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ARMADA DE PERU

Breves apuntes sobre la Historia de la Marina de Guerra del Perú

Por Jorge Ortiz Sotelo - Doctor y Capitan de Fragata

1800-1878 1879-1883 1884-1930 1930-20000
Cada cierto tiempo aparecen compendios sobre la historia de nuestra marina de guerra, pues resultan indispensables para que el país y los propios marinos tengan una idea de conjunto de la evolución institucional. Los presentes apuntes se ubican en esa categoría y no tienen más mérito que el actualizar los trabajos previos. La brevedad del tiempo en que han sido preparados puede excusar algunas carencias y falta de precisión, cosas que espero ir superando en próximas versiones.

Toda clasificación es arbitraria y la que vamos a ensayar ahora no escapa a esa regla; sin embargo, estamos convencidos que la vida institucional de la armada puede dividirse en los siguientes grupos generacionales: aurorales (1800-1840), republicanos (1840-1870), los de la guerra (1870-1883), los de postguerra (1884-1920), los del ciclo norteamericano (1920-1940), los modernos (1940-1960) y los contemporáneos. Bajo ese concepto hemos organizado este breve ensayo en orden cronológico, aún cuando al tratar sobre algunos aspectos nos hemos visto obligados a movernos con cierta flexibilidad.

I. La génesis institucional o Etapa Auroral de la Marina de Guerra del Perú.

Poca duda nos cabe que la institución naval peruana surgió en el contexto de las luchas por la independencia. Sin embargo, su formación tiene profundas raíces en el periodo colonial, pues durante los tres siglos precedentes el Callao fue el centro marítimo y naval más importante en la costa oeste americana. El virreinato peruano no sólo controlaba las rutas marítimas en el Pacífico sino que además poseía a la Armada de la Mar del Sur, institución que ejerció el control naval de ese enorme espacio marítimo entre 1580 y 1746. En la segunda mitad del siglo XVIII, la Real Armada española se estableció en el Callao y asumió esas funciones, asignando unidades y creando la Capitanía de Puerto del Callao y la Real Academia de Náutica de Lima; el Departamento Marítimo del Callao, con capitanías de puerto subordinadas en Valparaíso, Concepción y Guayaquil; el Hospital Naval de Bellavista; y varios otros establecimientos.

Todo este proceso sentó las bases materiales y humanas sobre las cuales surgió la institución naval peruana, como elemento necesario para hacer respetar a un incipiente estado que comenzó a formarse a partir de julio de 1821. Los realistas mantuvieron el control del Callao hasta setiembre de ese mismo año, mes en el cual el gobierno protectoral del general San Martín designó al capitán de navío Jorge Martín Guise como comandante general de la marina. Si bien la labor de Guise estuvo respaldada por otros marinos extranjeros, principalmente británicos, norteamericanos y franceses, hubo un importante componente de peruanos y españoles que, habiendo servido en la Real Armada o en la marina mercante nacional, tempranamente abrazaron la causa patriota. Entre los españoles podemos mencionar al brigadier José Pascual de Vivero y el teniente San Julián; mientras que entre los peruanos destacan personajes como Eduardo Carrasco, Manuel Villar, Antonio Valle Riestra, Manuel Villar, Antonio D'Oyararte, Agustín Arriola, José Sala Valdez, Miguel Pastrana, Juan Geraldino, Manuel Pérez Oblitas.

La flamante institución naval peruana ocupó las instalaciones de su predecesora realista e incorporó algunos de los buques que habían servido bajo su bandera, además de otras naves por vía de compra o de condena judicial. La primera nave en enarbolar el pabellón nacional fue la goleta Sacramento, capturada en marzo de 1821 por los hermanos Victoriano y Andrés Cárcamo, y rebautizada Castelli. En setiembre se incorporaron los bergantines Belgrano y Balcarce, que habían servido a la causa realistas bajo el nombre de Guerrero y Pezuela. En noviembre se sumó a la escuadra la corbeta Limeña; a principios de 1822 lo hizo la goleta Macedonía y luego la de igual clase Cruz, el bergantín Coronel Spano y finalmente la fragata Protector, que había servido al Rey bajo el nombre de Prueba.

La función inicial de la Armada Peruana fue bloquear los puertos del sur, zona aún ocupada por los realistas y sobre la cual San Martín había concebido una operación militar de envergadura. Esta labor se inició el 15 de octubre de 1821, destinando a la corbeta Limeña y a los bergantines Balcarce y Belgrano para cubrir la costa entre Cobija y Nazca. Una fuerza de esa magnitud no estaba en condiciones de cumplir con tal labor,

razón por la cual el bloqueo fue desconocido por franceses, norteamericanos y británicos. Tal situación generó algunos incidentes diplomáticos, que empeoraron en marzo siguiente cuando el bloqueo fue restablecido con unos pocos buques adicionales. La caída del Callao en manos realistas, en febrero de 1824, llevó a extender el bloqueo hasta el puerto de Chancay, situación que tornaba más difícil aún el poder hacerlo cumplir con efectividad.

Esta situación, unida a las penurias económicas propias de la guerra, que afectaron los pagos de las tripulaciones, especialmente la marinería extranjera, llevó a que los oficiales navales de la etapa inicial tuvieran que enfrentar un conjunto de dificultades, más allá del combatir a sus adversarios en la mar.

En noviembre de 1821 el general chileno Luis de la Cruz asumió el mando de la Marina y el contralmirante de igual nacionalidad Manuel Blanco Encalada hizo lo propio con la Escuadra, dirigiendo las operaciones navales vinculadas a la Primera Expedición a Puerto Intermedios, en la que la escuadra captura Arica.

Esta estructura del mando naval se mantuvo hasta principios de 1823, cuando el gobierno de Riva-Agüero le otorgó la comandancia general de marina al capitán de navío español José Pascual de Vivero y el mando de la escuadra al flamante contralmirante Guise. Poco después de asumir sus funciones, tanto Vivero como Guise prepararon a la escuadra para la Segunda Campaña a Puertos Intermedios, la que se inició en mayo de ese año y en la cual la tripulación e infantería de marina de la fragata Presidente volvieron a capturar Arica para permitir el desembarco de las tropas que debían marchar hacia el interior. Las operaciones en tierra fueron desastrosas y la infantería de marina debió cubrir la retirada del ejército de Alvarado y su reembarco en Ilo.

Mientras estas operaciones tenían lugar en el sur del país, el Callao cayó en manos de los realistas, que se vieron reforzados en abril de 1824 con el arribo del navío Asia y el bergantín Aquiles. La escuadra peruana, con apoyo chileno y colombiano, bloqueó el puerto del Callao por espacio de casi dos años, lapso durante el cual se produjeron varias incursiones y un enfrentamiento con la escuadra realista (7/10/1824), compuesta de un navío y cuatro bergantines.

El final de las luchas por la independencia dejan al Perú con una escuadra relativamente grande, pero que es prácticamente desmantelada por atender a un errado concepto de ahorro.

II. Principales acciones de la Marina de Guerra del Perú hasta 1840

Desde el punto de vista naval, este largo periodo de tiempo debe ser visto al menos en a través de cuatro circunstancias: a) la Guerra con Colombia (1828-1829), b) la Guerra de la Confederación (1836-1839), c) la Guerra con España (1864-1866); y d) la ocupación de la Amazonía.

a) La Guerra con Colombia (1828-1829).

Si bien este conflicto se originó, desde nuestro punto de vista, en la necesidad que tenía Bolívar por cohesionar a una Colombia que se partía en tres estados (Ecuador, Venezuela y Colombia), el motivo oficial fue el reclamo colombiano por los territorios peruanos de Jaén y Maynas.

En lo que a la campaña naval respecta, en agosto de 1828 se despachó a la corbeta Libertad, al mando del capitán de corbeta Carlos García del Postigo, para que cruzara en aguas internacionales delante del Golfo de Guayaquil, de modo de poder controlar e interceptar las naves que entrasen o saliesen de ese puerto. El 31 de agosto de 1828, las naves colombianas Pichincha y Guayaquileña atacaron a la corbeta peruana frente a Punta Malpelo, siendo rechazadas y obligadas a retirarse con grandes pérdidas a bordo. Se había producido así el primer encuentro del conflicto.

El gobierno peruano dispuso el bloqueo de Guayaquil y operaciones sobre todo el litoral colombiano. La escuadra nacional, al mando del vicealmirante Martín Jorge Guise, se dirigió a Guayaquil y realizó diversas incursiones antes de atacar las defensas de esa ciudad ribereña, los días 22 al 24 de noviembre de 1828. En dicha acción se logró batir las defensas a flote y silenciar buena parte de la artillería enemiga, pero la noche del 23 al 24, la fragata Presidente encalló y los defensores pudieron instalar un cañón que la ofendía sin que pudiese ser respondido. Al amanecer, con el repunte del río, la fragata volvió a ponerse a flote, pero el

último tiro colombiano dio de lleno en el vicealmirante Guise, quien falleció poco después. De acuerdo a sus disposiciones, el mando de la escuadra fue asumido por el teniente primero José Boterín, quien continuó presionando a los defensores hasta lograr su rendición a fines de enero siguiente. La capitulación de la ciudad fue firmada por el capitán de navío Hipólito Bouchard, quien acababa de llegar para tomar el mando de la escuadra. La plaza fue ocupada por las fuerzas peruanas desde el 1° de febrero hasta el 21 de julio de 1829. Luego de esta acción, la corbeta Arequipeña y el bergantín Congreso incursionaron sobre Panamá, logrando rescatar una de las naves mercantes capturadas por los colombianos.

En tierra, nuestras tropas sufrieron un serio revés en Portete de Tarqui y poco después se firmó un tratado en Guayaquil (22 de setiembre de 1829), en el cual se establecía que la frontera entre Perú y Colombia correspondería a la de los antiguos virreinatos y que sería delimitada mediante un tratado posterior, tratado que no llegó a realizarse pues Colombia se disolvió en 1830.

b) La Guerra de la Confederación (1836-1839)

Separada del Perú a finales del periodo colonial para formar parte del virreinato de Buenos Aires, el Alto Perú o Audiencia de Charcas se constituyó en la República de Bolivia en 1826. Sus estrechos vínculos con la zona sur peruana hicieron que desde muy temprano algunos líderes peruanos y bolivianos pensaran en la reunificación de sus pueblos. La situación se presentó propicia en 1836, cuando el presidente peruano Orbegoso y el presidente boliviano Andrés de Santa Cruz acordaron confederar ambos países. Este hecho fue considerado por Chile como una amenaza al predominio que había logrado establecer en el comercio marítimo del Pacífico sudamericano desde la independencia, motivándolo a procurar su disolución por todos los medios a su alcance. En este propósito contó con el apoyo de un importante número de peruanos, que se oponían a la Confederación y muy especialmente a Santa Cruz, quien era el Protector de la misma.

Fue en esas circunstancias que el 21 de agosto de 1836 arribó al Callao el bergantín de guerra chileno Aquiles, en lo que se suponía una visita de buena voluntad. Sin embargo, aprovechando el estado de desarme en que se encontraban los buques de guerra peruanos en el fondeadero, por las luchas internas de los años precedentes, esa misma noche llevó a cabo un sorpresivo ataque que le permitió capturar a la barca Santa Cruz, el bergantín Arequipeño y la corbeta Peruviana. Se inició así la guerra entre Chile y la Confederación Peruano-Boliviana.

La primera fase de esta guerra debió definirse en el mar, y fue por ello que uno y otro bando trataron de hacerse de su control. En el caso de la Confederación, esta fase de la campaña estuvo en manos de la Armada Peruana, que en noviembre de 1837 despachó una flotilla para incursionar sobre islas y territorio chileno. Así, las corbetas Socabaya y Confederación y el bergantín Congreso, atacaron y capturaron la isla de Juan Fernández, incursionando sobre la costa central chilena, donde llegaron a desembarcar tropa de marina en San Antonio y Caldera.

Por su parte, el gobierno chileno y los peruanos opositores de la Confederación prepararon una expedición que al mando del almirante Manuel Blanco Encalada desembarcó en el sur peruano y avanzó sobre Arequipa. Tras permanecer en esa ciudad durante más tiempo del necesario, la fuerza expedicionaria de Blanco Encalada fue obligada a rendirse por el mariscal Santa Cruz, firmando el Tratado de Paucarpata el 17 de noviembre de 1837.

Dicho tratado fue repudiado por el gobierno chileno, que de inmediato despachó hacia las costas peruanas a un escuadrón compuesto por cinco naves al mando del capitán de navío Roberto Simpson. Por su parte, un escuadrón peruano formado por la corbeta Socabaya y los bergantines Junín y Fundador se encontraba en Islay bajo órdenes del capitán de fragata Juan José Panizo. Simpson intentó destruir esa fuerza naval el 12 de enero de 1838, pero Panizo logró maniobrar inteligentemente durante varias horas y poner a salvo a sus naves ante un enemigo superior en número y fuerza. Aquella acción, que duró hasta el día siguiente, constituyó un triunfo peruano y es conocida como el combate de Islay.

A lo largo del año, Chile logró obtener el control del mar y en setiembre estuvo en condiciones de despachar una nueva y poderosa expedición al mando del general Manuel Bulnes. Las fuerzas de Bulnes, reforzadas por los peruanos opositores a Santa Cruz, entre los cuales estaban Gamarra y Castilla, lograron derrotar a Orbegoso, en agosto; y luego a Santa Cruz en la decisiva batalla de Yungay, el 20 de enero de 1839. Ocho días antes, el 12 de enero de 1839, el escuadrón naval chileno al mando de Simpson y algunos

buques que habían transportado a la expedición del general Bulnes fueron atacados en el puerto de Casma por la escuadra confederada formada por la corbeta Edmond, la barca Mexicana, el bergantín Arequipeño y la goleta Perú, bajo las órdenes del marino francés Juan Blanchet. La acción duró varias horas, falleciendo Blanchet y perdiéndose el Arequipeño, pero causando considerables pérdidas a las naves chilenas. Las fuerzas confederadas se reorganizaron fuera del puerto con el fin de reanudar el ataque, pero el Escuadrón Naval Francés del Pacífico impidió esta acción al reclamar que varios oficiales y tripulantes de la Confederación eran en realidad desertores de sus naves.

Acciones entre 1839-1864

La Guerra de la Confederación no anuló el interés por reunificar a Perú y Bolivia. Por el contrario, el presidente Gamarra, quien asumió el mando del Perú en 1839, intentó realizar dicho proyecto bajo su liderazgo, llevándonos a invadir Bolivia en 1841. Tal como lo había hecho en las campañas a Puertos Intermedios, la escuadra peruana participó cubriendo el flanco marítimo del teatro de operaciones y capturando el puerto de Cobija. Gamarra encontró la muerte en esta campaña, y el país quedó sumido en una etapa de anarquía.

La Armada no estuvo al margen de esta situación y eventualmente se vio involucrada en acciones que afectaron los intereses británicos y generaron que los buques de la Estación Naval Británica del Pacífico detuvieran en 1844 a parte de la escuadra en el puerto de Islay. Aquel incidente se produjo en los momentos precisos en que el Perú iniciaba una etapa de auge económico relativo, vinculado a la explotación del guano de las islas, que facilitó la estabilidad de los gobiernos peruanos hasta principios de los años setenta del siglo pasado. Dos de los más notables de ese periodo fueron el mariscal Ramón Castilla y el general Rufino Echenique, quienes buscaron convertir al Perú en una potencia naval sudamericana a través de un agresivo programa de adquisiciones. Cabe señalar que Castilla había vivido de cerca la humillante situación de 1844, en su calidad de ministro de Guerra y Marina.

En los años siguientes se adquirieron varias naves, entre ellas la fragata Mercedes, que se perdió en Casma, en 1854. Aquel terrible accidente, que costó la vida de más de 800 personas, dejó una magnífica lección de valor más allá del cumplimiento del deber, cuando el capitán de navío Juan Noel prefirió hundirse con su nave antes de abandonarla en tan difícil trance y con la cantidad de gente que aún había a bordo.

En 1848 se contrató en Estados Unidos la construcción del vapor Rímac, primero de su clase en Latinoamerica; y a principios de la década siguiente se contrató en Inglaterra la construcción de las fragatas Apurímac y Amazonas, así como los vapores Loa y Tumbes. También se adquirieron otras naves de guerra y transportes, al punto que la flota peruana llegó a ser la más considerable de América Latina en esos años.

En ese contexto se produjo la primera y única intervención naval peruana en Estados Unidos, cuando el bergantín General Gamarra, al mando del capitán de fragata José María Silva Rodríguez, fue enviado a California en 1849 para proteger los intereses nacionales en una región que vivía las convulsiones de la denominada fiebre del oro. El Gamarra permaneció en San Francisco durante casi diez meses, lapso durante el cual llegó a desembarcar un destacamento par auxiliar a las autoridades locales en el restablecimiento del orden.

Por otro lado, fue en esos años que se llevó a cabo la primera, y hasta el momento única, circunnavegación de un buque de guerra peruano. En efecto, el 25 de octubre de 1856 la fragata Amazonas, al mando del capitán de navío José Boterín, zarpó del Callao en demanda de Honk Kong para realizar algunos trabajos urgentes en el dique de ese puerto. Al llegar se encontró con que había estallado la Segunda Guerra del Opio, motivándolo a dirigirse a Calcuta, donde hizo las reparaciones que necesitaba. De allí pasó a Londres, donde se completó el armamento de la fragata; y finalmente arribó al Callao el 28 de mayo de 1858.

En 1857 el gobierno ecuatoriano ratificó un convenio para el pago de la deuda a sus acreedores británicos dando en explotación territorios amazónicos pertenecientes al Perú. La protesta peruana fue rechazada y el presidente Castilla ordenó el bloqueo del Golfo de Guayaquil, el mismo que fue llevado a cabo por una escuadra al mando del contralmirante Ignacio Mariátegui. El bloqueo se inició el 4 de noviembre de 1858, y habría de durar más de un año, lapso durante el cual Ecuador fue víctima de profundas luchas internas que llevaron al presidente Castilla a decidir la ocupación del puerto de Guayaquil, desembarcando fuerzas peruanas en ese puerto a mediados de noviembre de 1859. El 25 de enero de 1860 se firmó el tratado de Mapasingue, que dio por terminado el conflicto.

c) Conflicto con España (1865-1866)

El reconocimiento de la independencia de los países americanos por parte de España demoró algunos años y en cada caso demandaba una delicada negociación. Hacia mediados del siglo XIX, el Perú era el único país que no había suscrito un tratado de paz con España y por ende dicho país no reconocía formalmente nuestra independencia. Ello no había sido obstáculo para que se produjeran diversos actos de buena voluntad entre Perú y España, pero ciertamente no existían relaciones oficiales.

En ese contexto, a mediados de 1863 se presentó en el Pacífico una escuadrilla española compuesta por las fragatas Resolución y Nuestra Señora del Triunfo, y la goleta Virgen de Covadonga, trayendo a bordo una Expedición Científica con el propósito de estudiar las antiguas posesiones españolas. En esas circunstancias se produjo un incidente en la hacienda Talambo, en el que resultó muerto un español. El lento proceso judicial peruano exasperó al almirante español Luis Hernández Pinzón, quien incitado por el diputado español Eusebio Salazar y Mazarredo, a quien el gobierno peruano no había reconocido como Comisario Extraordinario, el 14 de abril de 1864 capturó las Islas Chincha, de donde provenía la mayor parte del guano que el Perú exportaba.

Poco después, el gobierno español envió al Pacífico las fragatas Blanca, Berenguela y Villa de Madrid, la goleta Vencedora y el blindado Numancia. El gobierno peruano, imposibilitado de atacar a una fuerza tan superior, se vio obligado a firmar un tratado –conocido como Vivanco-Pareja- que puso fin al conflicto pero que fue rechazado por la nación. El coronel Mariano Ignacio Prado se levantó en Arequipa y tras casi un año de guerra civil logró hacerse del poder, repudiando el referido tratado y reiniciando las hostilidades. La Armada participó activamente en la lucha, especialmente en la captura de Islay y Arica, sufriendo asimismo algunas lamentables bajas entre sus filas.

Mientras la guerra civil peruana tenía lugar, la escuadra española se dirigió a Chile a exigir satisfacciones del gobierno de Santiago por la actitud belicosa que había tomado durante el incidente entre Perú y España. El almirante español, Pareja, tenía una marcada antipatía a Chile, empujando la crisis al punto que en setiembre de 1865 se declararon las hostilidades entre ambos países. Poco después de asumir el gobierno del Perú, Mariano Ignacio Prado firmó un acuerdo con Chile (5/12/1865), al que luego se sumaron Ecuador y Bolivia (enero y marzo 1866), de modo de actuar unidos contra España y cualquier intento de restablecer su dominio en América. El gobierno peruano declaró la guerra a España el 14 de enero de 1866.

La escuadra peruana, que había sido reforzada con las corbetas América y Unión, seguía siendo inadecuada para enfrentarse a la poderosa fuerza naval española. Para poder tener una posibilidad razonable de éxito en un enfrentamiento naval debíamos esperar el arribo del monitor Huáscar y de la fragata Independencia, mandados construir por el depuesto presidente Pezet. Fue por ello que se envió a nuestras cuatro naves principales al sur de Chile, donde debían aguardar al arribo de los dos nuevos blindados para actuar luego en conjunto contra la fuerza enemiga. Tres de estas naves, la fragata Apurímac y las corbetas Unión y América se encontraron así el 7 de febrero de 1866 en el canal de Challahué, formado entre la isla Abtao y el continente.

También se encontraba la goleta chilena Covadonga, todos ellos al mando del capitán de navío peruano Manuel Villar, por ausencia del comandante en jefe, el capitán de navío chileno Williams Rebolledo. Allí fueron atacados por las fragatas españolas Villa de Madrid y Blanca, combatiendo durante varias horas hasta que las naves enemigas tuvieron que retirarse. Se combatió con valor en ambos lados, y podemos señalar que la victoria sonrió al bando aliado pues se enfrentó con éxito a un enemigo superior, negándole lo que buscaba: destruir a la fuerza naval peruano-chilena. Cabe mencionar que en esta acción participaron la mayor parte de los marinos peruanos y chilenos que habrían de destacar durante la Guerra del Pacífico.

Después del combate, la escuadra aliada cambió de fondeadero al estero de Huito, lugar donde son buscados el 16 de febrero por el brigadier Casto Méndez Núñez con la Numancia, Resolución y Blanca. No obstante la ventaja material española, la posición de los aliados resulta inexpugnable, por lo que se ven obligados a replegarse de la zona. Ante estos hechos, y bajo órdenes precisas de Madrid, el 31 de marzo Méndez Núñez bombardea Valparaíso. La plaza renunció a defenderse, siendo fuertemente castigada por la flota española durante casi tres horas. El siguiente objetivo era el Callao, lugar donde los españoles esperaban repetir su acción punitiva. Sin embargo, el Perú estaba ahora en condiciones de defenderse.

En efecto, desde que se produjo el incidente de las islas Chincha, el gobierno peruano había invertido considerables sumas de dinero en la defensa de su primer puerto. Se había comprado artillería de grueso

calibre, construido y reforzado algunas naves, y adquirido un conjunto de minas eléctricas para la defensa de la zona sur de la bahía. Esa misma zona, que cubre lo que es hoy La Punta y Chucuito, contaba con cuatro baterías (Abtao, Maypu, Chacabuco y Provisional), la Torre de la Merced y el Fuerte Santa Rosa. La zona central estaba defendida el Cañón del Pueblo y los monitores Loa y Victoria, construido uno y blindado el otro en el Callao; además de los vapores Tumbes, Sachaca y Colón; y algunas canoas explosivas. Finalmente, la zona norte contaba con dos baterías (Independencia y Pichincha), la Torre Junín y el Fuerte Ayacucho.

La escuadra española que atacó el Callao estaba conformada por tres divisiones, portando casi trecientas piezas de artillería: la primera, constituida por la Numancia, Blanca y Resolución, que debía batir la parte sur del puerto; la segunda por la Berenguela y la Villa de Madrid, que debe atacar los fuertes del norte; y la tercera por la Almansa y la Vencedora, que debe batir el centro y a las fuerzas navales peruanas.

Las defensas del puerto estaban dirigidas por el propio presidente Mariano Ignacio Prado, hábilmente secundado por su ministro de Guerra, José Gálvez, quien murió al hacer explosión la Torre de La Merced. La acción se inició hacia el mediodía en forma simultánea a todo lo largo de la bahía y se prolongó hasta las 5 de la tarde, cuando todos los buques españoles ya habían abandonado la línea de ataque con averías de diversa magnitud, y con muertos y heridos a bordo, incluido el brigadier Méndez Núñez. El fuego fue intenso por ambos lados y, como ya se señaló, tuvimos que lamentar la pérdida del ya mencionado ministro de Guerra y de varios de sus compañeros en la Torre de La Merced. La pequeña fuerza naval peruana, al mando del capitán de navío Lizardo Montero, salió en dos oportunidades a atacar a los buques enemigos, y fueron los artilleros del Tumbes los que hicieron los últimos disparos de aquella memorable jornada.

Los miembros de la Armada combatieron no sólo a bordo sino también en diversas baterías, especialmente en la Santa Rosa, que fue dotada mayoritariamente por personal naval. Entre los fallecidos en esta acción merecen ser destacados los hermanos Manuel y Raymundo Cárcamo, teniente primero y capitán de corbeta, respectivamente, hijos de Victoriano Cárcamo, quien había capturado la goleta realista Sacramento en marzo de 1821.

Los buques españoles se retiraron a la isla San Lorenzo para enterrar a sus muertos y reparar los daños sufridos, no sin ser hostilizados por nuestras fuerzas sutiles, que llevaron a cabo al menos un ataque al fondeadero enemigo. El 10 de mayo, Méndez Núñez y sus buques se alejaron definitivamente de las costas peruanas.

Al mes siguiente, el Huáscar y la Independencia se incorporaron a la escuadra aliada en Huito, pasando luego a Valparaíso. Mientras tanto, el gobierno peruano comenzó a hacer planes para realizar operaciones ofensivas contra España, considerando seriamente la posibilidad de atacar Filipinas. Para ello contrató al comodoro John Randolph Tucker, quien se había distinguido en la Guerra Civil norteamericana peleando por los estados confederados, nombrándolo comandante general de la Escuadra. Cuando el referido jefe arribó a Valparaíso, donde se encontraba el grueso de la escuadra, los comandantes de los buques y un considerable número de oficiales consideraron que tal nombramiento era ofensivo a la capacidad profesional que los peruanos habían demostrado. Esta situación dio origen al llamado "Incidente Tucker", en el cual un grupo de destacados oficiales navales fueron enjuiciados por desobediencia. Tal acusación no prosperó, como tampoco prosperó la idea de atacar Filipinas. Tucker se vio obligado a renunciar, asumiendo el mando de la Comisión Hidrográfica del Amazonas, donde llevó a cabo una importante labor.

El conflicto con España llevó a que el gobierno procurara incrementar el poder naval peruano, aún cuando no siempre con muy buen criterio, como fue el caso de la adquisición de los monitores Manco Capac y Atahualpa. Comprados en Estados Unidos, ambos buques fueron remolcados desde Nueva Orleans hasta el Callao en una épica travesía que demandó más de un año (enero 1869-mayo 1870) y que no estuvo exenta de dificultades.

A principios de los años setenta, el Perú comenzó a sentir los efectos de una profunda crisis fiscal, acelerada por el excesivo gasto en que se había incurrido sobre la base de comprometer los ingresos del guano. Fue por ello que no se pudo reaccionar con firmeza ante el crecimiento del poder naval chileno, que con la construcción de dos blindados, Cochrane y Blanco Encalada, pasó a tener la flota más poderosa en el Pacífico sudamericano. Ante ello el Perú sólo pudo incorporar a la escuadra a las pequeñas cañoneras Chanchamayo y Pilcomayo¸ la primera de las cuales se perdió en 1876, frente a Falsa Punta Aguja. Otra pérdida notable de esos años fue la corbeta América, varada a consecuencia del maremoto que azotó el puerto de Arica, el 13 de agosto de 1868. Falleció en dicho trágico accidente el comandante de la nave, capitán de corbeta Mariano Jurado de los Reyes.

Otro acontecimiento notable de aquellos años fue el combate de Pacocha, sostenido entre el Huáscar y los buques británicos Shah y Amethyst, el 29 de mayo de 1877 Las circunstancias que llevaron a dicho enfrentamiento están vinculadas a uno de los numerosos movimientos revolucionarios que vivió el Perú durante el siglo pasado. En efecto, en un nuevo intento por tomar el poder, Nicolás de Piérola logró que el Huáscar se plegara a su causa e iniciara una serie de actividades hostiles contra el régimen de Prado. La reacción gubernamental fue declarar pirata al referido buque, solicitando el apoyo de la Estación Naval Británica para someterlo al orden o hundirlo. La reacción del almirante inglés, A.M. de Horsey, fue más bien pausada hasta que el Huáscar, con Piérola a bordo, interceptó algunos buques británicos, dándole motivos para intervenir con las naves a su mando. El Huáscar, mientras tanto, estaba siendo buscado por una división naval a órdenes del capitán de navío Juan G. More.

Los dos buques británicos que ya hemos señalado encontraron finalmente al monitor, comandado por el capitán de navío Luis G. Astete, intimándole rendición. Tal propuesta no fue aceptada y se inició un combate en el cual los británicos hicieron uso por primera vez en la historia del torpedo autopropulsado. Pese a ello, y a la ventaja artillera que tenían los británicos, el monitor peruano pudo sostener el combate durante varias horas. Durante la noche se rompió el contacto y el Huáscar se dirigió a Iquique donde quedó sometido a la autoridad del gobierno peruano.

d) La ocupación de la Amazonia

Al producirse la independencia americana, la Amazonia quedó prácticamente abandonada por las nuevas repúblicas. La presencia del estado peruano en esa zona era muy feble y se centraba esencialmente en las misiones religiosas, despachadas desde Trujillo y Ocopa, y eventuales visitas de autoridades enviadas desde la zona de Chachapoyas. Esta realidad llevó a que durante la primera mitad del siglo XIX se produjera un gran avance brasileño que mermó los territorios que históricamente debieron pertenecer al Perú.

Hacia 1830 comenzaron a asentarse en la llanura amazónica algunos colonos peruanos y extranjeros que comercializaban con los productos de la zona, motivando la natural preocupación de algunos mandatarios peruanos. Fue así que se organizaron algunas expediciones a la zona, en las cuales participaron activamente nuestros oficiales navales. La primera de estas fue la llevada a cabo en 1834 por los tenientes británicos William Smyth y Frederick Lowe, acompañados por el mayor Pedro Beltrán y el teniente primero Ramón Azcárate. Este grupo llegó hasta el Ucayali y mientras los británicos continuaron hacia Brasil, los peruanos retornaron por el Marañón hasta Yurimaguas. Nueve años después, el conde francés Francis de Castelanu, acompañado por el capitán de fragata Francisco Carrasco y el alférez de fragata Becerrra, ingresaron a la región amazónica por el Cusco y llegaron hasta la unión del Ucayali con el Marañón. Al igual que en el caso precedente, Castelanu continuó hacia el Brasil mientras que los oficiales peruanos retornaron a la costa por la vía del Huallaga.

Ante la importancia de mantener abiertas las vías de acceso a la llanura amazónica y proteger a los colonos que se habían establecido en Chanchamayo, hacia finales de los años cuarenta fue fundado el fuerte San Ramón, a cargo del capitán de corbeta Juan Noel y con una guarnición de infantería de marina.

En marzo de 1853, se creó el Gobierno Político de Loreto, a cargo del coronel Francisco Alvarado Ortiz. Al año siguiente el gobierno adquirió los vapores Tirado y Huallaga, destinados a establecer una línea comercial y de correo que brindara servicio regular a Iquitos y a las otras localidades que iban surgiendo en la Amazonia peruana. Si bien los oficiales navales que estuvieron a cargo de dichos buques hicieron todos los esfuerzos por cumplir con su misión, la inexistente logística local llevó a que tuvieran una vida efímera.

Con esta experiencia, se decidió hacer un esfuerzo de mayor envergadura y establecer un verdadero apostadero naval en Iquitos que contribuyera a sentar las bases para el desarrollo de esa ciudad y la defensa de la nacionalidad en la región oriental. Fue así que en 1861 el presidente Castilla estableció el Departamento Marítimo Militar de Loreto, designando al contralmirante Ignacio Mariátegui para que se hiciera cargo de ese puesto, pero antes debía contratar en Londres la construcción de dos vapores y de una factoría que permitiera reparar buques, así como construir molinos y útiles de agricultura. La comisión fue cumplida con éxito y finalmente, tras vencer diversas dificultades diplomáticas con Brasil, en enero de 1864 llegaron a Iquitos los vapores Morona, Pastaza, Napo y Putumayo junto con la fragata Arica y el bergantín Próspero.

A partir de aquel año la Armada llevó a cabo una intensa labor de ocupación del espacio amazónico por el estado peruano. Entre los marinos que contribuyeron de manera significativa a esta labor debemos mencionar a Manuel Ferreyros, Francisco Carrasco, Camilo Carrillo, Nicolás Portal, Guilermo Pareja y Ulises Delboy. Pero una mención especial debe ser hecha al capitán de navío Federico Alzamora, primer comandante general del Departamento de Loreto (1864-1871). Quien hoy recorra el malecón de Iquitos encontrará aún la chimenea de la Factoría, con la placa colocada allí por Alzamora.

Pronto se iniciaron las exploraciones por los diversos ríos amazónicos, con todas las dificultades que ello conllevaba. No faltaron los incidentes al navegar por aguas desconocidas y al enfrentar a pueblos nativos que veían en ellos a unos invasores a sus tierras ancestrales. Fue así que en 1866 tuvimos que lamentar la muerte de los alféreces Juan Antonio Távara y Alberto West, de la dotación del vapor Putumayo, a manos de los cashibos del río Pachitea. A raíz de ello se llevó a cabo una expedición "punitiva", al mando del prefecto de Loreto, en la que participaron el referido vapor así como el Napo y el Morona. Tras esa penosa comisión, el Putumayo y el Napo alcanzaron el río Mayro, donde el primero permaneció varado un año debido a una repentina merma en el río, lapso durante el que permaneció incólume el espíritu naval de su tripulación.

Por la misma época llegó a la zona la Comisión Hidrográfica del Amazonas, al mando del contralmirante Tucker, quien junto con los oficiales navales peruanos continuaron la labor de exploración y reconocimiento de los numerosos ríos de la hoya amazónica. En 1877, ante la insostenible situación económica, el apostadero fluvial cesó en sus labores. La mayor parte de sus buques, así como la factoría y los almacenes, pasaron a conformar la Compañía de Navegación del Amazonas, firma peruana que cubriría las rutas entre Yurimagas y el Pará.

 

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