Historia y Arqueología Marítima

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Primeras navegaciones del Rio Bermejo

 

☆ Por el Pbro. Emilio Castro Boedo - Publicado en la revista Yachting Argentino. 1942

Nota: Se transcribe exactamente como fue escrito y publicado en la revista. La numeracion de cada párrafo es del original. (Mey)

Espedicion de navegación del Bermejo realizado por el Padre Fr, Francisco Murillo

1 Desde la fundación de nuestras provincias o mejor dicho desde el descubrimiento del Rio Bermejo originariamente llamado el "Grande”, muchas espediciones se armáron sucesivamente para esplorar sus costas y emprender su navegación; lo primero se consiguió por varios en diferentes épocas, lo segundo en cierto modo.

2. La suerte y gloria de ser el primero que realizó la navegación de este río le cupo al Padre Francisco Murillo de la orden Franciscana; este, acompañado de cuatro individuos mas en una pequeña embarcación entoldada de cuero por toda defensa á la flecha de los indios, se arrojó á las corrientes del Bermejo en la embocadura del Senta, navegando sin inconveniente ni fracaso alguno hasta el punto San Bernardo de Vertiz donde bajó el día l9 de Diciembre de 1780.

3. En este punto se encontró con su correligionario el Padre Antonio Lapa conmisionero del Dr. D. Lorenzo Suarez Cantillana Arcedean de la Catedral de Córdoba y Capellan del Comandante General D. Francisco Gabino Arias que se ocupaba de un pueblo de misiones del que tratarémos á su vez.

4. El Padre Murillo hacía la navegación del Bermejo para esta capital de Buenos Aires por orden de sus superiores; mas por los interesados empeños del Coronel Arias y de sus principales compañeros de espedicion suspendió su navegación, para continuarla como lo hizo el dia 25 de Enero de 1781 (acompañado del Comandante General, del P. Lapa, del Auditor Dr. D. José Antonio Arias Idalgo, del Mayor de órdenes D. Jaime Nadal y Guardia; del médico cirujano Dr. D. Antonio Gutierres del Castillo y dos remeros, (de los que uno era el Práctico) hasta el dia 27 delmismo mes, en que se detuviéron en las tolderías de los Mocobís hasta formar aquí otro pueblo de misiones.

5. El dia 9 de Febrero del mismo año, despues de bendecir una gran canoa mandada fabricar por el Comandante General, el Padre Murillo se dió a la vela acompañado de aquél, de su conmisionero el P. Lapa, del Auditor Dr. Arias, del Mayor de órdenes Nadal, del Secretario D. Gerónimo Tomas de Matorras, del Protector de Indios D. Juan Antonio Caro, del médico Doctor Castillo, y otros varios subalternos y sirvientes del Comandante General inclusive dos prácticos por agua, dos baqueanos por tierra y dos lenguaraces ó intérpretes.

6. Con este solemne séquito y distinguido acompañamiento el Padre Murillo continuó su navegación del Bermejo hasta llegar á su destino. Sensible es ciertamente que no se haya trasmitido á la posteridad el diario de navegación y demas estudios manuscritos por el recomendable espedi-cionario primer navegante del Bermejo.

Espedicion de navegación del Bermejo realizada por el Coronel D. Adrián F. Cornejo

1. La segunda espedicion de navegación del Bermejo fué la emprendida por el Coronel D. Adrián Fernandes Cornejo, vecino de la ciudad de Salta.

2. El Coronel Cornejo sabía que el Coronel D. Francisco Gabino Arias habia atravesado las impenetrables montañas del Gran Chaco Gua-lamba con el perseverante propósito de emprender la navegación del Bermejo para dar á los pueblos interiores una fácil, económica y mas pronta comunicación con los pueblos litorales del Plata, y por esta vía, con las naciones de ultramar.

3. Animado talvez del mismo propósito, é inspirado menos quizá en la ambición á tanta gloria, el Coronel Cornejo emprendió la navegación del Bermejo á su costa en un barco pequeño y dos canoas mandadas trabajar por él mismo en las Juntas del río de Ledezma con el Rio Grande (aquí Rio Negro) de donde sarpó en el mes de Diciembre de 1780, haciendo una dificultosa navegación hasta cerca de las Juntas del San Francisco con el Bermejo, donde amarró su embarcación por causa de haber encontrado muchos bancos y palizadas en este trayecto del rio; dejando dueño de esta gloriosa iniciativa á su colega el Coronel Arias, de cuya espedicion hemos hablado en otra página, como incidente á la del P. Murillo.

4. Pasó el tiempo sin que el Coronel Cornejo prosiguiese su empresa; mas los empeños del General Arredondo que se hallaba en Salta de paso á recibirse del virreinato de Buenos Aires el año 1789, lo decidiéron á emprender con todo interés la navegación del Bermejo.

5. Resuelto á ello el Coronel Cornejo el año 1789 concentró todos los elementos necesarios en el antiguo presidio de Centa, á la rivera sud del rio de este nombre, donde hizo construir un mediano barco, que concluido hizo bajar por las abundantes corrientes del Senta hasta las Juntas con el Bermejo el 16 de Mayo del mismo año.

6. Aquí organizó su espedicion el Coronel llevando á bordo del barquillo una selecta tripulación entre la que figuraban sus dos hijos los Capitanes D. Antonino y D. Juan José Cornejo, Don Lorenzo Doncel Mayor de Ordenes, y D. José Acevedo Intérprete muy conocedor del Chaco y relacionado con los indios, con los qué, haciendo él de Gefe de la Espedicion, se dió á la vela por las caprichosas corrientes del Bermejo el 27 de Junio de 1 790.

7. El Coronel Cornejo llevó un prolijo diario de su navegación, por el que nos avisa no con poca minuciosidad. I9 “Lo que era entonces el “Bermejo. 29 El grado de reducción en que aún “permanecían las distintas tolderías de indios. 39 “El estado en que se encontraban los pueblos y “misiones de San Bernardo y de la Gangayé. 49 “Que en este último pueblo encontró de Pastor ó “Misionero voluntario al Apostólico y venerable “anciano Arcedean de Córdova Dr. D. Lorenzo “Suares Cantillana el dia 5 de Agosto del mismo “año. 59 Que en este tiempo se hallaba en Corrientes el P. Lapa, Pastor ó Doctrinero de la misión “de San Bernardo. 69 Que había tomado las distancias de los puntos mas conocidos. 79 Que no “encontró en todo el trayecto de la navegación “ningún obstáculo invencible. 89 Que hizo su navegacion en 53 dias. 99 Que según su itinerario “el Bermejo tiene un canal de 300 leguas de las “Juntas de San Francisco á las Juntas con el Paraguay. 109 Que el Bermejo es navegable en todo tiempo”.

8. Como consecuencia de su espedicion el Coronel Cornejo pasó al Superior Gobierno de Buenos Aires un informe sobre la reconstrucción y ubicación de los Fuertes á su juicio requeridos entonces, y sobre la existencia del trozo ó mina de fierro enterrada en el Chaco. Por lo demás, ningún otro conocimiento de importancia nos dá aquel diario de navegación.

Espedicion del Bermejo por O. Pablo Soria

1. La tercera espedicion de navegación del Bermejo fué la que realizó el ciudadano D. Pablo Soria vecino de la Provincia de Jujuy y propietario  de uno de los mejores establecimientos planteados  hasta entonces en las márjenes del Rio San Francisco.

2. El año de 1824 se organizó por un selecto grupo de capitalistas (hijos todos de la benemérita pero desafortunada provincia de Salta) una asociación con 30,000 $ de capital, á propósito  de habrir la navegación del Bermejo y colonizar  los estremos mas importantes del Chaco.

3. El citado D. Pablo Soria era uno de los  consocios y encargado por la sociedad para la realizacion de aquella empresa, que desde muchos  años atrás venía escitando la ambición de gloria I personal en unos, y de progreso nacional en otros.

4. Hasta tanto fué despachada por el Gobierno General de Buenos Aires la solicitud de privilegios recaída en la patente dada por el Gobierno  de Salta á D. Pablo Soria para la navegación del Bermejo, pasáron álgunos meses.

5. Soria no perdió tiempo, y en el mes de Enero de 1826 ya tenía construida en las Juntas del San Francisco una chata de dos proas con cincuenta y dos pies de quilla, dieziseis de manga y tres y medio de puntal, con calado de veintidós pul gadas medida francesa.

6. Como en aquél mes era el de mayor crecíente, era necesario ó mas conveniente á la seguridad y buen resultado de la espedicion esperar el mes de la decreciente ó mayor baja del San Francisco, y especialmente del Bermejo, para poderlo reconocer en sus condiciones mas naturales.

7. En este ínterin el Señor Soria mandó construir dos buenas canoas en la costa oriental del Rio Negro, no muy arriba de la embocadura de este con el Grande de Jujuy; y en ellas bajó desde estas juntas hasta los del Bermejo, que llamó él mismo “Palca de Soria”, por un canal fondo de arena, de dos pies de agua y trecientos metros de ancho en partes y en otras cincuenta metros de ancho y doce pies de agua, sin otro obstáculo de condicion alguna en todo este trayecto.

8. Una vez aquí Soria con tres canoas y un barco listos, aunque sin velas ni remos, subió a bordo de una liviana embarcación haciendo de Gefe de la espedicion, y echóse por las corrientes del Bermejo entre las mas pintorescas y atractivas riveras, llevando por toda tripulación á D. Nicolás Descalzi Piloto; á Don Lucas Crecen pasage-ro; un individuo mas voluntario; un indio mo-taco intérprete; un individuo mas sirviente, y quince peones sacados de la cárcel para este objeto.

9. Con tal comitiva emprendió su navegación el valiente espedicionario el dia 15 de Junio del mismo año, época no ciertamente de la mayor decreciente del no, como lo espresó en su comento el Señor Arenales; por que la época de mayor bajante del Bermejo es en los meses de Agosto, Setiembre y Octubre, según lo hemos esperimentado en nuestra espedicion de 1872.

10. Él supo realizar su difícil empresa sin inconveniente alguno en todo el trayecto de su navegación llevando de ella un prolijo diario, formando un itinerario de las distancias, haciendo un reconocimiento trancitorio de las riveras y costas del rio y levantando un croquis ó plano de él y de lo que encontró y pudo reconocer mas importante en su espedicion.

11. En la mañana del 12 de Agosto del mismo año Soria fué llevado por las mansas y rojizas aguas del Bermejo hasta lo mas alto de las descoloridas corrientes del Profundo Paraguay hasta enfrentar á una vivienda paraguaya levantada un tanto abajo de la Boca del Bermejo sobre la barranca oriental del Paraguay.

12. Esta vivienda era la “Guardia del Talli” mandada colocar en este punto por el dictador Francia al objeto de vijilar los que osaran subir o bajar las aguas del Paraguay sin permiso ó consentimiento del Señor del territorio.

13. Soria, sin apercibirse de la terrible y arbitraria responsabilidad á que fuera condenado, osó llevar la quilla de su pacífico barco sobre las canales custodiadas y por un rumbo que habia sido siempre el ensueño de las políticas ambiciones del Dictador Francia, ó á lo menos la pesadilla de sus recelos y temores-—por ser la boca del Bermejo uno de los puntos estratéjicos de ofensiva ó defensiva que miraba á su frente en el territorio argentino.

14. La vijía paraguaya intimó á Soria bajar á tierra; el candoroso ó intrépido espedicionario obedeció sin tardanza; y desde el momento de haber dado su nombre, el punto de su partida, la ruta de su navegación, el móvil de su espedicion, el objeto que tenia y el punto á donde se dirigía, fué notificado en pricion con entrega incontinenti y absoluta de los demás individuos de su tripulación, de su embarcación toda, y de cuanto en ella conducía, sin reservarle ni la mas insignificante oja escrita.

15. Este criminal abuso contra el derecho internacional á la vez que contra el derecho de gentes cometido por el Gobierno Paraguayo, privó de la buena conclusión de su importante propósito á la Sociedad de Navegación fundada en Salta por el ilustre cautivo, y al comercio estranjero tanto como al nacional del conjunto arreglado de todos los preciosos conocimientos, estudios y manuscritos hechos por el Señor Soria sobre la navegación del Bermejo y colonizacion del Chaco.

16. El 27 de Agosto de 1831 el Señor Soria despues de cinco años de cautiverio bajó por el Paraná continuando su viaje hasta esta capital de Buenos Aires, desde donde dirigió á sus consocios un detallado informe de los estudios que habia hecho y de la fatalidad de que fué víctima en la Guardia del Talli; acompañando una carta geográfica que de memoria ó por recuerdos había hecho litografiar en esta ciudad.

17. De estos documentos, que fueron publicados en esta capital y comentados por el Teniente Coronel D. José Arenales, hé recogido los datos espresados y estos mas—“lo que el Bermejo es navegable en su estado actual (quiere decir en sus “condiciones naturales) sin contar con ninguna “de las mejoras de mano facilísimas de aplicar.— “29 que siendo un hecho la navegación de otros “rios con trasporte de mas de cien toneladas, catando de 12 á 16 pulgadas (como en NorteAmérica), este (el Bermejo) no solo es navegable en algunas estaciones del año, sino que lo “es en todo tiempo; siendo cierto que ni en Agosto, Setiembre y Octubre puede bajar á menos de 20 pulgadas en ninguno de sus esplayados.—V “que el río tiene ciento y pico de leguas (geográficas debe entenderse, por que es ya un hecho “bien y bastantemente estudiado que tiene 311 “leguas poco mas ó menos) de las Juntas de San “Francisco á las del Paraguay”.

18. Todos los demás datos que contiene no son contrarios, ni aun diferentes, ántes si conformes, con los que yo presento en la linea derrotera de navegación, eceptuando tal cual incidente ocurrido al Señor Soria con los indios, que nosotros felizmente no hemos sufrido, habiendo estado en peores condiciones que él ante aquellos; eceptuando también la diferencia de condiciones naturales en que al presente corre el Bermejo respecto de lo que corría cuando lo navegó el Señor Soria.

19. En aquél tiempo el río corría haciendo una isla frente á la costa azul (que no demarcaba en su plano por no tener puntos señalados de donde arrancase sus demarcaciones) es decir, que corriendo un tanto por donde hoy corre, otro volumen de agua corría por la cañada seca ó antiguo madré-jon que se reconoce aun á la costa occidental, y que se abre del otro canal cerca del Arroyo Azul; pues entonces iba por aquel canal de la costa azul el cuérpo fuerte de agua que al presente toma el “Teuco” y que se propone concentrar Roldan, como despues se demostrará.

Espedicion de navegación al Bermejo por N. Lavarello

1. El año 1854 D. N. Lavarello se interesó con el Coronel Don Evaristo Uriburu, vecino de los principales de la ciudad de Salta y propietario de Orán, en que le confiara los elementos necesarios para hacer una espedicion de navegación por el Bermejo, prometiendo corresponder con buen éxito á la iniciativa hecha por él mismo.

2. El Sr. Uriburu accedió á las instancias de Lavarello, y desde luego mandó construir un vapor “El Senta”, á la rivera del río de este nombre, bajo la dirección de aquél; quien recibido del vapor bajó el Senta y subió el Bermejo por distancia de nueve leguas encontrando una facilísima navegación.

3. Desde aquí Lavarello bajó por el Bermejo en su vapor cargado de zuelas, de lana y de piedras muestras de los ricos minerales de Santa Victoria, habiendo llegado al Paraná sin la menor novedad; pero sin mostrar á sus comitentes el verdadero resultado de la espedicion, de lo que no hemos podido conseguir mas pormenores que los espresados en los números anteriores.

4. Es verdad que Lavarello repitió su espedicion de navegación del Bermejo, pero fué bajo otra combinación diferente, de la que trataremos á su vez.

Espedicion de navegación de D. Tomás J.Page realizada por orden del Gobierno de Estados Unidos

1. Por esta misma época el señor D. Tomás J. Page subió por el Bermejo en un vaporcito “El Yerua” en el que llegó con toda felicidad hasta la Pampa Blanca, es decir, como 25 leguas por tierra mas abajo de Orán.

2. Este subió despues de haberse dirigido oficiales recomendaciones á favor de su espedicion  ante el Gobierno de Salta, comunicadas al Te niente Gobernador de Orán, que era entonces el Sr. D. Benjamín Villafañe.

3. Como el Señor Page hasta el punto donde habia subido no encontrase indicio alguno de la protección que esperaba, y además le hubiesen escaseado los víveres hasta el extremo de recurrir á las influencias del malogrado misionero Sr. José Berenguela, tuvo que regresarse desde aquel punto inutilizando la mejor parte de su navegación; lo que dió motivo á que el Gobierno Norte-Americano dirigiese una comunicación oficial al Sr. Coronel Uriburu dándole las gracias al generoso Padre que habia socorrido al súbdito espedicionariol norteamericano.

4. Con este acto de agradecimiento del Gobierno de los Estados Unidos, dirigido al benemérito  Padre José Berenguela (misionero rescatador de cautivos en el Chaco, hombre de notables virtudes, que por cumplir su deber fué asesinado en el | Chaco por un indio sirviente suyo; y cuyo cadaver recogieron con trabajo los Padres Franciscanos de la ciudad de Corrientes) por órgano del Gobierno Argentino, terminó la espedicion de Page-

Espedicion de navegación del Bermejo realizada por Lavarello

1. En la ciudad de Salta el año 1855 el Coro-nel D. Evaristo Uriburu inició nuevamente otra sociedad de navegación del Bermejo entre sujetos distinguidos y abonados del comercio de aquella Provincia; para lo qué encargó un vapor á Uvera pool por comision dada á Lavarello con tal objeto.

2. Este compró el vapor en treinta mil pesos fuertes, con calado de siete pies, debiendo ser de dos, y con dimensiones absolutamente desproporcionadas á las condiciones del rio, como para osbtar ó estorbar la navegación, en vez de facilitarla.

3. Sin preocuparse Lavarello de las responsabilidades á que se comprometiera con sus comitentes, se dió por recibido del tal vapor y se lanzó al Bermejo en el mes de Abril de aquel año; subió hasta la Caugaye, y de allí se regresó.
 

por Don José Ramón Nabea

1. Apercibida la Sociedad de Navegación del Bermejo del mal comportamiento de Lavarello, comisionó al Sr. D. José Ramón Nabea que se apoderase del vapor y dos chatas mas de fierro mal tenidos en poder de Lavarello, y que dispusiese con jsta embarcación una nueva espedicion por el Bermejo.

2. En cumplimiento de su comision el Sr. Nabea, exijió á Lavarello la entrega del vapor y chafas. que, recibidas por aquel en esta capital, tripuló con gente toda nueva y á su satisfacción.

3. No anduvo el Sr. Nabea en este cambio de tripulación con toda la suerte que la empresa requería; pues no apercibió que en ella llevaba el germen de la rebelión en uno de sus principales empleados, cuyo siniestro plan debia estallar en un punto preconcebido y combinado por el resentido Lavarello.

4. El Sr. Nabea subió el Bermejo á fines del año 1854, ó á principios del año 1855; sin apercibirse del siniestro fatal que le había preparado su antecesor en tal espedicion.

5. Habían subido hasta cerca del Palo Santo (Senda de Maconúta) y cuando menos recelo de inconveniente grave presentaba el rio, dijo el práctico—“No tenemos agua en el canal” haciendo comprender al Sr. Nabea que de allí no debia pasar el vapor.

6. El Sr. Nabea admirado de tal afirmación al frente de un canal tan abundante y profundo como el que había vencido, bajó a cerciorarse del dicho del Práctico, procurando sondar el rio con otros dos compañeros que llevaba.

7. Mientras Nabea y sus compañeros se aseguraban de la verdad, el Práctico se hizo tiempo para armar la tripulación y sublevarla con fusil en mano y bala en boca contra el Sr. Nabea y sus compañeros si osaban acercar su bote á la embarcación— (cuestión ruidosa que se tramitó ante los tribunales).

8. Sin apercibirse de lo que pasaba á bordo en su tripulación Nabea se acercó al vapor haciendo notar al práctico “que habia suficiente canal para continuar la navegación; el Práctico le impuso no pasar adelante, só pena de sufrir la descarga de bala, que veía preparada á bordo.

9. Nabea sin darse por notificado de tan alevosa traición y ruda amenaza, intentaba acercarse al vapor y subir á bordo; mas los compañeros le impidiéron, viendo el grave peligro que todos tres corrían.

10. El Práctico tomó aguas abajo del Bermejo apoderado de la tripulación, de la embarcación y de cuantos intereses esta contenía, dejando en este punto del Chaco á Nabea y sus compañeros sin mas recurso de ropa y de alimentos que los que habia llevado á sondar el río.

11. Nabea y sus compañeros mandáron aviso con un indio de lo que les sucedia al Sr. D. Vicente Uriburu, quien mandó incontinenti á ellos 25 hombres y un fraile franciscano con los recursos necesarios para salvarles la vida; lo que felizmente se consiguió, mientras que el Práctico conseguía también bajar el Bermejo á dar cuenta de su infame combinación á quien interesára.

Espedicion de navegación del Bermejo por D. Emilio Palacios

1. El año 1862 el Sr. Don Emilio Palacios, Argentino, comerciante, vecino de la ciudad de Salta, acompañado del Ingeniero Moneta y otros, bajó en un vapor á su costa por el rio Bermejo.

2. Ningún detalle importante nos ofrece esta navegación, á no ser el patriotismo con que la realizó el Señor Palacios y la convicción que se formó de ser navegable el Bermejo en todo tiempo en vapores de dimensiones correspondientes al canal del rio.

Otra espedicion de navegación del Bermejo realizada por Lavarello

1. El año 1863 volvió á subir Lavarello al Bermejo en el vapor “Gran Chaco”, tomado en sociedad con el Sr. D. Angel Baso; llegáron hasta el pueblo de Rivadavia donde estuvo el vapor anclado como cinco meses.

2. En este tiempo Lavarello se presentó al Juez de comercio de la Provincia de Salta pidiendo embargo del vapor y arraigo de la persona de su propietario D. Angel Baso.

3. Mas la autoridad que se apercibió de la verdadera condicion del contrato, de la conducta y miras de Lavarello, y de la legitimidad con que obraba Baso, ordenó en tiempo que se pusiese en franquía el vapor bajo las órdenes del Sr. Baso.

4. Esta emergencia dió por resultado la quedada de Lavarello en la ciudad de Salta y el regreso de Baso á Buenos Aires en su vapor, recorriendo el Bermejo aguas abajo con mas libertad y eficacia de lo que habia hecho aguas arriba.

Espedicion de navegación del Bermejo por el Señor Isman

1. Entre otros muchos hombres empresarios y laboriosos que en silencio y sin bombo de ningún género se lanzaron á esplorar la navegación del Bermejo, sacrificando para ello quizás su for- . tuna toda, recordamos al Señor Isman, inglés.

2. Este bajó las corrientes del Bermejo, con mejores propósitos, con mas conocimientos, aunque con menos recursos, y con mucha menos suerte que Lavarello; y si no me equivoco, hizo una espedicion rio abajo en época ó tiempo intermedio : á los de Lavarello.

3. Desgraciadamente, no hemos podido conseguir documento alguno de los que podíamos estraer datos ó pormenores de esta espedicion, lo que ciertamente es sensible atendido el patriotismo y conocimientos del sugeto sobre la materia.

4. Completaremos la historia de la navegacion del Bermejo, recordando que uno de los intrépidos espedicionarios y esploradores de este rio : fué el Señor Fontau, quien el año 1862 hizo los trabajos de iniciativa para la colonizacion de Rivadavia, pero dando á la colonia el nombre de “Nueva Palmira” que se omitió para darle el de “Rivadavia”.

Espedicion de navegación del Bermejo realizada por el Señor Vinei

1. Entre esos muchos silenciosos y arrojados esploradores de la navegación del Bermejo, de los que unos.han dejado entre sus canales su vida y su fortuna, otros su fortuna y mil fatigas, viene figurando muy meritoriamente un Señor Vinei.

2. Por informe de personas competentes sabemos que este sugeto, después de trabajar un canal que al presente lleva ese nombre, para sacar por él los importantes cortes de madera que habia hecho mas arriba de la Piedra Grande, navegó en canoas el Bermejo aguas abajo.

3. Estas y semejantes operaciones se refieren tradicionalmente de muchos que en angadas (tegido de palos) han esplorado los canales del Bermejo, y cuyos nombres ignoramos.

Espedicion de navegación del Bermejo realizada por Don Felipe Saravia

1. El Señor Don Felipe Saravia, argentino, es uno de los espedicionarios del Bermejo, cuyos estudios no se nos han trasmitido, siendo, como sé que son, no de poca importancia en la historia de navegación del Bermejo.

Espedicion de navegación del Bermejo realizada por Don Prudencio Palacios

1. El mismo año en que el Señor Don Emilio Palacios había navegado el Bermejo aguas abajo, Don Prudencio Palacios, hermano de aquél, volvió á emprender con mayor entusiasmo la misma navegación.
2. No hemos podido, por mas que lo hemos procurado, recoger de este espedicionario, otros datos de tal navegación hecha aguas abajo, que los que generalmente han dado los demas espedicionarios, y que los hemos consignado en los capítulos anteriores.
3. Sin embargo, la insistencia de esta “Sociedad Palacios” en gastar sus capitales en la empresa de “la navegación del Bermejo”, nos comprueba que esta es posible, fácil y ventajosa cualquiera  que sea la especulación á que se aplique.-
2. Este sugeto en mejores condiciones que otro alguno con los indios, por haber vivido entre ellos muchos años, y conocedor de las mejores costas del Bermejo, emprendió su navegación bajando por uno de los principales canales de aquél, que los indios denominan “Téuco”.

3. Según esplicaciones que me dió personalmente un hermano de Saravia, el Teuco venía á caer á una estensa laguna donde los diversos desagües del Bermejo y del Pilcomayo hacen centro común, saliendo de allí en diversos brazos paralelamente hácia el Sud, y formando todos estos canales una línea convexa hacia el Bermejo; viniendo á salir al punto denominado Las Tres Bocas el brazo principal, y mas abajo sucesivamente los demás brazos; de los que se supone forman parte del Arroyo del Yacaré y el del Carpincho. Nada mas de importancia sabemos de esta espedición.

Espedicion de navegación del Bermejo realizada por Page y Roldan

1. Bajo la tenáz iniciativa del ciudadano Don Natalio Roldan, argentino y vecino comerciante de esta ciudad, el año 1870 se organizó la “Sociedad Navegación del Bermejo” que al fin vino á componerse de los vecinos D. Francisco G. Molina, D. Cárlos Casares, D. Agustín Cará, D. Claudio Benites, D. Juan R. Sosa y el mismo D. Natalio Roldan.

2. Una vez organizada la sociedad bajo la presidencia del Sr. D. Francisco G. Molina (que á decir con propiedad es la Sociedad misma por los sacrificios personales y fuertes desembolsos de dinero que há hecho en circunstancias en que la fiebre amarilla habia dispersado á todos los miembros de la Sociedad, y por su constancia en sostenerla) encargáron la esploracion del Rio Bermejo al señor D. Tomás J. Page, ingeniero ingles, quien para el efecto salió de esta ciudad el 26 de Febrero de 1871, regresando el 22 de Febrero de 1872.

3. En este viage iba á bordo del “Sol” Don Natalio Roldan, como Representante de la Empresa para mirar por sus intereses en los estudios ó esploraciones que se hicieran del Bermejo, y en todos los casos que necesario fuera.

4. Sea que las dimensiones y demasiado calado de aquel vapor no fueron adecuados ó correspondientes á las condiciones naturales del Bermejo (aunque en Febrero y Abril el rio lleva siempre suficiente agua para vapores del calado de “El Sol”), ó sea por alguna otra causa estraña y contraria á los intereses de la empresa, esta espedicion tardó demasiado tiempo y no trajo mas resultado positivo ó favorable que un plano Corográfíco del Bermejo trabajado por el capitan Page, y
la canalización abierta por el Señor Roldan en el Pozo de la Oreja (25 leguas por tierra mas arriba del Pueblo Rivadavia, y 2 del pueblito de Los Sauces) á propósito de hechar al seco canal del Bermejo las aguas que habían abierto canal por los bañados del Teuco.

5. Regresados á esta capital el Sr. Roldan Representante de la Empresa y el Sr. Page comandante del vapor, el primero acusó al segundo ante la Sociedad, de mal gobierno en la dirección de la expedición, y por consiguiente de gran perjuicio causado á los intereses de la navegación del Bermejo.

6. Esta ú otras consideraciones de alta conveniencia á la urjente, segura y económica realización de la navegación del Bermejo (problema cuya solucion han venido persiguiendo tantas empresas desde el tiempo de la conquista y que ha cabido la suerte de resolverlo á la sociedad presidida por el señor D. Francisco G. Molina) determinó á la Sociedad á retirar de la comandancia y dirección espedicionaria de navegación del Bermejo á Don Tomás J. Page encargándola al Sr. Don Natalio Roldan.

7. De esta espedicion nos vamos á ocupar en el capítulo siguiente bajo la convicción de que es esta la espedicion mas formal, de mas costo y de mejores resultados de todas cuantas se han hecho hasta el presente. Bien podemos decir que es la espedicion verdaderamente esploradora del Bermejo y de sus territorios y adyacentes bajo toda su importancia.

Espedicion de navegación del Bermejo realizada por el ciudadano argentino D. Natalio Roldan acompañado del Doctor Emilio Castro Boedo

1. La compañía de navegación del Bermejo no satisfecha con los resultados de la expedición producidos bajo el comando de Page, dispuso inmediatamente una nueva esploracion del Bermejo bajo el comando y dirección de D. Natalio Roldan, entregándosele para el efecto un vapor de 110 píés de quilla, 16 de manga y 4  piés de puntal; nó á propósito por cierto para las condiciones del Bermejo, aunque el de menos calado que se pudo conseguir en las radas de los puertos del Plata.

2. El mismo Sr. Roldan en persona, colocado el vapor en el canal del Riachuelo, le mandó hacer las reformas mas urjentes que requeria, poniéndole á la próa la denominación “Gobernador Leguizamon”; terminada su compostura puso en él la carga de 80 toneladas; lo tripuló, armó y proveyó como le pareció conveniente, llevando por empleados á bordo un Práctico, D. Manuel Cabo de Vila, español; un comisario, D. Guillermo Araoz, argentino; un 29 D. Juan Barbosa, Oriental; un maquinista, D. Cárlos N., Inglés; un 29 maquinista herrero, dos foguistas, herrero uno de ellos; un carpintero, un cocinero, un mozo de cámara, un auxiliar de este, ocho marineros y un contramaestre.

3. A mas de este cuerpo de tripulación, iban en calidad de dependientes del Señor Roldan dos jóvenes, un hijo de Barbosa y D. Miguel Raimun-din, español de conducta recomendable, y en calidad de pasageros un joven Motorras, jugeño, Teniente de línea; un joven Roberto Días, sirviente de mano del autor de este libro, y él mismo que habla (con cuyo objeto único marché voluntaria y libremente en esta espedicion, sin compromiso alguno con nadie en nada) haciendo de capitan á bordo de esta comitiva, de Patrón del Vapor y de Representante de la Compañía de navegación el Sr. D. Natalio Roldan, con cuya persona se completaba el número de 26 individuos.

4. Toda la tripulación á bordo en el muelle del Riachuelo, el dia 5 de Mayo de 1872, el Maquinista hizo seña de vapor, el capitan dió la orden de levantar ancla, y el Práctico dirigió la próa del buque hácia fuera de las estrechas riveras del Riachuelo; una vez que este puso la quilla del vapor sobre el manso oleaje del magestuoso Plata, á la altura del muelle principal, hizo converger la próa del vapor con habilidad y maestría, dando el frente á la gran ciudad del Sud.

5. Hizada nuestra bandera nacional, el Práctico soltó áncla para recibir á bordo los cumplidos de despedida de la “Compañía de Navegación del Bermejo”, y el abrazo de Adiós... de nuestros deudos y amigos, cuyos corazones inspirados de nuestro dudoso porvenir pasaban como los nuestros por la terrible y amarga lucha de dos impresiones diferentes, la de contarnos perdidos para siempre!... por las penetrantes, agudas y certeras flechas de un millar de bárbaros, sinó entre las boraces y activas llamas de las espantables quemazones que un instante levantan los indios, y qué como especísima montaña de fuego se suspenden sobre las nubes, dejando en la tierra devorado todo; sinó bajo el rigor de un invencible siniestro; sinó en el abismo de una incalculable fatalidad... ó vernos regresar al seno de nuestras familias triunfantes de aquellos positivos é inmediatos peligros, trayendo en la presencia real de nuestras personas eneanecidas por el sufrir y envejecidas por el trabajo la enseña de la mas feliz y gloriosa conquista á que pudimos aspirar significada en esta evidente é indiscutible solucion—la fácil y positiva navegación del Bermejo, el prolijo reconocimiesto de las riquezas naturales del Chaco y sus mejores puntos para colonizar, y la asequebilidad de las principales tolderías de los indios para someterse á una nueva y generosa civilización.

6. Inclinado ya el Sol y reflejando sus rayos por sobre las hondas de nuestra bandera, el sonoro silvato de nuestro vapor nos anunció la partida mostrándonos con la próa el lejano rumbo del Bermejo, hácia donde nos conducía el rápido tornéo de la élises, que con su bullicioso movimiento nos hacían volver la vista hácia la popa, donde mirábamos los altos torreones y las elevadas bóbedas bajo cuya tranquila y cómoda sombra formamos el solemne y voluntario compromiso de nó volver... sin traer la indudable noticia y evidente prueba de haber entrado dejando abiertos los puertos de un pais ignoto, acumulado de inmensa y variáda riqueza, habitado desde siglos por un numeroso y desdichado pueblo de gentiles, que se brinda al celo de los génios de la cristiana civilización, como un nuevo mundo de precioso porvenir para los hombres de toda nación.

7. Separando al fin nuestras miradas de la ciudad “Pelicano del Plata” las llevamos hácia el N. O. preocupándonos desde luego en los esfuerzos y sacrificios que nos habíamos impuesto ir á sembrar en aquellas selváticas y silenciosas regiones en provecho de generaciones humanas fatalmente desheredadas de los derechos y bienes que con nosotros debieran poseer y gozar.

8. Así continuámos nuestra navegación hasta Corrientes sin otra novedad de importancia que la rotura de una de las bombas, cuya compostura nos obligó á demorar algunos dias en aquel puerto.

9. Reparada aquella averia como mejor se pudo, continuámos nuestra navegación procurando ponernos cuanto mas ántes pudiéramos en el canal del Bermejo, haciendo carrera como seis millas por hora, á 60 y hasta 70 libras de vapor.
Eran las tres y tres cuarto de la tarde, diesiciete del corriente Mayo, cuando  nos vimos trasportados al centro de un bellísimo panorama; el manso y serpenteado Bermejo, buscando hacia el oriente un declive mas pendiente donde soltarse, ha encontrado con el anchuroso y profundo canal del Paraguay, en cuyas corpulentas y aperladas corrientes viene suavemente á engolfarse como si fuese su natural tributario; comunicándose así recíprocamente los infinitos secretos de una riquísima variedad de tesoros minerales, vegetales y animales que han creado y alimentado siglos y siglos desde sus más escondidas y arrugadas vertientes en las dilatadas y diferentes regiones que cada cual ha recorrido hasta juntarse aquí; formando una ancha y preciosa faja bicolor matizada en sus orillas por verdorosos cordones de frondosas montañas entretegidas de colorosas y aromáticas enredaderas, por cuyos altos y espesos copos se nos escapa un sol tropical, hácia cuyo ocaso nuestro vapor disminuyendo un tanto en fuerza nos induce mostrándonos el canal del caprichoso y serpenteado Bermejo.

11. Continúamos desde aquella hora la entretenida y preciosa navegación por un curboso canal que nos llevaba en sus variantes con rumbo al Oeste por entre dilatadas, verdorosas y bajas riveras; no encontrámos cosa alguna particular que anotar hasta la hora de perderse el Sol, á no ser la diferencia gradual en que se venían presentando el terreno, los pastos, las florestas, las arboledas y la temperatura.

12. Todas estas cosas comienzan á mostrar una muy distinta naturaleza de la que nos presentan las pampas por el Sud, las faldas de la Sierra de Córdova por el Oeste, las húmedas y calorosas riveras del Paraguay por el Este, y las altas Sierras del Alumbre de Santa Bárbara y del Senta por el NO. y N.

13. Sin que por esto dejen de producirse en este estremo angular del Chaco todas las plantas que se producen en cada una de aquellas regiones, entre la infinita y esquisita variedad de otras que solo aquí se producen, ó que son propias esclusi-vamente de este feracísimo suelo; caminamos así algunas leguas.

14. El segundo día de nuestra navegación continuamos por un canal uniforme al del día anterior; todos los elementos aparecen mejorando de calidad y de condicion; aun las riveras mas estrechas, y las costas mas altas, y mas próximas las barrancas del lecho común del rio; los terrenos menos húmedos, las montañas mas corpulentas, entre estas grandes palmares á ambas costas; los pastos mas variados, animales mas estraños y aves mas raras y preciosas.

15. Desde aquí se encuentran entre las aves de clase fina pabas del monte; y entre los animales de raza cuadrumana unos monos bayos, pequeños no mas de un pié de alto, y otra de monos negros de dos piés de alto; estos parecían ser de la raza de los micos, ó por lo menos de la de los maquis.

16. Lo más notable que nos presentó la navegación de este dia fué la importante bajo toda apreciación Isla de Ñacurutú; hermoso promontorio de riquísima tierra vegetal en figura de un gran navio, de popa á próa de casi una milla de longitud, y tres cuadras de latitud con 12 metros de alto sobre el nivel del agua; afianzada por una liga de greda fuerte sobre un pedestal de tosca que por épocas miliarias la fuerza de las aguas y el aborde de las crecientes han respetado.

17. Continuando nuestra navegación encontramos en este dia varios puntos á ambas costas que se conoce son transitados por los indios frecuentemente, y á propósito para grandes pastoreos de ganados de toda especie, sin peligro de anegación; bajíos lindísimos para cementeras de toda clase, hai á la vista vestigios de las que cosechan los indios.

18. Tenemos en estas inmediaciones varias lagunas; cuyos desagües sirven de fortificación contra los indios, y de comodidad para numerosas poblaciones de cualquiera especulación.

19. Hemos llegado á una ranchería de indios; estos, en chusma como de 150 personas, han bajado muy de mañana á pescar en uno de estos desagües; cuando ellos quisieron huir, ya oyeron que les llamábamos amigablemente; tranquilizándose volvieron hácia nosotros pidiéndonos tabaco; los obsequiamos con algunas galletas y tabaco; no pude conseguir que me dijesen el nombre de su cacique ni la raza á que pertenecían, pero por su acento y dialecto conocí que eran Tobas.

20. A pocas leguas de nuestra partida, se nos presentó por la costa occidental un fuerte número de indios, todos de pelea y perfectamente armados de lanza, flecha, cuchillo y garrote (una especie de salva-vida de palo de lanza labrado á cuchillo con un nudo redondo á un estremo), y dos ó tres de rifles en mano.

21. Entre estos estaba un famoso salteador y capitanejo de las pacotillas asoladoras de las haciendas ó estancias de las fronteras; este era cristiano, fugitivo entre los indios, muy querido entre ellos, se llamaba Fortunato, es natural de Santiago del Estero; y según pública voz y fama entre los chaquinos fué el que capitaneó con otros dos caciques el robo de una gran tropa de mulas que hicieron á D. Melecio Frias (hoy coronel de Guardias nacionales del Departamento de Rivadavia) atravesando de Corrientes á Salta por la costa del Bermejo.

22. Como estos nos esperasen emboscados sobre una barranca por cuyo pié estaba lo mas hondo del canal, en el acto de avistarnos se ocultaron; pero estando á nuestra vista sus tolderías, así que nos acercamos, corrieron preparando sus arcos para lanzar sus flechas sobre nosotros.

23. A esta actitud amenazante dos de los de á bordo tomaron sus rifles presurosamente para romper el fuego sobre los indios; mas yo, que desde que se movía el vapor hasta que paraba iba siempre sobre cubierta, apercibiéndome del inoportuno combate que se armaba, y comprendiendo los malísimos resultados que inevitablemente traería á la continuación de nuestra espedicion un combate indiscreto y anticipadamente iniciado de nuestra parte, interpuse una enérgica y terminante oposición, consiguiendo en el acto calmar á los armados de á bordo, y haciendo á los indios botar sus armas y presentarse á nosotros amigablemente; reiterándoles de mi parte á los indios generosas reflexiones seguidas de severas amenazas si volvían á levantar sus armas contra nosotros; evitando con mi enérgica actitud un combate estéril, perjudicial y lamentable siempre.

24. El Teniente Matorras me hizo notar al indio Fortunato mostrándomelo uno de los que corrían mas cerca de nosotros por el pié de la barranca; le llamé de su nombre, le hablé brevemente sobre la imprudencia de los indios que nos hacían armas, ó nos salían al encuentro armados, y le mandé previniera de esto á sus compañeros; les tiramos tabaco y galletas sin detener nosotros nuestra marcha.

25. Tranquilizados los indios, nos seguían en gran chusma (entre los que vi indios que bien podrían tener un centenar y pico de años por el color amarillento que había tomado ya su cana y fuerte cabellera) recibiendo los obsequios que les arrojábamos á la rivera, y peleándose entre ellos por cada pequeñez de lo que recibían; así continuaron lo menos unas tres millas por la costa del río, saltando barrancos y penetrando los montes con una avidez, actividad y curiosidad estraordinaria, quedándose atrás reunidos como en consejo todos los grupos de armas llevar, que á lo lejos se mostraron numerosos y escogidos todos.

26. Regularmente navegabamos hasta el anochecer, parando donde era necesario, y continuando al amanecer. Estábamos á 21 de Mayo por la mañana, quinto dia de nuestra entrada al Bermejo, cuando aparecieron por sobre las montañosas barrancas de la costa occidental cuatro indios montados en gordas mulas; sin duda estos se habían apercibido de nuestro tránsito por avisos recibidos de los indios de abajo, é inciertos del objeto de nuestra entrada en sus posesiones, observaban parados á lo lejos nuestros movimientos.

27. Habían bajado dos de nuestros marineros en el bote (traíamos para servicio del vapor una lancha y un bote) á actos del servicio; por esperarlos para recibirlos á bordo, fué necesario detener la marcha del vapor; los cuatro indios entretanto, dejando sus mulas; venían hácia nosotros por entre el monte en actitud de observación; entonces les gritamos llamándolos con acciones y palabras amistosas, á que ellos no se hicieron esperar.

28. Antes de pocos minutos se presentó á la rivera en actitud recelarosa y desconfiada uno de ellos; intiméle acercarse á nosotros con confianza, asegurándole de nuestra pacífica y amistosa misión en favor de todos los indios que no nos estorbasen ni hostilizasen nuestro tránsito; lo que tranquilizó al indio comprometiéndolo á llamar á sus tres compañeros, que uno tras otro venían.

29. Reunidos todos cuatro á la rivera del rio, acordaron prestarse dos á venir á bordo, traidos en la canoa por dos marineros que hablaban en tierra con ellos hacía un momento; uno de ellos dijo llamarse Manuel, y ser hijo del cacique Juan José (ó cacique Bamba) Gran cacique de todas las tolderías desde la boca del Bermejo hasta el Teuco (Tres Bocas, de aquí algunas leguas mas arriba).

30. Manuel, desde sus primeros movimientos, en todas sus maneras perfectamente bien acomodadas á sus palabras, hizo conocer las mas superiores dotes naturales de un génio; vivo, fogoso, activo, noble, penetrante y sagaz en su mirar, en la mímica de su acento y de su estilo para espresarnos las protestas de amistad y buena intención de él y de su gente para con nosotros, demostraba ser uno de los mejores oradores ó políticos ó diplomáticos ó guerreros entre los de su raza; las condiciones naturalmente superiores de este indio venían á demostrar que el arte de la guerra, la diplomacia, la política, la oratoria son dones naturales y comunes á todas las razas, cualquiera que sea la lengua que hablen, el culto que profesen, la condicion en que viven y el clima en que nacen, como son naturales y comunes los dones de la poesía y de la música; todo esto desde luego bajo la ley de la perfectibilidad por medio de la educación.

31. Indio de elevada estatura y lindo tipo, de organización robusta, de talento despejado, tuvo demasiada gracia y facilidad para significarnos “que había sabido de nuestra venida; que tenían desconfianza de los que venían á sus tierras; que ellos estaban dispuestos á la paz y amistad con los cristianos; que su gente era numerosa; que eran Tobas; que tenían sus tolderías allí cerca (el pueblo arruinado de la Concepción,) y que no nos ofenderían;” agregando repetidamente con mas gracioso esfuerzo —“¡Indio de bueno nomás! — ¡No peleando á cristiano amigo! ¡No peleando! ¡Indio de bueno nomás!... — continuando con estas sentidas y animadas palabras, abrazándome para despedirse, decia — “¡Adiós Tata! ¡Adiós! ¡Adiós!...”.

32. El otro compañero que trajo consigo venia con un sombrero de oja de palma; pintado el rostro de colorado, y con su medio plumaje de adorno en el sombrero; achiripado de un arapo de gerga á la cintura, como venia también el cacique Manuel.

33. Este indio era de color cobrizo, blanco quemado del Sol, nariz un tanto aguileña, de modales y estilo de raza culta, de estatura mediana, barba llena, pelo crespo; hablaba algunas palabras del castellano, pero se reservaba mucho delante de su compañero; sin embargo, en un descuido de aquel se dió tiempo para decirme que era cristiano, cautivo de la costa de Tucuman con otro hermano que estaba en las tolderías; que muy pequeños habían sido robados por los indios; que él se llamaba el cacique Tucman (pronunciaba como está escrito) ; que ambos tenían mujer y familia; que vivían ya acostumbrados entre los indios, y que no pensaban salir de sus tolderías.

34. Este cacique, cristiano cautivo, hizo también de su parte todo esfuerzo para asegurarnos, que aunque habían estado dispuestos á pelearnos, por no saber de cierto quienes éramos, ni á que entrábamos á sus tierras, quedaban convencidos de nuestra amistad y buena disposición para con ellos; y que se iban contentos de habernos hablado.

35. De los otros dos indios que habían quedado á la rivera del rio observando nuestros movimientos, y atendiendo nuestros coloquios con sus compañeros, nos diieron estos que esos también eran caciques, compañeros todos; pero aquellos rejunjuñando de vez en cuando á la conducta amistosa de Manuel y Tucmán, dejaban conocer su mal carácter y depravada intención.

36. Llevados los primeros á tierra donde estaban sus compañeros, nos despedimos, repitiendo de nuevo Manuel sus espresivas y cristianas palabras ¡Adiós Tata! (así llaman ellos á los sacerdotes, y desde luego se comprende que los conocen, distinguen y respetan) ; el vapor, así que levantó ancla, emprendió su marcha, llevándonos preocupados de la situación y condicion de tantos millares de gentiles que campean estas silenciosas selvas; de las simpáticas y malogradas condiciones del cacique Manuel, y de la resignación de los dos cristianos cautivos, para vivir de tal suerte.

37. Continuamos navegando el dia 21, seguimos todo el dia 22, y á medio dia del 23 llegamos á las “Tres Bocas”; aquí hace el rio un pequeño archipiélago circular que tendrá de 3 á 4 cuadras de estension, formado por el Teuco, que entrando del E., comienza en este punto á devolver al Bermejo las aguas que le arrebata al alejarse de las faldas orientales de la Sierra de Santa Bárbara.

38. El Teuco desemboca encajonado entre barrancas de mediana altura y sin monte inmediato de ninguna clase; al parecer trae mas volúmen de agua que el Bermejo ó Teutájj, como le llaman los indios, en toda la estension que forma desde su separación hasta su incorporacion en estos parajes.

39. Este punto es indudablemente uno de los mas estratéjicos para la navegación del Bermejo, y aun para la colonizacion del Chaco, como se hará ver en el tratado que corresponde; en la barranca occidental del Bermejo que hace frente al desemboque del Teuco, encontramos situada como de avanzada general una bien armada toldería, cuya indiada estaba oculta en observación de nuestra marcha, ó en alguna de las correrías á que salen diariamente; porque al parecer les habíamos sorprendido, pues solo aparecieron saliendo de sus toldos al ruido de la máquina, algunos chicos y muchachos, de quienes no pudimos tomar dato alguno; el vapor continuaba su carrera por ser este tránsito muy peligroso para nosotros, y muy apropósito para un ventajoso y efectivo ataque de parte de los indios, que felizmente nos permitieron pasar sin novedad, tirándoles nosotros alguna galleta y tabaco á los chicos y mujeres, que luego se acercaron.

40. El 23 terminamos nuestra jornada con felicidad; continuámos la navegación todo el dia 24 hasta las 6 de la tarde, hora en que anclamos cerca de los potreros de San Bernardo; demorando en este punto hasta las 3 1/2 de la tarde del dia 27, con el objeto de componer algunas piezas de la máquina.

 

41. Seguimos navegando las pocas horas que nos faltaban del dia 27; desde la mañana del dia 28, en que continuamos nuestra navegación, hasta las 7 de la mañana del dia 30, tuvimos algunas paradas por causa de un prolongado banco de 300 y pico de metros, sin mas que 3 á 4 pies de agua en todo este trayecto.

42. Desde el dia 27 veníamos mirando una variedad preciosísima de aves, entre las que encontramos tres clases particulares, el Faizan propiamente: la segunda era una ave de cráneo, pico y ojos de loro; patas, uña y cola de urraca, de color plomizo tornasol, copete celeste claro, pecho azul, codos de las alas lácres, puntas de la cola y de las alas azul; y la tercera especie era una ave toda café; de cabeza, pico, ojos y patitas semejantes al mirlo, de copete como el Faizan y cola convexa de tres plumas iguales de 18 á 20 pulgadas de largo; el canto le oímos tan dulce, variado y sostenido como el de la Alondra; también hay aquí loros habladores poco menos grandes que un Papagallo, y de colores preciosos, muy superiores á los que se sacan del Paraguay.

44. Entre aquella preciosa variedad de aves, viene á formar contraste una multitud de vámpi-ros (especie muy grande de murciélagos, del mismo tamaño, forma y color que el Ataja-camino, ave nocturna) que revoloteando en idas y venidas á inmediaciones del vapor, se ocupaban en cazar insectos y residuos vejetales que trae el rio en el espumara je de sus corrientes; notable especie de queirópteros insectívoros mucho mas grandes que los que por enjambres se crian entre brechas de las riscosas montañas de los valles de la Provincia de Salta; los indios me dijeron que estos vámpiros (o Sanigüeejj, que ellos llaman) mordían de noche á sus caballos, y aun á ellos mismos, sacándoles mucha sangre hasta enfermarlos.
45. Es esto lo mas notable que se ha presentado á nuestro prolijo estudio en las jornadas que acabamos de redactar hasta la mañana del dia 30; continuamos navegando sin novedad todo este dia y el 31 de Mayo; con la misma regularidad y sin tener cosa alguna notable de que ocuparnos, hicimos la navegación del dia P de Junio, y la primera hora del dia 2 anclamos aquí á las 7 de la mañana para destruir un banco de arena de 3 pies de agua.

46. En esta tarea lo pasamos desde aquel momento hasta las 7 112 de la mañana del dia 3, hora en que continuamos nuestra navegación, encontrando frecuentemente en estos trayectos gruesas y enramadas vetas de tosca (goyetes de piedra arenosa de color rojo) subterráneas que cortan las corrientes del río, y que se muestran como cadenas que vienen ligando las serranías occidentales del Paraguay con las faldas orientales de las Sierras de La Lumbrera, del Alumbre y de Santa Bárbara, que en las fronteras de la Provincia de Salta forman los últimos pedestales de la Cordillera de los Andes.

47. Sin mas particularidades que traer á estudio, pasamos el dia 3, con algunas horas de parada para hacer leña y para disolver algunos bancos de arena, continuámos la navegación hasta la 1 y 15 minutos de la tarde del dia 7 de Junio, hora en que al subir un remanso en una curba estrechada por un banco de arena, la fuerza de la corriente rompió un cable con que en ese momento había sido amarrado en unos sauces de la rivera oriental el vapor, y retrocedió este converjiendo la proa por la izquierda aguas abajo, dando la popa contra la barranca un golpe que tronchó el eje de la élise derecha, quedando esta dentro del agua un tanto al pié de la barranca, y el vapor sin la fuerza necesaria para subir ni bajar sin peligro de la otra élise.

48. Este fatal incidente, muy bastante por derto para inmortalizar allí el recuerdo de la desastrosa terminación de nuestra espedicion, nos obligó á retroceder algunas cuadras para procurar reparar una avería de tanta magnitud, y que solo podia salvarse con un éje nuevo (que no teníamos) ó con los auxilios y elementos de una maestranza á propósito para estas obras (de la que estábamos tan distantes...).

49. Mas el poder de la íntelijencía combinado con la fuerza de la voluntad son suficientes para resolver muchas veces los mas difíciles problemas en el orden físico-natural; aquí recuerdo esta idea que he repetido siempre como un axioma á los pueblos mas cultos ante quienes he hablado — la necesidad es el principio de toda ciencia y de todo arte; como es el origen de toda leí.

50. En estas críticas y acobardables circunstancias, D. Natalio Roldan, sobre cuya responsabilidad pesaba principalmente el resultado de esta espedicion, se dejó ver con toda la actividad personal y con todo el esfuerzo de sacrificios que exijiera el mas brillante, pronto y seguro vencimiento de tan peligrosa y desesperante situación.

51. Tan apercibido estaba Roldan de sus compromisos en el momento del siniestro, que sin tardanza elijió los hombres mas á propósito de su tripulación, y arrojándose con ellos al remanso, no salió del agua hasta no ver la élise á bordo del bote en que fué conducida al tren de nuestra parada.

52. Desde la 1 de la tarde del dia 7 hasta la mañana del día 10, en que pudimos venciendo el mal paso con una sola élise pasar un bancoso trayecto hasta llegar á un paraje cómodo donde pudiese efectuarse fácilmente la compostura del éje, hasta poder colocar la élise en su centro de acción, permanecimos preparando en este sitio aquella operacion.

53. En las varias conferencias á que llamó Roldan al primero y segundo maquinista, concurriendo también el aventajado primer foguista Eugenio N., y un marinero muy práctico en la carrera naval de alta mar, este último reveló haber estado de servicio á bordo de un gran vapor de hélises, en que alguna vez sucedió un siniestro semejante, y que él vió reparada la avería por medio de un empalme; espresándose muy vagamente sobre el modo como lo habia visto efectuar.

54. Esta idea tan imperfecta y vaga como la espresó el marinero francés, fué atentamente recojida por el primero y segundo maquinista; quienes esforzando su ingenio, discurrieron un ensamble de las dos partes mismas del éje quebrado, y los medios de realizarlo; lo que presentaron formulado en un breve proyecto á Roldan, quien lo aceptó y mandó poner en ejecución.

55. Inmediatamente de recibir tal orden del capitan, los maquinistas, el primer foguista y un otro foguista auxiliar, encendieron su frágua sobre la barranca occidental (estábamos una milla mas abajo del palmar que hay ántes de llegar á los Potreros de San Bernardo,) y emprendieron el trabajo, sin mas herramienta á propósito que limas y corta-fierros trabajados y templados por el mismo segundo maquinista (que era el herrero del vapor), dando perfectamente terminada tan difícil compostura, y colocada la élise en su centro el dia 3 de Julio.

56. El talento, habilidad, maestría y solidez con que estos hombres cumplieron este dificilísimo trabajo, es digno no solo de generoso elojio, sino de un premio distinguido que estimule para iguales casos su talento y su voluntad; súbditos ingleses los tres operarios principales, han respondido bien en este raro caso á la reputación de adelantados en ciencias mecánicas; la compostura fué tan bien trabajada, que el eje quedó tan fuerte y seguro como si hubiese sido sacado de la fábrica.

57. El dia 3 de Julio, alistado el vapor, continuamos nuestra navegación; a una milla de camino enfrentamos en un elevado y hermosísimo palmar á la costa occidental, por entro del que vá la ancha huella del camino de Corrientes á Salta, traficado por tropas de muías; el palmar es estrechísimo, está como una milla distante del rio, cuya estension intermedia con la rivera del rio hace un hermosísimo campo como un potrero, encapullado todo él de limpia, fina y alta gramilla; se conoce que aquí en algún tiempo hubo manga de cerco por la rivera del rio, pues se ven los vestijios de ranchos de palo parado, y arboleda descopada en circunsferencia del campo.

58. Aquí encontré un gran paso de indios, señalado por un grueso árbol de palo santo en la bajada al bordo de la barranca; en el viaje anterior de Page, habían cortado leña en esta rivera, y las primeras palmas habían sido señaladas por Don Guillermo Araos; operacion que repitió yendo conmigo á reconocer el campo; también encontré en este monte espinas de árbol de vinal, tan largas de mas de un pié, cóncabas por dentro, de madera sólida, utilizable para muchos objetos delicados de uso manual.

59. A la costa oriental, en este mismo paso, hay algunos árboles de Pacará corpulentos y frondosos; entro del rio, de los agujeros de las barrancas, sacamos una especie de cangrejos tan grandes, que mas parecían camarones; encontramos también una madriguera de tigres, de los que un cachorro se les escapó herido á los marineros; desde este punto comienza á ostentarse la inmensa riqueza animal y vejetal del Chaco, y la preciosura de sus campos y terrenos.

60. Navegamos todo el dia 3, y el 4 á las 10 de la mañana nos salió al encuentro una indiada; hacía el rio aquí un anchuroso esplayado, ó archipiélago acorralado por todas direcciones, en donde encontramos muchas canoas de yuchán perfectamente trabajadas por los mismos indios á cuchillo y con pequeños fierros.

61. Como ellos venían constantemente en observación de nuestra marcha, comunicándose nuestro tránsito de toldería á toldería, los espías de las inmediatas se aproximaron tanto á la rivera, que á pesar de venir ocultos por entre los pajonales ó cañaverales, se dejaron sentir y ver de nosotros; pero no venían con tanto coraje que no huyeron asegurando en mano sus armas al oír nuestras voces, ó ver bajar á tierra á alguno de los de á bordo, que les llamaba cariñoso.

62. Uno de estos espías se sorprendió tanto, que mucho costó persuadirlo venir á bordo, escusándose en estremo dar razón de su toldería y de su tribu; al fin con mil halagos pudimos conseguir que fuese á mostrar á sus hermanos los obsequios recibidos de nuestra mano, y persuadirlos venir á nosotros, que veníamos amigablemente pasando por favorecerlos.

63. A esta altura se nos habían agotado en mucho los víveres, especialmente la carne salada;  no nos quedaba ya otro alimento de carne que la caza de charatas, carne de calidad tan buena o mejor que la de gallina; era en esta circunstancia que deseábamos encontrar indios, para procurarnos por medio de ellos algunos animales, de los muchos que á toda hora cazan con sus flechas, para nuestro alimento.

64. En esos momentos, el vapor atracado á la costa occidental del canal, esperábamos a los indios; á poco estar; aparecieron tres que avanzaron confiadamente su paso hácia nosotros; era el mismo indio enviado á ellos, un cacique, y otro hijo de este; todos tres, pero especialmente el cacique traía sus miradas ansiosamente fijadas en cada una de las personas que veía á bordo, sin poder disimular la alegría que le causaba nuestra visita, y la sorpresa que le imponía el conjunto del vapor, ó casa-chata, como ellos le llaman literalmente.

65. Así que sus ávidas, variantes y curiosas miradas distinguieron la diferencia de mi traje negro todo como era, votó sus armas, y puesta una rodilla en tierra, levantando hácia el cielo sus manos y volviéndolas juntas sobre el pecho, en acción consecutiva esclamaba con todo fervor y entusiasmo — ¡Tata! ¡Tata! ¡Gracias á Dios, Tata!... haciéndonos comprender que estaba iniciado tradicionalmente por sus padres en el conocimiento del ministerio cristiano, ó por lo menos, del hábito clerical; y que en ese instante se habia avivado en su corazon el olvidado recuerdo que sus inmediatos ascendientes le habían transmitido, ó de los sacerdotes misioneros que habían conocido en remotos tiempos, como el venerable Dr. D. Lorenzo Suarez Cantillana, clérigo secular, Arcedean de la Catedral de Córdoba, misionero de las tribus de la Caugayé (donde precisamente nos encontramos á esta hora).

66. Después de estas espresivas y conmoventes demostraciones, bien correspondidas de nuestra parte, se retiró, avisándonos que su familia habia venido á pescar; que habían sentado sus toldos á corta distancia mas arriba de nuestra parada; que iba á anunciar nuestro amistoso y pacífico tránsito; que se retiraba para volver luego, señalándonos con el mayor comedimiento lo mas profundo del canal por donde debíamos dirijir el vapor.

67. No tenia este cacique menos de sesenta y cinco años de edad; era de robusta y alta estatura, tipo amulatado y tutado de viruela, y por esto quizá algo tosca fisonomía; de carácter festivo, y mas que festivo franco, y mas que franco resuelto, y mas que resuelto verídico, y como verídico era humano, generoso y valiente.

68. No tardó este en aparecer por el punto donde nos habia señalado estaba su familia, y bien parado en una canoa de yuchan, con un solo remo (pedazo de palo bruto de sauce) manejado por su hijo, que traia por toda escolta ó séquito, se venía corriente abajo hácia la próa de nuestro vapor muy tranquilo y satisfecho, haciéndonos comprender al descuido y con cuidado, que él era propio señor de los dominios en que habíamos penetrado, legítimo dominador y diestro práctico del rio, cuyo canal íbamos transitando.

69. En actitud admirablemente satisfecha y tranquila, atracó á la nuestra por la próa su rústica y pequeña embarcación de dos proas; subió á bordo sobre cubierta, y arrobado en alegría, en confianza y cariño nos abrazaba sin cesar, repitiéndome las cristianas palabras de ¡Tata, de Gracias á Dios!... con que me saludó al mirarnos por primera vez desde tierra.

70. Este cacique es el mas acreedor á los buenos recuerdos de que en este viage se han hecho dignos los indios por su sumisa, prudente y generosa conducta con nosotros, si no tubiese otros materiales que acomular en este libro, habría dedicado mas de una página á los méritos y apreciables condiciones de este cacique, cuyo nombre era Fermín, por el que prefirió gustoso y agradecido el de Pedro, que le puse en vez de aquél.

71. Desde luego, á él, á su hijo, y otros dos individuos mas que pidiéron subir á bordo, los vestí, y después de regalados cumplidamente por cada uno de nosotros, continuaron á bordo hasta el punto inmediato á la toldería, donde paró el vapor á levantar leña; taréa en que ayudáron los indios voluntarios y diligentes.

72. Esta indiada realmente era una sola familia, que componían el número como de sesenta por todo chusma; inmediatamente de atracar el vapor, salté á tierra, y penetrando á la ranchería, que estaba como á 300 metros de distancia, encontré que tenían allí una sementera de sandías, zapallos, calabazas, porongos y una estraña clase de poroto; habían cosechado todo yá, y con algunas de estas cosas nos obsequiáron; llegando la benevolencia y generosidad de estos infelices al estremo de no reservarnos en cambio de ropa unas pocas cabras y obejas que habían traído para su alimento.

73. No puede ser mas discreta, mas humanitaria y amable la conducta de estos ejemplares gentiles; ellos se mostraban compitiendo con nosotros en gratitud y alegría, sin dejar de comprender nuestra crítica situación. ¡Cuantas veces me preocupó el fuerte y vivo pensamiento de quedarme entre ellos para sacrificar mis esfuerzos, mi tiempo y mi vida al mejoramiento general de la condicion de almas tan predispuestas al bien! y de veras que lo hubiera ejecutado, á no ser refleccio-nes de honor para mí... sin que ninguna otra causa me lo impidiera.

74. No se perdonaron estos el deber ó la conveniencia de acompañarnos casi todo el frente ó estension territorial de la Gaugayé; aumentándose el número de familias, que de distancia en distancia salían con sus caciques á saludarnos pacíficamente; resultado lógico, y necesario, á no dudarlo, de haber evitado combates, y de haber economizado balas con las primeras indiadas que encontramos, y á cuyo favor me interpuse, como en otra página lo expreso; y adviértase que estamos en el centro de las mas numerosas tolderías y mas bravas indiadas, los Tobas.

75. Antes de despedirnos, el cacique Pedro nos presentó á su padre, quien dijo llamarse “JUAN JOSE” y reconoció por sus hijos propiamente á Pedro y á Manuel; (aquel compañero de Tucmán que retratámos en página anterior); este indio, aunque robusto, fuerte y activo no debia tener menos de un centenar y cerca de una veintena mas de años de edad, como otros dos indios de estraordinaria longevidad y robustes; estos caciques me pronunciaron de suyo los nombres, ya bien conocido por su figura en la historia de las espediciones al Chaco, de los caciques Colompotóp, Lachiriquin y Pasain, de quien me aseguraron que vivía un hijo, cacique principal también; aqui, en los momentos de nuestras paradas D. Guillermo Araoz sacó vistas fotográficas de estos grupos, y retratos especiales del cacique Pedro.

76. Admirable fué el sentimiento de gratitud que las indias de este cacique, agrupadas en torno mió, me significaban por la ropa que les daba, por los lienzos que regalaba á sus chicas y por los paños en que envolvía sus chiquillos, entregándoselos perfectamente enmantillados en sus brazos, como nunca esperáron verlos, según la absoluta desnudez en que los crian.

77. También me confirmaron estos indios, que allí cerca de donde ellos habitaban habia una gran Laguna con mucho pescado, de donde sacaban siempre en gran cantidad hermosísimas conchas de nacar y caracoles estremosos, cuyas madres eran para ellos un alimento de preferencia cocidas á brazas; asegurándome, que á la orilla de esa laguna era la casa de palo parado; queriendo decir sin duda la capilla ó la habitación del Dr. Cantillana, abandonada en los últimos años del siglo dieziocho, ó en los primeros del diesinueve; puesto que hasta la espedicion de Cornejo aún continuaba allí de misionero voluntario.

78. Era la mañana del 8 de Julio; un temporal de lluvia nos había molestado un poco, pero aún no se hacia sentir el invierno del Chaco; habíamos pasado ya la Caugayé, según el conforme testimonio de los caciques y ladinos (casi todos los indios que habitaban la costa occidental del Bermejo hablan algo del castellano) y los estudios personales que hemos hecho de estos trayectos; parecía que la lluvia anterior habia reconcentrado á los indios: ninguno había ya con nosotros.

79. Estábamos demorados hasta la mañana del dia 9 por causa de un prolongado banco de 3 piés de agua, y por levantar leña para el vapor; aquí se presentaron como de observación, ó espías tres indios jóvenes, entre los que venían uno muy ladino, tipo de cristiano, conocedor de las haciendas de Oran y Campo santo; dijo llamarse Juan-cito y ser “Capitán Chino”, nos habló mucho del movimiento general de las indiadas costeñas del Bermejo, del recelo que inspiraba nuestro tránsito á algunos indios, como alegría á otros; nos dió razón de personas de Salta y Jujuy; y al fin se comprometió á marchar de chasque á los Fuertes de Rivadavia, haciendo notar dificultades y peligros en su tránsito, por la variedad de propiedades ó cacicados que tenia que atravesar, lo que no podia hacer sin previo permiso ó acuerdo de los respectivos caciques.

80. Resuelto por fin á marchar, recibió nuestra correspondencia en pliegos, y abonado de la mitad del importe de su viage, se despidió para estar de regreso en diez dias; las observaciones de peligros y dificultades que nos espuso, disminuyeron en mucho la esperanza de que este cumpliera su compromiso, y que llevara noticia de nosotros á Rivadavia.

81. Realmente, Juancito había ido á dar cuenta á su toldería ó á sus indios camaradas de la misión que le habíamos confiado, y de cuanto había visto en su permanencia con nosotros; habíamos  demorado hasta el dia 11 nuestra navegación sin adelantar mucho en estos dias, cuando se nos presentó Juancito acompañado del ladino Pascual,  cacique de talla, tipo, lenguaje y maneras notables, y tras estos una indiada que venía aglomerándose de más á más hasta el número de mas de trecientos por toda chusma.

82. Pascual estendió una penetrante y general mirada sobre nosotros, botando su sombrero, arrojando sus armas é invitándoles esto mismo á todos los demás, pidió venir á bordo con Juancito; puestos entre nosotros, se disculpó Juancito de su demora, espresando con propiedad el paso que había dado antes de partir á Rivadavia, presentando la correspondencia como se la habíamos entregado, y significándonos que el cacique con quien venia era hombre de consejo entre ellos; y que creía conveniente arreglásemos con él el despacho de la correspondencia á Rivadavia.

83. Volvióse á tratar el asunto, y quedó de nuevo convenido en que fuese de chasque Juancito bajo la garantía del cacique Pascual que se comprometió acompañarnos hasta el regreso de aquél; se dió por bien abonado Juancito y partió con la correspondencia (pero no para Rivadavia, sino para el punto y el objeto combinado estratéjicamente por ellos mismos).- Pascual que seguía con nosotros á bordo, aparentaba una conducta tan  juiciosa, franca y comedida que me obligaba á repetir cada momento esta estremosa disyuntiva — “Este indio es otro Colompotóp, ó es el mas hábil facineroso de las tribus del Chaco, que nos prepara de asalto una alevosa traición” si para el primer juicio me fijaba en su parte ostensible con toda nuestra tripulación, para el segundo juicio me fijaba en su porte reservado con sus indios, con quienes pude apercibir acciones, reseñas y palabras que recogí, y tuve siempre presentes, como sospechosas de deslealtad y traición.

85. - Era la mañana del dia 12 y hasta aquí nos había acompañado por la costa la indiada de Pascual con cuatro caciques mas, casi todos de la banda occidental, vecinos de la Caugayé; estos no se despidiéron sin vendernos obejas y cabras para algunos dias, y recibir de nosotros vestidos y obsequios abundantes para ellos, y para las familias que habían dejado en sus tolderías, con lo que se retiraron contentos y satisfechos.

86. - Desde aquí se hace mas notable la frecuencia de bordos poblables, y en su contorno la belleza de los campos cubiertos de toda especie de pastos, emboscados de preciosa montaña de diferente y rica madera; puntos inmejorables para toda clase de poblacion; hasta aquí nos acompañaba el cacique Pascual, hablándome siempre de la casa de Palo Parado, ó Reducción de San Bernardo que habíamos pasado el dia anterior.

87. - Nos alumbraba suavemente el sol de la mañana del dia 21 de Julio; continuábamos nuestra laboriosa y difícil navegación; morosa, no por causa del rio, sino por causa de las malas condiciones del vapor; el cacique Pascual hasta esta hora venía aún á bordo perfectamente cuidado; ya invitado por mí, ó voluntariamente, me acompañaba á tierra internándonos solos largas distancias en mis esploraciones y estudios, respondiendo siempre cariñoso y comedido á mis preguntas de escrutinio respecto de las costumbres de los indios, y demás estudios que me preocupaban.

88. - Derrepente le observábamos inquieto, fastidioso, impaciente y desvelado; constantemente me hablaba de grandes rancherías que dia por dia debíamos encontrar y no encontrábamos; me aseguraba que su familia y otros amigos debían salir á encontrarnos á poco andar con muchas obejas y cabras para vendernos, pero nadie parecía; algunas veces me decía como descuidado y con fisonomía tristona “los indios malos del Teuco (costa oriental) ñas van á pelear”; y ciertamente que esta última noche habíamos sentido rumor de gente y movimiento estraño entre los carrizales y cañaverales de esa costa.

89. - Habíamos parado para cortar leña, y en ese ínterin saltamos á tierra con el Teniente Matorras, siguiéndonos el cacique, que momentos ántes no quiso bajar; no pocas veces me hizo sospechar este que venia en combinación con los suyos, y que solo esperaba un momento oportuno para llamarlos de asalto sobre nosotros; juntos los tres, él, Matorras y yó, nos habíamos alejado como dos millas del vapor; preocupado yo de mi esploracion por un lado, y de cazar el Teniente por otro; confiados, descuidámos al cacique, que momento ántes me habia dicho que le dolia mucho la cabeza, comidiéndose sin embargo á bajar de un árbol unas charatas muertas á corta distancia de nosotros; mas cuando le buscámos antes de cinco minutos, no le encontrámos ni las pisadas.

90. - Este dia, convencidos de la mala quedada del cacique, continuámos nuestra navegación en la alternativa frecuente de mal y buen canal hasta la mañana del 22, en que fué necesario proveernos de mas leña: á este objeto atracó el vapor á una barranca de la costa oriental; saltáron los marineros al corte de leña en una reja de monte muy inmediata; por ella entráron en busca de caza Araos, Barbosa y el Práctico; Roldan y demás tripulantes en el vapor, y yo me aparté solo como de costumbre á mis esploraciones, tomando campo adentro hácia el Este.

91. - Habia penetrado como unas quince cuadras, atravesando un despejado campo en figura circunsferente, quemado el dia ántes por los indios; al bajar yo un antiguo madrejon por cuya costa iba, advertí que desfilaban por la ceja de la montaña interior, rodeándonos á tomarnos de sorpresa, un grupo de mas de sesenta indios de talla, robustez y edad escojida, bien armados de lanza, flecha, garrote y cuchillos, con algunos indios jóvenes por detrás cargados de flechas

92. - Al mirarlos, detuve precaucivamente mi paso, como mirando á un costado inverso indiferentemente otros objetos; reflexionando en la quelada de Pascual, y en la coincidente salida de esos, continué caminando sin darme por apercibilo de ellos, inclinando mis pasos avanzadamente en conversión hácia el rumbo donde ellos se dirijian; después que avanzé algunas cuadras y me puse á vista del vapor, me detuve, y acompañanlo á mi palabra mi acción, les llamé en su lengua, nstándoles que se acercaran con confianza para regalarles tabaco; ellos á mis voces se detuviéron un momento, habláron entre sí, y sin variar de rumbo, ni de modo, continuáron su tranquila narcha.

93. - Yo entonces volvíles á llamar con halago, sin detener mi regreso, dándome tiempo para llegar oportunamente á los trabajadores y prevenirles á la defensa en caso de ser amagados por aquellos; los trabajadores armados de sus rifles y leí valor necesario saliéron al encuentro á los indlios en un punto de esperada; entre tanto yo, previniendo también á los de á bordo, hice llamar con silvato de alarma á los tres cazadores que iban, dispersos por entre el monte, corriendo un verdaiero é inminente peligro.

94. - La prevenida y valiente actitud de los marineros que se pusieron de avanzada acobardó a los indios, imponiéndoles botar sus armas, rendirse y portarse amigablemente, si no querían ser tratados con el rigor que merecía su armada y amenazante actitud; los indios no tardáron en soltar todas sus armas, protestando que andaban cazando; que no venían á ofendernos; que sabian del chasque que habíamos hecho al Fuerte; que se portarían como amigos-, salió de entre melio de ellos uno que dijo llamarse Ramón y ser pariente del cacique Granadero, (viejo é imporante cacique trasladado con su indiada, trabajadora toda, al Departamento de Rivadavia), cacique principal entre las tribus cuyos caciques y capitanes venían comandados por Ramoncito.

95. - Indudablemente estos fueron mandados reunir por el cacique Pascual con este objeto; y hiendo él que su propósito era imposible, se quedó á escondidas; y sus enviados viéndose rodeados y sorprendidos por nosotros, se rindiéron; lo cierto es qué, si ellos intentáron darnos un malón, quedáron burlados en su intentona, sacando de ella por toda ventaja el darnos un buen susto y ser obsequiados con tabaco y abalorios; separándonos de ellos con amistoso saludos.

96. - Continuándo nuestra navegación, teniendo ya á la vista los grandes palmares de la Hacha Quebrada (que desde hoy mas propiamente debemos llamar “el Palmar de los Perdidos”) y como nueve leguas de navegación mas abajo del Tren de Espinosa, encontrámos el rio muy esplayado entre dos begas de barranca de arena á un lado, y de arcilla al otro; dividido el canal en tres brazos de agua, el mas profundo de entrada angosta, el mas ancho de 2 112 piés de agua; de manera qué, el vapor no podía pasar por el mas hondo sin atracarse á la entrada, ni podia pasar por el mas ancho sin varar.

97. - En esta alternativa, se tomó el de la costa oriental, que al parecer daba mejor canal; pero así que subimos algunas cuadras nos encontrámos embolsados en un pozo, sin otro recurso que destruir un alto banco de arena para pasar al canal principal; entretanto el rio bajaba rápidamente; la situación que se nos presentaba esta vez era demasiado crítica, pero vencible; el tiempo avanzaba y los víveres con que contábamos eran la caza y la pesca.

98. - Ni rastros de indios encontrámos cerca de nosotros, por mas que yo les buscaba á todas direcciones, para comprometerlos á traer obejas, al mismo tiempo que á trabajar en destruir el banco con los demás de la tripulación, que tuviéron que echarse al agua con pala en mano, inspirados del buen éxito de la espedicion y el cumplimiento de sus graves compromisos.

99. - Como la frialdad del dia no permitía trabajar en el agua, era necesario que algunos saliesen en busca de caza, mientras otros quedaban pescando, y otro calia á su estudio de esploracion, y de observación á los indios; pues que cada dia que parábamos en aquella situación, mas necesitábamos el concurso y comunicación de aquellos.

100. - Con el primer objeto salió muy de mañana Barbosa, acompañado de otro marinero, debiendo aquél mandar á este con las primeras aves que cazaran; tomó cada uno sus armas y mas municiones que ningún otro dia, saliendo ambos juntos hácia el N. E. por la costa oriental.

101. - Como llegase la hora del almuerzo y no pareciese ninguno de ellos, y como no se oyesen mas tiros despues de los que hiciéron luego de su salida, sospeché que alguno de ellos ó los dos habían sido víctimas de algún siniestro; y sin llamar la atención de los demás compañeros, invité á D. Miguel Reimundin (español, joven, dependiente de Roldan) que me acompañase á tierra con su escopeta.

102. - Era la 1 de la tarde cuando salimos por la misma costa oriental rio arriba, penetrando á las tres millas en lo mas grueso de la montaña hácia el Noreste, rumbo en que debia salir necesariamente de regreso Barbosa ó el marinero; penetré largas distancias por sendas de indios y por distintos puntos del bosque, sin encontrar ni pisadas de ninguno de los dos cazadores, pero ni de indios ; solo sí frescos rastros de muy grandes tigres de los que andan por tropillas á la costa del río; ni se oían mas tiros que los que hacían en el vapor llamándonos para orientarnos.

103. - Estos tiros me obligáron á salir de la montaña y buscar á Reimundin, que me esperaba en lo despejado de la costa; volvimos hácia el vapor, y á una cuadra ántes de llegar encontrámos á los jóvenes Teniente Matorra y al hijo de Barbosa; interrogándoles yo con qué objeto salían por ese rumbo á esas horas (eran las 4 y 50 minutos de la tarde, me contestáron que iban en busca de Barbosa y su compañero, de quien hasta esa hora nada se sabía, por mas que él (hijo) habia buscádolos haciendo tiros por esos rumbos en la montaña.

104. - Me persuadí, sin mas dudar, que aquellos se habían estraviado en el monte, ó que los tigres los habían devorado, ó los indios recalcitrantes de esa costa los habían tomado; y sin demorar mas momento, les dije á los jóvenes “no irán ustedes sin mí; yo iré con ustedes hasta encontrar á los perdidos, ó tomarles sus pisadas; —Reimundin no tardó en decirme— “y yo también iré con usted, señor” (adviértase que este joven era en estremo pusilánime para el monte, y miedoso para los indios).

105. - Emprendimos incontinenti nuestra marcha, no sin dejar aviso á Roldan del objeto y rumbo de nuestra arrojada espedicion; tomámos desde luego las primeras pisadas de partida de los estraviados, que perdimos al salir en los pastales; seguimos buscando una llanura que nos condujo unas seis ú ocho millas hácia el oriente; y encontrándonos tan lejos del vapor al cerrar la noche, tuve la suerte de tomar las pisadas de uno de aquellos y seguirlas, no á la vista, sino á rumbo, pues era ya de noche, y no veíamos ni por donde salir de tan espesísima montaña.

106. - En lo mas espeso de ella, encontrámos medio loco y casi para morir de sed, de susto y de desesperación al marinero, á quien con grandísimo trabajo pude sacar de un estrechísimo ralar de la montaña, sin darse cuenta de su estravío, ni darnos noticia alguna de Barbosa, de quien solo sabía que se habia internado hácia los palmares (los palmares no estaban á mas de 3 millas al N.) pero se estendían interminablemente y con uniformidad tanta, que solo con un certero y talentudo rumbeador podíase salir de ellos una vez entrando.

107. - Pero mientras triunfábamos de un mal relativo, caíamos víctimas de un mal absoluto; porque la tenebrosidad de la noche me habia hecho perder el rumbo, y la espesura del monte no permitía dar un paso adelante ni atrás, ni á los cos-
tados, ni de modo alguno, y sin poder calmar aún el susto y la sed del marinero, resueltos yá á trepar cada uno al árbol que tuviese mas inmediato á sí para pasar la noche, y buscar rumbo al vapor en el dia siguiente.

108. - La Providencia quiso que á esa hora de la noche se armase una gran tormenta; y si bien con su densa y negra capa de nubarrones, hacía mas tenebrosa la noche, el choque de esos nubarrones enviáron repentinamente sobre nuestras cabezas luminosos relámpagos, que penetrando hasta lo mas espeso de las enramadas, nos invitában á buscar alguna ralura para salvarnos todos cinco, espuestos á perecer por salvar á dos.

109. - A este tiempo pude apercibir la apagada y tardía repercucion de los tiros á rifle, y el débil chasquido de los cohetes voladores que tiraban del vapor mostrándonos el punto de conversión; con este eventual y lejano derrotero, al favor de los relámpagos, pude tomar de nuevo el rumbo que me habia arrebatado el oscurecer de la noche; y reanimando el desfallecido espíritu de mis jóvenes compañeros, mas aun del moribundo perdido, á emprender con mas esforzado valor nuestra espantosa y terrible travesía, espuestos de instante á momentó á la voracidad de las hambrientas fieras, escurriéndonos aquí, ó arrastrándonos allí por sobre encopullados espinales, buscando el escape de tanto mal que en torno nuestro de cielo y de tierra nos amenazaban.

110. - Después de media hora de así trabajar sufriendo, lamentando aún la situación del otro estraviado, vi cumplirse las esperanzas de salvación en que habia podido inspirar á mis conducidos, sacándolos de improviso á la rivera del rio, en un punto yá reconocido por mí el dia anterior, no mas lejos que una legua arriba del vapor, cuando nos suponíamos estar dos leguas mas abajo.

111.- Reanimados por el contento de vernos ya libres de tan funesta espedicion, y escapados á los mil peligros de una noche desastrosa, tanto como consolados por haber salvado uno de los estraviados, y por la esperanza de encontrar al otro salvo ya entre los tripulantes, impresionados todos cinco de nuestra salvación como del hallazgo de uno de los perdidos, nos apresuramos á llegar al vapor, temerosos al mismo tiempo de no escapar al descargo de la tormenta.

112. - Nos aproximábamos al vapor siguiendo por la rivera misma del río, y tuvimos tiempo de subir á bordo un momento ántes que la tormenta abriendo las cataratas de su negroso entoldado soltara sobre nosotros sus raudales, y sin que nos hiriéran con su eléctrico fuego los atronantes rayos que entretegiendo el aire iluminaban á momentos la espesura de las montañas; empero si bien dábamos á aquellos el grande consuelo de presentarles sano y salvo á uno de sus compañeros, ellos y nosotros quedábamos con la amargura de no haber aún encontrado al otro perdido.

113. - Esta amargura se nos hizo mas amarga desde el momento que descargando la tormenta y anegados un tanto los campos, la fuerza del agua borraría esa noche las pisadas del estraviado y aún las nuestras, privándole á aquél de ver nuestras huellas, y á nosotros encontrar las de él; aunque por otra parte ese aguacero le conviniera para proveerlo de agua, si se encontrara distante del río, ó lejos de las lagunas.

114. - Que esto fuera adverso ó favorable, esa misma noche acordámos con Roldan que saliesen tres espediciones en diferentes rumbos por esa misma costa, consignándose entre sí los trayectos que debían recorrer, el punto y hora en que debían encontrarse para regresar al vapor; acordando las señas y contraseñas que fueran posibles de ellos á nosotros y de nosotros á ellos en un caso de asalto de indios.

115. - Al siguiente dia ejecutóse la espedicion acordada con prevención de todos los recursos que podían tomarse; cada un grupo espedicionario recorrió en ese dia las distancia ó trayectos por sus propios medios aquellos, uno seguidamente de otro, no nos traían mas que la desesperante noticia de no encontrar ni leves vestigios de que planta humana alguna hubiese atravesado en muchos meses de tiempo aquellos desolados y atimidantes bosques, escepto nuestras pisadas de la noche anterior.

116. - Con tan desconsoladores desengaños respecto del buscado, y en una situación rodeada de fatalidad, en esta segunda noche acordámos otra espedicion de proporciones mas formales, y encabezada por nosotros dos, á fin de que diera consecuencias producentes; para cuya ejecución ordenó Roldan que se preparasen para ir en nuestra campaña catorce de los de la tripulación, el mozo de cámara y un sirviente de mano; entre aquellos saliéron también el hijo de Barbosa, el 1° y 2° maquinistas con los dos foguistas, mas el contramaestre; quedando á bordo el práctico, el comisario, Reimundin y demas gente necesaria allí para el servicio de artillería, (estaba puesto un cañón en tierra y otro á bordo), en caso de asalto por los indios ó para darnos el rumbo á la vez que cualquiera noticia alarmante hasta donde pudiese esta seña ser apercibida por nosotros.

117. - El tercero día, alistada que estuvo la espedicion, marchámos hácia el Noreste cortando la espesura de las montañas y de los palmares, cuya interminable tronquería parecia una impenetrable estacada de palo á pique; y haciendo una semicurba hácia la costa del rio, á cuya ribera llegamos al anochecer; como hubiésemos dado tantas vueltas rastreando al perdido, caminando á pié de siete á ocho leguas mas que fatigosas resolvimos pasar la noche en ese punto; ya por el recurso del agua, como por soltar desde allí algunos cohetes voladores y hacer algunos tiros para atraér á Barbosa, si se encontraba cerca, y llamar la atención de los Indios, de quienes ni vestigios encontrámos.

118. - Habíamos salido todos sin mas ropa que la puesta, ni mas alimento que unos panes y unas pocas cajas de sardinas, atenidos á la caza de charatas en último caso; pasando la noche bajo la enramada de un grupo de aromos que encontré inmediatos al rio, tomando por buena cama unas cañas estendidas, y por almohada un rollo de paja seca; la preocupación que nos absorvía el alma no nos permitió reconciliar un momento el sueño, á parte el temor de un asalto improvisado por los indios que se hubiesen alarmado (como fuéron, aun que sin tiempo para alcanzarnos) saliendo casi tras de nosotros.

119. - Muy de mañana emprendimos la marcha hácia el rumbo donde suponíamos perdido á Barbosa; me ocurrió en la marcha apartarme de los demás, alguna distancia hácia el oriente, estimulado por un estenso campo en cuyo centro me parecía mirar una laguna, donde era fácil que el extraviado hubiese llegado caminando- Alli hallé felizmente una honda y vieja senda de indios que atravesaba hácia el Teúco; caminé por ella, y al acercarme á lo que parecía aguna, (era un hondo madrejon con un tanto de agua) distinguí en la huella un rayado delgado, como si hubiese llevado arrastrada por el cañón una escopeta, pero sinnotarse cerca el mas débil vestigio de pisada alguna, menos de la alpargata de que me acordé habia salido calzado Barbosa.

120. - No satisfecho del testimonio de mis ojos, llamé á los que venían mas inmediatos á mi y les mostré aquella rastrillada; con este dudoso indicio segui este mismo rumbo hasta llegar á uno de los mas espesos montes de palma, y só pretexto de sacar un cogollo, mandé hachar una de las mas altas; no tardó esta en caér por tierra, y su tremendo chasquido, que en mil estampidos de repercucion interrumpió el silencio de aquella melancólica palmera, alcanzó á herir el oído y el corazon de Barbosa (quien habia oido también los tiros y cohetes de la noche anterior, dándole el rumbo perdido y tomando él á correr y mas correr).

121. - Dejé este rumbo y recostéme hacia río, para reunimos con el grupo de Roldan, sin sospechar siquiera que el perdido estuviera tan cerca de nosotros; reunidos todos en un solo cuerpo, dejámos la costa del rio y tomámos al oriente, descabezando los palmares y las montañas (en cuyo centro encontrámos la rastrilladas de grandes tropas de mulas, caballos y bacas encorralados por los indios no de mucho tiempo), dejando señales al perdido que en sus andadas y desandadas pudiera tomar para seguirnos, como al fin felizmente sucedió

 122. - Sin recurso para pasar una noche mas entre las montañas, y por reflexiones de circunstanciastancias, inclinámos la espedición en regreso hácia el vapor; despues de mucho montear, salimos á la costa del rio; allí descansamos una hora y continuámos nuestro regreso, no sin dejar dos de los marineros de mas confianza á cazar en el mismo punto por donde yo pude sacar al otro perdido; los cazadores con sus tiros continuaban llamando rumbo á Barbosa, que habia tenido la felicidad de tomar nuestros rastros á las inmediaciones de la palma hachada.

123. - No hacía mucho tiempo á que con Roldan habíamos subido á bordo, en momentos en que nos ocupábamos de proyectar otra espedición hácia el Teuco, cuando se presentaron por la ri vera de este suceso los dos marineros que habíamos dejado cazando, mostrando en las manos la escopeta de Barbosa, lo que nos fué anunciado por alguien de á bordo, avisándo la venida de aquel; salimos en el momento sobre cubierta, y nos presentaron del brazo al desventuradop infeliz.

124. - ¡Cuánto sería nuestro gozo al ver el término de una de las fatalidades que en este trayecto del rio nos había hecho sufrir tanta afliccion, muy particularmente á Roldan, en quien recaía el mayor peso de las consecuencias de aquel siniestro, y por ser Barbosa el personal más útil -á las órdenes de Roldan, como su segundo.

125. - Transformada así nuestra funesta situacion, vuelta á nuestro corazon la alegría perdida, y la tranquilidad á la tripulación, esta con su capitan á la cabeza solo pensó y se ocupó en procurar la destrucción del banco que allí nos detenía; obra que realmente puso á brillante prueba Ia constancia, actividad y esfuerzo de toda la tripulacion, por salvar los intereses de la empresa y Ia continuación de la navegación.

Nota: El N°126 no figura en la narracion.

127. - A esta difícil y morosa taréa estaba  consagrada toda la tripulación, repetiré justamente, reanimada por la esperanza de que nuestro inevitable silencio de casi cuatro meses, esplicára suficientemente nuestra situación tanto al Gobierno de Salta, que estaba préviamente avisado de nues tro arribo por el Bermejo, y comprometido á salir  por Rivadavia á encontrar el vapor, como á los de la Sociedad de la navegación del Bermejo; bajo es ta necesaria y natural convicción, esperábamos ver  aparecer va por una rivera, ya por otra, sea de parte de la Empresa, sea de parte del Gobierno, alguna espedición en busca nuestra, como realmente  sucedió, debido á la buena disposición y actividad  del Presidente de aquella, el señor D. Francisco  G. Molina.

128. - Al siguiente dia del hallazgo de Barbo sa notámos á la rivera occidental, á pocas cuadras - del vapor, que repentinamente se levantaba unagran quemazón que devoraba la montaña; aun-ue esto hacían los indios frecuentemente para telegrafiarse sus movimientos ó los del enemigo, ge-neralmente se creyó á bordo que aquél fuego lo ha-bían hecho los que_ venían en comision á encon-tramos; bajo esta impresión se hizo un disparocañón, á cuvo estampido contestó un grito de aplauso al estilo del aaucho fronterizo: mstantáneamente algunos de á bordo se persuadieron que o era la gente de la comision aue esperábamos en á  nuestro auxilio, v correspondieron con otra gri-dtería de alegría, acompañando otro disparo.

129. - Despues de un momento de silencio, sin saber la gente que realmente era, vimos aparecer por el río, á pocas cuadras de la próa, unos pocos indios que observando cuidadosos nuestra condición y actitud, se acercaban confiados hácia nosotros, y á quienes llamámos desde luego con el mayor cariño v franqueza, instándoles venir á bordo,  significándoles que hacia dias les buscábamos amablemente para obsequiarlos y ponerlos en obraje, haciéndolos ganar vestidos y tabaco.

 130. - Ellos, sin hacerse esperar, viniéron á bordo, arrobados de admiración y alegría; entre estos se distinguió un joven tipo de cristiano, de porte y maneras muy aventajadas entre los suyos, de 24 años á lo mas, muy espédito en el hablar español; decia haberse educado en las haciendas de Campo Santo, donde sus patrones le diéron el nombre de Juan Pablo; nos presentó por caciques á Luis y á su suegro Juandela, que viniéron con él; se mostráron dispuestos á aceptar todas las taréas que les impusiéramos, en cambio de tabaco y de ropas que quisiéramos darles — todos, desde chicos, saben fumar.

131. - Desde el momento cuidaron de despachar aviso á sus tolderías participando lo que sucedía; pues éllos habían venido enviados á descubrir el oríjen, punto y causa de los tiros incesantes que habían apercibido á larga distancia de donde vivían; no nos ocultáron esta personal correspondencia, ántes nos participáron que era necesario y conveniente pasar estos avisos á los caciques de arriba, tanto para sacarlos de la alarma en que quedaban, como para que trasmitiesen aviso de nuestro arribo á los caciques inmediatos á los fuertes.

132. - Desde ese momento sucesivamente comenzáron á reunirse las indiadas en torno del vapor como enjambre de abejas que se agrupan á cosechar la miel de una colmena; y ántes de tres días veíamos á ambas riveras del rio improvisado un numeroso pueblo de desnudas y hambrientas, á la vez que dóciles, asequibles y comunicativas chusmas de nómadas de toda edad; acojidos al débil abrigo de transparentes enramadas, que entretejidas por su cogollo llaman ellos toldos, obra esclusiva de las indias.

133. - Estas tribus tan menesterosas de todo elemento de abrigo, de subsistencia y de civilización, de la fuente misma de su lastimera pobresa sacáron ovejas, cabras y varios otros animales hervívoros de raza selvática, esquisita y abundante miel, y otras varias cosas producidas en el Chaco, de buen sabor y nutritivas, que ellos utilizan para su alimentación anuária, y nos las traían, ofreciéndonoslas en cambio de lo que pudiéramos darles por todo ello.

134. - Mas aún, mientras los indios se ocupaban entre sus taréas díuturnas de traer leña de todo grosor hábilmente destrozada sin otro instrumento que sus forzudas manos, los indios se ocupaban á pala y asada en mano entre los demás marineros de disolver el banco que nos tenía detenidos; trabajando con todo agrado, y dándonos satisfactorias pruebas de su robusta naturaleza para toda intemperie, y de una superior predisposición para todo traba jo, para toda educación y para todo bien, sin otro estímulo que el de un trato benévolo, discreto y persuasivo; sin otra exijen-cía que la justa é inmediata compensación de sus taréas, de cuya realidad son celosos.

135. - Indudablemente esta concurrencia de brazos, que tanto necesitábamos, y que habíamos buscado ansiosos dia por dia para el auxilio de los marineros en el trabajo hidrográfico, aunque por su muchedumbre fuéra una poderosa y descomu: nal armada de peligros en constante amenaza contra nuestras vidas, venían á ser oportunamente un fuerte elemento que Roldan podía aplicar á los supremos esfuerzos con que valientemente supimos abrir hondo paso al desproporcionado calado del vapor, vencer incidentes invencibles, y burlar las farsáicas burlas . . . de los que maliciosa ó neciamente nos supusiéran débiles para sufrir y cobardes para luchar é ineptos para vencer... de los que nos pregonaban sumerjidos por el agua ó consumidos por las llamas, ó devorados por los indios cuando esos mismos indios, puestos á las órdenes de Roldan, bajo mi persuacion y vijilancia constante, nos ayudaron a conquistar uno de esos triunfos que inmortalizarían nuestros nombres, presentándonos ante nuestros compatriotas como los mas meritorios espedicionarios de la navegación del Bermejo.

136. - Al hacerse dueño de esta grande gloria Roldan, heroicamente correspondido por sus compañeros de viaje en todo momento, y perfectamente servido por toda su tripulación, rodeándonos á bordo mas de treinta caciques y capitanes rivereños del Bermejo; esperando por momentos de Rivadavia la contestación de nuestra correspondencia, que habíamos mandado con un indio hermano del cacique Pepe Grande, continuando lentamente nuestra navegación, se presentó el indio chasque con una tarjeta del Comandante General de las Fronteras del Norte Teniente Coronel D. Napoleon Uriburu dando aviso de su aproximación en busca del vapor “Gobernador Leguizamon”.

137. - Hablando estaba aún el indio chasque del cumplimiento de su compromiso, cuando, al levantarse el sol del dia 5 de Setiembre, los clarines del comandante Uriburu nos convencieron de su inmediata aproximación, que abreviamos bajando á tierra y recibiéndo á brazos al intrépido, honrado é inteliiente Gefe, que con su presencia armada y proveído de todo recurso vino en la circunstancia mas solemne á hacerse también ante toda la tripulación, ante la Empresa y ante el Gobierno Nacional, dueño de tanta gloria y de merecimiento tanto, cuantos intereses representan nuestras vidas salvadas y la continuación de nuestra espedición garantida en su tránsito v facilitada hasta el estremo de realización en que hoy puede encontrarse.

138. - Acompañaban al Comandante Uriburu el Coronel de Guardias Nacionales del Departamento de Rivadavia D. Melecio Frias natural de Salta, el Sargento Mayor de Línea Ingeniero Na-ional D. Francisco Host, y un distinguido cuerpo de oficíales de línea con 50 soldados salteños muy merecedores también de nuestros recuerdos, especialmente el activo y generoso Coronel Frias por la participación que tuvieran en esta honorable campaña.

139. - Nos hallábamos dos leguas mas arriba del Tren de Espinosa; por ser conveniente á los intereses de la navegación, bajámos á tierra el dia 7 de Setiembre, y continuámos á caballo nuestra espedicion con el capitan Roldan, quién llevaba de su tripulación un joven dependiente, un carpintero y dos marineros; á precaución, el Comandante Uriburu mandó para nuestra compaña al recomendable Teniente Alvarado, natural de Jujuy, y á sus órdenes algunos soldados para la custodia de la carga que se conducia á Rivadavia por un arriero de mulas.

140. - Dejando el vapor como á 52 leguas por tierra del pueblo de Rivadavia emprendimos nuestra marcha por la costa oriental á camino estrecho pero andable, hicimos ese dia una jornada como de 12 leguas; á las 2 leguas dimos con la toldería de Pepe Grande, cacique que el Comandante Uriburu llevó consigo en su regreso por el Teuco; á medio dia llegámos á la toldería del cacique Facundo, que nos sirvió distinguidamente en el rebaje del banco; al anochecer llegamos á la gran fortaleza de tolderías del cacique Manco, indio prestijioso y de averías; esta situación á la rivera del rio, cerca de una hermosa laguna, á la costa de una elevada montaña, con preciosos bajíos para sementeras, punto que los indios llaman “Pescado Flaco”, es la mas apropósito para una gran ciudad; y no está lejano el dia en que por este punto atraviese también una línea férrea ó un cordon de Fuertes, desde Villa Occidental hasta Salta, Tucuman y Jujuy.

141.- Alcanzámos á hacer noche sobre el mismo paso del río, como una legua mas arriba de la Grande Toldería, cuya indiada sorprendimos en gran divertimiento, y que nos recibió con el mayor cariño; al dia siguiente muy de mañana emprendimos la marcha, pasando el río á la costa occidental, donde dias ántes habia acampado el Comandante Uriburu, salvándose él, su gente y su tren todo de una tremenda quemazón que en la noche le habían prendido los indios para estorbarle su espedicion; razón por la que muy propiamente este punto debía denominarse el “Tren de Uriburu”.

142. - En este punto, muy inmediato al rio, hay hermosísimas posiciones para importantes y valiosas poblaciones, protegidas por hondos madrejones de agua permanente y por toda clase de ricos elementos vegetales, terrenales (por no decir impropiamente minerales) y animales; caminámos este dia como doce leguas hasta el madrejon de Pescado Blanco, frente á la toldería del cacique Marianito; en todo el trayecto que hicimos este dia hemos atravesado importantísimas planicies de rica tierra, y muy humedosos bajíos para sementeras de todo ceréal.

143. - Salimos del Pescado Blanco el dia 9 muy de madrugada atravesando un trayecto mas seco, no tan precioso y fértil como el anterior; desde aquí se muestran de mas importancia general las costas orientales, no obstante tener la otra costa la hermosísima laguna, y alto bordo del “Pelicano Colgado”, situación no menos importante que el Pescado Flaco para un gran centro de población; por que el agua de esta profunda laguna es renovada en las crecientes con el concurso directo del rio; este dia habíamos caminado como diez leguas hasta el renombrado punto “Senda de Mácomita” ó Palo Santo, posicion tan ventajosa y cómoda como las otras anteriores para la creación del punto central de encrucijadas y poblaciones fronterizas del Chaco.

144. - Desde aquí marchámos ya por el limpio y ancho carril mandado abrir á hacha por el comandante Uriburu; nada de particular encontramos en este trayecto, á no ser el interminable y elevadísimo palmar de la “Luna Muerta” por cuyas cenegozas sombras viene empujando sus desagües el rio del Valle, siendo una notable equivocación suponer que estos desagües salen por el arroyo del Caíman, lo que debe tenerse por exacto é indiscutible; pues bien sabido es que cuando el Sr. Arias Rengel descubrió la Senda de Mácomita, trajo su ruta por la costa sud de estos cenegosos palmares, dejando no muy lejos el Fuerte de San Simón, como lo demostrarémos en otra página.

145. - Esta jornada la hizo Roldan de trasnochada hasta Rivadavia, quedándome yo con el Teniente Alvarado, para hacerla mas estudiosa hasta el Fuerte de Gorriti, á donde alcancé á hacer noche, pasando á media tarde por el Fuerte Güemes, ántes “Carreta Quebrada” (la carretilla del doctor Cantillana en su víage con el Gobernador Mato-rras); este dia caminámos como catorce leguas, no sin ser burlados al entrarse el sol por un venado estraordinariamente grande (de los muchísimos que abundan en el Chaco) que nos atravesó el camino espantándonos los caballos.

146. - El dia 10 de Setiembre, quedándose en este Fuerte de Gorriti (que será trasportado como el anterior á puntos mas avanzados por el comandante Uriburu) el Teniente Alvarado, pasé al pueblo de Rivadavia haciendo un camino de cuatro leguas por la costa oriental, en cuyo trayecto encontré los vestigios del primer Fuerte Belgrano, á cuyas inmediaciones los indios habían dado un feroz y memorable avance en años anteriores, logrando hacer algunas víctimas.

147. - Despues de descansar en el pueblo de Rivadavia algunos dias, hasta que Roldan comenzára sus trabajos de canalización, continué mi espedicion á caballo por las costas del rio acompañado de un baqueano, y haciendo un esmerado estudio de todo lo mas importante que hubiera en estos puntos, poblados de estancias, de ganaderos y de sementeras á cada legua, ó a lo más cada dos leguas sobre las mismas riveras de una y otra van-da del rio á favor de hondos y permanentes ma-drejones de muy buena agua, que el rio purifica y renueva en sus crecientes.

148. - Llegué al Pueblito del Sausal, valiosa y productiva propiedad del Sr. Oliva, distante 22 leguas de Rivadavia, y situada sobre una inmejorable y arcillosa llanura salubréada por estensos sausales á la rivera occidental del canal del Bermejo; mas valiosa seria esta finca, y las mas predispuesta á ser el centro de una linda ciudad, si no estuviese espuesta al desborde anual de las crecientes, que desde este punto hasta unas quince leguas mas arriba invaden esos campos dejándolos como archipiélagos.

149. - Pasé en seco el actual canal del Bermejo labrado por las crecientes de la época de Soria, según como él los encontró rompiendo hácia este rumbo, y dejando al occidente el primitivo canal (que en todo tiempo seria el mas recto y seguro para la navegación, si se consiguiera hechar por él las aguas que han tomado hácia el Este formando el Teuco), llegué al Pozo de la Oreja, donde se hizo el año pasado la canalización; observe esta interesadamente, y advertí que ninguna localidad del Bermejo puede ser menos á propósito para encajonar sus aguas; todo estaba perdido.

150. - Pasé á los nuevos trabajos establecidos por el señor Roldan y encontré que estos eran planteados en una localidad mejor que la anterior, y bajo un sistema de trabajo mas efectivo, aunque siempre en terreno delesnable y destructible á la acción violenta de las crecientes, que en todo ese trayecto no encuentran suelo fírme que las contenga, sirviendo ántes para desparramarlas mucho mas un interminable almácigo de sauces creados sobre pura arena por los ilimitados reval-ces del rio, que en una creciente obstruye aquí el canal que en otra abrió allí, ó viceversa.

151. — Como “en años anteriores había estudiado todo el Lavayen hasta las Juntas con el Bermejo y desde allí hasta el arroyo do la Pampa Blanca, regresé de Rivadavia á estudiar mejor el punto de la Esquina Grande, donde hay el oportuno y bien calculado proyecto de hacer el puerto principal y levantar las oficinas de aduana nacional y administración de correos; atendida la superioridad de un alto y estenso territorio plano que avanza uniforme hasta la rivera del río, es inmejorable localidad; tenien-dose la conveniencia y facilidad de un centro do comercio y de comunicación nacional con las fronteras Sud de Bolivia, el punto no puede ser mas competente.

152. — De aquí salí en busca de las Juntas del Rio del Valle con el Dorado, y ántes de dos leguas de camino pasé el arroyo del Caímna en una poca y mansa corriente de agua salada; este corre aquí de Oeste á Este; pero continuando mi marcha ántes de una legua lo volví á pasar en las mismas condiciones corriendo de N. á Sud; continuando mi camino hácia el S. O. y á las diez leguas de la Esquina Grande encontré poi' la izquierda, los totorales ó lagunas to-torosas inmediatas al Fuerte de San Simón, que realmente bajan al Bermejo regando el estenso palmar de la Luna Muerta, corriendo de Oeste á Este.

153. — Mas adelante, siguiendo por las mismas riveras de estas lagunas por entre palmares, y saliendo después por la misma costa á tierra firme por riveras secas, di cor. las Juntas del Rio del Valle con el Dorado; encontré este con bastante agua, pero enteramente seco el del Valle, cuyas corrientes se infiltran pocas leguas mas abajo del Fuerte mismo de San Femando, quedande las poblaciones de esa costa sin otras aguadas que las lagunas saladas, ó los jagüeles, ó pozos de valde.

154. — Estamos á 15 de Octubre, dia en que he terminado en este punto (Fuerte de San Fernando del Rio del Valle) mis estudios sobre la navegación del Rio Bermejo, que hé practicado personalmente con toda la proligidad y esmero merecido, sin perdonarse sacrificio alguno á fin de esponer los hechos y las cosas con toda la propiedad y en las verdaderas condiciones y distancias en que las he encontrado y examinado, habiendo practicado no con menos Ínteres este mismo estudio pocos años há en las otras cabeceras del Bermejo.

 

 

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