Historia y Arqueología Marítima

 

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ANDRINA/ALEJANDRINA

Por el Capitán de Ultramar EMILIO BIGGERI- Publicado en el Boletin del Centro Naval.

 Ver tambien: Barca Alejandrina.

Esta es la pequeña historia de un velero rescatado y aparejado nuevamente, después de permanecer casi veinte años abandonado en bahía Policarpo, en Tierra del Fuego.

Entre los incontables naufragios ocurridos en las costas fueguinas y de la isla de los Estados durante la prolongada época de la navegación vélica, muchos han sido registrados por la Historia, muchos otros han sido ignorados por la falta de comunicaciones, desapareciendo con toda la tripulación, en su intento de pasar por el estrecho de Le Maire en demanda del Cabo de Hornos: unos pocos están registrados en las crónicas marítimas, y sus tripulaciones, ya en los últimos decenios de la vela, fueron muchas veces auxiliadas o rescatadas por buques de la Marina argentina.

Es casi un lugar común hablar de los salvatajes efectuados por el capitán Piedra Buena, ya al mando de sus pequeños buques mercantes empeñados en el tráfico lobero y en la afirmación del pabellón argentino en las entonces desoladas costas patagónicas, ya al mando de buques de la Armada como Capitán Honorario, aun cuando el conocimiento de su vida y sus trabajos no estén suficientemente difundidos entre las nuevas generaciones. Piedra Buena siempre será un magnífico motivo para despertar el interés de nuestro pueblo por el mar; ejemplo de hombría de bien, iniciativa y persistencia. . .

Pero no se trata aquí de relatar sus salvatajes, sino de demostrar la supervivencia de un velero de la década del 80, naufragado en la costa de Bahía Policarpo, en Tierra del Fuego, el «Andrina», posteriormente  «Alejandrina».

El «Andrina» era una hermosa barca de cuatro palos, de bandera británica. Fue construida en Southampton en 1886 por Oswald. MouRdant & Co. para los armadores E. F. Roberts, de Liverpool. Su casco era de hierro y su arqueo de 2.636 toneladas.

Después de realizar algunos viajes felices entre puertos europeos y la costa occidental de Sudamérica, varó en Bahía Policarpo el 10 de mayo de 1899, perdiéndose en su intento de pasar por el estrecho de Le Maire, en viaje de Amberes a San Francisco con carga general. Allí quedó el «Andrina» asentado firmemente en el fondo de lodo arenoso, resistiendo a todos los esfuerzos para hacerlo zafar aprovechando los fuertes vientos del S.W.

Desde el barco accidentado se envió un bote tripulado por el primer oficial y cuatro hombres en busca de auxilio, pero nunca volvió a tenerse noticias de éstos ni a conocer el destino que llevaban en su intento. Dos meses después el resto de la tripulación que permaneció a bordo fue rescatado por el transporte de la Armada Argentina «Santa Cruz», el que lo transportó hasta Ushuaia.

A fin de ubicarnos en el tiempo debemos recordar que recién el 25 de mayo de 1884 se había inaugurado el faro de Punta Lasserre y la Subprefectura, en la isla de los Estados.

Algún tiempo después de salvados los náufragos se enviaron desde Punta Arenas dos barcos pequeños, con los que se fue rescatando gran parte de la carga del «Andrina», cuyo casco fue vendido en un remate público realizado en esa localidad, adjudicándose por la modesta suma de 100 coronas.

Sin embargo el buque quedó allí olvidado, soportando los embates de los vientos, el mar de fondo y las mareas en la bahía solitaria, recibiendo las esporádicas visitas de los escasos pobladores, que fueron llevándose poco a poco los restos de sus aparejos y el maderamen de sus camarotes en los que se había empleado, según costumbre, buenas maderas de teca y caoba. Allí permaneció por casi dos décadas el sólido casco de hierro.

Así llegó la guerra de 1914-18, con la gran pérdida de tonelaje mercante por la acción de torpedos y minas y la consecuente gran demanda de bodegas al final del conflicto que se dio en llamar la "Gran Guerra'' y ahora, en cambio, pasó a ser la Primera Guerra Mundial.

La compañía Menéndez, de Punta Arenas, ante la necesidad de exportar su producción lanera, adquiere el casco del «Andrina» el 19 de marzo de 1918, pagando por él 500 libras esterlinas (no olvidemos que en aquellos años el valor de una libra era de $ 11,45 m/n).

El estado del casco justificaba la operación, así como los trabajos que debían realizarse para el rescate y aparejado del buque.

Dichos trabajos, que debían hacerse durante los días y las noches de buen tiempo y mareas adecuadas, llevaron cuatro meses de esfuerzos, dragándose un canal alrededor del buque y hasta el límite de las bajas mareas, pues uno de los extremos de la nave se encontraba en 7 pies de agua, lo que dificultaba la tarea.

El 16 de junio de 1918 todos los trabajos preparatorios quedaron  listos, incluyendo dos remolques tendidos a dos barcos de la compañía, de más de 900 toneladas, con tiempo manejable y marea adecuadamente amplia.

La operación tuvo éxito y el «Andrina» fue remolcado hasta Punta Arenas, donde, después de ser revisado por los buzos, que encontraron el casco en perfecto estado, se procedió a aparejarlo reconstruyendo al mismo tiempo los deterioros causados por el tiempo y el pillaje. que había desmantelado los alojamientos.

El «Andrina» fue rebautizado, registrándose bajo bandera chilena con el nombre de «Alejandrina», quizás en homenaje a uno de los familiares del señor José Menéndez o de sus asociados.

Después de tomar el respetable cargamento de 7.000 fardos de lana, el viejo velero zarpó de Punta Arenas con destino a Nueva York al mando del capitán F. A. Giertsen, de nacionalidad noruega, y con tripulación chilena. Al cabo de una navegación normal de 92 días, el «Alejandrina» arribó a Nueva York con su cargamento en perfecto estado, despertando el interés del público por su esbelta silueta y arboladura y también posiblemente por su "resurrección"', ya que aún en esos años sobrevivían en el tráfico mercante más de un centenar de veleros de gran porte y de distintas banderas.

Allí, en Nueva York, luego de descargar, fue sometido a una recorrida en el dique seco del astillero Morse, encontrándoselo en perfecto estado de conservación luego de 52 años de vida y de casi veinte años de agonía en Bahía Policarpo. El cargamento de lana, tasado en 300.000 libras, resultó una buena compensación a los esfuerzos y al espíritu de empresa demostrados en la operación, sin contar el valor del buque. Así continuó navegando el «Alejandrina», escapado del olvido y la muerte en Bahía Policarpo.

A mediados de 1921 aún se lo menciona, con motivo de un viaje de Canadá a Londres con un cargamento de cereales, despertando gran interés del público y del mundo marítimo en el Canadian Dock.

Eran épocas en que aún quedaban tiempo y espíritu para contemplar los barcos hermosos, cuando el mar era grande y aún se podía ver alguna vela errabunda en el horizonte.

Éstos eran los sobrevivientes de una época en que los "Conocimientos de Carga" terminaban así:

"And so God send thee, Good Ship, to thy desired port of safety".

Roberto Gabrielli [rgabrielli@vgcpatagonica.com.ar] nos envió algunas fotos de la carga del Andrina que fue reflotada por la Sociedad Ganadera y Comercial Menéndez de Chile. Los barriles de cemento fueron bajados y acomodados en la costa, hoy solo queda el cemento, la madera ya no esta.

 

 

 

 

 

 

 

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