Historia y Arqueología Marítima

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EL CORRIENTES II, UN BARCO ABANDONADO

El acorazado Taselli

Este articulo se publico en la revista NotiExpress de Rosario, seccion "Poder y Sociedad", 17 de Agosto del 2006 - Y AUN ESTA MUY VIGENTE.

La trágica historia del,carbonero frente a la Usina, la tripulación fantasma y los secretos de su poderoso propietario

Por Ricardo Robíns
 

Hace más de cuatro años que un buque carguero de 150 metros de largo descansa olvidado frente a la Usina Sorrento, en la zona norte de la ciudad. Pasando la cancha de Central, rumbo al puente Rosario-Victoria, surge tras la curva de avenida Colombres la figura del enorme y oxidado Corrientes II. Algunos sólo lo ven y siguen su camino. Para otros es directamente invisible. El misterio que encierra el barco fantasma invitó a la gente de no a improvisar sus propias explicaciones. "Tiene bandera extranjera, creo que la tripulación era de Hungría. Se armó quilombo porque no les pagaron y entonces tomaron el barco. Después, la deuda por el amarre se hizo tan grande que quedó ahí", especula un joven que suele pasar en kayac por la zona. "Hubo un accidente y murió un marinero, por eso el barco no puede volver a salir", apunta un hombre desde Cirse, un club de la costa desde donde se ve el gigante de lata.

En realidad, la trama del Corrientes II es bien criolla y muestra el rostro más decadente que caracterizó a la década del 90. El barco era del Estado y fue cedido por el gobierno de Carlos Menem a un empresario amigo, junto al negocio del carbón de la mina de Río Turbio, en Santa Cruz, en 1994. Cuando ese círculo aceitado por millonarios subsidios se acabó a mediados de 2002, este patrón de empresas dejó el buque anclado frente a otra de las sociedades que supo conseguir, la Usina Sorrento. Allí, el carguero no paga derecho de amarre y, aunque bloquea parte de la caleta del Club de Velas, no viola ninguna norma legal.

Hay algo más. deslizan desde la puerta de ese club: todavía hay marineros embarcados. "Pero -advierten- es imposible llegar a ellos porque la única forma de acercarse es desde la Usina". En principio, el dato surge como otro de los mitos sobre el Corrientes II, pero en rigor aún quedan dos marineros de la tripulación original de 22. Sólo que en lugar de ir hasta Río Gallegos a cargar el carbón y luego llevarlo hasta San Nicolás, cuidan el barco desde el interior. Y no están solos, sobre tierra firma, al pie de la embarcación, un suboficial de Gendarmería custodia por orden judicial que nadie se lleve nada del barco, y que éste tampoco se mueva. Son las órdenes de un par de fallos judiciales contra su propietario: Sergio Taselli.

Embarcados y atrapados

"Venimos, trabajamos tres meses y tenemos uno de licencia, cuando por ley deberían ser dos meses y uno, o uno y uno. Además, nos pagan un tercio de nuestro sueldo real y no podemos quejarnos porque nadie nos escucha. Hace un año que no viene nadie a hablar con nosotros y tampoco nos podemos ir porque hace diez que trabajamos acá. ¿Qué hacemos si nos vamos?, perdemos todo. Somos rehenes y prisioneros del barco", le aseguró a NE uno de los tripulantes.

Como en El acorazado Potemkin, el clásico del cineasta Sergei Eisenstein, en el carguero que descansa en el muelle de la Usina, hubo una rebelión de los marineros y también un muerto. Sólo que en este caso, las características épicas de aquel levantamiento contra la opresión de los zares en la Rusia de 1905, fueron reemplazadas por una triste y trágica historia, mucho más cercana a la desesperanza argentina de los 90.

En octubre de 2001, el Corrientes II llegó al muelle de la Usina. Un mes más tarde, mientras se realizaban reparaciones, uno de los marineros perdió la vida en un incendio. "El fuego se inició porque un pibe que tenía que soldar una avería no estaba capacitado para hacerlo, y terminó incendiando un camarote. Esto no es como una casa, no se puede traer a cualquiera y meterlo como hicieron estos (por el dueño del barco, Taselli, y quien da la cara frente a los trabajadores, su cuñado)", recuerda el hombre que todavía está a bordo y que prefiere resguardar su nombre por temor a represalias.

El marinero Eduardo Almirón pudo zafar de las llamas, pero igual murió aquel 19 de noviembre de 2001 víctima del humo. Sugus, como le decían entre la tripulación por la marcada desproporción entre su cuerpo ancho y sus piernas finitas, falleció de un paro cardíaco en un hecho que se pudo haber evitado. Más allá de lo que suponen los biógrafos no autorizados del buque carbonero, no fue ese incendio fatal el que condenó al Corrientes II a quedarse amarrado en la Usina Sorrento.

"En el año 2002 volvimos ' a hacer tres viajes más hasta Río Gallegos", cuenta el marinero. Pero cuando regresaron a la Usina, la tripulación realizó una protesta por salarios adeudadas y por las condiciones precarias de trabajo. Entonces, cometieron el peor de los errores a los ojos de Taselli, recurrieron a los medios de comunicación. El empresario (que además es dueño de muchas otras firmas en todo el país, (ver El barco y su dueño) despidió a todos los manifestantes. Menos a dos. "Es que ese día no estábamos embarcados", explica uno de ellos.

Y agrega: "Desde entonces estamos acá. Somos dos los que cuidamos el barco y a veces contratan a otro de manera temporal. Se hicieron algunos trabajos para convertirlo en un buque cerealero, pero no pasó nada. Esto no tiene solución y como está embargado, no se puede mover. El barco puede estar 100 años acá, pero yo no".

La ruta del carbón

Desde junio de 2002, el carbonero de 159 metros de eslora por 22 de manga y con capacidad declarada de unas 13 mil toneladas, se quedó inmóvil en Rosario. La fecha coincide con la decisión del entonces presidente Eduardo Duhalde de quitarle a Taselli la concesión de los Yacimientos Carboníferos Federales (YCF) en Río Turbio. El empresario había recibido subsidios por 22 millones de pesos-dólares anuales desde 1994, pero no había invertido en infraestructura y mantenimiento. Sólo se llevaba los minerales (y también maquinaria).

El fin del carbón barato fue la verdadera causa de la parálisis del buque. "No tenía mucho sentido lo que hacíamos porque nosotros cobrábamos 70 dólares la tonelada de carbón, mientras que en San Nicolás podrían importarla desde Sudáfrica a la mitad. Usaban el barco para lavar guita y para seguir recibiendo subsidios del Estado", señala uno de los marineros, que durante ocho años realizó ese recorrido.

En el otro extremo de la ruta del mineral, en la mina de Río Turbio, hubo más tragedia. Otra vez fue un incendio, que en este caso provocó un derrumbe que terminó con el saldo de 14 mineros muertos en junio de 2004. Los trabajadores denunciaron que el accidente se debió a la falta de mantenimiento e inversión y el propio presidente Néstor Kirchner aseguró que no se iba a "encubrir" a los responsables. Una semana después le sacó a Taselli la concesión del ramal de trenes San Martín en Buenos Aires. "A Kirchner lo dejaron afuera del negocio de la mina, por eso después se le complicó la situación a Taselli", dice la fuente a bordo.

Sólo oxido y chatarra

Desarmado el circuito, embargado el barco, los tripulantes quedaron presos de su propio trabajo. Ahora se embarcan para cuidar su trabajo mientras el Corrientes II se convierte en chatarra. Debajo de la escalera que comunica el barco con la tierra firme, está un suboficial de prefectura que custodia que nadie suba a la nave (salvo los marineros, claro). "No sé muy bien cual es la historia, pero tenemos órdenes de cuidar el barco", le dice a NE.

"El buque está interdicto desde diciembre de 2005 por orden de! Juzgado Nacional de 1ª Instancia del Trabajo en Buenos Aires. Antes, en 2004, había una prohibición de subir o bajar elementos desde el barco que llegó desde la Justicia de Santa Cruz", aclara el prefecto principal de Rosario Jorge Blati.

El Corrientes II no quedó bloqueado por el accidente fatal de noviembre de 2001, sino recién a fines del año que pasó. "Por la muerte se abrió un sumario judicial, pero no pasó más nada", explica el jefe de Gendarmería. Por otro lado, sobre la permanencia del barco en el muelle de la Usina, Blati señala que ese amarre está permitido y si bien es cierto que molesta a los socios del Club de Velas, la actividad comercial de los buques es legal en ese lugar. "El muelle puede operar", apunta.

"Nosotros no presentamos ninguna queja, ni denuncia y no queremos hacer ningún comentario al respecto", le pidieron a NE que se aclare desde Club de Velas. La reacción pareció, al menos, exagerada. Más aún si se tiene en cuenta la molestia para los socios, que provocó un accidente con un velero el año pasado. "Se le apagó el motor y se vino contra el barco", recuerda el hombre que vio el incidente desde el Corrientes II.

En definitiva, la molestia que provoca el barco en la actualidad es mínima comparada con la historia que esconde: el saqueo de los recursos del Estado, la negligencia empresarial que provoca la muerte de trabajadores y la impunidad de quienes amontonan el dinero.

Cuando la tripulación del buque pidió a gritos ayuda en 2002, no tuvo la misma suerte que sus pares del Acorazado Potemkin en 1905. En Rosario nadie salió, como en Odessa, a pelear contra las condiciones indignas de trabajo. Quizás por eso, todavía hoy, tos marineros del Corrientes II están condenados a embarcarse en el acorazado fantasma de Taselli.

Todos somos acreedores

Sergio Taselli no sólo tiene problemas con la Justicia de Santa Cruz y Buenos Aires, desde donde salieron las órdenes de embargo hacia el Corrientes II. También existen dos causas abiertas en la Justicia por deudas con la Municipalidad de Rosario. Una de ellas, según señalaron desde la Secretaria de Hacienda local, es por falta de pago del Derecho de Registro e Inspección (Drei) y la otra por Usuario de gas. El monto total que suman ambas supera el millón de pesos, aunque la cifra es difícil de precisar porque la deuda tiene ya muchos años y el cálculo de los intereses puede variar, explicaron.


Corrientes II en sus épocas de ELMA

El Corrientes II fue construido en 1977 para la empresa del Estado Elma que llegó a tener una flota de más de 50 barcos. El carguero aún conserva los colores que caracterizaron a esa firma nacional. En 1994, el empresario Sergio Taselli se quedó con la concesión de Yacimientos Carboníferos Río Turbio (YCRT) y con el barco.

En 1996, el carbonero realizó el primer viaje desde Río Gallegos hasta la Central Térmica de San Nicolás. "Llevábamos carbón, pero a veces también maquinarla pesada que Taselli movía de un lugar a otro", cuenta el aún marinero del Corrientes II. Es que la especialidad del empresario es tomar firmas quebradas o con graves problemas económicos y "sanearlas" con un estilo particular: limitar el número de acreedores (o desconocerlos), despedir trabajadores (a veces mediante acuerdos con los sindicatos, otras por la fuerza} y conseguir subsidios del Estado. Mientras tanto, moviliza activos de una firma a otra, ya que controla una gran cantidad de compañías.

Es dueño de la Usina Sorrento (junto al Sindicato de Luz y Fuerza que tiene el 10 por ciento que le corresponde por un porgrama de participación fijado en las privatizaciones) compró en remates judiciales Petroquímica de Capitan Bermúdez (Ex Electroclor) que le vende cloro a Celulosa Arg. SA, la fábrica de maquinaria agricola Agrinar en Granadero Baigorria (ex Massey ferguson) y Molinos Brunning de San Jorge. Ademas controla firmas de distribucion de energia en el norte del país y Aceros Zapla (Ex Altos Hornos Zapla) entre otras.

En 2002, Taselli prdio el control de la mina y el buque quedo como activo de Poliservicios SA, una firma que realiza trabajos en la empresa de Taselli. "El la usa para hacer tercerizacion de manera indebida en otras empresas, como por ejemplo Petroquimicas de Bermudez, en la ex Massey Ferguson que esta frente a la usina", asegura Carlos Ghiolid, secretario gremial la Asociación de Empleados de Comercio de Rosario.

Ghioldi conoce de cerca de a Poliservicios SA porque en julio de 2005 ocho empleados quisieron sindicalizarse y fueron despedidos por Taselli, "Es una firma casi fantasma que tiene entre 80 y 150 contratados para hacer trabajos de montaje y de mantenimiento", agrega.

El empresario tuvo además conflictos en  Entre Ríos donde compró el frigorífico Santa  Elena; con los empleadas de la ex emprésa láctea Gándara (que absorvió Taselli al comprar por un Euro Parmalat Argentina) y, en Buenos Aires con la firma de Trenes Metropolitanos SA.

 Aunque sin nombrarlo, el Presidente Kirchner califico a Taselli de "sinvergüenza" y le quito el ramal San Martin en Julio del 2004 (y el Roca en el 2007) sin embargo aun le quedaria el Belgrano Sur.

  "Taselli aprovecha la situacion de precariedad laboral que se vive en la region y en el país para impone run avasallamiento sobre los trabajadores, pero él no es el único que lo hace", resume Ghioldi.

En resumen, esta es la historia de uno de los dos buques de Elma que aun quedan a flote, el Corrientes II y el Castillo, en Ibicuy.

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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