Historia y Arqueología Marítima

 

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La Fundacion de la Base San Martin

Indice Antartida

 El 'Santa Micaela"se separa del muelle, así comenzaba el más extraordinario de sus viajes.

 El 12 de Febrero de 1951 el carguero "Santa Micaela" pártió desde el puerto e Buenos Aires con rumbo a Bahía Margarita, en la Antartida Argentina.

De esta manera se cerraba una etapa de febriles preparativos, de ensayos y trabajos mediante los cuales el Ejercito se disponía a instalar una estacion científica que habría de ser por mucho tiempo la base mas austral del mundo.

La orden de partida de la nave, firmada por el entonces presidente de la nacion Juan D. Perón, reiteraba el interes nacional en reconocer esas regiones de la Patria, ejercer allí una soberanía efectiva y, ademas, señalaba la importancia de contar con una estacion científica ubicada al sur del Circulo Polar.

El presidente Peron estrecha las manos de los soldados voluntarios que acompañaron a Pujato.

Para instalarla se eligio un grupo de islotes cerca de la costa de la Bahia y como dotacion fundadora fué designada una comision integrada por el Coronel Hernán Pujato, Capitan Julio Mottet, Tte farmaceutico Lus Roberto Fontana, (un accidente Impuso su evacuación a poco de llegar a bahía Margarita y regresó en el "Santa Micaela" con la misión de preparar la comisión de relevo)  suboficial ayudante Haroldo Riella, Cabo mayor Lucas Serrano, Cabo mayor Hernán González Superí, doctor Ernesto Gómez, Sres. Angel Abregú Delgado y Antonio Moro.

Los fundadores de la base San martin. Sentados (izq a derecha) Capitan Mottet, Coronel Pujato, Teneinte Fontana. Parados, Sr. Moro, SO Rielfa, Sr. Abregu Delgado, Cabo Mayor Serrano, Dr. Gómez y Cabo Mayor González Superí.

Todos ellos, contando con el apoyo de 25 soldados voluntarios, iban a levantar viviendas, galpones y torres de radio sobre las rocas de uno de los ligares mas solitarios e inhóspitos del mundo.

PRIMERA EXPEDICIÓN CIENTÍFICA A LA ANTÁRTIDA ARGENTINA FUNDADORA DE LA BASE SAN MARTIN

CONSCRIPTOS

Eulogio Cartes, Eduardo More, Francisco Muia, Angel E. Morales, Ildo O. Labroda, Hug E. Leopoldo, Angel Velazquez,  Juan C. Unyicio. Pascual O. Rubí, Juan Karabin. Julio J. Perricaud. Máximo Tammara, Héctor Gaioli. Gin Fernández, Osvaldo Retamar, Roberto Laprida, Rubén Jorge Barbel, Domingo Sirito, Rodolfo Mogliani. Humberto D. Castillo, Juan C. Muñoz, Ricardo Pietroníca. Alberto José Díaz, Donato De Ceglio, Pablo Heredia. Todos ellos se presentaron como carpinteros voluntarios para construir Ias Instalaciones,

Durante el año 1950. ya aprobada la Idea de instalar una base argentina en Bahía Margarita, se efectuó una cuidadosa elaboración de planes. Hubo que trabajar mucho Sin mayor experiencia para vivir en el continente antartico, fue necesario consultar Iibros, recurrir a antecedentes extranjeros, seleccionar hombres y aprovechar al máximo la técnica del personal de montaña. El coronel Pujato venía de adiestrarse especialmente en Alaska, en el rigor de la alta montaña con temperaturas de hasta 45 grados bajo cero. Desde allí trajo los perros huskles y esquimales para tirar de nuestros primeros trineos. Por otra parte, en la cordillera de loa Andes otros hombres acumulaban en duras Jomadas la práctica precisa para desplazarse luego sobre los glaciares antarticos

Esas prácticas cobraron también un precio muy doloroso, en una marcha sobre la nieve, en las cumbres de Copahue, tres hombres perdieren la vida; el teniente Amoldo Serrano, el subteniente Eduardo Molinero Calderón y el soldado Emiliano Jaime. Fueron tres víctimas que, con su involuntaria inmolación reafirmaron la voluntad de llegar hasta las extremas soledades de nuestro país.

Mientras tanto, otros equipos se dedicaban a fabricar los primeros trineos, a elaborar el "charqu can" (comida para el personal), el "pemmican" (comida para los perros) y entre tantas otras cosas, a prever lo imprevisible de la aventura inminente. Se eligió como vivienda polar una casa prefabricada de dos pisos, de paredes dobles de madera, con relleno de material aislante. Durante dos meses la casa fue armada y desmontada muchas veces, hasta que el personal pudo hacer la operacion con celeridad y el mínimo de tiempo.

Además, se debio superar otro problema, el de la nave que pudiera llevar a hombres, materiales y equipos hasta esa región de la Antártida tan poco frecuentada y tan poco conocida en aquella época. Finalmente se optó por un pequeño barco, el "Santa Micaela", una barcaza de desembarco construida a fines de la Segunda Guerra Mundial y que la Cia Naviera Perez Companc destinaba al cabotaje en los puertos patagónicos.

No era un barco muy seguro ni el ideal para esa misión, pero los tripulantes y el Capitán Santiago Farrell aceptaron con entusiasmo la idea de cruzar el Drake e internarse hasta mas allá del Circulo Polar.

Hoy, pasados mas de veinte años (este es un articulo del año 1972 aprox.), los veteranos fundadores de la base San Martin coinciden en afirmar que el Capitán Farrell fué un valioso aliado para materializar aquel viaje hasta Bahia Margarita. Farrell fue un marino valiente y capaz que estaba resuelto a llegar a destino e invernar allí si fuera necesario.

El Santa Micaela se dirigio primero a Tierra del Fuego, y el 28 de Febrero levó anclas hacia las Shetland del Sur. El 4 de Marzo el barco se encontró cerca de Melchior con el remolcador "Sanavirón" de la Armada, encargado de escoltarlo hasta Bahia Margarita.

Con las bodegas abarrotadas de materiales para las construcciones, tambores de combustible, carbon y viverespara tres años, el Santa Micaela desdendió sin mayores problemas a lo largo de la península antártica. Excepto el mar de fondo del pasaje de Drake y los fuertes vientos del SudOeste que predominan en el mar de Bellingshausen. Pero el temporal acechaba cerca de la isla Belgrano. Fue una de esas tempestades que demuelen hora tras hora el espíritu de la tripulacion y que enloquecen a las naves hasta que obligan a ponerse a la capa, es decir, huir. Pero los temporales también pasan y el día 5 de Marzo la expedición cruzó el Circulo Polar Antartico, tres días mas tarde el Santa Micaela fondeba en Bahia Margarita.

Ningun témpano estaba a la vista y el espejo de agua se presentaba libre por completo, quizás porque el violento temporal habia fracturado y dispersado el campo de hielo marino que generalmente lo cubre por completo.

De todos modos se cumplió el pronóstico de encontrar la bahia limpia, como es habitual solo a fines de Ferbrero y durante el mes de Marzo, aunque el "miccroclima" propio de la region reservaba aún grandes sorpresas a los expedicionarios.

Apenas dos horas despues de echar anclas, el Cnel Pujato con un grupo de colaboradores bajo al islote Barry, del Grupo Debenham, para reconocer el terreno pues los trabajos comenzarían al día siguiente. Fueron doce dias de trabajo incesante, de un intenso ir y venir de lanchas entre el islote y la barcaza, fondeada a unos quinientos metros de la base que empezaba a crecer sobre los islotes olvidados. Divididos en equipos, los hombres daban los primeros pasos de una obra que algunos calificaron en ese entonces como "una empresa de anormales".

Sobre las rocas desnudas, en medio de un paisaje mágico, los hombres recordaban en silencio a la Patria cálida y lejana que ahora reconstruían a una escala menor sobre el pedregoso paraje. Estaban por debajo del Circulo Polar, a 3.500 kilometros de Buenos Aires. En una región donde Pujato puso un jalón más de soberanía y de ocupación definitiva; crear el primer caserío antártico. El pequeño Santa Micaela habia cumplido una parte de su trabajo y demostrado que era capaz de llegar a Bahia Margarita.

Entre el 9 y el 20 de marzo el islote —ahora denominado islote San Martín—, se pobló de ruido y movimiento. Se levantó la casa-habitación de dos písos que, con sus fuertes tensores de acero deberla desafiar la furia de los "blizzards".

Se armaron la casa-depósito y casa de emergencia, cinco galpones de chapas para víveres, generadores, aloja miento de jaurías, etc., mientras los suboficiales Riella y González Superí dirigían la instalación de las cuatro torres de la antena rómbica de 25 metros de altura que aseguraría las comunicaciones radiales con Buenos Aires y Ushuaia.

No se perdió un minuto. Mientras en el buque se trabajaba sin descanso alguno, los soldados voluntarlos levantaban en un tiempo récord la amplia y confortable casa habitación. Más tarde, llegó el helicóptero para agilizar los viajes de exploración.

Desde ese momento un veterano antartico, Antonio Moro, comenzó a imprimir su sello personal a la vida incipiente de la base. A lo largo de ese año, convertido en "factótum" Indispensable, Moro aplicó la experiencia recogida en las Orcadas. Albañil, cocinero, carpintero y hombre leal por sobre todo, dejó un recuerdo imborrable en aquellos argentinos que desafiaban el aislamiento de bahía Margarita y se proponían realizar tantos trabajos de índole científica y de exploración.

El 21 de marzo, a las 15.30 horas en tocante ceremonia al pie del mástil el jefe de la expedición dejó inaugurada la base cuyas instalaciones bendijo el padre salesiano Juan Monticelli,

Estaban presentes las tripulaciones del "Sanavirón" y del "Santa Micaela". A sus espaldas se erguía silenciosa y enigmática la mole de hielo que cubre la península Antartica.

Cinco días más tarde, bajo una intensa nevada, el "Santa Micaela" levó anclas. Entre la nieve y la bruma, sus pitadas de despedida fueron apagándose en medio del pesado silencio de la bahía. En aquellos tiempos la partida de un barco dejaba a los hombres mucho más solos e indefensos que ahora.

El capitán Farrell recibe de menos de ios expedicionarios una carta autografiada de los islotes Debenham. Años después fuéi uno da los recuerdos mis valiosos de esa gran aventura.

El "Sanavirón", compañero de viaje del "Santa Micaela", aguarda fondeado en la bahia mientras se instala la base.

Dificultades iniciales postergaron en gran medida el trabajo científico. Había una casilla con instrumental meteorológico completo donde se registraban todos los datos del tiempo para irradiar a Buenos Aires y elaborar luego pronósticos. Ubicada en el paso de los ciclones que vienen desde el mar de Belllngshausen hacia la Tierra de San Martín, los datos logrados eran Invalorables para los navegantes de los mares australes.  El plan de observaciones meteorológicas sufrió un golpe cuando el 6 de abril un repentino temporal - en Bahia Margarita siempre los temporales son repentinos— destruyo el abrigo meteorológico y derribó las antenas de la estación de radio. Mientras que la nieve se abrió paso hasta interior de la casa dejándola Inundada y casi inhabitable. La reconstrucción de la vivienda exigió un ímprobo fuerzo de varios días con una temperatura de 25 grados bajo cero.

Pero, ni el clima fue obstáculo decisivo: los trabajos de topografía, geología, magnetismo y alta atmósfera comenzaron igualmente a desarrollarse y, en especial, se trazaron pautas para Investigaciones futuras y se planearon expediciones terrestres que efectuarían las dotaciones de relé de los años siguientes.

En los primeros días de vida de la base una visita imprevista llegó hasta bahía Margarita; sobre el mediodia del 29 de marzo el rugir de los motores de un hidroavión Grumman Goose hizo estremecer los edificios de la base. Aprovechando el tiempo apacible y soleado, en un vuelo audaz y sin previo aviso había llegado desde Melchior el teniente de fragata Halfdan H. Hansen. Fue una visita Inesperada, una valiosa señal de amistad. Sentado ante la sencilla mesa antartica aquel hombre de la Armada conversó con sus camaradas indiferente al largo salto que había hecho desde el archipiélago Palmer.

A fines del verano de 1952 el "Bahía Aguirre" se presentó ante la base San Martín. Traía a la comisón de relevo de veinte hombres —todos voluntarios—, que encabezaba el capitán Humberto Bassani Grande. A poco de abandonar la base San Martín llevando a sus primeros ocupantes, el "Bahía Aguirre" —comandado por el capitán Alberto J. Spríngolo—, debió enfrentar campos de hielos que cada vez se hacían más espesos. En el curso de su navegación nocturna sufrió una seria avería en su casco que obligó a tomar todas las medidas necesarias para evitar un probable naufrago. Con el buque presa del hielo, el comandante y toda su tripulación mostraron su serenidad y garra de probados marinos capaces de superar las emergencias más duras.

COMISIÓN DE RELEVO DEL AÑO 1952

Capitán Humberto Bassani Grande; teniente primero Alberto Pedro Giovannini; teniente José María Toribio Vaca; teniente farmacéutico Luis Roberto Fontana; subteniente Federico María Soares Gaché, sargento primero mecánico radiotelegrafista Telmo Félix Santos; sargento Raúl Cirilo Urtasun; sargento Mario Juan de la Torre; sargento Antonio Osos; cabo mayor de aeronáutica Jorge Weber; sargento mecánico radiotelegrafista Enrique Edgardo González; sargento cocinero Manuel Salvador Zabala; cabo primero Edmundo Cirilo Burgos; soldado Carlos María Bustamante, soldado Ramón Oscar Alfonso; doctor Félix Arturo Olmedo Díaz; piloto de helicóptero señor Hugo Jorge Parodi y mecánico de aviación señor Carlos Román Marrón.

Con este relevo hizo su aparición en la Antártida el primer helicóptero argentino, un Sikorsky S1. a cargo dei piloto civil Hugo Parodi, que junto con un automotor a orugas Weasel, Iban a prestar a la expedición un importante apoyo en el planeamiento y la ejecución de loa trabajos de exploración previstos. ,

El desembarco de los materiales y equipos fue una carrera contra el clima y contra el tiempo. NI el hielo ni la costa abrupta facilitaron el transporte a tierra de loa víveres, maderas, equipo generadores y el pesado Weasel, a la derecha..

Helicóptero Sikorsky

Pero cuando los primeros planes estaban en vías concretarse, la mala suerte hizo una de sus apariciones en la base San Martín y trajo una peligrosa amenaza par el hombre que vive en la Antártida: el fuego

El 30 de junio de 1952 un voraz Incendio, exacerbado por el "blizzard", devoró la tablazón de la vivienda principal y dos depósitos de víveres Las llamas dejaron a nueve hombres con sólo lo que tenían puesto; y con la casa habitación desapareció una usina, la radioestacion principal, la biblioteca, etc que formaban parte Importante de la misma. Una situación tan adversa hizo subir a la superficie la capacidad de resistencia y sacrificio de la dotación: con víveres muy escasos se esperó pacientemente durante meses un relevo que, por último, no pudo hacerse..

Siguieron días muy duros, sin elementos esenciales para la subsistencia. Esa Navidad se brindó con agua destilada. Pero el cúmulo de las dificultades sobrellevadas, los vivares medidos y el combustible cuidadosamente controlado, no Impidieron que las patrullas cumplieran 6 700 kilo metros de viajes con trineos para realizar exploraciones hacia todos los rumbos. Cuando, obligadas por el hielo las naves renunciaron a acercarse a los islotes y relevar a la dotación, el avión "Cruz del Sur", de la Fuerza Aérea, sobrevoló la base en un día de sol radiante, el 26 de marzo de 1953 y arrojó siete paracaídas con elementos inapreciables: víveres, cartas y fotografías de los seres queridos que esperaban en Buenos Aires.

Este vuelo, comandado por el capitán Borderes Castex, fue la segunda visita de la Fuerza Aérea a la base San Martin, ya que en diciembre de 1951 un aparato al mando del vicecomodoro Marambio había sobrevolado bahía Margarita para arrojar correspondencia.

Una de las primeras misiones cumplidas fue el viaje a cabo Berteaux, a 90 kilómetros al sur de la base, punto que se alcanzó no solamente para depositar entre sus rocas ei primer mensaje argentino de soberanía sino también como una etapa en la búsqueda de un camino que permitiera ascender más tarde hasta la meseta polar. Aquellos 90 kilómetros se cubrieron tras una difícil marcha sobre el mar helado que exigió quince días de esfuerzo, en que no faltaron los repentinos "blizzards" con ráfagas de 180 kilómetros por hora. El campo de hielos no acostumbra tener una superficie de pista de patinaje. Por lo contrario, es Irregular, lleno de montículos, con millares de pequeños témpanos inmovilizados al congelarse el mar y erosionado por los vientos que trazan profundos surcos en el hielo Caminar sobre esa superficie ea un trabajo lento y fatigoso.

En el curso de esta primera expedición se registró una perdida Importante de material que influirla sobre toda actividad futura. A causa de una maniobra desafortunada, el Sikorsky se destrozo al chocar una de sus palas sobre una saliente rocosa lesionándose seriamente el piloto Parodi. Poco después, el Weassel quedó inutilizado al ser desarticuladas sus orugas por el hielo acumulado durante la marcha. Pero, aunque faltos de tan valiosos elementos, se insistio en uno de loe planes más ambiciosos que alentaban los hombres de la base- el cruce de la Cordillera Antartica hasta alcanzar la costa sobre el mar de Weddell. Era una empresa que el veterano explorador inglés John Rymill consideraba Imposible en esa latitud.

Según Rymill lodo Intento en ese sentido era irrealizable a causa del terreno montañoso y de un sector Insalvable de ocho kilómetros de longitud con altas cumbres desde las cuales se desprendían mortales avalanchas de hielo y nieve.

Se pasó primero sobre el imponente glaciar que desemboce en bahía Margarita frente a la base, un glaciar de veinte kilómetros de profundidad y surcado por grandes grietas disimuladas bajo la nieve Luego se trepó hasta los altos pasos entre las montanas, a 1.800 metros de altura

para descender posteriormente hasta la barrera de hielo que cubre la bahía Mobioil.

La marcha resultó muy penosa, tos trineos arrastrados por los perros infatigables tardaban más de cinco horas en cubrir un tramo de dos kilómetros. Los hombres tiraron a la par de los animales para alentarlos y facilitar su esfuerzo. Las empinadas pendientes ofrecían una implacable resistencia

En ese frió desierto. lejos de la costa, donde en la época invernal no vive animal alguno, se tuvo que acarrear víveres para el regreso, que iban dejándose en depósitos escalonados a lo largo del trayecto. Este trabajo hacía sumamente lenta la marcha de la expedición que culminó exitosamente el 28 de Diciembre de 1952.

El cruce de aquellas montañas, que duró cuarenta y tres días, fue concretado por el capitán Bassani Grande y los sargentos Urtsaun, de la Torre,  Oses, González y el cabo Burgos. Otros miembros del grupo debieron ser evacuados a la bhase, tales como el teniente primero Giovanini y los tenientes Vaca y Fontana víctimas de lesiones, del frío o  de principios de intoxicación por el mal funcionamiento de uno de los calentadores dentro de la carpa. El teniente Soares acompañó el regreso del último evacuado y no pudo reintegrarse a la expedíción.

Los seis hombres que siguieron la marcha sufrieron frío, temporales que inmovilizan, permaneciendo dias enteros en las carpas cubiertas de nieve, pero supieron de la indescriptible belleza del paisaje que se divisa desde las alturas.

Pocos son los que pueden jactarse de haber contemplado en toda sy nivea extension la perspectiva de bahía Margarita encerrada al norte por la Isla Belgrano y al sur por la isla Alejandro I°. Además, por sobre todas las cosas, vieron dia a día cómo los huracanes desgarraban la bandera que flameó sobre los trineos, para llegar, hecha girones hasta la costa de Bahia Margarita. Una bandera cuyos restos fueron cuidadosamente guardados y traídos a Buenos Aires como simbolo de uno de los viajes más audaces que se hicieron en la Antártida Argentina en aquella época.

A principies de 1953, cuando era aguardado el relevo al campo de hielo que cubría bahía Margarita impidió el arribo de los barcos de la Armada que traían víveres y personal. El hielo llegaba hasta 250 kilómetros de la costa.

Así se planteó una situación difícil para la base. A las penurias originadas en el incendio pasado, que se tradujo en la falta de de alimentos esenciales, se sumaba la perspectiva de sobrevivir un año mas en la base aislada por el hielo marino.

Pero los hombres optaron por llevar adelante los planes de trabajo sin tener en cuenta las inevitables privaciones que eran inminentes.

En el mes de abríl, a manera de apoyo para una futura expedición hacia el sur, uno patrulla instaló un refugio en unas islas situadas a 26 kilómetros de distancia en direccon al Sur. En una construcción amplia con cuchetas y antena de radio, apta pora la sobrevivencia de ocho personas,  se dejaron víveres y elementos diversos. Bautizado refugio El Plumerillo, desde allí partiría más tarde una expedicion que se proponia penetrar lo mas lejos posible en direccion al Sur.

Luego llego la larga noche con su pausa obligada sobre toda actividad al aire libre. recién en Agosto de 1953 se organizó otra exploración de largo aliento. Un grupo de trineos encabezado por Bassani Grande, en ese entonces ascendido a Mayor y compuesto por el Tte Vaca, los sargentos Santos - a cargo de las  radiocomunicaciones, Weber, Urtasun, de la Torre, Osés y Zabala, y el cabo Bustamante partió hacia el cabo Alexandra, en la isla Belgrano

Era un mes muy doro para transitar la helada superficie de bahía Margarita Les bajas marcas del termómetro tornaban pelígroso hasta un simple paseo al aire libre, y cuando el frío se alía con los ciclones propios de la estación se generen situaciones verdaderamente peligrosas.

La tela de las carpas sé congelaba, cada vez que alguien entraba o salía los paños se desgarraban fácilmente y habla que dedicarse á su costura. Cuándo se viaja a pie por la Antártida la vida de las hombrea depende también de la Integridad de las tiendas. Asi lo demostró él furioso huracán que castigó el 22 de agosto al campamento levantado por los expedicionarios en el fiordo Laubeuf.

Una ráfaga de viento se llevó dos carpas, y el personal abandonó sus equipos —que no fueron encontrados jamás—, se ató en una cordada y buscó refugio en una de las carpas que permanecían milagrosamente intactas.

Fué una noche interminable; apretujados, algunos arrodillados en la pequeña tienda, mientras sujetaban los parantes esperando solamente que el huracán destrozara la tela endeble y terminara allí mismo con el viaje a la Isla Belgrano.

Pero tuvieron suerte, el viento se calmó poco a poco y, además en asa situación tan difícil contaron con la ayuda moral de Weber. que en los viajes llevó su guitarra —algo casi inverosímil y sin antecedentes— y en medio de la tempestad entonaba alguno canción folklórica.

Sólo años después algunos de los protagonistas de aquella patrulla se atrevieron a murmurar que, en realidad, Weber era muy mal guitarrista y que había aprendido a los tumbos una sola pieza... para ahuyentar temporales.

John Rymíll descubrió desde el aire el canal helado que separa a la isla Alejandro I de la península Antartica y lo consideró el lugar más hermoso e imponente de la Antártida.

El reconocimiento de ese canal —actualmente denominado Presidente Sarmiento— fue objetivo de otra de las patrullas que partieron desde la base San Martín. Además de efectuar observaciones científicas se recorrería el canal para determinar si podía servir como un camino de entrada a ia meseta polar y. más aún. para utilizarlo como punto de partida de una expedición al Polo Sur.

En octubre de 1953 un grupo de trineos cubrió los 70 kilómetros que hay entre la base y las Islas Tierra Firme, donde se montó un depósito de víveres para apoyar el viaje de regreso. Con los trineos sobrecargados se caminó sobre un mar helado casi intransitable, surcado por grietas, cubierto de montículos y témpanos varados.

Este viaje fue una de las más esforzadas operaciones lanzadas desde San Martin. La certeza de ser los primeros que ponían el pie sobre el canal helado llenaba a los hombres de un orgullo que estaba muy justificado por cierto.

Aquella marcha a lo largo de esa avenida de altas montañas y muros de roca que bordean el canal silencioso, permitió depositar el mensaje de soberanía más austral de su época. Integraron la patrulla el capitán Bassani Grande, el teniente Vaca, el sargento Urtasun y el suboficial Weber, de Aeronáutica.

Pero, ante el agotamiento de los víveres y del combustible se retornó a la base costeando la península y luego por sobre la barrera de hielos Wordie.

El viaje habla demandado 28 días de fatiga y de arrojo.

La primera etapa, la más valiosa y esforzada de la base San Martín terminó el 15 de febrero de 1954 cuando, mediante un complicado operativo dos helicópteros Sikorsky S55 de la Fuerza Naval Antartica lograron relevar a la reducida dotación de cuatro hombres qué permanecían en el Islote Barry.

La evacuación duró tres dias. el hielo detuvo a los barcos a 200 kilómetros de la base y los vuelos fueron dificultados por la niebla, el viento y la distancia.

Inclusive loa aparatos de rescate pasaron a la intemperiear dos largos días hasta que el temporal amainara verdaderamente resultaba difícil cumplir con cualquier empresa, sea cual fuera, en bahía Margarita.

La base trabajó seis años más y fue ínactivada el 28 de febrero de 1960.

Periódicamente, sus construcciones son revisadas por grupos de mantenimiento que se acercan a los silenciosos islotes donde se yerguen los viejos galpones y el hangar que muestran claramente el castigo del tiempo y de los huracanes.

La base San Martín se desmoronará algún dia sobre las rocas en que fue fundada por un grupo de audaces, pero nunca serán olvidados los sacrificios y esfuerzos de que fue escenario.

FARMACIA Y OPERACIONES

En las instalaciones do la base San Martín también tuvo su lugar una farmacia completa, muy bien organizada, comparable con cualquiera que podamos ver en un centro urbano. Celosamente montada y administrada por el teniente Fontana, esta primera farmacia antartica posibilitó que en bahía Margarita se pudieran efectuar dos operaciones exitosas de apéndice. La cirugía hizo su aparición en San Martín el 25 de abril de 1952, cuando el doctor Olmedo Díaz organizó entre el personal un equipo que lo ayudara a realizar la apendectomía del teniente Vaca. Esta operación permitió superar un gravísimo problema a alguien que no podía esperar ni rescate ni alivio alguno. Dos semanas después, el 9 de mayo, el problema se renovó al caer víctima de la apendicitis el soldado Rogelio Monzón. Gracias a aquel equipo de cirujanos "de emergencia", horas después de presentarse el cuadro agudo de la enfermedad el soldado ya estaba fuera de peligro. No hay dudas de que aquellos hombres sabían superar con rapidez y seguridad las circunstancias difíciles.

 

  

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