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MARINA DE  CUBA

El guardacostas cubano Abejorro, parte de la “Flota Mosquito” de 1901

por Alfredo E. Figueredo - Miembro de la Asociación Internacional para la Arqueología del Caribe

          Hace unos días, visité al Museo Histórico Cubano, una tienda del teniente de la antigua policía nacional Julián Valdés, ubicado en el 3131 Coral Way, Miami, y allí, buscando entre las muchas antigüedades que no puedo costear, encontré una postal antigua del guardacostas cubano Abejorro, cuya fotografía se reproduce aquí.  Este guardacostas formó parte de la efímera Flota Mosquito de 1901.

             La Flota Mosquito fue mandada a construir en Estados Unidos por el Administrador de Aduanas, el comandante (major) Tasker H. Bliss.  Esta ‘flota’ de remolcadores costeros de madera la integraban cinco embarcaciones de tipo militar, de 65 pies de eslora, 12 de manga y 3 y medio pies de calado, de 25 a 30 toneladas de desplazamiento; tenían un andar de hasta 9 nudos, con una máquina de alta y baja presión y un cañón Hotchkiss de 1 lb. [3,7 cm.] montado en la proa.  Una de las 5 embarcaciones, contando 8 pies más de eslora (73) que los demás, fue denominada con el nombre algo ambicioso de Navío Almirante.

           Los cubanos quisieron darles a estos guardacostas nombres de patriotas cubanos, pero las autoridades estadounidenses no le gustaba el proyecto, pues algunos de esos personajes favorecían la integración de Cuba a la Unión norteamericana.

            Al principio, se designaron RC 1, 2, 3, 4 y 5, pero luego, consultando la letra A de un diccionario, fueron bautizados como el Abeja, Abejorro, Araña, Avispa, y, el más grande, Alacrán, que después, durante la República, por fin se llamó Guáimaro, en honor de una de las primeras ciudades arrebatadas a los españoles durante la Guerra de los Diez Años, donde se firmó nuestra primera constitución política en 1869. 

           Por sus características, las unidades de la Flota Mosquito no estuvieron mucho tiempo en servicio, aunque al principio fueron bastante útiles.  Duraron como promedio unos veinte años activos.  El vulgo conoció a estos pequeños cañoneros jocosamente como Los Ponzoñosos.

 

Fuentes consultadas

 

Balbis Torregrosa, Pelayo.  Historia de la Marina de Guerra Cubana.  Miami: Isa Printing & Binding Corp., 2001.

 

Gálvez Aguilera, Milagros.  La Marina de Guerra en Cuba (1909-1958).  Primera Parte.  La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, Historia, 2007.  (12) XIII-XIV, 1-333 (1) p.

  

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