Historia y Arqueologia Marítima

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PUNTA ARENAS/ ASMAR - UN EXCLUSIVO MUELLE FORMADO POR TRES PONTONES

Foto Guido Seidel

Por Carlos Quiñones López- Publicado en la Revista Marina de Chile (http://www.revistamarina.cl/) y reproducido por amable permiso de su director, CNIM Jaime Sepúlveda Cox - Marzo del 2010.-

Cuando, en enero de 1975, el nuevo Administrador, asumió en Punta Arenas la dirección de la antigua Planta Industrial de Asmar Magallanes ubicada en calle 21 de Mayo, le llamaron poderosamente la atención los tres pontones varados en línea sucesiva en el costado derecho del astillero. Le impresionaron esos viejos cascos de barcos que hacía mucho tiempo habían surcado los mares del mundo, afrontando el cabo de Hornos y que terminaron acogidos por el precario refugio e insegura calma de las aguas del estrecho de Magallanes.

Constituía una fascinante y maravillosa aventura el recorrer el interior de esos buques examinando sus sólidas estructuras de hierro forjado y de planchaje remachado que hasta hoy día han logrado superar la existencia de uno y un cuarto siglo. Similar impresión experimentó en 1980 un historiador naval británico que, al contemplar el estado de sus cuadernas y baos, sintió orgullo, admiración y respeto por la bien terminada ejecución de sus compatriotas, los constructores navales escoceses del siglo XIX.

Los nombres de los tres pontones, identificados desde la playa hacia el mar, eran el Falstaff, el Hipparcus y el County of Peebles. Formaban, en una línea continua, una novedosa trilogía de antiguos veleros que prestaban ahora sus servicios como molo de abrigo para naves menores.

Hipparcus

De los tres cascos, el del County of Peebles era el mejor conservado. Después de superar más de dos millones de millas náuticas de navegación, continuaba luciendo su noble estampa marinera. Aún permanecían intactos los mástiles inferiores de sus cuatro palos que se erguían mostrando los 25 metros que quedaban de su altura original de 40 metros. Recibió su bautismo el 25 de julio de 1875 en los Astilleros Barclay Curle & Co., de Scotstoun, Glasgow, en el mismo lugar en que fueran lanzadas casi un siglo después, las fragatas de la Armada de Chile Condell y Lynch.

Falstaff

Por haber demostrado ser tan firmes, robustos y marinero el County of Peebles, pasó a ser el primogénito de una nueva serie de 11 exitosos veleros que sus dueños R & J. Craig ordenaron construir, bautizándolos con el nombre de un condado escocés. John Wallace, uno de sus experimentados capitanes, describió así, una de sus azarosas singladuras en pleno temporal:

County of Peebles

“Ese día parecía que la nave cobraba nueva vida. Nunca olvidaré el estremecimiento experimentado por su estructura al precipitarse a 16 nudos a través de las montañosas olas, mientras impelido por la irresistible fuerza del viento, con su fina proa cortaba las aguas hirvientes, levantando un espumante bigote y tronar de las olas que, después de levantar la popa, se sumergían bajo la quilla empujando el bajel en un mar prendido de ozono y destellante espuma; su arboladura y tieso velamen silbando y bramando cada vez que el buque se levantaba sobre la cresta de una ola para luego descender a la efímera paz de un ancho y profundo seno”.

En sus 23 años de vida al servicio de sus armadores, el velero County of Peebles efectuó 58 viajes, tripulado por 45 hombres que maniobraban con destreza su impresionante velamen. Adquirido por la Armada de Chile, llegó en su última navegación hasta la boca oriental del estrecho de Magallanes, luciendo arrogantemente sus trapos al viento. Desde allí fue tomado a remolque por el transporte Casma hasta la rada de la capital magallánica, arribando  el día 21 de octubre de 1898. Desarbolado y rebautizado como Pontón Carbonero Muñoz Gomero, fue trasladado de inmediato a prestar sus servicios en la península que lleva su nombre, donde permaneció hasta 1966, año en que fue nuevamente remolcado a Punta Arenas, para ocupar su posición actual, varado en la playa del antiguo Asmar, junto al Hipparcus y el Falstaff.

Como esta trilogía de vetustos barcos apozados despertaba una tremenda curiosidad en los punta-arenenses, el Administrador de Asmar Magallanes, que escribe esta crónica, decidió conjuntamente con el Jefe de Planes del Astillero, Ingeniero Naval Emilio Cabrera transformar el sector de popa del County of Peebles en una acogedora cámara para recibir a los visitantes ligados a las actividades marítimas y evocar allí en gratas reuniones la vida de los últimos veleros.

Se transformó su popa, en ese entonces totalmente cerrada, en una estructura abierta de amplios ventanales para lograr una visión directa hacia el estrecho de Magallanes, contemplar el paso de las naves y disfrutar de los atardeceres plenos de luminosos arreboles. Se construyeron mesas, copia fiel de las existentes en los antiguos veleros, se dejó un amplio espacio en torno a la inmensa rueda de gobierno y se adornó con cuadros que narraban varias singladuras. Terminados los trabajos, se inauguró la cámara con la participación de todos los integrantes del “Caleuche Magallanes”, el día 23 de noviembre de 1975.

A partir de entonces, ese exclusivo lugar del County of Peebles pasó a ser el centro obligado de los eventos sociales de la Armada.

En 1976, permaneciendo como Administrador de Asmar Magallanes, recibí del representante de los fabricantes de Pinturas Marinas Hempel un novedoso calendario que mostraba para cada mes, la efigie de un mascarón de históricas naves danesas. Resaltaba entre ellos el que representaba la excelsa figura de la princesa Dagmar, de impresionante belleza vikinga, luciendo su larga cabellera rubia mientras oteaba el horizonte.

Hermoso mascarón con la figura de la princesa Dagmar, esculpido por los artesanos navales Adolfo Muñoz E. y Diómedes Vargas B.

¿Se podría confeccionar ese mascarón con la ayuda de algún escultor de la región? Se consultó a un artista, cuyo nombre no recuerdo, quien acogió la idea de inmediato, disponiendo que ensambláramos primero un conjunto de tres grandes trozos de pino seco y blando. Cuando el escultor vio la enorme armazón y sopesó la magnitud de la obra, se anduvo amilanando y condicionó su participación a que previamente algunos operarios de Asmar iniciaran el tedioso trabajo de desbastar el exceso de material acercándose a la forma deseada. Posteriormente, el escultor continuaría con sus toques artísticos finales. Se encomendó la tarea inicial a los modelistas Adolfo Muñoz España y Diómedes Vargas Barrientos, ambos egresados de la Escuela de Artesanos Navales de Talcahuano y cuya labor en Asmar Magallanes consistía en fabricar modelos de gran precisión, en madera, de piezas y maquinarias, válvulas y otros artefactos para ser fundidos en bronce.

Tomaron la obra con tanta dedicación, que trabajaron en ella voluntariamente, fuera del horario normal de trabajo y los sábados y domingos. A medida que empezaba a visualizarse la hermosa forma del mascarón, la pasión de los modelistas por su obra empezó a agigantarse. Entretanto, el artista de marras aparecía por el taller de vez en cuando, esperando el momento de su intervención. Llegó finalmente el día en que, contagiado con el entusiasmo de los dos modelistas, dijo: ¡Listo! Ahora continúo yo. Ambos operarios lo miraron sorprendidos y ante la presencia del Administrador le contestaron: ¡No!, el mascarón es nuestro, nosotros lo iniciamos y nosotros lo terminamos.

Haciendo justicia, el Administrador acogió la propuesta de los modelistas, agradeciendo a su vez y declinando la participación del escultor. El hermoso mascarón con la armoniosa figura de la princesa Dagmar se instaló en la cámara del County of Peebles, afianzado en el mástil de mesana y observando el estrecho de Magallanes a través del amplio ventanal de popa. Fue inaugurado el día 23 de noviembre de 1977 ante la presencia del Comandante en Jefe de la Armada, Almirante José Toribio Merino Castro y su distinguida esposa Margarita Riofrío de Merino, acompañados por autoridades magallánicas y por los creadores de esta obra, los modelistas Adolfo Muñoz España y Diómedes Vargas Barrientos.

Cuenta la leyenda que, desde hace tres décadas, habría nacido la tradición de encender una vela y hacer una rogativa ante la efigie de la princesa Dagmar cada vez que una nave extranjera cruzaba por la popa del County of Peebles. ¿Serían esas insólitas plegarias las causantes de que el gigantesco petrolero Peter Stuveysant de 500.000 toneladas deadweight y la plataforma petrolera semisumergida “Diamond M”, experimentaran misteriosas y repentinas fallas en sus sistemas de propulsión? La realidad es que ambas naves no tuvieron alternativa y se vieron forzadas a recurrir a los servicios de reparaciones de la pequeña Planta Industrial de Astilleros y Maestranzas de la Armada, en la región austral.

El milagroso mascarón, habría dado así la oportunidad única al personal de Asmar de demostrar, a nivel internacional, su idoneidad y capacidad para superar cualquier desafío tecnológico que pudiera presentarse en el estrecho de Magallanes.

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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