Historia y Arqueología Marítima

 

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Viaje del crucero acorazado San Martín a Chile (Septiembre 1902)

Indice Armada Argentina

Por el almirante Juan A. Martin - Premio D.F.Sarmiento al mejor trabajo sobre Educacion, Instrucción y Capacitación del personal naval, adjudicado bianualmente.

Este trabajo fué publicado en el Boletín del Centro Naval N°- 607 (Noviembre y diciembre de 1952). Me interesó publicarlo ya que no solo tiene el relato del viaje en sí, sino una muy buena descripcion del problema limitrofe con Chile, despojada de patrioterismos o banderas políticas, y visto con neutralidad. Las imagenes del viaje que se acompañan pertenecen a un Album del Departamento de Estudios Historicos Navales, cuyas autoridades me permitieron su reproduccion. Agradezco a ellas y a las del Boletin del Centro Naval por el permiso respectivo. También hay imagenes del archivo de Histarmar. Carlos Mey, Abril del 2009
 

Nuestra frontera con Chile
La jurisdicción de nuestras autoridades en la época colonial terminaba en la cordillera de los Andes, esa monumental aglomeración de montañas que corre inmediata a la costa occidental de la América del Sur y que se sumerge en el océano, en la región antartica. Su formación proviene de fracturas de la corteza terrestre en épocas prehistóricas, que emergieron del océano elevándose y formando con sus accidentes geológicos y geográficos, cadenas continuas o fraccionadas en ramales diversos, en los que en el curso de los siglos se desarrolló vegetación y vida animal, en la forma y disposiciones que la encontraron los descubridores y los conquistadores.

Hasta mediados del siglo pasado muchos accidentes, especialmente en la región magallánica, eran poco conocidos, no existiendo población europea; ni Chile ni nosotros habíamos intentado poblar aquellas regiones, ni se había pensado en señalar los límites; no existían intereses locales de por medio que exigieran aquel requisito. Por otra parte, la geografía de la región era pobre, sólo existían cartas marinas incompletas; con alguna aproximación se conocían canales y montañas en la parte próxima a los sitios por donde se solía navegar.

Doctrinas sobre límites
En la historia de las naciones se referían las causas y las soluciones dadas a las cuestiones de límites y al respecto había doctrinas que preconizaban, como medios propicios de limitación, los mares o canales, corrientes de agua, ciertas montañas, tal vez formaciones geológicas, etc., que sirvieron para dividir países antagonistas, pretendiendo hacer imposible o dificultar el avance de unos sobre otros de modo de retener cada uno el beneficio de su propiedad y al respecto esas doctrinas recomendaban una cosa u otra, algunas ya con carácter de prácticas internacionales, creyéndose entonces que en esa forma los intereses de cada pueblo quedaban asegurados o defendidos.

Pero en nuestra región del Sur no existía problema alguno de población; la que iniciara Sarmiento de Gamboa, enviada por España en 1580, desapareció trágicamente sin que se volviera a repetir; la región continuaba poco conocida y sólo fue visitada después por comisiones exploradoras o de estudios enviadas por marinas europeas, por goletas pesqueras que ejercían libremente su industria en las islas exteriores del archipiélago, y el estrecho de Magallanes empezaba a emplearse como una cómoda vía de comunicación hacia el Pacífico.

El Atlántico Sur
Durante la época colonial los españoles tuvieron en las islas Malvinas un establecimiento penal, con una iniciación de colonia para la cría de ganado que llevaban de Patagones; en los años 1826 a 1832 Fitz Roy señala su existencia y la de «gauchos argentinos», y en ella los loberos y algunos barcos de pasaje se proveían de carne; en 1833 un barco de guerra británico desalojó por la fuerza a las autoridades argentinas y arrasó la pequeña colonia, quedando en poder británico esas tierras, a pesar de los reclamos y protestas de nuestros gobiernos, realizadas en diversas épocas sin no que hubiera sido posible recuperarlas. Más adelante llegaron autoridades inglesas, su Marina concurrió a veces, y gradualmente ese grupo de islas se convirtió en un moderado centro de comercio, creándose una colonia dedicada a la cría de ovejas que fue creciendo y mejorando en sus condiciones generales.

Por esa época nuestra costa patagónica sólo estaba poblada hasta Patagones, en el río Negro, y la primera población nuestra más al Sur, fue la colonia galesa en el río Chubut, establecida en el año 1866; habían fracasado y desaparecido todas las que los españoles pretendieron crear antes en aquellas tierras.

El Pacífico
El gobierno de Chile continuaba en dominio del territorio que heredara de España en la costa del Pacífico, desde su límite con el Perú hacia el Sur; esa costa estaba bastante poblada hasta el archipiélago de Chiloé o tal vez hasta algo más al Sur; tenía marina mercante nacional y por mar llegaban barcos de Europa, iniciándose ya alguna navegación a vapor por el estrecho de Magallanes, que era el camino nuevo del comercio, del progreso y de la civilización europea, y empezaban a cuidarla.

Después de la noticia de la toma de las Malvinas por los ingleses, Chile, temeroso de que en sus rutas del Sur pudiera ocurrir algo parecido (Armando Braun Menéndez, Pequeña historia magallánica), organizó en 1843 una pequeña expedición marítima que mandó al estrecho y se instaló en Puerto Hambre, sitio de la primera colonia de Sarmiento de Gamboa, que denominaron Fuerte Bulnes, haciendo constar en acta su fundación y toma de posesión del estrecho en nombre de su país. A poco de estar allí llegó al puerto la fragata francesa Phaeton enviada con propósitos de ocupación, pero que no llevó a cabo al encontrar la ocupación chilena, cuyo jefe notificó su autoridad local.

Seis años después, comprobada la inconveniencia del lugar para la vida, la trasladaron un poco más al Norte, al sitio que ocupa actualmente la ciudad de Punta Arenas. Con la iniciación de la navegación a vapor desde Europa al Pacífico por el estrecho, Punta Arenas sirvió de escala de vapores y gradualmente fue creciendo; posteriores autoridades chilenas buscaron la relación de los indios tehuelches de la Patagonia, procurando extenderse hacia el interior y hacia la parte Este del estrecho.

Inactividad argentina
La noticia de esa ocupación tardó en llegar a Buenos Aires y recién en 1847 el gobierno de Rosas formuló protestas al de Chile por ese hecho, corriendo el tiempo sin que tuviera solución, ya que la política complicaba todas las decisiones del gobierno; sobrevino la caída de Rosas, la constitución de nuevas autoridades, la reorganización del país y muchas complicaciones políticas hasta la presidencia del general Mitre, con la nueva Constitución, iniciada en 1862; después vinieron las complicaciones con el Paraguay y posteriormente la fiebre amarilla en la ciudad de Buenos Aires, de manera que la Patagonia quedó olvidada para nuestro gobierno.

La Patagonia, Piedra Buena. Antecedentes
Carmen de Patagones, situada a poca distancia de la boca del río Negro, había sido presidio con alguna guarnición militar, alrededor de la cual se creó una población, desarrollándose la ganadería y cultivos; fue frecuentada desde tiempos de la colonia por corsarios; continuaron después visitándola para proveerse de víveres muchos loberos y otras embarcaciones que explotaban sin control los productos de la costa. Por el año 1822 estuvo radicada allí la familia del general Mitre y algunos otros comerciantes y pobladores; entre éstos la familia de nuestro marino, que nació allí en agosto del año 1833 y que desde niño demostró inclinación por las cosas del río, en el que ya, cuando tenía 10 años, se embarcaba en las canoas de los isleros todas las veces que podía.

El Capitan Smiley y Piedra Buena

El capitán de una goleta norteamericana que lo conoció en una de sus arribadas al puerto, se entusiasmó por sus características y, con permiso de la familia, lo llevó en su barco hasta Buenos Aires, donde otros familiares lo acogieron, siguiendo cursos en escuelas elementales; vuelto a Patagones, el capitán Smiley, de la goleta norteamericana Nancy, continuó la obra educativa de marino de este chico y obtuvo de sus padres autorización para llevarlo a bordo, a fin dé dedicarlo a esa carrera; lo hizo navegar por los mares del Sur, le tomó cariño, fue su maestro y su guía a bordo, y fue ascendiéndolo rápidamente en su buque, pasando de grumete a marinero y luego a ayudante de oficial y capacitándolo para, a los 17 años, nombrarlo tercer oficial, luego segundo y después primer oficial, o sea 2º comandante, y, finalmente, capitán del buque y su asociado.

Durante esos 3 ó 4 años pasados en el mar, navegó por la costa Sur, las Malvinas, el archipiélago fueguino y hasta la Antártida, ocupándose alternativamente en la caza y pesca de lobos y ballenas, demostrando Piedra Buena condiciones marineras tales que, más adelante, Smiley lo llevó en otro de sus barcos, la barca San Martín (buque de bandera argentina) a Estados Unidos, como capitán de bandera, haciéndolo cursar allá la escuela náutica hasta tener el título de piloto de altura; además lo hizo pasar por escuelas de mecánica profesionales convirtiéndolo en un hombre hábil, lo que demostró en su vida posterior. Su biografía está llena de relatos extraordinarios de salvatajes de náufragos, de expediciones de pesca y de conocimiento de los puertos de la Patagonia, archipiélago fueguino y la Antártida; consta también en ella su alto patriotismo, que probaba y renovaba en sus viajes a Patagones y al río de la Plata.

Quedó luego como propietario de la goleta Nancy, cambiándole nombre por Espora; a la par de dedicarse a la pesca hizo comercio; transportó ganado vacuno y lanar de Patagones a las islas Malvinas; en el río Santa Cruz, que exploró en parte, encontró salinas y fundó un establecimiento comercial en la isla Pavón, al que concurrían los indios tehuelches a proveerse de víveres y, por el año 1860, obtuvo concesión de un solar en Punta Arenas estableciendo en él una casa de comercio y artículos navales, que llevaban desde Buenos Aires.

En 1865 llegó a Buenos Aires para hacer reparaciones en su goleta Nancy y sus familiares y amigos lo pusieron en contacto con hombres de gobierno, dando lugar a que les informara de lo que ocurría en las regiones del Sur, despertando en ellos el interés sobre esas regiones ignoradas o desconocidas. Reconociéndole su patriotismo, le prestaron ayuda por los servicios que prestaba al país y que ejercitaba desinteresadamente, y los que hacía a la humanidad en el salvataje de náufragos; le dieron el título de capitán honorario de la Marina, autorizándolo a poner artillería én su buque e izar la bandera de guerra nacional.

No tuvo nombramiento de autoridad argentina para aquellos territorios pero, a pesar de todos los inconvenientes que nuestro gobierno tuvo, hasta el convenio de statu quo del año 1876, él continuó con sus iniciativas ocupando parte del río Santa Cruz y terrenos de la costa Sur del río, reconocidos de su propiedad después, por ley de la Nación; llegó al cabo de Hornos donde dejó izada una bandera argentina; en la isla de los Estados construyó algunas casillas, constituyendo en ellas un depósito de víveres y un lugar de refugio para náufragos; y procuró también -con los indios tehuelches que recorrían la Patagonia desde el río Negro hasta el estrecho y comerciaban con él en la isla Pavón- fundar una colonia en San Gregorio, en el estrecho, cuyo jefe, él cacique Bibois, había estado con anterioridad en relación con las autoridades de Punta Arenas.

Tratado de límites
Durante las negociaciones entre los dos países se firmaron convenios parciales o varios proyectos de límites que quedaron sin aprobación en una u otra parte. Las pretensiones chilenas sobre la Patagonia habían ido creciendo desde parajes cercanos a Punta Arenas, a Río Gallegos y ribera Sur del río Santa Cruz, parajes en los que se llegó a construir algunas casillas como muestra de ocupación; también río Deseado, y todavía algunos funcionarios chilenos pretendieron hasta el río Negro.

En cambio, en un proyecto figuró una línea desde un punto cercano a los canales occidentales a la bahía San Gregorio; pero todas esas cosas terminaron con el tratado de 1881, que fijó el límite en la cordillera hasta el paralelo 52° y después líneas convencionales que dividían el terreno cercano al estrecho desde cabo Vírgenes al Oeste, y en Tierra del Fuego desde el cabo Espíritu Santo al canal de Beagle, mostrando al definirlas que se tuvieron en cuenta varios puntos en que actuara Piedra Buena. En el protocolo del año 1888 se especificó la manera de hacer la demarcación en el terreno y después de aprobado en 1890 se designaron las comisiones en cada país.

Desinteligencias
En su ejecución hubo demoras y diferencias de interpretación, que llegaron a tener manifestaciones de violencia en la prensa de los dos países, y llevaron a los gobiernos a hacer preparativos militares respaldando derechos que aparecían como queriendo ser violados por la otra parte; Chile había incorporado a su servicio una comisión militar alemana; nuestro país puso en movimiento, en instrucción, sus guardias nacionales, dictándose la ley del servicio militar obligatorio. Chile continuó aumentando su Marina visiblemente superior a la nuestra; durante el gobierno del doctor José Evaristo Uriburu venciendo dificultades financieras enormes, nosotros adquirimos en Italia los cruceros acorazados del tipo San Martín; primero tres y al fin el cuarto, el Pueyrredón. Para el año 1898 nuestra escuadra se había completado y el ejército estaba en igualdad de condiciones de preparación.

En octubre de este año se hizo cargo del gobierno el general Roca, quien, a pesar de sus características notables como militar, en sus actos sobrepuso las de hombre de gobierno y dedicó todos sus esfuerzos al apaciguamiento de la opinión pública, propiciando los convenios o arreglos para resolver pacíficamente las dificultades. Con todo, aparecían de vez en cuando nuevos temores; la Sarmiento, en viaje por Europa, fue a Italia y en febrero de 1902 regresó al país con un cargamento de municiones complementario para los cruceros acorazados; en esos momentos Chile estaba construyendo en Inglaterra dos acorazados de 11.000 toneladas y en nuestra Marina no tuvimos otro recurso que iniciar de inmediato en Italia la construcción de otros dos cruceros acorazados del tipo San Martín, mejorado, de 9.000 toneladas.

Revista de la escuadra en Mar del Plata
A principios de marzo el presidente de la República, general Roca, realizó en el puerto de Mar del Plata la revista naval más Importante que se hubiera hecho en nuestra Marina hasta entonces, y que comprendía los cruceros acorazados, cruceros, torpederos y transportes, con tropas de desembarco. La presenció desde la Sarmiento, recién regresada de Europa. El presidente fue hasta Mar del Plata desde Buenos Aires en ese barco, y después de la revista siguió en él hasta Puerto Belgrano, para visitar las obras del puerto militar, recién construido, inaugurando los nuevos diques de carena con la entrada del Garibaldi.

En la memoria que el ministro de Marina presentara en mayo al Congreso, dando cuenta de sus gestiones en el Ministerio, pudo expresar que la escuadra que el presidente había revistado, «constituía una muestra de los medios de defensa naval organizados, que eran una garantía para la seguridad del país».

Gestiones de arreglo
A pesar de esas seguridades, en general Roca, al regresar a Buenos Aires multiplicó sus esfuerzos para llevar adelante sus propósitos de terminar en paz todas las divergencias que ocurrían; envió a Chile como ministro al doctor Terry, quien en poco tiempo se puso en contacto con las autoridades y hombres de estado chilenos, llegó hasta el presidente de la República, doctor Germán Riesco, y entre ambos, en varias conversaciones personales, realizaron en principio los acuerdos necesarios que pudieron redactarse y firmarse entre el doctor Terry y el ministro de Relaciones Exteriores de Chile, doctor Vergara Donoso.

Colaboraron en Chile, en esos arreglos, hombres de estado de todos los partidos, y entre nosotros, unidos al presidente Roca, el doctor Pellegrini, el general Mitre, los doctores Quirno Costa y Amancio Alcorta, ministro de Relaciones Exteriores, que falleció en esos días, siendo reemplazado interinamente por el ministro del Interior, doctor Joaquín V. González, a quien le tocó llevar al Congreso la presentación y defensa de los pactos realizados; actuaba en Buenos Aires como ministro de Chile el doctor Carlos Concha Subercaseaux, que tuvo activa e inteligente actuación en todo momento.

Aprobados por los Congresos de ambos países los respectivos pactos, los gobiernos acordaron que las ratificaciones se canjearan en Santiago, donde se habían firmado; al efecto, de nuestro país iría una embajada en el crucero acorazado San Martín y las ceremonias se realizarían en setiembre, para la época del aniversario patrio de Chile. Terminada la revista naval y las ceremonias de inspección de Puerto Belgrano, el general Roca regresó a Buenos Aires por tren y yo recibí orden de volver con la Sarmiento, que debía prepararse para un nuevo viaje de instrucción; al regreso vino a bordo el almirante Solier y algunos jefes de la Armada. Entregué el mando del buque a mi reemplazante, el capitán de navio Dufourq; los oficiales y guardiamarinas se distribuyeron en la escuadra, 2 tenientes y la división número 1 de los guardiamarinas se embarcaron en el San Martín y los demás proporcionalmente en los otros 3 cruceros, pasando yo por reciente nombramiento al San Martín, del que me hice cargo a mediados de marzo. Nuestros cuatro cruceros acorazados continuaban hasta ese momento en completo estado de armamento y a pesar de la precipitación que hubo en su adquisición, fue una operación acertada, constituyendo en Sudamérica un valor militar positivo.

Constitución de la embajada. Comisión oficial
Constituyó la embajada especial el siguiente personal: teniente general Luis María Campos, almirante Daniel de Solier, general de brigada José Ignacio Garmendia, comandante del San Martín capitán de fragata Juan A. Martin, capitán de navio Guillermo J. Nunes, tenientes coroneles Francisco Verdier e Isaac de Oliveira Cézar, mayores Tomás Vallée y Antonio Tassi, y tenientes de navio Vicente Oliden y Bernabé Meroño.

De Izq a derecha: Tte de Navio Bernabé Meroño, Mayor Antonio Tassi, Tte de Navio Vicente Oliden, Mayor Tomás Vallée, Tte. Coronel Francisco Verdier, Cap. de Navío Guillermo J.  Núnez, General de Brigada José Ignacio Garmendia, Almirante Daniel del Solier, Tte. Gral. Luis María Campos, Diplomático Alberto Blancas, Cap. de Fragata Juan A. Martin, Tte. Coronel Isaac de Oliveira Cézar.

Dotación del crucero acorazado San Martín
La dotación era la siguiente: comandante, capitán de fragata Juan A. Martin;comandante, capitán de fragata Antonio A. Villoldo; tercer comandante, teniente de navio Enrique Laborde; tenientes de fragata: Fermín Novillo, F. Nelson Page, Juan S. Atwell, Ricardo Ugarriza, Enrique S. Fliess; alféreces de navio: Manuel J. Duarte, Eduardo J. Pereyra, Segundo R. Storni, Julio C. Romano; alféreces de fragata:Santiago Baibiene, Raúl C. Katzenstein, Tadeo Méndez Saravia, Agustín Eguren; guardiamarinas: Regino de la Sota, Alberto Hanza, Julián Fablet, Dalmiro Sáenz, Ernesto Rodríguez, Luciano Ford, Eduardo Gigena, Manuel Moreno y José Tarragona. Cirujano de primera: doctor Luis A. Levingston.

Maquinista principal: ingeniero Emilio D. Olivera; maquinistas de primera: ingenieros Tomás Parfitt, Pedro V. Álvarez y Rodolfo Morales; maquinistas de segunda: ingenieros Guillermo Glennie, Esteban Ciarlo y Héctor Flores;fpaquinistas de tercera: Domingo Santucqfo Manuel F. Pérez, Roberto Ayliffe, Manuel D. Villacian, José María González, Bernardino Craigdalie; electricista de primera: Juan Padie; capellán: Rvdo. Padre Esteban Robledo; contador de primera Enrique C. Depouilly; auxiliar contador Julio A. Quesada; delegado de la Intendencia de Marina, Juan Carlos Rayces.

Plana Mayor y oficiales del Crucero Acorazado San Martin, para este viaje.

Viaje a Chile del crucero acorazado San Martín. Canje de los pactos de paz y equivalencia naval

Conocidas las disposiciones del viaje y la constitución de la embajada, el 31 de agosto quedó destacado el buque de la división, embarcándose aquélla, que había ido en tren desde Buenos Aires; el San Martín izó la insignia del almirante Solier, que era el oficial naval de mayor graduación que iba, y a mediodía se inició la navegación.

Fuera del puerto se hizo rumbo a la boca del estrecho, pasando la derrota a unas 20 millas fuera de la isla Pingüin, que todavía no tenía faro; el tiempo fue bueno al principio y luego hubo vientos flojos y con lloviznas; tuvimos un día sin observaciones y el 4 a la tarde recalamos en cabo Vírgenes, donde encontramos niebla que impedía ver la costa; todavía no había faros, por lo que nos aguantamos unas horas fuera de la acción de las corrientes y al amanecer nos aproximamos de nuevo, pudiendo reconocer el cabo. Con buena situación seguimos hacia el Sur y entramos al estrecho donde encontramos tiempo algo más claro que permitió navegar bien; a la tarde pasamos la primera angostura y al llegar a la segunda se cerró de nuevo el tiempo con niebla, lo que nos obligó a fondear esa noche en bahía Phillipps.

El 6, a las 6 de la mañana, continuamos viaje, pasamos la segunda angostura y seguimos navegando. El tiempo continuaba malo y volvieron las lluvias, pero pudimos navegar aumentando la velocidad para recuperar el tiempo perdido en cabo Vírgenes y bahía Phillipps; pasamos Punta Arenas a 5 millas de distancia sin verla, ocultada por la lluvia; más al Sur aclaró un poco el tiempo permitiendo ver la costa, pasamos cabo San Isidro, cabo Froward, y a las 5 1/2 de la tarde fondeamos en bahía Fortescué, donde pasamos la noche; el 7 por la mañana zarpamos, siguiendo la navegación por el estrecho.

El tiempo era bueno y claro y pudimos navegar todo el día para alcanzar a salir a la tarde del Pacífico; a las 5 1/2 teníamos por el través el faro de Evangelistas y poco después cambiamos rumbo hacia el Norte. En esta última parte de la navegación se vieron canoas de indios en su faena de pesca y de caza en la costa, que lo mismo que las tierras montañosas y cumbres nevadas satisficieron la curiosidad del personal de la embajada, poco habituado a esa navegación.

En la primera parte de la navegación del Pacífico comprobamos la existencia de corrientes que tiraban hacia tierra a las entradas y golfos de la costa, pero la navegación se hizo sin novedad, reduciendo ya la velocidad para llegar a Lota en tiempo conveniente; el 11, a las 2 de la mañana, avistamos el faro de la isla Mocha, donde cambiamos rumbo hacia el golfo de Arauco, al que entramos para ir a fondear en el puerto de Lota a las 14, a 500 metros del crucero chileno Ministro Zenteno que se encontraba allí a nuestra espera, arbolando la insignia del contraalmirante Pérez Gacitúa; el Zenteno saludó nuestra insignia con 15 cañonazos y, a nuestra vez, saludamos la plaza y le contestamos su saludo.

 

El Puerto de Lota y el San Martin a su entrada.

Se cambiaron las visitas, la embajada bajó a tierra en visita oficial al gobernador de Concepción, recorrieron los parques de Lota y las minas de carbón, regresando a bordo al día siguiente por la noche. El Almirante Pérez Gacitúa, que fue compañero mío como jefe de la subcomisión en la marcación de límites en la región magallánica, era el jefe del apostadero de Talcahuano cuya jurisdicción incluía el puerto de Lota; yo quedé a bordo arreglando con él los detalles de las ceremonias de llegada a Valparaíso, que iban a ser extraordinarias.  

Según el planeo, los buques chilenos estarían amarrados en tres líneas de boyas a 600 metros de distancia una de otra y 200 metros de espacio entre boya y boya; la línea cercana a la costa era para los torpederos y buques menores, en la del medio el O'Higgins al centro, con algunos cruceros, y en la tercera el crucero Esmeralda y a popa de éste el San Martín, por el través del O'Higgins. El fuerte Covadonga iniciaría el saludo cuando el San Martín pasara a su frente, y toda la escuadra chilena izaría engalanado y efectuaría salvas; el San Martín debería virar al llegar a su puesto para amarrar a las boyas con proa afuera. Convinimos con el almirante Pérez Gacitúa que haríamos la entrada cerca de las 10, hora en que ya se ha levantado la niebla que suele haber por las mañanas y antes de que soplen los vientos locales a veces fuertes, que sobrevienen generalmente después de las 10. El crucero Zenteno daría escolta a nuestro buque en el viaje, pero el almirante quedaba en tierra para hacer el viaje por tren.

La delegación llegó esa noche a bordo y a las 2 de la mañana zarpamos con nuestro acompañante navegando en conserva. Al aproximarnos a Punta Ángeles encontramos a los torpederos Condell y Lynch, que al avistarnos hicieron rumbo hacia nosotros incorporándose al Zenteno, aumentado la escolta.

La llegada. Honores y salvas
La niebla había concluido ya de levantarse y desde la boca de la bahía se vio el conjunto de buques que formaban las líneas de amarraje mencionadas; pasada la segunda entramos despacio hacia adentro; al avanzar frente al fuerte Covadonga éste Inició las salvas y estando el San Martín ya con su proa a la altura del palo mayor de la Esmeralda fondeamos nuestra ancla, iniciando el giro sobre la izquierda para amarrar a la boya; en el mismo momento izamos el engalanado con bandera chilena al tope, haciendo la salva correspondiente y la banda de música tocó el himno nacional chileno.

El O´Higgins a la llegada

La escuadra chilena en ese mismo momento izó su engalanado, haciendo salvas todos los buques; cuando éstos terminaron, nuestro buque estaba ya en posición entre las dos boyas amarrado provisoriamente a las 9,50.

El San Martin y la escuadra chilena en Valparaíso El Zenteno frente a la Escuela Naval, en Valparaíso
Bahía de Valparaíso Bahia de Valparaíso

En seguida llegaron autoridades chilenas de la Armada y civiles a hacer los saludos reglamentarios, que se contestaron en igual forma, realizándose en la mañana las visitas oficiales; el ministro argentino doctor Terry con la comisión oficial de festejos vino a bordo, recibiéndose también la visita de los almirantes chilenos Jorge Montt, Director General de la Armada; Muñoz Hurtado y Goñi, con insignias en los barcos y, más tarde, los gobernadores civil y marítimo de la provincia. Con un día hermoso la llegada del San Martín ofreció un espectáculo extraordinario que fue vivamente comentado por todos los que estuvieron a bordo. El doctor Terry y la comisión chilena almorzaron a bordo con la embajada, bajando a tierra a las 4 para empezar a asistir a las fiestas preparadas.

El Crucero Acorazado San Martin en Valparaíso

El 17 partió la embajada para Santiago, donde fue agasajada con grandes manifestaciones populares y recibida oficialmente el mismo día por el presidente de la República, concurriendo a los festejos oficiales con que el país hermano celebraba su fiesta nacional.

Canje de los Pactos
El 23 de setiembre tuvo lugar el canje de los «Pactos de Mayo» en una solemne reunión en «La Moneda», ofreciendo ese día el presidente de la República un banquete en honor de la embajada argentina; continuaron diariamente las fiestas oficiales y privadas, incluso un almuerzo ofrecido por el presidente de la República en su casa particular, fiestas que se prolongaron hasta el día 30.

Regreso de la embajada a Valparaíso. El presidente Riesco visita el San Martin
Desde el 19 de octubre, la embajada instalada en tierra, en Valparaíso, recibió atenciones, retribuyéndolas, y el día 3 el presidente de la República hizo una visita oficial al San Martín, almorzando a bordo con sus ministros y oficiales generales del ejército y de la armada. Recibido a bordo con los honores reglamentarios, de los cuales participaron los buques chilenos, recorrió con su comitiva el buque que estaba con la tripulación en «puestos de combate» y que se presentó en forma irreprochable, lo que fue ponderado después en los comentarios por los altos funcionarios, los generales, y especialmente por los marinos chilenos.

 

Visita del Presidente y sus ministros, al fondo los buques hacen los saludos reglamentarios, al cañón.

El 4 de octubre tuvo lugar a bordo una gran recepción social a la que asistió el presidente de la República y su señora, funcionarios y autoridades superiores y numerosas familias de Valparaíso y Santiago, resultó una magnífica despedida a nuestro buque, iniciándose desde el día siguiente los preparativos de viaje, cargar carbón, víveres, etc. El día 8 el almirante Solier ofreció a bordo un almuerzo de despedida a los almirantes y oficiales superiores de la armada chilena con sus señoras, que constituyó prácticamente el abrazo de amistad de las dos Marinas, que convertían sus preparativos bélicos en brillantes fiestas de paz y amistad.

Muelle Pratt, Valparaíso Calle Victoria, Valparaíso
Antiguo Fuerte Valdivia Miramar
Punta de Playa Ancha, Valparaíso

El San Martín en Talcahuano
El día 9, a las 10 de la mañana, zarpó el San Martín para Talcahuano; al largar las amarras y ponernos en movimiento, los buques chilenos izaron engalanado, manteniendo sus tripulaciones en las bordas y las bandas de música tocando nuestro himno, iniciando ellos y los fuertes salvas de 21 cañonazos, que contestamos a bordo en la misma forma; el crucero Ministro Zenteno volvió a darnos escolta; frente a cada barco recibíamos y retribuíamos los vivas, y nos acompañaban numerosas embarcaciones menores con familias. Al dar vuelta hacia afuera de la bahía, al perderse de vista los buques, arriamos el engalanado y los vaporcitos regresaron a puerto, iniciando a bordo la vuelta a la rutina diaria y a las guardias de mar.

El Fuerte Covadonga haciendo salvas a la salida del San Martin

A la mañana siguiente, frente a Punta Carranza, hicimos rumbo directo hacia la entrada de la bahía de Talcahuano. A medio día, cerca de este puerto, nos cruzamos con el crucero Chacabuco, recién llegado al país, última adquisición de la marina chilena, con el cual cambiamos saludos al cañón. Al fondear en Talcahuano fuimos nuevamente agasajados y se embarcó nuestra embajada. Yo, por mi parte, tuve oportunidad de reunirme otra vez con mi antiguo compañero el almirante Pérez Gacitúa y su familia.

 

Puerto de Talcahuano

Partida de Talcahuano
La permanencia en este puerto fue sólo de 24 horas. El 11, a las 16, lo abandonamos acompañados por el Zenteno que, fuera de la bahía, se adelantó hasta alcanzar nuestro través, en cuyo momento saludó al cañón y viró de regreso al puerto. En el viaje hacia el Sur fuimos encontrando vientos del SO bastante fuertes y mucha mar, causándonos rolidos que pasaron de 25°.

Pasaje del estrecho
El 15 al aclarar tomamos el estrecho, llegando con la última luz del día al cabo Holland; disminuimos la marcha, pasamos cabo Froward y fuimos a fondear en Punta Arenas al aclarar; como había viento bastante fuerte del Oeste entré con el buque hasta el fondeadero interior, para facilitar las comunicaciones con tierra. El viento arreció durante el día, bajé a tierra para ciertas visitas oficiales y a la tarde a cenar en reunión privada con el gobernador marítimo capitán de navio Fernando Gómez y su señora; vuelto a bordo, aproveché a media noche un momento de menos viento para levar el ancla y mover el buque hasta fuera del fondeadero de los pontones de carbón, para estar listos a seguir la navegación; se había arreglado que la embajada regresaría a bordo en un remolcador grande del puerto cuando terminaran las fiestas.

 

Vistas de Punta Arenas, con el San Martin al fondo en la foto de la derecha.

Durante el día la embajada fue huésped de Punta Arenas; rivalizaban en atenciones autoridades, comercio y sociedad. La ciudad tenía algunas calles bien pavimentadas, bastantes edificios oficiales y particulares de irreprochable construcción moderna, había numerosas familias chilenas de funcionarios, marinos, militares y empleados, venidas del Norte, y muchas de comerciantes o pobladores nacidas o formadas en la ciudad, que constituían un conjunto atrayente y hospitalario; en el pueblo se notaba, como antes, bastantes extranjeros y muchos chilotes. Se habían desarrollado, en los alrededores, cultivos, granjas y lecherías y en los territorios vecinos al estrecho, argentinos o chilenos, la cría de ovejas continuaba teniendo extraordinario desarrollo.

Al aclarar llegó la embajada a bordo y a las 7 zarpamos; navegamos sin novedad por el estrecho; a las 21 lo abandonamos, hicimos rumbo al Norte, iniciando la navegación por el Atlántico y el 22 por la mañana entramos a Puerto Belgrano. Durante los 30 días que estuvimos en aguas chilenas asistimos continuamente a fiestas oficiales y privadas. Oficialmente tuvieron lugar la ya mencionada comida del presidente de la República y el almuerzo privado en su casa particular; comidas y recepciones de varios ministros, de las municipalidades de Santiago y Valparaíso, del Estado Mayor del Ejército y de varios regimientos, comidas y fiestas campestres, retribuidas por un banquete al presidente de la República y al gobierno, ofrecida por el presidente de la embajada, doctor Terry y recepción social. Paralelamente, en Valparaíso tenían lugar las fiestas de los marinos, del mismo carácter en tierra y en los buques para todas las categorías del personal de a bordo, que se retribuyeron en nuestro buque.

Hubo estrecho contacto entre argentinos y chilenos, desde el personal de la embajada hasta el último tripulante del San Martín, con los similares del gobierno, pueblo y fuerzas armadas chilenas. El San Martín fue continuamente visitado por todo Chile, dejando la impresión de un. instrumento perfecto en su conjunto, desde su material bien presentado y mantenido, y su personal disciplinado y moderado, sin dar lugar a incidentes, habiendo recibido a menudo expresiones muy gentiles. Por nuestra parte volvíamos encantados de la acogida que nos brindaron, la cual desde el primer momento nos unió al pueblo chileno haciéndonos recordar las épocas de San Martín y O'Higgins que rememoraban ahora los nombres de los dos buques jefes, y nos satisfacía en extremo la vinculación íntima que se realizaba entre los representantes de los dos pueblos, después de varios años de desconfianzas; volvíamos encantados con el viaje, con la acogida amable y franca del pueblo de Chile, y por haber contribuido a que renaciera, consagrada de nuevo, la antigua amistad de los dos países.

Caras y Caretas publico este viaje asi. (parcial)

 

 

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