Historia y Arqueología Marítima

 

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La aventura del cúter "Libertad".

 

Fuente: Historia del Practicaje Rioplatense, por el Capitan de Ultramar Albino C. Morales

Leyendo el excelente libro del Capitán Morales, encontré esta historia que vale la pena repetir. Mey

Las anécdotas son parte de la historia y los relatos de ellas nos muestran cómo se vivía ene! tiempo en que ocurrieron. La que relatamos a continuación nos sirve para ilustrar el ambiente y la manera en que vivían y ganaban el diario sustento los prácticos del Río de la Plata,en la segunda mitad del siglo pasado y principios del presente. La dura competencia para ser los primeros en avistar los buques y por este medio ganar el premio de pilotearlos, llevaba sus frágiles embarcaciones más allá de lo aconsejado por la prudencia, exponiéndolos a los peligros de los pamperos y sudestadas.

Un ejemplo de cómo jugaban continuamente sus vidas, y las perdían muchas veces, estos duros y sufridos hombres de mar, nos la proporciona lo acontecido al cúter "Libertad", minúscula balandra de 15 toneladas que zarpó del puerto de Buenos Aires el 31 de julio de 1865, para cumplir una de sus habituales expediciones de crucero en la boca del río. Iban a su bordo cuatro prácticos: Thomas Murphy, William T. Miller, James Cott y John Le-vis; Miller era norteamericano y los otros ingleses.

La embarcación estaba al mando de Murphy, que era su propietario y era tripulada por cuatro hombres; uno de los cuales, Charles Osgood, norteamericano de 24 años de edad en el cargo de patrón. La navegación se hizo al principio con tiempo bonancible y el día 3 de agosto, estando próximos al cabo Santa María, avistaron al pailebote argentino "Stella',' en el que después de hablado embarcó Levis, que era el número uno del turno, y uno de los marineros.

Arrumbando al Este continuaron la navegación y tres días más tarde, el 6 a medianoche, se abatió sobre ellos un violento pampero que los arrastró mar afuera. La fuerza del temporal sacudió despiadadamente a la indefensa embarcación destrozando la botavara y el pico* una enorme ola embarcó e.inundó la cámara inutilizando víveres y la documentación y los fuertes rolidos hicieron correr el lastre, escorándola sobre la banda de estribor.

Estando en esta peligrosa posición, otra ola montando por babor casi le hace dar la vuelta de campana y al barrer la cubierta se llevó con ella a Murphy y un marinero, los que a pesar de sus desesperados esfuerzos por tomarse de alguna parte firme del buque, fueron arrastrados sobre la borda y desaparecieron entre las espumosas olas y el fragor de la tempestad.

Imposibilitados de prestarles auxilio y espantados por el terrible fin de sus compañeros, los que a bordo quedaron, eligieron a Miller para reemplazar al desaparecido capitán y corrieron el temporal a palo seco, castigados permanentemente por la turbulenta mar, con el alma en vilo ante la perspectiva de terminar su expedición en el fondo del océano.

Así transcurrieron tres días de angustiosa incertidumbre, al cabo de los cuales el viento fue amainando, hasta que el buen tiempo trajo la tranquilidad a sus angustiados corazones y poniendo proa al Oeste, llegaron el 10 de agosto a la barra del puerto de Río Grande, en la costa del Brasil.

Dos días con sus noches permanecieron fondeados en ese lugar tratando de reparar en lo posible los daños sufridos, hasta que anunciados por un buque inglés que entró,vino una catraia que los remolcó hasta el puerto.

Y cuando ellos creían haber alcanzado el fin de sus desdichas un nuevo sinsabor los esperaba. Eran los primeros meses de la guerra de la Triple Alianza y el ambiente estaba impregnado de sospechas y suspicacias; en cada individuo se creía ver un espía o un posible enemigo. I Se respiraba esta atmósfera belicista cuando los infortunados prácticos arribaron a Río Grande y no habían terminado de agradecer a Dios el haberlos salvado del triste destino sufrido por sus desaparecidos compañeros, cuando alguien hizo correr la voz de que habían salido de Buenos Aires para pilotear dos acorazados brasileños que se dirigían al Paraguay y que, sobornados por agentes de ese país, se proponían encallarlos en alguno de los bancos del río, llegándose a asegurar peen pago de este servicio habían recibido por adelantado la suma de 600 patacones.  Pero ésto no era todo: otra versión decía que los prácticos habían salido a esperar y conducir 'hasta Asunción,dos buques de guerra paraguayos que navegaban bajo el pabellón británico.

Estos rumores hicieron que el delegado de policía de la ciudad, previendo que alguna de esas versiones pudiera ser cierta, prohibió al cúter salir de regreso hasta asegurarse de la verdad. Con este motivo hubo un intercambio de notas entre el delegado de policía y el cónsul general del Brasil en Montevideo y entre éste y el cónsul general de la Argentina en esta ciudad, llegando el pedido de informes hasta el capitán del puerto de Buenos Aires, a través del ministerio de relaciones exteriores.

Mientras tanto, Miller se había presentado al cónsul argentino en Río Grande, el señor Higinio Durao, labrando una detallada exposición de los acaecimientos del viaje y de la razón de su llegada a este puerto, y al manifestarle la pérdida de todos los víveres y del dinero para comprarlos, fue auxiliado por el funcionario con la cantidad de 9 patacones.

Veinte días después de su arribo, la situación pareció haberse aclarado y el cúter "Libertad", autorizado por el receptor de rentas y por el cónsul, emprendió el viaje de regreso. Sin embargo aún no habian terminado sus dificultades; alguien no estaba del todo conforme Ion los informes recibidos y este alguien era nada menos que el presidente del estado de Río Grande, sobre cuya autoridad habría pasado el funcionario que permitió la salida, de manera que estaba la embarcación llegando a la barra cuando fue interceptada y obligada a volver al puerto, donde el capitán del puerto les informó que estaban detenidos por orden de aquel magistrado. La detención los demoró otros ocho días, al cabo de los cuales, recibido el permiso de la suprema autoridad, pudieron emprender definitivamente el viaje de regreso llegando a Montevideo el 22 de setiembre, donde el "Libertad" fue embargado para responder —según declaró Miller- por una deuda del cocinero. Tanto Miller como los otros dos prácticos desembarcaron allí dejando la embarcación a cargo del patrón y viniendo a Buenos Aires de pasaje en el vapor de la carrera con el objeto de reiniciar cuanto antes sus actividades profesionales, para compensar en parte las pérdidas que la desgraciada expedición les ocasionara. Y como era norma de todos sus camaradas,volvieron a desafiar las iras del mar y de los vientos ;otra pequeña balandra, para asegurar su sustento y contribuir al engrandecimiento de la Reputa a cuya hospitalidad se habían acogido.

 

 

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