Historia y Arqueología Marítima

 

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Navegando el Fagnano

Por el CF Alberto Gianola Otamendi Mayo 2010 (enviado Abril 2012)

La primera navegación del Lago Fagnano por la Armada, de que he encontrado datos, corresponde, singularmente, a una realizada por un Infante de Marina, que me llega por tradición oral.

 Como cita Hermelo, la singladura de estas aguas cerradas es engañosa. Desde los caminos de acceso y, considerando que es un lago, pareciera cosa fácil. Sin embargo su enorme extensión y su conformación oblonga en el eje este-oeste con más de 150 kilómetros, y varios de ancho hacen una inmensa superficie. Accesoriamente, se encuentra encajonado por altas cadenas de cerros, con cumbres nevadas en gran parte del año, lo que suma a los vientos predominantes del oeste el descenso de corrientes catabáticas sorpresivas y transversales, que generan ondas cruzadas. Así es que sus condiciones son similares al Canal  Beagle.

 Tampoco posee muchos refugios naturales y su relevamiento hidrográfico es pobre. Recién en años recientes se han construido muelles dignos de tal nombre para fines turísticos (en la costa norte de la cabecera en Tolhuin, en la margen sur en Bahía Torito y cercano a Laguna Palacios).

 En 1962, el Batallón de I.M. Nº 5, con asiento en Río Grande, preparaba una larga marcha terrestre exploratoria de la Isla Grande de Tierra del Fuego en condiciones realistas de combate, con la unidad al completo. Esta campaña tenía por objeto, lograr  un amplio conocimiento de la zona, del que se carecía por entonces, y probar equipos y doctrina de empleo de medios y fuerzas. El BIM Nº 5 había sido designado “Escuela de baja montaña y monte austral”, por lo que debía alcanzar rápidamente el nivel que justificara tal título. Además, había una clara conciencia de la falta de baqueanos y de la presencia de muchos empleados rurales extranjeros, con formación en el Ejército de Chile.

 Como acción previa de reconocimiento, se destaca al entonces TCIM Carlos Alberto Gianola, para hacer un relevamiento del Lago Fagnano, sus costas y accesos. En la orden del Comandante CFIM Calvo Paz, se lo provee de una vieja ballenera de madera a tingladillo, que yacía abandonada en el cuartel, adaptándole un pequeño motor fuera de borda. Fue llevada en camión, ¡cargada y descargada a sangre!

 Este tipo de bote es célebre en la Armada porque ha servido a la instrucción marinera en todos los institutos de formación (liceos, Escuela Naval, Escuela de Náutica, Escuela de Suboficiales y marinería) provenientes de la antigua flota de cruceros y destructores de fines del siglo XIX y principios del XX. Originalmente se propulsaba a remo o vela con aparejo de mayor latina (con verga superior o entena aferrada al palo mayor por el racamento, que había que “pasar de banda” en cada virada) y batículo o mesana. Obviamente, el paño era loneta de algodón o lino (canvas) como su cabuyería. Se calafateaban con filástica y brea, al viejo estilo. ¿Recuerdan?, sólo los muy añosos …

Para la maniobra forma su dotación un Suboficial Segundo y tres Soldados Conscriptos, todos ellos Infantes de Marina, con escasa preparación náutica y no contaba con los auxilios de ningún baqueano o nave secundaria.

 Durante la travesía por el inmenso lago, en esa embarcación tan rústica y precaria, fueron sorprendidos por un fuerte incremento del viento del oeste, que levantó una dura marejada. El pequeño motor resultó claramente insuficiente para controlar la embarcación y las condiciones la hicieron ingobernable. Haciendo agua por el oleaje y las tracas mal mantenidas, debió buscar inmediato reparo en la playa más cercana, donde teóricamente aguardaba el vivac del grupo de apoyo.

 Las comunicaciones se intentaban con las radios de campaña “portátiles” “GRC 9” (Gavia Río Coy en el alfabeto naval argentino de entonces), a manija para alimentar un dínamo. Aparatosas, pesadas y poco aptas para su uso a bordo, no fueron de gran utilidad para establecer enlace, ni advertir a los que en tierra, preparaban el campamento y obtenían recursos para el rancho.

 Así, logran hacer que la ballenera embique la costa norte, en un lugar que parecía apto, logrando poner a resguardo el valioso equipo de radio y a la novel tripulación, hasta el fin del temporal.

 Una anécdota posterior nos llega del conocido Capitán Hermelo, el 30 de marzo de 1968 y corresponde a una exploración de dos días hecha por el relator junto al mismísimo Almirante, con vivaqueada en la costa sur del espejo de agua.

 “Otro recuerdo y enseñanza fue la del Almirante Justo Guillermo Padilla, que fuera Comandante del Área Naval Ushuaia en el período 1968-70. Realmente una extraordinaria experiencia. Ambos llegamos en un momento en que las relaciones con Chile estaban tensas[1] y en cualquier momento se armaba la guerra.

 En ese entonces y gracias a Padilla, nos preparamos y conocimos toda la zona de Tierra del fuego. Cuando Padilla me designó Jefe de Operaciones del Área  Naval me dijo: “proceda a su juicio pero UD. debe conocer  la zona al dedillo, hasta en el mas mínimo detalles para asesorarme cuando sea necesario”. Y así ocurrió; reconocimos por aire, mar y tierra creo que todo. Hasta navegamos el lago Fagnano con la lancha doble cabina de un radiado crucero 25 de Mayo[2].

 Padilla siempre quería determinar personalmente los más mínimos detalles. En el Fagnano, por una denuncia de depredación de bosques, lago que tiene  más de 150 Km. de extensión, los chilenos cortaban y tiraban al agua los rollizos, armaban la jangada y la sacaban a Chile por el Río Verde o Azopardo.

 El Fagnano, muy poco conocido y menos navegado; cuando se encajona el viento del sur se levantan olas de hasta tres metros por la tobera que se forma entre sus nevadas laderas de ambas escarpadas costas.

 Nos habíamos quedado sin motor en medio del trayecto y por radio de mochila, alertamos a la Base que se alistara para recuperarnos si no se reparaba el embriague. Nuestro guía y baqueano era el Sargento Brandan de la Policía Territorial.”[3] 


 

[1] Incidente de la lancha torpedera chilena Quidora que en febrero de 1968 ingresó en forma desafiante a la bahía de Ushuaia, provocando el inicio de una escalada diplomática y militar. Producto de ello, entre otras acciones en la Isla, es el montaje de las baterías artilleras en Monte Gallinero y el traslado a ese puerto de las torpederas ARA “Alakush” y “Towwora” por orden presidencial.

[2] Prestó servicios en Ushuaia hasta su naufragio en 1975, conocida localmente como “Packewaia”. El crucero A.R.A. 25 de Mayo había sido radiado de la actividad en 1960.

[3] Memorias del CN (RE) Ricardo Hermelo, Jefe de operaciones del Área Naval Austral entre 1968 y 1969 y Comandante de la Agrupación Lanchas Rápidas en 1978. Ya retirado, como Capitán de Ultramar, llevó navegando el catamarán de turismo ANA B desde el Tigre (Bs. As.) hasta Ushuaia en agosto de 1986.

Dibujo de Apuntes sobre los buques de la Armada, CNCO (RE) Pablo Arguindeguy, DEHN, 1972.

 
 

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