Historia y Arqueologia Marítima  HOME

 

ARMADA DE PERU

EL MAR EN EL ANTIGUO PERU

Esta seccion esta compuesta por textos e imagenes del libro "El Mar de Grau y la Marina de Guerra del Perú", editado por la Armada Peruana, con textos del Dr. Percy Cayo Córdova y el Dr. Raul Palacios Rodríguez, impreso en Francia en ingles y español, sin fecha. Solo se han tomado los capitulos  sobre el Mar en el Antiguo Peru y en el Virreinato, la emancipacion y la Republica.

El mar en el antiguo Perú Embarcaciones en el Antiguo Perú Occidente llega por mar
El mar y la Independencia del Perú El Estudio y Exploracion de la selva Hacia un poderio naval
El relato histórico refiere que fueron tres los viajes que los conquistadores debieron realizar en la gran empresa de someter al antiguo Imperio de los Incas.

Mas tal vez la sorpresa mayor la tuvieron en el transcurso del segundo de ellos, cuando Francisco Pizarro quedó en el río de San Juan, hacia agosto de 1526, y envió a su socio Diego de Almagro al norte, de regreso a Panamá en busca de mayores refuerzos y al piloto Bartolomé Ruiz, al sur, a explorar algo más ese Mar del Sur que Vasco Núñez de Balboa había descubierto recién trece años antes.

El piloto Ruiz, oriundo de Moguer en Andalucía, España, emprendió el viaje que le permitiría avistar nuevas tierras, como la isla de San Felipe, a la que posteriormente llamaron Gorgona, la isla del Gallo, que ocupa lugar destacado en la historia de los descubrimientos de entonces, la bahía de San Mateo, Atacames, San Lúcar, el Cabo de San Vicente y Coaque, a la altura del paralelo ecuatorial; hacia el mediodía, el viaje alcanzó la Punta Mote, frente a la Isla Salango, desde donde emprendieron el retorno.

Varias connotaciones tuvo esa travesía: se descubrieron nuevas tierras e islas; por primera vez, hombres de Occidente cruzaron de norte a sur el Ecuador, hacia el Pacífico Oriental; pero entre esos vaivenes destaca, creemos, el encuentro con la llamada balsa de los tumbesinos.

EL ENCUENTRO CON LA BALSA DE LOS TUMBESINOS

El primer informe de aquellos viajes extraordinarios es el que ha quedado para la posteridad con el nombre de Relación Samano-Xerez, que manuscrita se conserva en la Biblioteca Imperial de Viena. Su denominación se debe a Juan de Samano, Secretario del Emperador Carlos V y del Consejo de Indias, quien debió condensar la crónica que fuera enviada desde Panamá por Francisco de Xerez, que participó de aquel viaje y que más adelante nos dejaría uno de los testimonios mayores y más fiel de la toma del gran señor de aquellas tierras, el Inca Atahualpa en la histórica Plaza de Cajamarca.

A ese relato debemos agradecer el que hoy conozcamos los primeros nombres dados a estas comarcas y las primeras descripciones de hombres y costumbres de los antiguos habitantes de las costas actuales de Colombia y Ecuador. Pero desde nuestra perspectiva les debemos sobre todo, el primer contacto con hombres del Imperio de los Incas.

Él excepcional documento reseña el encuentro con una embarcación en que navegaban veinte hombres, de los que once se echaron al agua; de los nueve restantes, Ruiz retuvo a tres para que aprendieran la lengua. El cronista describe la balsa singular, las mercaderías que en ella se transportaban, "traye sus masteles y antenas de muy fina madera y velas de algodón del misino talle de manera que los nuestros navios y muy buena xarcia del dicho enequen que digo que es como cártamo. . .".

SORPRESA DE UNOS Y OTROS

Ni unos ni otros sospecharon nunca tal incidencia en ese viaje de aventureros. Es difícil puntualizar el asombro que debio posesionarse de los naturales al toparse con ese navíoy hombres inesperados: para los europeos la sorpresa no debió ser  menor, nada semejante habian visto hasta entonces, en uno u otro mar; el del Norte y el del Sur; una sospecha empieza a embargarlos, aquellos seres provenían de una organización superior. La admiración se espresa en la misma crónica que comentarnos: "Es gente en aquella tierra de mas calidad y manera que indios porque ellos son de mejor gesto y color y muy entendidos y tienen una habla com arábico y a lo que parece ellos tienen sujecion sobre los indios que digo".

La evidencia esta allí; aquellas gentes habían alcanzado un alto grado de desarrollo en la navegación; hasta cierto punto dominaban el espacio marítimo, pero corno habían llegado hasta aquel grado de desarrollo en su contacto con el Mar, es lo que a continuacíón pretendemos reconstruir; como los más primitivos habítantes del territorio del imperio de los incas y de la parte de él que hoy ocupa el Perú, en especial; entraron en contacto con el medio marítimo y lograron construir balsas admirables como las que nos dejaron descrita, para solaz de quienes pretendemos escrutar en el pasado, Juan de Samano y Francisco de Zerez.

He aquí el relato:

LA COSTA PERUANA

El territorio del Perú, en clásica descripción de geografía física, es un gran desierto, cortado de trecho en trecho por escasos oasis. Esas treguas de vegetación, tienen su origen en los ríos que bajan del macizo andino hacia el occidente. Son los valles de costa peruana que en veces son amplias, cuando las aguas llega abundantosas hasta el mismo mar y otros estrechos y magro cuando por las filtraciones o la escasez de sus fuentes en las alturas, las corrientes de aguas son míseras y precarias.

Así el paisaje predominante es el desierto de arena, mas hacia el norte y menor hacia el sur, pero siempre con los pobladores agrupados en torno de las corrientes de aguas; los valles de la costa peruana, son dones de los ríos que les regalan la vida. Vida que fue flora y fauna y que en el correr de miles de años dio origen a grandes concentraciones humanas.

Pero ¿cuándo se inicia ese proceso? ¿cómo llegaron los primeros hombres a aquellos arenales u oasis y se asentaron en ellos? Las primeras intentonas de explicación - qué duda cabe - quedan envueltas en el misterio de los siglos, más aún, de los miles de años; pero algo se puede reconstruir a partir de los más antiguo: vestigios de la presencia del hombre en esas zonas y de lo que es conocimiento de las circunstancias climáticas de aquellos tiempos, podemos alcanzar a saber.

Hermosa representacion escultorica de un pez. cultura Chimú.

La costa peruana no tiene el clima que le corresponde; por hallarse en la zona tórrida o intertropical, debía reinar en ella altas temperaturas y períodos de lluvias torrenciales. Pero la presencia de la Corriente Peruana, que se desplaza frente a sus costas en dirección sur-este a nor-oeste, produce marcada alteración que origina, junto con otros factores, una temperatura menor a la que correspondería por su posición tropical, y la ausencia casi total de precipitaciones, que sólo se presentan en cierta cantidad en los departamentos del extremo norte, donde no alcanza la influencia de la corriente fría porque se aleja de la costa internándose en el gran Océano Pacífico.

Por otro lado, la evaporación de las aguas frías de la corriente, produce variaciones marcadas, entre ellas un techo de neblina que durante los meses de invierno, no permite casi el paso de los rayos del sol.

LAS LOMAS COSTERAS

Pero ese manto o mar de neblina que se suspende a unos 600 metros sobre el nivel del mar, entre los meses que van de abril-mayo a octubre-noviembre, al recostarse sobre las estribaciones andinas que se van perdiendo conforme se dirigen al oeste, humedecen una franja de esas cordilleras, que, nos dicen los geógrafos y testimonian los arqueólogos, en épocas pretéritas, se acercaban más al mar. Esa humedad-ambiente, unida a una sutil precipitación que algunos llaman lluvia, pero no pasa de ser una tenue garúa, producían una vegetación de loma, principalmente de plantas rastreras. En los meses señalados (mayo a noviembre), las laderas andinas que miran al mar, en virtud de las circunstancias mencionadas, convertían la zona costera en un paraíso de vegetación. Pasada esta estación, la capa de neblina ya no ejercía su acción vivificante sobre aquellas laderas, y la sequedad se apoderaba de esas mismas lomas que habían sido manto de verdor durante seis meses.

Pero al mismo tiempo, así lo ocasionaban las particularidades climáticas, lluvias torrenciales se precipitaban sobre la franja central-longitudinal del Perú, sobre el macizo andino, originando nieves perpetuas en las altas cumbres andinas y alimentando grandes corrientes de agua; hacia el este, dan origen a grandes ríos, entre ellos el más caudaloso del mundo, el portentoso Amazonas; hacia el Oeste, se despeñaban los ríos, que dieron origen a los oasis costeños.

Así mientras en las partes altas del Perú, llueve en los meses de verano -de noviembre a abril—, en la costa los ríos se cargan; en los meses de invierno, cesan las lluvias en las partes altas, y los ríos costeños disminuyen notablemente su caudal. A estos, ciclos de precipitaciones, va a estar vinculada la más remota presencia del Hombre en el litoral peruano.

¿Cómo ocurrió aquello? La explicación a tan trascendental pregunta, habrá que encontrarla en el comportamiento de las especies animales que constituían las piezas de caza de los más antiguos pobladores del Perú, los que según las más serias conclusiones actuales, poblaron las serranías andinas. Esas especies, al ocurrir la época seca en la sierra —recordemos de mayo a octubre— emigraban hacia el oeste, hacia la costa peruana, que en esos meses gracias a las condiciones climáticas, presentaban la abundante vegetación de lomas; hallaban allí los frutos para su subsistencia que la ausencia de lluvias le regateaba en las alturas.

Hacia los últimos meses del año, que coincidían con el agotamiento de las neblinas que daban origen a las lomas, esta migración emprendía el camino inverso hacia las partes altas en busca de la nutrida vegetación reverdecida y que había retornado a la vez que el nuevo período de lluvias.

Si el hombre peruano se encuentra habitando las partes altas hace bastante más de 20,000 años, los primeros que se aventuraron a emprender la marcha hacia el oeste coincidente con el fin del periodo lluvioso en las alturas debieron hacerlo 12 ó 14,000 años ha.

LAS ESTACIONES INVERNALES

Los estudiosos del pasado peruano han acuñado una expresión asaz gráfica para denominar estos ciclos en los que los hombres bajaron hacia las partes llanas de la costa: estaciones invernales; estaciones, por el sentido temporal que tuvieron, e invernales, porque ese lapso fue precisamente el correspondiente a tal estación.

Nunca sabremos con precisión desde cuándo esos pobladores se aventuraron a estas periódicas migraciones; tampoco podremos asegurar en qué momento decidieron prolongar su estadía en la costa, es decir, dejar de hacerla estacional, y radicarse a orillas del mar. Son misterios que tal vez el tiempo alcance a desentrañar.

La más antigua estación invernal que hasta hoy se ha hallado en la costa peruana, se ubica muy cerca de las inmediaciones de Lima, en las proximidades de la desembocadura del río Chillón, la corriente de agua más vecina a la gran capital, hacia el norte. Allí se han encontrado artefactos líticos de indudable manufactura humana en los centros arqueológicos denominados Chivateros y Cucaracha.

Sirena representada en piedra que sostene un pez en la mano.

Si el río Chillón posee hoy la primacía, tal no quiere decir que allí se inició la población de la región costeña del Perú; tampoco nadie podría negar tal aserto; sin embargo se piensa que esa preeminencia se debió en parte a un elemento fundamental para el hombre de entonces, de actividad estrechamente vinculada a la caza para proveerse de alimentos. Ambos centros arqueológicos de Chivateros y Cucaracha, lo constituyen dos cerros en cuyas cumbres se encuentra muy al alcance del hombre piedra cuarcita, prodigiosamente factible de convertirse por medio de las técnicas más primitivas universalmente practicadas por el hombre —la percusión entre ellas— en los instrumentos indispensables para su actividad: puntas de flechas para ganar sus piezas o raspadores para desollarlas.

Como el hombre del río Chillón, otros hombres, probablemente en épocas posteriores, fueron descendiendo periódicamente -estacionalmente- a la costa por un largo período, al que la arqueología peruana ha dado por nombres Era Primordial o Era Lítica, la que cronológicamente cubre desde los primeros seres que descendieron de las estribaciones andinas hacia la costa, hasta aproximadamente unos 5.800 años en cifras absolutas ó 3.800 antes de Cristo, en cifras relativas.

Las zonas donde se encuentra presencia humana en este periodo son muchas y se esparcen a lo largo de esa estrecha franja arenosa que se extiende frente al mar peruano, frente al Océano Pacífico, que gracias a la Corriente Peruana presenta condiciones excepcionales para la presencia de las más variadas y abundantes especies marinas. La riqueza ictiológica del mar peruano fue sin duda inconmensurable en esos lejanos tiempos y en ciertas épocas de nuestra historia, ha podido reputarse como el mar más rico del mundo.

El hombre habría tenido entonces, otra razón para poner fin a esas periódicas incursiones a la costa, en las que persiguiendo a sus presas de caza, atraídas por la vegetación que saturaba la zona, se iba familiarizando con el paisaje marino.

EL MAR FUENTE ALIMENTICIA

En algún momento aquel hombre cazador y recolector, descubriría que esa enorme masa líquida, ese mar peruano que mira al Océano más grande del mundo, también le brindaba alimento; porque ese mar, gracias a un extraordinario ciclo biológico que se iniciaba en especies muy pequeñas que a su vez procedían de micro-organismos animales o vegetales, engendraba una diversa y abundante variedad de especies marinas.

Los minúsculos organismos de origen animal, denominados zoo-plankton, y de origen vegetal, denominados fitoplankton, o plankt'on en general, vienen en enormes cantidades arrastrados por la Corriente Peruana; de ellas se alimentan las más pequeñas especies, que en prolongado proceso —el pez grande se come al pez pequeño — dan origen a las mayores, hasta culminar en el ser animal más grande del mundo, las ballenas, las que no estuvieron ausentes en épocas muy remotas.

Tipico huaco pictórico Mochica. La balsa de totora soomorfizada conduce a un pescador

Ese primitivo hombre peruano, visitante eventual de la costa en determinadas épocas del año, debió acercarse en algún momento al mar. Podemos imaginarlo, frente a él, en la primera impresión de asombro. Ese hombre que no conocía sino las cochas andinas, a las que su vista abarcaba en su totalidad o las corrientes fluviales, de pronto se topa con lo inconmensurable, y atisba el infinito hasta donde, constata, llega esa enorme masa de agua. Asombro y respeto debió producirle. Una desmesurada sensación de pequenez hubo de apoderarse de aquel ser. El cielo también lo había descubierto enorme, pero inmóvil y tan sólo el temor se había apoderado de él, algunas veces cuando derramaba abundantes cantidades de agua, o cuando en medio de gran luminosidad y sonoridad, se desgarraba en fulguraciones azules. Ahora era otra inmensidad, aparentemente calma a la distancia, y en perpetuo movimiento ondulante en las cercanías a la tierra. El hombre había "descubierto" el mar; toda una nueva visión había venido a enriquecer su mundo; cautivado no se internaría en él sino mucho tiempo más tarde, mas desde entonces, su vinculación a él se tornaría duradera.

Representacion Chimú de un cangrejo muy estilizado, probable personaje mitológico.

Esa permanencia debió ocurrir cuando el hombre que hacía muchos años -sin duda siglos- se había venido "descolgado" de los macizos andinos, ya había realizado los primeros intentos de acercarse cada vez más a la inmensa masa líquida.

EL HOMBRE MARISCADOR

Una vez familiarizado con el océano, debió en algún momento iniciar tímidas incursiones hacia él. Tal vez en algún momento urgido por el hambre, se aventuraría a desprender de las rocas más próximas algunas especies que adheridas a ellas, se le ofrecían al alcance de sus manos, abriéndole nuevas perspectivas para enriquecer su dieta alimenticia. No desecharía -qué duda cabe- sus otras ocupaciones de cazador y recolector, pero a ellas había añadido una nueva, la de "mariscador".

Si bien la forma como el hombre alcanzó a convertirse en mariscador, no podrá nunca ser conocida en exactitud, es incuestionable que se alimentó de estas especies. Su propia contextura pues son recubiertas comúnmente por una concha calcárea, permite que sus restos hayan pervivido, luego de que el hombre primitivo ingiriera el cuerpo blando de ellas.

Huaco Mochica, con representacion escultorica de un cangrejo y pictorica de peces.

El hombre, asentado ya en la costa, consumió grandes cantidades de mariscos; la prueba irrefutable está en la gran cantidad de conchales que se pueden ubicar y de hecho se han ubicado a lo largo del litoral peruano. Se ha podido comprobar, que aquel hombre, cuidadoso sin duda de su entorno, arrojaba el recubrimiento calcáreo de las especies que consumía, en sitios fijos; así se originaron inmensos "conchales" que en el paisaje costeño peruano aparecen muchas veces como diminutas colinas u oteros, pero que bajo el ojo conocedor de los arqueólogos y procediéndose a la excavación, descubren millones de estas piezas.

Así los "conchales" han sido los primeros vestigios que el hombre primitivo nos legó para que sirvieran de testimonio de sus más remotos vínculos con el mar.

Cerca de Lima, a unos 270 kms. al sur, en las inmediaciones de Paracas, península rodeada por un arenal que se reputa como uno de los más secos del mundo, se hallaron restos que confirman la presencia de un Hombre que hace unos 8.830 años ya usaba redes de malla cuadrangular para pescar e incluía en su dieta mariscos.

Más cerca de Lima, pero siempre hacia el sur, en la localidad de Chilca, numerosos restos arqueológicos han permitido reconstruir la vida de los antiguos habitantes, gracias al hallazgo de abundantes conchales. La cantidad de restos encontrados han facultado afirmar que llegaron a conocer el cultivo de ciertas plantas (el pallar entre ellas), pero que basaron su alimentación fundamentalmente en productos del mar; fueron recolectores -grandes recolectores de mariscos y también pescadores, como lo atestiguan los restos de anzuelos y cordeles hallados en estas localidades.

Cangrejera o instrumento para la pesca de cangrejos, de una antigüedad de 280 aprox A:C:

Sin duda, el mayor volumen de su alimentación la extrajeron del mar, como lo comprueban los restos de diversos pescados incorporados en su dieta; también la presencia de huesos de pelícanos y gaviotas (aves marinas), como restos óseos de lobos de mar, certifican su vinculación con el medio marino. Más aún, también se han hallado restos de costillares de ballenas, que eran utilizados como grandes vigas para sus precarias viviendas. ¿Cómo llegaron a utilizar al gran cetáceo? La respuesta no es unánime entre los estudiosos: para unos el hombre llegó a cazarlos; para otros sólo los utilizó cuando el mar los varaba; entonces aprovechaba todo lo que podía del animal más enorme de la creación.

HUACA PRIETA

Localidad que ocupa lugar destacado en los estudios del anticuo Peru es Huaca Prieta, cerca al mar. próxima a la desembocadura del río Chicama. Allí en los enormes basurales de la zona, realizó investigaciones un ilustre peruanista. Junius Bird, Director del Departamento de Arqueología del Museo de Nueva York.

El buen ojo avisor del estudioso, le hizo intuir que aquellos montículos, aparentemente naturales, no eran tales, sino obra del hombre, en los que había acumulado durante larguísimo tiempo, los residuos de su cotidiano hacer. Bird puso al descubierto, luego de prolongada tarea, uno de los hallazgos más significativos del período denominado en la arqueología peruana Época Pre-cerámica o de Agricultura incipiente, que se extiende en el tiempo de 3.800 hasta 1.200 años A.C.

El hombre que nos dejó tales acumulaciones, había vivido allí hace unos 4.500 años, alimentándose fundamentalmente de los productos del mar. Restos de mariscos y de huesos de lobos de mar, así como de peces y aves marinas lo atestiguan.

Mas hemos mencionado a este yacimiento, reconociéndole un lugar de honor en nuestra arqueología; ello así es, y en especial por su extraordinaria relación con el mar. ¿De dónde proviene? El calificativo lo tiene bien merecido por el hallazgo fuera de lo común de un aparejo de pesca de características muy singulares. Lo conformaba una red unida a varios "mates" (voz de origen quechua que designa a las calabazas) que cumplían en ella función de flotadores; a más de dichos mates unidos a la red por finos cordelillos. iban pequeñas piedras perforadas que sujetadas a ella a su vez cumplían función de pesas. Red, flotadores, pesas: he allí un equipo completo de pesca de indiscutible uso marítimo.

Se puede ante otras eventuales apariciones de redes, dudar de su uso para faena de pesca. Ninguna duda queda de la función de dicha red. Testimonios posteriores (por ejemplo de la cultura Nasca) nos lo demuestran, que los antiguos peruanos usaron redes también como bolsas y en veces para sujetarse los cabellos (como lo testimonian los huacos de la misma cultura Nasca) pero la red de Huaca Prieta es inobjetable.

Queda la interrogante de cómo usaron esos extraordinarios aparejos de pesca, si tan sólo tendiéndolos hacia el mar desde las orillas o si internándose en él haciendo uso de embarcaciones aunque tueran precarias.

Para su época se puede sostener que hasta entonces, en nuestro territorio pocos hombres habían estado tan vinculados al mar como los de Huaca Prieta, que no habiendo alcanzado el conocimiento de la cerámica, se limitaban a soasar la carne, expuesta directamente al fuego.

Huaco Mochica con la representacion de un pez.

LA ICTIOFAGIA COSTEÑA

Evidentemente se puede afirmar, sin pretender rayar en el exclusivismo alimenticio de los frutos del mar. que los hombres que habitaron desde miles de años por primera vez nuestra costa, lenta pero seguramente fueron incorporando a su dieta alimenticia productos del mar. Respecto a peces, las evidencias no son las de mayor data, lo que es lógico por cuanto los restos de pescados son de consistencia mucho más deleznables que otros recursos marinos que supo aprovechar el hombre.

Sin duda, debemos también señalar que tan pronto el hombre fue dominando la agricultura, la proporción que el pescado ocupaba en su dieta fue disminuyendo; esos pescados fueron muy diversos, así se sabe que consumieron anchovetas, cazón, congrio, corvina, guitarra, pejerrey, raya, robalo y muchas otras variedades.

  

Huacos Mochicas, afectos a la representacion de los curstáceos, entre ellos predileccion por los cangrejos.

La estratigrafía hace pensar que el lobo de mar fue el primer producto marino consumido por el hombre costeño. A favor de esta tesis abona el hecho de encontrarse huesos de estas especies en los estratos más profundos y el que por épocas estas especies se desplazaban a tierra, facilitando su captura por aquellos primigenios cazadores costeños.

Los mariscos se encontraron en cantidades incalculables y por los porcentajes de especies hallados, es factible concluir que el choro tuvo el mayor consumo, probablemente por la facilidad con que puede ser recogido, lo que no ocurre con otras especies.

Entre las aves marinas, cuya abundancia relacionada sin duda también con la gran afluencia de peces en época de pesca tan limitada, debió ser descomunal, consumieron en mayor cantidad, según se desprende de los hallazgos en los extensos basurales costeños los pelícanos, los guanayes y las gaviotas.

Aunque en menores proporciones, es dable afirmar que la carne de ballena, al parecer en forma bastante casual, formaba parte del régimen alimenticio del antiguo poblador de la costa peruana ,

LAS ALTAS CULTURAS Y EL MAR

En el desarrollo histórico del Perú Autóctono, Pre-hispánico o Pre-colombino. se reconoce que en torno a los años de 1.200 a 800 antes de Cristo, el hombre alcanza el conocimiento de la cerámica. Debe entenderse sin embargo, que en la amplitud y la complejidad heterogénea de nuestro territorio, los procesos de una a otra etapa no se dieron en estricta sucesión; en algunas zonas la cerámica, por ejemplo, hace su aparición con bastante anterioridad que en otras; así pues, los límites cronológicos entre un período y otro no se podrán nunca señalar en cifras absolutas que tengan valor para toda la extensión de nuestro territorio.

Es conveniente tomar en cuenta lo que venimos diciendo, para muchos aspectos que hemos de tocar a partir de las Altas Culturas, y aplicable también a lo que hemos expuesto en las páginas precedentes. Piense el lector que vamos a hablar, por ejemplo, del "caballito de totora"; mas nunca podremos decir cuándo apareció; si cuando lo encontramos ya, pero como es —qué duda cabe— de un material deleznable que un prolongado contacto con el agua del mar deteriora, los más remotos testimonios que de él tenemos, se nos ofrecen en los ceramios, donde el antiguo hombre peruano lo plasmó a menudo con bastante fidelidad, mas siempre con afán artístico que en veces alcanzó altísimo grado de excelencia.

PERIODIFICACION DE LA ALTA CULTURA

Hacia el año 1.000 antes de Cristo - ¡hace tres milenios! -aparece la Alta Cultura entre nosotros. El desarrollo de las disciplinas arqueológicas ha ido con el tiempo, gracias al trabajo de campo (las excavaciones) y la preocupación académica, desarrollando una sistemática periodifícación que nos permite hoy acceder a su conocimiento con mayor facilidad.

A partir de la Alta Cultura, se reconoce en el mundo andino autóctono, la existencia de tres horizontes que separan las etapas del desarrollo pre-hispánico en el Perú: el de Chavín o formativo, el de Tiahuanaco y el del Incario.

El horizonte más antiguo es el Chavín, aunque tuvo una menor expansión que los siguientes; el horizonte Tiahuanaco o Intermedio, fue mayor que el Chavín pero menor que el Incaico. Geográficamente debemos señalar que los horizontes tuvieron sus núcleos de irradiación a partir de centros serranos y que las culturas que se originaron y alcanzaron algún desarrollo en la costa, nunca llegaron a influir en grandes áreas; en otros términos, ninguna cultura típicamente costeña alcanzó a formar un horizonte.

Mas, ¿cómo podríamos definir el término horizonte? Nos remitimos a expresiones del distinguido arqueólogo peruano Federico Kauffmann Doig que manifiesta: "El término horizonte. . . indica la presencia de un estilo cultural, o un complejo cultural, a través de un área de difusión considerable"; es decir, recibe la denominación de horizonte, aquella cultura que irradió por una considerable extensión del territorio andino o que —en otros términos- se difundió por una parte bastante amplia del territorio actual del Perú, lo que explicaría el que algunos llamen a estas culturas (u horizontes) pan-peruanos, con lo que se quiere mencionar que se extendieron por todo el territorio actual del Perú. La expresión no debería tomarse con sumo grado de exactitud porque no fue así; por un lado, entonces ninguna de las cultura horizonte llegó a expandirse por el territorio de la actual selva peruana;tampoco se puede afirmar que los tres horizontes ocuparon de igual manera todo el actual Perú costeño y serrano.

Representacion escultorica de un pez que se enrosca; Nasca

¿Cómo fue el desarrollo de las culturas que han florecido en nuestro territorio a partir de lo que llamamos "alta cultura". En breve síntesis podemos decir que fue Chavín la primera cultura que alcanzo un progreso notable; donde el maíz cobró importancia en la base alimenticia; y la papa, la yuca, la quinua, otras especies alimenticias, fueron cultivadas eficientemente.

Con Chavín" la alfarería se perfecciona y se convierte en elemento significativo para el estudio del antiguo Peru pues como dice el distinguido antropólogo Fernando Silva Santisteban, la cerámica tiene capital importancia en la arqueología peruana ya que al expresar una multiplicidad de variantes en sus formas y decoraciones, se constituye en el auxiliar más valioso para determinar la sucesión y las influencias de las distintas manifestaciones y relaciones culturales".

Junto a la agricultura y la alfarería, con Chavín es considerable el avance de la metalurgia y la arquitectura; por otra parte "hay preocupación honda por un mundo espiritual determinado, que parece girar en torno al felino".

Los trabajos en piedra y cerámica que se extienden por un amplio espacio del territorio peruano conteniendo "motivos" representativos del estilo Chavín, son prueba de la sobresaliente difusión que en su tiempo y para su tiempo, alcanzó esta cultura. Como no hay una brusca disolución de lo Chavín, sino una lenta desrealización de sus motivos, para el período final de su influencia se habla de Chavinoide, queriéndose significar con ello, que los motivos se mantienen aún, pero que lentamente van desapareciendo.

Hermoso huaco, representando un pescador con moño y redecilla, distintivo frecuente en las expresiones escultóricas y pictóricas Nasca.

En su lugar aparecen por regiones manifestaciones peculiares, propias; las comarcas se han idependizado de "lo Chavín", razón por la que a esta etapa se le llama de la emancipación regional. Otros lo han llamado período clásico, por la excelencia que para entonces alcanzaron las expresiones artísticas de estas culturas. De "lo Chavin" nada queda, a diferencia de la época anterior en que, tal es el caso de Paracas, todavía se pueden reconocer elementos del primer horizonte.

Hacia 900 después de Cristo se evidencia un nuevo estilo una fuente de difusión fluye desde la región sureste de nuestro territorio y llega a extenderse por casi toda la costa y sierra actuales peruanas. Se le llama Horizonte Tiahuanaco y algunos arqueólogos sostienen que la expansion en nuestro territorio de lo Tiahuanaco parte de Huari. en el departamento de Ayacucho. En la misma forma como el horizonte Chavín empezó a disgregarse, el estilo Tiahuanaco se va perdiendo totalmente en torno al Siglo XII; la semejanza con el fenómeno post-Chavin es marcada: renacen los regionalismos ya desligados de la tutela de lo Tiahuanaco y por sonas luchan diversos grupos entre si hasta que triunfante, alguno impuso su predominio señorial dando origen al surgimiento de confederaciones; el caso más resaltante es el de Chimú.

De este período, por su aproximación al momento de la Conquista tenemos ya algunas referencias legendarias. Los estudiosos han llamado a este período Segunda Emancipación Regional, aunque algunos le llaman período urbanístico por las grandes ciudades que lo caracterizan (tal Chan Chan, reputada para su época como la ciudad más grande del mundo) o período de los señoríos, por el tipo de forma política que adquirió su sistema gubernativo.

Muchas fueron las tribus que se independizaron de Tiahuanaco y que avanzaron hacia formas de Estados Regionales. El más mencionado de todos es el Reino Chimú, mas no fue el único; al lado de aquel tuvimos el de Cuismanco, que alcanzó a dominar al de Huamachuco; el de Chancay, que tan abundantes muestras de su cerámica nos ha dejado; el de Chincha, que se extendió sobre los territorios que anteriormente había ocupado la cultura del período Clásico Nasca; el de los Huancas, en la zona del valle del Mantaro; de los Pocras, en la zona actual de Ayacucho; el de los Chancas, sobre el río Pampas cuando afluye hacia el Apurímac; más al sur, allí donde había sido más vigorosa la presencia Tiahuanaco, al decaer ésta, aparecen estados menores como el de los Collas o los Lupacas.

Orca o tiburon Nasca.

En el valle del río Vilcanota, se desarrolla también en este período el señorío del Cusco, que sin duda recogía viejas herencias culturales desde la época de la muy anterior cultura Chanapata. En un prolongado proceso de expansión, los señores del Cusco llegarán a dominar a todos los señoríos, configurando el tercer Horizonte pan-peruano, no sin antes, convertidos ya en los Incas, haber doblegado a pueblos tan vigorosamente aguerridos como los Chancas, o que habían alcanzado un muy elevado grado de desarrollo cultural, como los Chimú.

Lo Inca constituye el último horizonte cultural en el Perú Autóctono; crearon el Imperio más extraordinario surgido hasta entonces en todo el mundo al sur de la línea ecuatorial. El poderoso Imperio del Tahuantinsuyo, vería quebrantado su desarrollo por el proceso conquistador expansivo europeo que llegaría a estas tierras en los inicios de la tercera década del siglo XVI.

 

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