Historia y Arqueologia Marítima

HOME

Indice Informacion Historica 

Las memorias del crucero "Buenos Aires" Parte 3

Publicadas por el capitán de fragata Teodoro Caillet-Bois (3ª Parte) en el Boletin del Centro Naval Nº 517, Tomo LIV, Marzo/ Abril de 1936.

(Espero poder publicar la 1ª y 2ª parte mas adelante, cuando consiga copias de lso boletines 514 y 515 - Mey)

Año 1900 - Hidrografía
A comienzos de año hubo aún maniobras de escuadra, pero esta vez se limitaron a los tres cruceros acorazados, que se entendían muy bien entre sí; y a mí me dejaron tranquilo.

Recién con la siguiente primavera —septiembre— hicimos maniobras los tres cruceros Armstrong, primero en la boca del rio, y luego en Golfo Nuevo. Mandábanos el capitán de navio Valentín Feiberg, que se embarcó a mi bordo.
En Buenos Aires tuvimos luego —octubre— la visita del nuevo presidente brasileño Campos Salles, retribuyendo la dé Roca del año anterior, con una división de tres cruceros: Riachuelo, Barroso y Tamoyo, al mando del contralmirante Pinto da Luz, futuro ministro de marina. Esta visita dio ocasión a fiestas memorables de confraternidad.

Otra novedad de ese año fué que por primera vez se aplicó la ley de conscripción por dos años, sancionada para la marina el 13 de diciembre. Su aplicación resultó todo un éxito, dentro de la situación existente en cuanto a personal, y el ministro Rivadavia quedó muy satisfecho con su obra. A falta de la guerra con Chile, que, parecía haberse conjurado, las actividades de la marina se dedicaron ese año intensamente al relevamiento de cartas y al balizamiento del sur. No se hablaba de otra cosa, y puede decirse que fué ésa la era entre nosotros de la hidrografía.

Siguiendo mi ejemplo, el Brown, al mando de Sáenz Valiente, trabajó seis meses (verano 1899-00) en el canal de Beagle; el pequeño Gaviota levantó el cuarterón de Río Grande, también en la Tierra del Fuego; otro barquichuelo, el Bahía Blanca, sondó la bahía de San Mas; el Patria la de Camarones; el teniente Iglesias se ocupó del río Santa Cruz hasta la Cordillera. En Buenos Aires se inició un trabajo de mayor aliento y precisión, que ocuparía varios años, el relevamiento del Río de la Plata, pues aunque parezca mentira ni siquiera de tan importante estuario se tenía más que trabajos muy viejos o fragmentarios, hechos por marinos españoles e ingleses. (1)

De los demás no se diga; se navegaba con cartas británicas que databan de casi un siglo. .Se creó la Oficina de Hidrografía en Buenos Aires, y un buen Observatorio Metereológico en Año Nuevo; se publicó el primer derrotero argentino y por último se adquirieron varios faros, comenzándole por construir uno por Bahia Blanca y otro en la isla de Año Nuevo; este último debía relevar al de San Juan del Salvamento, construido quince años antes y cuya ubicación no era la mas favorable a aquella navegación, donde eran frecuentes los naufragios. La isla de los Estados era un verdadero cementerio de barcos.

1901 -El ministro Betbeder
Del año siguiente sólo recordaré dos o tres hechos. El fallecimiento del ministro Rivadavia, digno biznieto del ilustre presidente de ese apellido. Hombre de acción y corazón supo amalgamar la marina vieja con la nueva - el Pasado y el Futuro -y empuñó el timón en momento difícil, cuando había que pedir al país grandes sacrificios para crear una armada capaz de asegurar la paz. No era fácil reemplazarlo: Roca eligió a Onofre Betbeder, a quien acababa de entregar su despacho de capitán dé navio a bordo de la Sarmiento al regreso de su brillante viaje de circunnavegación. El ministerio de Betbeder fué el más largo que conocí, pues con un pequeño intervalo (ministerio Martín 1904-6), alcanzó hasta 1910. En líneas generales abarcó según veremos un período de desarme, seguido de un recrudecimiento de armamentos - los dreadnoughts -.

Otro recuerdo de ese año es el de una importante revista a la escuadra - mayo 17/ 18 - por el presidente Roca, la primera que se pasó en la rada de Puerto Belgrano. Estábamos allí todos los buques mayores, excepto el Garibaldi, que regresaría de Italia recién a los dos meses, y la escuadra "de mar" presentaba ciertamente buen aspecto. El presidente Roca nos inspeccionó desde abordo de la Sarmiento, que parecía un yate. Al felicitar luego a los marinos, les dijo: '' Parecía que una voz extraña, un secreto instinto nos hubiera impulsado a precipitar la organización de este poderoso elemento de seguridad nacional, indispensable a un país que crece y se agranda en todo sentido, que tiene dilatadas costas y puertos marítimos que amparar y proteger, y que siente de cuando en cuando así como ruidos incómodos y alarmantes...". Tuvo un recuerdo sentido para Rivadavia, "para quien la contemplación de esa escuadra hubiese sido el día más grande de su vida...".

En el puerto estaban ya adelantados el dique de carena y les rompeolas, pudiendo abrigarse los barcos menores. El paisaje estaba notablemente cambiado. Además de las obras militares había cantidad de casas de madera, y aún una o dos de mampostería ; y lo más notable es que por todas partes asomaban verdes cercos de tamariscos invadiendo al médano; ...hasta vimos plantaciones de eucaliptos ¡Nunca lo creyéramos!...

Cúpome el honor de conducir al Presidente de regreso a la Capital; viaje de casi 500 millas, que hice en menos de un día, pues sostuve fácilmente mis 21,5 nudos, lo que entonces se consideraba como extraordinario. En ese mi primer viaje presidencial mi comandante fué J. P. Sáenz Valiente, que al mes sería relevado a su vez por Félix Dufourg.

Recién en ese año (junio 1901) entré por segunda vez a dique de carena, en el que me pasé un mes. Revisáronme el casco y me hicieron cantidad de trabajos menores. El taller de marina había recibido importantes máquinas y estaba en condición de hacer reparaciones de consideración; entre otras de sus obras menores citaré la construcción de cinco vaporcitos de 40 a 70 toneladas que nos sirvieron muchos años y llevaban nombres de cetáceos y aves: Delfín, Pingüín, Cormorán, Petrel y Albatros.

A mitad de invierno (agosto) volví a Fuerto Belgrano, incorporado a la División Bahía Blanca, y Barilari nos zarandeó durante meses, alternando rada interior —frente al futuro puerto, aún sin atractivo práctico alguno—, con rada exterior, fuera de los bancos, donde las sudestadas nos hacían rolar hasta descoyuntarnos.

Maniobras de bloqueo del Río de la Plata -1902 El Puerto Militar
El ambiente internacional algo mejorado con los pactos de la Navidad 1901. Sin embargo, se producen aún incidentes desagradables y se reanuda la puja armamentista. Nuestro gobierno encarga a Italia otros dos buques, tipo Garibaldi siempre pero algo mayores, 7 500 toneladas. Chile contesta ordenando a astilleros ingleses dos acorazados, superiores también a los existentes y aún a nuestras nuevas adquisiciones.

A principios de año se movilizó toda la escuadra, 65 barcos entre grandes y chicos, y se llamó a servicio por dos o tres meses a los reservistas de marina —única vez que recuerdo se haya hecho tal llamado. (2) Estas maniobras, por su importancia, fueron comentadas aún en el extranjero. Fui insignia de la 2ª División de Mar, o "de cruceros", comodoro García Mansilla, y nuestra misión consistió en bloquear, a fines de febrero, el estuario del Plata, defendido por las flotillas, minas y baterías flotantes del capitán de navio Feilberg. Ese bloqueo lo hicimos durante dos días y sus noches, escalonándonos desde Punta Piedras hasta muy cerca de Montevideo, y comunicándonos con cuanto buque mercante entraba o salía, así de día como de noche. Luego entramos al estuario y fondeamos frente a La Plata en actitud hostil, para dar oportunidad a que se entretuvieran las torpederas atacándonos de noche. Fui objeto, en particular, de casi una veintena de ataques en cuatro horas, con gran despliegue de proyectores y toques de sirena; y la conclusión a que arribé entonces es que por más redes y minas "Petrusky" que se tenga,- no son sitios esos para andar de noche habiendo torpederas.

Cuando se cansaron las torpederas, atacamos nosotros con una fuerza de desembarco de unos 1 500 hombres al puerto de La Plata, defendido por el regimiento Artillería de Costas (jefe Aliaría),; este último simulacro fué el mayor del género que vi realizar en mis años de servicio. Y por fin, a la altura de Mogotes, tuvimos por mision destruir un convoy salido de Buenos Aires para el Sur (escoltado por la 3* División, Brown y los Libertad, al mando del capitán Oliva), evitando pudiera socorrerlo a tiempo la División de cruceros acorazados (Barilari). Este período de maniobras terminó con una revista que el día 5 de marzo nos pasó frente a Mar del Plata el presidente Roca, embarcado en la Sarmiento.

S. E. el Ministro de Guerra Coronel Ricchieri, sobre el parapeto de la Batería 3, 1901

Roca, escoltado por los cruceros acorazados, siguió luego viaje a Puerto Belgrano, donde Luiggi trabajaba entonces intensamente y donde iba tomando forma el Puerto Militar. El dique seco se había inaugurado el 2 de enero de 1902, con el San Martín, (3) después de lo cual entramos los demás barcos mayores. El Puerto Militar, una de las grandes empresas de su género en la época y desde luego la mayor de Sud América, fué muy visitado por buques de guerra y marinos de toda nacionalidad, y puede decirse que recién ese año de 1902 tuvo nuestra escuadra su base de mar.

Fuera de los dos meses que duraron estas maniobras, la mitad de la escuadra —los barcos más viejos— se mantenía en situación de reserva por razones de economía, con sólo tripulación-núcleo. En cuanto a mí, realicé aún, al mando del capitán G. Nunes, un viaje a Comodoro Rivadavia para traer de allí a. Puerto Belgrano al perito Moreno y al coronel Holdich, arbitro éste en la cuestión de límites con Chile.

Ese puerto de Comodoro Rivadavia no era entonces tal, ni tenía más que dos o tres casillas. Únicamente ofrecía a los botes la protección precaria de unas restingas contra la rompiente brava del Golfo de San Jorge. Nadie hubiera imaginado la riqueza encerrada en las capas profundas de su suelo. Después de ese viaje al Sur, hice otro al Janeiro en ocasión, de la trasmisión del mando presidencial en ese país. De regreso al Plata, entré a recorrido y estuve casi un año-entre Río Santiago, Gran Dock y La Plata. Creo que nunca hubo tanto buque como entonces en el Apostadero de Río Santiago.

Pues ése fué el año de los Pactos de Mayo, de que tanto oí hablar, que iniciarían mía larga era de concordia con Chile, dando fin a desconfianzas y zozobras que llevaban ya un tercio de siglo, a la vez que ofreciendo al mundo noble ejemplo de sensatez. Fueron el primer tratado general obligatorio de arbi traje entre naciones. Acontecimiento auspicioso al que alguien se refirió en estos admirables términos:

"En la hora trágica en que la sangre iba a enrojecer la tierra y él mar, Chile se olvidó de San Martín y Buenos Aires, a los que glorificara como a los padres de su libertad.

La Argentina se olvidó de la hermana en cuyo hogar durmieron sus hijos en la noche de Rosas; se olvidó de su historia.

La disputa se asió del acero y el encono brillaba en los ojos con un fulgor más frío que el del sable. ¡ Se hizo silencio en América, y cuando los altivos combatientes iban a pisar la arena y el rayo aniquilador iba a caer, el iris, como una gran bandera de paz, acercó en el amor a los hermanos y la América toda se regocijó..."

Los pactos, definitivamente sancionados por nuestro Congreso, fueron llevados a Chile en agosto 1902 por una brillante delegación de militares y marinos - Campos, Solier, Garmendia, Nunes, Martín... - embarcada en el San Martin, que iba al mando de este último.

Como consecuencia de las cláusulas de "discreta equivalencia", los dos cruceros acorazados que se construían en Italia, bautizados ya Moreno y Rivadavia, fueron cedidos al Japón, a cuya marina se incorporaron muy a tiempo (Nisshin y Kasuga) para participar eficazmente en la guerra con Rusia, que estalló casi de inmediato y de la que se ocupaban extensamente los oficíales de nuestra cámara. Chile se deshizo análogamente en favor de Inglaterra de los barcos que estaba construyendo en este país (fueron el Triumph y el Swiftsure).

Otras cláusulas imponían el desarme de fuerzas, en virtud del cual se desarmaron nuestros Garibaldi y Pueyrredón. Los otros dos cruceros acorazados entraron al Plata por primera vez y fueron a arrinconarse en Río Santiago, en situación de semi desarme. Puerto Militar se habilitó por ley para operaciones comerciales (sept. 1903).

En cambio de la inacción en que entró la escuadra se intensificaron otras actividades, y por todas partes, abordo y en tierra, funcionaban escuelas, en Río Santiago especialmente. Puede decirse que ese fué también, para la Armada, el período de las escuelas.

El desarme -1903
En los años que siguieron fueron contadas nuestras actividades militares. En 1903, con tripulación algo reducida, y con Vicente Montes de comandante, formé parte de la división de Instrucción en Río Santiago, y nuestras únicas salidas de importancia fueron dos hasta la boca del estuario, para escoltar a una división chilena (vicealmirante Montt, ex presidente, cruceros Chacabuco y Blanco Encalada), que nos visitó en retribución de la visita que le hiciera el año anterior nuestro San Martín. Tenía gran curiosidad por conocer a los colegas con quienes habíamos estado a punto tantas veces de irnos a los cañonazos, y en verdad que me produjeron buena impresión por su apariencia correcta y militar.

En 1904, mi comandante fué el capitán Daniel Rojas Torres  e hicimos un corto período de maniobras de División hasta Mar del Plata y Maldonado. En octubre el presidente Roca se despidió de la escuadra con una revista en Río Santiago, y tuve otra vez el honor de ser buque presidencial. El nuevo Presidente de la Nación fué el Dr. Manuel Quintana, con mi ex-comandante él capitán de navio don Juan A. Martín de ministro de Marina. Este ministerio duraría sólo dos años, y se señalaría por la obtención de una Ley Orgánica para la Armada, ley tanto tiempo deseada y que es la que aún rige. Además se encargaron a astilleros ingleses dos buenas cañoneras, Paraná y Rosario, destinadas a operaciones fluviales, las que se incorporarían en 1909, y que, con sólo cambio de calderas continúan todavía figurando honorablemente en servicio.

Durante el ministerio de Martín fué muy grande la actividad de la escuadra, se renovó el equipo de los arsenales y se recorrieron los cruceros acorazados que harto lo necesitaban después de los años de" inmovilidad y desarme. Quintana había dicho en su memorable mensaje inaugural que La Argentina seria una potencia naval en Sud América,.y los actos del ministro de Marina respondían a ese imperativo de la política, del gobierno nacional.

El ex-ministro Betbeder comandó la escuadra que en el verano de 1905 fué hasta Ushuaía, y luego, en el invierno al Brasil, pero yo no formé parte de ella. El último viaje se caracterizo por una nueva encalladura del 9 de Julio, buque de mala estrella por lo visto, en una roca desconocida de la bahía de Itapacaroya. Pero la disciplina y voluntad del personal pudieron más que la mala estrella, y todo se salvó felizmente.

A principios de 1906 falleció el presidente Dr. Quintana y le reemplazó el vicepresidente Figueroa Alcorta, quien llamó nuevamente a Betbeder para la cartera de marina.

Otra gran pérdida que experimentó el país ese mismo año de 1906 fué la de Carlos Pellegrini, hombre de acción y de pensamiento, "mezcla singular de ciudadano y de soldado", como bien dijo uno de nuestros veteranos.

Por mi lado, el año de 1905 y parte del 1906 los pasé con tripulación reducida a un núcleo y mis comandantes fueron sucesivamente José Masearello, Antonio Mathé y Quiroga Furque. Se me hizo un prolijo recorrido general en Dársena Norte, incluyendo desmonte y extracción de mis cañones mayores, como preliminar de un carenado en dique seco, en el que permanecí esta vez mes y medio.

Misiones diplomáticas
Este recorrido, que me dejó como nuevo, librándome de cantidad de pequeñas dolencias acumuladas en diez años de servicios, respondía a mi alistamiento para una comisión de importancia. El 6 de mayo de 1906 zarpé, al mando de C. Aguerríberry, conduciendo la embajada extraordinaria que llevaba a España el saludo argentino en ocasión del casamiento del joven rey Alfonso. Por segunda vez crucé el Atlántico, sentí la caricia de los alisios y el bochorno de los trópicos, admiré las islas encantadas de Cabo Verde, Canarias y Madeira, y participé en inolvidables fiestas en Cádiz y Cartagena, donde alterné con naves de guerra de todos los países del mundo. Era muy grande en aquel país la Madre Patria— la simpatía por la Argentina y ningún otro barco, acaso, fué recibido con tan honda cordialidad.

Al regreso toqué en varios puertos, entre ellos nuevamente la maravillosa bahía del Janeiro desde donde escolté, junto con el brasileño Barroso al americano Charleston, que traía a su vez un personaje de alta distinción, el primer ministro de aquel país, Elihu Root. En Montevideo, Root se embarcó a mi bordo; entramos al estuario con espesa neblina y, cerca ya de La Plata, toda la escuadra de río salió a escoltarnos hasta Buenos Aires (14 agosto).

De fines de ese año 1906 recordaré una misión memorable para la que fué elegido mi hermano 25 de Mayo; la de traer de Chile los restos del general Las Heras, uno de los Grandes de la Epopeya, que le fueron entregados con gran solemnidad en Valparaíso. Los demás buques fuimos revistados el 23 de diciembre en rada de Buenos Aires por el presidente de la Nación. El Belgrano volvió hacia entonces á Puerto Militar.

El encuentro en alta mar con la gran escuadra de Evans -1907
En 1907 tuvo otros dos comandantes: D. Rojas Torres y G. Scott. De ese año guardo un muy grato recuerdo, el del saludo a la gran escuadra americana —16 buques de línea-;- que al mando de Evans daba la vuelta a América por el Sur. Caso único en la historia mundial el de semejante viaje de escuadra, fué también único el de su encuentro con otra escuadra a trescientas millas de costa en el Atlántico  Sur. Esta segunda escuadra, de cuatro buques (dos acorazados y dos cruceros), era la nuestra, qué mandaba el contralmirante Oliva,' con insignia en el  San martin.

Establecido el contacto radiotelegráfico (se estaba en los principios del invento), avistamos al oscurecer los haces de sus proyectores y los seguimos toda la noche —ciudad de luces en medio del océano—. Al amanecer, 27 de enero, día hermosísimo, los cuatro barcos pintados de aceituna oscuro desfilamos a catorce nudos en línea de fila, a poca distancia de la larga fila endentada de acorazados color blanco, que navegaban a once nudos y rumbo paralelo, entre los hurras de las tripulaciones y la música de las bandas. Cuando el San Martín pasó por el través del Connecticut saludó con cañón a la insignia de Evans; éste, después de contestar, inició otra salva, de 21 cañonazos, desplegando a tope la bandera argentina. Caso único también éste de saludo a una nación a 300 millas de su costa, constituía una singular atención para nuestra bandera y fué retribuida desde luego tiró por tiro. Terminados así los saludos, los cuatro barcos oblicuamos a un tiempo 45 º; alejándonos gradualmente, y al estar a cierta distancia otros 90°, con lo que muy pronto los perdimos de vista.

Tuve la impresión de que nuestros movimientos se realizaron con precisión, hija de la experiencia y que no hicimos mal papel. Por otra parte supe después que esa impresión, la de una real navy, even if small, fué la que reflejó un libro que de su viaje publicaron los americanos (4).

En abril y octubre hicimos otros dos viajes hasta Madryn, para instrucción de conscriptos y prueba del estado de mis máquinas, a toda fuerza. A más del excelente balizamiento del Plata, pude apreciar en esos viajes cuánto habíamos adelantado en lo relativo a facilidades de navegación en la costa Sur. En Punta Asunción, Punta Delgada, Vírgenes, Año Nuevo, etc., había faros de primer orden a destellos vivísimos. En Puerto Belgrano y Deseado se llevaban a cabo importantes relevamientos.

En febrero 1908, siendo mi comandante Julián Irízar, el presidente Figueroa Alcorta vino con la Sarmiento hasta San Borombón a presenciar nuestro ejercicio de tiro. Después hubo una movilización general y maniobras parecidas a las del año 1902. Mi División, la de Cruceros, mandada por Domecq García (insignia a mi bordo), debía evitar la junción de las otras dos (cruceros acorozados, Oliva, y acorazados viejos, Dufourq) ; maniobras siempre interesantes y que recuerdo con gusto. En este caso logramos avistar por separado a las; fuerzas enemigas, una al atardecer y otra a la noche, concentrarnos y batirlos. Después hicimos un bloqueo del estuario, con lo que otra vez tuvimos, entre Punta Piedras y Montevideo, la zarabanda nocturna de torpederos, proyectores, sirenas y disparos. Por último, evoluciones de conjunto, al mando de Oliva, y revista en San Borombón por el ministro Betbeder.

Y al. año siguiente, parecida actividad. La eterna instrucción de conscriptos. Evoluciones de otoño hasta Madryn y Golfo San José con dos de los cruceros acorazados (Primera División de Instrucción; jefes sucesivamente Barrazá, M. J. García e H. Oliva); problema de encuentro de dos escuadras obstaculizado por una tercera; bloqueo de Bahía Blanca; viaje P. Militar - Buenos Aires llevando el minúsculo remolque de la torpedera Pinedo. A fin de ese año, comandante Ismael Galíndez, escolta en el estuario a una división francesa que visitó a Buenos Aires.

La revista naval de 1910
Uno de mis mejores recuerdos es el del año 10, primer centenario de la Patria, pues vinieron a visitarnos buques de todos los países del mundo.
A principios de ese año varios barcos hicimos navegación independiente por el sur. Conocí puertos nuevos y por primera vez fui hasta el imponente archipiélago del Cabo de Hornos; allí, junto a Sonda Franklyn, fué que encontré cierta tarde en alta mar la lancha a vapor del viejo acorazado Almirante Brown, encallado en esas regiones (roca desconocida en el canal de "Washington), lo que me dio la oportunidad de hacer las comunicaciones pertinentes al ministerio en procura de auxilio. Una vez más, también aquel barco logró zafar de su mala situación, y bien pudo decirse que "era argentino el Dios de los marinos".

A continuación, escoltado por el 9 de Julio, tuve el honor de llevar al Presidente de la Nación, Dr. Figueroa Alcorta, con su ministro de Agricultura para San Antonio, y luego a Montevideo conduciendo al Dr. Roque Sáenz Peña, quien fué objeto de importantes agasajos, como que era ya presidente electo de la Nación. A raíz de lo cual tuve apenas tiempo de prepararme para las grandes fiestas del Centenario, uno de cuyos números principales era la revista naval.

El 5 de mayo reuniéronse todas las divisiones frente a La Plata, y el 9 asumió el mando de toda la escuadra (4 cruceros acoraz., 4 cruceros, etc.), el almirante Howard, decano de los marinos en servicio activo. Howard izó insignia en el San Martin, buque jefe de la división cruceros acorazados, que mandaba Martín, mi ex-comandante; éste fué designado jefe de E. M. de la escuadra. Estábamos también los cuatro cruceros, con la insignia del capitán Díaz a mi bordo, los buques de río y los torpederos.

La línea argentina, con su cabeza a dos millas al NE de los malecones de La Plata, se extendía 4 millas hacia la rada de Buenos Aires; y a 1000 metros al N., y paralelamente se desarrollaba la línea de los buques extranjeros, agrupados por el orden de jerarquía de sus almirantes.

Comenzaron a llegar barcos de toda nacionalidad, y el 17 me tocó escoltar al Alfonso XIII, en que venía la infanta Isabel de Borbón, tía del rey de España. La rada se llenó de buques de guerra: los chilenos O'Higgins y Esmeralda —la flor de su escuadra—, dos españoles, dos italianos, dos alemanes, uno oriental, uno francés, uno americano, uno austríaco, y uno portugués; hasta el Japón había mandado uno, el Ikoma, desde las antípodas, pero por su calado tuvo que quedarse en Puerto Militar. Todos enviaban lo mejor, pero la delegación más brillante era sin duda la norteamericana, formada por cinco buques, de los que uno solo pudo entrar al Plata.

La revista naval tuvo lugar el 21, cuando con día hermoso desfiló entre nosotros el presidente Figueroa Alcorta abordo de la Sarmiento. Nunca vi después tan hermosa la rada. Un centenar de yates, vapores del tráfico fluvial, remolcadores ,etc, habían llevado millares de espectadores.

Después los cruceros acorazados entraron al puerto de La Plata, nosotros y varios extranjeros a los diques y Howard izó insignia a mi bordo. Las dársenas estaban maravillosas, especialmente de noche, con los engalanados luminosos de tanto barco, y cada día era una fiesta distinta; recuerdo muy especialmente la noche veneciana, en la que cada barco había engalanado su embarcación; hasta una torpedera se había disfrazado de fantástico pez, con centenares de lamparitas... Recuerdo asimismo las regatas, en que nos aventajaron los japoneses, las cinchadas en que ganó el team alemán, etc.....

Nunca hubo en el país fiestas mayores, y mucho se habló del admirable desfile militar del 25 de Mayo, en que participaron marineros de toda nacionalidad, sin exceptuar los del exótico Japón...

Los "Dreadnoughts" brasileños—
Una cosa me extrañó en estas fiestas: la ausencia de barcos brasileños. Me quedé con las ganas de ver al Minas Gerais, el primer Dreadnought de Sudamériea. El hecho es que las relaciones con el país hermano, por razones que no me parecieron muy claras y que fuera largo enumerar, pasaban por un mal momento, que podía relacionarse con el cambio de hegemonía naval consiguiente a las poderosas adquisiciones hechas por el Brasil. (Ley dé Armamentos 1904; modif. 1906; contrato por 3 grandes acorazados abril 1907).

El presidente Figueroa Alcorta y el ministro Betbeder venían señalando desde el año 1905 al país el peligro de estar desarmado frente a la nueva situación, pero nadie les hacía eco; y el Dr. Zeballos realizó, a partir de. 1908, una intensa campaña alarmista, en la que fué muy criticado; pero yo francamente creo que tenía razón, pues con campaña y todo se necesitó bastante tiempo para que el Congreso se resolviese a dar la indispensable ley de armamento (16 dic. 1908) (5).

 los dos meses de la gran revista naval hice un viaje al Janeiro, con el Patria, para traer de allí, de regreso al país, al presidente electo Dr. Roque Sáenz Peña; una semana de agasajos, que se repetirían luego en Montevideo. Y en noviembre nuevo viaje al Janeiro para la trasmisión de la presidencia llevando al embajador Dr. Montes de Oca y al almirante Howard; en esa ocasión fué que los brasileños tuvieron la atención delicada de colocar en su Centro Naval un retrato de nuestro almirante García Mansilla, recientemente fallecido. Y tres meses después, a Montevideo con otra embajada extraordinaria, la del Sr. Rosetti; otra vez escolta de naves de guerra, ... salvas,... engalanados,... visitas,... discursos;... verdaderamente llegué a cansarme de fiestas y ansiar el día de volver a los desiertos mares del del sur.

El presidente Sáenz Peña. - La gran revista naval en Spithead
Felizmente, a los pocos días de estar en Buenos Aires (marzo 1911) se embarcó a mi bordo el nuevo presidente, doctor Roque Sáenz Peña, para un viaje, no diplomático sino a la Patagonia; viaje que, como el dé Roca, duró más de un mes. En Comodoro Rivadavia se comenzaba a extraer el petróleo descubierto cuatro años antes; nos metimos en dos puertos, Deseado y Cook, que me resultaron angostos para la eslora; en navegación no exenta de peligros recorrimos los canales fueguinos dando la vuelta por el Estrecho; al regreso, cerca de Mar del Plata nos encontramos con nuestra escuadra, a la que el presidente contempló evolucionando un par de horas.

Sáenz Peña parecía gustar mucho de estos viajes. Después de Roca fué el presidente que más anduvo en los barcos de guerra, y compró además, un yate, el Adhara, para excursiones fluviales.Ese mismo año de 1911 tuve la suerte de representar a mi país en la gran revista naval de Spithead -—24 junio— en ocasión de la coronación del rey de Inglaterra Jorge V.

Nunca viera yo tanto buque de guerra reunido, varias filas interminables, casi 400 barcos, y quedaba chiquita la revista de nuestro Centenario, que tanto nos halagara el año anterior. Aunque todos los países se habían esmerado en mandar lo mejor que tenían, creo que con mi pintado blanco, como de yate, no hacía yo tan mal papel en la interminable línea de los buques extranjeros de color oscuro o grisáceo. Como recuerdo pintoresco citaré que el día de la Revista la salva general se anticipó por error de un barco extranjero, y que me costó mucho trabajo retener a mis artilleros cuando olieron a pólvora. A poco de llegar tuve un apurón cuando las instrucciones dispusieron fondear con grillete giratorio; nunca habíamos practicado la. maniobra, y el contramaestre aseguraba que no había abordo tal grillete; hasta que alguien lo encontró estaqueado en el techo del pañol...

Entre otros puertos que visité entonces, mencionaré especialmente el de Boulogne-sur-mer, pequeño de tamaño, pero grande por el honor de haber sido el último retiro del general San Martín. Nos arreglamos para estar allá el 9 de julio, aniversario patrio, y mi tropa se desembarcó para rendir honores al Gran Capitán. Mi comandante en este brillante viaje fué Enrique Fliess.

De regreso al Plata me tocó aún una visita de cortesía a Montevideo, para la fiesta nacional de _25 de agosto, visita que repetí al año siguiente, en que también fui al Janeiro (15 noviembre). En Puerto Militar me desmontaron uno de los cañones de 20 cm. para experiencias de polígono. Pues para entonces estaba a la orden del día en todas las marinas la cuestión artillería, y nosotros no debíamos quedar a la zaga. Y así fuí yo el primero de nuestros buques donde se, instaló una verdadera "dirección de tiro", en la que todos los datos eran centralizados en una oficina ubicada en la cofa, la que trasmitía correctamente a las piezas, mediante indicadores, (Vickers), los datos necesarios para el tiro...

El tiro llegó a hacerse muy preciso, y así fué que ése año —1912— incorporado a la 2ª División, hice por primera vez un verdadero "tiro de combate"; sin embargo, comparando con los resultados a que llegamos más tarde y con las modernas instalaciones de tiro, estábamos en la infancia. Además de una que otra comisión de menor importancia, tuve a fin de ese año el honor de llevar al presidente Roque Sáenz Peña, con tres de sus ministros, hasta Mar del Plata, donde revistamos la escuadra, con las consiguientes evoluciones, desfiles, ejercicios de tiro, visita a Puerto Militar, etc. En este viaje nos hicieron escolta los exploradores recién recibidos de astilleros alemanes, buquecitos más ligeros que yo, pero muy endebles; sin embargo, están aún en servicio.

Viajes presidenciales a los ríos. - La guerra mundial
Con el capitán Fliess realicé aun otro viaje en 1913, llevando al ministro de Agricultura a los yacimientos petrolíferos de Comodoro Rivadavia, que comenzaban a tomar importancia. Luego Fliess fué relevado por Beascochea. Los dos años que lo tuve de comandante fueron también de. los más activos de mi existencia. Sólo citaré algunos de los viajes de más notoriedad. Tal el primero, en el mes de mayo, llevando, al presidente de la Nación en visita de homenaje patriótico a San Lorenzo, cerca de Rosario. Así recorrí por primera vez el hermosísimo delta del Paraná, donde uno solo de los innumerables brazos tenía diez cuadras de ancho; más allá el cauce abarcaba más de_ una milla. El consabido viaje a Montevideo para la fiesta patria uruguaya, y luego, de inmediato, nueva excursión presidencial por el Paraná, hasta Rosario.

En 1914, fuera de las cortesías de siempre en Montevideo y en el Janeiro (cambio de presidentes), recordaré un viaje urgente —fines de diciembre— al desierto puerto de Santa Elena; costa del Chubut, viaje relacionado con la Guerra Mundial, que llevaba ya seis meses y se complicaba cada vez más. Parecidas fueron mis actividades en 1915. Viaje á Madryn, Santa Elena y Puerto Militar, llevando dos "carnadas" de cadetes navales. A Montevideo con el embajador general R. Fraga. A Comodoro Rivadavia con el ministro de Agricultura doctor Calderón. A Montevideo en busca del ministro de Relaciones Exteriores del Brasil Dr. Müller.

La prolongación de la Guerra Mundial impuso serias restricciones y economías, con lo que en 1916 disminuyeron mis tareas. Tenía yo yeinte años ya, lo que para un crucero es más que la madurez, y comenzaba a sentir uno que otro achaque que me atendían en los arsenales... Acababan de llegar al país el Rivadavia y el Moreno, modernos mastodontes construidos en los Estados Unidos, al lado de los cuales quedaban chiquitos y anticuados los Garibaldi, y con mayor razón yo. El hecho es que comencé a sentirme algo como fuera de ambiente, los primeros síntomas de la vejez.

Entre 1915 y 1916, al mando de R. Hermelo, me pasé largos meses en Puerto Belgrano, incorporado a la escuadra del almirante Domecq. Dividíase ésta entonces en dos divisiones, una llamada de instrucción, que durante un año preparaba sus conscriptos, mandada por el capitán Martin, y otra de Entrenamiento, cuyos conscriptos ya estaban instruidos, mandada personalmente por Domecq. Estuve bastante tiempo de reparaciones y dique seco. En julio merecí una vez más la distinción de recibir a mi bordo al presidente De La Plaza y de revistar con él la escuadra en rada de Buenos Aires, el día 8, en celebración del 'Centenario de la declaración de la Independencia. A pesar de la importancia de la fecha que se evocaba, no tuvieron estas fiestas, a causa de la Guerra, el lucimiento de las del año 10.

Arbolando insignia del contralmirante D. Rojas Torres, jefe de la División Instrucción, volví a P. Militar y luego hicimos maniobras, ejercicios, tema táctico, tiro de combate, etc., en Ma-dryn, el Rincón y Mar del Plata. Revista ministerial de fin de año en Puerto Belgrano. Tiro con la Escuela de Aplicación. Viaje a Río Gallegos conduciendo tropa...

Desde fines del año 16 mi comandante era R. Caminos. En julio 1917 arbolé una vez más insignia, la de J. Martin, mi antiguo comandante, ahora contralmirante, y en compañía de cuatro exploradores salimos a recibir en la boca del estuario a la escuadra americana del almirante Capperton. Este se estuvo una semana en Buenos Aires, a pesar de ser beligerante, y nosotros neutrales. Es que en esta guerra tremenda el poder del mar, representado por los aliados, ejercía su presión en todo el mundo, sin que nadie pudiera librarse del todo.

Después de lo cual se disolvió aquella división improvisada y entré a un largo período de desarme y reparaciones generales en Río Santiago - varios años - mientras en el Viejo Mundo llegaba a su desenlace el conflicto entre las grandes naciones.

Crepúsculo—
Recién volví a rearmarme en 1922, para dos viajes anuales al Janeiro, al mando de A. Esquivel y de M. Caballero. Mis achaques se habían agravado, y nunca fui ya el de antes; continuamente necesitaba arreglos en los Arsenales y lo cierto es que con la edad no habían aumentado mi importancia y mi expectabilidad, como ocurre con las personas. En 1923 hicimos una vez más evoluciones hasta Bahía Blanca, y - no se si atribuirlo al propio mal humor -; tengo el recuerdo de no haber visto jamás tanto mal tiempo seguido, tanta niebla, tanto chubasco... Por otra parte la escuadra, desde la llegada de los Dreadnoughts, dedicaba cada vez más sus esfuerzos al progreso del tiro, que se hacía en verdaderas condiciones de combate,- cantidad de oficiales habían pasado un par de años en la marina-norteamericana, practicando allí en los métodos más modernos. Y por más que me esmerara yo con mis dos cañoncitos de 20,. mi tiro no debía hacer gran papel junto a las andanadas de los grandes barcos.

Casi no vale la pena recordar esos años de mi vejez; mi vejez, sí, pues iba cumpliendo los treinta. Anualmente seguí partícipando en los ejercicios de escuadra, alternados con comisiones aisladas que perjudicaban a mí entrenamiento comparativo. Mi base era tan luego Puerto Belgrano como Río Santiago. A fines de 1923 el Ministro Domecq García se embarcó a mi bordo en Puerto Militar para ir a inspeccionar la escuadra. En esa. ocasión entré por primera vez al Puerto Nuevo de Mar del Plata, obra notable de ingeniería, recién inaugurada.

Una lavada luego de carbonear, Puerto Militar, Octubre de 1924

En 1924, viaje a Rívadavia, Madryn, y San Antonio, poblaciones todas cada vez más importantes, sobre todo la primera, donde de año en año surgían nuevas construcciones y torres para extracción de petróleo. Un par de meses después - abril, mayo, comandante Guisasola - nueva excursión a las costas, ya familiares del Sur,. En junio hasta Santa Cruz. Agosto, escolta a una división naval italiana (San Georgio y San Marco) de visita al Plata. Octubre, a Rivadavia, Madryn y S. Antonio con una Comisión de la Cámara de Diputados. Las evoluciones de escuadra terminaron ese año con una revista presidencial que se pasó frente a Mar del Plata. El presidente Alvear se embarcó a mi bordo para presenciar el tiro de división y revistar la escuadra.

Al año siguiente (marzo 1925, capitán Pincati), escolté al paquete Cap Polonio, que llegó al estuario trayendo al presidente de Chile, Sr. A. Alessandri, en viaje a su país; en esta navegación mantuve aún fácilmente veinte nudos durante varias: horas. En Agosto entré a Mar del Plata para acompañar al gran crucero de batalla Repulse, en que había venido a la Argentina el Príncipe de Gales, actual Rey de Inglaterra; en esa oportunidad tuve el honor de ser visitado nuevamente por el Presidente Alvear. En las evoluciones de ese año vi por primera vez participar nuestra naciente aviación naval; además actuaban en forma cada vez más completa minadores y rastreadores. En octubre el ministro Domecq García se embarcó a mi bordo para presenciar el tiro de combate frente a Mar del Plata, después de lo cual siguió conmigo hasta Buenos Aires. En noviembre fui una vez más al Janeiro en visita de cortesía para el aniversario brasileño del 8 de noviembre.

Y hubo de ser la última: Al regreso me amarré en Río Santiago y oí decir que ya no saldría más a navegar.
Debí presentir el fin. Una nueva ley de armamentos (año 1926) sancionó importantes refuerzos a la escuadra, incluyendo dos cruceros de tonelaje casi doble del mío y de 32 nudos en vez de mis- 23, decididamente mezquinos ya; esos cruceros se pusieron en grada, astilleros italianos, a fines de 1928. La llegada de los hermosos barcos significaría sin duda la eliminación de los viejos; y en efecto uno tras otro fueron radiados el 25 de Mayo y el 9 de Julio., además de numerosos barcos menores. Hasta último momento conservé ilusiones parecíame imposible que a mí me asignaran el mismo fin; que aún podría ser útil...

El Rey de España Alfonso XIII en el crucero Buenos Aires, luego de la llegada del buque llevando de regreso a España a los tripulantes del avion "Plus Ultra". Sevilla, 18.4.1926

Y en efecto desempeñé aún una que otra comisión menor, y una última embajada. Esta fué a Cuba, con motivo de la recepción del mando por el Presidente electo general Machado. Iba de embajador extraordinario mi antiguo comandante Martín, ahora único almirante del escalafón; mi comandante era Sarmiento Laspiur. En esta navegación, relativamente larga, sostuve aun fácilmente casi 14 nudos durante varios días lo que para un buque de 34 años se consideró como notable. En La Habana el único otro buque extranjero era el flamante crucero español Almirante Cervera, con el que trabé mucha amistad, pues ambos fuimos los niños mimados de la población...

Por última vez, en ocasión de venir el Presidente cubano a mi bordo, volví a verme lleno de visitas, de flores, de sonrisas... como en mis mejores tiempos. Pero fué a poco de regresar de este viaje, el 17 de mayo de 1932, cuando un nuevo decreto de radiación se refirió especialmente a mí y se encargó de disipar mis ilusiones poniendo brusco fin a mi carrera.

Quédame la conciencia de haber representado siempre dignamente a la marina argentina, y creo que ningún otro de núestros barcos ha desempeñado tantas y tan múltiples comisiones como yo...

(1) El principal levantamiento de conjunto, excelente en su época, fué el del piloto Oyarvide de fines del coloniaje. Ulteriormente agregaron los ingleses varios relevamientos parciales. • El Río de la Plata se fué aboyando, balizando y dragando en el primer tercio del siglo actual hasta convertirlo en uno de los mejor atendidos del mundo. Durante años se exigió a los buques mercantes en viaje aguas afuera que remolcasen cadenas para remover el barro del fondo.

(2) Según la memoria ministerial, el llamado de reservistas fué un éxito, concurriendo un 93%.

(3) Esta fué la inauguración oficial. Pero meses antes había entrado ya el Garibaldi, al regreso de su viaje a Europa.

(4) With the Battle Fleet por F. Mathews, 1908.

(1) Llamado a licitación para el 10 febrero 1909. Adjudicación de dos dreadnoughts a los astilleros norteamericanos de Fore River en enero 1910. Uno de ellos se construyó en Camden (Filadelfia).

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

Direccion de e-mail: histarmar@fibertel.com.ar