Historia y Arqueología Marítima

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EL PRESIDENTE BRASILEÑO CAMPOS SALLES
EN EL PUERTO DE BUENOS AIRES - Octubre de 1900

Indice Puertos

 

Por Edgardo José Rocca, publicado en el  "El Puerto de Buenos Aires en la Historia" y con su expreso permiso en Histarmar, Julio del 2009. Fotografias coleccion Jorge Wadell, Edgardo J. Rocca y Archivo General de la Nacion.

El Presidente Argentino General Julio Argentino Roca llegó el 8 de agosto de 1899 a la bahía de Río de Janeiro a bordo del acorazado San Martín con las insignias presidenciales y el pabellón brasileño, seguido por el crucero Buenos Aires y la torpedera Patria. Esta visita, de neto corte político, dejó sentado el acercamiento entre las dos naciones sudamericanas, en especial para la República Argentina luego del entredicho diplomático con Chile.

En el momento de su regreso, el Presidente Roca invitó oficialmente al Presidente de los Estados Unidos del Brasil, Doctor Manuel Ferraz de Campos Salles a visitar nuestro país, el año siguiente. La visita del Presidente del Brasil a Buenos Aires, era un acontecimiento esperado con verdadero interés por todos los habitantes, ya que anunciado para diferentes fechas y postergado, por motivos ajenos a la voluntad personal de los mandatarios, quedó definitivamente el 24 de octubre de 1900 como día en que el Doctor Campos Salles haría su desembarco en el Puerto de la Capital Federal.

El Ministro del Interior, Doctor Felipe Yofre, por cuyo departamento debían correr todos los asuntos referentes a esta visita internacional, fue el designado para encargarse de presidir la totalidad de los trabajos referentes a la organización de los festejos, y como ejecutor de los mismos se nombró al Intendente Municipal de la Ciudad de Buenos Aires, Adolfo Bullrich. Para la estadía del Presidente brasileño, se designó aceptar el ofrecimiento de Tomás Devoto que acababa de construir un palacio, realizado con todo lujo y refinamientos modernos, con mobiliarios y tapicerías extranjeras. El mismo se encontraba en la esquina noreste de la avenida Callao y Charcas, actual Marcelo T. de Alvear, frente a la plaza Rodríguez Peña.

Siendo nuestro Puerto el lugar por donde ingresaría al país, los organizadores pusieron especial interés en mostrarlo con una gran estructura y colorido. La Empresa del Puerto Madero había convenido con la Prefectura Marítima y con las autoridades encargadas de realizar los arreglos proyectados para la recepción, en colocar todos los vapores, dragas y chatas pertenecientes a ella, en dos alas, empavesados para que pasara por medio de ellas la Escuadra Brasileña.

También todos los armadores, dueños de grandes o pequeñas flotas, habían cedido o arrendado sus embarcaciones, unos 300 buques a vapor, para conducir familias, sociedades o simples particulares, los cuales estuvieron en pleno movimiento los días 24 y 25 de octubre para recibir al Presidente en nuestro Puerto. El Dique 4 fue embanderado y se había levantado un gran arco, colocado sobre inmensas columnas situadas a cada lado de la boca de entrada del mismo.

    

A los costados de la esclusa que une los Diques 3 y 4, se habían levantado kioscos, muy en boga en esa época, de formas elegantes, adornados con banderas, gallardetes y estandartes de variados colores, en especial de las dos naciones. A lo largo de los Diques, en los almacenes de depósitos de rojos ladrillos, se habían construido grandes palcos cubiertos, con banderas argentinas y brasileñas, destinados a las personas especialmente invitadas y sus familias.

En la cabecera sud del Dique 4 se encontraba el llamado Patio de Honor, lugar donde de encontrarían los dos mandatarios. Este Patio de Honor consistía en un cuadrilátero cerrado por una alta verja de madera, artísticamente realizada y decorada de la cual se elevaban de trecho en trecho, gruesas columnas acanaladas, en cuya parte superior se veían inmensos globos que sostenían altas astas de banderas. En esas treinta y dos columnas teniendo trofeos se alternaban los estandartes de las dos Repúblicas y macetas con distintos tipos de plantas. El acceso al Patio de Honor, tenía lugar por cuatro grandes pórticos. Los dos del lado oeste estaban destinados a la entrada de personas invitadas para asistir desde los palcos y las otras dos para la salida de los Presidentes y sus comitivas. Este pabellón estaba elevado formando un estrado al que se llegaba luego de subir seis escalones y adornados con ambas banderas. Tanto el Patio de Honor como el Pabellón de Recepción, el trayecto que comunicaba uno con otro, el circuito de los dos recintos y la distancia que mediaba entre el Pabellón y el borde del Dique donde debía desembarcar el Doctor Campos Salles, se encontraban todos alfombrados con un grueso tapiz rojo intenso.

         

Recepción en el Puerto de Buenos Aires. Colección E. J. Rocca. Ala izq la postal original, a la derecha como se deberia ver, ya que ha sido invertida.

El gran Pabellon de recepción-Archivo Fragata Sarmiento

Desde este Patio de Honor, dos anchas avenidas profusamente decoradas con arcos y columnas recubiertas de bombas de colores para la iluminación nocturna, banderas y escudos, llegaban hasta la incipiente avenida Paseo de Julio, en la cual un centenar de empleados municipales había transformado el lugar donde anteriormente se hallaban lagunas y barro, hasta llegar a la Plaza de Mayo en la cual se destacaba en su centro como anticipando el lugar que diez años más tarde ocuparía la histórica Pirámide de Mayo, una enorme estructura de metal conteniendo centenares de bombitas multicolores en sus diez lados y su cúpula.

 

La Plaza de mayo engalanada

Para dar una idea de la majestuosidad de las ornamentaciones en nuestra ciudad se instalaron treinta y nueve mil picos de gas, cuarenta mil setecientas lamparillas eléctricas y ciento cincuenta y tres focos, potentes para esa época. Al final de la Avenida de Mayo, frente al edificio del Palacio del Congreso Nacional, que se encontraba en construcción, fue colocado el proyector eléctrico del crucero Buenos Aires cuya luz irradiaba en forma alternativa la Avenida de Mayo, (recordemos que aún no se había construido el monumento a los Dos Congresos) y la Avenida Callao.

La Avenida de Mayo engalanada por la visita

Esperando la llegada

Antes del día fijado para la llegada del Presidente Campos Salles habían comenzado los festejos y agasajos que motivaba esperada visita a Buenos Aires. En diversos paquetes de los que hacían la carrera entre los Puertos del Río de la Plata y los de Europa, tocando en su navegación los Puertos de Brasil, habían tomado pasaje para el Puerto de Buenos Aires, numerosas personas que vinieron con el objeto de asistir a las fiestas. Lo mismo había sucedido con el Puerto de Montevideo, lo que se reflejó en una estadística que demostró que en esos días la población flotante de la Capital Federal había aumentado en ochenta mil habitantes.

 

 

Entre esos viajeros venían a bordo del paquete inglés Thames un grupo de reporteros de la prensa brasileña. Por tal motivo el diario argentino El País fletó el vapor Eolo de la Compañía Nicolás Mihanovich, empavesado profusamente, con una gran orquesta y un servicio destacados de cocineros, el cual salió del Puerto de Buenos Aires en la noche del 18 de octubre, conduciendo a los directores y parte del cuerpo de redacción del diario, con el objeto de esperar al Thames en la Isla Flores, frente a Montevideo y allí trasbordar a los periodistas brasileños para conducirlos al Puerto de Buenos Aires.  El Thames no arribó el día indicado, por lo cual el Eolo pasó el 19 en la rada del Puerto de Montevideo, confraternizando los periodistas argentinos con sus colegas del Uruguay. A las seis de la mañana fondeó el Thames e inmediatamente los brasileños fueron invitados a pasar al Eolo, al cual se trasladaron, agregándose los miembros de la Comisión Demarcadora de Límites entre Argentina y Brasil y los estudiantes y representantes de las Facultades de Derecho y Medicina del Brasil.

Durante la travesía fueron agasajados y enviaron sendos telegramas saludando al Presidente de la República, al Intendente Municipal y al Presidente del Círculo de la Prensa. La llegada al Puerto de Buenos Aires fue todo un acontecimiento en Dársena Norte en donde fueron recibidos por los componentes del Círculo de la Prensa y los directivos de distintos diarios de nuestro país. Se declararon feriados los días 24 y 25 de octubre y el Estado Mayor del Ejército dictó las medidas referentes a la parada que se celebró para los honores en el momento del desembarco, siendo designado el General Nicolás Levalle como Comandante en Jefe de las fuerzas.

Llegada del Presidente Campos Salles al Puerto

En el programa oficial de festividades organizadas entre las dos cancillerías, el Presidente del Brasil debía desembarcar en la Dársena, el 24 de octubre, pero ese día la lluvia fue torrencial, y desde las primeras horas de la mañana todo anunciaba que continuaría. No obstante de ello, mucho público se encontraba en el Puerto a la espera de la llegada. Un acontecimiento dilató la misma: un temporal que acompañó a la flota brasileña desde su salida de la bahía de Guanabara, había retrasado algunas horas su llegada a nuestro Puerto, de manera que solo pudiera encontrarse en la Rada Exterior del Puerto de Buenos Aires, en la tarde del 24 de octubre.

 

Pese a la potente lluvia, un activo movimiento se produjo en Dársena Sud, encontrándose allí empavesados con banderas y gallardetes de distintos colores y cada uno con una banda de música u orquesta a bordo, los vapores: Venus, Eolo, Saturno, Golondrina II, Comercio, Labrador, Austria y Ónix entre muchos otros, creándose una verdadera escuadrilla de remolcadores y lanchas a vapor, que se preparaban para salir de la Dársena y de los distintos Diques al encuentro de la Escuadra Brasileña.

A las siete de la mañana el Prefecto General de Puertos, Luis García, acompañado del Ministro del Brasil, Dr. Cyro de Azevedo y el Secretario de la Legislación y Cónsul General del Brasil, habían salido en el vapor Vigilante, acompañados de los vapores Capitán y Neuquén, para ser los primeros en saludar al Presidente del Brasil. El Concejo Deliberante de la Capital Federal, al que se le había concedido el vapor Golondrina II, fue el primero de los vapores que se encontraban en Dársena Sud en soltar amarras y se puso en movimiento a las once, llevando a su bordo unas trescientas personas entre damas y caballeros, siguiéndole el Eolo y demás vapores, entre ellos el Dalmato en el que viajaban los miembros del Circulo de la Prensa y algunos periodistas brasileños, regresando por la tarde luego de sufrir las consecuencias del mal tiempo. El vapor Alfonso XIII que había encontrado a la escuadra brasileña, informó que tardarían en llegar al Puerto de Buenos Aires.

También partieron desde el Puerto del Riachuelo numerosos vapores engalanados, al tiempo que el viento sudeste se intensificó haciendo bajar la temperatura, en tanto que la llovizna no cesaba de caer. Los grandes vapores resistían mejor la marejada, en tanto que los pequeños remolcador vaporcitos se movían tanto que algunos pasajeros se consideraban en peligro estimándose que fueron seis mil los que embarcaron para recibir al Presidente Campos Salles en su entrada al Puerto de Buenos Aires.

A la altura de Quilmes, en pleno río, se formó una especie de escuadra con los buques que partieron de la Dársena, de los Diques y del Riachuelo, a los que se les habían unido el Helio y Las Mercedes, el Jenner, el Ciudad de Reconquista y el Indiferente. A las doce se dio la orden de que las tropas se retiraban a sus cuarteles. A las quince la Escuadra Brasileña no se había aún avistado por lo cual el Presidente Roca resolvió de acuerdo con el Ministro de Marina, que previo anuncio y conformidad del Presidente Campos Salles, el arribo se postergaba hasta el día siguiente a las trece.

Siendo las cinco de la tarde aparecieron en el horizonte los tres buques blancos que formaban la División Brasileña, dando fondo, media hora después, en la Rada Exterior, a doce millas del Puerto. Inmediatamente fondeados, el Prefecto General de Puertos, se trasladó al acorazado Riachuelo para saludar a los visitantes, que se encontraban vestidos de rigurosa etiqueta para desembarcar ese mismo día. La nota de postergación del desembarco hasta el siguiente día le fue entregada al Ministro Azevedo por el ayuda del Ministro de Marina, Comodoro Martín Rivadavia. Dadas las malas condiciones del tiempo y lo avanzado de la hora, Campos Salles aceptó indicación de postergar la ceremonia del arribo.

El Ministro de Marina había dispuesto que una División de la Escuadra Argentina, saliese al encuentro de la Brasileña para escoltarla, mandando que el Azopardo llevase hasta la desembocadura del Río de la Plata prácticos de río que debían guiar las naves visitantes. Cuando el acorazado brasileño Riachuelo fondeó en Balizas Exterior envuelto por la espesa niebla y una lluvia torrencial, los buques argentinos todos empavesados y con sus marineros en las vergas, comenzaron a efectuar las salvas de ordenanza, contestándola los buques de guerra brasileños que saludaron a la plaza, por lo cual varios buques como el Eolo, el Helio, Ventura R, el Victoria y el Colombia rodearon al buque brasileño, contestando los saludos y víctores también la Escuadra Blanca compuesta por los acorazados Riachuelo, Barroso y Tamoyo, con la interpretación del Himno Nacional Argentino, y el acompañamiento de las sirenas.

Desembarco del Presidente Campos Salles

El 25 de octubre de 1900, amaneció tranquilo el tiempo y los buques presididos por el acorazado Riachuelo se dirigieron al Dique 3. A las once la concurrencia en los alrededores del Puerto era enorme. Los cuatro palcos en los espacios que quedan entre los depósitos del Dique 4, desbordaban con una nutrida concurrencia en especial femenina. Las tropas formadas vestidas de parada para rendir honores al ilustre visitante se encontraban en las calles del Puerto. En el Patio de Honor formaron los cadetes de la Escuela Naval Militar y los del Colegio Militar, en custodia de las calles desde el Dique 4, Cangallo, Avenida Rosales, Rivadavia y Bolívar hasta la Avenida de Mayo. El capitán de Navio Domecq García comandaba todas las fuerzas de Marina.

De la Casa de Gobierno salió el Presidente Roca acompañado por los Ministros: del Interior, Felipe Yofre; de Relaciones Exteriores, Amando Alcorta; de Agricultura, Martín García Mérou; de Obras Públicas, Emilio Civit; de Hacienda, Enrique Berduc; Instrucción Pública, Osvaldo Magnasco; de Marina, Martín Rivadavia; de Guerra, Pablo Ricchieri; el Intendente Municipal, Adolfo Bullrich y el Senador Bartolomé Mitre, entre otros, trayecto que hasta el Dique 4 realizaron a pie, entre saludos de los habitantes de la ciudad.

Ya a las siete de la mañana el Prefecto General de Puertos y Resguardos con algunos periodistas y un representante del General Mitre se embarcaron en el vapor Vigilante hacia el acorazado Riachuelo, a la espera de las once cuando la Escuadro Blanca se puso nuevamente en marcha rumbo al Puerto de Buenos Aires a una velocidad de diez millas por hora encabezado por el Riachuelo, seguido por el Barroso y el Tamoyo custodiados por las dragas del Riachuelo y Puerto Madero y demás empresas que saludaron con sus sirenas.

Circundando a ésta y en marcha paralela, multitud de vapores grandes, chicos y embarcaciones a vela, a remo y de todas las formas conocidas, entre los que se encontraban el Maldonado que tomó el cable de remolque del Riachuelo, el Colombia, el Venus, el Eolo, el Ciudad de Corrientes, el Jenner y el Helios entre otros, siempre haciendo sonar sus sirenas estridentes.

 

Al enfrentar la boya 6, del Canal Norte, el Riachuelo saludó a la plaza con 21 cañonazos, mientras su banda militar ejecutaba varias piezas de música y se le unían unos ochenta vapores más. Entró en la Dársena Norte en medio de aclamaciones del público que la llenaba, en especial del que se había apostado a la entrada, al lado de la Oficina Hidrográfica actualmente demolida. Tan pronto como el acorazado entró en la Dársena Norte, varios vapores también lo efectuaron, y algunos como el Venus y el Eolo atracaron en el muelle oeste, desembarcando sus pasajeros.

 

En el momento en que el Riachuelo estuvo cerca de la entrada de la esclusa sobre la cual se levantaba el gran arco triunfal, el ingeniero del Puerto, Enrique Carmona, dio la orden para que el mismo se abriera dejando en libertad quinientas palomas. Este arco tenía los nombres de: Trajano; Silva Jardín, Floriano Peixoto, Gustavo Sampaio, Tuyuty, Aquidaban, Tamandaré, Andrada, Carlos Gomes, Benjamín Constant, rodeadas con letreros diciendo Saudades.

En el mismo Dique, se encontraban amarrados, en el costado oeste, crucero Patagonia y la Fragata Sarmiento, dejando entre ellos el espacio suficiente para amarrar los buques brasileños. En el costado este se hallaban el cazatorpedero Espora y los cruceros Patria, 25 de Mayo, 9 de Julio y Buenos Aires, estos tres últimos eran los que habían escoltado a los buques brasileños al entrar en aguas argentinas. Todos empavesados y haciendo sonar sus sirenas. El Riachuelo penetró lentamente en el Dique 4 y se colocó en el paso que une los Diques 3 y 4, donde se amarró a las trece horas. Inmediatamente las bandas de música: La Municipal, de Policía y todas las de Infanteria unos quinientos instrumentos dirigidos por el maestro Berutti, hicieron los acordes del Himno Nacional Brasileño y el Argentino. De a bordo Riachuelo se contestó tocando su banda el Himno Nacional Argentino.

El Presidente Roca se encontraba en el Palco de Honor cuando llego ilustre visitante. Se colocó una planchada con una alfombra color verde brillante, siendo el primero en descender el Presidente Campos Salles y siguieron el Ministro de Relaciones Exteriores, Olyntho de Magalhaes; Marina, José Pinto da Luz, Jefe del Estado Mayor del Ejército, Mariscal José Cantuárica y el Senador Quintino Bocayuva.

Largo fue el abrazo de los dos mandatarios que luego volvieron al Pabellón de Honor, donde se efectuaron las presentaciones de estilo, para luego subir a los carruajes siendo el primero el que condujo al Presidente Campos Salles, al Presidente Roca, el Sub Jefe del Estado Mayor de Presidencia de la República, Capitán de Mar y Guerra, Joaquín Pedro Alves de Barros y al Edecán del Presidente de la República, Coronel Gramajo, al cual siguieron 14 coches más, hasta el Palacio de Tomás Devoto, en esquina noreste de Avenida Callao y Charcas, actual Marcelo T. de Alvear donde residió durante su estadía en Buenos Aires.

 

Visita al Puerto de la Capital Federal

Siendo las diez salieron del Dique 4 los vapores Neuquén, VigilanU Capital, con doscientos invitados del Ministerio de Hacienda de la Argenti para realizar una visita a las obras del Puerto de la Capital con estudiantes y periodistas brasileños. La banda de música de la Policía iba en uno de los buques haciendo piezas de su repertorio. Los visitantes recorrieron todos los Diques y el Riachuelo, hasta el majestuoso Mercado de Frutos en la orilla sud, en el Partido de Avellaneda, en el cual realizaron una visita a los talleres inspeccionando todas las obras y maquinarias, como así también los grandes depósitos de frutos del país.

Terminada ésta, la concurrencia se dirigió a uno de los galpones del Dique 1, en el cual estaba preparada una mesa para doscientos cubiertos, donde se sirvió un excelente almuerzo, y al finalizar habló Alberto Martínez, subsecretario de Hacienda, que con breves palabras disculpó la ausencia del Ministro Berdue. Una nota interesante fue el ingreso del trasatlántico Highland Princess de la Royal Mail que se efectuó a una distancia de veinte metros de la mesa en que se sirvió el almuerzo.

Actos en los buques de guerra

En los barcos de nuestra Armada surtos en el Puerto se ofrecieron distintas demostraciones de confraternidad entre las dos naciones, como la realizada en el Buenos Aires, en cuya cubierta adornada con banderas de ambos países se había instalado una mesa, cubierta de trecho en trecho con ramos de flores, para ochenta comensales escuchándose diversas piezas de música ejecutada por la banda del crucero, estando presente el Condestable León Ribot del Patagonia, agradeciendo el Oficial de Mar del Riachuelo la demostración.

En la misma hora se efectuó en el crucero 9 de julio otro acto similar. En la toldilla fue colocada la mesa adornada con flores con los colores de ambos países, asistiendo ciento cuarenta comensales entre argentinos y oficiales del Riachuelo, Barroso y Tamoyo, actuando la banda de música de la Fragata Sarmiento. Al final, el cabo de cañón Nicolás Santíllán habló en nombre de los anfitriones terminando: "Os saludo pues, y os invito a que toméis un asiento en esta mesa que junto rodeamos con un solo sentimiento, sin artes de mentir ni engañar, sino sellando una profunda armonía de confraternidad entre nosotros, marinos argentinos y brasileños, sin más testigos que Dios y al Patria.

    

El Cabo 1º Chaves, del Riachuelo, contestó en nombre de sus camaradas. A bordo del crucero Barroso, y retribuyendo los agasajos, los brasileños, por la noche ofrecieron una comida en la cubierta donde fue instalada una amplia mesa donde se hicieron prolongados brindis de confraternidad. La fiesta ofrecida por el Ministro de Marina brasileño al Presidente Roca, a bordo del acorazado Riachuelo, se vio colmada de visitantes, invitados a las catorce horas. Llegaron los Presidentes acompañados por el General Bartolomé Mitre, y fueron recibidos por el Ministro de Relaciones Exteriores del Brasil, Olyntho Malgalháes y el Embajador Cyro de Azevedo.

  

Uno de los actos fue la entrega de la bandera de combate, con que el Asilo Naval Argentino, obsequió al acorazado Riachuelo, siendo transportada la caja con la bandera a bordo por dos niños y dos niñas del asilo, con estas palabras: "En nombre del Asilo Naval, tenemos el honor de poner en vuestras manos esta enseña de la noble patria brasileña; y que al izarla algún día, al asta bandera de esta hermosa nave, su propietaria, os sea propicia nuestra fraternidad, sellada muchos años antes de ahora y destinada a perdurar". Seguidamente la bandera fue izada entre vivas a las dos naciones.

El acorazado brasileño Riachuelo, carboneando en Puerto Madero. A.G.N.

La partida desde el Puerto de Buenos Aires

Desde temprano comenzó a llegar la concurrencia al Palacio Devoto, unos para despedir al mandatario brasileño, otros para acompañarle hasta abordo y otros, también para seguir con él hasta la Rada Exterior. Allí concurrieron también los Ministros del Poder Ejecutivo, el Intendente íunicipal, el general Mitre y el senador Quintino Bocayuva. A las once llegó el Presidente Roca y momentos después ambos subían al carruaje, seguidos por la escolta y comitiva hacia el Puerto.

La Escuela Militar, con cuatro piezas de artillería, al frente del Palco de Honor, en el Dique 4 y a continuación, la escuela Naval de Cabos y Sargentos, con siete piezas de artillería, luego el Cuerpo de Torpedistas, en la esquina Rosales y Cangallo y los regimientos 1 y 3 de Infantería, ocupaban la misma avenida y la esquina de Piedad, actual Bartolomé Mitre. Hacia el Puerto, gran cantidad de público colmaba los diferentes sitios, entre banderas y banderines con los colores de ambos países. Por fin llegó la comitiva oficial a la cabecera del Dique 4, donde las bandas de música tocaron los himnos, entre los aplausos y la mirada de los invitados en los palcos a orillas del muelle.

Los Presidentes Campos Salles y Roca subieron juntos al crucero Riachuelo, y en ese instante, la marinería de todos los buques de guerra que se encontraban en el Dique 4 saludaron nuevamente y la banda de música del barco brasileño tocó los Himnos Argentino y Brasileño. Tras los Presidentes subieron Bocayuva y Mitre. A bordo del crucero se efectuaron las más afectuosas despedidas, diciendo el Presidente brasileño Manuel Ferraz de Campos Salles:
¡Adiós, dejo mi corazón entre vosotros!

Al Riachuelo lo siguió el Barroso y luego el Tamoyo, y en pos de la Escuadra Blanca navegaron gran número de embarcaciones oficiales y particulares, todas empavesadas. Luego el acorazado Buenos Aires, después el 9 de Julio, el 25 de Mayo y el Patria; eran las doce e inició su marcha la nave capitana, hasta que salió fuera del canal desplegando en su popa la bandera obsequiada por el Asilo Naval y los Presidente saludando con el sombrero y movimientos de cabeza.

 

En el diario La Nación podemos leer:

"La fiesta abordo del Riachuelo persistirá imborrable en el recuerdo de todos aquellos que, oficial o particularmente, tuvieron la fortuna de asistir a ella. Ha sido una fiesta sincera, afectuosa, exenta de diplomáticos convencionalismo ". "Poco después de las 11 de la mañana comenzaron a llegar al Riachuelo los miembros del Parlamento Argentino y los altos funcionarios civiles y militares que iban a estrechar la mano, en señal de despedida, al ilustre Doctor Campo Salles y a su selecta comitiva ". "El distinguido Comandante del acorazado, Capitán de Navio, Alejandro Alencar, mandaba personalmente los saludos".

"Momentos después todo el mundo oficial pasaba a despedirse del Doctor Campo Selles y de su comitiva. El presidente Brasileño tuvo una frase cariñosa y de afecto para cada uno de los circunstantes. Para con el jefe de Policía, Doctor Beazley, el Doctor Campos Salles particularizó su demostración, felicitándolo al distinguido funcionario por la cultura, disciplina y corrección que ha podido admirar en la Policía de la Capital".
"Terminados los saludos, solo quedaron a bordo los invitados al almuerzo, y momentos después el Riachuelo levaba anclas en medio de las más entusiastas demostraciones y al son de los Himnos brasileño y argentino, ejecutados por seis bandas de música a la vez ".

"La presencia de los Presidentes en cubierta produjo en todo el pueblo estacionado en los Diques y palcos de los depósitos de. Aduana, un entusiasmo indescriptible. Los pañuelos y sombrillas de las damas y los sombreros de los hombres, se agitaban por millares presenciándose desde a bordo un espectáculo grandioso ". "El Riachuelo había marchado algunas millas cuando se pasó a la mesa". "El almuerzo esperaba. En la cámara de honor del Comandante del buque se había dispuesto la mesa oficial y en el gran comedor dos mesas para los invitados y comitiva del Doctor Campo Salles". "Al terminar la comida en la mesa oficial, el Presidente Doctor Campos Salles pronunció un brindis, leyendo el siguiente conceptuoso discurso:

"En el momento que la escuadra brasileña va a abandonar las aguas argentinas, tengo necesidad de hacer constar, y lo hago con gran satisfacción, mi imperecedero reconocimiento por el cariñoso agasajo y la hidalga hospitalidad con que tuve la honra de ser recibido por el Gobierno de V. E., por el pueblo y la sociedad de esta culta Capital en el carácter de supremo magistrado de un país vecino y amigo ". "Los ecos de esta extraordinaria manifestación, han tenido honda repercusión en el espíritu del pueblo brasileño, acentuando de un modo inequívoco la solidaridad de sentimientos en que, naturalmente se acuerdan las dos naciones hermanas en el pensamiento común de la paz; y siento, Señor Presidente, la convicción de que ella será de resultados profundos y benéficos en los grandes designios de la política internacional".

"Quiera aceptar, Señor Presidente, los votos más sinceros que formulo por la felicidad personal de V. E. y por la grandeza y prosperidad de la República Argentina".

El General Roca, que no pensaba tener que hablar, improvisó su contestación, haciéndolo:
"La acogida que os ha hecho el pueblo argentino es una prueba de sus sentimientos amistosos por el pueblo del Brasil, y la estimación y respeto que tiene hacia su primer magistrado... ".,
"Porque los vientos de regreso os sean igualmente propicios y llevéis en vuestra alma las mismas buenas impresiones que dejáis en todos los corazones argentinos y especialmente en el mío propio ".

Despedida

La presencia de los Presidentes en cubierta fue saludada por los tripulantes de las decenas de vapores que navegaron a ambos lados del Riachuelo, que fueron retribuidos por los mandatarios, que luego tuvieron una larga conferencia conjuntamente con el General Mitre, en un lugar apartado sobre la cubierta. Siendo las quince horas, y después de navegar 23 millas desde el Puerto de Buenos Aires, el Riachuelo fondeó para transbordar al General Roca y su comitiva.

Trasladado el Presidente Roca y su séquito al vapor La Capital, continuaron a la distancia las manifestaciones de afecto entre los Presidentes y sus acompañantes. Una vez que de La Capital pasaron al crucero Patria, el General Roca y su comitiva, se realizó al Doctor Campos Salles, la salva de 21 cañonazos de ordenanza, que fue contestada por el Riachuelo, con lo cual se dio término a la ceremonia, emprendiendo la marcha en rumbos opuestos los barcos de ambos países. Los de la Escuadra Blanca emprendieron su viaje escoltados por nuestra escuadra que tenía instrucciones de acompañarlos hasta el Cabo San Antonio.

Por su lado, el crucero Patria, con el Presidente argentino y su comitiva llegó al Dique 3 a las 18 hs., donde fueron recibidos por unas quince mil personas. Cuenta la crónica que navegando el crucero brasileño, el vapor Venus que estaba muy próximo, se acercó tanto que rozaron sus cascos, instante que las damas aprovecharon para arrojar flores en la cubierta del Riachuelo. El capitán del barco de la firma Mihanovich, ordenó una acertada maniobra, retirándose aclamado por los viajeros.

Algunos recuerdos de la visita

Varias y recordadas por largo tiempo fueron las llamadas piezas oratorias que se aplaudieron en las diversas demostraciones realizadas en esos días. Por lo general de destacada factura literaria, dado las personalidades de los oradores como Bartolomé Mitre, Belisario Roldan, Enrique Urien, Weigel Muñoz, y José María Gutiérrez entre otros, como la notable Oda al Brasil del poeta Carlos Guido y Spano.
Uno de los actos fue realizado en el teatro Politeama Argentino, por el Círculo de la Prensa, en cuyo recinto, luego de entonarse los himnos de ambos países y frente al busto del compositor Antonio Carlos Gomes, 1839-1896, que se destacaba en el escenario, la orquesta ejecutó piezas de su famosa ópera II Guarany.

Seguramente el mayor recuerdo de esta ya olvidada visita es la filmación de la llegada de Campos Salles al Puerto de Buenos Aires, realizada por Eugenio Py, el cual es considerado el primer paso hacia un cinematógrafo de índole profesional. Esta corta película del cine mudo de nuestro país es una vista tomada como ya hemos dicho por Eugenio Py; un francés emigrado a la Argentina ingresado en 1895 a la Casa Lepage para ponerse al frente de la sección fotográfica. En 1897 tomó los primeros rollos de película filmados en la Argentina: La Bandera Argentina, filmando luego un documental bastante completo con el título Viaje del Dr. Campos Salles a Buenos Aires, el cual fué visto el día siguiente de la partida del mandatario brasileño, en la Casa de Gobierno, ante el asombro de todos los presentes, en especial el Presidente Julio A. Roca.

Sin duda esta memorable visita tan anunciada y festejada en nuestra ciudad, fue recordada por varios años por todos aquellos que presenciaron los fastuosos acontecimientos, acompañados por los habitantes, que demostraron con su presencia la aceptación de este acercamiento con la nación brasileña, siendo a nuestro parecer, un antecedente del actual Mercosur.


 

 

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