Historia y Arqueología Marítima

 

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Fuente: Boletin del Centro Naval- N°822/2008   Autores Jaime E. Grau Paolini y Manuel A. Iricíbar

El Capitán de Navío (R) Jaime Enrique Grau Paolini nació en Asunción en 1932. Es hijo de un Oficial de la Armada Paraguaya, y su madre era argentina. Egresó de la Escuela Naval Militar en 1950. Durante su carrera ocupó diversos cargos en las Fuerzas Armadas y en el Estado como Jefe, Director, Contralor y Fiscal. Es Perito y Constructor Naval y fue Profesor de historia del Colegio Militar e itinerante en Facultad Nacional. Pasó a retiro en 1989, dedicándose a la recopilación e investigación de la Historia de la Armada del Paraguay y de recuperación de lugares y datos históricos de la Ciudad de Asunción. Es miembro activo del Foro Internacional de Histarmar.

El Capitán de Navío (R) Manuel Augusto Iricíbar egresó de la Escuela Naval Militar como Guardiamarina en 1965. Prestó servicios en diversas unidades de la Armada Argentina y en el destructor USS Southerland de los Estados Unidos. Fue profesor en la Escuela de Guerra Anfibia del Pacífico (EE.UU.) y en la Escuela de Guerra Naval. Ascendió a Capitán de Navío en 1990. Egresó del Colegio Interamericano de Defensa en 1992. Pasó a retiro en septiembre de 1994.


Los guerreros antiguos no quedaban victoriosos porque

tuviesen una sabiduría infinita ni un valor sin límites.

Lo que hacían era no cometer errores. — Sun Tzu

El 11 de junio de 1865 se libró una batalla naval entre buques brasileños y paraguayos en el río Paraná, 11 kilómetros al sur de la ciudad de Corrientes, donde desemboca el curso de agua llamado Riachuelo.

Ocho buques paraguayos atacaron a nueve brasileños que se encontraban allí. Luego de siete horas de combate ambos bandos sufrieron importantes pérdidas en naves y hombres, y las flotas se retiraron del lugar. La batalla ha sido descrita en detalle por otros autores (1) y sólo incursionaremos en aquéllos necesarios al objeto de este trabajo. Exploraremos, en cambio, las circunstancias que rodearon a esta acción: por qué se produjo, qué factores intervinieron en su resultado, y sus consecuencias en el desarrollo posterior de la guerra.

Situación general en la zona del combate

Las hostilidades comenzaron con el ataque al puerto de Corrientes y captura de dos barcos argentinos el 13 de abril de 1865. El 14 de abril un ejército paraguayo de 27.000 hombres al mando del general Wenceslao Robles invadió la provincia de Corrientes, apoderándose de su capital, donde dejó una guarnición de 1.500 hombres y continuó al Sur en rápido avance. Del 11 al 20 de mayo avanzó a Bella Vista. El 3 de junio entró en Goya. El 1º de mayo se firmó el Tratado de la Triple Alianza.

Del lado argentino, mientras el General correntino Nicanor Cáceres reunía 5.000 milicias de caballería en el interior de la provincia, el General Wenceslao Paunero con 1.000 hombres del Ejército desembarcó en Goya el 16 de mayo. Al advertir que sus medios eran insuficientes para enfrentar al grueso de las tropas invasoras y detener su avance, Paunero decidió operar sobre la retaguardia paraguaya. El 25 de mayo, con dos barcos de transporte y apoyado por nueve buques de guerra brasileños tomó la ciudad de Corrientes, que retuvo hasta el otro día; reembarcándose para retroceder hasta Esquina, donde llegó el 2 de junio. La escuadra brasileña permaneció fondeada al sudoeste de Corrientes sobre la costa chaqueña.

El 9 de junio el Mariscal Francisco Solano López se trasladó de Asunción a Humaitá, donde instaló su cuartel general, estableciendo una activa comunicación telegráfica con la ciudad de Corrientes, donde el Canciller paraguayo José Bergés ejercía su representación.

Situación naval

Paraguay contaba al inicio de la guerra con una veintena de buques de entre 200 y 500 toneladas, la mayoría eran mercantes de madera sin blindajes, propulsados por palas laterales. Improvisados como buques de guerra mediante la instalación de unos pocos cañones, sus calderas instaladas sobre cubierta eran muy vulnerables. Solamente dos de ellos, el Anhambay y el Tacuarí habían sido construidos como naves de combate. Su base logística era Asunción y operaban proveyendo transporte y aprovisionamientos al ejército del general Robles.

Tacuarí

La flota brasileña, en la misma época, tenía su 2ª y 3ª Divisiones al mando del Capitán Francisco Barroso con un total de nueve buques en la zona de Corrientes, manteniendo la 1ª División como reserva en Buenos Aires (Almirante Tamandaré, Comandante de la flota imperial). Sus unidades principales eran de 500 a 1.500 toneladas, habían sido construidas para la guerra, en acero o madera (2), y portaban entre 6 y 8 cañones de mayor calibre, alcance y tecnología que los paraguayos. Diseñadas para el mar, sus bordas eran más altas que las de los buques paraguayos, y su calado del orden de un metro mayor.

Amazonas

Araguary en Guanabara

En junio de 1865 operaba en el río Paraná en apoyo de las incipientes operaciones aliadas para rechazar la invasión, y materializando el bloqueo del río hacia y desde el Paraguay. Llevaba embarcadas 1.700 tropas de ejército, en previsión de operaciones terrestres y, dado que la navegación debía hacerse por los canales naturales para evitar varaduras, era asistida por prácticos locales embarcados. Algunos de esos canales (o “pasos”) discurrían cercanos a las barrancas costeras y agregaban el peligro adicional de enfrentarse a baterías costeras.

Luego de participar en la incursión sobre la ciudad de Corrientes y habiéndose replegado Paunero al sur, la escuadra decidió permanecer en la zona y fondear en la costa chaqueña probablemente por los siguientes motivos: El lugar se encontraba fuera del alcance de las armas paraguayas emplazadas en la costa correntina, y brindaba la seguridad de no recibir ataques desde el oeste. La falta de depósitos de carbón en toda la zona de operaciones aconsejaba no consumirlo en traslados innecesarios; traslados que implicaban navegar a lo largo de la costa correntina dominada por el enemigo. n La costa chaqueña brindaba la posibilidad de abastecerse de comida (caza) y combustible (leña).

Análisis de hechos y decisiones previos al combate

La incursión de Paunero sobre Corrientes produjo efectos más psicológicos que materiales.Fue la primera operación exitosa que los aliados pudieron oponer al hasta entonces imparable avance paraguayo; lo que contribuyó a elevar  su moral y puso en evidencia la amenaza que significaba la capacidad de la escuadra brasileña de incidir sobre la retaguardia de las fuerzas paraguayas.

Esta percepción se materializó en las instrucciones que el Mariscal Solano López envió al General Robles el 26 de mayo, para que retrocediera hacia Corrientes; orden que éste demoró en cumplir. A fines del mes de mayo de 1865 (entre los días 28 y 29) López, ante la presencia de la escuadra brasileña frente a Corrientes, comenzó a evaluar ideas para atacarla. El 30 de mayo el Mariscal López decía, desde Asunción, a Bergez (3): Me estoy disponiendo a marchar […] No conozco la situación precisa de la Escuadra enemiga, porque según fuera ella y la naturaleza de la barranca adyacente por esa parte, sería útil que el Mayor Avelino Cabral reconociera el pasaje y tratar de incomodar el sueño de dicha Escuadra aproximando de repente su artillería a caballo [...]

El 1º de junio le escribió: Por el ancladero de los Brasileros parece que no podrán ser hostilizados con ventaja sino los buques que quedan hacia el Riachuelo, donde el canal queda más contiguo a la barranca. El 9 de junio, el Mariscal López estando ya en Humaitá llamó al Teniente 1º de Marina Pedro V. Gill y le ordenó que levantara un croquis de las posiciones de la escuadra brasileña surta frente a Corrientes. Ese mismo día el Teniente Gill, acompañado por el ayudante del Mariscal, Capitán Cortés, hizo el viaje en el buque Yberá, obtuvo los datos ordenados, y entregó el croquis antes de cumplirse las 24 horas. Comunicó también que, aprovechando su viaje, exploró y sondó el canal principal del río entre la costa correntina y la isla Palomera (ver Figura 11).

El 10 de junio al anochecer, el Mariscal López reunió a los Comandantes de los buques para analizar la operación. Participó también Francisco Wisner de Morgenstern (4). Siendo el Capitán de Corbeta Remigio Cabral y el Teniente 1º Pedro Gill los más conocedores de la navegación del río Paraná, el Mariscal les preguntó qué hora consideraban más oportuna para atacar al enemigo, contestando éstos que a las 3 o 4 de la mañana, y que si se zarpase de Humaitá a primera hora de la noche (5), en siete horas harían el trayecto. En la misma reunión se consideró que el modo de acción era (6) caer de sorpresa y proceder al abordaje del enemigo porque ellos contaban con mejor artillería y barcos de guerra muy superiores a los nuestros que son mercantes artillados, salvo el Tacuarí. Los demás jefes aceptaron el plan propuesto por el Capitán Cabral y el Teniente Gill. La inferioridad de los buques paraguayos era evidente y desalentaba el combate a distancia.

La habilidad de los soldados paraguayos para combatir al arma blanca fue un hecho confirmado repetidamente a lo largo de la guerra, de modo que la elección del abordaje y asalto cuerpo a cuerpo para combatir, y eventualmente capturar, a los buques brasileños, era lógica.

El plan era bajar sigilosamente, con los motores apagados amparados por la oscuridad y acorralar a los brasileños en su apostadero, para proceder al abordaje de sus naves. Debido a la fuerte corriente del río (unos tres nudos) (7) la maniobra implicaba pasar río abajo del fondeadero brasileño cañoneando los buques; dar la vuelta y entonces, corriente arriba, sí ubicarse lado a lado con cada buque para abordarlo y apoderarse de ellos.

Una vez fijado el procedimiento, surgió la proposición del Coronel Wisner de Morgenstern que los buques remolcaran tres chatas armadas con cañón que se encontraban en Humaitá más otras tres que estaban en Paso de Patria. Estos artefactos eran desconocidos para los aliados en esa época. Habían sido concebidos en 1862 para operar ocultos en las costas. De unos 15 a 20 metros de eslora, fondo plano y perfil a ras del agua portaban un cañón de 68 libras y seis a ocho hombres de tripulación. Podían hacer mucho daño al disparar a buques mientras que, por sus pequeñas dimensiones, era muy difícil para la artillería naval lograr impactarlas. Carecían de propulsión y, al tener que ser llevadas a remolque, limitaban la maniobrabilidad del buque remolcador y su velocidad (no debía producir olas en su estela).

Todos los jefes navales se opusieron a la idea alegando que ello retrasaría la operación y al mismo tiempo entorpecería los movimientos de la escuadra durante la navegación y el combate. A pesar de ello, prevaleció la posición del Coronel Wisner.

Figura 7. Lanchón (chata) con cañón. (Dibujo Capitán Grau).

Eslora: 16,50 m Manga: 3,50 m Puntal: 2,10 m Casco: de 3 estables cruzados de 5 cm Artillería: avant carga de 68 lb Trazado: de acuerdo a planos del Ing. Desiderio Trujillo, año 1862 Material: tablones de lapacho Amarres: madera de curupay 8”x8” Tripulación: 6 a 8 hombres

Adicionalmente, Solano López ordenó al Coronel de artillería José María Bruguez que instalara una batería de cañones en la margen derecha del Riachuelo. Éste lo hizo, sobre una barranca de 30 metros de alto que dominaba el sector, reforzándola con 3.000 fusileros a ambos lados de la desembocadura.

Las preparaciones en Humaitá se hicieron precipitadamente dando lugar a que no se completaran los elementos de abordaje (ganchos, escalas, etc.) necesarios. La distancia de navegación desde Humaitá a Tres Bocas (confluencia del Paraná con el Paraguay) era de 25 millas náuticas (8) (Mn). Desde allí hasta donde estaba la escuadra imperial, otras 19 Mn. Si los buques hubiesen podido navegar a su velocidad normal (unos 8 nudos) y sumando la corriente a favor (del orden de 3 nudos) habrían podido recorrer la distancia de Humaitá a Riachuelo en cuatro horas.

Paraguarí

Sin embargo, los que remolcaban chatas  debieron navegar a velocidad reducida (unos 4 nudos). Considerando la corriente, el tiempo necesario para navegar hasta Riachuelo era en realidad de seis horas y media. Tomando en cuenta una demora de una hora para detenerse en Tres Bocas y pasar remolque a las restantes chatas en la oscuridad de la noche, la navegación del conjunto insumiría siete horas como se había informado al Mariscal. Si efectivamente querían llegar a las 04:00 hs, y sumando un razonable margen de una hora, hubiesen debido zarpar a más tardar a las 20:00 hs (“primera hora de la noche” como se asesoró a Solano López). Pese a ello, la flota recibió orden de levantar presión de vapor a las 22:00 hs y la zarpada se produjo pasada la media noche (00:30 hs) (9).

Deducimos que arribó a Tres Bocas aproximadamente a las cinco de la mañana. Pasados los remolques, el Yberá tuvo una avería en la hélice que le impidió continuar la navegación. Meza esperó mientras se intentaba repararla y luego decidió seguir sin ese buque. Para entonces probablemente eran las 7 de la mañana, por lo que el Comandante de la flota paraguaya, Capitán Francisco Meza, ya sabía que no sólo no llegaría a los buques brasileños a las 04:00 como estaba planeado, sino que ni siquiera lo haría amparado por la oscuridad. La flota continuó su avance a las 08:30 hs, cuando ya era de día.

Una semblanza de los Comandantes enfrentados

Capitán de Navío D. Pedro Ignacio Meza (10) Tenía 52 años. Ingresó al servicio militar como soldado de artillería, ascendiendo a Cabo en 1841 y a Sargento en 1844. En 1845 fue asignado a la recientemente creada Artillería de la Marina. En 1846 ascendió a Subteniente y nombrado Comandante de la sumaca Independencia del Paraguay participando en una expedición al Chaco comandada por el Teniente Coronel de Ingenieros Francisco Wisner de Morgenstern. Ascendió a Teniente de Navío en 1847 y fue Comandante de la goleta República del Paraguay y la balandra Marte. En 1854 fue nombrado Comandante de la Escuadra Nacional por el Presidente Carlos Antonio López en mérito a sus dotes personales y profesionales, cargo que ejerció hasta su muerte. Simultáneamente fue Comandante del vapor Río Blanco y luego, como Capitán de Corbeta, de la cañonera Tacuarí, nave insignia de la Flota. En 1858 ascendió a Capitán de Fragata (11). Al mando de la Flota participó en 1864 en la campaña del Matto Groso, y el 13 de abril de 1865 capturó en Corrientes los vapores argentinos 25 de Mayo y Gualeguay y posteriormente transportó la División del General Robles a esa ciudad.

Capitán de Navío D. Francisco Manoel Barroso da Silva (12) Tenía 61 años. Ingresó a la Escuela Naval a los 17 años y se recibió de Guardiamarina a los 21. Su experiencia en combates navales se inició en 1827 en la guerra entre Argentina y Brasil (Guerra da Cisplatina). En 1831 tuvo el primero de varios comandos de buques, incluyendo la corbeta Bahiana en un viaje de instrucción por el Océano Pacífico. En 1840 fue designado Comandante de la División Naval de Santa Catalina. En 1854, como Capitán de Navío, fue Jefe de Estado Mayor de la División Naval del Río de la Plata, de la que más tarde fue Comandante en 1863. En 1865 fue designado Jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Navales en operaciones en el Río de la Plata, las que estaban al mando del Almirante Tamandaré, quien le encomendó el comando de las fuerzas destacadas frente a Corrientes.

Descripción del combate (13)

Encerrados en un área de 4.000 por 1.500 metros combatían 17 buques. El fuego de más de 100 cañones y de miles de fusiles hacía parecer que el agua hervía por los impactos de innumerables balas de todos los tamaños. El espacio estaba materialmente cubierto de humo y el zumbido de los proyectiles producía un concierto aterrador (14).

Los buques brasileños estaban fondeados a lo largo de la costa de Barranquera. Pasadas las 9 de la mañana el Mearim, en el centro de su línea, dio la alarma de la aproximación de la escuadra paraguaya, con suficiente tiempo como para prepararse para el combate y comenzar a levantar presión en calderas. La línea paraguaya pasó entre ellos y las islas Noguera.

Marques de Olinda

Piravevé

Ambos bandos, en este cruce, intercambiaron fuego  a una distancia de menos de 1.500 metros, recibiendo el Jejuí varios impactos, uno de ellos en la caldera, que lo dejaron a la deriva. Las chatas remolcadas por el Ygurei, Yporá y Marqués de Olinda también recibieron impactos.

Dos se hundieron; una quedó varada en la isla Palomera. La escuadra paraguaya continuó navegando río abajo y, pasando la isla Cabral, viró corriente arriba situándose al sur de la boca del Riachuelo contra la costa. Allí soltó los remolques de las tres chatas que le quedaban. La línea brasileña logró zarpar una hora después y se dirigió aguas abajo con el Belmonte, Jequitinhonha y Amazonas (en ese orden) a la cabeza. A poco de avanzar, el Amazonas con el Jequitinhonha viraron hacia la costa correntina buscando una posición al norte de la desembocadura del Riachuelo para cortar la retirada a la flota paraguaya.

Allí se enfrentaron con el inesperado fuego de los 30 cañones de las baterías costeras. El Jequitinhonha varó frente a ellas y no pudo zafar. El Belmonte, primero de la línea, había continuado el avance separado del resto, recibiendo el fuego combinado de la batería terrestre y las naves paraguayas. Con serias averías embicó en la isla Cabral para evitar hundirse.

Fragata Amazonas, modelo.

Corrigiendo su maniobra (15) el Amazonas reasumió la vanguardia, y con el resto de la flota brasileña navegó río abajo entablando un duelo de artillería al cruzarse frente a la flota paraguaya. Al llegar a la isla Lagraña retomó rumbo aguas arriba. Los momentos iniciales del combate habían sido desfavorables para los brasileños. El Parnahyba regresó aguas arriba para asistir al Jequitinhonha. A mitad de camino, al verlo solo, se desprendieron de la costa de Riachuelo el Tacuarí, el Paraguarí, el Salto Oriental y el Marqués de Olinda, y se acercaron para el ataque. El Paraguarí le cerró el paso por la proa pero el Parnahyba lo embistió. El choque fue tremendo; agarramos al Paraguarí por el tambor y le echamos abajo parte del aparejo de corbeta (16). El Paraguarí, haciendo agua, se dirigió a la Isla Palomera. Encallado allí, su tripulación lo abandonó refugiándose en la vegetación.

YGUREI

YPORÁ

Finalmente, el Parnahyba también quedó varado en la isla Palomera. El Tacuarí trató de abordarlo por babor, el Salto Oriental por estribor, y el Marqués de Olinda por la popa. Los paraguayos no disponían de elementos para sostenerse al costado de su víctima (garfios de abordaje) y para escalar su borda dos metros más alta. (17) Durante la acción de abordaje fue mortalmente herido el Capitán Meza, quien falleció cuatro días más tarde en Humaitá.

En el buque abordado los asaltantes (18) sablearon y apuñalaron a los que estaban en cubierta. Algunos brasileños se arrojaron al agua, otros buscaron protección en el interior cerrando todas las escotillas. De este modo quedamos todos abajo y los paraguayos, sin poder ganar el interior […] izaron la bandera paraguaya y dieron orden a la máquina de ir adelante. En aquella tremenda confusión como no he visto en mi vida, ni creo que volveré a ver jamás, se me ocurrió ordenar lo contrario a los maquinistas por una claraboya que comunicaba a la sala de armas con la máquina. Después veía yo el estado del buque por la costa, valiéndome de los ojos de buey, y ordenaba a la máquina combinaciones de atrás y adelante […].

Mientras tanto, en el sector sur, el Mearim acudió a auxiliar al Belmonte, embicado en la isla Cabral. Así, al mediodía, al promediar el combate, la flota paraguaya intentaba dificultosamente desarrollar su plan de abordaje, y la  brasileña estaba, de hecho, dividida, y con casi la mitad de sus buques neutralizados (ver Figura 13).

El Amazonas, seguido por el resto, puso proa al fondeadero de los paraguayos en la boca del Riachuelo y embistió al Jejui que estaba al garete, hundiéndolo. Luego hizo lo mismo con una de las chatas. El Pirabebé (19) que estaba en el lugar, escapó hacia el Norte. También lo hicieron un poco más tarde los dos restantes buques paraguayos (Yporá e Ygurei) que estaban en la boca del Riachuelo. El Paraguarí y el Beberibé cayeron hacia el Norte rumbo al Parnahyba varado, de cuyo costado se separó el Tacuarí (20), que también inició la retirada. También se separaron el Salto Oriental y el Marqués de Olinda que inexplicablemente pusieron rumbo a Riachuelo (21).

El Amazonas embistió con su proa, sucesivamente, al Marqués de Olinda y al Salto Oriental que, finalmente, se hundieron. El Beberibé y el Paraguarí barrieron con metralla la cubierta del Parnahyba, matando a casi todos los paraguayos y lo recuperaron. Luego persiguieron al Tacuarí, que se retiraba.

Las acometidas del Amazonas y la superioridad en tonelaje y poder de fuego de los buques brasileños habían volcado el resultado de la batalla. Los buques paraguayos continuaron la retirada perseguidos inicialmente por el “Beberibé” y el Araguary. El Pirabebé seguido del Yporá, Tacuarí e Ygurei remontaron el río hacia Humaitá, dejando atrás cuatro buques perdidos (Paraguarí, Marqués de Olinda, Salto Oriental y Jejui) además de cuatro chatas (Figura 15).

JEJUI

Los dos buques brasileños mantuvieron la persecución unas tres millas, hasta la altura de Corrientes, y luego la abandonaron para regresar a concentrarse con el Amazonas.

Epílogo

Al otro día los buques paraguayos llegaron a Humaitá. Tenían las chimeneas medio arrancadas y mutiladas, los cascos ennegrecidos y agujereados en muchos puntos, y los cañones desmontados. Los heridos eran numerosos y los del Ygurei tenían el rostro y las manos quemadas por el agua hirviendo (22). Al amanecer de ese día, José Bergés informaba desde Corrientes: De la escuadra enemiga se ven seis buques colocados en diferentes puntos del combate (23). Y el día 13: Si hemos de creer la relación de los prisioneros, en los buques se agotan ya los víveres y los combustibles, y no pueden tardar en regresar aguas abajo.

La escuadra brasileña recuperó el Belmonte y no pudo remolcar al Jequitinhonha. Ese mismo día forzó el paso del Riachuelo, y se dirigió a Bella Vista. Posteriormente continuó cambiando de posiciones río abajo hasta llegar a Goya el 12 de agosto. Habían incendiado el Paraguarí, mas debido a que el casco era de acero solo se quemó su parte interior. En los días subsiguientes los paraguayos rescataron el casco y lo llevaron a Asunción, donde lo desguazaron y aprovecharon el hierro más tarde en la guerra. Del Jequitinhonha sacaron “dos cañones de 68 y cuatro hermosos cañones de fierro de a 32, también dos obuses de bronce de 5 pulgadas” (24).

Análisis crítico

En los múltiples trabajos que se han escrito sobre el combate del Riachuelo, se ha puesto más énfasis en su descripción que en el análisis de los “¿por qué?”. Aun en fuentes de gran jerarquía histórica o institucional, se encuentran claros contenidos de subjetividad que inciden en las conclusiones. Muchas han perdurado en el tiempo convirtiéndose en verdades aceptadas; principalmente las que, apoyadas en breves párrafos, se refieren al éxito rotundo de una de las partes y fracaso de igual magnitud de la otra; o las que asignan excluyente incidencia a las cualidades humanas o profesionales de los actores, con prescindencia de la intrincada combinación de circunstancias en que debieron desempeñarse.

Los hechos de la historia sucedieron como tales y ningún estudio puede modificarlos. Sin embargo, puede hacerse un esfuerzo para interpretarlos desde una perspectiva útil y exenta de las pasiones que naturalmente despiertan las acciones de guerra. Va de suyo que sólo pueden ser objeto de análisis académico las ideas y decisiones producidas en relativa tranquilidad, por personas no expuestas al fragor del combate. Elegimos, como particular metodología, verificar las acciones y decisiones de los oponentes a la luz de ciertos “Principios de la guerra”; conceptos abreviados que intentan reducir los innumerables factores que gobiernan los enfrentamientos militares; pero que no pretenden ser verdades universales acerca de guerra, las que no existen.

Los Principios actúan como “recomendaciones”, y se dice de ellos que “no garantizan el triunfo si se respetan, pero llevan al fracaso si se ignoran”. Adoptamos algunos de aceptación generalizada en Occidente y válidos para la época:

Principio del Objetivo: consiste en dirigir la operación hacia un claro y obtenible fin. (El Objetivo es la luz que ilumina el camino de un Comandante) (25).

Principio de la Simplicidad: es preparar planes claros, no complicados, y órdenes concisas que aseguren la comprensión del propósito que se persigue.

Principio de la Ofensiva: es tomar, retener y explotar la iniciativa.

Principio de la Seguridad: no permitir que el enemigo adquiera una ventaja inesperada.

Principio de la Masa: concentrar el poder de combate en el objetivo principal.

Principio de la Maniobra: realizar un movimiento coordinado que mantenga al enemigo fuera de balance.

Principio de la Sorpresa: atacar al enemigo en un lugar y momento o en una forma para el cual no esté preparado.

En una interpretación integral de los hechos, estos principios influyeron durante el planeamiento y luego en el combate, en distintos momentos y con diferente peso. El objetivo paraguayo fue suficientemente claro: capturar buques brasileños: El Mariscal López decidió solucionar el problema de una manera muy inteligente: quitándoles los barcos de guerra a los brasileros ya teníamos una flota de guerra; con la flota de guerra, los ríos eran nuestros; si los ríos eran nuestros, la victoria era nuestra (26). Descartamos que haya sido la destrucción de los buques (sin ninguna duda bienvenida si se produjese) porque la flota paraguaya no tenía los medios para hacerlo, y no hay evidencias de que haya sido considerado. No hubiese tenido sentido práctico, porque el costo de perder buques que no se podían reemplazar no justificaba intentar eliminar buques que serían fácilmente reemplazables por los aliados.

Tampoco era obtener o recuperar el control de algún área de los ríos que fuese esencial para el sostén de sus operaciones en tierra. Nada hasta ese momento lo comprometía. No es tan evidente su condición de “obtenible”. La adopción del abordaje como método estaba comprometida por la diferencia de altura de las bordas de los buques, la distancia entre buques que imponían las ruedas laterales de propulsión, y la necesidad de estar acoderados el tiempo suficiente para transferir las tropas de asalto necesarias (del orden de cien soldados) (27) para reducir a la del buque abordado.

En resumen: el objetivo paraguayo era claro, sencillo, y bien transmitido y comprendido; pero no de fácil obtención, sobre todo si fue cierto que omitieron embarcar los elementos de abordaje.

Debemos deducir el objetivo brasileño de la situación general. Para ello es conveniente recordar que “las flotas sirven para controlar espacios de agua”, lo que significa “emplear esas aguas en provecho propio y negar su uso al oponente” (28). Luego del repliegue de Paunero a Esquina, no quedaban fuerzas terrestres en Corrientes a ser apoyadas. El litoral chaqueño era inhabitado e intransitable. Desde el Norte y hasta Goya, el territorio estaba en poder de los paraguayos y, en ese momento, el control de ese tramo del Paraná no servía en provecho de ninguna operación aliada en tierra. A las fuerzas navales brasileñas de Barroso les quedaban dos objetivos: impedir el uso de los ríos en la zona por parte de los paraguayos, y bloquear la comunicación marítima de Paraguay con el Río de la Plata y, por ende, con el mundo.

La elección de fondear al sur de Corrientes no servía para impedir el tráfico naval entre Paraguay y Corrientes, dado que se realizaba en áreas más al norte. Sí servía al bloqueo del Paraná; pero la posición elegida implicaba aislamiento logístico, inmediata exposición a ataques navales paraguayos, con un camino de retroceso plagado de importantes amenazas costeras. No cumplía el principio de la Seguridad.

Ya desde la reunión en Humaitá los paraguayos planearon buscar una posición inicial al sur del enemigo, al que se suponía inadvertido en su fondeadero de Barranqueras. Aun cuando así fuera, el diseño del combate comprometía desde el inicio la obtención de la sorpresa. Si la flota paraguaya primero debía pasar a los brasileños, encolumnada, río abajo y luego regresar, era ilusorio pensar que no habría alguna alarma en las casi dos horas que este movimiento insumía (algún ruido, una luz, etc.). Tal posición permitía, además, que la flota brasileña interceptara el regreso de la paraguaya río arriba con sólo zarpar. El plan llevaba por eso, implícito, ceder la iniciativa desde el inicio del combate. El riesgo de no poder regresar a Humaitá con sus buques (hecho que casi se produjo inicialmente) y los eventualmente capturados, invalidaba cualquier posible éxito, agregando al plan paraguayo un componente de inseguridad.

Este plan, además, no adoptaba ninguna medida para concentrar el esfuerzo en el objetivo principal, consistente en capturar algunos buques. Por el contrario, preveía que el combate fuera de cada buque paraguayo contra cada brasileño en su lugar de fondeadero, aceptando a priori batirse individualmente en posición de inferioridad. Las baterías costeras no servían a la concentración del poder de combate si la acción se desarrollaba, como se planeó, sobre Barranquera.

Pero el elemento fundamental del plan paraguayo era la Sorpresa, y en ella se centraba la esperanza de éxito en la operación. Su obtención dependía totalmente de que el ataque fuese nocturno. Pese a que todos los jefes paraguayos (incluyendo al Mariscal López) sabían que para lograrlo debían zarpar de Humaitá a determinada hora, el traslado se inició mucho más tarde. Cuesta entender cómo pudo cometerse semejante error, y también que los responsables en todos los niveles no hayan evaluado sus consecuencias en el mismo momento de cometerlo y adoptar decisiones para resolverlo de alguna forma.

La incorporación de los lanchones a remolque presenta enormes contradicciones. Se pretendía aumentar con ellos el poder de fuego de los buques, lo que no era totalmente cierto: si estaban navegando sólo podían tirar en la dirección de su crujía (29) (por la posición fija del cañón). Por otra parte llama la atención que los que tenían menos cañones (Jejuí 2 y Pirabebé 1) no las llevaban. Este muy cuestionable aporte, en cambio, sacrificaba la libertad de movimiento, cuando el objetivo principal no era dañar a los buques brasileños sino capturarlos. Esta inclusión fue propuesta, contra la opinión de todos los marinos profesionales de la flota, por […] personas huérfanas de los conocimientos náuticos elementales para planificar una operación bélica de tanta importancia para el Paraguay (30). Solamente la usual inapelabilidad de las decisiones del Mariscal López permitiría explicar el despropósito.

Una vez zarpados, y por ende bajo la responsabilidad de Meza, se produjeron demoras adicionales que definieron sin lugar a dudas que el encuentro sería diurno. Lo razonable hubiese sido posponer el ataque para la noche siguiente (u otra, de ser necesario). Esa decisión correspondía en ese momento al Comandante paraguayo; pero no la tomó.

 Reconocemos que los Comandantes militares paraguayos sentían un temor reverencial por el Mariscal, y sabían que el incumplimiento de sus órdenes se pagaba con el fusilamiento. Sin embargo, no en vano Meza era el Comandante de la Flota desde hacía más de diez años y el oficial más antiguo de la Marina, con brillantes antecedentes. No existía premura en concretar ese ataque. Si hubiese pospuesto la operación habría tenido amplia justificación dado que la orden que él debía cumplir era realizar un ataque nocturno, que en ese momento ya no era posible por causas no atribuibles a él. Además, daba lugar a recuperar el Yberá, uno de los buques más aptos (a hélice con 4 cañones) y su excelente Comandante Gill; todos estos factores indispensables para compensar la inferioridad ante los brasileños.

Desde donde se encontraba tenía la posibilidad de mantener actualizado a Solano López de la situación y de su eventual decisión. Existía fluida comunicación con Humaitá desde Paso de la Patria e Itapirú, en la cercana costa paraguaya (31). No lo hizo, contribuyendo con su pasividad a la catástrofe.

En resumen: siendo vital a la operación paraguaya el principio de la Sorpresa, fue caprichosa e innecesariamente incumplido, y progresivamente sacrificado desde los momentos iniciales.

El ataque paraguayo tomó a los brasileños momentáneamente por sorpresa, pero no la suficiente para anular su superioridad; por el contrario, la pérdida de unidades paraguayas en este primer cruce la aumentó. Meza, seguramente consciente que la operación como le había sido ordenada ya no era posible, en ese momento cambió el plan de batalla. Buscó la concentración de fuerzas al ubicarse en la boca del Riachuelo, se desembarazó de las chatas recuperando su capacidad de maniobra, pero abandonando el objetivo y cediendo la iniciativa, que los brasileños tomaron decididamente. Al mismo tiempo su maniobra expuso a su enemigo al fuego concentrado de buques y baterías costeras (sorpresa táctica) obligándolo a cambiar su objetivo de interceptar el regreso de los paraguayos río arriba y alejarse hacia el sur para recomponerse, quedando con esto dividido su poder de combate y dejando expedita la vía de escape de los paraguayos.

Meza retomó la iniciativa y su objetivo principal cuando llevó cuatro buques a abordar el Parnahyba, pero no concentró allí el no despreciable poder de combate que le quedaba, violando el principio de la Masa: dejó tres buques en Riachuelo sin empeñarlos (32), los que se retiraron ¡sin combatir! Esta innecesaria división de sus fuerzas se tradujo finalmente en el empeñamiento individual de los dos restantes buques paraguayos contra los más poderosos brasileños.

Superados los duros momentos iniciales de la batalla Barroso asumió nuevamente la iniciativa, y sus decididos ataques con la proa del Amazonas (práctica en desuso desde hacía siglos y para la que los paraguayos no tuvieron respuesta) combinaron los principios de la Sorpresa y la Ofensiva, que le dieron la victoria. Diversos autores critican su decisión de suspender la persecución de la flota paraguaya en retirada, aduciendo que hubiese debido “explotar la victoria”. Sin embargo es conveniente analizar esa decisión con los criterios propuestos. Al iniciarse la persecución concurrían los siguientes hechos:

n Tres de sus buques más poderosos (Belmonte, Jequitinhonha y Parnahyba) estaban fuera de acción. Otros dos (Mearim e Iguatemy) habían acudido al rescate de los buques varados y sus tripulaciones.

n Si los paraguayos en retirada invertían rumbo y atacaban, hallarían a los brasileños más adelantados en inferioridad numérica.

n Éstos (33) bajaron velocidad esperando que se incorporaran el Amazonas y el Ipiranga, con lo que aumentó la distancia a los buques en retirada.

n Todos habían sufrido diversas averías y tenían muertos y heridos; y sus tripulaciones llevaban varias horas combatiendo.

n Faltaba poco tiempo para que cayera la noche.

n No conocían los canales al norte de Corrientes. De seguir adelante se planteaba la posibilidad de que el enemigo adquiriese una ventaja inesperada. Su decisión cumplió el principio de la Seguridad.

Ya había logrado sus objetivos.

Consecuencias del combate en el desarrollo posterior de la guerra

La batalla del Riachuelo fue decisiva en cuanto concretó el aislamiento de Paraguay, y sus buques nunca más intentaron atacar a la flota aliada. Además, el Comandante paraguayo Wenceslao Robles, que estaba en Goya, temiendo que lo incomunicaran con sus bases, retrocedió casi doscientos kilómetros y acampó en Empedrado esperando órdenes. Estuvo allí sin hacer nada durante más de un mes hasta el 23 de julio, cuando fue destituido del mando. (34) De esta forma no se unió a la invasión de Estigarribia por el río Uruguay, dando tiempo a la movilización de las milicias de Corrientes y a que los Presidentes Bartolomé Mitre, de la Argentina, y Venancio Flores, de Uruguay, organizaran el ejército que, con la batalla de Yatay en agosto, dio comienzo a la contraofensiva aliada en Corrientes.

No fue sin embargo decisiva en el corto plazo en cuanto a que la flota brasileña no adquirió el control del río Paraná negando su uso a los paraguayos. La batalla del Riachuelo había servido para poner en evidencia que la posición avanzada de la flota brasileña en territorio ocupado por el enemigo era peligrosa, por lo que el Capitán Francisco Barroso inmediatamente inició su repliegue progresivo hacia Goya, hasta situarse a la altura de la vanguardia de los ejércitos aliados, donde permaneció varios meses inactiva. Esto permitió que los pocos buques paraguayos que quedaron continuaran navegando libremente entre Asunción, Corrientes y Empedrado, y apoyando a su ejército.

Éste, tres meses más tarde, en octubre, pudo replegarse íntegro a Paraguay, incluyendo más de 100.000 cabezas de ganado, sin ser interferido.

 

(1) Remitimos al lector a la fuente que consideramos más precisa para conocer los detalles del combate: www.histarmar.com.ar/ArmadasExtranjeras/Paraguay/BatallaRiachueloBase.htm  (prioritariamente mapas de las 16 fases del combate)

(2) La mayor parte de las naves brasileñas de madera tenían el casco acorazado con planchas de acero (N. del A.).

(3) Archivo del Capitán Grau.

(4) Oficial e ingeniero austro-húngaro que prestó servicios al Paraguay antes, durante y después de la Guerra de la Triple Alianza. En 1846 actuó como comandante de la escuadra paraguaya. Había dirigido la construcción de la iglesia y fortificaciones de Humaitá. (N. del A.)

(5) En esa fecha, suponiendo que se empleaba hora del Huso +4, el sol salía a las 6 y se ponía a las 17, aproximadamente (N. del A.)

(6) Archivo Capitán Grau.

(7) Muy fuerte, considerando que la velocidad de un buque era de unos seis a ocho nudos (N. del A).

(8) La milla náutica equivale a 1,85 km.; el “nudo” es una milla náutica por hora (N. del A.).

(9) Archivos Capitán Grau

(10) Apuntes Capitán Grau.

(11) No conocemos la fecha de ascenso a Capitán de Navío. Si tenía esta jerarquía, probablemente fue ascendido luego de su exitoso ataque a los buques argentinos en Corrientes el 13 de abril de 1865. (N. del A.)

(12) Fuente: Internet, “Diretoria do Patrimônio Histórico e Documentação da Marinha”, Brasil .

(13) Fuente: “La batalla del Riachuelo Guerra de la Triple Alianza”, Internet. Histamar: Historia y Arqueología Marítima.

(14) Resumido de comentarios de testigos presenciales (N. del A.).

(15) Relato de la batalla en la Web de la Armada de Brasil (www.mar.mil.br/11jun08/HistoriadaBatalha).

(16) Capitán Antonio Valentino, italiano, práctico del Parnahyba (Fuente: Histamar).

(18) Unos 30 hombres de los “pardos” paraguayos del batallón 6º Nambi, desde el Marqués de Olinda y el Salto Oriental; probablemente la mayoría de este último que, por ser de hélice —sin ruedas laterales—, pudo acoderarse (N. del A.).

(19) Buque veloz, pero de un solo cañón (N. del A).

(20) Un disparo de artillería se incrustó en una de las calderas y perdía presión (Apuntes Cap. Grau).

(21) En Riachuelo sólo quedaban dos chatas. El resto de los buques paraguayos ya había adoptado rumbo de retirada. No es posible confirmar si su intención fue entablar combate con el Amazonas y su grupo, o rescatar las chatas.

(22) El Napoleón del Plata, obra citada.

(23) Apuntes Capitán Grau.

(24) Fuente: Histarmar.

(25) Adagio militar (N. del A.).

(26) Memorias del Gral. Bernardino Caballero

(27) Apreciado, pues los buques brasileños, entre tripulación y tropas embarcadas, tenían 250 hombres en promedio (N. del A.).

(28) (N. del A.)

(29) Eje longitudinal (N. del A.).

(30) Comentario de Walter de Acebedo, historiador brasileño (Apuntes Capitán Grau).

(31) A 24 km de Humaitá; con telégrafo que conectaba a Itapirú y Paso de Patria con Humaitá y Pilar (N. del A.).

(32) Sumarlos al abordaje o llevarlos al lugar para brindar protección contra los brasileños que se acercaban (N. del A.).

(33) Además sospechaban que la retirada era una celada (N. del A.).

(34) Por barco (N. del A.).

 

  

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