Historia y Arqueologia Marítima

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El misterio del Espora

Por Hormiga Negra, publicado por 1ª vez en la revista Bienvenido a Bordo y mas tarde en el Boletin del Centro Naval.

Una expedición dirigida por Carlos Vairo descubrió el esqueleto del Espora, la embarcación de Luis Piedra Buena que naufragó en mayo de 1873 en la isla de Los Estados, en la misteriosa bahía de Las Nutrias. Los crípticos indicios que el gran marino argentino dejó en su diario sirvieron como punto de partida a la investigación, que también dio con los restos del refugio que albergó a los sobrevivientes mientras montaban el Luisito, el cúter que los devolvió al mundo.

Imagínense ustedes una mujer bella, muy atractiva, a la vez que dura y adusta, con el peor humor del mundo. A ella, el carácter le defiende la virginidad. Pues bien, algo así es la isla de Los Estados.

Situada en la prolongación de la península Mitre, punta de la "bota" de la isla grande de Tierra del Fuego, separada de ella por el estrecho Le Maire, nunca, hasta hoy, ha sido verdaderamente colonizada. Hubo en San Juan de Salvamento una subprefectura y presidio en 1884, trasladados después a puerto Cook y por último a Ushuaia, y la Marina mantiene desde no hace muchos años un destacamento en puerto Parry, que acaba de ser denominado Capitán Luis Piedra Buena.

 Las causas de la poca inclinación a poblar naturalmente una tierra de más de treinta millas de largo y un ancho variable entre diez y dos millas, muy montañosa y con abundante -casi diría excesiva- agua dulce, es que su tierra es roca o turba y los intentos de llevar allí ganado fueron desastrosos, tanto para el ecosistema como para los que tuvieron tal iniciativa. En los altos riscos viven aún las cabras que llevó el propio Piedra Buena, convertidas en animales salvajes. Pero la ferocidad del clima se encarga de que nadie quiera quedarse para siempre. Llueve 288 días al año; cuando no llueve, graniza o nieva; la azotan vientos feroces del Sudoeste, que las cañadas desvían y aceleran hasta convertirlos en torbellinos; hace frío en verano y un frío espantoso en invierno; en fin, una joyita. Pero ojo, que es nuestra última isla grande de mar.

A Piedra Buena se la otorgó en propiedad el gobierno en 1868, pero don Luis solamente pudo establecer explotaciones de pingüinos y de focas en forma transitoria. En eso estaba cuando tuvo el accidente. El Espora, su buque, no era otro que el viejo Nancy del capitán Smiley, a quien se lo había comprado después de haber sido su capitán, cuando todavía pertenecía al norteamericano.

Como buen y astuto lobero, don Luis había creado una toponimia propia y en sus diarios e informes nombraba algunos lugares que no figuraban de ese modo en la cartografía contemporánea. Fue así que en febrero de 1873, muy acechado por acusaciones de ser agente argentino, debió abandonar Punta Arenas y se dirigió a su isla, cargando de pasada su olla en la que fundía la grasa de pingüinos en San Gregorio, estrecho de Magallanes. Después de varias vicisitudes, propias de la navegación en la zona, el Espora fondeó en la misteriosa bahía de Las Nutrias, de donde no volvería a salir.

Esta bahía de Las Nutrias fue totalmente ubicua para los historiadores, quienes la hicieron viajar desde la costa Norte de la isla hasta la bahía Crossley, pasando por la isla Año Nuevo, Basil Hall, Hoppner y Flinders, con su caleta Baiud. Sin embargo poco o nada se pudo encontrar en ellas que indicara fehacientemente que allí se había perdido el Espora. Porque aclaremos que Piedra Buena dejó un diario muy exacto y preciso de los acontecimientos (no de la ubicación) que culminaron con el desastre y su posterior salvación al construir el cúter Luisito, el único arbitrio posible para retornar a la civilización desde esa perdida isla, jamás visitada por nadie.

Diario de un naufragio
Manuel Campos sostenía que aquello había ocurrido en Hoppner, pero cuando estuve allí llegué a la conclusión de que,  si bien no era imposible haber construido una embarcación ahí, botarla si lo hubiera sido ya que todo es roca redondeada; además en las cercanías no hay árboles para obtener madera. La caleta Baiud, si bien presenta una playa de arena de leve declive, adolece de las mismas carencias que Hoppner. Crossley era un sitio probable, pues es una playa arenosa y en ella la arqueóloga Francis Chapman halló muchos restos de madera de naufragios, poco identificables por cierto.

Esta incógnita llevó a Carlos Vairo, acompañado por diversos equipos ínterdisciplinarios, a realizar una búsqueda exhaustiva del elusivo sitio. Le costó años y nada menos que sesenta y cuatro viajes a la isla. Pero de pronto, como un Cárter redivivo, la tumba de Tutankhamon, perdón, el pecio del navio de Piedra Buena se le reveló: allí estaba la quilla y algunas cuadernas coincidentes con la eslora, el desplazamiento y la madera del Espora; pernos, cadenas, boyas de fondeo, restos de una casa, un bosque de esos cipreses que crecen hacia arriba primero y reptando después (por la acción del viento) y ofrecen las más naturales y maravillosas curvas en sus troncos como para labrar las curvas de un nuevo barco. Y, para mayor abundamiento, una botella intacta de ginebra inglesa que era popular en aquella época en Punta Arenas; porque don Luis era un duro bebedor, actitud que él mismo consideraba la mejor manera de aguantar esos climas.

La principal razón para que a nadie se le hubiera ocurrido antes que !a bahía de Las Nutrias estaba al fondo de la Franklin, era que ese lugar es inhóspito, más aún que los de la costa Norte u Oeste, totalmente abierto al Sudoeste y de unos treinta metros de profundidad, salvo en una especie de amplia caleta, detrás de una barra de arena, con suficiente calado y fondo apto para anclar, que termina en un río-chorrillo de Las Nutrias, que quizá contribuyó a la denominación general del fondeadero.

Aunque, a decir verdad, el diario de Piedra Buena ya daba crípticos indicios. La cronología, siempre en el año 1873, fue la siguiente: 12 de febrero deja Punta Arenas; 13 y 14, fondeado en San Gregorio; 15, pasa la Primera Angostura; entre el 16 y el 18 en bahía San Sebastián; 20, comienza a cruzar el Le Maire, fondea en Crossley, vuelve a levar y fondea de nuevo en bahía de Las Nutrias. He aquí la primera pista que quedaba cerca de Crossley.

Entre el 21 y el 27 sale de Las Nutrias y entra buscando pingüinos; el 27 prevé temporal y a la noche fondea en Las Nutrias; el 28 a las 0500 se larga un fuerte temporal del SW. Larga cadena y se refugia bahía adentro, con playa de arena fina a popa "donde por lo menos varar en caso de desgracia" (sic). 1º de marzo: el viento rota al N; al bornear, el Espora toca una piedra y avería la mecha del timón. El 2, SSW con mucho mar; 3 y 4 Sur fuerte; el 5, NW; se pierde un bote; 6, 7, 8 y 9 con rotaciones y varias intensidades de viento; el 10 de marzo el ancla grande pierde el cepo y la chica garrea: Piedra Buena intenta varar al buque de proa en la playa, pero se le atraviesa, se apoya en la playa y comienza a saltar el calafateado por la marejada. El Espora no sale más de esa situación.

Don Luis desembarca a la gente y construye un refugio en la playa. Después de intentar salvar su barco, el 16 de marzo don Luis comienza la construcción de un cúter de unos diez metros de eslora y casi sesenta días más tarde -en pleno invierno, en ese clima, con gente que se le rebelaba, con pocas herramientas- lo bota el 11 de mayo y el 14 ya navega. En su regreso a Punta Arenas, adonde arribó el 27 de ese mayo, se dio el lujo de salvar a los náufragos del Eagle. Pero dejemos la historia de este marino cabal, que nos puede llevar volúmenes, y volvamos al presente.

Pues bien: el esqueleto del Espora, los restos del refugio y los otros indicios anotados más arriba es lo que Carlos Vairo acaba de descubrir. Se va a seguir explorando científicamente el lugar. Coleccionistas de recuerdos, abstenerse: eso es un valiosísimo patrimonio histórico que solamente debe ser tocado por especialistas. Ya van a ver la botella en donde apoyó los labios don Luis en el Museo Marítimo de Ushuaia. Pero si aún así intentan fondear en Franklin, esa vengativa dama disfrazada de isla se va a encargar de recordarles que a ese lugar sagrado únicamente pueden acceder los elegidos por Neptuno y Eolo, aunque no por eso dejan de ponerlos a prueba con feroces y olímpicas tormentas y otras manifestaciones de sus furias proverbiales.

 

Límites a la presencia humana en la isla de los Estados
Custodiada por expertos

El Poder ejecutivo de la Provincia de Tierra del Fuego e Islas del Atlántico Sur ha promulgado el decreto con fecha 21 de diciembre de 1998, que reglamenta la presencia humana en la Reserva basado en el artículo 54e de la Constitución de la Provincia, en la que ya se declaraba Reserva Provincial Ecológica, Histórica y Turística a la Isla de Los Estados, Año Nuevo e islotes Adyacentes.

Art. 1º Restringír, hasta tanto se elabore el plan de manejo para la Reserva Isla de Los Estados, Isla Año Nuevo e Islotes Adyacentes, el desembarco y tránsito de personas con fines turísticos en la Reserva.
Art. 2°: Prohibir la presencia humana que represente perturbación o alteración del ambiente natural de la Reserva y la residencia o radicación de personas.
Art. 3°: Exceptuar de lo dispuesto en el art. 2e de la presente, la presencia humana necesaria para el desarrollo de investigaciones científicas en la Reserva y para las actividades correspondientes al destacamento de la Armada Argentina.
Art. 4º: Las investigaciones científicas deberán ser autorizadas por la Secretaría de Desarrollo y Planeamiento, a cuyo fin las Instituciones y/o investigadores titulares de proyectos de investigación deberán presentar la solicitud fundamentada acompañada del proyecto.
Art. 5º: Se coordinará con la Armada Argentina la compatibillzación de las actividades del citado organismo nacional, con la conservación del patrimonio natural y cultural en el ámbito de la Reserva Provincial Ecológica, Histórica y Turística Isla de Los Estados, Isla Año Nuevo e Islotes Adyacentes.
Art. 6e: De forma.

 

Carlos Vairo

Aunque se recibió de contador y estudió ingeniería y administración de empresas, sus inclinaciones lo llevaron a mudarse a la sociología, que cursó en la Universidad de Buenos Aires, completada después con antropología, en La Plata. Como además es un navegante, asoció sus inquietudes aplicándolas a etnografía marítima, que perfeccionó en museos de Dinamarca y Noruega, donde entre Roskilde y Oslo hay mucho que ver, porque allí existe un verdadero culto por las embarcaciones primitivas.

Vairo recorrió además la costa americana, desde Perú hasta Ushuaia -donde vive habitualmente y donde ha fundado el Museo Marítimo-, realizando estudios propios de su especialidad. Por ejemplo, en nuestro Sur se abocó al conocimiento de las tribus navegantes y su afán de perfección lo llevó a reconstruir y probar en el Beagle una canoa yámana. Sobre todo ello escribió abundantes tratados y como corolario, impulsado por la poco conocida pero interesantísima vida de Luis Piedra Buena, revolvió media isla de Los Estados en busca de los restos de su buque, hasta que ahora dio con él, hallazgo fruto de su perseverancia y método científico, que no ha menester de más elogios.

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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