Historia y Arqueología Marítima

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EL COMBATE NAVAL DE PACOCHA

Copyrighted Juan del Campo Rodríguez - Lima, Peru

 
COSTAS DE MOQUEGUA, MAYO DE 1877

En 1877 el Presidente Constitucional del Perú, Mariano Ignacio Prado, enfrentaba una revolución dirigida por el ex ministro de hacienda y eterno caudillo político, Nicolás de Piérola. En la noche del seis de mayo de ese año, el blindado Huáscar que a causa de las tensiones políticas entonces imperantes se encontraba al igual que los demás barcos de la escuadra bajo orden de inamovilidad y al ancla en el Callao, fue asaltado sorpresivamente por partidarios de Piérola al mando del capitán de fragata (r) Germán Astete y dos oficiales navales en actividad, los hermanos Bernabé y Manuel María Carrasco. Setenta marineros de la fragata Apurimac, que se encontraba anclada al lado del Huáscar, apoyaron a los revolucionarios en esta acción tipo comando, ignorando que su aventura los conduciría a una confrontación con la Real Marina Británica.

Una vez en manos de los rebeldes, el Huáscar se hizo a la mar para apoyar la causa de Piérola e inició diversas acciones de sabotaje contra fuerzas gubernamentales, las que fueron calificadas por el propio gobierno peruano como “actos de piratería”. Entre aquellas, el Huáscar interceptó dos vapores mercantes de bandera británica pertenecientes a la Pacific Steam Navigation Company; el Santa Rosa y el John Elder, en los cuales los revolucionarios intentaron inspeccionar la correspondencia oficial. Sólo la firme oposición de los comandantes de la naves impidieron la consumación de estos hechos. El presidente Prado emitió entonces un decreto que colocó a los tripulantes del Huáscar bajo la condición de corsarios, envió en su búsqueda un escuadrón naval al mando del capitán de navío Juan Guillermo Moore, compuesto por el blindado Independencia, la corbeta Unión, el monitor Atahualpa y la cañonera Pilcomayo y hasta ofreció una recompensa a los que, “sin pertenecer a la dotación de los buques que componen la escuadra de operaciones, lo sometan a la autoridad del gobierno o contribuyan a ello”.

Mientras estos acontecimientos se desarrollaban, los comerciantes británicos reclamaron airadamente a su representante diplomático en Lima, el encargado de negocios James Graham y le exigieron la adopción de medidas enérgicas para impedir la ocurrencia de hechos similares que podrían afectar el comercio en el litoral peruano y la seguridad de los transportes de la Pacific Steam Navigation Company. Como el decreto del presidente Prado había descartado la responsabilidad del gobierno del Perú por las acciones cometidas por el Huáscar y teniendo en cuenta las recomendaciones de Graham, la Real Marina Británica se vio forzada a intervenir. De este modo, el comandante del escuadrón británico en América del Sur, contralmirante Algernon Frederick Rous de Horsey, quien se encontraba con su escuadra en Caldera, Chile, se dirigió hacia el Callao, donde se dedicó a discutir con sus oficiales la manera de neutralizar eventualmente al Huáscar. En consecuencia, el 16 de mayo de 1877 y como primera medida, de Horsey hizo llegar un mensaje de advertencia al comandante del blindado peruano, en el cual le señaló:

“Si se repite, señor, un acto similar al cometido contra los vapores John Elder y Santa Rosa, me veré forzado a tomar posesión del barco por la fuerza y retornarlo a las autoridades legales. Acciones de esa naturaleza serán consideradas una causa justa para su captura por parte de las fuerzas navales de su Majestad Real”.

Sin duda el rebelde Huáscar, bautizado así en honor del último Inca legítimo del Tanhuantisuyo, era el barco de guerra más importante que tenía el Perú. Aquel blindado de mar con espolón, había sido diseñado por el capitán Cowper Coles de la Real Marina Británica y construido entre 1864 y 1865 por Lairds Brothers de Birkenhead, en Liverpool (1). Desplazaba 1,130 toneladas, tenía 67 metros de largo, 11 metros de ancho y 1,500 caballos de fuerza. Su casco de hierro, pintado de gris, estaba protegido por un blindaje de cuatro pulgadas y media en el centro, reducido a dos pulgadas y media en la popa y la proa. Entre el casco y el blindaje poseía una separación de madera de teka de catorce pulgadas para reducir el impacto de los proyectiles. Contaba con una torre giratoria, operada manualmente, llamada Torre Coles en honor a su diseñador, de 30 pies de diámetro, con un blindaje de cinco pulgadas y media en la que se desplegaban dos cañones rayados de avancarga Armstrong de 300 libras. Detrás se ubicaba una torre hexagonal desde donde se gobernaba la nave. También poseía dos cañones Armstrong de cuarenta libras ubicado cada cual en las partes laterales y un Armstrong de doce libras en la popa. Con una sola hélice propulsada por dos máquinas alternativas horizontales, alcanzaba una velocidad de once nudos y tenía una capacidad de 300 toneladas de carbón repartidas en cuatro calderas rectangulares, lo que le permitía largos viajes en alta mar. El blindado era tan maniobrable que podía dar un giro de 180 grados en apenas dos minutos. Para los estándares de esos tiempos, el Huáscar, aunque relativamente pequeño, era un barco de guerra formidable.

El 22 de mayo, después de recoger a Nicolás de Piérola en el puerto de Cobija, el capitán Astete envió la siguiente nota de respuesta a de Horsey:

“Las fuerzas bajo mi mando son conscientes de los derechos y obligaciones que la práctica y el código de las naciones establecen en nuestras costas. Están muy lejos de haber violado dichas leyes y la información con respecto a los incidentes ocurridos con el John Elder y el Santa Rosa no es totalmente cierta. En todo caso, apoyado en mi derecho, pero por sobre todo, encima de cualquier interés personal el de la soberanía y la dignidad de la República, rechazo con calma pero firme resolución, no sólo en mi nombre y el de mi tripulación, pero en el nombre del Perú, la amenaza incluida en su carta. Declaro, señor almirante que –Dios no lo permita- si llega el caso que una agresión sea cometida por su comando, cumpliré con mi deber”.

El 27 de mayo, en Pichalo, el sorprendente Huáscar se enfrentó a la división naval peruana que intentaba capturarlo. No obstante el hecho de tener casi la mitad de desplazamiento del blindado Independencia, su artillería perforó uno de los sectores de esa poderosa nave y mató a uno de sus tripulantes, logrando escapar del cerco que se le había tendido. Sin embargo, pese a este resultado favorable, el Huáscar se veía cada vez más aislado porque las fuerzas leales al gobierno controlaban la mayoría de los puertos del litoral y las provisiones se le agotaban, razón por la cual, pese a las advertencias del almirante de Horsey, Piérola dispuso interceptar otros dos mercantes de bandera inglesa, de uno de los cuales, el Inusina, confiscó cien toneladas de carbón. Esta acción fue la que finalmente decidió al escuadrón naval británico a intervenir.

Como en aquel 1877, no hubo un solo año durante el largo reinado de Victoria de Inglaterra, en el cual, en algún lugar del mundo, sus soldados y marineros no estuvieran luchando por ella y por el imperio. En ese entonces resultaba muy fácil encontrar pretextos para todas las guerras y campañas militares victorianas. Desde 1837 hasta el final del siglo XIX, tanto en Asia como en el Africa u Oceanía, tropas y naves británicas estuvieron comprometidas en constante combate. Tal era el precio del liderazgo británico en el mundo y de su orgullo nacional, y tales acciones se ejecutaban sin rechazo u arrepentimiento.

A las 13:00 horas del 29 de mayo, a la altura de la bahía de Pacocha, en Moquegua, después de una cuidadosa persecución, de Horsey logró ubicar al Huáscar que navegaba desde Cobija hacia Pisagua. Su escuadrón consistía de dos barcos: la fragata protegida HMS Shah y la corbeta de madera HMS Amethyst. El primero, buque insignia del almirante, estaba comandado por el capitán (mas tarde almirante y gobernador de Australia Occidental) Federico Jorge Denham Bedford. Contaba con una tripulación de 600 hombres, desplazaba 6,250 toneladas, tenía una velocidad de 16 nudos y poseía casco de hierro revestido de madera y planchas de cobre. La fragata estaba armada con 26 cañones de diferente calibre, incluyendo varios de 7 y de 9 pulgadas, todos de avancarga, una ametralladora Gatling y ocho torpedos motorizados de 16 pulgadas de la clase Whitehead. Bautizado así en honor del rey de Persia, Nasir ud-Din, quien visitó Inglaterra en la fecha de su botadura, el Shah era en esa época la nave más grande y rápida de la Real Marina Británica y era una de tres enormes fragatas diseñadas para confrontar, en un hipotético escenario de guerra, a los cruceros estadounidenses de la clase Wampanoag. La corbeta Amethyst por su parte, estaba comandada por el capitán Arturo Juan Chatfield y disponía de una tripulación de 235 hombres. Construida en 1873, desplazaba 1,970 toneladas, tenía una velocidad de 13 nudos y estaba armada con catorce cañones de avancarga de 64 libras y varios torpedos Spar.

El contralmirante británico quería la rendición inmediata e incondicional de la nave peruana, que había detenido sus máquinas para parlamentar, y poco después de las 14:00 horas despachó en una lancha al teniente primero Jorge Rainier con las siguientes instrucciones:

“Dígale al comandante del Huáscar que he venido a tomar posesión del barco en nombre de la Reina Victoria. Si su bandera no es arriada, me veré forzado a capturarlo por la fuerza. Considerando la absoluta superioridad en fuerza y velocidad del Shah, usted debe convencer al comandante del Huáscar evitar la pérdida de vidas de sus oficiales y tripulación, e inclusive la total destrucción que pueda ocurrir. Si se rinden y el barco es entregado de inmediato, respetaremos las vidas y la propiedad personal de todos abordo, y de ser el caso, no los entregaremos al gobierno, sino que los desembarcaremos en un punto neutral, que podrá ser decidido por su comandante”.

Para ser la raza de una pequeña isla, los británicos siempre han producido mucho más que su cuota correspondiente de hombres capaces y talentosos y durante la era victoriana había una superabundancia de ellos en muchos campos. Y esas personas escondían, detrás de finos modales y una rígida moral, una energía violenta, permanente, que los condujo a todos los rincones del orbe. Así, Gran Bretaña levantó grandes ejércitos y construyó poderosas armadas dirigidas por oficiales que tenían una convicción incuestionable de que sus tradiciones, sus creencias y doctrinas eran las mejores del mundo y por ello actuaban, como en este caso, como la policía del mundo.

Si bien aquellos eran los días de las pequeñas guerras victorianas, de Horsey no tomó en consideración un pequeño detalle: no se encontraba en el Africa colonial ni en Asia, sino en el continente americano, confrontando la extraordinaria nave de un país occidental, que estaba destinada a convertirse en una leyenda. Y tan talentoso y seguro como de Horsey pudo haber sido, de Piérola, su oponente y futuro presidente del Perú, era una clase de hombre superior y un perfecto contenedor al orgullo victoriano. El almirante británico también pareció ignorar el profesionalismo, determinación y capacidad del capitán Germán Astete. Asimismo, se le escapó otro detalle: Aún cuando su escuadrón contaba con una tripulación conjunta de 824 hombres y cuarenta cañones así como diversos torpedos, mientras que el barco peruano tenía sólo cuatro cañones y una tripulación de 179 hombres, sus naves eran de madera protegida, mientras que el contrincante era un blindado. Bajo todas estas circunstancia es difícil saber si la decisión del almirante de atacar estaba motivada en una fuerte sensación de superioridad británica o si sencillamente fue un acto de estupidez o de falta de criterio.

El orgulloso Nicolás de Piérola rechazó el ultimátum considerando que la demanda británica constituía una injerencia en un asunto domestico, desarrollado en aguas territoriales peruanas y replicó a Rainier que la bandera peruana en el Huáscar sólo sería arriada cuando no quedara un solo hombre a bordo para sostenerla. Asimismo añadió que no le importaba en nada el superior poderío del que se le hablaba y que la amenaza de la fuerza era una grave ofensa contra la soberanía del Perú. Subrayó que el “uso de la fuerza sería respondido con la fuerza”. Tan pronto como el teniente británico retornó a su nave, de Piérola, consciente que el combate era inevitable, emitió la siguiente proclama a su tripulación:

“Hombres del Huáscar: Todos a sus puestos. Ahora la revolución de Piérola ha concluido. Ahora somos sólo peruanos ante quienes el destino ha encargado la defensa de nuestra bandera y la de toda América. ¡Viva el Perú!”.

Arriba, Nicolás de Piérola, eterno caudillo peruano quién lideró a bordo del Huáscar la Revolución contra Prado. En Pacocha rechazó la intimidación británica y prefirió luchar antes de entregar la nave.

Aquel no sería por cierto el primer incidente que confrontó a barcos peruanos y británicos. El 16 de mayo de 1830, cumpliendo directivas de sus vicecónsules en Lima y Callao, las fragatas de guerra británicas Sapphire y Tribune, armadas con una artillería combinada de 70 cañones, interceptaron a la fragata peruana Libertad, a bordo de la cual se encontraba el vicepresidente peruano Juan Antonio Gutiérrez de la Fuente y demandaron reparaciones por la captura del Hidalgo, un barco de bandera mexicana con cargamento inglés, que las autoridades peruanas sospecharon estaba cometiendo contrabando. El capitán peruano García del Postigo, quien apenas dos años atrás había salido victorioso del combate naval de Malpelo contra fuerzas de la Gran Colombia, rechazó las demandas y decidió luchar. Sin embargo, el vicepresidente lo convenció de lo contrario, porque los 24 cañones de la fragata no podían competir contra el poder de fuego de los británicos. El incidente fue resuelto por la vía diplomática. Londres despidió a sus dos vicecónsules en el Perú y el comandante del escuadrón, capitán Henry Dundas, fue pasado al retiro por la Real Marina. Catorce años después, en agosto de 1844, un escuadrón naval británico al mando del capitán John Jervis Tucker, en una típica acción victoriana, bloqueó tres barcos de guerra y un transporte peruano en Islay y bombardeó el puerto de Arica, mientras reclamaba una serie de reparaciones por supuestas ofensas cometidas en el Perú contra intereses británicos. Los peruanos nuevamente decidieron evitar la confrontación y suscribieron un tratado que resolvió el incidente. Esta vez sin embargo las cosas iban a ser distintas.

Con excepción de la última guerra contra los bóers de Sudáfrica, todas las acciones militares y navales ejecutadas por los británicos durante el reinado de Victoria fueron incidentes pequeños para los estándares de hoy y fue dentro de esa coyuntura que se enmarcó el singular combate que enfrentaría al blindado peruano con dos naves de la entonces marina más poderosa del mundo.

Así, aproximadamente a las 15:06 horas y a una distancia de poco más de 1,800 metros, el contralmirante de Horsey, que era miembro de aquella generación de oficiales victorianos acostumbrados a imponer su voluntad sobre los adversarios de la época, ordenó que el Shah cañoneara el Huáscar. El blindado peruano sin embargo no se impresionó en lo más mínimo por el poderío desplegado por sus adversarios y, conforme a lo anunciado por Piérola, presentó combate, disparando un minuto después. A las 15:09 el Amethyst lanzó su primera andanada de proyectiles. Bien dirigido por el capitán Astete y los hermanos Carrasco, el Huáscar no sólo respondió los fuegos sino que mostró un manejo admirable en combate naval que dejó perplejos a los ingleses. Pronto los proyectiles del Amethyst y el Shah, lanzados por diestros y experimentados cañoneros, comenzaron a impactar en el objetivo. Sin embargo, pese a su efectividad de blanco, no podían penetrar la coraza de cuatro pulgadas y media del Huáscar y por ende causaban poco daño a la estructura de la nave. No obstante, los proyectiles del Shah lograron romper los guardines del timón de combate y reventaron los de la estación de gobierno principal. Asimismo, volaron en pedazos algunas de las lanchas salvavidas de la nave.

HMS Shah

El intercambio de fuegos y maniobras envolventes se prolongaría por espacio de dos horas interminables. Más aun, el comandante del Huáscar hizo gala de su conocimiento de las aguas locales y utilizó la baja cubierta del blindado para presentar a de Horsey un blanco difícil. El contralmirante británico, ante la ineficacia de sus proyectiles, intentó emular las tácticas utilizadas por Horacio Nelson y se aproximó al Huáscar lo más cerca posible para cañonearlo a distancia mínima, en la creencia que sus proyectiles resultarían así más efectivos. En ese proceso se hizo uso de ametralladoras e inclusive de fusilería. El Huáscar sin embargo, gobernado con aparejos, eludió a los británicos mediante acciones evasivas y en varias oportunidades hasta intentó espolonear al Shah y al Amethyst. El fuego de este último barco, según informó el propio de Horsey, fue dirigido con gran precisión, pero su armamento de 64 libras resultaba ineficaz, “excepto para llamarle la atención o para apartar al Shah de los fuegos del Huáscar”.

En cierto momento del combate sin embargo. de Horsey ordenó cesar los fuegos al no observar más el pabellón peruano, lo que interpretó como rendición. Pero aquel no sería el caso, pues una de las granadas del Shah había cortado la driza del blindado ocasionando su caída. Los peruanos volvieron a izar su pabellón y el combate se reanudó. En su Informe al Almirantazgo de Horsey escribió:

“El ataque fue en parte siguiéndose uno a otro y en parte girando, con tentativas de cuando en cuando por parte del Huáscar para emplear su ariete, lo que era preciso precaver cuidadosamente en un buque con tanta eslora y por consiguiente tan lento para virar como el Shah. El Huáscar parecía navegar a razón de 19 millas y estaba bellamente manejado, tratando de mantener sus cañones de la torre sobre nosotros excepto cuando iba a cargar. Que una de sus bombas de 300 entrase en un barco tan repleto como este habría producido graves resultados”.

La situación pues se estaba volviendo difícil para los británicos. Entonces, a las 17:00 horas, de Horsey adoptó una decisión drástica. Volviéndose a sus oficiales manifestó: “Gentleman, certainly we are not fighting against the Khedive’s Navy” (2)

Al comprender que sus naves no podían capturar al blindado peruano con tácticas tradicionales y para no arriesgar la seguridad de las mismas, de Horsey decidió poner fin al drama y hundirlo. En consecuencia, ordenó que se disparase un torpedo Whitehead contra el Huáscar. Aquella iba a ser la primera vez en la historia naval que un torpedo motorizado sería utilizado en combate. En aquellos días un torpedo Whitehead clase Fiume, de 14 pulgadas de diámetro, con un motor de tres cilindros, alcanzaba una velocidad de 18 nudos, tenía un alcance de 550 metros, un peso total de 250 kilos y cargaba una mortífera carga explosiva de 12 kilos.

De acuerdo a una leyenda aún vigente en la sección de torpedos de Gran Bretaña, los artilleros solicitaron recibir la drástica orden por escrito, “pues los peruanos habían demostrado ser unos adversarios galantes y no merecían una suerte tan terrible”. Verdadera o falsa, el torpedo fue lanzado de todas maneras. Sin embargo, los motores del Huáscar y el buen manejo de la nave permitieron esquivar al arma mortal.

El orgullo británico pronto se fue tornando en temor ante la impotencia de neutralizar al Huáscar. Hasta ese momento la precisión de los artilleros peruanos había dejado mucho que desear, pero los oficiales británicos eran conscientes, como lo implicó de Horsey en su Informe, que en cualquier momento los dos barcos de Su Majestad podrían fácilmente ser enviados al fondo del mar si el uso de los cañones peruanos se tornaba tan preciso como el manejo de su nave.

En su Informe, el capitán Chatfield del Amethyst escribió:

“Nuestros artilleros dispararon con gran continuidad y precisión pero nuestras bombas no producían efecto en la coraza del Huáscar, aún cuando si conservaban la cubierta libre de rifleros”.

Luego añadió:

“El Huáscar fue gobernado lujosamente y si sus cañones lo hubieran sido del mismo modo habría resultado un enemigo formidable”.

Un marinero del Amethyst de apellido Riley escribió,“Varios de los disparos dirigidos hacia nosotros reventaban en el agua, a distancia tan corta que nos salpicaban alrededor. Podíamos observar plenamente sus proyectiles girando en su alta trayectoria, viniendo a través del aire como grandes yunques de herrero” .

El capitán Bedford del Shah por su parte escribió en su Bitácora:

“A las 3:06 comienza el combate con los cañones de cubierta. Las baterías de babor hacen fuego a discreción. 3:07, el Huáscar contesta con un cañón de la torre. Otro cañonazo nos pasó por la cofa del trinquete y el otro por la cofa del palo mayor cortando la driza real y la driza del tope. 3:09, Amethyst ataca al enemigo y el Huáscar le contesta con un cañón pequeño y con otro nos corta las brasas reales... 5:08, el Huáscar dispara una bomba de a 40 que revienta a medio camino. Se nos viene encima, aparentemente para hacer uso del ariete. 5:13, nuestra ametralladora Gatling comienza a hacer fuego. 5:14, disparo de un torpedo Whitehead”.

A las 21:00 horas, en un último intento desesperado, el Shah despachó una lancha con torpedos Spar para volar al Huáscar. Fue inútil. La lancha retornó a las 03:30 de la madrugada del 30 de mayo sin haber logrado su propósito. Bajo las sombras de la noche, el Huáscar había abandonado el escenario sin que los británicos hubieran podido subyugarlo. De Horsey no intentó efectuar una persecución nocturna para evitar posibles daños. Durante la acción los peruanos tuvieron un tripulante muerto, el corneta Ruperto Bejar, y los ingleses algunos heridos.

Durante el combate el Shah disparó 237 proyectiles y el Amethyst 190, un total de 427 cañonazos, que incluyó el uso de varios granadas de perforación Palliser. Un total de 50 proyectiles dieron en el Huáscar, pero la estructura del blindado no sufrió daños de consideración. Por el contrario, su armadura sólo pudo ser perforada una vez con un proyectil disparado por uno de los cañones de 9 pulgadas. Dos días después del combate el Huáscar se entregó a las autoridades peruanas y antes de ser arrestado, Piérola intentó convencer al capitán Moore, comandante del blindado Independencia, unírsele para combatir al escuadrón británico por su participación en un asunto peruano. La iniciativa no prosperó, aunque la prensa protestó airadamente contra aquella acción extranjera en aguas territoriales del Perú y el presidente Prado se vio forzado a presentar una protesta diplomática formal ante el gobierno de Londres

Pacocha fue considerada una acción humillante para la Real Marina. Originó debates en el parlamento que casi concluyeron en la censura del contralmirante de Horsey. El Almirantazgo aprobó la conducta general seguida por de Horsey, pero rechazó sus demandas perentorias para que el Huáscar se rindiera. El Almirantazgo también desaprobó los ataques nocturnos con torpedos hacia el Huáscar, pues a su entender constituían una “violación flagrante a las aguas territoriales peruanas” y porque aquel método de ataque pudo haber matado a toda la tripulación del Huáscar. Pacocha también fue la última ocasión en la que barcos de madera británicos como el Amethyst, armados con cañones de avancarga, entraron en combate. Después de ese día el escuadrón británico en América del Sur siempre estaría compuesto por blindados y 2 de diciembre de 1878 el Shah sería reemplazado en aguas sudamericanas por un nuevo buque insignia, el legendario blindado de segunda clase de batería central HMS Triumph, armado con diez cañones.

Unas últimas líneas sobre los hombres y las armas de Pacocha:

El contralmirante de Horsey fue relevado de su puesto en setiembre de 1879. Se retiró de la Real Marina Británica en 1885. Nicolás de Piérola finalmente se convirtió en presidente del Perú en 1879 y posteriormente en 1895, ambas veces gracias a intrigas o revoluciones. Falleció en 1913. El capitán Germán Astete encontró una muerte heroica el 10 de junio de 1883 mientras dirigía la artillería peruana en la épica batalla de Huamachuco contra el ejército chileno, en el que sería el último encuentro militar de la Guerra del Pacífico.

El HMS Shah fue enviado a Londres y en 1879, durante la cruenta guerra contra los Zulús, fue comisionado para transportar tropas de refuerzo a Sudáfrica. El seis de marzo de ese año, luego de recoger efectivos militares en la isla de Santa Elena, las desembarcó en Durbán. Aquellas fuerzas participaron en las batallas de Eshowe y Ulundi, que pusieron fin al Imperio Zulú. Al término de esa guerra ancló en Portsmouth y nunca más se le volvió a comisionar en servicio. En mayo de 1892 el HMS Narcissus remolcó al Shah hasta Bermuda, donde fue completamente desmantelado. De otro lado el Huáscar se convirtió en una celebridad por ser el primer barco en la historia naval del mundo en enfrentar un ataque con torpedos motorizados en combate en alta mar y por ser el primer y último blindado en combatir con naves de madera británicas. Sin embargo aquel incidente apenas fue el inicio de una vida heroica y turbulenta para el blindado, que alcanzaría su cenit apenas dos años después, durante la guerra del Pacífico.

El primer ataque exitoso utilizando un torpedo Whitehead habría ocurrido en la noche del 25 al 26 de enero de 1878, apenas 8 meses después del incidente de Pacocha, cuando dos lanchas torpederas rusas, el Cesme y el Sinope hundieron el barco turco Initbah con dos de esos torpedos mecanizados (3).

NOTAS AL CAPITULO

(1) La casa Lairds, que construyó el Huáscar, fue fundada por John Laird, especializándose en la construcción de buques de hierro. Entre 1829 -fecha de su fundación- y 1947, dicha compañía británica construyó un total de 1,100 barcos de toda clase, tamaño y diseño en sus astilleros del río Mersey. Entre sus naves más famosas figuran el Denbigh, el crucero Alabama, el Némesis, el Guadalupe (el blindado más grande construído hasta entonces, 1842, vendido a la marina de guerra mexicana) y el Birkenhead.

(2) Khedive es una palabra árabe que en aquella época se utilizaba para denominar al Virrey de Egípto, entonces Estado vasallo del Imperio Otomano. El Khedive Ismail Pasha (1863-1879), tuvo el acierto de abrir el Canal de Suéz, pero debido a sus excesos y mala administración endeudó a su país y lo llevó a la bancarrota. Era considerado por los británicos como un gran incompetente y el Sultán turco lo depuso en junio de 1879

(3) Sin embargo, de acuerdo a otras versiones, el primer uso efectivo de un torpedo Whitehead se concretó durante la guerra civil chilena, en marzo de 1891, con el hundimiento del blindado Blanco Encalada. El arma fue disparada desde la torpedera Lynch.

 

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