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La verdadera historia sobre una invasión argentina en la Antártida

Carlos Biscioni, segun la entrevista que grabara al CN (RE) Jorge Chihigaren. Mayo del 2008

Tengo amistad con el CN (RE) Jorge Chihigaren, con quien por pertenecer él al Instituto Nacional Browniano y yo a ATNA, compartimos frecuentemente suculentas conversaciones sobre los temas históricos que nos apasionan.

Cierta vez estando reunidos en el INB, observé una bandera que me llamó la atención y le pregunté a Jorge de qué se trataba, pensando que tendría algo que ver con la historia de Brown, pero me respondió que era la bandera que él rescató de la Antártida luego de un episodio por demás singular. 

 

CN (RE) Jorge Chihigaren junto a la bandera mencionada en el artículo 

Al comentárselo a Charlie Mey de Histarmar, me envió el artículo que transcribo a continuación y que le envié a Jorge Chihigaren.

Tanto el artículo como las respuestas de mi querido amigo son de un valor histórico testimonial que considero deberían ser atesorados en los archivos de Histarmar.

Van entonces los textos. 

Carlos Biscioni


Churchill envió una fragata para repeler la "invasión" de las Malvinas por dos soldados Argentinos en 1953.

Por Cahal Milmo - © 2003 Independent Digital (UK) Ltd - 03 Enero 2004

Para Winston Churchill era una ruptura de la soberanía británica que valía una respuesta muscular - el envío de una fuerza de tareas para reclamar una pequeña isla rocosa en el Atlántico Sur invadida por una determinada fuerza de Argentinos.

El Foreign Office (Ministerio de Relaciones Exteriores Británico) ya había enviado un telegrama al gobierno de Buenos Aires quejándose de una "incursión armada en las aguas y territorios Británicos" e informando que la presencia de buques y tropas navales eran un acto de agresión indefendible.

Pero mientras un destacamento especial de 32 Royal Marines tomaba la costa por asalto para reclamar la isla Decepción, poco después del mediodía del 15 de Febrero de 1953 - unos 30 años antes de que hicieran lo mismo en Malvinas - encontraron que las feroces fuerzas ocupantes consistían en dos suboficiales de marina que estaban contentos de ser enviados de vuelta a casa.

Documentos dados a conocer recientemente en los Archivos Nacionales Británicos muestran que durante su segundo período como Primer Ministro, Churchill estaba tan preocupado de que Argentina tuviera intenciones militaristas en las Malvinas y otros territorios "Británicos" en el Atlántico Sur que envió una fragata de la Royal Navy, HMS Snipe, desde Portsmouth. En una nota personal a los jefes de Defensa, Churchill dijo: "Ciertamente una fragata debe ser mantenida en las cercanías de las islas Falklands... No me había dado cuenta de que vuestros recursos estaban tan constreñidos que aun una Compañía improvisada no pueda ser enviada a Puerto Stanley".

Cuando se supo un poco más tarde, en Febrero de 1953 que un aviso Argentino, el ARA Chiriguano, había establecido una cabaña, una tienda de campaña y una bandera en la isla Decepción, parte de las islas Shetland del Sur, a unos 400 yardas de la base británica, era el momento de la acción.

Un informe de la contraofensiva, dirigida por Marines armados con ametralladoras Sten, rifles y gas lacrimógeno, decía: "Sargento  y Cabo naval Argentinos los únicos ocupantes de la cabaña, no ofrecieron resistencia, fueron revisados por armas".  

 

Aviso Chiriguano.

Añadía: "Los dos hombres detenidos están descriptos como resignados y posiblemente contentos de dejar la isla". Ansiosos por no poner su "contra-invasión" como un acto de guerra, los soldados británicos fueron acompañados por el jefe de policía de las islas Malvinas. Los argentinos fueron arrestados y deportados y su cabaña desmantelada por las tropas británicas, junto con un campamento rival dejado por los chilenos.


 Estimado Carlos Biscioni. Le acabo de enviar un mail (en criollo correo electrónico, ojo no soy xenófobo) con comentarios sobre el artículo ingles que me involucra y allí incluyo una sugerencia a su consideración.
Como le digo en el primer mensaje, por favor haga las modificaciones en formato, sintaxis y toda otra  alteración que crea conveniente.


 15-05-08
Es el episodio que ocurrió. Usted ve hay mucha coincidencia con lo que le  relato y hay muchísima exageración y errores  por ejemplo:

- Puede ser y es muy probable que la fragata, que era la Bigbury Bay y no la Snipe que era un Aviso que solía aparecer por la zona como buque de logístico. De cualquier manera confirma la presencia en el área en previsión a lo que acaeció. Es probable que haya zarpado desde Portstmouth y pasado por Malvinas y embarcar al Magistrate, lo que explica el más de un mes de demora en aparecer por allí desde que tuvieran conocimiento de mi "invasión".

-"Feroces fuerzas de invasión"  Éramos tres Siddahrtas, sin armas y un científico (pseudo).
-
-"Éramos todos voluntarios: "¿Deseosos de vuelta a casa"?
 
"tomaron por asalto" Si. Tres tipos sin armas seríamos bárbaros para asaltar el Banco Nación en Plaza de Mayo ¡Éramos Feroces!
 
El 15 de Marzo, puede de ser correcto. Yo salí el 13 y regresé el 15 o el 16 a medio día
 .
- "Jefe de policía" Los suboficiales me contaron que era un policeman. Si hubiera sido e Jefe tendría alguna insignia y el típico casco.
 
De cualquier manera se trata de ese incidente, contado por los ingleses.
 
Me gustaría saber donde se publicó y en qué fecha. Puede tratarse de un dato resucitado después de la Guerra de Malvinas
 
En caso de publicar mi relato, podría considerarse como una entrevista para conocer la verdad de lo ocurrido.
 
Le agradezco mucho me lo haya enviado y cuando quiera hacemos la entrevista que me pidió para hablar sobre el tema.
 
Un abrazo. 

Jorge Chihigaren


Llegó el día, nos reunimos y yo, grabador en mano, me dispuse a registrar sus testimonios que transcribo a continuación.

 Carlos Biscioni


 ENTREVISTA CAPITÁN CHIHIGAREN

 JCh: - Bueno, cuando quiera, empezamos, yo le voy a contar toda la historia, aunque, por ejemplo, el origen de todo esto no lo puedo decir.

 CB: - Yo lo transcribo; usted, después lo lee y me dice: “Esto se puede dar a conocer y esto, no”. 

Entrevistado: Correcto, comencemos.  

INTRODUCCION: 

 Este es el relato de un episodio ocurrido en la Antártida en Febrero de 1953 relacionado con la soberanía nacional en el área, en el cual me tocó participar. La vivencia en el escenario de lo ocurrido  y la información que al respecto obtuve posteriormente, de fuentes que intervinieron en el proceso y de personas que en él participaron. Si bien es una pequeña historia, que no tuvo trascendencia pública, es útil conocerla como contribución al conocimiento de las capacidades para el desarrollo de actitudes que han asumido los oponentes y los participantes en el episodio y en la toma de decisiones que, de alguna, forma, podrían reiterase.

Agradezco a Carlos Biscioni la deferencia que tiene para conmigo al convocarme para escuchar este relato

 RELATO: 

JCh: - En 1952 era Teniente de Fragata con destino en la Base de  Submarinos  de Mar del Plata integrando la Plana Mayor de la Escuela Antisubmarina, que recién se inauguraba. Fue un año muy feliz, desde el punto de vista profesional porque tenía la oportunidad de embarcar asiduamente  en submarinos, en la corbeta escuela A/S ARA República y en casi  todos los buques tipo Destructores y Fragatas de la Flota de Mar y volar en  hidroaviones  Martin Mariner en tareas de instrucción y adiestramiento en táctica A/S, en el manejo y empleo de sistemas y armas específicas en esa, por entonces, novel especialidad en nuestra marina. También era muy placentero residir en esa hermosa ciudad. Pero se me ocurrió leer una novela de Herman Hesse: Siddhartha. 

CB: - ¡No me diga! Yo soy fanático: tengo toda la obra completa de Herman Hesse. 

JCh: - Usted  recordará, era un príncipe de la India que quiso ver qué pasaba en la vida común y se convirtió en un asceta, un ermitaño. Y llegó a convivir  compenetrado con la naturaleza al punto de entender el lenguaje del río próximo a su choza. Conversaba, filosofaba, con él que era, en su soledad, su gran amigo y compañero.

El argumento, en esta parte del libro, me causó un gran efecto al relacionarlo con la vocación del marino por su carrera elegida que lo hace comprender al mar, interpretar su lenguaje, y a pasar largas jornadas y meses, e relativa soledad respecto a sus ligazones terrestres. Pensaba que el mar exige que lo comprendan, que sepan interpretar su poema, la magia de sus señales, su placidez en la bonanza y su furia en su enojo. A no temerle pero si respetarlo, y mucho. Tal como le ocurría al personaje citado con  entorno en que vivía,

Ya había estado en la Antártida como Guardiamarina, a principios del ’48, embarcado en un destructor, el A.R.A. Misiones. Entonces en 1952, a pesar de estar en un destino tan atractivo tanto ‘profesionalmente como por el lugar privilegiado como lo es Mar del Plata, sentí el efecto del magnetismo antártico: habiendo estado allí una primera vez, se siente el impulso de volver. Además, era aún una época romántica para estas incursiones, porque tenía en ese entonces mucho de aventura.: Valga citar, como un dato ilustrativo, que las cartas de navegación eran muy precarias. Incluso, aun gran parte de lo que después se llamó “Mar de la Flota, que era el área más transitada,  no estaba del todo  sondada; de modo que no se  conocía bien lo que había  bajo la superficie. Este ejemplo denota que aun en esa época  había algo de aventura ¿no? Y mucho por explorar. Por supuesto en nada comparable a la aventura real y hasta temeraria, como sí lo  fueron  la de los exploradores del siglo XVIII, o la argentina de 1903 cuando nuestro país se hizo cargo del observatorio de  las Islas Orcadas cedidas por el explorador y científico escocés señor Bruce, la actividad del Comandante Luis Piedra Buena, las expediciones de salvamento y rescate  de la Corbeta A.R.A. Uruguay, ,las expediciones terrestres y aéreas argentinas que llegaron al mismísimo polo geográfico Sur, etc.

Mi idea no era ir a quedarme un año allí; era navegar  y explorar los mares del área y sentir la emoción de la aventura náutica.; Solicité ‘participar en la Campaña Antártica  1952-53 y fui designado a la Fuerza Naval Antártica, integrando un reducido grupo de unos seis oficiales y doce suboficiales que teníamos la tarea de establecer y ocupar refugios temporarios en tierra en los lugares que  seleccionaría el Comandante de  dicha  Fuerza de Tareas, que era el entonces  Capitán de Navío D. Rodolfo N. Panzarini, Dr. en oceanografía y meteorología y experto en asuntos antárticos, para afirmar soberanía en el sector antártico argentino.

Para esa tarea, habíamos hecho un curso en el Museo de Historia Natural Bernardino Rivadavia. Incluso hice un cursillo de taxidermia pues tenía la idea de embalsamar un pingüino; casi lo logro...

Me tocó embarcar en el A.R.A. Bahía Buen Suceso nave insignia de la Fuerza de Tareas. Zarpamos poco después de Navidad y ascendí a Teniente de Navío en plena campaña; el 31 de diciembre del 53.

A principios de Enero fondeados en la Bahía Media Luna, donde se estaba construyendo el destacamento A.R.A. Teniente Cámara y en plena operación logística de abastecimiento y habilitación del mismo, estando de guardia en el puente, dirigiendo las maniobras de las lanchas, las maniobras del aprovisionamiento etc. me hace llamar el comandante de la Fuerza de Tareas quien me dijo, más o menos, lo siguiente: Lo he designado a usted para lo siguiente: Va a embarcar en el Bahía Aguirre con dos  suboficiales que están en su grupo de refugios y se va a trasladar a con todo su equipo para ocupar un refugio en tierra: El Comandante de ese buque le dará instrucciones sobre la misión a cumplir” Se trataba de instalar un refugio en la Isla Decepción en caleta Balleneros anticipándonos a  que llegara la  presencia en el lugar de algún grupo de otro país.

En caleta Balleneros, que se encuentra hacia el oeste de la entrada a la gran bahía o mejor dicho al que podríamos casi llamar un mar interior, que en realidad fue el cráter de un volcán que en alguna época geológica y tal vez a causa de un sismo, se había desprendido una parte  la pared sur lo que ocasionó la invasión del mar formando ese mar interior. Sin embargo continúa aun la acción volcánica, de modo tal que en el extremo norte de ese espacio se producen erupciones del tipo de solfaratas que, como curiosidad, le comento que calientan  el agua de un pequeño lago cercano a la costa donde hay siempre agua caliente.

Mapa de la isla (Viaje Irizar 2004)

 CB: ¿No están allí los Fuelles de Neptuno? 

JCh: Los Fuelles de Neptuno son la parte sur de la pared  del cráter y tienen una altura variable de unos quinientos metros. Tienen una hendidura de unos cuarenta metros en forma de U de unos cincuenta metros de ancho, a la que denomina como la Ventana de Neptuno. Se les dio ese nombre porque de allí vienen los vientos predominantes en la zona. La entrada a ese mar interior, es precisamente la parte del sector de los Fuelles de Neptuno que sufrieron el desprendimiento que dio paso a las aguas que invadieron el cráter.

El Irizar en los Fuelles de Neptuno, campaña 2004

Esta brecha forma un pasaje bastante ancho pero la parte navegable en sí es relativamente  angosta.  Cuando uno entra con el buque, da la impresión de que se va a chocar contra la pared; da la impresión de que está pasando muy cerca. Y la prueba es que se acostumbra a arrojar papas las que no llegan a destino; uno cree  le va a pegar a la pared de los Fuelles que cae verticalmente y no llega,  porque está mucho más lejos de lo que se percibe;  la entrada a ese mar interior constituye  un espectáculo impresionante.

Pared de la entrada

En la época de este relato, cercano a la costa noroeste de ese mar interior se encontraba,  y aun está,  el Destacamento Naval Argentino que lleva en nombre de la isla. Y en caleta Balleneros (*) ubicada en el sector sureste de la isla en cuya costa sur están las laderas los mencionados Fuelles - una base británica. No existía ninguna otra ocupación permanente ni temporaria en toda la isla.


(* ) Conviene recordar que la caleta Balleneros había sido utilizada, antes de la II Guerra Mundial, por una factoría noruega de procesamiento de las ballenas, abundantes en la zona, la que contaba con grandes tanque donde se almacenaba el aceite de los cetáceos, el que era trasladado a Noruega por buques tanques de esa nacionalidad para su ulterior comercialización.

Al caer Noruega bajo el dominio alemán las instalaciones fueron ocupadas por Alemania, y fue utilizada por ellos como base logística de su flota, sobre todo por los cruceros asignados a la concepción moderna de “guerra de corso” (misión que tenía el crucero Graf Spee) y para submarinos, sobre todo para reabastecimiento de combustible que se almacenaba en los mencionados tanques.

Durante la guerra, anoticiados los británicos de la existencia de esa base, enviaron una División de Cruceros que los inutilizaron.


 Para 1953 las instalaciones, es decir la casa que probablemente haya sido el alojamiento de los noruegos, u otra nueva, estaba ocupada por el personal de la base británica.  A unos 500 metros existe aun el cementerio donde yacen los restos de personal de la factoría y marinos, entre ellos el famoso explorador Capitán Larsen.

Factoria noruega de Decepcion en 1947, a la derecha el cementerio original. (foto archivo Ledoux)

Caleta Balleneros era el único lugar conocido, hasta esa fecha, que podía utilizarse para aterrizaje de aviones livianos, utilizando “alfombra metálica” desplegable sobre el suelo que es de lava, en el espacio llano entre la falda de la montaña y la costa,  Había noticias que en alguna oportunidad fue así utilizada por avionetas livianas británicas para aero exploración.

Es oportuno menciona brevemente, a esta altura del relato, la situación antártica del momento: No estaba aun, ni en proyecto, el tratado Antártico que rige desde 1959. Varios países tenían, y tienen,  pretensión de soberanía en distintas o mismas áreas del continente basándose en las exploraciones, descubrimientos, continuidad geológica, cercanías de territorio etc. Nuestro país cuenta con derechos sólidos e indiscutibles sobre soberanía en el sector y es el único que ha mantenido y continúa manteniendo una ocupación permanente en el área. Desde 1903 sin solución de continuidad en Islas Orcadas que mencioné al principio. En el área norte del continente antártico- espacio que abarca la Península Antártica, (Península San Martín) -  la Argentina asienta su soberanía  en un sector triangular con vértice en el polo sur entre los meridianos 25º y 74º W. Chile reclama un sector vecino entre los meridianos 53º y 90ª W el cual, como se ve, parte del Este se  superpone en  con parte el sector Oeste del nuestro en un sector de 31º. Gran Bretaña se asigna para sí un amplio triángulo entre los meridianos  20ª y 80ª W  lo que significa que abarca, dentro de él, ambos sectores el argentino y el chileno.

En la época del relato no regía el Tratado Antártico, como queda dicho, pero si había un entendimiento de cooperación mutua ente nuestro país y Chile.

Volviendo al tema del relato: a las instrucciones recibidas debo agregar, como comentario accesorio, que  fui informado que cerca de la base británica habían preparado un espacio que servía como cancha de fútbol: allí, donde se para el centro forward, era el lugar apropiado para la instalación de nuestra casilla, según instrucciones recibidas.

Le sugerí al Comandante de la FT que tratándose de una ocupación de la naturaleza  descripta, convendría demostrar  que no  se trataba de una operación militar sino de un acto de relevamiento topográfico, o de algo similar. Que se trataba de una exploración de tipo de estudio geológico para lo cual podríamos agregar algún  especialista en geología o topografía  que se encontraba embarcado integrando el plantel científico del Servicio de Hidrografía Naval o del Instituto Antártico Argentino.  Propuesta que fue aceptada.

También me dijo que al finalizar la campaña, a fines de Abril, un buque de la FT pasaría para embarcarnos de regreso. Aclaró que eso se haría si no se encontraba el agua congelada formando un pack que impidiera la navegación. Esta advertencia fue para mí, lógicamente, muy ‘preocupante”, como mencionaré más adelante. Varios años después siendo Segundo Comandante del A.R.A. Bahía Aguirre comprobé que esta congelación puede ocurrir mucho antes que la fecha mencionada.

ARA BAHIA AGUIRRE

Los cabos primeros de mar Acosta y Jiménez, el geólogo y yo trasbordamos al buque mencionado, el trasporte el ARA Bahía Aguirre y zarpamos hacia la Isla Decepción. No pudimos entrar “en” (digo bien “en” y no “a” porque se trata del “mar interior” o bahía. en realidad no sé como denominarlo)  la Isla a causa de un témpano que, aunque chico, impedía el acceso. Se envió un equipo de especialistas, para hacerlo volar con carga explosiva. No hubo caso. Entonces, volvimos a Bahía Media Luna y nos transfirieron al Aviso ARA Chiriguano que, como era mucho más chico, podía maniobrar adecuadamente para sortear el impedimento. Entramos y casi enseguida con caída a estribor de 90 grados arribamos al fondeadero de  Caleta Balleneros.

Desembarcamos con nuestros enseres y equipos. La tripulación del buque desembarcó la carga necesaria para la construcción de la casilla en que íbamos a habitar, Mientras el grupo de construcciones preparaba el terreno y comenzaba construirla, armamos la carpa que utilizaríamos mientras tanto. La carpa era de  las empleadas en las campañas hidrográficas para el personal dedicado a los trabajos topográficos, para  la posterior  confección de cartas  o cuarterones de navegación:   Paño doble impermeabilizado, con piso de madera. El equipo de construcciones iba a edificar una casilla de, más o menos,  4 metros por 4, que fue nuestro alojamiento, montada sobre cuatro pilares de unos 60 cm., que abarcaba un pequeño espacio para cocina y otro para baño (sin ducha) y, a la vez,  aojamiento de un radio trasmisor y un generador para proveer energía para el mismo y luz eléctrica para la parte habitable. Cerca de la playa se estibó parte de  la carga necesaria para utilizar mientras duraba la construcción, es decir algunos víveres, cuatro  catres, farolas y combustible. Y lo más importante: el pabellón nacional. La dificultad que tuvimos fue encontrar algo que sirviera como mástil, ya que el pabellón era del tamaño utilizado por buque grandes los días patrios y ceremonias (denominado en la ARA “de primer tamaño”) Resultaba casi tan grande como el tamaño de la casilla. Probamos una costilla de ballena de las tantas que se encontraban en la costa, restos de la antigua factoría noruega, pero no resultó apta por su curvatura. Al fin el grupo de construcciones utilizó un trozo de madera para transformarlo en lo que necesitábamos, Cuando estuvo listo el improvisado mástil, en una breve ceremonia con todo el personal presente, instalamos el pabellón nacional. (Digo instalamos, y no izado, porque estaba clavado al  mástil – en la Antártida el pabellón permanece izado las 24 horas).  De inmediato y en previsión a que se levantara mal tiempo, lo que es frecuente allí, almacenamos en la carpa  elementos esenciales para la subsistencia. Por suerte, alcanzamos a llevar desde la playa, a unos 60 metros, dos de esas estufas que había antes, que se bombeaban, a kerosén tipo “Volcán”, un tambor de combustible; un cajón con queso y otro cajón con galleta marinera y los 4 catres con su correspondiente ropa de cama pues, efectivamente, se desató un fuerte temporal.

Poco antes del mal tiempo aparece el jefe de la base inglesa que era un ex piloto de la Fuerza Aérea Australiana, ya civil,  que había participado en la II Guerra. Vino a presentarme la queja verbal  por nuestro desembarco en “Tierra de su Majestad británica” Previamente había entregado una nota de protesta. (Y recibido la nota argentina) al comandante del Aviso; Yo tenía que demostrarle a los ingleses que no era por ellos que estábamos allí, pero no les podía decir el porqué. Opté por decirle, únicamente, que estaba en territorio argentino y que sería bienvenido a nuestra casilla cuando estuviera lista.´ El australiano se retiró sin hacer ningún otro comentario. Me di cuenta que le molestaba nuestra instalación allí, donde ya hacía mucho tiempo que estaban solos, más que el problema de la soberanía.

Pasado el temporal regresa el A.R.A.  Chiriguano y desembarca el grupo de construcciones. Finaliza su   trabajo y se completa el desembarco de la carga.

ARA CHIRIGUANO en Antartida

La casilla queda construida,  como dije antes, sobre cuatro pilotes, es decir elevada un medio metro del suelo para que la nieve no nos dificultara el acceso, pero resultaba muy apta para ser una casilla de fin de semana en el Delta del  Tigre pero  no para la Antártida donde  los vientos son de fuerte intensidad y el mal tiempo frecuente e imprevisto, como el que mencioné y que obligó no solo a interrumpir las tareas, sino al reembarco, justo a tiempo, del personal del grupo de construcciones y la zarpada del Aviso - por ser en tenedero poco apto para mantenerse fondeado- y salir al mar exterior.

Respecto del temporal mencionado, le comento que nunca  vi tan baja  la presión barométrica. En la Antártida es generalmente baja, pero no tanto llegó, a menos de 700 milímetros  (unidad que fue reemplazada por los Hectopascales). Quedamos aislados, dentro de la carpa, durante 3 ó 4 días, porque era imposible salir. El viento blanco. El viento huracanado y la nieve no permitían ver ni a un metro Era un temporal tremendo. Había momentos en que debíamos salir de la carpa, porque las necesidades biologías nos obligaban. Entonces, nos amarrábamos un cabo a la cintura y el chicote terminal a un parante de la carpa, procedimiento que nos servía de guía para regresar. Por suerte – mejor dicho por previsión acertada- el queso y la galleta que mencioné, nos sirvió de alimento, aunque el único, durante nuestra obligada permanencia dentro de la carpa. Las estufas, gracias a Dios,  funcionaron bien.

En cuanto a las instrucciones recibidas, me preocupaba mucho lo que me había dicho el Comandante respecto a nuestro reembarque al fin de la Campaña. Al principio creí que era una humorada – lo cual no era muy usual en él - pero más adelante me di cuenta que  podía darse el caso, dado que en esa época las campaña antárticas  finalizaban bastante avanzada la temporada, en abril y varias veces a mediados de mayo, como resultó esta. Me recordaba bien aquello de nos iban a venir a buscar “si se podía”, porque el mar interior, (permítaseme utilizar esta expresión) de la Isla Decepción, se congela en invierno. Se congela, entonces no pueden entrar los buques, porque se forma un pack bastante espeso y no pueden entrar. Algo así me ocurrió varios años después, cuando volví a la Antártida como segundo comandante del ARA Bahía Aguirre cuando, peor aún, en pleno mes de Febrero, el mar se congeló estando ya dentro de la bahía. Pero, como le dije, esta es otra historieta para otro momento.

Entonces ¿cómo hacíamos para invernar un año en esa casilla, con lo que ocurre en un invierno, nocturno hasta avanzada la próxima primavera, con temporales reiterados que suele haber y mucho más intensos que el mencionado, con la certeza, comprobada, que la casilla no resistiría los embates del viento, sin víveres ni abrigo suficiente? ¿Pedirle apoyo a los ingleses?: NO. El único recurso, si  ocurría que no nos podían venir a rescatar sería trasladarnos cruzando a pie todo el mar congelado hasta el Destacamento Decepción, si lográramos llegar, donde, tal vez, podrían darnos albergue durante los largos diez  meses que faltaban hasta la próxima campaña. Por tierra en invierno no era factible transitar por la costa debido a glaciares que la ocupan y, aun antes del invierno,  por los desprendimientos de grandes trozos de hielo.

Entonces, mi problema era explorar todo el contorno para imaginar por donde evacuar la isla Tal vez traspasando los Fuelles de Neptuno utilizando a famosa “ventana” que ya le  mencioné y de alguna manera descolgarnos por allí y llegar al  el mar abierto y que nos embarcáramos en una lancha del buque   que viniera a buscarnos. Para eso, tenía que recorrer, como dije, todo el contorno y trepar, escalar  hasta el borde de la ventana y ver cómo era del otro lado. Además ¿cómo conseguiría un cabo de la longitud suficiente para descolgarnos?  Bueno, “Dios Proveerá”  pensaba.

Pero había otro problema a resolver: la relación con nuestros vecinos. En búsqueda de la solución me ocurrió otro asunto interesante e inesperado que me ayudó en mi trato con ellos: Resulta que en la época de los noruegos y probablemente antes de la ocupación  británica que mencioné al principio y en previsión a lo que podía ocurrirle, y que les ocurrió, supongo, enterraron bajo la lava, que conforma el suelo de la isla, cargas de dinamita, explosivo utilizado en la caza ballenas. Este explosivo es muy sensible a la temperatura. Sabía, por el grave accidente sufrido por un compañero de promoción que años antes había transitado por el lugar y, sin saberlo piso un lugar donde yacía bajo la nieve  uno de esos enterramientos, lo cual causó una explosión que lo hirió seriamente. Durante mis exploraciones noté que desde algunos lugares salían desde bajo la lava unos cables conductores que convergían en la casa de los británicos. Esta circunstancia me sirvió para identificar y evitar las mencionadas cargas letales en mi afanosa búsqueda del acceso a las laderas de los Fuelles.

Me di cuenta que se trataba de una acción prevista por los british para ir eliminando esos peligrosos lugares para bien de su propia salud. Esto lo menciono para contarle lo  que sucedió días después. Durante un crepúsculo (la noche era muy breve) sentimos varias explosiones que hubieran sido asaz alarmantes de no haber tenido la experiencia casual mencionada, ya que encontré acertada mi sospecha. Aproveché la circunstancia para trasladarme a la base inglesa provisto de un botiquín de primeros auxilios para ofrecerles  ayuda aludiendo que había sentido “extrañas y sorprendentes explosiones” (strange and astonishing explotions)  y concurría a ofrecer asistencia anta la posibilidad de que tuvieran algún herido. El australiano se sintió conmovido y mucho me agradeció mi intención. Me manifestó que se trataba del festejo del cumpleaños de un  miembro de la dotación, que así era la costumbre, haciendo desaparecer las cargas mencionadas.  Pero no me invitó, el desgraciado, a entrar a la casa. Confirmada quedó mi sospecha.

Lo útil se puso de manifiesto al día siguiente: Encontrándome derritiendo nieve para tener agua en estado liquido, veo acercarse a Mr. Clarke, que así se llamaba el ex piloto Jefe de la Base inglesa, vestido muy prolijamente, y portando un bastón que supuse era la insignia de su mando, pues era joven y no rengueaba, que venía a expresarme su agradecimiento con un botella de whisky DEL MUY BUENO. Allí establecimos relaciones. Le entregué, en retribución, un buen trozo de carne que manteníamos en una “heladera natural” conformada por una capa de lava, sobre la cual una capa de carbón, una capa de carne y así sucesivamente, que daba excelentes resultados Recuerdo aun los ojos de asombro del australiano quien, seguramente extrañaba desde hacía mucho tiempo, el producto ganadero competitivo con el nuestro en aquellos tiempos. Luego yo, si, lo hice pasar a mi “cabaña”.

A unos cuatro o cinco días de estar ahí, llega una fragata de la Amada Chilena y desembarca un grupo de gente y, a unos 100 metros del refugio nuestro, construyen una casilla. Por supuesto, con los chilenos, muy buena amistad; tenia, además, la orden de mantener  muy buena relación y había incluso, un convenio de cooperación mutua como dije antes; me invitan a cenar a bordo, lo cual me permitió comer bien (uno de los suboficiales había asumido la tarea de improvisado cocinero y no era, precisamente, un excelente chef) y en amena y grata compañía: Todo muy bien. Por lo menos nosotros habíamos llegado antes a ocupar la zona.

Terminaron de construir la casilla, pero mucho más chica que la nuestra (apenas tendría 1,50 m de altura) y dejaron víveres pero no  tripulación; sí un gran cartel que decía “Base de la Fuerza Aérea Chilena” y la bandera nacional pintados en el techo. Habrán estado 2 días haciendo esa construcción y se fueron, zarparon. Es decir que establecieron su presencia  pero sin dejar gente.

HMS BIGBURY BAY

Pocos días después  aparece en la caleta una fragata británica, la HMS “Bighbury Bay” que  fondea en Balleneros y, al rato, desembarca de una lancha y viene directamente hacia el refugio, que estaría a unos 200 metros de la costa, un oficial inglés. Golpea la puerta, lo recibo; era un Teniente de Navío inglés vestido correctamente con uniforme “saco naval” en esa época con cuello duro, ( no un equipo antártico como vestíamos nosotros) con todas las formalidades victorianas propias de la Royal Navy   ( cuando no utilizan torpedos desde submarinos nucleares) Lo hago pasar y me dice, en inglés (yo estaba autorizado a hablar inglés), que venía por orden del magistrado (algo así como el gobernador) de las Falklands  (Por supuesto mencionó las Falklands, of course), que estaba embarcado en el Bigbury Bay, para invitarme a concurrir a bordo, a tal hora ( I don’t remember, now) de Greenwich (primer meridiano) y que me enviaría la lancha para trasladarme a bordo, porque el “magistrate” quería hablar conmigo, para discutir las razones de la ocupación argentina sin autorización de Su Majestad, la Reina, y que me invitaba a desalojar las islas, porque era un inmigrante sin autorización, (es decir, clandestino).

Pensé: “Oh! Is that so?” o sea ¡Con esas tenemos! Entonces, le contesté casi textualmente: “Dígale a este señor que se titula ‘magistrado” de Las Malvinas y dependencias que no lo reconozco como autoridad válida porque siendo Las Malvinas e Islas del Atlántico Sur, de soberanía argentina, no pueden tener un gobernador británico y que las Islas a que se refería no se denominan Falklands”. Segundo: Que en todo caso él debería explicarme a mí las causas de su presencia en aguas territoriales argentinas; Tercero: que si desea hablar conmigo, de cualquier otra cosa, con mucho gusto lo recibiré aquí, en esta casa que es donde reside la autoridad en la zona.

A todo esto el inglés me miraba con ojos de sorpresa y yo imaginaba lo que él estaría sintiendo sin comprender: que un “southamerican”, (hoy día “sudaca”) !estuviera dirigiéndose en esos términos, nada menos que al gobernador y representante de Su Majestad!

Lo único que quedaba por  hacer, era convidarlo con  grapa marca ‘El Globo’ que tenia provisto  ( ¡no del whisky mencionado! )  que no aceptó. No sé si por lo que estimó sobre la calidad de la bebida ofrecida, o porque se sintió molesto por mi respuesta,  Lo acompañé hasta la costa, como cortesía entre hombres de mar, para que se embarcara en la lancha en la que había venido y regresara a su buque. Al embarcar, me dijo: “Señor, le confirmo que a tal hora (no me acuerdo ahora) va a estar la lancha para buscarlo”. Le respondí: “Señor teniente, ratifico lo que le he dicho y le pido que le transmita ese mensaje al titular o magistrado, que para mí, no es tal aquí. ¡Good morning, Sir”!. Se fue.

 CB: - ¿En qué año sucedieron estos acontecimientos?

 JCh: - Fue en año1953 y daba la coincidencia que en ese año se conmemoraba el cincuentenario de la ocupación argentina en Orcadas, como mencione antes. Ya pasamos el centenario.

Unos días después entra a la Bahía el A.R.A. Punta Ninfas,  buque de reabastecimiento que formaba parte la F.T. comandado en  el entonces por el  Capitán de Corbeta D. Roberto Arena (Promoción 67)

ARA PUNTA NINFAS

Yo tenía una radio, radio transmisor – receptor, para comunicarme, pero por un problema de antenas, era casi inútil. Cuando el buque entra a la  bahía, y pasa por las cercanías me pude comunicar y le di el mensaje al comandante, de que necesitaba  ir a bordo. Cuando fondeó el buque,  cerca del Destacamento Decepción,  me mandó un helicóptero, que era de la Fuerza Aérea cuyo piloto resultó ser de la promoción equivalente a la mía, actualmente somos muy amigos Me vino a buscar, aterrizó ahí cerca del refugio; subí y aterrizamos a bordo, por supuesto en una plataforma donde apenas cabía la aeronave  lo que era casi una hazaña ya que unos centímetros de error y se iba al agua. Bueno, le informe al Comandante del buque lo que pasaba; le conté todo para que él informara con los medios de comunicación y las claves correspondientes que disponía, al Comandante de la F. T. lo que había ocurrido.

En ese momento, entra otra vez la fragata inglesa y el comandante del Punta  Ninfas manda una lancha con un guardiamarina con la clásica nota de protesta, y la invitación a cenar en su buque. La que no fue aceptada.

Horas después, zarpa el Bighbury Bay y envía al Punta Ninfas  un mensaje por foco, que decía: “Au revoir. Remember we shall meet again”;( Hasta pronto. Recuerde que nos volveremos a encontrar”). Regresé al  refugio en el helicóptero. Poco tiempo después zarpó el Punta Ninfas.

Esta segunda llagada del buque inglés, a poco de haber  entrado el buque argentino, me confirmó la suposición que el Jefe de la base británica de Caleta Balleneros informaba a la autoridad del que él dependía. Y la cercanía del buque ingles en la zona, probablemente, no casual. No volvieron  ni los ingleses ni los chilenos, hasta  alrededor de un poco más de un mes. Si entró el ARA Bahía Aguirre el que fondeó en Bahía Teléfono en las proximidades del Destacamento Decepción, y recibí la visita del Segundo Comandante el Teniente de Navío D. Reynaldo Tettamantti (P.71) a quien lo comenté lo acaecido. Aproveché para enviar de regreso al geólogo, en parte porque ya, evidentemente, no era necesaria su presencia sino también por su difícil adaptación al medio.

Pasado un lapso de más de un mes, durante el cual confirmé la imposibilidad de utilizar el pasaje por la costa para circundar por tierra la bahía para llegar al Destacamento en invierno, a causa de la travesía hacia dicho lugar efectuada por el geólogo a quien acompañé hasta pasado el glaciar amenazante y su preocupante búsqueda a su regreso a causa de no haber este cumplido la medida de seguridad convenida de estar de vuelta a los cinco días de su salida, descontados los días en que la meteorología reinante lo impidiera (que de haber existido los hubiera notado yo también) nos obligó a una expedición a investigar un posible accidente al pie del glaciar. Lo encontramos viniendo de regreso poco después de haber nosotros traspasado el mismo.

También en ese período sufrimos varios temporales que hicieron temblar peligrosamente la estructura de la casilla y el derrumbe sobre nuestros catres, de estanterías adosadas a sus mamparos (con “o” porque así se denominan abordo las mamparas con “a”, terrestres) para estibar algunas latas de reservas y enseres domésticos.

En ese período fracasé en embalsamar un pingüino por carencia de instrumental adecuado para quitar completamente la grasa protectora del frío bajo su piel, ya que  estaquee, extendida,  su piel para que se secara la grasa remanente en la pared exterior de la casilla. Un Squa hambriento en raudo vuelo en picada se lo llevó. Aun me arrepiento de haber matado el  ave “Duro de matar” como el titulo de la película. Omito el relato.

El Jefe del Destacamento Naval Decepción era el entonces Teniente de Navío D. Carlos J. Fraguio, (P.74) quien iba a permanecer allí todo el año. Me envía,  para invitarme y trasportarme,  al Destacamento a su mando uno de los dos aviones anfibios Gruman Goose que operaban durante la campaña de verano desde ese Destacamento que oficiaba como su base.

 CB: - Yo lo conocí ¿no fue embajador en Japón?

 JCh: - Fue agregado naval y años después, ya retirado, fue como embajador, para eso, para  desempeñarse como  agregado naval, aprendió japonés;

   El Comandante del avión era el Teniente de Navío, Rodríguez Blanco (P.74) quien me invita a trasladarme al Destacamento con la intención de volver esa tarde o al día siguiente. Necesitaba ir porque quería  que me explicaran cómo reparar el transmisor  y, si era posible, traer al mecánico de radio, y me arreglara el asunto. La cosa es que fuimos, me invitan a cenar, con la intención de volver al día siguiente. Aproveché para comunicarme por radiotelefonía con mi familia y para bañarme como la gente ya que en el refugio era una cosa muy inusual pues resultaba una operación engorrosa. Había que ir a buscar nieve en un balde, si no había nevado y la tuviéramos cerca, calentarla en la hornilla de la casilla para convertirla en agua líquida y alcanzar una buena temperatura para que  no se enfriara hasta llegar a la carpa, que se mantenía armada, sirviendo de depósito de víveres y para eventual uso para un breve e incomodo baño  utilizando el balde que, colgado de alguna forma, al inclinarlo vertía su contenido oficiando de improvisada ducha.

 Estimado Carlos, me parece que estoy haciendo muy prolongado este cuento, es decir que estoy derivando u orzando mucho, por lo tanto  saliéndome del canal...

 CB: Para nada estimado amigo, le ruego continúe ya que es un relato realmente apasionante.

 JCh: Continúo entonces. No fue posible regresar al día siguiente, como era la intención, ni por dos  días más a causa del mal tiempo que no permitía volar. Amainado el fuerte temporal pudimos decolar. Hicimos una gran gira por la Antártida; llegamos hasta el Estrecho de Gerlache, sobrevolamos el Destacamento Naval Almirante Brown, Bahía Esperanza, Melchior etc. En fin, toda una recorrida  magnífica.  Al medio día, llegamos ya de vuelta a Decepción, para desembarcar en mi refugio pero, desde el aire, veía la caleta Balleneros  pero  no veía mi refugio y no veía la Bandera Argentina que me habían provisto, que era como dije antes casi  tan grande como la casa, Y tampoco veía el refugio chileno.  No los distinguía porque por que no estaban, como lo supe después del acuatizar.

Bueno, acuatizamos, el anfibio trepa a la costa, desembarco y veo que me esperaban allí, el jefe de la base inglesa con otras personas que no conocía. El que ya era “amigo”, digamos, me dice cuando desembarco: “Señor, le recuerdo que está pisando tierra de Su Majestad británica”. Y siempre me hacía acordar Rodríguez Blanco, cuando yo le dije a Mr. Clarke “Ma! ¡Qué ‘Su Majestad ni qué Majestad!’ (En castellano)”.Junto a Clarke , un señor alto, de uniforme, que identifiqué por los galones y por la inscripción que tenía bajo su hombro derecho como de la “Royal Marine Corp.”. Se presenta como el Mayor Andrew. Y me dice, en ingles: “Debo comunicarle que usted está en tierras de Su Majestad británica”; y prosigue “que la casilla  que estaba acá ha sido desarmada y ha sido deshecha”. Están allí  sus pertenencias las de la gente que lo ocupaba y los elementos de ustedes y sus equipos, que usted puede retirarlos”. “Y le comunico que esta noche, su refugio y la construcción chilena, van a ser incinerados.” Le contesté: “Estoy en territorio argentino y su actitud es delictuosa”:

“Voy a ir hasta mi refugio y no voy a retirar nada”. Le pregunte donde estaba el personal: su respuesta fue: han sido embarcados y trasladados a tierra. Lo mismo los elementos de cierto valor que se encontraban en el refugio que han sido inventariados y los que oportunamente serán remitidos a su país. Insistí en saber  donde llevarían a los dos suboficiales y en que buque estaban, a lo que me contestó que no podía darme ese dato. Sí me dijo que habían sido detenidos por no tener autorización para encontrase en posesiones británicas. Remarcó que se los consideraba ciudadanos civiles y no como militares para no complicar la situación. También se negó a contestarme otras preguntas como el nombre del buque, cuándo había ingresado a la bahía etc. aclarándome que no podía darme ninguna otra información. Insistí en saber dónde estaba el pabellón nacional a lo que me contestó que se encontraba incluido entre los elementos de valor que habían inventariado y que serían devueltos oportunamente.

Le comento que me negaba a retirar algo del refugio como me ofrecía el inglés porque si lo hacía, pensé, estaría reconociendo su autoridad.

Finalizado este diálogo me dirigí, acompañado por Rodríguez Blanco y seguido por el Mayor y  Mr. Clarke al refugio. Al hacerlo me percibo que a una distancia de unos cincuenta metros, en un semicírculo y en posición de cuerpo a tierra se encontraban, con armamento de infantería, apuntándonos a los argentinos y al avión una veintena de infantes de

Marina. Nosotros no portábamos armas de ningún tipo y no las había en el avión en el que permanecían el copiloto Teniente de Corbeta D. Eduardo Pérez Tomas (P.76) y el mecánico.

Llegamos a donde estaba el refugio.  Desarmada la casilla y los paños , techo etc. prolijamente apilados y sobre ellos las pertenecían nuestras. También la carpa, los víveres etc.  No estaba el pabellón nacional ni el mástil. Tampoco los elementos meteorológicos ni el trasmisor ni el generador. El mismo procedimiento con la  casilla chilena. Reiteró el mayor su ofrecimiento de retirar lo que quisiera y reiteré mi negativa explicándole esta vez que él no tenía autoridad para concederme nada puesto que era yo la autoridad en la zona. Guardó silencio.

Bien, en esta situación poco, nada,  quedaba por hacer allí. Regresamos a la playa, embarqué al avión después del piloto y antes de cerrar la puerta de acceso les dije a los jefes ingleses,  en inglés, como Mc Arthur, cuando se retiró de Corea: “Remember; we will be back” (volveremos); “Rememeber, we shall meet again”  había dicho en señales de foco el comandante del la fragata inglesa al comandante del buque argentino.

Decolamos y ahora era mi problema era informarle al Comandante de la  Fuerza de Tareas. Volamos hacia donde estimábamos que estaba la Nave Capitana  y la avistamos  en las cercanías de Isla Media Luna  navegando rumbo a Decepción. Contactados por radio me comuniqué con el comandante de la FT. Le dije: “Tengo información de carácter secreto: no puedo decirlo por este medio”. Me responde: “Dígala”. Le informé sintéticamente lo acaecido. Me dice: “Recibido. Estamos navegando para Decepción para reunión de toda la F.T. Espérenos allí”. Comprendí que ya tenían conocimiento de lo ocurrido. Regresamos nosotros al Destacamento.

Varias horas después arriban al fondeadero  todos los buques componentes de la FTA: los 2 transportes: ARA Bahía Aguirre, y el ARA Bahía Buen Suceso, los  Avisos ARA Chiriguano y el ARA Diaguita, creo que era el otro y. además, el ARA Punta Ninfas. Cuando fondean todos los buques, me mandan la lancha para ir a la NC.

ARA Bahia Buen Suceso

ARA Diaguita

Lo primero que hice fue afeitarme la barba porque no era  reglamentaria en esa época; ahora sí. Llego al Bahía Buen Suceso y me estaba esperando arriba de la escala real un oficial y me  conduce hasta la cámara del comandante, por lugares no transitados para que no me viera nadie de la tripulación, sobre todo, los invitados y el personal civil. Así que, medio en secreto, me hace pasar a la cámara del comandante de la Fuerza, donde ya estaban reunidos todos los comandantes subordinados y el jefe del Estado Mayor de la FTA, que era el Capitán de Fragata D. Héctor Etchehebere (P.66). Yo interpreté  eso como una suerte de  consejo de guerra y  me decía a mi mismo: “de aquí a Martín García, (prisión militar), en un vuelo sin escalas””.

Ese grupo de comandantes, por supuesto que eran mucho mayores y antiguos que yo (de la Promoción 73), Capitanes de Corbeta (de la P. 67)  Silvio Casinelli, Eugenio Fuenterosa, Roberto Arena, Carlos Brañas, y Ricardo Fitz Simon. Imponía en mi, lógicamente,  cierta tensión pero quedé dispuesto a enfrentar la situación.

Se aflojó la tensión cuando el capitán Panzarini, quien había sido Jefe del Batallón al que yo pertenecía como cadete en la Escuela Naval me dijo, con su habitual modo de expresarse reposado y preciso, que relatara lo acaecido. Terminada mi exposición  me dijo que tenía información de Buenos Aires, que esto iba a ocurrir y por eso estaban ya zarpando hacia Decepción, y concentrando allí toda la FT.

Bueno, se resuelve en esta reunión  de comandantes, que al día siguiente o ese mismo día (porque ya era media noche), iba a ir el Capitán Etchebehere, a la base inglesa, a hacer una formal y enérgica  protesta. Yo le dije: “Señor permítame que, con el grupo de Infantes de Marina que tenemos embarcado, reconquiste la base que me han quitado”. Me dice: No, no; nada de violencia, porque no vamos a hacer eso, este es un caso que concierne a Cancillería.

La cosa es que se llevó la nota –de la que leí la copia- donde les decía, en muy correctos y diplomáticos términos, que reclamaba muy fuertemente sobre el atropello inglés, y que él se iba a abstener de hacer uso de la fuerza, en virtud de la tradicional amistad argentina británica y que reafirmaba la soberanía argentina; en fin, toda una carta redactada como para no reconocer y abstenerse del uso de la fuerza y transferir el caso a la discusión diplomática. Me autorizó el Cap.  Ethebehere a acompañarlo en la lancha, con la condición que al llegar a Balleneros no me dejara ver por los ingleses.

Bueno, ahí terminó el episodio en la Antártida; quedé embarcado hasta el final de la campaña en el ARA Bahía Buen Suceso, ya como oficial del buque.

Toda esta parte es la interesante pero, tal vez, lo es más lo que supe al regresar a Buenos Aires. Me enteré de cómo fue  el proceso que se seguía en la Capital Federal. Tuve la oportunidad de conversar mucho con el embajador que, en Cancillería, estuvo a cargo de la parte diplomática de todo el proceso y lo que supe también en Marina cuando busqué información de lo que había ocurrido aquí. Y esto es importante: cuando ocupamos la isla, inmediatamente, desde la base inglesa se informó a sus autoridades la ocupación nuestra, a raíz de lo cual vino la Fragata Bigbury Bay  con el “gobernador” de Las Malvinas, que ya estaba embarcado y se enconaba en le zona. Y supe que los ingleses, desde mi ocupación, supongo que a través de su embajada, habían hecho varios reclamos diplomáticos vía Cancillería. Y la contestación argentina fue en términos generales, similar a lo que le mandé decir al magistrado inglés. Y supe que el tercer reclamo que habían hecho, ya tenía forma de ultimátum. Pero ¿qué había ocurrido? Que el ultimátum lo mandaron (después, reconstruyendo los hechos con las fechas) cuando ya habían hecho la operación. Es decir, o por un problema de huso horario (tres horas de diferencia entre la Argentina y Gran Bretaña), o, tal vez, intencionalmente se daba que, cuando recibieron el ultimátum en cancillería, ya estaba concluida la operación  que le conté.

Supe también que, enterado el gobierno nacional, ordenó a las Fuerzas Armadas establecer la situación de apresto; se cortaron las licencias y se prepararon las condiciones de alerta, listos a la acción; la Armada estuvo lista a zarpar. Hubo una reunión de gabinete también –según me enteré- donde se consideró un avance. También me dijeron que el ministro de Marina, porque en esa época había ministro de Marina que formaba parte del gabinete, aclaró la situación imperante en base a la información de inteligencia que se tenía en el Servicio de Inteligencia Naval: Se apreciaba que, en Malvinas, Gran Bretaña había concentrado durante ese mes, una flota, – por la interceptación de mensajes y de comunicaciones – y que se estimaba que esa flota sería muy superior a la nuestra la cual  podría incluir  un portaviones. Además, con un grupo embarcado –no supe de qué magnitud -de infantería de marina (”Royal Marines”).

La conclusión fue, según las fuentes de las que recibí los datos, que el asunto se concretaría mediante un reclamo enérgico a Gran Bretaña, vía cancillería.

También, me dijeron, que esa noche los diarios vespertinos iban a publicar algo de la noticia y se les convenció de  no hacerlo. Agregaron que esa noche no se publicó La Razón. Este episodio de Caleta Balleneros nunca trascendió al público de modo que, oficialmente, no pasó nada.

Al encontrarme nuevamente, ya en Puerto Belgrano, con los dos suboficiales, me relataron lo sucedido en mi ausencia. Vieron que por tercera vez arribaba y fondeaba en Caleta Balleneros la fragata inglesa y que desembarcaba  un grupo numeroso de gente, a lo que no le dieron mayor importancia porque ya había ocurrido eso en  las anteriores oportunidades. Uno de los suboficiales estaba cocinando y el otro derritiendo nieve hasta que sienten que golpean la puerta del refugio. Era un agente de policía con el característico uniforme del policeman inglés. Se presentó como el policía Sullivan, hablando en correcto castellano por que había residido  varios años en la provincia de Santa Cruz,  y después se había radicado en Malvinas. Les pidió el pasaporte y la visa para estar en territorio británico. Ellos le contestaron que de ninguna manera, porque estaban en territorio argentino. Entonces, el policeman les dijo: “Señores, tengo orden del juez de Malvinas, de detener a todos los habitantes extranjeros en la posesión británica que no tengan la visa correspondiente.

Los argentinos la contestaron algo así como: Nosotros estamos en territorio argentino  y usted no tiene aquí ninguna autoridad ni tampoco ningún juez  extranjero así que lo mejor que puede hacer es irse de aquí. La respuesta del inglés fue: Desde este momento ustedes están arrestados.

Lo que parece que le contestaron los dos fue un “rosario” de imprecaciones. Entonces, este policeman, que entendía lo que decían, les dijo: Como ustedes saben, el policeman inglés no lleva armas. Por lo cual he pedido la colaboración de las fuerzas armadas para que apoyen la autoridad civil que yo represento; por favor, asómense”.

Estaban rodeados en un círculo por lo que vendría a equivaler a una sección de Infantes de Marina, me contaron que eran como treinta, los mismos que me rodearon cuando desembarqué del avión un par de días después. Resultaron ser marines que en viaje de retorno a Inglaterra provenientes de Corea, que al cruzar el canal de Panamá los enviaron a Malvinas para embarcarse en la Bigbury Bay. De modo que actuó  una parte de una compañía de Infantería de Marina fogueada veterana de guerra. En el refugio, ellos no tenían armas; no tenían nada; no llevaban armas.  De modo que fueron detenidos por la autoridad civil. Y fue una cosa muy importante porque no era para los ingleses una acción militar, pese a que estaba apoyada por una fragata inglesa, y por una sección de la Infantería de Marina y que en Las Malvinas, por si acaso, habían concentrado un importante grupo de tareas naval como le conté.

La operación coincidía con lo que me había dicho el Mayor Andrews en lo referente que no se consideraba a los suboficiales como militares sino como civiles para no complicar la situación.

Fueron embarcados en la fragata inglesa y trasportadas a Grietviken, islas Georgias.

Me contaron que  los trataron  bien pero lo que los mortificaba era la comida inglesa, Los tuvieron en las Georgias hasta que los embarcaron en un buque –el buque tanque Quilmes –de la Compañía Argentina de Pesca que transportaba el aceite de ballena de las Islas Georgias directamente a Noruega, con la orden de desembarcarlos a la entrada del Río de la Plata, es decir que los dejaron en el pontón Recalada del Río de la Plata, el pontón de prácticos argentino frente a Montevideo. Y de ahí fue a buscarlos un barco de la Base Naval Río Santiago. Ellos recordaban su  sufrimiento por el hambre que soportaron durante su permanencia en el buque inglés y en las islas, no porque no les dieran de comer, sino porque era la comida inglesa. ¡Que es otra cosa distinta! Lo había sufrido yo como pupilo en un colegio en Londres cuando era chico.

Al tiempo, ya destinado en el crucero ARA La Argentina recibo una citación del SIN (Servicio de Inteligencia Naval) para recibir una bolsa que contenía  las cosas que los ingleses habían rescatado del refugio. Así me reencontré con mi  ropa, mis uniformes etc., así como las pertenencias de los suboficiales  Y entre eso, ¡la Bandera Argentina! La tuve un tiempo y le hice hacer un cofre y la doné al  Instituto Nacional Browniano, del cual soy miembro de número y del Conseja Directivo y está ahí, con una inscripción, como donación y una inscripción: “Bandera que perteneció al refugio Cándido de la Sala, ocupado por los ingleses en  febrero de 1953·”.

Y acá viene una cosa que no conté aun: por qué se bautizó al refugio como “Teniente Cándido de la Sala”. Porque el Teniente de Navío Cándido de la Sala fue el primer oficial argentino muerto en combate durante la Reconquista de las invasiones inglesas de 1806 y tiene su pequeño monumento en la plazoleta que está frente el Círculo Militar, en Retiro, consistente  en un ancla y abajo la placa, que ahora han restituido con una no ya de bronce sino una de mármol (para evitar un nuevo robo) que dice: “En  memoria del Teniente de Navío Cándido de la Sala, primer oficial muerto en combate en la Reconquista”, justo en el sitio donde murió en combate. Era Teniente de Navío de la Armada Española (claro, en 1806, era Armada Española), pero él era argentino.

Yo quedé con una angustia durante mucho tiempo, por no haber tomado (aunque, evidentemente, no podía tomar nada) alguna medida; de no haber sido un “Teniente Cándido de la Sala”. 

Como corolario de este relato cabe citar lo que expresé a un General en actividad, Director de la Escuela  de Defensa Nacional con quien tenía una audiencia el 2 de Abril de 1982, quien muy  molesto me recibió diciéndome: “Vea señor capitán yo, general de la Nación, sé que el país está en guerra escuchando el noticioso de Neustadt”. Y le dije: “Señor general, le voy a contar una historia y verá que si por tres personas que ocupábamos un refugio en la Antártida movilizaron una flota  que triplicaba la nuestra. Haga una regla de 3 simple. Dicen que hay 3.000 hombres en Malvinas; los ingleses van a movilizar lo que tienen más lo que no tienen”. Y así fue.

 CB: - Una pregunta: ¿Podemos coordinar un día para ir a ver y tomar un par de fotos a la Bandera, al Browniano?

 JCh: - ¡Ah! Pero ¿cómo no?!

 CB: - Porque esto tiene un valor histórico impresionante. Yo nunca lo leí en ningún lado.

 JCh: Hay un libro que escribió el Capitán Enrique Pierrou, (P.72) lamentablemente ya fallecido, quien estaba  en el Servicio de Hidrografía Naval, a cargo de la Sección Antártida titulado “La Armada Argentina en la Antártida”. Relata este asunto. Pero lo relata según lo que él supo; lamentablemente, nunca me llamó. le hubiera contado esta historia. Cita este acaecimiento en esa forma,  como una cita. Es un hecho no conocido. Se mantuvo, tal vez ex profeso en reserva. Han pasado ya  cincuenta y cinco años y en ese lapso han ocurrido muchas cosas. Incluso una guerra.

 FIN DE LA GRABACIÓN. 

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Early in January the ship was deployed for exercises with NATO ships before beginning an extensive foreign visits programme to ports on the east coast of South America including Rio de Janeiro, Porto Belgrano and San Julian in Santa Cruz Province, Argentina. An official visit was the made to Montevideo followed by calls at Victoria  Forteleza and a most unusual trip up the Amazon River to Manaos, and Santarem, all in Brazil. She returned to Bermuda via Port of Spain, Trinidad and St Lucia arriving on 20th April. The ship was docked on a Patent Slip at Dartmouth, Nov Scotia in June and returned Bermuda the next month for further exercises with the West Indies Squadron.  She was deployed for visits in the Caribbean area between August and the end of September when she returned to Portsmouth to Pay-off and recommission after  refit, starting in November.

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Recommissioned on 6th March this ship was deployed in Home waters and served with the 6th Frigate  Squadron, Home Fleet until September. In this period she took part in Home Fleet exercises and visited Brighton and Dieppe. She sailed for the West Indies on 4th October and arrived 12 days later with passengers. Soon after arrival she went to St Kitts , Barbados , Tobago, and after refuelling at Port of Spain called at St Vincent, St Lucia, Dominica, Monserrat and Antigua before return to Bermuda for Xmas.

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In January the ship took part in Squadron exercises at Jamaica before proceeding to take up duty as Guardship at Port Stanley in the Falklands. On passage she called at Bocas de Toro, Panama and at Bluefields in Nicaragua before returning through the Panama Canal to take passage to Rio de Janeiro and arrived in the Falklands to join HM Cruiser SUPERB. Her stay was marked by bad weather and incidents with Argentinean warships during visits to the neighbouring dependencies. She embarked the Governor for some of the visits and sailed for the return to Bermuda in July. On passage she visited Montevideo, Rio de Janeiro and Recife as well as the US Navy base at Port of Spain, Trinidad. On arrival  she was immediately sent to Kingston, Jamaica to give aid to the civil power at George town with HMS SUPERB and HM Frigate BURGHEAD BAY. the ship then visited Mackenzie with passage up the Demerara River, 60 miles from the sea. Her commission over she sailed from Bermuda on 29th October, arriving in Portsmouth on 9th November to refit.

 

Su historia no hace ninguna referencia al suceso del cual hablamos, sólo que "tuvo incidentes con buques de guerra argentinos durante visitas a dependencias vecinas", lo cual tampoco es verdadero.

Fuente: SERVICE HISTORIES of ROYAL NAVY WARSHIPS in WORLD WAR 2
by Lt Cdr Geoffrey B Mason RN (Rtd) (c) 2001

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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