Historia y Arqueología Marítima

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Principessa Jolanda: Hundido antes de su estreno

Enviado por Eugenio Errea Echarry- 10.11.2008

 En 1907 la compañía de navegación Lloyd Italiano decidió abrir un servicio de transatlánticos de lujo para Latino América. Por consiguiente le encargó al astillero naval Erasmo Piaggio, famoso por la construcción de bellísimas embarcaciones, la construcción de dos naves de más de 9 mil toneladas a las cuales se les dieron los nombres de Principessa Mafalda y Principessa Jolanda.

El moderno Principessa Jolanda con la con la proa vertical, dos mástiles y dos chimeneas fue construido entonces por cuenta de la Lloyd Italiano y sus decorados, como los de su buque hermano, prometían dar un paso adelante en buen gusto y exquisitez en la ruta del Atlántico Sur. Contrariamente a lo usual, fue íntegramente equipado antes de la botadura con los muebles, la vajilla y la ropa de cama para entrar en servicio inmediatamente después de ser lanzado. Probablemente haya sido esto lo que propició el prematuro y desastroso final.

En el palco lleno de pequeñas banderas italianas, las autoridades del astillero y de la compañía aguardaban el momento de la tradicional rotura de la botella contra el casco. En los alrededores de la planchada, gente en tierra y en pequeños botes esperaban el gran momento para prorrumpir en “hurras” por Italia. El estallido de la botella fue seguido por una mancha blanca y espumosa que chorreó por la filosa proa. Casi enseguida el Principessa Jolanda empezó a deslizarse hasta el agua en donde produjo una ola al entrar en contacto.

Al momento dio unos bandazos, nada fuera de lo común hasta allí, pero pronto, inmediatamente después de la botadura, comenzó a hundirse inexorablemente. Enseguida los testigos, boquiabiertos, notaron que la inclinación hacia babor, de la que el barco no terminaba de enderezarse, sobrepasaba el límite máximo de estabilidad calculada. Cuando la escora llegó a los 35º se hizo claro que el momento de rescatarlo estaba perdido; demasiado tarde para intentar corregirlo.

La primer cubierta ya había sido alcanzada por el agua, pero los pequeños remolcadores, corriendo serio peligro, trataron de vararlo en el fondo arenoso mientras la nave continuaba hundiéndose. Para intentar evitar la ruina total, se trató de lanzar el ancla derecha, pero tampoco fue suficiente.

La nave, ya abatida escorada unos 80º comenzó a tragar agua por las cubiertas superiores.

En un último intento por recuperar algo, los remolcadores trataron de llevarlo por la popa hacia una costa menos profunda para tratar de procurar un salvataje aunque más no fuera del contenido. Pero el Principesca Jolanda, sin siquiera haber navegado un par de kilómetros, ya acostado sobre el costado izquierdo y completamente sumergido, permaneció unas horas flotando a causa de las bolsas de aire encerradas en su casco.

 

Los técnicos del astillero subieron sobre el costado de la nave para evaluar la situación y las posibilidades de salvataje.

Desgraciadamente, con los medios de entonces no se pudo salvar nada y el mar se encargó del resto de la demolición.

Se llegó a la conclusión de que, al realizar el lanzamiento con todo el mobiliario ya instalado, el centro de gravedad se halló demasiado elevado y esto provocó la inestabilidad que desembocó en el desastre.

Lo que parecía que iba a ser un día festivo, se convirtió en un desgraciado espectáculo que acabó con el Jolanda en el fondo del lecho del puerto sin ser estrenado y completamente inservible.

 
 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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