Historia y Arqueologia Marítima

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EL MISTERIO DEL “GALEON” DE PUNTA BAUZA

PorGuido Andres Seidel, Tandil, Marzo del 2007

2007 

Otra travesía por la Patagonia buscando naufragios e historias. Otra oportunidad en que se mezclan ansiedad, certidumbres y desengaños.

En esta oportunidad iba para tratar de actualizar un tema sobre el cual ya había escrito en otras oportunidades y que me tenia desvelado desde hace por lo menos diez años. 

1997 

La primera vez que busqué en las costas al sur de la localidad santacruceña de Caleta Olivia lo hice bastante al tuntún, sin preparación ni investigación alguna., confiando en la información recabada a los lugareños. Precisamente aquí fue el inicio de una creciente certidumbre de que es casi imposible obtener datos confiables por esta vía, sensación que al menos para mi va creciendo con los años.

Mi primer contacto allí había sido de gran nivel,  el entonces Director de Turismo de Caleta Olivia Eduardo Polanco, buzo profesional y como yo, entusiasta de las historias del mar. había supuestamente dos naufragios antiguos en la zona, pero uno me llenó el ojo de entrada ya que se hablaba nada mas y nada menos de un buque de madera al que los lugareños llamaban “El Galeón”. allí da inicio esto que humildemente elevo a la categoría de misterio.

No fue Polanco el único que me contó de este barco a pesar de no haberlo visto. Varias personas muy baqueanas de la zona me comentaron sobre su casi segura existencia. Hasta hubo quien dijo que era posible sacar de el “unos clavos de fierro asiiiii de grandes” cuando velaba en la bajamar.

Obviamente su clasificación de “galeón” parecía extremadamente poco probable dado lo agresiva de la costa santacruceña en función de la pila de años que llevaría allí, y me pareció atribuible a un termino utilizado alegremente por personas ajenas al ambiente. No obstante ello, si verdaderamente era de madera tendría que ser algo muy antiguo y mi corazoncito comenzó a latir  horas  extras.

Se sugería su ubicación a unos 40 a 50 kilómetros al sur de Caleta, en la zona que desde una referencia terrestre se conoce como Canalón León y por referencia a cartas náuticas aproximadamente Bahía Lángara a Punta Bauzá. Es una zona de difícil acceso ya que si bien hay una senda costera utilizada por los recolectores de algas, esta es poco mas que una huella y termina abruptamente a la altura de Punta Murphy. Después de eso se debe bajar a la playa atravesando una zona de cantos rodados para después hacer muchos kilómetros por la playa sorteando montones de algas, rocas, restingas y demás obstáculos y eligiendo muy bien la franja de arena adecuada para circular sin hundirse en la arena y que cambia constantemente. Solo algunos algueros se atreven a bajar con vehículos arriesgándose a quedar encajados, acción bastante peligrosa como lo prueba la existencia de restos de al menos cuatro vehículos que terminaron sus días tragados por el mar, como mínimo uno de ellos con ocupante incluido, el año pasado.

Como yo ni loco iba a arriesgar mi camioneta hice con mi esposa y dos hijas una excursión a pie que duro todo el día dejándonos muertos, de mal humor y al regresar al campamento a la noche encontrar la camioneta con la batería muerta. Como zafé de esa no es tema para este cuento pero a partir de allí mis vehículos siempre tuvieron dos baterías independientes para jamás volver a encontrarme en tan incómoda situación.

En esa oportunidad recorrimos con las chicas muy aproximadamente entre diez  y quince kilómetros por la costa. Cuando el motín familiar se encontraba casi a punto de estallar y afortunadamente la marea se encontraba baja encontramos sobre la rompiente restos metálicos de un barco grande, muy antiguo, totalmente destrozado y casi con seguridad depredado o chatarreado. Dado que la ansiedad de estar buscando un barco de madera había puesto en mi mente miras muy altas, no me ocupe demasiado de él limitándome a sacar algunas fotos (1997, recordemos, fotos químicas  y sus limitaciones y costos) y aun debíamos hacer el recorrido de regreso. Para mi siempre quedo la idea de que aquel era el “primer” naufragio y mas al sur , si!!! ..... esperaba el gran hallazgo. 

2007 

Por distintas circunstancias recién este año pude dedicar unos días para tratar de hallar el famoso galeón (si es que realmente existía).

Veníamos del sur luego de haber realizado un relevamiento por toda la costa desde un poco al sur desde donde comienza Bahía Laura, hasta Cabo Guardián. En esta área no hallé nada de interés, salvo los restos de la antigua Estafeta postal ubicada sobre lo que fue la primera Ruta N° 3 que corría entonces muy cerca de la costa. Se encuentra actualmente ocupada por un alguero.

 

La antigua estafeta postal sobre ex ruta 3 

Me habían llegado comentarios de la posible existencia de un ancla grande pero no la pude encontrar, ni nadie que sepa de ella. Para este tipo de búsquedas los algueros son buenas fuentes de información ya que andan por todas partes y el único que encontré –el ocupante de la ex estafeta- no sabía nada. Ansioso de contacto humano nos invitó a tomar mate, y al ratito nomás nos dimos cuenta que se trataba de una persona con las facultades mentales algo alteradas, incluso en algún momento nos sentimos amenazados por sus exabruptos.

El faro de Cabo Guardián me llamó la atención por su elevado grado de deterioro, al punto de tener varias riendas de cables de acero cortadas y sueltas y su estructura carcomida por el óxido. Pasamos allí solamente  una noche ya que el lugar es poco hospitalario, sumamente ventoso y con piedras afiladas como cuchillos que amenazan la integridad de las cubiertas. Hay una enorme pingüinera donde se mezclan estos simpáticos animalitos con ovejas, zorros, piches y gran variedad de aves.

Cabo Guardián, pingüinera y faro 

Retomada la ruta 3, y una vez que llegamos a unos cuarenta kilómetros al sur de Caleta Olivia tomamos la senda costera hacia el sur. El gran cambio en el paisaje desde la década de los noventa es la presencia de muchísimas cigüeñas de extracción de petróleo al lado de la ruta ya que se lo ha hallado en la zona en cantidades rentables.

El avance por la senda costera sigue siendo difícil, sobre todo en un barranco que hay que sortear cruzando un rudimentario puente de caños con un ancho apenas superior a cinco centímetros de cada lado respecto de la trocha de nuestra camioneta. Tomando cierto grado de riesgo (todo sea por la arqueología!) cruzamos con todo cuidado con Cecilia en el lado de enfrente guiándome. El camino sigue terminando abruptamente como hace diez años, y la casita del alguero que vivía allí ha desaparecido

Por qué no está mas el alguero? Son personajes singulares que viven en un régimen de semi-ermitañismo con relativamente poco contacto con la civilización. Cuando lo hacen es porque han entregado una partida de algas y cuentan con algún dinero en sus bolsillos que por lo general es reinvertido prontamente en algún tipo de bebida alcohólica. El alguero que nos ocupa volvía de Caleta en estado “entre San Juan y Mendoza” a pesar de hallarse en la Patagonia. En lugar de detenerse en su casa (donde como dije termina el camino) bajó a la playa con su jeep y cual émulo motorizado de Alfonsina se internó en el mar. Cuando el agua le llegó al pecho el jeep se detuvo y el señor alguero cerró los ojos para dormir la mona..... Otro alguero lo encontró dos días mas tarde en la playa porque la marejada lo había sacado del vehículo. En el lugar y al borde del acantilado sus escasos colegas levantaron una pequeña cruz. 

Los datos 

Hay supuestamente dos naufragios al sur de Caleta Olivia, según el Derrotero Argentino Edición 1991 “En las proximidades de Punta Murphy, muy cerca de la costa, existe un casco a pique que descubre totalmente en bajamar” y “En Bahía Lángara, cerca de Punta Bauzá, se encuentra a pique el casco de un velero desmantelado, con la popa blanqueada por el guano de las aves”.

La carta náutica que utilicé es la recopilación de los datos obtenidos del relevamiento de la zona por el cañonero “Patria” en 1925 y del buque hidrógrafo “1° de mayo” en 1928. En esa carta ya figuran ambos naufragios, de lo que se deduce que son anteriores a esas fechas.

Mi obsesión era el dato del “velero desmantelado” que siempre supuse que no podría ser otro que el mentado “galeón”.

Obviamente el escenario de hoy sería  muy diferente del que los tripulantes de ambos buques hidrográficos vieron en 1925 y 1928. Su observación del pecio debió haber sido cercana y detallada, ya que precisa que es “un velero” y que estaba “desmantelado”. Ninguna fuente dice si el desmantelamiento fue obra del hombre o de la naturaleza, o de ambos. (Dados varios casos anteriores tengo el convencimiento de que durante una época determinada hubo gran chatarreo de restos náufragos en las costas patagónicas, que terminó abruptamente dejando gran cantidad de metal útil diseminado en el lugar del hecho). Lo que deja cierto margen de duda es que si estaba desmantelado, como supusieron que era un velero? Por su silueta, restos de palos o vergas? Ausencia de máquina propulsora?

En esta oportunidad yo contaba con mucho mas material para ubicar los restos. Cartas, derrotero, GPS. De esta manera pude ubicar con bastante exactitud Punta Murphy, que es muy accesible y mas cercana a Caleta. Si había un pecio allí, el de Punta Bauzá tendría que ser el antiguo velero. 

Relevamiento 

Sobre la costa frente a Punta Murphy ya no hay nada, pero sí hallé un trozo de restos de un compartimiento de construcción indudablemente naval bastante lejos de la playa. Mide algo así como 3 x 2 x 3 metros y es casi seguro un pedazo que quedó del chatarreo del barco.

así que ahora había que determinar la existencia del otro, que es harina de otro costal. Desde Punta Murphy hasta Punta Bauzá hay alrededor de 20 kilómetros, considerando que hay que hacer un recorrido curvo siguiendo el relieve de la costa de toda la Bahía Lángara. Como ya conté, unos kilómetros después de Punta Murphy termina el camino que es donde acampamos nosotros.

Con un tiempo bastante lindo me puse en camino alrededor de las nueve de la mañana calculando que para alrededor de las catorce o quince horas tendría la bajamar completa.

Estas caminatas por la playa son para mi un placer comparable a pocas cosas en la vida. Soledad casi total, un panorama deslumbrante, constante observación de fauna .... y la cosquilleante posibilidad de poder encontrar algún resto interesante detrás de la próxima restringa o duna. Buen augurio, al ratito encontré un ballenato muerto muy arriba en la playa.

Había una camioneta de algueros en la zona, la había oído pasar temprano en la mañana y veía sus huellas en la arena o en los cantos rodados. Lastima no haberme levantado antes, me ahorraba la caminata! Me llevó alrededor de tres horas llegar a cercanías de Punta Bauzá, considerando que me metía en todas las restingas existentes en busca de restos. Casi desde Caleta Olivia y hasta cuatro o cinco kilómetros al sur de Bahía Lángara la costa es de peligrosas restingas alternadas con playas de cantos rodados. En una palabra, un buen escenario para un desastre marítimo.

 A poco de salir encontré sobre la playa un ballenato varado, muerto hacia mucho.

Bahía Lángara 

 Alrededor de un kilómetro antes de Punta Bauzá encontré sobresaliendo de la arena un gran trozo de hierro, muy lejos de la playa y en la base del acantilado. 

Primer hallazgo 

Pasé Punta Bauzá que despide al mar una gran restinga y allí.... bingo!  en la línea de la rompiente indudables siluetas de algo hecho por el hombre. Un largo costillar, más cerca de la playa lo que podría haber sido un pedazo de un mástil. Metálico. Lamentablemente la marea estaba subiendo y de a poco los restos desaparecían bajo las olas.

 

Punta Bauzá,  en 1° plano un trozo del naufragio 

Aproximadamente a un kilómetro tierra adentro sobre una pampa llana vi humo, cuando me acerqué vi que era el campamento de los algueros. Eran dos, ambos de Mendoza, uno experimentado y otro muy joven. El campamento era miserable, unos toritos de arbustos entremezclados con chapas y latas, una especie de remolque forrado en plástico donde se veían dos colchones de goma espuma sin forro, unas mantas viejas. Subsisten a duras penas recolectando algas que secadas parcialmente entregan a un intermediario, este a su vez a otro intermediario y así sucesivamente hasta que llegan a una empresa monopólica  que comando los precios.

Cuando me  acerqué a charlar con ellos se sobresaltaron bastante, no es para nada común ver gente por allí y no podían creer que había llegado caminando. No tenían demasiado interés por los naufragios pero sí me aseguraron que el que estaba sobre la rompiente era el único en la zona. Pero no los vi demasiado seguros, y su conocimiento de la zona solo llegaba hasta unos pocos kilómetros mas al sur... que era el lugar que a mi mas me interesaba asumiendo que aún podría haber otro naufragio que no aparecía en mi documentación.

Hasta la próxima bajamar aún tendría varias horas de espera que invertí en seguir mi marcha rumbo sur, a Punta Calle. Primero me instalé en un lindo lugar sobre la línea de máxima marea para dar buena cuenta del almuerzo que llevaba. Me sorprendió sobremanera la cantidad de basura sobre la playa y áreas cercanas. Cientos, miles de envases de plástico de todo tipo, muchos restos de pesca, redes, cajones, boyas. Población no hay en muchos kilómetros a la redonda, por lo que este hallazgo es un marcador del grado de contaminación de los mares. Vi dos delfines pescando,  y en el transcurso del día varios lobos marinos incluido un cachorrito.

A partir de aquí y a medida que la geografía cambiaba la marcha era mas penosa. El suelo firme  desapareció y la caminata por los cantos rodados era muy cansadora. Pronto llegué a lugares donde el acantilado llega hasta muy cerca de la playa, incluso tramos que hay que hacer con marea bajando pero regresar antes que suba so pena de ver cerrado el camino por el mar. 

Vista hacia el sur, acantilados en Punta Calle 

Llegué hasta un punto desde donde tenía vista hacia un tramo de costa muy largo que termina en el fondeadero Mazzarredo, muchos kilómetros mas al sur. La costa es de cantos rodados con los acantilados cada vez mas altos y mas cercanos a la playa y ésta falta por completo en algunos lugares donde el mar se estrella directamente en la base de los enormes farallones de piedra caliza. Es zona de mejillones petrificados que se encuentran por millones. Me trepé a uno de los acantilados aprovechando que tenía una especie de zanjón y desde allí tenía una vista imponente. Por lo que pude observar con los binoculares toda esta zona es de aguas profundas, ausencia de restingas y playas suaves de cantos rodados. Al contrario del relieve costero de poco mas al norte no me pareció para nada peligroso para la navegación y supongo que ningún capitán que se precie naufragaría su barco allí. Seguir no tenía mucho sentido.

De manera que me hice un hoyito en la arena para dormirme una buena siesta al sol, luego comí lo que me quedaba de provisiones y emprendí el camino de regreso.

Al llegar al naufragio de punta Bauzá, éste  ya había empezado a asomar. A medida que el mar se alejaba  su silueta me estaba empezando a resultar familiar.... pues tenía en mente las pocas fotos que había sacado en 1997,,, y estos restos se parecían mucho!

Efectivamente, cuando ya pude acercarme a la línea de la rompiente me convencí que en esa oportunidad habíamos visto ese mismo naufragio, o sea que el tonto que esto escribe estuvo diez años sin saber que había encontrado lo que buscaba!!

También me asombró que entonces hayamos llegado tan lejos, por lo que mentalmente hice un reconocimiento para Cecilia y las chicas que sin quejarse caminaron semejante cantidad de kilómetros....

Con el mar bajando comencé a sacar fotos y a medida que podía iba caminando entre los despojos con el agua hasta las rodillas. Afortunadamente en esos momentos el mar estaba calmo y transparente y pude mirar a gusto. Pronto se hizo evidente que el casco original había sido muy “desmantelado”. No encontré mástiles, ni vergas, ni máquinas, ningún tipo de aparejo, anclas. Estaba  las cuadernas con parte del forro, la quilla, proa y popa.

Todo había colapsado con el transcurso de los años y el embate de la naturaleza y estaba desparramado por todas partes. Con un poco de imaginación se podía ubicar los elementos en su lugar y entonces darse una idea de lo grande que debió haber sido el barco. Haciendo equilibrio entre trozos de metal y la restinga medí con pasos a grosso modo su eslora y calculo que no debió medir menos de 70/75 metros.

No hallé elementos que definieran con precisión si se trataba de un velero. Lo que mas me intrigó fue la forma de lo que quedaba de la proa –la parte baja-  que no daba la impresión de ser  lanzada como se esperaría de un velero sino redonda. Podría ser que la parte faltante que había sido cortada tuviera la forma correspondiente.... Por el contrario, no hallé indicios en la quilla de estructuras de asiento de máquinas o calderas, ni en lo que pude distinguir de la popa, bocina de hélice. Tampoco encontré rastros de las carlingas que tendrían que haber contenido las mechas de los palos machos.  

La proa

Vista desde popa

   Forro del casco

Tanto proa como popa tenían sus espacios muertos llenos de cemento como se estilaba antes.  

Espacios muertos de proa y popa con sus rellenos de cemento

 Una prueba de que el barco fue chatarreado en su oportunidad se me presentó observando la parte alta de la roda, donde se apreciaban inconfundibles marcas de soplete oxiacetilénico. Los trozos de mástil que encontré seguramente habían sido cortados también.. 

Roda, marcas de soplete

Trozo de mástil

 Con el pecio casi descubierto por la marea pero aun no baja del todo comenzó a levantarse un fuerte viento que me hizo abandonar la inspección.

El regreso fue mucho mas difícil que la ida, enfrentando un viento helado por la playa que hace unas horas era un tibio paraíso.

Llegué a la camioneta poco antes de la puesta de sol. 

                                                   Conclusión? 

Por las posiciones geográficas ubicadas por GPS, no cabe duda que los dos naufragios hallados son los que figuran en el derrotero y en la carta náutica. Si hay otro mas al sur? Sinceramente no lo creo pero dada la dispersa y poco confiable información disponible nada puede darse por sentado.

Un detalle sumamente interesante fue la comparación del estado de los restos del naufragio con diez años de diferencia, en base a las fotos sacadas entonces y ahora. A simple vista  no se aprecia cambio alguno. 

Vista general de los restos tomada por el autor en 1997 

Ahora queda la tarea de intentar la identificación del naufragio. Un primer intento en la Subprefectura de Caleta Olivia fue negativo, no tenían la menor idea. Aquí me desayuné de que la verdadera finalidad del recientemente creado “Libro Histórico” que queda dependencia de nuestra PNA debe llevar, es a los efectos de registrar acontecimientos vinculados con el funcionamiento de la dependencia y su relación con la comunidad. No es como al menos yo suponía, intentos de registrar acontecimientos marítimos de jurisdicción o vinculados a la finalidad del arma. Por ser sábado igual fui muy bien atendido. En Comodoro Rivadavia  ni lo intenté porque pasamos en un día domingo.

Ahora estoy intentando descubrir si algún diario local funcionaba en esa época, porque el naufragio de un barco de este porte debió haber sido noticia.

Como siempre, el tema queda abierto para recibir cualquier tipo de información que permita avanzar en la identificación  de éste......”galeón”!

 Tandil, marzo de 2007.-