Historia y Arqueologia Marítima

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DESPEDIDA A UN SER QUERIDO

EL "CAPITAN CANEPA"

Por los Cap. lberto Casella y Alberto Valdez. Este articulo fue publicado en el Boletin del Centro Naval Nº 695, de Junio de 1973

La desafectacion del servicio de una unidad siempre sera un hecho trascendente, pero existen casos que van mas allá de los sentimientos en juego rente a cada una de estas ceremonias. El presente es uno de ellos. Al irse para siempre el A.R.A. "Capitán Cánepa", han quedado atras los albores de la investigacion científica en el mar. Sus campañas forman parte de la ciencia mundial y ellas han permitido mostrar a la humanidad los esfuerzos de un país que ha comprendido las ventajas indiscutibles del desarrollo técnico-científico para el normal desenvolvimiento de la actividades humanas en un mundo moderno.
Prólogo

El día 15 de diciembre de 1972, mientras nos preparábamos para concurrir voluntariamente a una ceremonia naval, pasaron muchos recuerdos por nuestra mente; recuerdos que nos hicieron comprender que esa ceremonia no era rutinaria, sino que dado su carácter particular nos traía a la memoria hechos gratos, anécdotas jocosas, muchos días en el mar y, por qué no también, sinsabores y amarguras. Ese día se daba el último adiós a nuestro querido buque oceanógrafico, destino naval donde iniciaron su aprendizaje dos generaciones de oceanógrafos militares (oficiales y cabos) y, por qué no decirlo también, de numerosos civiles que por primera vez largaban amarras para sacarle provecho al conocimiento del mar.

Mientras nos dirigíamos al Apostadero Naval Buenos Aires pasamos por distintas dársenas donde estuvo apostado nuestro buque: Madero y Belgrano, Madero y Cangallo, Dársena Norte, y nos hicimos en ese itinerario la promesa de escribir nuestras palabras de despedida, porque no era suficiente para nosotros el darle el adiós, sin algunas reflexiones que recuerden con mayor afecto tantos años de servicios prestados sacrificadamente por este navio para orgullo de la Armada.

La corbeta "Berry" y el buque "Gas Estado"

Durante la segunda Guerra Mundial, en los astilleros "Dominion Engineering Works Ldt." de Montreal (Canadá) se construyó la corbeta de ataque canadiense "Berry", que actuó en las últimas etapas de ese conflicto mundial. No existen antecedentes detallados de sus actividades canadienses, siendo posteriormente adquirida por el Gobierno argentino para ser transformada en buque transporte de botellones de gas y rebautizada "Gas Estado". La empresa Gas del Estado la modificó totalmente, dejándole una extensa bodega de proa hasta el puente y operó con ella en navegaciones regulares desde Comodoro Rivadavia a Buenos Aires. En el año 1954, por medio de un convenio entre la Armada Argentina y la empresa Gas del Estado, nuestra Institución adquirió el buque para dedicarlo a tareas oceanógraficas.

"Mensaje a García" para un teniente

En el año 1954, a un teniente de corbeta del buque oceanógrafico ARA "'Madryn" se le dio la siguiente orden: Vaya hasta la Boca, allí encontrará un buque que se llama "Gas Estado", la Marina lo acaba de adquirir; tome todos los cargos al personal civil que está embarcado y luego que termine esa tarea pida remolcadores y lo atraca al lado d-el ARA "Madryn".

El teniente comenzó a caminar por los diques buscando al buque de nombre raro hasta que lo encontró; embarcó y se encontró con un casco de corbeta y con una superestructura muy extraña. Desde la proa hasta el puente era una sola bodega, utilizada para transportar botellones de gas. Del puente a popa alojamientos, cocina y pañoles.

Luego de dos días de tomar los cargos en base a inventarios un poco distintos de los navales, el teniente consiguió remolcadores, práctico de puerto y llegó, con suerte, al costado del ARA "Madryn", atracado en Cangallo y Madero.

Durante un año aproximadamente el "Gas Estado" pasó por una etapa muy particular de su vida. Cuando el "Madryn" salía a navegar se encargaba del buque un oficial del ARA "Bahía Blanca" o del ARA "Ushuaia", previa entrega de cargos, donde generalmente faltaba algo, dada la reconocida habilidad de nuestro personal para conseguir elementos necesarios para los respectivos cargos de su propio buque.

Es decir, antes de estar incorporado oficialmente a la Armada, ya comenzaron las investigaciones por pérdida o desaparición de elementos de consumo o dotación fija. Y cada oficial del "Madryn", del "Bahía Blanca" o del "Ushuaia" que entregaba el buque, siempre lo hacía con novedades.

Una mañana, el Comandante de uno de los buques de la andana observó al llegar a bordo que el injerto de la Agrupación Naval Hidrográfica estaba más bajo que lo normal; ordena verificar amarras y se verifica que estaban completamente tesas. Se inspecciona el "Gas Estado" y se comprueba que estaban inundados sus "cofferdams" por haber entrado agua por la bocina del eje de la hélice. Nuestro futuro amigo ya comenzaba a cansarse de su inactividad y hacía lo imposible para hacerse notar de cualquier forma.

Con motivo de los sucesos de Junio de 1955 y a efectos de prever acontecimientos futuros se decide cambiarlo a un apostadero más "tranquilo", con el argumento de que estuviera más cerca del astillero naval que se encargaría de las modificaciones. Las comillas colocadas por los autores tienen un significado especial. Los que decidieron el traslado a Río Santiago no imaginaban que en ese fondeadero se desarrollarían acontecimientos importantes para el país el 16 de setiembre de 1955, con gran riesgo para el futuro ARA "Capitán Cánepa".

Peripecias en Río Santiago

El 23 de abril de 1955 ya estaba designado su primer Comandante, que a la sazón fue el entonces capitán de corbeta Eudoro D. Díaz de Vivar, con una Plana Mayor formada por una serie de oficiales del ARA "Bahía Blanca". Su lugar de amarradero fue en el muelle del Astillero Naval Río Santiago, a popa del torpedero "La Plata", y allí quedó a la espera de su modificación como buque oceanógrafico, pero ahora con tripulación estable. Nuestro amigo fue un solitario y silencioso testigo de los gloriosos acontecimientos de la noche del 15 y del día 16 de setiembre de 1955 en Río Santiago, que significaron la derrota de la segunda tiranía.

En la noche del 15 de setiembre su Plana Mayor y tripulación se trasladó a distintas unidades surtas en el lugar, dada la no operabilidad del buque, y el resto de los buques fueron a atracarse en los muelles de la Escuela Naval, quedando nuestro héroe solo y sin tripulación. Desde allí observó la gesta revolucionaria de Río Santiago y el bombardeo de la aviación, en incursiones horarias que casi lo hacen perecer antes de haberse afirmado su pabellón de guerra.Sabíamos que, a pesar de que no lo podíamos tripular pues sus máquinas 'no se podían poner en marcha y no poseía artillería, lo tendríamos de aliado en ese momento y siempre.

La ironía de la vida había determinado la conveniencia de su traslado a Río Santiago para evitar los inconvenientes producidos el 16 de junio de 1955, y el 16 de setiembre fue un indefenso testigo de lo acontecido y las bombas de la aviación militar casi hacen blanco en su sobreestructura.

Segunda transformación de la ex corbeta

Luego de lo relatado permaneció silencioso y ajeno a las tareas propias de su finalidad esperando cuál sería su destino, hasta que a fines de 1955 se decidió comenzar su transformación para poder afrontar los compromisos que el país habría de adquirir con respecto a la actividad a desarrollar durante el Año Geofísico Internacional.

Llegado ese momento (marzo de 1956), un teniente de fragata —en otro "mensaje a García"— recibía del Comando de Operaciones Navales la consigna de dirigirse a Río Santiago y proceder a la transformación del "Gas Estado" en un buque oceanógrafico adaptado a las normas de investigación más avanzadas de la época.

Nuestro amigo vivió de improviso el pasaje de una inactividad completa a una febril tarea; jefes, oficiales, marineros, operarios de talleres, proyectistas, químicos, biólogos, etc., invadían sus cubiertas. Sacudiendo las chapas de su casco se desprendía de mamparas y casillaje, para adaptar su estructura al fin que le esperaba. El "Capitán Cánepa", nombre con que lo honrara la Armada, era centro de sentida ceremonia y el entonces capitán de corbeta D. Jorge Grimaux se convertía, como primer Comandante, en el dueño de su nuevo destino.

El "Capitán Cánepa" sufrió estas variantes, no sin desasosiego. Veía que le abrían la panza para practicarle en el fondo una abertura de 2,30 m por 1,70 m, que comunicaría sus laboratorios interiores directamente con el mar; oía el largado de botellas inversoras desde sus cubiertas hasta las más grandes profundidades oceánicas; de redes especiales para recolectar "bichitos" del fondo del mar, de globos aerológicos, de magnetómetros, y este vocabulario, nuevo para él, lo mantenía activo pero nervioso, como si su sino desde el 16 de junio de 1955 fuera el de vivir de sorpresa en sorpresa. Aquel casco abandonado del que sólo quedaron las máquinas, poco a poco fue cobrando la estructura tan querida a los ojos de varias generaciones de oceanógrafos que hicieron escuela entre los mamparos de su casillaje.

El 27 de agosto de 1957 en su asta de popa se afirmaba el pabellón nacional; frente al mismo, nuestro querido amigo vio formada su primera dotación. Dos meses después la inactividad quedaría para el "Capitán Cánepa" definitivamente terminada; su proa abría surcos en el Plata rumbo al continente africano y quebraría las olas de tres océanos, durante quince años de servicios distinguidos, ya que el aporte científico logrado desde sus cubiertas para bien de la humanidad toda es digno de un reconocimiento perpetuo, pues su nombre junto al de "San Pío", "Uruguay", Challenger", "Discovery", "Meteor" y muchos otros, habrá de ocupar un lugar de honor entre los buques que pusieron a disposición del hombre un mayor conocimiento del océano.

Primer viaje oceanógrafico

5 de octubre de 1957. Lugar: Dársena "A"; hora: las cinco de la tarde; preparativos finales, el parte al Segundo Comandante del "Listo a navegar", y comienza para el "Capitán Cánepa" la primera campaña oceanógrafica. La más larga de su historial, no sabemos si la más importante, pero sin lugar a dudas la más trascendental por las anécdotas y recuerdos que han quedado atesorados en el espíritu de quienes fuimos sus primeros tripulantes.

Por ello, los que compartimos tu modificación "de la quilla a la perilla" no deseamos escribirte la memoria de ese viaje; sólo queremos sentarnos a la vera de tu muelle final y ponernos a conversar contigo, viejo y querido amigo, mientras los ojos se resisten a verte convertido en chatarra.
—Volvamos hacia atrás, ¿quieres?, a aquel 5 de octubre en que, separado unos pocos metros del muelle, tuviste que volver rápidamente a su costado porque se nos había "perdido" el médico de a bordo.
—Gran confusión; ni bien apoyé mi costado comenzaron a entrar y salir jefes y oficiales. Los honores de pito, tanto era el movimiento, ensordecieron mi estructura. ¿Qué pasaba?
—Había que conseguir otro "Brujo" para reemplazar al "perdido", decirle a uno cualquiera: "Mire, doctor, dentro de dos horas zarpa un buque de la Armada por tres meses al centro del Atlántico, ¿desea embarcarse?
—Sí, recuerdo. Vi llegar al nuevo médico, custodiado por varios oficiales que trataban de convencerlo de que la Armada le daba la "oportunidad de su vida" eligiéndolo para esa campaña.
—Así es. No sé si hoy, después de quince años, aquel teniente de fragata, al oír esta conversación, estará convencido de que aquélla fue la "oportunidad de su vida", pero sí estoy seguro de que recordará los días compartidos con emoción y cariño.
—¡También ustedes! ¡Se eligieron el lugar! ¿No había otra zona del océano donde la ciencia hubiera puesto sus ojos?
—No te faltaba razón. Atlántico Sur, Latitud 50°, los cuarenta bramadores que parecían haber tenido familia, porque a nuestros oídos sonaron como mil. Jamás vimos el sol hasta llegar a Ciudad del Cabo. ¡Treinta y cinco días! Y el "michi" cuando llamaba desde el puente, porque decía que las olas venían a 90° unas de otras. Y aquella singladura al garete, donde el temporal nos arrastró más de 120 millas. ¿Y el reaprovisionamiento de combustible en el mar con el "Punta Ninfas"?

—Sí. Tanto me costó acercar mi casco al de mi hermano que el otro Comandante relató un informe de odisea que les valió a todos ustedes una mención honorífica en sus legajos personales. ¡Egoístas! Nadie se acordó de colgar de mi bauprés una corona de laureles, cuando fui yo el que recibió los golpes de mar durante toda la travesía.
—¡Qué temporales! ¿Te acuerdas cuando el Comandante dijo que al llegar a Sudáfrica compraría un elefante para compensar el maldito rolido?
—Sí. Me acuerdo, como también recuerdo la actitud de aquel joven ayudante de laboratorio que oyendo la versión del Comandante y convencido de la seriedad de conceptos de todo oficial de Marina expresó: '"Si el Comandante se compra un elefante yo también tengo derecho a traerme otros animales".
—Y ahí nomás procedió a hacer la lista: "Un cachorro de elefante blanco, un mono, un papagallo, etc.".
—¿Y el químico aquél, medio gordito, ya "canchero", que aprovechando la oportunidad le fue sacando libras esterlinas con el argumento de tener que "girarlas" radiofónicamente, a fin de que a la llegada del buque a Ciudad del Cabo los animales estuvieran listos en el muelle?

—¿Y cuando para ganar tiempo entabló buenas relaciones con el carpintero para que fuera encarando, en navegación, la construcción de las jaulas?
—Cambiando de tema. ¿Recuerdan la cara del Comandante, militar estricto, cuando comenzó a ver caminar por mis cubiertas a los tripulantes con "modelitos" extraños? ¡Qué colección de boinas, camisas a cuadros y otros menesteres!
—Sí, pero no pondrás en duda que días después fue el propio Comandante quien dictó cada una de las modas a utilizar a bordo: Pantalón ancho. . .
—Descosido querrás decir. . .
—Digamos "ancho". Sigamos; pantalón ancho, campera añeja, pullóver de cuello alto, cámara fotográfica siempre a mano, "tester" de. . .
—De veras. Arremetía con cuanto aparato electrónico tenía yo encima. ¿Dejó algo sano?
—La sonda anduvo siempre. . .
—Sí. Anduvo siempre, llenándole los pulmones de polvo con olor a ajo al pobre "tordo", a quienes ustedes convencieron para ponerlo de guardia con la arenga aquella de: "en aras de la ciencia" o de aquel celebre lema oceanógrafico: "Si Oceanógrafo quiero ser, me tengo que...

—¡Basta! ¡Basta! ¡Dejémoslo ahí!
—¿Y qué fue del Segundo Comandante, aquel que no dormía nunca, que se quedaba en tertulia nochera hasta las tres o cuatro de la mañana y pretendía que a las ocho los oficiales estuvieran en sus puestos de trabajo?
—No sé si por la experiencia vivida o por qué, ni bien regresamos se hizo aviador naval.
—Será aviador, pero sabemos que desde las aeronaves que tripula, más de una vez habrá tenido ganas de seguir tirando botellas inversoras.
—Seguro.
—¿Y mi amigo "Colita", aquel fox-terrier mascota que evitaba el rolido sentándose sobre las patas traseras y apoyando las delanteras sobre mis mamparos?
—A "Colita" lo robaron al volver a Buenos Aires.

—¿Y aquel Jefe de Operaciones que en la derrota de regreso lo pasamos con un andarivel al "Punta Médanos", porque no contento con lo que había vivido se fue un poco antes de terminar la campaña a repetir experiencias en un buque americano? ¡Mira que hay fanáticos, eh!
—¿Se fue?. . . Lo mandaron, que es otra cosa.
—Más que Jefe de Operaciones parecía un artista de circo. ¿Te acuerdas cuando en la mitad del pasaje comenzó a subir y bajar desesperadamente cada vez que el andarivel se aflojaba o se tesaba? ¡Mira que hay tipos con gustos extraños!
—¿Y el civil que tenía que pasar después? Que al ver la calidad de la maniobra se escondió no sé en qué rincón de tu casillaje y lo tuvieron que sentar maniatado. . .

—¡Ciudad del Cabo! ¿Te acuerdas? ¡Cuántos recuerdos! El cónsul argentino, aquel que a nuestro retorno se apareció con tres superfortalezas sudafricanas y empezó a tirarnos las botellas inversoras que había mandado Hidrografía desde el aire, junto con cartas atrasadas y alguna prenda íntima que un oficial, morocho él, había dejado olvidada en alejada playa. . .
—¡Bueno!. . .
—¡Isla Gough!. . . ¿Me quieres decir qué fuimos a hacer a esa piedra tirada en la mitad del Atlántico?
—Razones operativas. . . ¡Qué centollas de locura nos comimos!
—¡Che! ¿Y el teatro vocacional donde siempre el primer actor era aquel joven ayudante de laboratorio —el de los animales— y que ustedes se empecinaban en que representara la parodia de Fausto? ¿Cómo era?. . . ¡Ya recuerdo!: "Yo soy Fausto, ¿qué queréis?". . .
—¡Bueno...!

—¡Qué viaje! '.Qué recuerdos! Qué manera de sacarle al mar sus secretos; cuánto se trabajó repitiendo el perfil que hiciera el '"Meteor" veintiocho años antes. ¡Mira que estos alemanes se eligieron el lugar!
—Así es. Pero está amaneciendo y debemos irnos, viejo y querido amigo. No te entristezcas. Quienes a tu bordo realizaron ese viaje vivieron trascendentales momentos, por lo que no habrán de olvidarte jamás. En el abrigo de su hogar tus ex tripulantes, al calor de las noches, siempre seguirán conversando contigo.
—¡Chau! ¡Hasta siempre!

Como expresara el Segundo Comandante del buque en la ceremonia de arriado definitivo del pabellón, "la fecundidad de su labor se mide por la realización de 42 campañas, 170.000 millas navegadas en un total de 2.800 días"', contadas sus pruebas de máquinas y navegaciones de adiestramiento, en un lapso de catorce años al servicio de la Armada Argentina.

Desafectación del servicio activo

A las 09,30 del día 15 de diciembre de 1972 se efectuó la ceremonia de arriado definitivo del Pabellón de Guerra y despedida del buque oceanógrafico ARA "Capitán Cánepa".
El acto, realizado en el Apostadero Naval Buenos Aires, fue presidido por el Jefe del Servicio de Hidrografía Naval y contó con la presencia de ex Comandantes, jefes y oficiales, y un grupo de civiles que navegaron en la unidad.
El Segundo Comandante, a cargo del Comando, pronunció una alocución y luego se arrió el pabellón y se desembarcó, desfilando frente a la nave escoltados por una Sección de Marinería.

Reflexiones finales
Así ha llegado el momento de despedirnos de ti, viejo y leal amigo, y nos embarga una sensación de tristeza y esperanza. De tristeza, viéndote ir hacia el descanso final; de esperanza, porque los valores espirituales que atesoras entre las viejas chapas de tu casco no morirán jamás. Son hijos de las reacciones humanas que te dieron vida, que quitaron de ti el frío de lo inanimado. Nunca serás chatarra; tu nombre ha quedado grabado en los anales de la ciencia del mundo entero; tus campañas han trascendido las fronteras de la Patria; tu casco no vencido seguirá cortando las olas de un mar pleno de recuerdos, y en el alma de cada uno de los hombres que se formaron al abrigo de tu casillaje tendrás el monumento de un recuerdo que se trasladará más allá de sus propias vidas a través del anecdotario que trasmitirán a sus hijos y a los hijos de sus hijos.

"Capitán Cánepa": Ya eres pasado de la Armada, pero permanente presente por la honestidad de tu linaje. Cuando generaciones futuras se acerquen al Museo Naval a contemplar objetos de tu vieja estructura, sentirán en sus labios sabor a agua de mar, porque tú eres mar, inaccesible mar para muchos pero no para ti, adversario y amigo del océano, de ese océano cuyos secretos nos permitiste descubrir, porque sin la protección de tu frágil y querido casco no hubiera habido ciencia.

¡Amigo! Querido amigo de aquellos que hoy Jefes, aprendimos en ti los rudimentos de las ciencias marinas. Amigo de aquellos suboficiales, marineros y conscriptos que fueron tus tripulantes. Amigo de los científicos civiles que en tus laboratorios desentrañaron los misterios que el mar no da ad honorem. Amigo de un pueblo, que indiferente al océano que baña las costas de su tierra, ignoró tus hazañas; todos, sin exclusión alguna, venimos a darte nuestro adiós y a decirte con voz quebrada por una emoción sin cuento: "¡Gracias! Nuestra gratitud, "Capitán Cánepa", habrá de ser eterna."

Resumen de su vida oceánica
A continuación de la Campaña Atlántico Sur, su actividad se desarrolló de la siguiente forma:

Campaña Fecha Millas navegadas
Drake  1 6-3-58 a 20-4-58  7.239.0
Meridiano 30-8-58 a 22-9-59  7.381.4
Cuenca 11-3-59 a 22-4-59 6.649.9
Drake II 29-6-59 a 7-9-59 8.198.3
Ionosfera I 24-10-59 a 27-10-59 569.0
Malvinas 20-11-59 a 15-12-59 4.263.8
Ionosfera II 22-3-60 a 31-3-60 1.550.8
Venia I . 22-4-60 a 16-7-60 10.162.2
Convergencia 27-2-61 a 29-3-61 5.119.5
Venia II 24-4-61 a 21-6-61 6.488.6
San lorge 17-10-61 a 22-12-61 6.696.9
Corrientes - Drake I 12-3-62 a 2-5-62 4.526.1
Tridente I 10-7-62 a 15-9-62 7.668.4
Tridente II 1 6-11-62 a 15-12-62 4.184.3
Tridente III 15-2-62 a 20-3-62 4.690.1
Tridente IV 21-5-63 a 3-7-63 3.925.7
Productividad II 12-9-63 a 23-12-63 6.775.8
Standard Tridente 16-3-64 a 5-4-64 2.955.6
Productividad III 22-5-64 a 9-7-64 6.205.8
Productividad IV 17-10-64 a 21-12-64 8.840.7
Drake IV 3-3-65 a 21-4-65 7.799.0
Cosstri I 29-7-65 a 31-8-65 3.564.8
Cosetri II 4-11-65 a 7-12-65 4.018.6
Standard-Tridente 2-6-66 a 21-6-66 2.254.0
Pesquerías I a XIV 1966 a 1970 51.093.5
Golfo Nuevo  27-4-70 a 10-5-70 1.971.6
Cánepa 11/70 10-9-70 a 17-10-70 2.722
Cánepa 111/70 10-11-70 a 18-12-70 4.789.5
Cánepa IV/70 21-3-71 a 30-4-71 2.373
Cánepa 1/71 19-10-71 a 18-11-71 2.113.8
Cánepa 11/72 -    
Golfo Nuevo/Deseado  11/72 18-9-72 a 19-11-72 2.584
 

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