Historia y Arqueologia Marítima

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UNA BARCA EN LA COSTA DE LA ISLA CERRO NEVADO

Por  RICARDO CAPDEVILA - VICTOR MELEMENIS - JOSE MARIA AGEITOS

 

INTRODUCCION

            La expedición  sueca al polo Sur (1901-1903) dirigida por el Doctor Otto Nordenskjöld eligió como sitio para emplazar la cabaña de invernada, una pequeña elevación, en una caleta situada al Oestenoroeste de la isla Cerro Nevado (Snow Hill).El lugar es un angosto valle, delimitado a sus lados por una meseta de 200 m. de altura y un glaciar que cae hacia el mar. El sitio, que a primera vista parece estar protegido de los vientos, se caracteriza sin embargo, por ser el canal de descarga de los vientos catabáticos que bajan del alto domo glaciar que da nombre a la isla. En este sitio seis hombres de la expedición invernaron voluntariamente en el año 1902, e involuntariamente en 1903. Ello, porque el buque que debía rescatarlos, naufragó en el mar de Weddel a principios de aquel año, cuando iba en demanda de la estación invernal.

La expedición sueca adquiere especial relevancia para la historia antártica argentina merced a que participó en ella el Alférez José María Sobral- invernante- y un buque argentino, la corbeta URUGUAY fue la que en definitiva rescató a todos los miembros de la expedición que por el hundimiento del ANTARTIC, quedaron aislados en el continente antártico.

En virtud de las Recomendaciones del Tratado Antártico, relacionadas con la conservación del patrimonio histórico, nuestro país ha asumido la responsabilidad de la restauración y conservación de los relictos de la expedición sueca, dada la singular importancia que los mismos tienen también para la historia antártica general. En orden a este compromiso se diseñó un programa de restauración y conservación que se denominó MUSEOANTAR.

En principio el mismo contemplaba el recupero de la cabaña de madera de la isla Cerro Nevado, la choza de piedra del doctor Andersson, segundo jefe de a expedición que invernó forzadamente en bahía Esperanza (Hope Bay) en el año 1903 y otra vivienda de piedra, construida en la isla Paulet que fuera refugio de los náufragos del buque expedicionario NATARTIC.

La actividad ha posibilitado el recupero de una valiosa colección museológica de elementos que sirvieron a los expedicionarios, los que en parte se exhiben en las salas del Museo Marítimo (ex Presidio) de  Ushuaia, oficina antártica de INFUETUR en la misma ciudad y en el Museo César Lisignoli de Villa María, Córdoba.

II- NOTICIA DEL HALLAZGO

En el verano de 1996-1997 el equipo del programa de restauración no realizó trabajos en la Antártida por las prioridades establecidas en orden a las restricciones presupuestarias. Sí, en cambio, operó en la zona un grupo del Departamento de Ciencias de la Tierra a cargo del Dr. Rodolfo del Valle.

El fenómeno del cambio global ha afectado la zona con un aumento de la temperatura media que se advierte año a año, en el retroceso de altura de las mesas glaciares. Este fenómeno y la cuidadosa labor del equipo  del Dr. del Valle permitió  recuperar una preciosa pieza museológica que había permanecido por más de 90 años oculta en un pie de hielo, en la zona norte de la isla Cerro Nevado.

Así, el 29 de enero de 1997 mientras realizaban el ploteo de la zona del estrecho Arguindeguy, en la caleta denominada comúnmente  “Pic-nic”, adviriteron en una masa glacial disimulada por un depósito morrénico, un elemento de regular tamaño que asomaba en el sitio: la tierra estaba de parto.

Y el objeto no era generado espontáneamente por el hielo, sino un recuerdo del pasado que volvía a la luz desde las entrañas mismas de la tierra.

Con los recaudos del caso, extrajeron cuidadosamente el pecio, y armando una suerte de catamarán con los dos botes disponibles, montaron los restos en la falsa cubierta y los trasladaron hasta la caleta próxima a la cabaña.

III- CARACTERISTICAS DEL PECIO

El volumen y cantidad del material hallado, ha permitido una correcta identificación del mismo, abonada por la documentación existente producida por los mismos expedicionarios suecos.

Los elementos rescatados en las condiciones relatadas, son las dos bandas y la quilla de madera con algunas cuadernas de un antiguo bote , de fino perfil. La quilla está protegida por una sobrequilla de hierro de 2 cm. de ancho, de seguridad para navegar entre hielos livianos. En la parte superior de la misma lucen dos ganchos de hierro apropiados para izar la embarcación a otra mayor o a un muelle.

Los restos de las bandas y la quilla, permiten apreciar una longitud total de una embarcación de aproximadamente 5,20 m de largo. El ancho mayor de cada banda es de 1,20 m. Presentadas las partes en lo que puede haber sido su conformación original se estima una manga no mayor de 1,20 m. Está construida en madera de pino escandinavo, en tingladillo y sus juntas estuvieron calafateadas  con estopa. Las estructuras han sufrido la acción mecánica del hielo que produjo la rotura de las uniones de proa y popa, y también el desprendimiento de las bandas con la quilla. No se encontraron el espejo de popa ni las bancas de los remeros. Tampoco se hallaron toleteras, toletes y remos, faltando además todas las regalas o terminaciones superiores de las bandas.

En general el estado del material es bueno, pese al tiempo transcurrido y a las especiales circunstancias  de su conservación. En enero de 1998 trasladamos los restos hasta la meseta de emplazamiento de la cabaña, arranchándolo junto al maderamen dejado  por los suecos en el sitio mejor protegido de los vientos predominantes del sur.

IV- HACIA LA CALETA PIC-NIC

La importancia del hallazgo promovió en la comisión de Museo, uno de los objetivos de la campaña: completar la información sobre los detalles del hallazgo reconociendo el sitio  donde le mismo se produjo y realizar un prolijo relevamiento. Esto con vista a ampliar la información hasta entonces habida y buscar otros elementos que pudieran aparecer en el área.

El sitio se encuentra a 5 km al Norte de la cabaña. Dos rutas terrestres eran posibles para el empeño: subir desde el campamento hacia la terraza de la meseta y bajar por el declive de ésta hacia el extremo Norte de la isla, o utilizar la playa que queda  en la bajamarea en todo el veril de la isla, y que resulta menos cansadora para el caminante. La primera alternativa fue desechada , en virtud de que las intensas precipitaciones del mes de Enero habían tornado impracticable la trepada del largo acarreo que lleva  a la parte superior de la meseta. Se intentó entonces la alternativa costera.

El día 1º de Febrero, luego de una serie ininterrumpida de temporales y vientos bravos del sur, iniciamos el camino de la playa. Luego de trasponer la zona del Mirador de los Suecos, un pico basáltico vertical que cae al mar desde más de 200 m de altura, y siempre por la playa, debimos subir a una suerte de cornisa de hielo y barro de unos 4 m de altura sobre el nivel del mar, formada por la nieve consolidada de los temporales, y el barro que desciende en riadas desde la meseta. El tránsito se tornó dificultoso- no estábamos encordados, ni calzábamos grampones- por lo que, a un par de kilómetros del objetivo abandonamos el intento. La formación sobre la que caminábamos, a más inestable, se tornaba peligrosamente inclinada hacia el mar con el aumento del riesgo consiguiente. Cubiertos de barro e insatisfechos, debimos regresar a nuestro campamento.

Debe señalarse que la excursión, pese al fracaso en su objetivo principal desde el punto de vista de nuestro programa, fue a todas luces provechosa, dado que en el regreso y sobre la playa de baja marea, hallamos enterrado un antiguo cajón de madera con un recipiente enlozado, de utilidad aún no precisada, así como varios aros de hornalla, perteneciente también a una antigua cocina económica, o quizás repuesto para la salamandra de la cabaña sueca.

Los temporales se repitieron en forma continua a partir de entonces.

Afortunadamente  el equipo del doctor Del Valle en cumplimiento de su programa de trabajos, y aprovechando una clama temporaria, se trasladó desde su campamento en isla Marambio (isla Seymoour en la toponimia internacional) hasta el nuestro, con su personal y dos botes de goma ofreciéndonos amablemente trasladarnos por mar hasta el sitio. Y así aprovechando  una nueva tregua del mal tiempo, en una de las escasas tardes  de sol de esta campaña, el día 8 de Febrero pudimos arribar por mar, en los botes, al lugar de destino de nuestro trabajo.

La bajamar hizo propicio el terreno para el relevamiento del lugar. Desembarcamos en la playa de suave gradientre y acto seguido realizamos una búsqueda intensa en todo el área. Pese al empeño y la prolijidad del trabajo y para no regresar con las manos vacías, la fortuna nos brindó el hallazgo de una cuaderna de la barca, probablemente la tercera desde proa.

V-LA BARCA EN LA OBRA DE NORDENSKJÖLD

Los botes utilizados por los invernantes de Cerro Nevado están descriptos en la versión española de la obra del doctor Nordenskjöld “VIAJE AL POLO SUR”, en dos tomos, traducidos del sueco por Roberto Ragazzoni y editado por la Casa Editorial Maucci en Barcelona en el año 1904.

Dice el autor:

Debíamos también desembarcar los dos botes destinados a la estación, uno viejollamado TROMSÖ magnífico velero en el cual había yo efectuado más de un paseo a remo, y a la vela en la costa de Groenlandia, y otro pequeño para la navegación entre hielos, construido ex profeso para la expedición según el modelo que el teniente Amdrup empleó durante su célebre viaje; los materiales que habían servido para su construcción, eran de la mejor clase, resultando sumamente ligero, para en caso de necesidad, poder ser arrastrado por el hielo.”

Y  prosigue:

“Estos dos botes pusieronse  a flote atracados al costado del buque, que levó anclas y muy despacio empezó a salir fuera del estrecho (Arguindeguy?)…Había que recorrer al remo largo trecho, y cuando llegamos a la costa el ANTARTIC se encontraba ya muy lejos (0b. Cit. pgs. 209 y 210)

De acuerdo con la relación de la expedición los usos dados a las embarcaciones a más de medio de recreación, como se menciona en las páginas 477 del tomo I, figuran así documentados.

En el capítulo IX Nordenskjöld relata las primeras excursiones náutica en compañía de Sobral y Jonassen, realizadas a bordo del TROMSÖ, la mayor de las dos embarcaciones, y que tenían por finalidad explorar las islas adyacentes y corregir la defectuosa cartografía de la zona levantada por James Clark Ross unos 60 años antes, desde el mar y a una considerable distancia, lo que justifica la inexactitud de aquella información.

Excepto alguna mención sobre la utilidad del bote para viajes de distracción en el curso del primer año, no existen otras referencias concretas sobre su uso. Pero en enero de 1903, cuando- ante la falta de noticias del ANTARTIC- se debió prever una nueva invernada y se planificaron los trabajos para esta estadía, debieron recurrir al auxilio de la barca  ya que el estrecho que separa las islas se encontraba libre de hielos. La fuente principal de aprovisionamiento de víveres estaba en la pingüinera de la isla Marambio y hasta entonces el mar congelado había facilitado los cruces en trineo, pero ahora el mismo, que continuaba cerrado en todo el horizonte, estaba abierto en las proximidades de la estación, y especialmente entre las dos islas, por lo que Nordenskjöld dispuso el traslado de l bote según la siguiente relación:

Se ha abierto de nuevo una estrecha faja de mar libre a lo largo de la costa, de modo que, al parecer, teníamos la posibilidad de llegar a la isla Seymour en bote. Para no desaprovechar esta favorable circunstancia nos decidimos a poner inmediatamente en práctica nuestro propósito de llevar el bote al agua libre. Frente a la estación sólo había hielo entonces a lo largo de la orilla, y era imposible conducir el bote  a remo hasta rebasar la cumbre de basalto. Hasta entonces sólo nos ha servido  durante algún tiempo para hacer algunas expediciones de recreo por los alrededores, pero ahora lo habíamos de arrastrar hasta el valle situado en la parte meridional de la isla”.(ob. Cit. pg. 472)

La mención de “meridional” es, probablemente un error de traducción, ya que la isla Seymour se encuentra al noreste del extremo norte de Cerro Nevado. Por lo tanto debía referirse al valle septentrional donde cae la meseta hacia el mar y es el lugar donde 94 años después se encontraron los restos de la barca.

La referencia concluye con la forma de traslado:

Emprendimos la marcha el día 29. El bote iba tirado por cinco hombres y cinco perros. El camino resultó relativamente buen, la carga se nos hacía ligera y los perros nos ayudaban perfectamente”(Ob. Cit. pg. 475)

El día 6 de Febrero realizaron el proyectado cruce.

Dos compañeros remaron alternativamente mientras el tercero llevaba el timón. El tiempo era nublado y desapacible, y no nos fue siempre fácil hacernos camino entre los trozos de hielo. Seguimos tan de cerca como nos fue posible el hielo firme que obstruía aún la costa y en cuya orilla había generalmente una faja de agua libre bastante ancha para nuestro bote. Vimos en el camino algunas focas y una bandada de millares de cormoranes pasó volando sobre nuestras cabezas con rumbo al Norte, hacia el mar libre…”(ob. Cit. pg.476)

El día 15 de Febrero iniciaron el viaje de retorno de bahía de los Pingüinos a la estación.

El viaje en bote fue pesado, pues nuestra embarcación iba muy cargada con la masa de carne que llevábamos y teníamos mala mar con grande oleaje y resaca. La niebla era densa, de modo que solamente de vez en cuando velamos la tierra, tuvimos además que atravesar durante largo rato entre una capa de escarcha helada y espesa entre la que, a pesar de nuestros esfuerzos, parecía a veces que el bote no adelantaba absolutamente nada….Allí dejamos los pájaros  que después recogeríamos y remando llevamos el bote al otro lado del cabo y lo sacamos a tierra en la parte del valle que forma el rincón Nordeste de la isla.” (Ob. Cit. pg. 486)

Es en esta zona donde la comisión de geólogos del Instituto Antártico Argentino encontró los restos de la embarcación.

No se encuentra otra referencia concreta a viajes realizados por la barca, luego del traslado de las provisiones para la invernada forzosa del año 1903.

VI- LA BARCA EN LOS ESCRITOS DE SOBRAL

El alférez José María Sobral participó en la expedición sueca e invernó con la comisión científica de Cerro Nevado, en los años 1902 y 1903. Miembro destacado del grupo expedicionario nos ha legado dos documentos liminares para la historia antártica argentina: “DOS AÑOS ENTRE LOS HIELOS” que editó en Buenos Aires la imprenta de José Tragant en el año 1904 y el manuscrito que sirvió de base a esta obra: su diario de expedicionario, que guarda el departamento de Estudios Históricos Navales de la Armada nacional.

En el primero de los trabajos lucen dos fotografías, de su autoría en las páginas 132 y 164, donde los expedicionarios están rescatando la barca, cubierta por un temporal de nieve. Debe destacarse la claridad de los impresos , donde se distinguen bien definidas las características de la misma, especialmente su espejo de popa, la estructura general y la quilla. En la primera la embarcación está en posición normal, en la segunda en posición invertida. En ambas la rodean cuatro hombres y tienen idéntico epígrafe (?) “Limpiando los botes de la nieve que los cubre”. En ninguna de las dos fotografías  se aprecia la existencia de la nieve mencionada, apenas en la primera se atisban una líneas de acumulación en los lejanos cañadones de las colinas que sirven de marco al cuadro.

El capítulo IX, titulado “Excursiones por mar” página 131, nos cuenta la primera salida en bote a mar abierto: una excursión a la isla Lockyer para dejar un depósito de víveres en previsión de futuras excursiones por el mar congelado. Esta singladura se realizó en el TROMSÖ, de acuerdo con lo relatado por Nordenskjöld y no en la barca de marras.

En el capítulo XVII, titulado “Desconfianzas y precauciones” se relacionan los  temores y conjeturas de los expedicionarios ante la posibilidad de una nueva invernada, esta vez forzosa por la carencia de noticias del ANTARTIC que debía rescatarlos. Curiosamente es en este capítulo donde por primera vez Sobral menciona a los dos botes que tuvo la expedición y lo hace justamente cuando relaciones el traslado de uno de ellos al sitio donde fuera hallado 94 años después.

Se lee en la página 238:

“El 28 de Enero (de 1903) se transportó el bote hasta el agua libre que hay a unos cinco kilómetros de distancia; para ello se le ataron cinco perros, los cuales lo arrastraron con facilidad, ayudados por nosotros, a pesar del mal estado del hielo. Después de puesto a flote se le llevó a una pequeña entrada en la costa E de la isla colocándolo en seco fuera del alcance de las más altas mareas.”

Y prosigue, párrafo por medio:

“El bote que llevamos es un pequeño guigue(*), un bote grande ballenero que nos dejó el Antartic, en una de esas fuertes tormentas del invierno voló y cayendo sobre unos montículos de hielo, se rompió completamente el fondo, quedando inservible; ¡este era el único bote de mar que teníamos!,”

En Febrero de 1903, (página 244) hace una nueva referencia al uso del bote:

El 5 se hacen preparativos para ir en bote hasta la roquería de la isla Seymour (Marambio) en busca de pingüinos para el invierno. Se acarrearon todas la cosas del equipo hasta donde está el bote, pero no se salió hoy por causa del viento.”

Y prosigue:

EL 6 de Febrero salieron Nodenskjöld, Ekelof y Jonassen en el bote para la isla Seymour”

 (*) GUIGUE. Arg. Bote largo, angosto y liiviano. (Diccionario Espasa Calpe. T. 27. Edición1925)

 

En la página 246 da noticia del regreso de los navegantes:

“15. (de febrero) Hoy a las 3 llegaron de regreso los del viaje a la isla

Seymour, han muerto 400 pingüinos, pero trayendo de ellos solo los pechos….”

Más adelante, ya en Setiembre, siempre del año 1903 (página 275) hace una nueva referencia al bote, interesante porque la podemos relacionar muy bien con la afortunada aparición del bote casi a cien años de su abandono por los suecos. Como se dijo, el hallazgo se produjo en una cañada y emergiendo de un pie de hielo.

Cuenta Sobral:

“El bote que desde el mes de Febrero no se usa, está bajo una capa de tres metros de nieve, esta diferencia con el año pasado se debe probablemente a la relativa poca velocidad de los vientos, pues no me parece que este año haya habido mayor precipitación que el 1902, creo que fue precisamente lo contrario.”

El incremento   de la nieve y consiguiente formación del pie de hielo, una suerte de pequeño glaciar, por acumulación, año tras año en la estrecha cañada, fue el factor que posibilitó la conservación de la barca en la costa noreste de la isla Cerro Nevado.

VII- RAZON DE LA PRESENCIA DE LA BARCA EN LA ZONA DEL HALLAZGO

Por qué la barca se encontró en el extremo Norte de la isla y no en la caleta junto a la cabaña, donde naturalmente debía hallarse?.

A más de la razones que se argumentan en el apartado anterior, la respuesta a etas interrogantes es relativamente sencilla para quienes llevamos algún tiempo frecuentando la zona. La caleta situada entre la meseta y un glaciar en vías de extinción- hoy es una lengua de nieve que se introduce en el mar varias decenas  de metros más atrás del lugar donde tenía su descarga el glaciar- se encuentra con harta frecuencia cerrada por hielos que traen los vientos del Norte. Existe entre el borde de la meseta y el mar, un camino de aproximadamente 5 km, relativamente llano, ya referido9, sólo interrumpido por derrumbes, pero en general transitable en bajamar. Esta vía permite unir rápidamente a pie la caleta con la   parte Norte de la isla, y evita el incordio del tránsito por mar entre los hielos. A ello debe sumarse la necesidad de la expedición de trasladarse casi permanentemente para cumplir con los trabajos científicos y el abastecimiento de víveres frescos (pingüinos, huevos y focas) a la isla Marambio (Seymour) separada por un angosto estrecho de aquel extremo Norte. El emplazamiento se compadece entonces con el uso que los expedicionarios daban a la embarcación.

VIII- CARACTERISTICAS DEL LUGAR

El abrigo de la zona y la facilidad de arrastre hasta el lugar en una playa de escaso gradiente, seguramente fueron las condicionantes para que el bote fuera llevado hasta el lugar, a unos 50 m de la línea de la más alta marea. Por ello también dentro del terreno de la especulación, y en atención al accidente del TROMSÖ, es posible que el sitio fuera utilizado como fondeadero o lugar de guarda permanente por las condiciones de seguridad y protección que no se dan en lugares más abiertos. Las características del suelo posibilitan un mejor deslizamiento. A ello ayuda el fondo barroso de la canaleta de agua que baja hacia el mar, así como las laderas del cañadón protegen el lugar de los vientos laterales. Es curioso que son la densidad de actividad geológica  desarrollada por nuestro país y otros miembros del club antártico, no se haya dado noticia de la existencia del bien relicto. Aunque también es probable que un pie de hielo lo haya ocultado durante todo el tiempo a los ojos de los hombres que transitaron la zona. El deshielo que, por aumento de los promedios de temperatura en los últimos años, se ha producido en el área, puso al descubierto buena parte de los restos, permitiendo su hallazgo.

Debe señalarse que el sitio se encuentra a una distancia aproximada de 1200 m al Oestesuroeste de un refugio de Marina llamado Belvedere, abandonado desde hace muchos años.

IX-PORQUE LA BARCA NO FUE LLEVADA AL BUQUE DE RESCATE CON OTRAS PERTENENCIAS?

Dos parecen ser las circunstancias que condicionaron el abandono de la barca. En primer lugar, toda la maniobra de repliegue de la expedición y sus colecciones, equipaje, etc, se realizó en tres botes de la corbeta URUGUAY, uno de ellos mandado directamente por el capitán Larsen, que fuera comandante del naufragado ANTARTIC-Los efectos a embarcar, fueron trasladados desde la cabaña hasta la costa Norte de la isla por medio de trineos, ya que el mar se encontraba congelado        en toda la costa Oeste, en el tramo que va desde la caleta hasta el estrecho Arguindeguy. Sistema que favorecía la rapidez de desplazamiento dada la urgencia de zarpar rumbo al Norte, presionados por la inestabilidad de la meteorología. La segunda razón, y seguramente la de más peso- porque de peso y espacio se trata- es aquella de la que da cuenta Nordenskjöld, sin referirse expresamente a la misma: la falta de lugar a bordo del buque argentino para llevarla consigo. Así nos relaciona el jefe expedicionario esta instancia del salvamento.

Cuando llegamos a nuestro depósito de la orilla había partido ya un bote lleno de carga al poco rato atracaron tres botes más a la costa, uno de los cuales iba al mando del capitán Larsen. Al desembarcar  éste me dio una naranja que le habían ofrecido a bordo de la URUGUAY   y que era para mí el primer producto del mundo civilizado. Pronto se cargaron los botes que partieron de nuevo hacia el URUGUAY; y yo me quedé, sin embargo ç, para recoger el resto de nuestros efectos y aguardar algunos compañeros que no habían regresado todavía”.

“Poco tiempo me quedaba ya de permanencia en la orilla de la isla, donde habíamos pasado tan largo destierro. Cuando volvieron los botes, todos estábamos listos y embarcados al punto, llegamos con preteza al buque salvador que se movía majestuosamente sobre las olas. A bordo del buque estaba reunida toda la oficialidad y la tripulación, la bandera sueca estaba izada, al acercarnos a él y un fuerte hurra nos saludó al subir al pisar cubierta.” (Ob. Cit. pgs. 439/440)

Por último, y en orden a las prioridades, la carga científica llevaba el primer lugar, mientras que las herramientas y elementos de trabajo, excepto parte del instrumental, no justificaban la repatriación.

Los espacios disponibles a bordo de la corbeta argentina eran escasos, como lo prueba otro apunte de reconocimiento del doctor Nordenskjöld, mención que abona la tesis  de que el bote de trabajo de los suecos quedó abandonado en el sitio que servía de atracadero y punto de partida para las excursiones a isla Cockburn, o las frecuentes a bahía Pingüinos, o bahía dfe los Pájaros Bobos, como le llamaban los suecos.

“Nuestro viaje, de momento, no resultaría largo, pues a causa de la rápida partida de la isla Seymour quedaron guardadas allí algunas colecciones y debíamos pasar a re recogerlas, determinación que me llenó de júbilo, pues habíamos llevado con nosotros no pocos de los fósiles vegetales tan sumamente interesantes que reuniéramos.”

“Cuando arribamos cerca de la ensenada partió Gunnar Anderson, en compañía de otro tripulante para recoger  aquella misma tarde en la bahía de los Pájaros Bobos cuantas colecciones dejamos allí.”

“En el bote destinado para este objeto se cargaron provisiones de toda clase elegidas del magnífico stock del URUGUAY, con el objeto de formar un depósito en la isla Seymour, que sirviese a las expediciones ulteriores que llegasen a estas regiones. Al desprenderse la dotación del URUGUAY de tantas provisiones, conseguíase habilitar más sitio a bordo con objeto de colocar cómodamente nuestras colecciones, y esta fue otra prueba de la buena voluntad de la expedición argentina que prefirió sacrificar lo suyo antes de rechazar lo que nosotros ansiábamos llevar a nuestra casa.”(Ob. Cit. pgs. 441/442)

Es evidente que al establecer las prioridades del material a embarcar, la primera correspondió, como es lógico, a los hombres. Luego las colecciones científicas, y  por último los perros. La perrada fue luego desembarcada en las proximidades de la isla de los Estados, en la isla Observatorio, para servir al personal del observatorio meteorológico y magnético montado por nuestro país para trabajar en equipo y coordinación con las expediciones polares del Sur. Allí los dejó la corbeta URUGUAY tras su azaroso cruce del pasaje de Drake, en el tornaviaje al Norte.

X- FOTOGRAFIAS DE LA BARCA EN LA EDICION ESPAÑOLA

Las ilustraciones de la obra que relaciona el desarrollo de la expedición confirman, en principio, que la barca hallada fue la barca de trabajo de los expedicionarios suecos. En las páginas 68 y 80 del tomo primero aparecen barcas registradas en sendas ilustraciones. En la ilustración de página 69, que documenta el primer desembarco en tierras antárticas, aparecen dos barcas. La de primer plano no se adecua al modelo de esta comunicación, ya que es un bote dobre proa, mientras que el tratado tiene espejo a popa.

El segundo bote no alcanza a definirse totalmente, por lo que no se puede afirmar que sea la  braca en cuestión. En la página 137 aparece a bordo del ANTARTIC hacia proa y en posición invertida. Si bien el fotograma no es suficientemente claro, por la forma en que está arranchado, es un elemento que se transporta y no de uso del barco. Otras ilustraciones existen en las páginas 153, 161, 185 y 199. La fotografía primera nos enseña claramente las características de la barca. Mitad en agua, mitad en tierra, en una pèración de carga o descarga. La de la página 199 nos la muestra como parte de un convoy, integrado por una suerte de catamarán, armado a propósito para descargar mercancías, y un tercer bote, seguramente del ANTARTIC a guisa de remolcador.

En la página 209 aparece el bote con tres tripulantes, fotografiado desde una altura, probablemente desde a bordo del ANTARTIC.

La fotografía de la página 248 testimonia una operación de desembarco en la costa de la caleta, donde es tan frecuente la acumulación de hielo que hacen difícil la maniobra de embarque o desembarco.

En la página 321 aparece la figura destruida del TROMSÖ, el pequeño velero por el que el jefe de la expedición sentía particular afecto, ya que había navegado en ella en sus viajes por el Artico. El temporal de Junio lo arrastró y destruyó contra las rocas de la ladera de la meseta. En la fotografía se aprecia el mástil de la vela y los destrozos sufridos por el siniestro. Después de este suceso, sólo la pequeña barca había de servir a la actividad científica y de supervivencia de los expedicionarios. En el tomo de referencia, las dos últimas ilustraciones se encuentran en las páginas 477 y 486. El epígrafe de la primera nos informa que “la canoa se empleó antes para viajes de recreo en la estación”

La última ilustración  de este tomo es una suerte de composición, quizás armada en base a una fotografía tomada desde a bordo del ANTARTIC, redibujada y coloreada o una de las pinturas realizadas por Stokes, pintor de la expedición. En ella se aprecia el pasaje marco de la estación invernal, y un bote en primer plano, que por la altura de sus bordas, parece ser más bien el TROMSÖ, aunque no se advierte la presencia del mástil de la vela, el que puede haber sido omitido  en razón del tipo de composición. La vista fue tomada el 21 de Febrero de 1902, en la última visita del ANTARTIC a la estación invernal.

En el tomo II, sólo en la página 200 aparece una ilustración con un bote, pero no se puede afirmar que sea el de marras. Todas las ilustraciones referidas se ajustan a los restos hallados en la costa Norte de la isla Cerro Nevado.

Como última referencia a la embarcación, Sobral en el diario manuscrito que guarda el Departamento de Estudios Históricos Navales, en una relación de acontecimientos correspondientes al día 10 de Setiembre de 1903 manifiesta.

“Es notable la gran cantidad de nieve que se ve por todas partes. El bote está bajo tres metros i (sic) medio de nieve, esto probablemente se debe a la relativamente pequeña velocidad de los vientos pues no me parece que este año haya habido mayor precipitación que el año pasado…..”(folio 304 del manuscrito)

Se advierte que el párrafo fue copiado textualmente del manuscrito para la edición  de “Dos años entre los hielos”. Curiosamente esta es una de las pocas transcripciones textuales de aquel original a la obra editada.

XI. COLOFON

La barca menor fue encontrada en el sitio donde tuvo su apostadero para servir al reaprovisionamiento de los invernantes de Cerro Nevado. Y el TROMSÖ?

El día de la frustrada excursión terrestre a la caleta de la barca, y cuando ya nos encontrábamos en camino de regreso al campamento, al pie del gigantesco basalto que servía de observatorio visual a los hombres de Nordenskjöld, encontramos un trozo de tingladillo, de otra embarcación- Quizás este sea el único testimonio que aún guardaba la zona del desafortunado velero que sirvió a la expedición. Del resto, el viento y el mar antártico son custodios del secreto.

NOTA: Nuestro reconocimiento al doctor Rodolfo del Valle y al Licenciado Ricardo Dubois que facilitaron parte de la información necesaria para esta contribución.

 

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