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La escuadra corsaria del Consulado de Cádiz(1779-1783) y su actividad en América

Publicado en Derroteros de la Mar del Sur N° 13 (2005), pp. 113-121 Por Enrique Otero Lana, Correspondiente de la Real Academia de la Historia (España) y miembro de Thalassa, Asociación de Historia Marítima y Naval Iberoamericana, sección española.

Durante la intervención española en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de América se organizó en Cádiz una de las escuadras corsarias más numerosa de la historia de España. Se armaron o fletaron a lo largo de estos años catorce embarcaciones1, estando en activo en algún momento hasta siete de ellas. Si los resultados no fueron siempre los deseados se debió antes a las exigencias de la Corona española que al esfuerzo armamentístico.

España, en un primer momento, se mantuvo indecisa entre si intervenir o no en la guerra, pues la independencia de las trece colonias norteamericanas podía ser un mal precedente para las aspiraciones de los criollos de su propio imperio colonial. Incluso intentó actuar como mediadora, pero los ingleses le dieron largas, posiblemente pensando que no sería un mediador totalmente imparcial (al fin y al cabo había entregado dinero y armas a los rebeldes, aunque de forma clandestina, desde 1776). Esta ofensa terminó de decantar la posición española, firmándose un nuevo Pacto de Familia con Francia en abril de 1779.

Declarada la guerra a Gran Bretaña, Carlos III centró sus esfuerzos en la recuperación de la isla de Menorca y del Peñón de Gibraltar, al tiempo que en América Bernardo de Gálvez preparaba la reconquista de La Florida. Las tomas de Mahón, Mobile y Pensacola marcaron la reconquista de Menorca y La Florida. Pero lo que era más importante para la Corona, la ocupación del Peñón, no se conseguiría, como es bien sabido, a pesar del sitio terrestre, del bloqueo de las fuerzas sutiles (pequeñas embarcaciones y cañoneras) de Antonio Barceló y de los navíos de línea de la Armada española, y del uso de las baterías flotantes de Arçon. Todos los esfuerzos fueron inútiles. Gibraltar siguió siendo inglés y significó un punto clave en la consolidación del imperio británico.

Trataremos ahora de la escuadra corsaria gaditana, muy relacionada con América. Curiosamente este armamento de particulares en apoyo de la Armada estatal se haría en un momento en que la ciudad y el comercio de Cádiz habían perdido su tradicional monopolio con América. El proceso de liberalización del comercio se había iniciado en 1765, cuando se permitió a diferentes puertos peninsulares el comercio con diversos puntos del Caribe, y se culminó en 1778 al establecerse la libertad de comercio entre los peninsulares y el imperio hispanoamericano, con las excepciones de Nueva España (que quedó reservada para el comercio de Cádiz) y Venezuela (feudo mercantil de la Compañía Guipuzcoana de Caracas).

Iniciada la guerra, la Junta General del Comercio de Cádiz acordó el armamento, apresto y mantenimiento de veinte naves para hacer el corso contra los enemigos de la Corona española. La iniciativa fue aprobada por Su Majestad Carlos III por la real orden de 17 de agosto de 17792. Para la preparación y mantenimiento de esta escuadra se exigía a favor de este “ramo” de los corsarios el 3 por ciento de todos los frutos y efectos nacionales y extranjeros embarcados en la bahía y demás puertos habilitados para Indias y el 4 por ciento de los frutos venidos de los dominios americanos.

Dejando aparte las posibles dificultades del cobro en los otras ciudades que comerciaban con América, las cuentas del Consulado del Comercio de Cádiz entregadas por el tesorero del Consulado, Fernández de Cosío, nos recogen un cargo o ingreso de 41’550,944 reales de vellón en 96 partidas que reflejan los ingresos mensuales, oscilando entre un máximo de 2’114,988 reales, ingresados conjuntamente en marzo y abril de 1780, y un mínimo de 85 reales, ya terminada la guerra, en junio de 1785. Las damas gaditanas contribuyeron con una colecta de 198.000 reales. Ya en el mes de agosto las “señoras de Cádiz” habían ofrecido a Su Majestad el armar y mantener un navío de buen porte para hacer el corso, “generosa oferta” que fue aceptada por el Gobierno de Madrid3.

Después se reconvirtió en la idea, más práctica, de contribuir con un fuerte donativo a los armamentos que hacía el Consulado. La data o gasto fue 35’742,212 reales y 21 maravedíes y medio, según 363 libramientos que reflejan las cuentas. Quedó, por tanto, un superávit de 5'808,731 reales con 12 maravedíes y medio, que se entregaron al Real Tribunal del Consulado cinco años después de terminada la contienda, ya en 1788.

Estos libramientos nos permiten seguir, cuando menos parcialmente, la actividad que tuvo la escuadra corsaria armada por el comercio gaditano. El primer libramiento fue para el arreglo del navío San Carlos, con fecha 1º de septiembre de 1779 y con un gasto de 20,717 reales y 31 maravedíes. Curiosamente, el segundo libramiento es el de la compra del mismo navío a la casa de comercio Arrieta y Compañía, de Bilbao, en La escuadra corsaria del Consulado de Cádiz...752,914 reales y 8 maravedíes (7 de septiembre). También fue previa la habilitación a la compra de la fragata francesa Antiope, propiedad de una casa de comercio gala (libramiento 10, 18 de septiembre).

Mientras se habilitaban estos buques mayores, se fletaron o contrataron por breve tiempo el jabeque de rentas, la saetía La Misericordia y la goleta El Carmen (libramiento 11, 19 de septiembre), así como el jabequito del patrón José Cordero. El jabeque de rentas y la saetía hicieron una primera salida entre el 22 de agosto y el 15 de septiembre de ese mismo año, 1779, con el jabequito como descubierta (libramiento 12, 21 de septiembre), lo que nos permite observar que los pagos de este primer flete fueron posteriores al cumplimiento de lo acordado. Es más, en el momento de esta primera salida ni siquiera se habían iniciado las cuentas del ramo de los corsarios en la Tesorería del Consulado.

El capitán del navío de Su Majestad San Leandro, Álvaro López de Carrizosa, aporta datos concretos sobre el armamento que llevaban las embarcaciones que hicieron la primera salida (normalmente uno o dos cañones de a 6 libras de bala y otros de inferior calibre, como recogemos en la relación final de las unidades armadas por el Consulado) y llega a una clara conclusión:

En el punto más sustancial de la artillería, sus municiones y demás pertrechos, se encuentran irregulares desproporciones que dan a conocer las nada favorables resultas que tendrían éstos y los demás de semejante defectuoso armamento en el caso de combate4.

Siguieron las compras y armamentos de diversas embarcaciones. En septiembre, día 24 (libramiento 18), se compró la polacra francesa La Europa (que en otras entradas es citada como corbeta), a Juan Alonso Yolif y Compañía, de Cádiz, y se empezaron a habilitar, bajo flete de larga duración, las fragatas Nuestra Señora de la Aparición y La Soledad (o Nuestra Señora de la Soledad), el jabeque San José y Santa Rita y el navío El Rosario, armamentos todos realizados durante el mes de noviembre.

En el mes siguiente se citan los gastos de una primera presa, el bergantín La Santísima Trinidad, posiblemente un mercante portugués con rumbo a Gibraltar. Los libramientos también nos dan datos interesantes sobre el armamento de estos buques. Con fecha de 24 de septiembre de 1779 se compraron dieciocho cañones de hierro de calibre 8 (libras de peso por bala) en buen uso a 90 pesos de 198 quintos cada uno, siendo el importe total de 24,395 reales y 10 maravedíes (libramiento 16). Pocos días más tarde se pagaron 5,218 reales y 6 maravedíes por la compra de 615 balas de a 8, 33 palanquetas del mismo calibre, 456 balas de a 6, 41 palanquetas de este calibre y 187 libras de metralla (libramiento 29, 28 de septiembre). Fue necesario pagar los jornales y manutención de la compañía de escopeteros y guarnición del navío San Carlos (libramiento 79, 18 de octubre) y se terminó comprando 6 cañones de hierro de a 6 libras de bala, una caja de medicinas, utensilios médicos y ropa de enfermería para el mismo navío, por un importe de 16,722 rreales y 2 maravedíes (libramiento 89, 27/

En dos meses escasos el San Carlos había sido acondicionado para navegar como corsario. Por las mismas fechas la corbeta Europa estaba también terminando su preparación con la confección o “hechura” de 799 cartuchos para pólvora (libramiento 118, 27/10/1779). Para otros corsarios se compraron diecinueve cañones de a 8 y trece de a 6 en diciembre de aquel mismo año (libramiento 147). Con el año 1780 se iniciaron plenamente las actividades de las embarcaciones corsarias armadas por el Consulado de Cádiz. En enero se terminaron de preparar los buques de corso (en algunos casos con préstamos de dos meses de sueldo para sus “equipajes” o tripulaciones) y se preparó el envío de siete corsarios a América: el navío Nuestra Señora del Rosario y la fragata Soledad se destinaban a Buenos Aires, en tanto que las fragatas Antiope, Aparición y Esperanza (también conocida como San Francisco de Asís) y la saetía Misericordia navegarían a las islas de Barlovento (libramiento 162, 6/3/1780, por 750.000 reales para su habilitación).

En el libramiento 167, 24/4/1780, se dice que se preparan 7 embarcaciones para las Indias, pudiendo ser el navío San Carlos o la polacra Europa, ya que ambas fueron a América en diferentes fechas. Parte de estas embarcaciones corsarias acompañaron al convoy de tropas que partió bajo el mando del teniente general D. Antonio de Navia (libramiento 182). De las embarcaciones enviadas a Buenos Aires sabemos que iban en “corso y mercancía” 5. Es posible que todos los barcos corsarios destinados a América fuesen en esta situación mixta que mezclaba el comercio con la actividad bélica.

Gracias a esa mayor actividad, tenemos referencias de nuevas presas; así, dos urcas holandesas, La Estrella del Norte y Vigilancia (libramiento 175, 27/6/1780), la primera tomada por la corbeta San Antonio y las Ánimas (libramiento 205, 11/6/ 1781). En junio de 1781 fue apresada la fragata inglesa Las Seis Hermanas por el navío el Rosario y la fragata Soledad cuando volvían de Buenos Aires protegiendo un convoy, puesto bajo el mando del capitán del Rosario don Juan Antonio Arróspide6.

Sabemos que hubo otras presas posteriores, pues en agosto de 1782 se pagaron los derechos y gastos judiciales causados en la isla [de ¿Cuba?] relativos a doce ramos de autos de apresamientos y detenciones de diversas embarcaciones por las de dicho armamento desde el principio de la guerra (libramiento 255, 12/8/1782). También se dieron las primeras bajas: en el puerto de El Fayal (en las islas Azores) se perdió la fragata Nuestra Señora del Carmen y fue necesario fletar un bergantín portugués para conducir a los tripulantes de la fragata hundida a la bahía de Cádiz (libramiento 164, 6/4/1780). También se perdió el navío San Carlos al ser apresado por el enemigo. El buque corsario iba al puerto de Omoa (en Honduras) y su primer piloto era también práctico en la costa hondureña (libramiento 204, 3/1/1781). La estancia de las embarcaciones corsarias del Consulado de Cádiz en las costa
americanas fue larga, si bien con viajes de retorno a España para volver otra vez a América. En octubre de 1781 se cita el próximo viaje de unos buques de corso que acompañarían al convoy al mando del teniente general don José Solano7, en tanto que la fragata Soledad navegaría en comisión hacia el sur [¿a Buenos Aires?] (libramiento 217). A lo largo de 1781 y 1782 tenemos noticias de su estancia en Cartagena de Indias, La Habana, Montevideo y Buenos Aires, a través de diferentes pagarés por préstamos que diferentes comerciantes locales habían hecho para habilitar los buques.

Por ellos conocemos que la fragata Antiope tuvo que ser carenada en Campeche, con un importe de 31 pesos fuertes (libramiento 233, 17/4/1781). También hubo gastos judiciales para averiguar la entrada en Gibraltar del drogue danés Santa Elena, sin que sepamos porqué se hizo este encargo al ramo de corsarios del Consulado (libramiento 223, 10/12/1781).

En 1782 partió desde Cádiz con destino La Habana y Veracruz un convoy mercante protegido por el navío corsario Rosario. El capitán don Juan de Arróspide, que mandaba el navío corsario, era también el jefe del convoy. Se fletó un calón de rentas para completar la defensa (libramiento 237, 20/4/1782). Sin embargo, el navío Rosario tuvo que realizar antes un viaje para conducir unos pliegos a la costa de Levante, parando en el puerto de Málaga (libramiento 239, 3/5/1782, y libramiento 250, 9 de julio). En fechas posteriores localizamos a este navío en Veracruz. Posiblemente en este año se perdió la fragata Esperanza, por captura del enemigo (libramiento 252, 2/8/1782) y en el siguiente el corsario Aparición, naufragado en las costas de Honduras(libramiento 303, 27/11/1783).

Toda la escuadra corsaria del Comercio de Cádiz estaba actuando en las costas del Caribe y se dio la situación contradictoria de que fue necesario ajustar el flete de la goleta corsaria estadounidense Sin Igual, mandada por el capitán Jaime Coffins (libramiento 268, 31/1/1783), para proteger las costas gaditanas y la llegada de los mercantes a la bahía. Tenemos noticias de otros armamentos corsarios gaditanos que no dependieron del Consulado de comercio de Cádiz. Así, en 1781 se preparó para el corso la falúa San Antonio y las Ánimas8, con 15 toneladas de porte, armada con un cañón de a 6 libras de bala, cuatro pedreros, ocho trabucos grandes y otras armas para treinta y dos hombres (cuatro oficiales mayores, cuatro oficiales de mar, seis artilleros proeles, diecisiete marineros y un grumete, siendo casi todos los tripulantes franceses e italianos).

Su armador fue don Juan Felipe Uztariz y su capitán don Quinin (o Quirin) Gutier, un francés que vivía en Tarifa desde hacía más de veinte años, estando casado allí. En 1782 un comerciante de Cádiz, Ignacio Antonio Corillo, quería enviar a La Habana y a Veracruz a su fragata la Pura y Limpia Concepción y San Francisco de Paula. 7.- Por desgracia, desconocemos qué buques corsarios se incorporaron a este nuevo convoy.

Suponemos, sin que sepamos cuáles fueron, que algunas de las embarcaciones armadas por el Consulado regresaron desde América y después volvieron a partir con el teniente general Solano.

Deseaba una patente de corso y mercancía y que su buque fuese como registro. Pedía para ello doce cañones de a 8 libras, pero se contestó que los que existían se necesitaban para los bajeles del Rey9. Tal vez animados por los éxitos de los corsarios que colaboraban con las fuerzas sutiles de la Armada en el bloqueo de Gibraltar, unos funcionarios, los dependientes de rentas de Cádiz, encabezados por don José Pizarro, pidieron patente para un falucho de 150 quintales o 20 toneladas, con 4 pedreros y otras armas para 21 hombres. Sería mandado por José María Salazar o por don José Vélez (las peticiones nos dan ambos nombres) y todos los marineros serían vascos10, algo cuando menos curioso en un puerto andaluz. Dada su debilidad armamentística y su escasa tripulación, tendría que actuar siempre en conserva con otras embarcaciones. Pero no sería el único corsario de tan escasa potencia: en 1783 un falucho inglés que salía de Gibraltar fue apresado a cinco leguas de Cádiz por la barca pescadora del patrón Ramón Serrano, que era usada para ayudar en el bloqueo11.

Terminada la guerra (en septiembre de 1783 se firmó el Tratado de Versalles), hubo que realizar varios pagos, incluyendo el coste del navío El Rosario, que tuvo una “varada” en la costa gaditana tras regresar de La Habana y que, hasta entonces, había sido aportado, no sabemos si de forma gratuita, por los Cinco Gremios Mayores de Madrid (libramiento 324, 16/8/1784) y de la fragata Nuestra Señora de la Aparición, propiedad de D. Juan Andrés Gómez y Moreno (libramiento 341, 14/10/1785), perdida en Honduras, como ya dijimos. Pero el resto de los libramientos de los años posteriores a la guerra son reclamaciones de sueldos de los tripulantes de las embarcaciones corsarias, con una notable excepción: en 1785 se dio un millón de reales como ayuda a las ingentes obras del camino de Andalucía (libramiento 340, 7 de septiembre). En 1788 se consideraban ya resueltas las últimas deudas y el superávit todavía existente, 5'808,731 reales y 12 ½ maravedíes fueron entregados por el tesorero del ramo de los corsarios al Real Tribunal del Consulado (libramiento 364), siguiendo una real orden de 12 de agosto de 1785.

A lo largo de aquellos años el Consulado de Cádiz había armado o fletado catorce embarcaciones (no veinte como se pretendía al principio) y perdido cinco (dos capturadas por el enemigo y tres por accidente) a lo largo de la contienda, es decir, más de un tercio de los buques corsarios y cerca de los dos tercios si descontamos las embarcaciones fletadas de forma transitoria. Sus posibles capturas, pues no todas las detenciones serían válidas, rondaban la docena. Y para ello se habían gastado más de 35 millones de reales. Pero, en realidad, su principal función no había sido el ataque al comercio enemigo, sino ayudar a la protección de los convoyes y hacer de guardacostas en el Río de la Plata y las islas de Barlovento, Nueva Granada, Honduras y otras zonas del Caribe.

. Había servido para sustituir en la protección del imperio hispanoamericano a la Armada española, centrada en la fallida recuperación de Gibraltar. Relación de los armamentos corsarios del Consulado de Cádiz (según diversas fuentes)

1. Navío San Carlos. Comprado en 1779 a la casa Arrieta y Compañía, de Bilbao, en 752.914 reales y 6 maravedíes. Su capitán fue Juan Antonio Zabaleta. Estuvo armado con cañones de a 8 y de a 6 libras de bala. Fue capturado por los ingleses, posiblemente en 1780, cuando iba al puerto de Omoa (Honduras).

2. Fragata Antiope. De construcción francesa. Fue comprada, también en 1779, a una casa mercantil del país vecino. Tuvo por capitán a Joaquín Ximénez. En 1779 estuvo en Málaga. En 1780 fue a las islas de Barlovento con el convoy mandado por el teniente general Victorio de Navia. En 1781 actuaba desde el puerto de La Habana y en 1782 en Campeche, donde tuvo que ser carenada. En 1784 regresó a la Península desde La Habana.

3. Jabeque de rentas San Joseph y Santa Rita. Contratado o fletado en 1779 para algunos servicios mientras se preparaba la escuadra corsaria. Su capitán era Juan José de Gamiz. Hizo una salida de protección de costas y búsqueda de presas entre el 22 de agosto y el 15 de septiembre de 1779. Iba armado con dos cañones de a 6 libras de bala, cuatro de a 4 libras, diez de a 3 y dos de a 2, así como con diez pedreros de a 1 libra y nueve de a media libra, más dos morteros de a 4, cuatro esmeriles, dos trabucos, veintidós fusiles, seis pistolas, veinte sables y seis hachuelas de abordar. Como munición llevaba ciento ochenta balas de todos los calibres, cien libras de balas de plomo, dos cajones de granadas, cuatro cajones de frascos de fuego y siete quintales de pólvora. Su tripulación era de setenta y ocho hombres (en algún documento se habla de doscientos) y llevaba víveres para cuarenta días y aguada para nueve.

4. Saetía (o barca) La Misericordia o Nuestra Señora de la Misericordia. Mandada por Antonio Ramos, primero, y por Martín Lemus, más tarde. Se pagó por ella 90,352 reales 32 maravedíes a Buenaventura Clausell y Consortes. Salió con el grupo que protegió las costas gaditanas entre el 22 de agosto y el 15 de septiembre de 1779. En aquel momento iba armada con un cañón de a 6 libras de bala, cinco de a 5 libras, dos de a 4, trece de a 3 y dos de a 2, así como dieciocho pedreros. Llevaba como munición ciento noventa y ocho balas de 6 libras de peso, trescientos sesenta de 4, sesenta y ocho de 3, doscientos veinte de 2¼ libras, ciento veintisiete balas de 2, ocho palanquetas de 5 libras, cuatro de 4, veintisiete de 3, así como cien saquillos de metralla. Armamento más ligero eran seis esmeriles, cuarenta y siete fusiles, setenta y cinco pistolas, doscientas libras de balas de plomo, cuarenta espadas, veintiocho chuzos, noventa y seis frascos de fuego y veintidós quintales de pólvora. La tripulación era de ciento tres hombres. En 1780 fue a las islas de Barlovento con el convoy de Navia. En 1781 estaba en Cartagena de Indias y en 1783 volvió a España desde el puerto de La Habana.

5. Jabequito del patrón José (o Josef) Cordero. Fue fletado para hacer de descubierta en la salida del jabeque de rentas y la saetía La Misericordia entre el 22 de agosto y el 15 de septiembre de 1779.

6. Goleta El Carmen o Nuestra Señora del Carmen. En agosto de 1779 iba a salir en  conserva con las unidades anteriores, aunque al parecer no lo hizo. Estaba armada con dos cañones de a 6 libras de bala, dos de a 4, dos de a 3 y dos piezas de a 2, más cuatro pedreros y dos morteretes de a 2 libras. Como munición llevaba ciento veinte balas de 6 libras de peso, cuarenta de 4, doce de 3 y otras doce de 2 libras, cuarenta balas para pedreros, veinticuatro palanquetas para las piezas de a 6 libras y dieciséis para las de a 2, veinte saquillos de metralla para las piezas de a 4, veinte saquillos para las de a 3, seis saquillos para morteretes, diez saquillos para los cañones de a 2. Su armamento ligero era de veinte fusiles, veinticuatro bayonetas, dieciséis pistolas, cien libras de balas de plomo, veinticuatro espadas, dos cajones de granadas de mano, dos frasqueras de fuego y siete quintales de pólvora. Hay que mencionar que en la bodega tenía desmontados dos cañones de a 6 libras por haber dado parte de sus municiones de este calibre a la saetía. También prestó algunos pertrechos y la jarcia de repuesto). Su tripulación era de cuarenta y cinco plazas. Llevaba víveres para doce días y aguada para seis jornadas. Naufragada en los primeros meses de 1780 en el puesto de El Fayal, islas Azores, tal vez durante su primer viaje a América como corsario.

7. Polacra (o corbeta) La Europa. De construcción francesa. Comprada a Juan Alonso Yolif y Compañía, de Cádiz, en 45,176 reales 16 maravedíes. Fue su capitán Cristóbal Arizón. En 1781 actuaba desde La Habana y en 1783 estaba en Honduras.

8. Fragata Nuestra Señora de la Aparición. Mandada por el capitán D. Miguel Pérez. Fue a las islas de Barlovento con el convoy de Navia y en 1781 operaba desde Cartagena de Indias. En 1783 se perdió en las costas de Honduras y en 1785 se pagó su valor, 119.316 reales, a su propietario Juan Andrés Gómez y Moreno.

9. Fragata San Francisco de Asís, más conocida como La Esperanza. Tuvo por capitán a Félix Robles y, a principios de 1782, actuaba desde el puerto de La Habana, siendo apresada por el enemigo antes de que terminase el año.

10.Fragata La Soledad o Nuestra Señora de la Soledad. Se compró en 1779, avaluándose en 381,741 reales y 6 maravedíes. Su capitán era Manuel Bejarano. Estaba armada con treinta y dos cañones y diez pedreros. Su tripulación era de doscientos dieciséis hombres, compuesta por nueve oficiales mayores, diecisiete oficiales de mar, sesenta y cinco marineros, ochenta y un grumetes y once pajes, e incluía una guarnición de dos oficiales mayores, dos sargentos, un tambor y veintiocho soldados. Su patente era de corso y mercancía, pudiendo comerciar en los intervalos de su acción corsaria. En 1780 pasó a Buenos Aires y Montevideo en compañía del navío El Rosario, para volver a la Península Ibérica. Durante el regreso, en 1781, capturó, en colaboración con el navío Rosario, la fragata inglesa Las Seis Hermanas. Después volvió, también en 1781, en comisión al Sur [¿a Buenos Aires?]. Al final de la guerra, 1783, regresó a España desde La Habana.

11. Navío El Rosario o Nuestra Señora del Rosario. Mandado por el capitán Juan de Arróspide. En 1780 fue enviado a Buenos Aires y Montevideo en compañía de la fragata Nuestra Señora de la Soledad. Durante el regreso a España, a principios del año 1781, ambas naves capturaron a la fragata inglesa Las Seis Hermanas. En este viaje iba protegiendo un convoy, cuyo mando se dio al capitán Arróspide. En 1782 llevó unos pliegos al levante español y poco más tarde estuvo al frente de un convoy que iba a América (le acompañó, para la defensa, el calón de rentas de Cádiz). El mando del convoy lo obtuvo, nuevamente, el capitán Arróspide. Estuvo en Veracruz y volvió, acabada la contienda, desde La Habana. Ya en Cádiz, varó sobre la costa sin que sepamos la causa. Se pagó su valor, 806,954 reales, a los Cinco Gremios Mayores de Madrid, quienes eran sus propietarios.

12.Corbeta San Antonio y las Ánimas. Detuvo a mediados de 1780 a una urca holandesa, La Estrella del Norte. No sabemos si fue armada por el Consulado o, simplemente, fletada por el mismo.

13.Calón de rentas. Fue posiblemente fletado por el Consulado y acompañó al convoy mandado por Juan de Arróspide, en abril de 1782, siguiendo después viaje a La Habana y Veracruz.

14.Corbeta americana Sin Igual, mandada por el capitán Jaime [James] Coffins. Fue contratada, en enero de 1783, para proteger las costas gaditanas, ya que todas las embarcaciones corsarias del Consulado de Cádiz estaban actuando como guardacostas en América.

1.- Siempre es posible que tengamos alguna embarcación corsaria de más por no distinguir la documentación entre su nombre oficial y su apodo. Al final de este trabajo ponemos una relación de los buques armados y los fletados por el Consulado gaditano.

2.- La información básica para los armamentos del “ramo” de los corsarios del Consulado de Cádiz se obtiene del AGI, Arribadas, leg. 392. Siempre que no hagamos otra referencia, es la fuente de las incidencias de la escuadra corsaria del Consulado.

3.- Archivo General de Simancas (AGS), Secretaría de Marina (SM), leg. 542, 12/8/1779.

4.- AGS, SM, leg. 542, 1/8/1779. 10/1779).

5.- AGS, SM, leg, 547, 7/8/1781.

6.- Ídem.

 

8.- AGS, SM, leg. 546, 25/2/1781

9.- AGS, SM, leg. 548, 27/6/1781.

10.- AGS, SM, leg. 549, 27/8/1782.

11.- AGS, SM, leg. 550, 11/2/1783. El apresamiento fue el día 31 de enero y hubo dudas de su validez por estar firmados los preliminares de la paz.

 

 

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