Lavezzo-TF Mayora), se situó con sus armas listas en posición de tiro, pero recibió la negativa de abrir fuego, pese a tenerlo en la mira de sus misiles AA Sidewinder, lo que provocó la sorpresa  de su líder (CF Lavezzo), y algún gesto airado al retornar a bordo de su nave.

 En otro momento, el Casa estuvo bajo la iluminación de los radares de guiado 909 del destructor “Hércules”, que tenía sus misiles Sea Dart en posición intermedia, a escasos segundos de lanzamiento. En otras circunstancias, la tripulación de ese avión, que ignoraba tales hechos, probablemente tampoco hubiera sobrevivido para festejar.

 Cada fuerza, de cada nación, desarrolla un marco doctrinario de acción táctica propio, acorde a su misión, sus medios y al teatro de operaciones. Esta base, normalmente documentada en forma de procedimientos, instrucciones tácticas o de combate, reglas de empeñamiento, etc., evoluciona dinámicamente en el tiempo adaptándose a las experiencias en batalla propias o de terceros y en tiempos de paz, a la evolución tecnológica de su equipamiento, a la oposición que se espera enfrentar, al aprendizaje en adiestramiento y, fundamentalmente, al análisis y debate continuo de analistas y oficiales en las cámaras de los buques, en las escuelas de guerra y centros de adiestramiento.

 Justamente es el aporte intelectual de sus tripulantes lo que dará sentido práctico a la doctrina, y son su determinación y espíritu de lucha lo que la harán efectiva en la realidad, jugando con los medios disponibles en el estado en que se encuentren.

 En particular dentro del Beagle, en consideración a lo anterior, podemos suponer que las torpederas de ambos tipos y de los dos países (Intrépida y Alakush de Argentina y Fresia de Chile), naves antiguas pero que constituían la primera línea en el Canal (en rigor eran la única línea de combate naval allí), para un enfrentamiento de superficie entre sí seguramente se usarían, en orden de prioridad, los cañones de gran cadencia (76 y 40 mm), los cohetes de 70 mm. y las ametralladoras de grueso calibre (20 y 12,7 mm) en función de la proximidad del encuentro.

 Los cohetes no sólo carecían de gran alcance (10000 yds. para el MK 7 y 5000yds. para el MK 10) sino también de precisión, aunque fueran estabilizados, batían zonas en una rosa amplia. Sólo podía esperarse un carácter intimidatorio y para perturbar la puntería enemiga.

 Por su parte, los torpedos se iniciaban en cubierta, activándolos con alcohol y se lanzaban por gravedad, desarrollando una corrida recta que requería apuntar la embarcación al blanco, condicionando su  maniobra y eran fácilmente eludibles con cambios de rumbo, por lo cual eran armas de uso primario contra unidades capitales, es decir, barcos mercantes, logísticos, barcazas de desembarco o buques militares mayores.

 Las cargas de profundidad, de uso antisubmarino por diseño, eran prácticamente inservibles en ese teatro, aunque se usarían con cierto efecto de minas, lanzándolas a proa de la derrota del blanco en una maniobra tan arriesgada como improbablemente eficaz, excepto que se tratara de un navío desarmado o previamente averiado. La profundidad de activación era regulada manualmente entre 30 y 300 pies (o sea entre aproximadamente 10 y 100 metros), y la detonación de sus 300 lbs de TNT era hidrostáticamente producida.

Estos combates navales serían seguramente determinados por la concentración de fuerzas y por el apoyo aéreo que brindaran los helicópteros artillados y con misiles filoguiados, o por aviones armados, como eventualmente por los apoyos de fuego de las posiciones en tierra.

 Si bien no puede determinarse el uso doctrinario que se les daría, un frío cuadro comparativo de los medios confrontados, que no incorpora los factores esenciales, pero difícilmente apreciables de determinación, adiestramiento y estado operativo real, ni puede ser el siguiente:

 

Cuadro comparativo extraído de patrullerasargentinas.blogspot.com

 En definitiva, Ushuaia, bajo el aislamiento del sitio naval y terrestre, con el asedio constante de la aviación y artillería trasandinas, hubiera recibido bombardeos desastrosos. Aunque la ciudad fue en cierta medida evacuada al norte en transportes navales y aeronavales, estuviera preparada con defensas, el sufrimiento de su población hubiera sido muy grande. Sin embargo, no sólo se dispuso estoicamente a enfrentar su destino, sino que colaboró incondicional y patrióticamente con sus tropas.

 La Armada Argentina preveía un enfrentamiento singularmente rudo con gran cantidad de bajas (hasta del 50% de sus efectivos) y operaba en una zona de meteorología particularmente severa, pero ello no mermó su empeño ni voluntad.

 El resultado que hubieran tenido los combates en 1978 se presenta hoy como un interrogante, pero no podemos subestimar el alto nivel y espíritu de los bandos contrapuestos, ni la eficacia combativa argentina, como demostró sólo cuatro años más tarde nuestra Marina de Guerra en el Conflicto del Atlántico Sur por las Islas Malvinas, contra un enemigo superior.

 El aprendizaje obtenido de la experiencia de este impresionante planeamiento, preparación, equipamiento y despliegue, fue de gran importancia para las fuerzas navales argentinas, fundamentalmente a la infantería de marina y a la aviación naval, en su posterior confrontación con Gran Bretaña, apenas cuatro años más tarde, en la Guerra de Malvinas.

 De hecho, las dos unidades de maniobra terrestre principal en Tierra del Fuego, volvieron a ser el eje de las acciones bélicas en 1982; el BIM N°2 mecanizado sobre los vehículos anfibios junto a la Agrupación de Comandos Anfibios durante el desembarco del 2 de abril, y el BIM N°5 con sus apoyos de fuego en la defensa posterior de Puerto Argentino.

 La logística de las unidades de Infantería de Marina, su despliegue y equipamiento, fueron evoluciones de las lecciones aprendidas en 1978 en el archipiélago fueguino, del que a inmensa mayoría del personal de cuadros era conocedor.

 En las Malvinas, los veteranos oficiales y suboficiales estuvieron a la altura de las exigencias en cuanto a los conocimientos, liderazgo y profesionalismo que los combates requirieron, y los soldados conscriptos tuvieron el adiestramiento apropiado, ratificando en esas circunstancias su valor y tesón. La logística de los medios desplegados también fue adecuada, después de tantos años de presencia y entrenamiento en la isla de Tierra del Fuego.

 También podemos afirmar que es un hecho histórico reiterado que las fuerzas armadas van  las guerras con el equipamiento que tienen en tiempos de paz, dado que raramente se refuerzan significativamente para las guerras, las que muchas veces se producen por escaladas más rápidas que sus ciclos logísticos y, en esas circunstancias, más que lo común, los recursos son infinitamente insuficientes para satisfacer las urgentes demandas de todos los frentes y las imperiosas necesidades de todos los participantes en las movilizaciones.

 De igual forma, la doctrina de empleo, la adecuación táctica y el uso eficiente de los medios disponibles, no responderá tanto a los documentos escritos, elaborados por sesudas comisiones en salas de estudio y modelos de ensayo teóricos, sino a la inteligente adaptación que hagan de ellos sus comandantes en la escena de acción, en función del estado operativo real, su nivel de adiestramiento, la fuerza que le otorgue su voluntad de soldado y sus convicciones de líder.

 Eso exige aprovechar el tiempo de paz para estudio, formación y entrenamiento de las dotaciones y sus mandos y la preparación de las unidades y el campo de acción.

 Anecdotario

 

 Como veníamos tratando, hacia finales de 1977, en previsión de un desenlace bélico con Chile, por conocimiento de las irregularidades en el fallo del laudo arbitral, se iniciaron los preparativos de todos los medios disponibles para una guerra.

 El devenir desdibuja la memoria, transforma lo bello en añoranza melancólica y lo feo o malo en aventuras superadas; convierte los hechos en anécdotas. Las vallas saltadas son presentadas como exitosos logros, proporcionales a la altura con que las apreciamos y arremetimos entonces, de igual manera que los finales felices son expuestos como fruto evidente de nuestras acertadas decisiones, donde los riesgos parecen haber estado siempre calculados y asumidos, con una dosis de modesto valor. El miedo, siempre presente, es cuidadosamente ocultado y la providencia o el azar, no son sino el manejo apropiado de las posibilidades analizadas.

 De cualquier forma, con sus desvíos de la realidad histórica y la magnificación poética, las anécdotas son una forma de transferencia de la experiencia, como la tradición oral. 

 1.  construcciones en el Monte Gallinero.

 Ya dijimos que en ese entonces, cuando transcurría 1977, entre otras tareas, comenzaron a reemplazarse las viejas armas de Monte Gallinero, batería conformada sobre los antiguos cañones antitanque alemanes Krupp de 88 mm por las torres navales Bofors 105 mm acorazadas, con cierta protección antiaérea de tres ametralladoras Bofors 40/60 mm[55].

 

Cañón Krupp de 88 mm. Expuesto en la Base Naval, junto al presidio-museo

 La batería cubría el acceso occidental del canal, la boca del Paso Murray, la Bahía Golondrina y, por tiro por sobreelevación, la Bahía Ushuaia. Preveía el fuego de contrabatería sobre los puestos de Santa Rosa y Navarino, en la isla homónima.

 El reemplazo de los cañones Krupp comenzó en 1977 a órdenes del TN Daniel Molina  Carranza, Jefe del Departamento Armamento de la Base Naval. Luego, por imperio de variadas circunstancias, quedó a cargo del mismo el entonces TFIM Juan Roberto Marín, cuya función original era la de Jefe de la Compañía de Seguridad, con la secundía del Teniente de Fragata Juan José Gómez Meunier. Ni antes ni después de este acontecimiento, un Infante de Marina ocupó ese cargo, privativo de oficiales navales, lo que sucedió por decisión del Jefe de Base, en virtud del apremio de la situación y la experiencia de éste en la preparación de las defensas del territorio

 Para los cañones de 105 mm hubieron de construirse plataformas de hormigón con sus pistas de ronza y bulones de fijación.

 Conociendo la zona y en particular esa elevación montañosa, podemos imaginar las complicaciones de la época para efectuar el traslado y ensamblado de esas tremendas piezas de más de 14000 kgs. de peso total en pleno invierno, en un terreno agreste y blando de turbal, pedregoso y nevado.

 Se construyeron trineos de madera, los que fueron remolcados por un viejo tractor de la Base, recorriendo sigilosa y lentamente, metro a metro, muchos kilómetros del ascendente camino precario de tierra, en el monte helado. Debemos recordar, que se pretendía mantener los sitios lo más ocultos que una situación de combate merecía, y eso incluía que la misma población (en la que convivían muchos extranjeros) no advirtiera las modificaciones.

 La colocación de la base del cañón en su base, para calzarla en los respectivos afustes de hormigón, exigía una precisión milimétrica. Para ello se empleó una antigua grúa e improvisaron andamios, los que no permitían, sin embargo, resolver las dificultades técnicas prácticas.

 Afortunadamente y aquí talla la anécdota, el padre del TFIM Marín era supervisor civil en los talleres de la estación de Aviación Naval en Puerto Belgrano y se encontraba de visita ocasional a su hijo en  la isla (de la época en que había vuelos aeronavales regulares). Por pedido de éste, se sumó para ayudar en las tareas de montaje de los cañones en sus plataformas, con su experiencia.

 Justamente fue la veteranía técnica de Juan Marín (padre) en la dirección de esta maniobra de armado de los afustes y puesta en batería lo que finalmente permitió el éxito, calzando los montajes en las plataformas construidas al efecto.

 De este modo, padre civil e hijo militar, dirigieron estas complicadas labores, que requirieron gran pericia, ingenio y esfuerzo.

 2. El camino a Almanza.

 Las complicaciones constructivas se multiplicaron cuando se decidió instalar una segunda batería sobre el acceso oriental a la ciudad, en Almanza, frente a la base naval chilena de Puerto Williams. Se trataba de la que se denominaría “25 de Mayo” o “Independencia”.

 Allí, sin embargo, el camino era una estrecha senda de tránsito muy limitado, que llegaba sólo hasta Bahía Brown, de paso hacia la Estancia Harberton, y estaba enteramente cubierto de hielo y nieve.

 El visionario gobernador de aquel momento (el CN Jorge Arigoti), ya vislumbraba el destino turístico de Tierra del Fuego y proyectaba que los contingentes, que ya habían empezado a llegar de visita, prolongaran su permanencia en la ciudad de Ushuaia. Para entonces, ya se disponía de un día de recorrido por el Parque Nacional de Lapataia y otro hacia el este, hacia el lago Fagnano; por lo que el estadista planeaba una tercera jornada de paseo terrestre por la margen del Canal Beagle, transitando un camino costero que llegara hasta Moat.

 Esta ruta no existía, por lo cual y en apoyo del objetivo militar de armar las baterías costeras, dispuso el inicio de esta vía, abriendo la brecha desde la Bahía Brown hacia Almanza.

 Así, entregó 350 kgs. de explosivo plástico (Gelamón 80), al grupo de ingenieros anfibios de la Compañía de Seguridad de Infantería de Marina de la Base Naval, también al mando del teniente Marín. Con ellos, en arduas faenas de demolición, abrieron un paso de 110 metros de largo por 10 de ancho, produciendo la voladura de casi 15 metros de altura de la ladera del cerro que llegaba hasta la línea de agua en el comienzo del tramo. Los escombros, sirvieron para ganar más asiento firme sobre la orilla y así nivelar el acceso de vehículos al predio llano que hoy ocupa el asentamiento pesquero.

 Esto constituye el mayor hito en la conformación de ese núcleo habitacional y productivo actual.

Posteriores obras en ese trayecto de ripio permiten hoy alcanzar Puerto Remolino desde el lado Este, pero sin llegar a la ciudad capital, pues falta el segmento Baliza Escarpados-Remolino.

 El desvío a Harberton se mejoró precisamente en el año 1978, reforzando el puente soldado Ortíz para ser transitado por camiones con hasta 20 toneladas de carga, al establecerse la base logística principal de la Agrupación Lanchas Rápidas en Bahía Relegada, contigua a Harberton hacia el este.

 La unión entre Harberton y Moat se concluyó muchos años después, a fines de la década del 80, por un contrato entre el gobierno provincial y el Ejército Argentino, que dispuso una compañía de ingenieros para la obra.

 3. Los cañones fantasmas.

A modo de modesto plan de engaño, se instalaron cuatro posiciones simuladas de artillería, en la zona costera al oeste de la ciudad, donde se encontraba luego la quinta de los coreanos. Al hacerla, se incluyó un amplio trazado de huellas de vehículos, algunas paladas de tierra de reforzamiento de los emplazamientos y el cierre al público de los accesos a las posiciones simuladas.

 De acuerdo con el gobierno, se realizaron varios ejercicios de oscurecimiento y se anunció por televisión y radio, la realización de un tiro nocturno de artillería sobre algunos islotes del canal, con condimentos agregados falsos. Los medios periodísticos de Ushuaia, fueron siempre una especie de supermercado o cantera de información para la inteligencia extranjera. 

 Para el tiro se establecieron las radiocomunicaciones operativas normales de estos casos, con amplio despliegue de mensajes radiales cifrados y en claro.

 A la hora señalada se abrió fuego. Se supone que se estaría prestando atención sobre el Monte Gallinero, donde podrían tomar marcaciones acimutales a discreción, en base a los fogonazos. Pero los disparos surgieron de un lugar inesperado. Se habrá apreciado como artillería de grueso calibre, porque las salvas se simularon mediante cargas de trotyl, con las correspondientes comunicaciones del reglaje del tiro. Todo se hizo con naturalidad.

 La reacción fue inmediata. Al día siguiente, un avión Beechcraft chileno sobrevoló el lugar en la vertical de las posiciones simuladas, violando el espacio aéreo, seguramente sacando abundantes fotografías. Similar a la que hacíamos nosotros sobre la isla Navarino, empleando los C-47.

 4. Las viejas torpederas.

 Una anécdota al respecto de las torpederas, es que en ese año del conflicto (1978), una EDPV que hacía balizamiento de la Isla Casco en la bahía de Ushuaia (Paso Chico), quedó encallada por un fuerte viento y con el clima empeorando. En atención a la situación, la Towwora fu enviada en su rescate, debiendo navegar en ese canal con escaso relevamiento hidrográfico en pésimas condiciones de visibilidad y maniobra. Allí, ella misma sufrió la varadura accidental, en uno de los bancos del Falso Paso Chico.

 Actuando en auxilio de su gemela, la otra lancha intentó remolcarla pero, al no poder zafarla y quedar tomada por popa por el remolque y con viento cruzado, ella también tocó y eso le produjo averías en sus hélices. Finalmente, fue el socorro de embarcaciones de pesca costera las que pudieron volver a flote a las tres naves siniestradas.

Así pues, no son ninguna novedad ni excepción en la historia marítima los accidentes marítimos, máxime cuando se opera en aguas restringidas y en situaciones exigidas de rescate o maniobra muy condicionada. Eso también forma parte de del adiestramiento y ganancia de pericia de los marinos.

 Aunque con daños menores, ambas lanchas debían ser puestas nuevamente operativas en vistas al desenlace militar esperado. Sin diques secos o flotantes, ni el auxilio del buque-dique “Cándido de Lasala”, que operaba en otra zona, se debió recurrir al viejo varadero prácticamente abandonado.

 Esta tarea compleja fue conducida por el Segundo Jefe de la Base, el Capitán de Corbeta Raúl Laterrade Brunet, quien diseñó un gran aparejo de playa (de relación de fuerza 1:78) montando poleas y artilugios de la estación de buzos de salvamento, para sacar las pesadas[56] lanchas del mar y repararlas en seco.

 Para subir por el  “terraplén”, dado que el vetusto cabrestante original ya no funcionaba, y la tracción a sangre con decenas de soldados era insuficiente, se solicitó una motoniveladora a la Dirección Nacional de Vialidad, que tiraba desde la vieja Ruta Nacional Número 3, por lo que se cortó el tránsito hasta concluir la maniobra, que se realizó ante el público allí detenido.

 Concluido el cambio de líneas de ejes, el aviso de estación, el (A1) A.R.A. “Comandante General Irigoyen”, al mando de un experimentado salvamentista, el Capitán de Corbeta Jorge Gallego, fue empleado para "lanzar" nuevamente la lancha al agua, cobrando desde el mar con una gruesa amarra. Un pequeño tractor, manejado por el TFIM Marín, jalaba otro cable de retenida desde la proa de la cuna, para frenar su deslizamiento.

 Pese a que el picadero estaba engrasado, por el frío y el tiempo de permanencia al aire libre, la grasa estaba dura y los patines de las camas se pegaron y no resbalaban. El aviso debió cobrar con fuerza y a tirones de potencia.

Casi trágicamente, la cama de madera original de las torpederas, usada a ese efecto, se desintegró cuando al tomar velocidad de bajada un grueso listón de refuerzo trabó uno de sus patines y esta se cruzó de lado, este inesperado y rápido giro fue frenado por el estrobo de proa, enderezándola violentamente, provocando su rotura. Afortunadamente, la cuna ya tenía cierto margen de agua bajo la quilla, por lo que la torpedera no sufrió nuevos daños.

 Esto obligó a rehacer la estructura con madera dura reforzada con vigas y placas de hierro, lo que permitió poner la segunda unidad en tierra y cambiar sus hélices, teniendo ambas lanchas listas hacia fin de año, para enfrentar las exigencias del conflicto.

 Fueron experiencias interesantes, tanto el rescate como las reparaciones consecuentes. Allí se  emplearon todos los recursos e imaginación, como sucede habitualmente en los lugares remotos y exigentes, entre aguanieve, cachiyuyos, rocas, viento y frío.

 Si bien entonces se aprendió mucho, la historia se repite. Hoy[57], ese varadero se encuentra casi en desuso, habilitado solo para pequeñas naves pesqueras y el dique flotante está al límite de su vida útil.

 Un procedimiento similar al descripto se usó con las lanchas patrulleras durante su servicio en la operación de Naciones Unidas en Centroamérica (ONUCA)[58], en la isla de Amapala (donde existe una pequeña base naval de Honduras), para su carenado periódico, con las camas de hierro originales, en que fueron transportadas las embarcaciones al adquirirse. En Ushuaia se usaba inicialmente para poner en seco a las patrulleras, el sistema de plumas dobles del Transporte ARA “Canal Beagle” y luego las facilidades del dique flotante, que posee la capacidad de levantar incluso a las lanchas rápidas.  

 5. La movilización

 La movilización fue nacional fue total y, obviamente dentro de los cuadros militares profesionales fue inmediata, abarcando todos los cargos administrativos y educativos en destinos de tierra.

Un ejemplo de ello es el caso del ayudante de un ministro del Poder Ejecutivo Nacional.

Este funcionario, un contraalmirante Infante de Marina, de regreso de una reunión de Gabinete en la Casa de Gobierno, antes de entrar a su despacho se detuvo y con una media sonrisa típica de él, le dice al joven Capitán de Corbeta[59]:

-¡Póngase la mochila!

-¿Por qué Señor?- respondió éste

-Porque se va a Ushuaia

-¿Cuándo Señor Almirante?- preguntó incrédulo

-¡Mañana mismo!- y dándose vuelta, se introdujo en su oficina.

En la práctica, el avión naval que trasladó a este jefe, experimentado en la zona, para hacerse cargo del pan de defensa, llegó a Ushuaia una semana después.

 Otro caso fue el de los cuadros en actividad del Liceo Naval Militar Almirante Brown. Recuerdo que  nuestros Jefes y Oficiales fueron destinados a reforzar los buques de la flota y otros a cubrir puestos en bases navales y centrales de operaciones. El ciclo lectivo debió adelantar su finalización y los jóvenes cadetes del secundario nos sentimos aliviados y beneficiados con una prolongada licencia y vacaciones desde mediados de octubre.

 Igualmente, quedamos atentos a un plan de llamada por si fuera necesaria nuestra concurrencia. Entonces, los cadetes de 4º y 5º curso, con sus dieciséis y diecisiete adolescentes años tenían estado militar y grado en las reservas desde su juramento de lealtad a la Bandera. De hecho, egresaban como Guardiamarinas de la Reserva Naval.

 6. De los reservistas

 En aquellos días todavía tenía vigencia el servicio militar obligatorio[60] que convocaba a los ciudadanos varones a la conscripción. Justo en el momento de la crisis de 1978, se cambiaba la edad de convocatoria de los 21 años a la de 18 años. Por la necesidad de reforzar con estos soldados las unidades desplegadas, se decidió retener a la clase de 21 años ya cumplida y a punto de licenciar e incorporar las tandas correspondientes de 18 años.

 También se presentaron voluntariamente otros cuadros de reservas como excadetes de los liceos navales y militares, que con su formación castrense y sus títulos profesionales fueron de ayuda en hospitales y unidades de ingenieros, comunicaciones y retaguardia. 

 Similar fue el caso de los Aspirantes a Oficiales de Reserva (AOR), que eran los ciudadanos que postergaban su conscripción por estudios universitarios y la cumplían luego con grado de subteniente, guardiamarina o alférez. Muchos se ofrecieron de motus propio, algunos otros fueron citados.

 Un caso peculiar es el de un ingeniero civil de Río Grande, especialista en obras viales, al que se le dio el rango de Guardiamarina e incluyó en la nómina del BIM N° 5, como refuerzo del grupo de ingenieros anfibios de la Infantería de Marina y del Ejército, que operaban conjuntamente para la apertura de brechas, ejecución de voladura de obstáculos y construcción rápida de puentes durante los avances. Este hombre, no recibió más instrucción militar que la que venía en la bolsa de sus uniformes.

 Otro famoso episodio es del Teniente de Navío Jorge Suárez, retirado de la IM, que se unió  espontáneamente las filas del BIM N°3. Sin embargo, se ausentó misteriosamente del mismo casi para ser considerado desertor. Regresó varios días después a sus filas, luego de haber efectuado por cuenta propia, un minucioso reconocimiento tras las líneas, con sus peculiares métodos y bajo la peculiar cobertura de su dominio de un idioma extranjero[61].

 Muchos otros miembros de las comunidades sureñas ofrecieron sus propiedades para alojamientos y depósitos, sus conocimientos y vaquía como guías y asesores, sus vehículos para traslados y mensajerías. Ellos también defendían su tierra.

  7. Radioaficionados y algo más.

 Los radioaficionados son hobbistas de las comunicaciones radiales. Arman sus propios equipos, establecen sus redes de contactos y amistades por enlaces frecuentes, intercambian informaciones técnicas y pasan muchas horas de sus vidas en conversaciones de radio.

 Muchos son los servicios de ayuda a la comunidad que ellos prestan asiduamente, en tiempos normales, para los habitantes de lugares remotos o quienes se encuentran lejos de sus hogares (búsqueda de personas, enlaces familiares, obtención de medicamentos, consultas médicas, etc.). Es vasta su tarea solidaria en desastres naturales, accidentes y emergencias, asistiendo a la defensa civil, los equipos de rescate y los grupos de reconstrucción. No a todas partes llega la señal de los celulares y es lo primero que se interrumpe en una crisis, por daños o por saturación de las redes; entonces las radios son indispensables.

 Desde antaño, estos entusiastas locuaces del éter, fueron organizados en redes complementarias de los servicios de comunicaciones navales para bienestar del personal embarcado o destacado en misiones lejanas (Antártida y Naciones Unidas, por ejemplo). Eso se conoce como el Servicio Auxiliar de Radioaficionados de la Armada (SARA).

 Dispuestos a contribuir al esfuerzo bélico nacional, pequeños grupos de radioaficionados, se desplegaron en la isla como vigías de alerta aérea temprana de la Red de Observadores del Aire (ROA), en cascos y puestos de estancia, refugios de montaña e improvisados campamentos.

 Ya que transmitían sus diálogos en idioma coloquial y en claro, en frecuencias que eran escuchadas universalmente (por lo que serían fácilmente interceptadas y analizadas por el bando opuesto), ellos mismos diseñaron su propio código doméstico para pasar sus reportes de novedades, avistajes e informes.

 Su aporte en ese momento, como antes y hasta nuestros días, fue invalorable y anónimo, aunque no pueda decirse que fuera “silencioso”.

 8. Otra de vigías

 Dentro del dispositivo de observadores marítimos y aéreos, distribuidos estratégicamente en la isla, se enviaron un cabo y dos soldados conscriptos con un equipo de radio a Bahía Aguirre, donde, además, trabajaba y vivía un puestero de estancia chileno. Al extenderse el tiempo de despliegue, la radio empezó a fallar y las comunicaciones se fueron haciendo cada vez más dificultosas e infrecuentes. Finalmente, se perdieron, por fallas del equipo o agotamiento de sus baterías.

 El cabo se trasladó, como pudo, a Ushuaia para reponer el transmisor y pedir nuevas instrucciones. Su llegada debió ser próxima  la euforia del acuerdo de paz y las fiestas navideñas y de fin de año, lo cierto es que arribó en un momento caótico.

 Pasadas las festividades, se iniciaron los repliegues y desmovilizaciones, lo que significó la baja de los conscriptos ya cumplidos. Las listas eran llevadas manualmente, en archivos clásicos, sin computadoras ni otros auxilios. 

 Avanzado marzo de 1979, un barbado y desaliñado personaje se presentó a la guardia de la Base Naval Ushuaia, enfundado en un casi irreconocible y sucio uniforme, montado con un rústico apero sobre un caballo criollo. Preguntó por el cabo que era su jefe y pedía instrucciones sobre su puesto de vigilancia. Ante la sorpresa de los centinelas, fue llevado a la Central de Operaciones, donde advirtieron el “olvido” de los soldados que ya figuraban como enviados de regreso a sus casas.

En todo conflicto pasan estas cosas, como lo demuestran los tan mentados casos de los soldados japoneses que quedaron en Guam, Filipinas, Lubang, luego de la rendición del Imperio del Sol Naciente. A los nombres de Shoishi Yokoi, Hiró Onoda, Teruo Nakamura, que permanecieron durante años en pie de guerra a órdenes del emperador, deberíamos unir el de estos conscriptos argentinos que se mantuvieron estoicamente de guardia en la lejana península Mitre, celosos custodios de un sospechoso extranjero.

 Hubo que destacar una nave para buscar al camarada que había quedado fiel a su puesto, solitario.

 9. La virgencita

 Uno de los veintiún tripulantes de la torpedera “Alakush” era el Conscripto Vilelo, sus padres, un ferroviario y una ama de casa, aliviados por el fin del conflicto pero ansiosos por visitar a su hijo, que aún debía terminar su período de conscripción, pidieron permiso para viajar a Ushuaia.

 El comando de la lancha no sólo autorizó ese viaje sino que les gestionó las plazas correspondientes en un vuelo aeronaval regular.

 Emocionados por el feliz reencuentro con su hijo, antes de volverse al pago norteño, ofrecieron a la Unidad un regalo que era en sí mismo una ofrenda a la Virgen de Luján, por haber concedido la paz al país.

 La dotación de la lancha tuvo tiempo de montar una ceremonia de entronización, con autoridades de la Agrupación y el R.P. Tessore, para bendecir la imagen y  la nave.

 La virgencita acompañó a la Alakush hasta ser radiada, en 1984. Luego pasó al antiguo chatón-pontón vulgarmente denominado “Insólita” entre los marinos de las rápidas, donde funcionaron los detales (oficinas), algún taller y hasta alojamientos de la “Intrépida” e “Indómita”. ¿Dónde estará hoy?     

 Referencias

 *) Los Alouette en la Isla estaban a cargo del TNAV Carlos A. Espilondo.

Recordemos que había otros Sea King (antisubmarinos) y Alouette embarcados en el Portaaviones ARA “25 de Mayo” (POMA).

(**) Esa escuadrilla fue disuelta en 1978 y recreada como refuerzo para el conflicto con esas viejas aeronaves norteamericanas, también conocidas como T28 “Fennec”.

 

Otras escuadrillas de la Aviación Naval de ese entonces eran:

1.      La Escuadrilla Aeronaval de Exploración (LOCKEED P-2V5 y SP-2H "NEPTUNE"), basada en tierra y al mando del CCAV Antonio VIZIOLI.

2.      La 3° Escuadrilla Aeronaval de Ataque (McDonnell-Douglas A-4Q "Skyhawk"), como ala aérea embarcada en el POMA, bajo el comando del CFAV Julio Italo LAVEZZO.

3.      Y la Escuadrilla Aeronaval de Antisubmarina (Grumman S-2E "Tracker"), también embarcada, a cargo del CCAV Jorge ENRICO.

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Notas artilleras 

Es costumbre citar a los cañones por su calibre, es decir la distancia entre campos de su ánima o lo que es lo mismo, el diámetro de sus proyectiles, medidos en milímetros o en décimas de pulgadas según su origen.

Las ánimas (o superfícies interiores del tubo) estriadas imprimen al proyectil una fuerte velocidad de rotación que le da mejor precisión (por efecto giroscópico).

 

Una medida a veces empleada en segundo término, es el largo del tubo cañón, expresado en cantidades de calibres. Este dato adicional, define si se trata de un cañón, un obus o un mortero. Y consecuentemente da una idea del alcance y la precisión de la pieza, además del uso que puede dársele.

 

Nos hemos referido extensamente a los cañones que se emplazaron en la margen argentina del Canal Beagle, en esos años, he aquí algunas aclaraciones sobre ellos:

 

  1. Cañón 105 L41 mm. Mod 1945 D.P (doble propósito: antisuperficie y antiaéreo) Bofors, con coraza de protección. Para hacer más efectivo su tiro posee calculadores mecánicos de tiro en los que se introduce manualmente la distancia, velocidad y dirección relativa del blanco, generando en las ópticas de apuntamiento el desfasaje del tubo para aproximar su tiro. También tiene regulador mecánico de espoletas para la munición que emplea espoletas cronométricas o de tiempo de explosión.

(Tablas de Tiro de 1947 redactadas por la Comisión Naval Argentina en Suecia, Karlskoga).

Peso de la pieza: 4750 kgs.  Peso total de la batería con coraza: Aprox. 14000 kgs.

Campo de tiro horizontal: 360º

Campo de tiro vertical: -10º a 60º

Alcance máximo: 16.000 metros para 45º de ángulo de tiro.

Ánima estriada con 32 estrías de paso derecho constante.

Peso del tiro completo: 23,5 kgs. (tiro fijo)

Largo del tiro completo: 1,042 mts.

Carga explosiva: pólvora.

Velocidad inicial de tiro: 720 +/-4 m/seg.

Espoleta de percusión (impacto) y cronométrica mecánica para la función AA.

Disparo eléctrico o mecánico a pedal.

 

  1. Cañón  40 L60 mm. Antiaéreo Breda-Bofors. Tipo “B” (montaje bitubo para buques de superficie con estabilización transversal y coraza, peso 3700 kgs.)

(Tablas de Tiro redactadas por la Comisión Naval Argentina en Suecia, Karlskoga, 1947).

Cañón–ametralladora antiaérea, con coraza de protección de 5 mm.

Campo de tiro horizontal: 360º

Campo de tiro vertical: -10º a 90º

Alcance máximo: 11.200 metros para 45º de ángulo de tiro.

Altura máxima: 7800 mts para 85º de elevación del tubo.

Ánima estriada con 16 estrías de paso derecho constante.

Peso del tiro completo: 2,1 kgs. (tiro fijo)

Largo del tiro completo: 446,8 mm.

Carga explosiva: trotyl.

Velocidad inicial de tiro: 850 +/-5 m/seg.

Espoleta de percusión (impacto) penetrante o gran explosiva (A.E.A.T.), con dispositivo de autodestrucción selectable.

Disparo mecánico a pedal.

 

  1. Cañón antitanque argentino Czekalski de 105 mm sin retroceso de dotación de las unidades de línea de Infantería de Marina (IM) y Ejército Argentino.

Caracterizado por sus vainas multiperforadas y por el peligroso rebufo hacia la cola.

Utilizaba un fusil FAP montado coaxialmente como medio de puntería.

Hubo que desarrollar Tablas de Tiro especiales, a solicitud de la Armada, para alcances mayores de la trayectoria tiesa, para la cual habían sido diseñadas estas armas.

Fueron retirados definitivamente del servicio del Ejército alrededor del año 2000.

 

  1. Torpedo MK 13 de las torpederas Alakush y Towwora.  Diseñado por Bliss-Leavitt, y disponible en la US Navy desde 1925, para equipar aeronaves torpederas. A partir de 1943 se instalaron en las PT boats, reemplazando a los más grandes MK 8.

Fue empleado en la Segunda Guerra Mundial, en el teatro del Pacífico, para el que se produjeron 17000 unidades. Se registraron 1287 lanzamientos en operaciones de combate, de los que 514 produjeron impacto: 322 de ellos sobre portaaviones y acorazados, 179 sobre destructores y 445 en barcos mercantes.

En la guerra de Corea se lanzaron 8 de este exitoso modelo de torpedos, con aeronaves, sobre los diques norcoreanos del Río Pukham.

Era del tipo “short and fat”, de 569 mm o 22,4" de diámetro y 4,09 mts de largo.

Era de corrida recta, giroestabilizada, con propulsión de turbinas a vapor de alcohol.

Pesaba 1005 kgs. Con 270 kgs de Torpex como carga útil, activada por una espoleta de impacto.

Su alcance era de 5800 mts, con una velocidad de corrida de 33,5 nudos.

En las torpederas se activaba antes del lanzamiento que se accionaba desde un rack del tipo Roll-off, es decir caía por gravedad.

 

Torpedo Mk 13 embalado

 

Entrevistados y consultados

El presente trabajo se ha basado en los importantes aportes memoriosos de los siguientes protagonistas de los hechos aquí relatados, a quienes agradezco su colaboración, y ante los que me disculpo por los errores que pueden haberse deslizado involuntariamente:  

ALNACD (RE) Enrique MOLINA PICO

VLIM VGM Juan Roberto MARÍN

VLCDNA (RS) Julio VARA

CLIM (RE) Sergio Leonardo ARÁOZ de LAMADRID

CLCDSB (RE) Carlos María SALAS

CLAV (RE) Roberto Benito MOYA

CL (RE) Leónidas Jesús LLANO

CNIM (RE) Jorge ERRECABORDE

CNCDSB (RE) Guillermo J. MONTENEGRO

CNIM (RE) Ricardo Evan ROBERTS

CNIM (RE) Antonio MOCELLINI

CNAV (RE) Carlos Alberto ESPILONDO

CNCDNA (RE) Norberto Ramón VARELA

CNEJMQ VGM (RE) Hugo Alberto MORRIS DALY

CNCDNA (RE) Ricardo HERMELO

CNCDNA (RE) José Luis SCIOTTI

CNIM (RE)  Alberto Juan BAFFICO

CNCDNA Guillermo Andrés OYARZÁBAL

CFIM (RE) Jorge Enrique SAÉNZ

CFIM (RE) Guillermo GIMENEZ

CFCDNA VGM (RE) Juan José Jesús GOMEZ MEUNIER

CFCDNA (RE) Raúl LATERRADE BRUNET

CFAV (RE) Roberto CRIVELLINI

CCAV Alberto PHILIPPI

DR. Alejandro CORBACHO (UCEMA, Escuela de Guerra Naval)

Antropólogo Lic. Ernesto Luis PIANA (CADIC- CONICET)

Sra. Mercedes CAMPOS de LLANO

Sr. Ricardo BURZACO

Sr. Mariano AGOSTINI

Sr. Julio MARANI 

Siglas empleadas: 

AA Antiaéreo (Defensa Aérea)

AL Almirante

A.R.A. Armada República Argentina, buques de la Marina de Guerra.

AV Aviador Naval

BDD Buque dique de desembarco

BDT Buque de desembarco de tanques

BIM Batallón de Infantería de Marina

CC Capitán de Corbeta

CDF Central de Dirección de los Fuegos de Artillería

CF Capitán de Fragata

CL Contraalmirante

CN Capitán de Navío

EA Ejército Argentino

FT Fuerza de Tareas

GT Grupo de Tareas

IGTF Isla Grande de Tierra del Fuego

IM Infantería de Marina

NACD / GN Naval Comando o Cuerpo General, es decir del cuerpo de línea

PNA Prefectura Naval Argentina

RE Retiro Efectivo, es decir retirado del servicio activo

ROA Red de observadores del aire

RS Retirado en Servicio

SB Submarinista

TN / TF / TC Teniente de Navío, de Fragata o de Corbeta

VL Vicealmirante

 Nota: Los grados navales y de Infantería de Marina ascienden en el siguiente orden:  Guardiamarina, Teniente de Corbeta, Tte. de Fragata, Tte. de Navío, Capitán de Corbeta, Cap. de Fragata, Cap. de Navío, Contralmirante, Vicealmirante y Almirante.

 Bibliografía:

 

-               Apuntes sobre los buques de la Armada Argentina, CNCO (RE) Pablo Arguindeguy, DEHN, 1972.

-               Historia de la Aviación Naval Argentina, Tomos 1 y 2, ARA.

-               Anecdotario de la Infantería de Marina, Vol I, II, III y IV, CNIM (RE) Jorge Errecaborde.

-               La Escuadra en Acción, P. Arancibia y F. Bulnes, Grijalbo, Santiago de Chile, 2004.

-               “Las lanchas rápidas en la guerra naval y su utilización en nuestra Armada”, CF Beis, Carlos, Becerra, Luciano y Torrá, Miguel, Trabajo de Investigación, ESGN, 1976, Archivo de la Escuela de Guerra Naval, Buenos Aires.

-               “Lanchas rápidas alemanas en la Segunda Guerra Mundial: de la defensa de costas a la estrategia naval integrada”, Alejandro Corbacho, PH. D., Escuela de Guerra Naval, 2010.

-               Revista Defensa y Seguridad, Ej. N° 48, 2009. Dir. Ricardo Burzaco.

 Páginas web:

·         www.ara.mil.ar,

·         www.armada.cl,  

·         www.histarmar.com,

·         patrullerasargentinas.blogspot.com,

·         www.marambio.aq y

·         www.wikipedia.com  


 

[1] En 1884 se dictó la ley N° 1532 por la cual el extenso territorio patagónico fue dividido, creándose el Territorio Nacional de la Tierra del Fuego. El primer gobernador  fue el teniente de fragata Félix Mariano Paz, quien asumió en noviembre de ese año. En 1943 se estableció la Gobernación Marítima de la Tierra del Fuego, que incluía la Isla de los Estados  y en 1948 se le incorporó el Sector Antártico Argentino. En 1955 se formó la Provincia de Patagonia con Tierra del Fuego y Santa Cruz, sobre dichas jurisdicciones, pero inmediatamente, en 1956 quedó limitada a Santa Cruz  y tomó el actual nombre. En 1957 se restableció el Territorio Nacional de la Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, que por la ley N° 23775 de1990,  nace como una nueva provincia. Su Constitución fue sancionada el 17 de mayo de 1991 (casualmente en la fecha del aniversario del Combate de Montevideo,  día de la Armada). La provincia quedó establecida definitivamente, luego de la elección de representantes, el 10 de enero de 1992, con la asunción de sus nuevas autoridades autónomas.

[2] En 1884, una expedición argentina al mando del Comodoro de Marina (grado de la Armada equivalente a Capitán de Navío con comando de una Fuerza Naval) Augusto Lasserre llegó a la zona. El 25 de mayo fundó el  faro y estación de San Juan de Salvamento, en la isla de los Estados y el 12 de octubre fundó la Subprefectura (o apostadero naval) que diera origen a la ciudad de Ushuaia.

[3] Los límites patagónicos han sido motivo de debate con Chile desde 1872. La zona al sur del canal Beagle fue motivo de un prolongado litigio entre los estados de Argentina y Chile, especialmente en relación a la posesión de las islas Picton, Lennox, Nueva y otras menores al sudoeste de esas. Todas ellas fueron finalmente otorgadas a Chile por el laudo de corona británica en 1977, que el gobierno argentino declaró nulo por arbitrariedades jurídicas. Eso hizo que el conflicto llegara al borde de la guerra en diciembre de 1978, cuando intervino Su Santidad el Papa Juan Pablo II,  y logró la firma del Tratado de Paz y Amistad, el 29 de noviembre de 1984.

[4] En el año 1902 Chile y Argentina firmaron los Pactos de Mayo, llamados así por haberse acordado ese mes, por los cuales se estableció una limitación en la dimensión de sus armadas y en la cantidad de buques de guerra, además de someter los diferendos limítrofes a la mediación británica. Por ellos, Argentina se desprende de dos grandes acorazados en construcción, que vende a Japón y son determinantes en la batalla naval de Tsushima en la que el Almirante Togo desintegra a la flota rusa, y determina la victoria en la guerra entre esas potencias. Japón  invitó a un observador, el  CN M. Domecq García, que participó y elevó un informe de cuatro tomos titulado  “Preparación y eficiencia  de la Marina de Japón”. Biblioteca de la Escuela de Guerra Naval.

[5] De la clase “Barceló”, construidas a partir de 1962 en el astillero español Bazán, derivadas de la clase FPB-36 alemana diseñadas por Lürsen (Bremen-Vegesack). La PTF 80 Guacolda y la PTF 81 Fresia, llegaron a Chile en 1965; la PTF 82 Quidora y la PTF 83 Tegualda  arribaron en 1966. La Armada de Chile conserva la PTF Fresia en Punta Arenas como museo.

[6] Según las inéditas Memorias del CN (RE) Hermelo, la disculpa verbal indicaba que el comandante de la lancha estaba presumiendo ante su “polola”, azafata de una aerolínea comercial que había aterrizado en Ushuaia. Otras menciones figuran en  “La Escuadra Activa en acción”.

[7] El calibre es el diámetro del proyectil que dispara un arma y define su tamaño. En este caso, un arma de 40 mm. lanza una bala de forma ahusada similar a una botella de ¾ litros, con un alcance de más de 6000 metros.

[8] En la organización táctica de la artillería se denomina “batería” al agrupamiento operativo mínimo de cañones que pueden operar independientemente en forma eficaz, generalmente más de 3 piezas.

[9] Desde 2009, se ha iniciado un lento proceso de restauración de la ex LT A.R.A. “Towwora” en Ushuaia.

[10] Nombre que honra al Vicealmirante Emilio Rodolfo Berisso, asesinado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) en 1972.

[11] La Prefectura Naval (PNA) fue separada de la Armada y transferida como fuerza de seguridad al Ministerio del Interior en 1984.

[12] La operación tuvo varios nombres en sus fases sucesivas de planeamiento. Finalmente se la reconoce como “Soberanía”, aunque no en todas las fuentes.

[13] Las islas a tomar posesión efectiva con operaciones anfibias y helidesembarcos difieren según el momento de planeamiento y las fuentes.Picton, Lennox y Nueva no se recuperarían hasta consolidarse otras etapas, por el alto costo en vidas que podía significar hacerlo al principio, cuando se encontraban minadas y fuertemente defendidas.

Las fuentes argentinas y chilena tampoco coinciden con el Día “D” ni la hora “H” indicadas.

[14] Es usual mencionar el nombre de los comandantes de las unidades militares, sin que ello signifique desconocer que las mismas se nutren de una gran cantidad de personal de diferentes jerarquías y en muy variadas tareas. La responsabilidad que le cabe al comandante o jefe y el carácter que su genio y liderazgo pueden imprimir a sus acciones son el origen de esta divulgada costumbre. Por ello, aunque la historia sólo recoja su recuerdo, ellos hacen homenaje a sus tropas.

[15] Versión extraída de la referencia, en realidad esta tarea fue asignada al BIM 4, sobre otras cuatro islas.

[16] También según la misma referencia chilena, la maniobra era desembarcando en la Isla Gable. Sin embargo esa isla,  cedida por el gobierno del Gral. Roca a la familia Bridges, siempre estuvo ocupada por habitantes y fuerzas de seguridad argentinas. De las tres islas principales, no se haría toma de posesión en la primera etapa del conflicto, por lo anteriormente explicado. No se conocen  planes argentinos de ingresar a la Isla Navarino.

[17] Las corbetas, habían sido recientemente adquiridas a Francia, de la clase A69, son las A.R.A. “Drummond”, “Guerrico” y “Granville”. Los destructores eran  los desafectados de la US Navy , de las clases Fletcher A.R.A. “Brown”, “Espora”, “Rosales”, “Storni”y “Domecq García”, los clase Sumner  A.R.A. “Bouchard”, “Seguí” y “Piedrabuena” y el clase Gearing A.R.A. “Py”.

[18] La infantería de marina argentina para sus misiones operativas conforma equipos de combate independientes, generalmente basadas sobre infantería apoyada por armas más pesadas y eventualmente otros servicios. Se llama “equipos de combate” a elementos desde la magnitud de pelotón hasta compañía. Esta  conformación generalmente se hace sobre la orgánica de tiempo de paz, que en aquella época tenía una concepción “terciaria”, pero se modifica según la necesidad y el carácter de la tarea asignada, ofensiva o defensiva. Usualmente las fracciones tienen tres elementos; así mientras dos toman posición y cubren al tercero que se desplaza, y éste, una vez establecido, pasa a apoyar a uno de los anteriores. Esto se replica desde el nivel de pelotón, ascendiendo al grupo, la sección, la compañía y el batallón. Los números de personal aproximados de las fracciones armadas son: 4 para pelotón, 15 para grupo, 50 para sección, 150 para compañía, 550 para batallón; pero varían para cada caso particular. Los apoyos de fuego estándar son un fusil-ametralladora (FAP) para el pelotón, ametralladoras pesadas (MAG) para el grupo, morteros livianos para la sección y compañía (60 y 81 mm.), morteros pesados (105 mm.) y cañones sin retroceso (75 y 105 mm.) para el batallón, además de los que le ofrecen las baterías o batallones de artillería que componen la fuerza de tareas (FT) o Brigada.   

[19] En el presente se ha redenominado Fuerza de Infantería de Marina “Austral” (FAIA) y en nuestros días tiene asiento en Río Grande, tras haber estado instalada en Río Gallegos, Santa Cruz.

[20] El símbolo (+) indica que estaba reforzado. Se le sumó la compañía “Leopardo” del EA.

[21] Vivac es un campamento militar.

[22] Ese Batallón de IM Nº 4 se ha asentado actualmente en Ushuaia, luego de haber estado localizado transitoriamente en Río Gallegos.

[23] Los objetivos de esta maniobra fueron cambiando a medida que se avanzaba en el planeamiento y que se alteraban los proceso políticos y diplomáticos, y en la medida en que se mejoraba la inteligencia sobre el despliegue y defensas chilenas.

[24] Dos célebres construcciones del estilo impuesto por estos ingenieros son el Fort Boyar  (La Rochelle, Francia, siglo XVII), famosa por estar montado en el mar, sobre un banco de arena y ser sede de un reality show de pruebas de destreza en TV en 1990, y otra es la Citadelle de Laferriére en el norte de Haití (1805), la fortaleza más grande de América, también patrimonio cultural de la humanidad (UNESCO). Los fuertes coloniales españoles del Caribe y América del Sur, llevaban sus conceptos de bastiones, caras anguladas y líneas de apoyo mutuo.

[25] Que resistiera la primera invasión inglesa al Río de la Plata.

[26] Esta línea de siete baterías en la boca del estuario de Bahía Blanca, donde se construía la gran Base Naval Puerto Belgrano, correspondía a defensas marítimas por los primeros conflictos con Chile, de fines del siglo XIX. Hoy se conservan las estructuras de las cinco que alcanzaron a erigirse antes del armisticio de 1902, y una de ellas es museo con sus cuatro gigantes cañones Krupp de 24 centímetros de calibre. Ver fotos y nota en www.histarmar.com (Fuerzas Navales de Defensa y Seguridad – Armada Argentina- Artículos históricos y guías).

[27] El obús es un arma de gran calibre pero tubo cañón más corto que el de los cañones. Son más livianos y transportables pero la trayectoria de sus proyectiles es corta y muy curva (parabólica), por lo que pierde precisión.

[28] Nombre que honra al Vicealmirante Emilio Rodolfo Berisso, asesinado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) en 1972.

 

[29] En 1812 el Gral. Manuel Belgrano erigió una batería con este mismo nombre en la Villa del Rosario.

[30] Ver notas artilleras al final del trabajo. Bofors es la famosa empresa sueca diseñadora y fabricante.

[31] El primer número es el calibre (diámetro del ánima) del tubo, el segundo valor indica el largo de dicho cañón al referir la cantidad de calibres (41 x 105 mm = 4305 mm es decir 4,30 mts).

[32] Obús, es un arma de grueso calibre pero de cañón corto. Esto implica que el tiro tendrá grandes parábolas, pero menor alcance y precisión. Igualmente suficiente para la distancia de ancho del Canal Beagle.

[33] También llamada Independencia.

[34] Denominación en honor al aviador naval Almirante Hermes José Quijada. Pionero antártico, primer piloto argentino que aterrizó en el polo sur el 18 de diciembre de 1961, con un Douglas C 47  (matrícula CTA15), que hoy se exhibe frente al aeroclub de Ushuaia. Fue asesinado en 1973 por el ERP.

[35] Ver “Lanchas rápidas alemanas en la Segunda Guerra Mundial: de la defensa de costas a la estrategia naval integrada”, Alejandro Corbacho, PH. D., Escuela de Guerra Naval, 2010 y artículos específicos en Histarmar.com.

[36] Sobre manchas de líneas curvas  de colores negro, marrón y verde oscuro.

[37] Recordemos la célebre PT 109 de Kennedy, nave similar de la clase Elco.

[38] En la Base Naval Río Santiago estaban los Talleres de Río Santiago, donde se construyeron, entre otros, la lancha Zurubí, los patrulleros y rastreadores, que fueron predecesores de los Astilleros y Fábricas Navales del Estado (AFNE), donde se construyera, a su vez, el BDT A.R.A. “San Antonio” y el destructor A.R.A. “Santísima Trinidad”. Allí funcionó luego el Liceo Naval Militar “Almirante Guillermo Brown”.

[39] Tachyeres patachonicus.

[40] Diccionario Yámana–Inglés de Thomas Bridges.

[41] Asociación Fueguina de Actividades Subacuáticas y Náuticas, de Ushuaia.

[42] Se entiende como impedir el tránsito, u obstruir el paso.

[43] Se destacaron luego, entre 1991 y 1992, por integrar la primera misión naval de Naciones Unidas en la fuerza de paz en América Central, ONUCA, con base naval en San Lorenzo, Golfo de Fonseca, Honduras.

[44] En gran parte extraído casi  textualmente de “La Escuadra Activa en acción”.

[45] Es la zona más delgada que une la Península de Brunswick (donde está ubicada Punta Arenas) y la Patagonia.

[46] Lamentablemente esa iniciativa no ha inspirado actitud semejante en Ushuaia con respecto al emplazamiento de  Monte Gallinero.

[47] La Elícura era una barcaza construida en Asmar en 1968 y su armamento estaba compuesto por dos ametralladoras de 20 mm. Por su parte, el Orompello que databa del año 1965, tenía una capacidad de 750 toneladas, tenía tres ametralladoras de 20 mm. El Piloto Pardo, del año 1958, poseía un casco diseñado especialmente para operar en Antártida, contaba con cuatro ametralladoras de 20/63 mm, un cañón de 3"50 pulgadas y dos helicópteros. El Aquiles hasta ese momento había estado asignado a la 1ra Zona Naval con asiento en Valparaíso, construido en Dinamarca en 1953 y vendido a Chile en 1967, disponía de seis ametralladoras antiaéreas.

[48] La Escuadra Activa en acción.

[49] Las cuatro torpederas de la clase “Barceló”, recibidas a partir de 1965 de los astilleros españoles “Bazán”. La última de ellas, la PTF Fresia, fue radiada del servicio en 2005 y es conservada expuesta en la plaza Soberanía de la ciudad de Punta Arenas, en muy buen estado externo.

[50] Cargas de profundidad pequeñas, lanzadas en salvas simultáneas con varios morteros, cubriendo un área de contacto. Explotan por impacto en el casco o en el fondo. Se conocen también como Hedgehogs.

[51] Equipados con sistemas acústicos de sonoboyas más modernos (Jezebel), además de equipos de escucha  radioeléctrica (MAE),  detector de anomalías magnéticas (MAD) y radar, muy adelantados.

[52] El sonar utiliza la propagación del sonido bajo el agua y permite detectar contactos y procesar frecuencias y otros ruidos que identifican tipos de hélices (tamaño, cantidad de palas, velocidad de rotación), motores y buques. 

[53] ¿Sería el mismo O’Brien que en “La Escuadra activa en acción” se menciona que regresó a puerto por “inconvenientes”?

[54] Plotear es llevar el cálculo cinemático y de posición de un contacto o blanco.

[55] Ver las  notas artilleras al final del trabajo.

[56] Las torpederas de la clase Higgins desplazaban más de 35 toneladas en rosca, es decir, sin abastecimientos.

[57] Año 2011, pasada ya la celebración del Bicentenario de la gesta libertadora de mayo de 1810.

[58] Comenzó al firmarse el tratado de Esquipulas en 1991 y finalizó exitosamente, replegándose en 1992.

[59] El CCIM Jorge E. Sáenz.

[60] El Servicio Militar Obligatorio fue instituido en el año 1901 durante la segunda presidencia del General Julio Argentino Roca por la Ley N° 4301, cuando era Ministro de Guerra el Gral. Pablo Riccheri (Estatuto Militar Orgánico de 1901). Su finalidad era dar instrucción militar a los jóvenes, proveyendo de tropas a las FFAA pero también generar una conciencia nacional en una gran masa inmigratoria, disminuir la influencia de los caudillos regionales que hacía peligrar la estabilidad del país, asegurar la documentación y registro de los habitantes, hacer revisiones de salud y cumplir planes de vacunación y dar alfabetización elemental, entre otros.

[61] Anecdotario de la IM.

 

 

 

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