Historia y Arqueologia Marítima

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La Sanidad naval, la alimentación y el servicio religioso

 su desempeño durante la Guerra de la Independencia.  1810 - 1820

Por el Prof. Julio Luqui Lagleyze, parte dle futuro libro sobre las Escuadras de Brown, Junio del 2009.

 La Sanidad y los médicos  navales de la Época

             En la época que nos toca, que es la de las Guerras Napoleónicas, el conocimiento de la medicina bélica era muy limitado, los métodos de tratamiento muy primitivos  y la higiene inexistente; en un momento en que aún no se conocían los anestésicos ni la existencia de las bacterias como agentes de enfermedades e infecciones, tal como señala un historiador británico refiriéndose a la medicina militar en la Europa napoleónica.[1]

             Cualquier herida, no importando lo leve que ésta pudiera ser, podía, a causa de la mala higiene, convertirse en mortal por más que se usara la amputación para evitar la gangrena. Las enfermedades, como las fiebres, las infecciones digestivas, las venéreas o el tan temido escorbuto, eran por otro lado, tan preocupantes como las heridas.

             Las instalaciones y servicios médicos militares estaban muy abajo en la escala de las   prioridades militares y los cargos de médicos militares no eran puestos apetecidos entonces, por los sacrificios que implicaban al perder la clientela que se tenía en las ciudades, para marchar a  campaña, encima con el carácter de combatiente, mal pagado y sin futuro, ya que los "enganches" de médicos, cirujanos o practicantes eran provisorios y tras el final de las operaciones se perdía el cargo y el grado sin retribución futura.  Había muy pocas organizaciones militares en Europa que podían llamarse verdaderamente "cuerpos médicos", la mayoría de los ejércitos no tenía mas que unos pocos enfermeros y médicos sueltos en los regimientos, con escasos medios y menos experiencia en medicina militar.

El puesto de médico de la escuadra o naval, era menos apetecido aún que el de médico militar, ya que además de lo señalado implicaba el embarcarse y perderse en largas navegaciones, en especial si el destino era un buque corsario. Así la profesión medica en la marina no estaba bien estimada ni remunerada adecuadamente en ninguna marina del mundo y recién en 1806 en la británica se les mejoró la paga y se les dio mejor posición.

Por su parte y no obstante que la ordenanza española consideraba al cirujano naval como un oficial mayor, el mismo estatus no se siguió en la administración naval patriota, aún teniendo las mismas obligaciones que aquel: el reconocimiento de los enfermos, el informe a los superiores del estado de las tripulaciones y la organización de las enfermerías de combate, entre la pólvora, los cañones y en las mismas cubiertas de artillería, asistido por los sangradores o practicantes quienes tenían a su cargo la preparación de  los medicamentos menores y los tratamientos más leves, además de asistir en las amputaciones.    

En la teoría los barcos estaban adecuadamente provistos de personal médico. Según la regulación británica de la época debía haber un cirujano y 3 "mates" (ayudantes) en cada navío de tres puentes de cañones, 2 "mates" en cada uno de dos puentes y uno en una fragata, esto debía dar al menos un cirujano cada 200 hombres. [2]

En las escuadras existían dos tipos de médicos, por un lado el médico propiamente dicho, llamado en la regulación británica como "Physician"; estos tenían un mayor status y eran muy escasos en el servicio naval y siendo unos 15 en una Armada como la Británica, ejercían las funciones de directores de los hospitales o de supervisores de los cirujanos de la flota y asesores del almirantazgo. Por el otro lado estaban los llamados simplemente Cirujanos ("Surgeons"), que hacían poco más que las amputaciones y el parar los sangrados. Entre los de este tipo en las Armadas europeas, muchos tenían pocas condiciones, mal carácter y peor formación; eran mal mirados y se recibían quejas constantes de su conducta por parte de las tripulaciones, las cuales hasta en los motines llegaban a poner como razones el mal trato dado por estos “médicos navales”.

Pese a estos problemas los buenos médicos tenían infinidad de obligaciones, ya que debían ser a al vez médico, cirujano, sangrador y farmacéutico, y eran a los que se entregaba toda la responsabilidad de la salud de las tripulaciones de los buques. Entre sus obligaciones estaba la de proveerse o tener en forma personal su caja de instrumentos completa, ya que las autoridades navales solo proveían los medicamentos y los vendajes.  Debía revistar a los enfermos y dar una lista diaria de ellos al capitán de su buque y llevar un diario personal de las enfermedades y listas de los enfermos, así como de cirugía y de las intervenciones con los resultados de su tarea.  Debía  además revisar a cada hombre que llegaba al buque en calidad de tripulante, en especial a los de las levas forzosas de vagos, a fin de detectar enfermedades -venéreas e infecciosas en especial-, y constatar que no había estado en contacto con enfermos.

Vistas las generalidades de la profesión medica naval de la época, pasemos a reseñar la organización de los médicos a bordo y el desempeño de los que prestaron servicios en nuestras escuadras durante la guerra de la Independencia, dejando aclarado que si hemos hecho referencia a la organización medico naval británica es porque la mayoría de los médicos de las escuadras de la Guerra de independencia, en especial después de 1814 ye en las campañas de corso,  fueron de este origen y la estructura que ellos montaron, aún en forma precaria, lo fue siguiendo las modalidades británicas que ellos conocían , por más que desde el gobierno y la comandancia de Marina se intentara dar una organización acorde con las ordenanzas españolas.    

La sanidad naval argentina en la Guerra de Independencia.

Primeras escuadrillas 1810-1813

             De los tiempos de las primeras escuadrillas de nuestra armada, se tienen pocos datos acerca de la Sanidad. Señalase como antecedente de la Sanidad Naval, el alta de un cirujano en la persona de Juan Gordón, de indudable origen angloparlante,  proveniente de San Juan y producida a inicios de 1811. Pero no hay mayores datos sobre él.[3] A la marinería de esa primera escuadrilla, que se enganchaba mas o menos voluntariamente, no se le hacía ningún tipo de examen previo de sanidad, cosa que por otro lado debió ser generalizado durante todo el período.[4] Finalmente la  salida a campaña de la escuadrilla de Azopardo en 1811,  se hizo sin medico a bordo.

             Por su parte, la escuadrilla española al mando del capitán Romarate llevaba dos cirujanos segundos de la Real Armada, José Rodríguez y Diego Moreno, cuyo comportamiento fue elogiado tras la victoria de San Nicolás por el jefe español. Ellos fueron los encargados de curar a los heridos de ambos bandos tras el combate, junto con boticarios y sangradores levados a la fuerza en la misma población cercana al combate. Los heridos que pudieron salir de San Nicolás fueron enviados al hospital de la Residencia en Buenos Aires.  

La Escuadrilla de Guillermo Brown en la campaña de Montevideo- 1814:

Para la época de la formación de la escuadra al mando del teniente coronel al servicio de la Marina D. Guillermo Brown, la Sanidad Militar en las Provincias Unidas estaba ya organizada convenientemente, al menos en el papel. A principios de ese año de 1814 se había aprobado el primer Reglamento de Medicina Militar, que daría lugar a la formación del “Cuerpo Médico Militar”, con todos los médicos, cirujanos y profesores destinados a los Ejércitos de la Patria.  El cuerpo englobaba a todos los profesionales de la medicina de los regimientos y todos respondían a un Director del Cuerpo Médico Militar, que era considerado el Cirujano Mayor del Ejército, y  tenía como función el velar por la sanidad de los ejércitos. El Director debía además controlar todo el material médico y medicinas remitidas a las unidades militares y sus cirujanos, todo debía salir con su visto bueno. La Marina era entonces considerada una rama más de los Ejércitos de la Patria, por lo cual sus cirujanos estaban bajo las ordenes y contralor del Cuerpo Médico Militar.

El cirujano mayor del ejército Don Francisco de Paula Rivero, fue quien asesoró para la formación de la Sanidad de la Escuadra que se formaba y con fecha 16 de febrero de 1814 remitió un "Estado de las medicinas y utensilios con que pueden dotarse los buques, arreglado a cien hombres de tripulación", siguiendo los conocimientos navales que tenía por su formación previa como cirujano naval, ya que era nacido en Jerez de la Frontera en 1775 y  graduado de cirujano naval en el Real Colegio de Cirugía de Cádiz en 1798. Se lo ha hecho combatiente en Trafalgar, pero no es muy certero el dato. En 1809 ya estaba graduado de Médico y arribó con la comitiva del virrey Cisneros.  En 1810 se plegó a la revolución y luego pasó a formar el Cuerpo Médico Militar. 

Por otro lado para la asistencia de los heridos y enfermos de la nueva flota, se ordenó embarcar al cirujano Manuel Antonio Casal, que había estudiado en el Protomedicato de Buenos Aires y servido en las invasiones inglesas. Pero este se excusó por su “estado de salud” que le impedía cumplir tal disposición. La respuesta del gobierno fue terminante y señalaba, fechada en Buenos Aires el 5 de febrero de 1814: Al Ciudo D. Mn.l Ant.o Casal.  Sobre su excusación del Empleo de Ciruj.no de la Frag.ta de Guerra Hércules ‑ previo informe del Gral. se proveyó: No ha lugar, y embárquese hoy mismo”. Pero al parecer estaba enfermo de verdad y embarcó sólo unos días.

En su reemplazo fue nombrado Bernardo Campbell, quien se desempeñaba como cirujano de la “Zephir” y se trasladó a bordo de la fragata “Hércules”, llevando consigo el botiquín confeccionado según las ya mencionadas instrucciones impartidas por el Cirujano Mayor del Ejército de la Capital.  Bernardo (o Bernardino según otros) Campbell, que era de probable origen escocés, prestó servicios "temporarios"- como era común- en la Armada;  sólo del 15 de enero al 31 de agosto de 1814, en que finalizada la campaña se lo dio de baja. Con anterioridad, noviembre de 1813, había servido como cirujano en el Regimiento Nº 2 de Infantería.

El equipo y provisión médicos eran algo escasos a bordo de la nave insignia, ya que el cirujano contaba sólo con cuatro torniquetes, ocho colchones, ocho mantas, 20 varas de lienzo para vendas, diez libras de hilas para coser heridas, cuatro de estopa para hacer compresas y parar los sangrados, cuatro férulas, además de una caja de instrumentos de probable origen inglés, con esa escasa provisión debió atender en combate a 50 heridos que se desangraban en las cubiertas. Del botiquín usaba extracto de opio y quina, aquel para los dolores y este para bajar las fiebres.

El siguiente miembro de la sanidad que ingresó lo hizo el 15 de marzo de 1814 en calidad de practicante y se llamaba Pierce Reading[5], irlandés y afincado en Buenos Aires que ingresó como ayudante de Campbell. Se embarcó en la “Agreable”. Pero como aún era insuficiente la dotación de médicos de la escuadra y la partida a campaña de la misma era inminente, se procuró conseguir un nuevo cirujano para la "Belfast" por pedido expreso de Brown, quien ante el grado desesperante del problema, ya en navegación y en plena campaña, después de las acciones de Martín García y Arroyo de la China, escribía a Larrea el 3 de abril: "Adjúntole una minuta del cirujano por varias cosas ya reclamadas antes. A bordo de la Belfast hace mucha falta un cirujano. Pasada la función, me atrevo a decirle, podrá equiparse toda la escuadra con médicos, más lo que es ahora ninguno de ellos desea servir, prefieren estar en el café”.

Así se decidió el embarque del venerable Dr. Matías Rivero, cirujano del regimiento de "Patricios", pero este se excusó -por motivos de salud por supuesto-, a embarcar y en su reemplazo se nombró al cirujano Francisco de Paula Ramiro, que había sido cirujano del regimiento de Andaluces en la Invasión Inglesa de 1807. Campbell, Ramiro y Reading fueron los que se desempeñaron en toda la campaña, asistidos por los capellanes Dres. (canónicos, pero con algún conocimiento médico) Juan Andrés Manco Cápac de Tupac Amaru y Martín José Martínez. 

El material y los medicamentos eran más que escasos, a la vez que necesarios, por ello, después de las acciones de Martín García, Campbell se dirigió al gobierno solicitando mejoras en su limitado equipo, y en carta a White lo explica, con un agrio tono para el armador de la escuadra que lo había provisto de un botiquín casi inútil para la guerra naval, por más que hubiera sido hecho bajo las indicaciones del Cirujano Mayor:

"He escrito a Buenos Aires después de nuestra última acción pidiendo algunos medicamentos, pero no me dirijí a nadie en particular, porque estaba algo apurado en ese momento y no sabia tampoco a quien dirigirme. Pero espero señor que usted no hará caso omiso de esto como parte inútil del equipo del buque para combate, especialmente si considera que varios de nuestros hombres más valientes estarían aun vivos quizá, si hubiesen existido a bordo los medios con que socorrerlos. No los había y nuestro botiquín era más apropiado para una vieja o para enfermos de consución que para marineros que estando sanos y en perfecta salud, solamente necesitan aquellos remedios indispensables para curar heridas, accidentes, etc. de los cuales no se nos ha provisto, pudiendo afirmar  con seguridad que una onza de tela emplástica con un poco de seda para ligaduras habría sido de mayor utilidad en este buque que el botiquín entero, que no contenía ninguno de estos artículos, y según hacía saber en mi última, no tuve otro elemento de ligadura que hilo de carreto o cualquier otro desecho de hilos que pude encontrar entre los sastres. Por tales razones, pido que si se tiene respeto por la vida de hombres que la arriesgan en esta empresa, se me provea de los medicamentos necesarios”. [6]

Para el combate de Montevideo se había mejorado en algo el botiquín de la “Belfast”, por la insistencia reiterada de Campbell, quien además reclamaba desesperadamente los torniquetes, pues los que envió a Buenos Aires colocados en los heridos de Martín García, no le fueron devueltos –no podía ser de otro modo-; y sólo le quedaba uno a bordo; también pedía 4 o 5 onzas de "Emplastum Lythargynum, crin gummi”[7], que según él, podía obtenerse en la “Botica Italiana” de la calle de San Miguel. Por último necesitaba género usado – es de suponer además limpio- de hilo o bramante para vendajes.

A estos elementos se sumaban otros para costura de heridas, como los hilos con tintura de mirra – que debería hacer de precario anestesiante-, calomel, y necesitaba bálsamo de Capayba; Agua Sylahagyre acetada; Rhabarbarvil; Finc Rhabarbarvil; Finc benzores comp; géneros de hilo para vendajes, trapos para compresas y emplastrum cummini , todo lo cual recomendaba comprarlo en la farmacopea de Londres. El listado del pedido que envió con fecha 13 de abril de 1814, en inglés y latín, y que se conserva en el AGN – Colección Carranza- lo agregamos al final del trabajo como apéndice.

El instrumental médico era de por sí bastante primitivo, las cajas de medicina venían en varios modelos y tamaños, las cajas de cirugía  y las de elementos clínicos, por un lado y las bolsas portátiles de cuero para instrumental personal de los cirujanos. Estas últimas eran portátiles y personales de cada cirujano, los que debían proveérselas y hacían sus pedidos por separado. El instrumental eran lancetas, tablas de inmovilizar fracturas, jeringas, sierras de amputación, rígidas o de cadena, fórceps, escalpelos, y catéteres de plata.

Como en las acciones de años anteriores y las guerras posteriores, los heridos desembarcados de la flota tras los combates, eran internados en el Hospital de la Residencia, en el que por resolución del 16 de noviembre de 1811 del Triunvirato, había varias salas dedicadas a Marina a falta del consabido "Hospital Real de Marina", por no haber sido Buenos Aires sino Montevideo la sede del Apostadero Naval. Por la misma disposición, el Hospital de Belén había quedado exento de recibir tropa y marinería.[8]

Los heridos enviados al hospital debían ser controlados por los médicos navales que los habían enviado y ellos mismos darles el alta cuando correspondiera. Varios de los heridos de Martín García quedaron inutilizados de por vida con lo que fueron socorridos por el gobierno. Algunos informes médicos son un clarísimo exponente de las heridas y los tratamientos de la sanidad de la época, mostrando los estragos de la guerra naval. Tal el caso del marinero Joaquín Altolaguirre, de quien el cirujano mayor Francisco de Paula Rivero, informó que:  "El marinero entró en este hospital de resultas de la acción de Martín García, con una herida en la mandíbula inferior (o barba)  complicada con la destrucción de todo aquel hueso, producida por una bala de metralla, y aunque su curación ha sido de las más felices, se encuentra totalmente inútil y precisado de no poder usar por toda su vida más que alimentos líquidos”.

Además los problemas de la vida a bordo antes del combate, se reducían a dos principalmente: el hacinamiento y la higiene. Las tripulaciones vivían en la porción anterior del entrepuente, durmiendo en hamacas sobrepuestas cuando las había y si no en tarimas sobre la cubierta, y paseándose por la zona del castillo de proa.

Con respecto a las enfermerías a bordo, llamadas "Sick Berth" o "Sick Bay" por los ingleses y las “cámaras de amputaciones y cirugía”, estas habían tenido una historia variable desde fines del siglo XVIII. Primero no tuvieron un sitio fijo y generalmente se mandaba a los heridos a la cubierta más baja, hacinados en hamacas donde el aire estaba enrarecido y la atención médica no les llegaba. Muchos médicos, incluso, evitaban visitarlos allí. A fines del siglo se decidió que debían estar en la parte mas aireada del buque y era costumbre poner la enfermería cerca de las cocinas y la salida de las chimeneas de estas, llamadas "Galley"  porque se creía que el calor y el humo de las chimeneas de la cocina eran beneficioso para ciertas enfermedades. [9]

En los buques de fabricación a la inglesa, que fueron mayoría en nuestras escuadras de entonces, el modelo de las enfermerías era el inventado en 1790 por el capitán  Markham,  que tenía como lugar de ubicación  el lado de estribor en la cubierta alta debajo del  castillo de proa. Estaba dividido y separado por mamparos para albergar los enfermos, y tenía un toilete ("round-house") particular para los enfermos para evitar contagios con los otros tripulantes. En 1800 este modelo estaba generalizado en toda la flota inglesa por ser mejor, mas aireado y luminoso y cerca de las chimeneas de las cocinas por si era necesario el calor. Las enfermerías tenían hamacas pero además había camas y tarimas para los hombres con fracturas u otras heridas. Junto al puente y en un lugar aireado  el cirujano tenía su cabina, en tanto que los ayudantes se alojaban con los guardiamarinas. En la cabina del médico se guardaban las medicinas y las provisiones médicas en anaqueles especiales.

La mayor actividad de la enfermería se verificaba en acción, cuando la cabina del cirujano pasaba a ser la sala de operaciones del buque y tenía la ventaja de estar alejada de los puntos u objetivos de la artillería enemiga. Cuando se llenaba se alojaba a los heridos en las baterías mismas y en los depósitos. Los hombres se atendían por riguroso orden de llegada, obviando el rango militar, salvo casos de extrema urgencia. Los heridos eran llevados por sus camaradas y en la puerta eran recibidos por dos infantes de guardia, que evitaban que se metieran hombres que sin estar heridos, buscaban refugio de la artillería enemiga. En otros buques la enfermería se hallaba generalmente en el castillo de proa, separadas y tabicadas, excepto en combate pues formaba parte de las baterías y tenía dentro mismo uno de los cañones. En ella existía en el mejor de los casos una mesa de amputaciones, una camilla y las más elaboradas, anaqueles y estantes con las medicinas y los elementos de cirugía. En las naves donde tal lujo no era posible el cirujano debía arreglárselas con la mesa de la cámara de oficiales y un simple botiquín, en caja o en funda de cuero. Al hacinamiento y las malas condiciones de salud se sumaba el hecho que las cocinas estaban en cubierta cerca del palo trinquete y cerca de la enfermería. Cerca de las cocinas además, estaban los animales vivos que se llevaban en las navegaciones largas, que no fue el caso de 1814, pero sí de las posteriores campañas corsarias. 

Médicos y Sanidad en las Campañas Corsarias

Pero veamos que otros profesionales sirvieron en las guerras de la Independencia, siendo un capítulo interesante el de la Sanidad Naval en las campañas corsarias y las largas navegaciones en los tres océanos por los buques argentinos.[10]

En la campaña corsaria de Brown al pacífico el cuerpo médico de la expedición estaba formado por el Dr. Carlos Handford en la “Hércules”, médico inglés nacido en 1763 y afincado en Buenos Aires desde 1811, fue dado de alta en septiembre de 1815; y se haría famoso por su participación en el ataque a Guayaquil y gestiones posteriores cuasi diplomáticas, mas que como médico, ya que fue enviado por al Almirante Brown ante los patriotas colombianos y fue hecho prisionero por los españoles, condenado a muerte y liberado después de tres años. El otro médico era el Dr. Luis Lavy, cirujano de la “Halcón”; Quien era aparentemente un alemán nacido en Dresden, y quien hizo la campaña con Bouchard. De los aspectos sanitarios de la campaña de Brown podemos destacar que al atacar el Callao, una de las presas, el bergantín “San Pablo” fue desarbolada y amarrado como “pontón-hospital” en la Isla de la Hormigas, frente al Callao, para atender los heridos habidos en los ataques. 

Como médico del crucero “La Argentina” de Bouchard se halló fray Bernardo de Copacabana, fraile betlehemita y médico que había sido vicepresidente del Hospital de la Residencia de Buenos Aires y contaba al momento de su embarque con 37 años. En el crucero hizo las veces de médico, a veces duro e inmisericorde y con prácticas poco ortodoxas aunque eficaces; además de ayuda espiritual y hasta de valeroso guerrero en los combates.  Entre su curiosa práctica médica se menciona el método utilizado para combatir una epidemia de escorbuto desatada en el viaje a Java a causa de la falta de fruta fresca. Él decidió enterrar a los enfermos en la playa dejándoles la cabeza afuera en espera de que se curaran, quizás por transferencia de las fiebres a la arena o por sabe Dios que ideas terapéuticas. El resultado fue que los muy enfermos regresaron a la tierra en poco tiempo, pero los demás mejoraron al repetirse la operación varias veces, aunque lo más probable es que la mejora se debiera a que al estar en tierra en una isla, consumieran fruta o verdura fresca con suficiente vitamina C.  

Enfermedades, heridas de guerra, tratamientos y remedios.

             No hay duda que la salud de las tripulaciones ha sido y es uno de los factores más importantes en el éxito o fracaso de una operación naval, ya que las enfermedades y los accidentes podían hacer mas daño que las balas de la artillería enemiga. Las estadísticas de la armada real inglesa en 1810 señalaban que las enfermedades  causaban un 50% de las bajas de la flota inglesa, un 31 % eran por accidentes personales, un 10% por hundimientos o incendios y explosiones y solo un 8% por la acción del enemigo.[11]

             Pese a todo la medicina naval había mejorado bastante desde mediados hacia fines del Siglo XVIII, haciendo considerables avances y logrando solucionar las enfermedades y problemas más comunes de las flotas en alta mar.  De las enfermedades mas comunes en el mar, la mas famosa era el escorbuto ("Scurvy"), pero hacia 1795 se había logrado  controlarla por el uso de fruta fresca con alto contenido de Vitamina C, como las limas y limones, en las dietas diarias de las tripulaciones. El tifus le seguía en orden y se atribuía al hacinamiento, a la suciedad y la falta de aire en las cubiertas bajas. Las fiebres como la amarilla eran graves también, en especial en zonas cálidas y nos se les conocía cura, salvo el uso de la Quinina para la malaria. Las enfermedades digestivas y las diarreas a causa de la mala alimentación y las aguas en mal estado, eran comunes, y las enfermedades venéreas eran una verdadera plaga en las tripulaciones y una de las principales causas de baja por enfermedad.

Los accidentes o males más comunes fuera de las enfermedades eran las hernias por los esfuerzos hechos al mover y cargar las piezas de artillería; el reumatismo por la humedad y el frío de las cubiertas bajas; las pulmonías o neumonías por la exposición al agua y al frío. Entre las heridas eran comunes las fracturas a causa de los accidentes en las faenas marineras y artilleras, además de por los tiros en las acciones bélicas. No eran escasos tampoco los heridos por flagelados a causa de los castigos disciplinarios.

Las heridas de guerra eran de distinta índole, siendo las más comunes, y tratables, las citadas fracturas por tiros de fusil o golpes y cortes de sable al abordaje. La solución general en las heridas en los miembros era la amputación lisa y llana, pues era menos peligroso que el tratar de sacar el proyectil o intentar salvar la pierna, ya que la gangrena era lo más común, puesto que el concepto de la necesidad de la extracción del tejido muerto alrededor de las heridas no se hallaba desarrollado aún. Por ello la remoción del tejido, muerto o sano, y el hueso roto en su totalidad era la única forma de sobrevivir a una herida grave de guerra. Las amputaciones se hacían rápidamente de forma de evitar el shock  que causaba una operación en regla, y sin anestesia, la que era inexistente. A veces eran tan rápidas que los dedos de los asistentes podían ser accidentalmente amputados junto con el miembro herido. Un cirujano cansado en medio del combate, con su cuchillo podía tardar unos veinte minutos en amputar una pierna. La visión de los cirujanos en tales faenas era terrible, como anotó un marino británico: "El cirujano y su asistente estaban cubiertos de sangre de la cabeza a los pies, parecían más carniceros que doctores; la tarea era la mas dolorosa de llevar, el cirujano usaba su cuchillo y su sierra en la carne humana y los huesos tan libremente como un carnicero en las presas (shambles)" [12]

Como se ve el tratamiento era de lo más rudimentario y las heridas de bala que no habían reventado algún hueso eran probadas y exploradas por el cirujano, las mas de las veces introduciendo el dedo en el agujero de bala, con la intención de localizar o extraer el proyectil. Pero en la mayoría de los casos la bala se dejaba quieta  en su lugar  y a la espera que se enquistara y sanara o trabajara libremente. Todo era menos peligroso que la extracción. Un riesgo mayor se tenía si partes del uniforme, como los botones, se introducían junto con los proyectiles o los tajos en las heridas ya que se creía provocaba infecciones por la suciedad; de allí el habito de cambiarse por ropa limpia antes de entrar en combate o quitarse las camisas, lo que sólo era posible a bordo y no en campañas terrestres. Un riesgo temido era cuando partes de los bordados o de los hilos de las charreteras, en el caso de los oficiales, se introducían en una herida, ya que sobre que eran hilos metálicos, eran imposibles de extraer y causaban terribles infecciones.  

En punto a provisiones médicas, conocemos varias provisiones hechas en la época, además de las referidas de Campbell. Una de ellas es la del botiquín provisto a la “Consecuencia” de Bouchard al salir de Buenos Aires y sería el mismo, estimamos, que llevó luego “La Argentina”.  Fue comprado en Buenos Aires por el armador Vicente A. de Echevarria, en la botica de Don Manuel Hermenegildo Rodríguez, e incluía una caja completa de elementos de cirugía, de la que no se detallan los componentes, pero se sabe que costó siete onzas de oro, equivalentes a 119 pesos, de los 207 que costó toda la provisión médica, pagada el 26 de junio de 1817. [13]

En el listado de medicamentos se especificaba: 4 onzas de Álcali volátil a 4 reales onza; 8 onzas Agárico yesca en 6 reales;  8 onzas de hilo blanco salón en 12 reales; 4 onzas de opio electo a 8 reales onza; 8 onzas de alcanfor a 6 reales onza; 4 onzas sal de amoniaco a 4 reales onza; 2 libra crémor molido a  20 reales; 1 onza tártaro emético  en 8 reales; 1 lb. aceite de almendras dulces; 2 lb. extracto de Saturno;  8 onzas espíritu de vino; 6 libras de hilas 8 reales libra; 1 lb. ungüento de mercurio; 2 lb. ungüento de Altea; 1 lb. emplasto de And.s de la Cruz; 1 lb. de emplasto de ranas con mercurio; 1 lb. de emplasto confortativo; 8 onzas de éter vitriólico; 8 onzas de bálsamo católico; 8 onzas de Láudano liquido; Dos jeringas grandes; Una ídem chica; 2 lb. de simiente de sandía; 2 lb. de simiente de mostaza;  2 lb. de miel rosada; 1 lb. de aceite de trementina; 1 lb. de Zen oriental; Dos linimentos de Zumo de limón;  Malvas secas; 9 linimentos negros;  4 botes de lata;  3 frascos de cristal;  2 bolsas de lienzo. 

Del final de la Guerra de Independencia conocemos las provisiones médicas  y otros elementos remitidos el 5 de septiembre de 1818 al Bergantín “Maypú”, con cargo al cirujano Hunfredo H. White. [14]

4 onzas de ácido muriático; 4 de nitro; 6 de sulfúrico diluido; 2 libras de manteca de puerco; 4 onzas éter sulfúrico; 1 onza amonio; 1 de carbonate de amonio; 2 de liquor de amonio cáustico; 1 muriato de amonio en polvo; 6 ajengibre; 1 tártaro estibiado; 2 draginas piedras infernal; 6 onzas piedra laminar; 8 calomelanos; 4 alcanfor; 4 carbonate de magnesio; 4 cera amarilla; 4 ídem blanca; 1 libra ungüento de piedra calaminar; 8 onzas azúcar de salurro; 2 libras quina en polvo fino; 2 onzas confección aromática; 2 onzas ídem  opiata; 2 libras crémor de tártaro en polvo; 8 onzas ercla; 6 piedra lipis; 1 libra emplasto de plomo; 2 ídem de cantáridas; 2 ídem, ídem de aquilón simple con resina; 1 id de adhetivo; 5 onzas sulfato de hierro artificial; 4 ídem tintura de ídem vinosa; 4 goma gula; 10 onzas goma arábiga en polvo; 2 adarmes mercurio sublimado corrosivo; 4 adarmes de mercurio precipitado roxo; 12 onzas de polvos de ipecacuana; 1 libra de Jalapa; 1 extracto de Saturno; 1 magnesia  calcinada; 5 onzas polvos de mirra; 1 libra aceite de linaza; 1 libra aceite de ricino; 2 onzas de trementina; 2 onzas de esencia de menta piperita; 1 opio purificado; 1 opio en polvo; 6 píldoras de áloes y mirra; 8 ídem de mercurio; 8 de áloes compuestas; 5 polvos de ipecacuana compuestos; 8 id tragacantos compuestos; 4 leño de guacia; 12 polvos de ruibarbo; 3 libras jabón de España; 1 sen oriental; 5 onzas espíritu de nitro dulce; 3 ídem de lavanda compuesto;  8 esponjas finas; 20 onzas azufre en polvo; 4 de tintura de alcanfor compuesto; 4 id, de calumba; 10 id. Chinchona compuesto; 4 onzas tintura de digital purpúreo; 5 ídem. Muriato de fierro; 6 ídem de mirra; 8 de opio; 8 de ruibarbo; 5 de escita;  1 libra ungüento simple; 5 ídem de mercurio de partes iguales; 4 id de ungüento resinoso; 5 onzas vitriolo blanco; 2 libras hilas inglesas; 3 estopa fina; 22 frasquillos de tapa de cristal; 13 ídem de vidrio con tapa de corcho; 9 botes de barro cocido; 2 ídem de lata de a 4; 2 ídem  de a dos; 2 id de id de a 1;1 botellón grande; 6 frasquitos de una onza; 6 ídem de dos onzas; 2 espátulas; 1 mortero de piedra con su mano; 1 balancita con cajita y peritas; 1 losita para hacer píldoras.

Vistas las listas de extraños nombres de medicamentos solicitados, que mas parecen para un alquimista que para un médico naval, resulta interesante investigar la forma en que eran usados y posología de algunos de ellos:

El crémor tártaro se usaba como purgante en solución; la raíz de Ruibarbo era tónico y purgante, colagogo y astringente. El Azufre se usaba como laxante y diaforético en los estreñimientos; sobre las enfermedades de la piel, en las respiratorias y hasta en las hemorroides. El Tártaro emético se usaba en neumonías como antiflogístico y como emético; el de Antimonio como expectorante. Las píldoras mercuriales, que eran sales de mercurio, se usaban como purgantes, diuréticos y colagogos, a la vez que antisifilíticas y antisépticas. El alumbre en polvo se usaba como astringente en laringitis y ulceras. El Vitriolo blanco, que era un sulfato, se usaba como emético en envenenamientos y astringente de la diarrea. La Quina o Quinina, corteza del árbol del mismo nombre y contenedora de alcaloides,  como tónico o febrífugo; El  Opio que es un fuerte alcaloide se usaba como analgésico en todas las formas, exteriores e interiores, contra el insomnio, como calmante muscular y como sudorífico. El se usaba como estimulante; el Amoniaco inhalado era antiácido y estimulante de la respiración, en uso externo era rubefaciente. El Ajenjo era un tónico estimulante, febrífugo y emenagogo. Los ceratos -mezcla de cera y aceite de almendras- y los ungüentos a bases de ceras o resinas, algunos con mercurio, tenían variados usos, pero generalmente eran para uso externo en heridas o quemaduras; el Ungüento de Mercurio era una pomada para fricciones antisifilítica usada en afecciones locales. La goma arábiga,  en base a la savia sacada de la acacia, era la base para mucílagos  y jarabes.  Las semillas de Lino  se hervían y la infusión fría servía para hacer lociones fermentos o enemas y en polvo molidas, para cataplasmas; las de Cebada se usaban como demulcente y las de Mostaza en semilla o harinas, por ingestión, como estimulante y hasta vomitivos, en tanto que en pasta o molidas se usaban como contra irritante o revulsivo.  Las cantáridas eran un coleóptero o mosca que se usaba en aplicaciones como rubefaciente o vesicante violento, y molidas a polvo era ingerido como diurético y estimulante, pero era peligroso pues en grandes dosis era venenoso. El Agárico, que era en base a los hongos esponjosos parásitos del Alerce, se usaba para disminuir las secreciones excesivas, los sudores nocturnos, la broncorrea y la diarrea. La Ipecacuana era una raíz de efecto emético que se usaba como expectorante, vomitivo para las indigestiones o envenenamientos; expectorante para laringitis y bronquitis, anti-hemorrágica y anti-disentería. La Piedra Infernal era nitrato de plata y se usaba como cáustico. El Vinagre que era ácido acético  se usaba como cáustico, Y El Vinagre de  vino fue considerado algún tiempo cómo un efectivo preventivo del escorbuto. El Éter Sulfúrico se usaba por inhalación como estimulante cardiaco, antiespasmódico y analgésico. No se descubrieron sus propiedades como anestésico hasta 1846.  El Extracto de Saturno, era una solución de plomo que se usaba para preparar el agua saturnea con alcohol alcanforado, que a su vez era un estimulante y rubefaciente. El Mercurio dulce era cloruro de mercurio y se administraba en polvo, al igual que el Calomelanos que era antisifilítico y purgante a la vez. El Alcanfor, ya fuera en madera o semillas, era irritante y estimulante local, excitante de los centros respiratorios y vasomotor, se empleaba en neuralgias, cefalalgias y ataques maníacos. El aceite de olivas se usaba como linimentos y en emplastos. 

 


 

[1] Haythorntwaite, Philip J. "Weapons & equipment of the Napoleonic Wars" Arms & Armour Press, London, 1979-1996. Pág. 115.

[2] LAVERY, Brian: "Nelson's Navy....." pág 212 y siguientes.

[3] Cfr. Rodríguez, Horacio, Arguindeguy, Pablo: “Nomina de Oficiales Navales Argentinos 1810-1900", Buenos Aires, Instituto Nacional Browniano, 1998, pág 469 y 473.

[4] Recién en 1825 en vísperas de la Guerra con Brasil, se empezó a hacer exámenes médicos a la marinería. Cfr. Abel L. Agüero: "La Sanidad Naval desde las Guerras de la Independencia hasta el fin de la Guerra con el Paraguay", Capítulo VIII del tomo IX de la Historia Marítimas Argentina, Editada por el DEHN, 1993, y   "Salud Guerra y Sociedad en el Conflicto de las Provincias Unidas con el Imperio del Brasil (1826-1828) Tesis para aspirar al grado de Doctor en Medicina - UBA Ftad. de Medicina. 1986. Copia cedida por el autor al Departamento de Estudios Históricos Navales.

[5] En los documento figura mencionado de varias formas Rearden, Rardon, Reasden, y fue castellanizado como Pedro Reyrdoni. por D'Onofrio, op cit 388.

[6] Carranza, Campañas navales de la R Argentina, citado por Liceaga, Jorge A. "La asistencia de los heridos en los combates navales de 1814", en Boletín del Centro Naval, año 74, tomo 73, Nº 625, Pág. 532 y sgtes.

[7] Según el Dr. D'Onofrio esta era una preparación farmacéutica a base de plomo, usada en tratamiento de quemaduras y algunas heridas de bala. Cfr. D'ONOFRIO, RÓMULO: "Los médicos que actuaron en las escuadras del Almirante D. Guillermo Brown" en "La semana médica".

[8] Cf. Liceaga, op.cit, 536.

[9] LAVERY, Op.cit.

[10] Sobre las características y acaeceres de las campañas corsarias en general recomendamos leer el  último libro de Miguel Ángel De Marco "Corsarios Argentinos" de Editorial Planeta de reciente aparición. 

[11] LEWIS: "A Social History of the Navy", pág 420 cit, cit. en LAVERY, Brian: "Nelson's Navy...."  pág 212 y siguientes .

[12] LAVERY, op.cit. 215.

[13] Archivo del DEHN, cajas del Archivo de Don Vicente Anastasio de Echevarría sobre el armado de la expedición de Bouchard.

[14] Archivo DEHN Caja 1313 carp 20

 
 
 
 

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