Historia y Arqueología Marítima

 

HOME LA COMUNIDAD CIENTÍFICA INTERNACIONAL Y EL CONOCIMIENTO DEL CONTINENTE ANTÁRTICO:

APORTES DE ESTADOS UNIDOS Y CHILE, 1920-1940

Indice Antartida

Ponencia en el XIV Encuentro de HistoriadoresAntarticos Latinoamericanos- Chile 2015

Por Pablo Mancilla González1Chile

Desde el fin de la Primera Guerra Mundial, las ciencias geográficas se consagraron en todos los niveles como una disciplina firmemente establecida en los principales países del mundo desarrollado, en sus sociedades científicas y hombres de ciencia, que retomaron los trabajos destinados a expandir los estudios sobre las influencias mutuamente ejercidas entre el hombre y su medio natural, especialmente en las zonas más apartadas y desconocidas.2

Este nuevo impulso, promovido en ocasiones por exploradores que se debatían entre la búsqueda del prestigio y de gobiernos que buscaban nuevas áreas para la extracción de materias primas, y a pesar de la crisis económica de fines de los años de 1920’, se caracterizó por la creación de una institucionalidad científica internacional que convocó, para el caso de la Antártica, a distintos actores para aumentar la colaboración, la interdisciplinariedad y el intercambio de informaciones a través de congresos y publicaciones especializadas; además de promocionar insistentemente la introducción de nuevas tecnologías en las exploraciones marítimas, terrestres y aéreas, lo cual logró su máxima expresión en el Segundo Año Polar Internacional de 1932-1933, el que concluyó con la creación de una más precisa cartografía y topografía de los mares, costas e islas antárticas y en una nueva oleada de tentativas para hacer expediciones transantárticas3.

Los que más avanzaron en esta materia, fueron los hombres de ciencia de Gran Bretaña, Francia, Alemania y, especialmente, Estados Unidos, que con el apoyo de sus gobiernos y algunas instituciones científicas como la American Geographical Society, la American Philosophical Society y el Smithsonian Institute, fomentaron y financiaron las expediciones antárticas, cuyos resultados, dados a conocer en publicaciones especializadas de amplia difusión4, familiarizaron al continente en la opinión pública. Lo anterior tuvo un importante impacto al generar ignorados incentivos en los exploradores, quienes trataron con mayor ahínco de determinar en beneficio de sus Estados los verdaderos potenciales económicos, políticos y estratégicos de la Antártica. Es así que, una vez finalizado el Segundo Año Polar Internacional, promovieron en sus respectivos países, la creación y promoción de políticas de Estado, que más que ayudar a promover una mayor colaboración en el desarrollo de las ciencias antárticas, condujeron a una verdadera carrera por lograr incorporar a través de la reclamación y delimitación parte del continente con miras a su futura explotación.

1. LA UNIÓN GEOGRÁFICA INTERNACIONAL, EL INCENTIVO A LAS EXPLORACIONES ANTÁRTICAS Y EL SEGUNDO AÑO POLAR INTERNACIONAL, 1922-1933

El notable interés por el conocimiento de la Antártica, llevó al británico Ernest Shackleton a embarcarse nuevamente en dirección al continente, en 19225. El proyecto, financiado en parte por el gobierno, la Royal Geographical Society y algunos privados, tuvo por objetivo investigar las condiciones de explotabilidad de los yacimientos minerales y reconocer las costas de la Tierra de la Reina Victoria6. Lo anterior fue conocido por la Legación de Chile en Londres, que ofreció otorgar todas las ayudas posibles al explorador. Lamentablemente, un mes después de partir desde Londres, el británico falleció en las islas Georgias del Sur, siendo desde ese momento la expedición capitaneada por Frank Wilds, quien se dirigió al Mar de Weddell para recolectar datos científicos.7

Ese mismo año, se reunió en Bruselas la Asamblea General del Consejo Internacional de Investigación, que con el auspicio de Bélgica, España, Francia, Italia, Japón, Portugal y Gran Bretaña, creó la más importante de las sociedades geográficas a nivel mundial: la Unión Geográfica Internacional (UGI). Ésta desde sus inicios incentivó y financió comisiones, grupos de trabajo y organizó cada cuatro años, congresos de la especialidad, englobando a los principales países y centros de investigaciones geográficas. Además, debemos señalar que como antecedente inmediato de la UGI se encuentran los Congresos Internacionales de Geografía, que desde el primero reunido en Amberes en 1871, había llamado regularmente a incentivar los trabajos en el continente antártico8.

Los años inmediatamente posteriores hasta los inicios de la década de 1930, se caracterizaron por una fuerte disminución de las actividades antárticas como consecuencia de la crisis económica mundial; no obstante, algunos gobiernos, instituciones científicas y exploradores, no se desmotivaron y siguieron viendo al continente como una zona económica, estratégica y científicamente atractiva para el fututo, solicitando recursos a empresas e inversionistas privados con el fin de financiar y equipar con nuevas tecnologías las expediciones que se concentrarían desde ahora en las costas ubicadas entre el Mar de Bellingshausen y Mar de Ross y el Mar de Weddell y la Tierra de Guillermo II.

Es así, que el primero en partir al territorio polar fue el noruego Lars Christensen9 que estudió las posibilidades que ofrecía la explotación de cetáceos y realizó un acto de toma de posesión de la isla Bouvet10, de la cual elaboró mapas y cartas, y recopiló observaciones meteorológicas, geológicas, biológicas y zoológicas11; siendo secundado por los viajes del británico Stanley Kemp y el noruego Olaf Olstad, que ejecutaron trabajos oceanográficos, biológicos y geológicos en los archipiélagos Shetland del Sur y Palmer12.

En 1928, George Hubert Wilkins, explorador con gran experiencia ártica, se dirigió al antártico al mando de una expedición conjunta entre Estados Unidos y Gran Bretaña13 con el objetivo de realizar la primera exploración aérea en el continente14. El australiano, después de realizar escalas en Montevideo e islas Malvinas, instaló su base de operaciones en bahía Balleneros, isla Decepción,15 de donde emprendió los primeros vuelos entre la mencionada isla, la península antártica y el Mar de Weddell.16 Como resultado de sus observaciones, elaboró una tesis que señalaba que la península antártica no era parte del continente, sino que correspondía a un gran archipiélago17. Esta teoría fue refutada posteriormente por el inglés John Rymill, quien entre los años 1934 y 193718 ejecutó exploraciones por aire y tierra en el mismo sector19. En la temporada 1929-1930, Wilkins regresó a la isla Decepción, realizando otros vuelos que le valieron elogios de la Royal Geographical Society y la American Geographical Society20.

Una cuarta expedición, la más importante de estos años de crisis económica por los logros alcanzados, fue la estadounidense de Richard Evelyn Byrd, quien motivado por los avances científicos y tecnológicos y por el afán de sumar a su país en los descubrimientos geográficos, coordinó con aportes públicos y privados una flotilla compuesta por el City of New York, el Eleanor Bolling y el C. A. Tarsen21. Su objetivo era explorar las costas e interior del territorio comprendido entre el Mar de Bellingshausen y el Mar de Ross con el apoyó de un completo equipamiento técnico y mecánico. Desde la Bahía de las Ballenas exploró la Barrera de Ross en busca de un lugar apto para la instalación de una base que denominó Little America, que contó con las mejores condiciones para la permanencia de los hombres en esas latitudes, es decir, hubo un notable mejoramiento de la habitabilidad y comodidad al estar la base dotada de dormitorios, comedores, gimnasio, herrería, oficinas de administración, cocheras y hangares.22 Entre las acciones realizadas por Byrd podemos destacar la exploración de la Tierra Marie Byrd, del Monte Rockefeller23 y las investigaciones geológicas y glaciológicas desarrolladas por Laurence M. Gould y Paul Siple; sin embargo, lo que más sobresalió fue el primer reconocimiento aéreo del Polo Sur, en un viaje que duró diez horas en noviembre de 1929 24 y la incorporación a las actividades polares de los aeroplanos25, tractores a cadena, trineos a motor, automóviles, casas desmontables, radios de gran alcance, perros y otros elementos26.

Los significativos avances en las técnicas e instrumentales científicos y el mayor volumen de informaciones y estudios sobre la composición y condiciones de la atmósfera y la ionósfera a nivel mundial y, en particular, de los polos, fueron un estimulante para que las comunidades científicas y hombres de ciencia, como el Dr. Johannes Georgi, del Instituto Marítimo de Hamburgo, plantearan la necesidad de ejecutar un Segundo Año Polar Internacional para retomar el camino de la colaboración científica.27 La iniciativa fue presentada al Comité Meteorológico Internacional en la Conferencia Internacional de Meteorología de Copenhague de 1929, que la derivó para su estudio a la Comisión Meteorológica Polar. Esta última, con el apoyó de la Unión Geográfica Internacional y la Unión Internacional de Geodesia, entre otras, crearon un comité especial que organizó y celebró la primera reunión de la Comisión del Año Polar Internacional en Leningrado en agosto de 1930, donde asistieron delegados de Alemania, Argentina, Australia, Austria, Brasil, Bulgaria, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, España, Estonia, Finlandia, Francia, Gran Bretaña, Guatemala, Hungría, Islandia, Italia, Japón, Noruega, Países Bajos, Polonia, Portugal, Suecia, Suiza y Unión Soviética, que aprobaron un plan preliminar de distribución de bases de observación en distintas zonas del planeta.28

Posteriormente, en septiembre de 1931, se realizó una segunda reunión en Innsbruck –Austria- con asistencia de 46 países, donde se formularon los principales objetivos a desarrollar durante el Año Polar Internacional, entre los que destacaron: elaboración de cartas del tiempo, a nivel del mar, en las regiones polares; investigación de la circulación atmosférica entre regiones polares y las bajas latitudes; estudiar las altas atmósferas en las regiones polares; además de lograr una mayor comprensión de las características geofísicas de la Tierra y de los fenómenos generados por el magnetismo terrestre, auroras, ionización y radiocomunicaciones en la aviación y navegación.

Finalmente, con la participación de 40 países, se ejecutó el Segundo Año Polar Internacional entre agosto de 1932 y agosto de 1933, período en que se registraron sincronizadamente en ambos polos, observaciones en días que denominaron de “primera magnitud” y de “segundo orden”; no obstante, a pesar de lo importante de la información recopilada, el Presidente de la Organización del Año Polar, el doctor danés La Cour, al exponer los resultados alcanzados ante la Asamblea del Consejo Internacional de Uniones Científicas de 193429, señaló que estos habían sido de tal magnitud que no se habían logrado incorporar con la debida rapidez a las nociones teóricas, haciéndose sumamente difícil hacer las interpretaciones del material reunido; por lo tanto, se tuvo que esperar hasta la celebración del Año Geofísico Internacional de 1957-1958 para que todos los problemas planteados por la comunidad científica, comenzaran a tener respuesta.

2. ESTADOS UNIDOS Y LA MECANIZACIÓN DE LAS EXPEDICIONES ANTÁRTICAS, 1933-1940

Una vez dadas a conocer las conclusiones alcanzadas en el Año Polar Internacional y en parte aplacada la crisis que afectó a la economía mundial a fines de la década de 1920, se siguieron enviando constantemente expediciones al continente antártico con fines políticos, económicos y científicos, las que se caracterizaron por los abundantes recursos financieros y tecnológicos que facilitaron los gobiernos e instituciones científicas; por prolongarse por largos períodos de tiempo; por sus estudios basados en la interdisciplinariedad y por ser sus resultados ampliamente difundidos en los medios de comunicación y en revistas y libros especializados, que hicieron más abundante el caudal de conocimientos de los hombres de ciencia y de la opinión pública. No obstante, se aprecia durante estos años una disminución en la colaboración científica internacional, causada por los nuevos intereses territoriales que comenzaron a evidenciar los distintos Estados interesados en el continente antártico, situación que se prolongara hasta la celebración del Año Geofísico Internacional de 1957-1958.

En estos años, la primera expedición en partir al continente antártico, fue nuevamente una organizada por Richard E. Byrd que se extendió entre 1933 y 1935, que incluyo tres aviones, un helicóptero, tractores y un radio transmisor que permitió estar en constante contacto con Nueva York.30 En esta oportunidad, el estadounidense privilegió las investigaciones meteorológicas, geológicas, magnéticas, biológicas, botánicas y bacteriológicas en la costa del Mar de Ross, Tierras de la Reina Maud y de Marie Byrd31.

Además, se debe destacar que arriesgando su vida invernó sólo en una cabaña instalada en Bahía de las Ballenas, a 180 km. de Little America, logrando obtener importantes datos científicos; reconocer más de 50.000 millas cuadradas de tierras inexploradas y realizar estudios sobre los hielos, el casco antártico y la fauna y demostrar, a través de varios viajes por tierra y aire, que la Tierra de Marie Byrd era continental, concluyendo que no existía ningún paso que uniera el Mar de Weddell y el Mar de Ross.32

Paralelamente a los trabajos de Byrd, emprendió rumbo al continente antártico el estadounidense Lincoln Ellsworth, que viajó con el objetivo de atravesarlo por aire en un trayecto que comprendía el Mar de Ross - Polo Sur - Mar de Weddell33; sin embargo, las malas condiciones climatológicas; una serie de desperfectos en el aparato que ocupaba y errores en las cartas de navegación, hicieron que el proyecto no se concretara34.

Un año después, en noviembre de 1934, Ellsworth logró en parte su objetivo al partir de la isla Dundee y llegar después de varias detenciones hasta la Bahía de las Ballenas35. Cabe destacar que entre los descubrimientos realizados por el estadounidense, se encuentran los primeros avistamientos de las cordilleras Eternidad y Centinela, hoy conocidas como montes Ellsworth y un vuelo efectuado desde isla Decepción a Little America.

El peligro de una confrontación mundial incrementó el interés por la Antártica de Estados Unidos, especialmente cuando la expedición alemana de Alfred Ritscher en 1938, con dos aviones Dormier Wall, sobrevoló y realizó investigaciones meteorológicas, oceanográficas y geofísicas en la Tierra de la Reina Maud.36 Se temía que Alemania instalase bases para submarinos en el Mar de Drake y controlase el tráfico entre el Pacífico y el Atlántico. El peligro parecía mayor, ya que durante la temporada 1938-1939, Alemania había reclamado el territorio comprendido entre el 140º longitud oeste y 20º longitud este, que denominaron Nueva Schwabenlandia, basando sus títulos en las exploraciones de Dallman, Drygalsky y Ritscher37; no obstante, a causa de su derrota en la Segunda Guerra Mundial, dichas pretensiones no prosperaron.38

Podemos suponer que la acción alemana hizo que Franklin D. Roosevelt y la Sección Antártica dependiente del Departamento de Estado, aceleraran los preparativos para una tercera expedición de Richard Byrd, que finalmente se realizó entre 1939-194139 con dos misiones: habitar Little America y construir una nueva base en la Bahía Margarita, a la que se le denominó Base del Este, tareas que asignó a Paul Siple y Richard Black, respectivamente40. En este viaje participaron Federico Bonert Holtzapfel y Exequiel Rodríguez Salazar, oficiales de la Armada de Chile, cuyos trabajos trataremos en páginas posteriores. En los hidroaviones Barkley-Grow sobrevolaron y definieron la línea costera entre Little America y la península antártica, tarea considerada fundamental para ejercer soberanía frente a posibles futuras reclamaciones territoriales en dicha zona41. En tres meses cartografiaron cerca de 900 millas de costas; recorrieron 150.000 millas cuadradas de tierras inexploradas; descubrieron catorce islas, seis cadenas de montañas, dos grandes penínsulas e innumerables bahías y caletas; llegaron a 180 millas del Polo Sur Magnético y construyeron la Base del Este42.

Por el inicio de la Segunda Guerra Mundial, entre febrero y marzo de 1941, se suspendieron los trabajos científicos y se evacuaron ambas bases. Cabe destacar, que uno de los más importantes logros alcanzados por el estadounidense, fue el descubrimiento de grandes yacimientos de minerales de carbón y petróleo, considerados fundamentales para el futuro desarrollo de las naciones del mundo; no obstante, estaba muy claro que esos recursos no podrían ser explotados de forma inmediata ni en el futuro cercano por la falta de tecnologías.43

En los años posteriores hasta 1946, el continente antártico siguió siendo un tema de atención para los gobiernos y comunidades científicas internacionales, a las que se sumaron centros de estudios como el Scott Research Institute en Gran Bretaña y la Sociedad Norteamericana de Estudios Polares, que contaron con elevados recursos humanos, materiales y económicos, muchos de ellos dependientes directamente de gobiernos y universidades, los cuales con notable esfuerzo fortalecieron y profundizaron las ciencias antárticas y contribuyeron a desentrañar sus misterios.44

No obstante, el período que comprende los años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial hasta la celebración del Año Geofísico Internacional de 1957- 1958, se caracterizo por una disminución de la colaboración científica internacional y el aumento de las controversias diplomáticas entre los países que habían delimitado o reclamado sectores en el continente antártico. Situación que cambiará desde el evento científico mundial anteriormente señalado, donde nuevamente se volverá a la colaboración entre los países; al intercambio de personales militares y científicos para profundizar los estudios interdisciplinarios; la aplicación de nuevas tecnologías en los sistemas de comunicación de larga distancia; la creación de maquinarias aéreas, terrestres y marítimas resistentes a las inclemencias del clima antártico y equipadas con avanzados dispositivos para la adquisición de datos y observaciones de las costas y el interior del antártico; y la permanencia por largos lapsos de tiempo de abundantes contingentes de hombres de ciencia y fuerzas militares en bases totalmente habitables. Ayudando todo lo anterior, a que el Polo Sur, desde entonces, estuviera al alcance y dominio del hombre.

3. MOTIVACIONES INTERNACIONALES Y COMPLEJIDADES INSTITUCIONALES EN EL CONOCIMIENTO ANTÁRTICO CHILENO, 1920-1940

En los inicios del siglo XX, las potencias antárticas europeas y Estados Unidos, revitalizaron su visión sobre el continente antártico y sus mares adyacentes, gracias a un sinnúmero de investigaciones que lograron determinar la existencia de grandes riquezas marítimas y abundantes yacimientos minerales, provocando un acrecentamiento de las motivaciones por querer aumentar y precisar su conocimiento y así iniciar su explotación; no obstante, a mediados de la década de 1910, esta situación cambió por una serie de hechos a nivel mundial, entre los que destacaron: las hostilidades entre los países de Europa, que culminaron con los enfrentamientos de las dos guerras mundiales y la crisis económica que afectó a gran parte del globo, a fines de 1929. Lo anterior, hará que el envío de expediciones antárticas se caracterice por la discontinuidad y con objetivos que muchas veces sobrepasaron lo meramente económico-científico, para convertirse en viajes que buscaban consolidar posibles pretensiones territoriales, lo que trajo aparejado una serie de roces diplomáticos.

A nivel nacional, el fracaso de la cuarta tentativa por enviar una expedición a la Antártica a causa del terremoto de 1906, no significó, en los años inmediatamente posteriores, la existencia de un desanimo entre los hombres de ciencia que habían evidenciado motivaciones por asentar la soberanía sobre parte del continente antártico. Es así, que muchos de ellos y las instituciones que los albergaban, se comenzaron a unir a comunidades internacionales de iguales características, generando un aumento de la participación en los encuentros científicos mundiales, lo que generó mayores contactos  con hombres de ciencia extranjeros y en la colaboración con exploradores antárticos; además de profundizar el intercambio de publicaciones que aportaban importantísimos datos sobre el área.

Durante las décadas de 1920 y 1930, el panorama cambió radicalmente, a raíz de la desaparición de las personalidades tanto chilenas como foráneas que, desde mediados del siglo XIX, habían iniciado el proceso de acrecentar las motivaciones por el conocimiento y divulgación de los potenciales de la Antártica, que se unió al inicio de las reestructuraciones internas y replanteamientos de los intereses de las comunidades científicas nacionales y la disminución de los contactos internacionales.

Junto con lo anterior, las discontinuidades y cambios de enfoque de las revistas científicas chilenas, también serán un obstáculo para la publicación de artículos relacionados con la Antártica, aún cuando siguieron llegando las extranjeras. A pesar del contexto descrito, este período que se extiende desde el fracasado envío de un buque de la Armada de Chile a la Antártica, en 1906, hasta la promulgación del Decreto Supremo nº 1.747 que delimitó el Territorio Antártico Chileno, tuvo un hecho de gran importancia, que fue el inicio de la lenta incorporación de nuevas instituciones nacionales al quehacer científico y a la promoción del conocimiento austral-antártico, entre ellas, el Servicio Sismológico de Chile, la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, la Oficina Meteorológica de Chile y el Comité Nacional de Geografía, Geodesia y Geofísica, que conjuntamente con los tradicionales centros del siglo XIX y a los nuevos hombres de pensamiento renovado y amplia visión, como Ramón Cañas Montalva, iniciarán desde fines de los años de 1930, un gran esfuerzo que desembocó en una mayor colaboración con los gobiernos, centros científicos y hombres de ciencia extranjeros, significando un gran salto en el conocimiento geográfico y un repotenciamiento de las apreciaciones sobre las posibilidades económicas y científicas de la Antártica para el desarrollo del país, dando sólidas bases a los derechos de soberanía que se expresaron desde 1946, en la ocupación efectiva y la creación de una conciencia antártica nacional.

3.1. EL DESAFÍO DEL SEGUNDO AÑO POLAR INTERNACIONAL: APORTES DEL GENERAL DE EJÉRCITO DON RAMÓN CAÑAS MONTALVA, 1920-1940

Después de la hazaña del piloto Pardo Villalón, el tema del conocimiento antártico, prácticamente desapareció de las prioridades de las instituciones de gobierno y de la comunidad científica del país, como asimismo, de las publicaciones de carácter científico, como el Anuario Hidrográfico y las Actes de la Société Scientifique du Chili, que durante estos años perderán total periodicidad; sin embargo, desde principios de la década de 1930, se produce un repotenciamiento de estos intereses gracias a las invitaciones que recibió Chile para participar en el Segundo Año Polar Internacional de 1932-1933 y de Estados Unidos, para que personal de la Armada de Chile se embarcara en las expediciones que proyectaba enviar al continente antártico, sumándose la aparición de Ramón Cañas Montalva como nuevo promotor del conocimiento antártico chileno y uno de los gestores de la creación del Comité Nacional de Geografía, Geodesia y Geofísica, que vino a reaglutinar bajo un único proyecto a las instituciones y hombres de ciencia chilenos.

Hacia fines de las década de 1920, una de las áreas del conocimiento nacional que más urgente necesitó una revitalización fue la meteorología, en tal sentido, gracias a los impulsos emanados de la Oficina Hidrográfica, el Presidente Carlos Ibáñez del Campo decidió crear el Servicio Meteorológico con dependencia de la Dirección del Territorio Marítimo,45 con las siguientes funciones: servicio de previsión del tiempo para uso del comercio marítimo, buques y aeronaves de la Armada y Marina Mercante, Gobernaciones Marítimas y territorio agrícola de la costa; desarrollar estudios e investigaciones de los métodos científicos que permitieran una más exacta previsión del tiempo; contribución al estudio internacional de fenómenos meteorológicos y confección de cartas de vientos para la navegación marítima, aérea y noticias meteorológicas en los derroteros.

46 En esos mismos años y teniendo en consideración la necesidad de que este organismo mantuviese una moderna dirección y amplios contactos con los organismos de iguales características a nivel mundial, se dispuso que el Ministerio de Marina y, a su vez, la Armada de Chile, fuesen los encargados de mantenerlo bajo su tutela, instituyéndose así, la Oficina Meteorológica de Chile47.

La Organización Meteorológica Internacional, invitó al país a través de la Oficina Meteorológica de Chile y la Sociedad Científica de Chile48, a participar en el Segundo Año Polar Internacional a desarrollarse entre 1932 y 193349. Dada la importancia que ambas instituciones dieron a la organización y desarrollo de los trabajos a ejecutar durante la magna tarea científica mundial, el Ministerio de Marina, creó la Comisión Nacional Pro Segundo Año Polar Internacional50. La cual, después de sesionar en enero de 1932, en la sede de Viña del Mar de la Oficina Meteorológica, envió una convocatoria a las distintas organizaciones científicas nacionales para que se adhirieran a los preparativos y formularan propuestas de investigación para las distintas subcomisiones que debían crearse.

Las siguientes reuniones se desarrollaron en la Universidad de Chile, entre marzo y mayo de 1932, ocasión en que se conformó la mesa directiva, cuya presidencia recayó en Pedro Godoy que era por entonces Vicerrector de la Casa de Bello, creándose además las subcomisiones de meteorología; inspección de estaciones; observaciones de montaña; observaciones sinópticas; islas más afuera; radiación solar; magnetismo terrestre; corrientes telúricas; electricidad atmosférica; nubes; auroras; descargas; comunicaciones; alta atmósfera; meteorología militar, naval y marítima; meteorología agrícola; Sociedad Nacional de Meteorología; horario de verano; y cooperación y publicaciones.

Las que debían ajustarse a los estándares de observación y recopilación de datos, impuestos por el Comité Internacional del Segundo Año Polar Internacional, para sus posteriores correlaciones con otros recolectados en diferentes partes del mundo51. Se destaca que entre las iniciativas que se procuraron ejecutar, se propuso la creación de una Sociedad Nacional de Meteorología, cuya importancia de carácter científico se explicaría por sus fines, los cuales serian: cooperar al progreso de la meteorología y de la física terrestre; dar a conocer el clima de Chile, tanto en sí mismo como en sus relaciones con la agricultura, la higiene y las artes industriales; y prestar apoyo a la Oficina Meteorológica de Chile, que es el organismo oficial encargado del servicio meteorológico nacional. Como se puede ver, las múltiples funciones que esta organización estaba llamada a desarrollar, hicieron necesario que se invitará para su ingreso a un sinnúmero de hombres relacionados con las áreas de las ciencia, docencia, agrícolas, industriales, entre otras52.

A pesar de las iniciativas anteriores, la participación y aportes de Chile al Segundo Año Polar Internacional, fueron poco trascendentes, a tal punto que por la escasez de fuentes documentales y bibliográficas sobre el tema, se podría llegar a aventurar de que fueron un verdadero fracaso, que se explicaría por las consecuencias adversas generadas por la crisis económica que provocó la salida del Presidente Carlos Ibáñez del Campo; los constantes cambios de gobierno que, posteriormente, afectaron al país; por la desatención de la zona austral-antártica frente a los problemas surgidos por la necesidad de fijar un límite definitorio con Perú en la frontera norte; y, además, por la desaparición de los destacados hombres de ciencia que desde mediados del siglo XIX habían promocionado en distintas instancias la necesidad de profundizar en los conocimientos de las tierras y mares al sur de Tierra del Fuego y el Cabo de Hornos.

Lo anterior, motivo al Instituto Geográfico Militar53 a ver la necesidad de contar con un organismo que integrara lo más representativo de los centros y sociedades científicas del país, con el objetivo de abocarse, bajo un proyecto común, al fomento, coordinación, investigación, estudios y divulgación de las ciencias geográficas, cartográficas y geofísicas y a nivel internacional se adhiriera a la Unión Geográfica Internacional. Es así, que el impulso para crear esta nueva institucionalidad, provino de la influencia que ejerció en las autoridades la visita del holandés Vening Meinesz, Presidente de la Unión Internacional de Geodesia, en enero de 1935.54 55 Dos meses después, por Decreto Supremo nº 475, nace el Comité Nacional de Geografía, Geodesia y Geofísica, que será una de las instituciones que más incentivará las actividades científicas y la divulgación del conocimiento de la zona austral-antártica, especialmente desde 1946, cuando se funden las primeras bases nacionales el Territorio Antártico Chileno.

Entre las principales misiones que se le asignaron al Comité se encontraban: a) la de representar a Chile ante la Unión Geográfica Internacional55; b) fomentar y coordinar las investigaciones y trabajos geodésicos, topográficos, de astronomía, geología, geografía, física, nomenclatura geográfica, biogeografía, geografía humana, geografía histórica, bibliografía y enseñanza de estos mismos ramos; c) procurar la protección y engrandecimiento de las organizaciones científicas oficiales; d) designar comisiones que se encarguen de hacer los estudios particulares que el Comité estime útiles para el progreso de las investigaciones geográficas de Chile; y e) gestionar ante los organismos administrativos las facilidades que sean indispensables para obtener el mejor desarrollo de sus actividades.

Mientras que en su organización interna, el Comité debía estar integrado regularmente por el Director del Instituto Geográfico Militar; el Jefe de la Oficina Hidrográfica de la Armada de Chile; un representante del Instituto Geográfico Militar y uno de la Fuerza Aérea de Chile, designados por las respectivas Subsecretarias; cinco representantes de la Universidad de Chile, designados por su Rector entre los profesores de geografía general, geografía física, geografía humana, topografía, geología y morfología; los directores o un funcionario designado de los siguientes organismos: de la Oficina Meteorológica de Chile, del Museo de Historia Natural, del Observatorio Astronómico, del Servicio Sismológico y del Servicio de Estadísticas; el Director de la Escuela de Agronomía; el Jefe del Departamento de Mensuras de Tierras de la Dirección General de Tierras y Colonización; el Superintendente del Salitre; un representante de la Dirección General de Impuestos Internos, designado por el Director; y, finalmente, el Comité mismo podría, por acuerdo de sus componentes, integrar con otros miembros.

Como se puede apreciar, desde un comienzo el Comité agrupó a un selecto grupo de eminentes hombres de ciencia, preocupándose preferentemente, junto a los trabajos específicos considerados dentro de sus objetivos, el intensificar los estudios relacionados con la ubicación geográfica de Chile en el Pacífico Sur-Antártico. No obstante, esta institución que tenía claros objetivos y muy bien definida su composición, no realizó trabajos hasta fines de 1946, cuando la Comandancia en Jefe del Ejército de Chile, fue asumida por el General Ramón Cañas Montalva.

Las motivaciones e intereses del General de Ejército, Cañas Montalva, por el continente antártico, nacen de los contactos que sostuvo con los exploradores polares y por las influencias que en él ejercieron las visionarias apreciaciones de Bernardo O’Higgins, que daban una vital importancia a dicho sector para el futuro desarrollo del país. El primero de los contactos con exploradores polares se produce el 1916, cuando cumpliendo sus labores en el Destacamento de Magallanes, conoce a Ernest Shackleton. Posteriormente, en 1920, se reencontró con el británico en Londres cuando, cumpliendo funciones de delegado militar en la Legación de Chile, a cargo de Agustín Edwards Mac Clure56, es informado de la gestación de la expedición antártica que concluyó con la muerte de Shackleton. Mientras que desde 1938, Ramón Cañas Montalva, mantendrá un constante intercambio de conocimientos con el estadounidense Richard E. Byrd.57 Cañas tuvo una anónima e importante participación en la gestación de la Política Antártica Chilena, desde fines de los años 30’, contribuyendo de manera sobresaliente como Asesor de la Comisión Antártica del Ministerio de Relaciones Exteriores, labor que fue ampliamente reconocida por su Director Julio Escudero Guzmán, especialmente, por sus amplias apreciaciones geoestratégicas y conocimientos del continente antártico.

Los cuales continuara desarrollando en los cargos de Comandante en Jefe del Ejército; Director del Instituto Geográfico Militar; Director del Comité Nacional de Geografía, Geodesia y Geofísica y de la Comisión Nacional para el Año Geofísico Internacional; como asimismo, desde la Sociedad Científica de Chile, la Sociedad Chilena de Historia y Geografía58 y el Instituto Panamericano de Geografía e Historia. Cabe destacar además, que el General Cañas fue un constante promotor de la divulgación de los conocimientos sobre el continente antártico a través del Memorial del Ejército de Chile y la Revista Geográfica Militar Terra Australis, donde publicó algunos de sus más importantes artículos, a saber: Reflexiones Geopolíticas sobre el Presente y el Futuro de América y de Chile59; Misión Científica a la Zona Austral-Antártica60; Chile, el más Antártico de los Países del Orbe y su Responsabilidad Continental en el Sur- Pacifico61; El Valor Geopolítico de la Posición Antártica Chilena62; ¿Misión o Dimisión de Chile en el Pacífico Sur Antártico?63; La Antártica64; y Chile, su Responsabilidad y Acción ante el Año Geofísico Internacional65.

Finalmente, se le debe a Cañas Montalva el concepto “Zona Austral-Antártica”, que nace de su propuesta político-administrativo, sustentada en su amplio conocimiento de la geografía, geoestrategia y comprensión de todo el territorio nacional, que en líneas generales plantea la descentralización de las funciones administrativas y una mayor autonomía de las autoridades locales para tomar decisiones. En tal sentido, dividió al país según similitudes geográficas, económicas y sociales en cinco zonas: Norte Grande, Norte Chico, Central, Sur y Austral-Antártica, con la convicción de que esta estructura facilitaría el estudio y planificación de una política administrativa más focalizada en los problemas reales, permitiendo su delimitación y dando a su institucionalidad una estructura y medios que les permitan desarrollar una eficiente labor en relación con las características de cada provincia. Es así, que según el esquema propuesto, por su constante postergación por parte de las autoridades de Santiago, debería dividirse la Zona Austral-Antártica en tres provincias: Chiloé, Aysen-Magallanes, y la Antártica Chilena, cada una sustentada en una Asamblea Regional con sede en Punta Arenas, con una composición eminentemente técnica, que le permitiera disponer de personal especializado para solucionar los problemas de la región y así evitar que intereses ajenos a la estricta conveniencia de las colectividades, puedan obstaculizar sus soluciones66.

3.2. COOPERACIÓN CIENTÍFICA ANTÁRTICA ENTRE ESTADOS UNIDOS Y CHILE, 1939-1940

Como se debe recordar, por aquellos años, los avatares que generó la Alemania nazi y ante el posible peligro que instalará bases en sectores geográficos estratégicos, como Mar de Drake y el continente antártico, motivó al gobierno estadounidense de Franklin D. Roosevelt y el Servicio Antártico del Departamento de Estado a apoyar una tercera expedición polar, al mando del explorador Richard E. Byrd en los buques North Star y Bear67, invitando a dos oficiales de la Armada de Chile a participar en ella, lo que repotenció las casi olvidadas relaciones que la Institución Naval y la Oficina Hidrográfica tenían con el desarrollo del conocimiento antártico. Es así, que en 1940, la Comandancia en Jefe, después del llamado a concurso donde participaron treinta y seis personas68, designó a Federico Bonert y Exequiel Rodríguez69 para que se embarcaran en el North Star, que arribó en Valparaíso en febrero del mismo año70.

El recibimiento de los buques de la Armada de Estados Unidos fue realizado con los máximos honores, siendo el Palacio Presidencial de Cerro Castillo de Viña del Mar, el lugar donde se celebró una ceremonia que contó con la presencia del Presidente Pedro Aguirre Cerda, el Comandante en Jefe de la Marina de Chile, Almirante Julio Allard, y los exploradores Richard H. Cruzen y George Dufek. Posteriormente, Allard se dirigió, el 21 de febrero, al North Star para efectuar una visita protocolar y de inspección e información sobre de los últimos adelantos científicos y técnicos que se estaban utilizando en las exploraciones antárticas.71 El viaje a la Antártica comenzó el 23 de febrero y en los primeros días de marzo, cruzaron el círculo polar antártico en dirección a bahía Margarita, lugar escogido para construir Base del Este, los oficiales nacionales, de esta forma, se convirtieron en los segundos en llegar al mismo continente antártico después del Teniente Primero de la Armada de Chile, Alberto Chandler Bannen72. Rodríguez y Bonert fueron recibidos en la Antártica por Byrd, donde aprovecharon la oportunidad para invitarlo a nombre de la Armada de Chile para que a su regreso visitara el país, propuesta que fue aceptada por el estadounidense, quien fijó para principios de abril la llegada a puertos nacionales73; no obstante, el comienzo de las hostilidades en Europa generó que el gobierno de Estados Unidos decidiera suspender los trabajos en el continente antártico, obligando a Byrd a zarpar rumbo al norte días antes de lo previsto.

Al cruzar el Mar de Drake, el Bear fue afectado por un fuerte temporal forzándolo a atracar en Punta Arenas. Cabe destacar, que la navegación por el Estrecho de Magallanes y, posteriormente, por los canales patagónicos fue dirigida por Federico Bonert, lo que le significó recibir las felicitaciones del Comandante Cruzen y demostrar, al mismo tiempo, la preparación y eficiencia marinera de los oficiales de la Institución Naval74.

En Punta Arenas, Byrd fue recibido con gran entusiasmo por las autoridades políticas y navales, como asimismo, por la ciudadanía puntarenense. Después navegó hasta Puerto Montt, donde lo esperaban el Agregado Naval, el Consejero Comercial de la Embajada de Estados Unidos, y el Gobernador Marítimo de la ciudad, Oscar Larenas, en este lugar aprovechó la oportunidad para recorrer las inmediaciones del volcán Osorno75. Días después, los buques estadounidenses navegaron hasta Valparaíso, donde el gobierno y la Armada de Chile, a través del Comandante Allard, realizaron la recepción oficial, que contó con la presencia de numerosas autoridades.

El mismo día, Richard Byrd, junto al Embajador de Estados Unidos en Chile, Claude Bowers, se dirigió a Santiago donde se entrevistó con el Presidente Pedro Aguirre Cerda y los miembros de la Comisión Antártica Chilena, Julio Escudero Guzmán y Enrique Cordovez Madariaga, además de otros delegados de la Universidad de Chile, la Sociedades Científica de Chile, la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, el Instituto Geográfico Militar, la Oficina Hidrográfica de la Armada de Chile, el Comité Nacional de Geografía, Geodesia y Geofísica, entre otras, todas las cuales habían demostrado intereses y motivaciones por el conocimiento y divulgación del continente antártico.76

Durante su estadía en Santiago, Byrd intercambió opiniones con el miembro de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía77 y académico de la Universidad de Chile, Humberto Barrera Valdebenito, las cuales versaron sobre los trabajos científicos que Estados Unidos y otros países estaban desarrollando en la Antártica; las técnicas utilizadas para la exploración terrestre y aérea; los estudios relacionados con la similitud entre la Cordillera de Los Andes y la península antártica; y, en especial, las amplias posibilidades económicas a través de la explotación de minerales y la caza de ballenas que ofrecía la Antártica para el porvenir del mundo y Chile, que según Byrd “…podría [Chile] comenzar a considerar seriamente sus derechos de soberanía en algunos territorios de la antártica…”. Todo lo cual fue publicado en la Revista Chilena de Historia y Geografía.78

Por su parte, los oficiales chilenos, Federico Bonert y Exequiel Rodríguez, a su regreso expresaron lo importante de la experiencia adquirida y de los trabajos que ejecutaron en las áreas de la hidrografía, oceanografía, meteorología, climatología; además de las económicas. Cabe destacar que filmaron una película, que fue adjuntada en el informe que presentaron a la Comandancia en Jefe de la Armada y que dieron a conocer en una serie de conferencias a lo largo del país. De lo anterior, se debe mencionar los dos informes presentados por Rodríguez, el primero a la Comandancia, donde expuso la necesidad de animar al gobierno de reabrir la estación ballenera, que se encuentra en isla Decepción y construir una escampavía lo suficientemente firme para iniciar las exploraciones de eso mares79.

Mientras que en el segundo publicado en la Revista de Marina, señaló que la importancia que encierra la Antártica para Chile tiene relación: “...con numerosos motivos de orden histórico y geográficos… que ha atraído el interés de numerosas naciones que se disputan las nuevas tierras… cuyas riquezas y posibilidades futuras se comienzan a aquilatar. Los grandes yacimientos de carbón encontrados en diferentes puntos del sur, el cobre…, como también el hierro y el titánium, aparte de los metales valiosos que también se han encontrado en pequeñas cantidades, hacen pensar en posibilidades de explotación comercial…”80.

Asimismo, en este mismo informe expone que Chile debe iniciar en terreno el estudio de las potencialidades científicas de la Antártica, ya que en esta: “…existen una infinidad de problemas de apasionante actualidad, algunos de los cuales tienen especial importancia para nuestro país, en especial los estudios de las condiciones meteorológicas de la Antártica que por su cercanía con el país afectan los centros de baja y alta presión que se extienden por el sur de nuestro territorio...”81.

Otros temas tratados en el informe se relacionaron con las exploraciones que se han realizado a la Antártica Americana, especialmente, en la península antártica y archipiélagos de las Shetland y Orcadas del Sur; las teorías sobre la insularidad de la península; los trabajos realizados por Byrd y sus buques; y la presentación de mapas que exponen la evolución del conocimiento de las costas de la Antártica entre 1928 y 1940. La visita de Byrd; el aumento de las pretensiones territoriales de terceros países, además de la invitación que el gobierno de Noruega realizó a Chile para participar en la Exposición Polar de Bergen en 1939, influirán en los hombres de ciencia del país, quienes se abocarán desde ese momento a realizar llamados a las autoridades nacionales para zanjar definitivamente el tema de la incorporación de un sector del continente antártico a la soberanía nacional.82 En este contexto, se debe destacar la publicación, en el Diario Austral de Punta Arenas, del artículo Nuestra Soberanía Hacia el Antártico, de Ramón Cañas Montalva, que establece la creciente importancia de las rutas marítimas australes y antárticas vecinas a nuestro suelo y en donde Chile debía hacerse presente junto a las potencias que reclamaban propiedad sobre el hemisferio polar antártico, fijando taxativamente los lógicos límites de su propiedad aún cuando sus modestos recursos no le permitan sentar la soberanía o realizar actividades comerciales83.

Meses después, el gobierno de Pedro Aguirre Cerda, sustentándose en la información proporcionada por la Comisión Antártica de la Cancillería, elaboró y firmó el Decreto Supremo nº 1.747 del 6 de noviembre de 1940, que fijó los límites del Territorio Antártico Chileno, mientras que días antes por Decreto Supremo nº 1.723 había creado una verdadera institucionalidad a través del Ministerio de Relaciones Exteriores, que tuvo desde ese momento que abocarse al manejó exclusivo de todo el conocimiento y resoluciones, de cualquiera naturaleza que sean, relativos a este territorio. Finalmente, se tendrá que esperar hasta fines de 1946, para que el gobierno, influido por el nuevo contexto internacional, emanado del fin de la Segunda Guerra Mundial y de los hombres de ciencia y las instituciones que los aglutinaban, es decir: Universidad de Chile; Observatorio Astronómico; Oficina Hidrográfica; Servicio Sismológico; Servicio Nacional de Meteorología; Instituto Geográfico Militar; Comité Nacional de Geografía, Geodesia y Geofísica; las Sociedades Científica de Chile y Chile na de Historia y Geografía, entre otras. Vea la urgente necesidad de planificar y ejecutar la primera expedición oficial al Territorio Antártico Chileno, que significó un inmediato repotenciamiento de los intereses y motivaciones que, desde mediados del siglo XIX, se evidenciaban con respecto al conocimiento y la divulgación de dicha área, consagrando el anhelado paso de iniciar en terreno los estudios que eran, aún hasta esos años, de no mayor significación para un gran sector nacional, sobrepasando los umbrales de las instituciones de gobierno, centros científicos, y de los “bonitos temas de artículos y conferencias”84, creando una nueva realidad que se apreció en los antecedentes que muestran a Chile como un país que posee irrefutables derechos y que combina las actividades de soberanía y ciencia85.

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_______. “Una Nueva Expedición Antártica” Revista de Marina, nº 453 (marzo-abril, 1933).

NOTAS

1 Profesor de la Dirección de Formación General. Universidad Santo Tomás, Viña del Mar.

2 Amilcar Herrera. “La Ciencia en el Desarrollo de América Latina” Revista Estudios Internacionales, nº 1 (abril-junio, 1968): 38-63.

3 En el período de entreguerras el área más conocida de sector australiano era la costa del Mar de Ross, que era utilizada como punto de partida a los polos geográfico y magnético.

4 Consuelo León, et. Alt. ¿Convergencia Antártica?: Los Contextos de la Historia Antártica Chilena, 1939-1949 (Valparaíso: Ed. Puntángeles, 2005): 17-30; Consuelo León. “El Conocimiento Antártico Estadounidense a Mediados de la Década de los 1930s.: El Aporte de la American Philosophical Society” Revista Estudios Norteamericanos nº 12 (segundo semestre, 2005): 49-68.

5 El buque escogido fue el Quest.

6 Fernando de Montessus. “Sir Ernest Shackleton” Revista Chilena de Historia y Geografía nº 46 (segundo trimestre, 1922): 14.

7 Laurio Destefani. Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur ante el Conflicto con Gran Bretaña (Buenos Aires: Ed. Edipress, 1982): 123; Roger Vercel. Al Asalto de los Polos (Santiago: Ed. Difusión, 1942): 192; Jorge Berguño. “Shackleton y Chile” Boletín Antártico Chileno Vol. 22 nº 1 (mayo, 2003): 43; Frand Wild. Shackleton’s Las Voyage (London: Cassell and Company, Ltd., 1923). Además, ese mismo año, partió el noruego Fridtjof Nansen a completar el mapa de la Tierra de Enderby.

8 Después se realizaron los Congresos Internacionales de Geografía de: París (1875), Venecia (1881), París (1889), Berna (1891), Londres (1895), Berlín (1899), Washington (1904), Ginebra (1908), Roma (1913). Y posterior a la creación de la UGI: El Cairo (1925), Cambridge (1928), París (1931), Varsovia (1934), Ámsterdam (1938).

9 Llegó al continente antártico en los buques Norvegia y Odd.

10 Tomando posesión de ella en nombre de Noruega en diciembre de 1927.

11 Wilhelm de Moesbach. “La Incorporación de la Isla Bouvet a la Soberanía Noruega” Revista Chilena de Historia y Geografía nº 68 (enero-marzo, 1930): 428-429; “Isla Bouvet” Anuario Hidrográfico de la Marina de Chile nº XXIV (1903): 83. La Isla Bouvet, fue descubierta por el francés Pierre Lozier-Bouvet en enero de 1739, que creyó era parte de las tierras antárticas llamándola cabo de la Circuncisión. En 1898, una expedición alemana constató con precisión su ubicación y realizó una interesante exposición sobre su avistamiento.

12 Sergio López. “Apuntes Históricos para un Estudio Temático Antártico” Memorial del Ejército de Chile nº 386 (septiembre-diciembre, 1975): 120.

13 Luis Gain. “El Polo Sur: Laboratorio Científico” Revista de Marina nº 434 (1930): 84-85. Compuesta por las naves Hektoria y el Porpoise.

14 Eduardo Evans. Desafío al Antártico (Buenos Aires: Ed. Sudamericana, 1957): 45.

15 Alfonso Filippi. “Shackleton versus Pardo: El Rescate” Boletín de la Academia de Historia Naval y Marítima de Chile nº 6 (2002): 11.

16 Contaba con dos monoplanos de 220 CF, uno de los cuales ya había sido utilizado en su travesía por el polo norte en 1928. Estos estaban equipados para el despegue desde el hielo y soportaban las temperaturas extremas.

17 “En el Polo Antártico” Revista de Marina nº 429 (1929): 309-311.

18 Javier Lopetegui. Antártica un Desafió Perentorio (Santiago: Instituto Geopolítico de Chile, 1986): 50. Se dirigieron al antártico en el buque Penola.

19 Silvio Zavatti. El Polo Antártico (Barcelona: Ed. Labor, 1967): 49; Evans: 45.

20 Gain: 84-85 y 93; Destefani: 123; Evans: 42-43; Moesbach: 429; “El “Discovery II” Hará una Expedición al Océano Antártico” Revista de Marina nº 426 (septiembre-octubre, 1934): 732. Mientras que George Hubert Wilkins se encontraba en el antártico, arribó a las Sandwich del Sur la expedición británica comandada por N. M. Carey. Además, en 1929, Douglas Mawson y John K. Davis en el buque Discovery, que dos décadas antes utilizará Robert Scott, se dirigió a la isla Bouvet sin lograr encontrarla, mientras que la expedición alemana del Meteor efectuó sondajes y otras observaciones cerca de la isla.

21 “Byrd, El Hombre que Voló sobre los Polos” Revista Sucesos nº 1.465 (23 octubre 1930).

22 Gain: 91-93.

23 “Las Exploraciones en la Antártica” Revista de Marina nº 434 (1930): 72-74.

24 Zavatti: 48-49; Leverett Richards. Una Nueva Era Glacial: La Historia de los Hielos (Buenos Aires: Ed. Hobbs-Sudamericana, 1964): 122 y 125.

25 Un trimotor Ford; un Fairchild; Fokker-Universal de motor UASP de 410 CF; y un monoplano de 110 CF.

26 “¿Hay una Riqueza Fabulosa en el Polo Sur?” Revista Sucesos nº 1.390 (16 mayo 1929); Coram Foster. Rear Admiral Byrd and the Polar Expeditions (New York, A.L. Burt Company, 1930).

27 Werner Buedeler. El Año Geofísico Internacional (París: Unión Typographique, 1956): 18-19.

28 Buedeler: 19.

29 Mauricio Jara. “Estados Unidos y Chile en la Antártica: El Año Geofísico Internacional (AGI), 1955-1958” Revista Estudios Norteamericanos Vol. 2 nº 4 (2001): 97-107.

30 Vergel: 195. Los buques integrantes de la flotilla fueron el Jacob Rupert y Bear of Oakland.

31 Evans: 171; Vercel: 202; Zavatti: 49; Lopetegui: 49.

32 “Los Secretos del Antártico, Revelados. Épico Vuelo del Almirante Byrd. Reconocimiento de 50.000 Millas Cuadradas de Espacios Desconocidos” Revista de Marina nº 464 (enerofebrero, 1935): 98; Mauricio Jara. “Pack-Ice y las Tierras Antárticas en las Obras de Richard Byrd (1934) y Hugo Schmidt (1948)” Revista Estudios Norteamericanos Vol. 2 nº 2 (1999): 127-132; Richard Byrd. Expedición al Polo Sur (Bogotá: Ed. Colombianas, 1973); Richard Byrd. Exploring With Byrd (New York: G.P. Putnam’s Sons, 1937).

33 “Una Nueva Expedición Antártica” Revista de Marina nº 453 (marzo-abril, 1933): 305.

34 Lopetegui: 49; Jorge Berguño y Reiner Canales. “La Antártica en Punta Arenas, Ayer y Hoy” Boletín Antártico Chileno Vol. 24 nº 2 (diciembre, 2005): 22. Se efectuaron en Punta Arenas pruebas en el avión Northrup Texaco 20 para un posible rescate. Este era transportado en el Wyatt Earp.

35 Vercel: 203-207. Su viaje fracaso por la falta de continuidad y por no pasa por el polo sur. El primer vuelo transpolar continuó fue realizado en 1958.

36 El viaje se ejecutó en el buque Schwaberland.

37 Exequiel Rodríguez. “Participación de Dos Oficiales de la Armada de Chile en la 3º Expedición Byrd a la Antártica, 1940” Boletín de Difusión del Instituto Antártico Chileno nº 11-12 (1978- 1979): 71.

38 Rodríguez: 71.

39 La flotilla estuvo compuesta por los buques Bear y North Star.

40 Óscar Vila. Chilenos en la Antártica (Santiago: Ed. Nascimiento, 1947): 108-118.

41 “La Reciente Expedición al Antártico del Almirante Byrd, Descubre 900 Millas de Nuevas Costas” Revista de Marina nº 497 (1940): 611.

42 Lopetegui: 50. Las exploraciones se extendieron hasta la península antártica, islas Charcot y Alejandro I.

43 Carlos Aramayo. Historia de la Antártida (Buenos Aires: Ed. Hemisferio, 1949): 98-99. Otro elemento repotenciador de las actividades antárticas fue el aumento de la caza de cetáceos, actividad desarrollada desde los inicios del siglo XX por Noruega, Gran Bretaña, Japón, Argentina, Alemania, Estados Unidos, Rusia y Chile, venía aumentando aceleradamente, es así que entre todos ellos sacrificaron: 5.441 unidades entre 1919-1920; 7.271 unidades entre 1923-1924; 13.775 unidades entre 1927-1928; 40.201 unidades entre 1931-1932; 30.991 unidades entre 1935-1936; 46.039 unidades entre 1937-1938; 32.900 unidades entre 1939-1940. Mientras que durante e inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, se produjo una importante baja y posterior repunte de la actividad, siendo los datos para este período los siguientes: 1940-1941 se sacrificaron 16.363 unidades; 1941-1942, 1.425 unidades; 1942- 1943, 998 unidades; 1943-1944, 1.799 unidades; 1944-1945, 2.981 unidades; y 1945-1946, 13.381 unidades. El discriminado aumento de la actividad ballenera desde la década de 1930, generó en los países involucrados y en sus hombres de ciencia una constante preocupación por la posible exterminación de la especie, por lo que se realizó en 1937 una Conferencia Internacional en Londres, donde se estableció una regulación mundial para la captura; y se prohibió cazar en algunos mares para que la reproducción no fuese obstaculizada. En diciembre de 1946, se celebró en Washington la Convención Internacional para la Regulación de la Caza de Ballenas, ocasión en la que se creó la Comisión Ballenera Mundial asesorado por un comité científico, con el propósito proponer y de promover la conservación adecuada de las ballenas y su explotación regulada, lo que fue aprobado por los países participantes: donde estuvieron presentes: Noruega, Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia, Unión Soviética, Dinamarca, Nueva Zelanda, Canadá, Australia, los Países Bajos, Argentina, Chile, Perú y Brasil.

44 Pablo Ihl. “Informaciones sobre la Antártica” Revista Geográfica Militar Terra Australis nº 8 (1953): 98. Richard Cruzen. “El Valor de los Descubrimientos Realizados por la Expedición de Richard Byrd en la Antártida” Memorial del Ejército de Chile nº 127 (marzo-abril, 1947): 188-190; Humberto Barrera. “Scott Polar Research Institute” Revista Chilena de Historia y Geografía nº 143 (1975): 303.

45 Carlos Tromben. La Aviación Naval de Chile (Santiago: MP & Vising, 1998): 179-184.

46 Decreto Supremo nº 682 del 31 de marzo de 1928.

47 Decreto Supremo nº 1.105 del 31 de mayo de 1928.

48 Sociedad Científica de Chile. “Primera Sesión Ordinaria en 4 de Abril de 1932” Actes de la Société Scientifique du Chili nº XXXVII-XLII (1927-1932): CXXI.

49 Pablo Mancilla. “El Congreso Nacional y la Política Antártica Chilena: Declaraciones de Carlos Ibáñez al New York Herald Tribune y las Visitas del USS Edicto y HMS Protector, 1955-1956” Revista Estudios Norteamericanos nº 13 (primer semestre, 2006): 145-161; Mauricio Jara. “La Posición Chilena en la Conferencia de Washington de 1959 a través de La Unión de Valparaíso” Revista Estudios Norteamericanos Vol. 3 nº 1 (2002): 69-78; Mauricio Jara. “La Reunión Antártica de Canberra de 1961: La Posición de Chile y Estados Unidos” Revista de Estudios Norteamericanos nº 12 (segundo semestre, 2005): 43-48; Pedro Oyarce. “Comentarios sobre la Relación entre el Tratado Antártico y el Desarme” Revista Diplomacia nº 30 (1984): 21-26; Christopher Beerby. “El Sistema del Tratado Antártico y un Régimen de Minerales” Revista Diplomacia nº 38 (1986): 18-25; Carlos Bustos. “Seminario Nacional sobre la Antártica” Revista Diplomacia nº 40 (1987): 28-33; Orlando Rebagliati. “Régimen para los Minerales Antárticos y las Reivindicaciones de Soberanía” Revista Diplomacia nº 44 (1988): 42-54; Christopher Beerby. “La Reglamentación de las Actividades Relacionadas con los Recursos Minerales Antárticos” Revista Diplomacia nº 47 (1989): 8-25; María Teresa Infante. “Pacífico, Antártida y Medio Ambiente. Chile y sus Nuevas Fronteras” Revista Diplomacia nº 64 (junio, 1994): 53-56; Hernán Risso. “La Antártica un Territorio de Hielo” Boletín Antártico Chileno Vol. 10 nº 1 (enero-junio, 1990): 11-19. Durante los años 1957 y 1958 se realizó el Tercer Año Polar Internacional que fue llamado Año Geofísico Internacional (AGI) donde participaron Chile y otras 11 naciones con amplios programas científicos en el continente antártico, siendo el mayor esfuerzo de los países con intereses en este continente por colaborar y cooperar entre ellos para el logro de un sinnúmero de objetivos. Finalmente, las experiencias adquiridas durante el AGI y la difícil situación mundial causada por las discordias de la Guerra Fría llevarán a la firma del Tratado Antártico en Washington en diciembre de 1959 cuyos miembros se reúnen  periódicamente para tratar variados temas científicos.

50 “Chile y el Año Polar Internacional” Revista de Marina nº 448 (1932): 399. Por Decreto Supremo nº 2.031 del 30 de noviembre de 1931.

51 “Chile y el Año Polar…”: 399.

52 Sociedad Científica de Chile. “3º Sesión General Ordinaria en 31 de Mayo de 1932” Actes de la Société Scientifique du Chili nº XXXVII-XLII (1927-1932): CXXIX.

53 Ramón Cañas Montalva. “Misión Geográfica Militar” Memorial del Ejército de Chile nº 219 (julio-agosto, 1947): 28-29. La institucionalidad castrense, vio hacia fines del siglo XIX la imperiosa necesidad de lograr un adecuado conocimiento del territorio chileno. Es así, que en 1881, se creó el Servicio Geográfico del Ejército, que en los años siguientes y bajo distintas denominaciones –Oficina Geográfica, Sección Cartográfica y Departamento del Levantamiento- desarrolló un importante trabajo cartográfico. Finalmente, el Instituto Geográfico Militar fue creado en 1922 por Decreto Supremo nº 1.664.

54 Eduardo Ortiz y Alberto Maiztegui. “La Comisión del Arco Polar de Meridiano. Astronomía, Geodesia, Oceanografía y Geofísica en la Argentina de 1935-1945” Revista Saber y Tiempo nº 19 (2005): 127-187.

55 Humberto Fuenzalida y Eusebio Flores. “Estado de la Geografía en Chile” Revista Geográfica Militar Terra Australis nº 14 (1956): 104. Hacia 1946, el Comité de Geografía, Geodesia y Geofísica, tenía una amplia participación con organismos científicos internacionales, entre los cuales destacaron: Instituto Panamericano de Geografía e Historia, Unión Geográfica Internacional, y la Unión Geodésica y Geofísica Internacional.

56 Aniceto Almeyda. “Reseña Histórica de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía” Revista Chilena de Historia y Geografía nº 124 (1956): 15-16.

57 Sergio López. “El General Ramón Cañas Montalva” Revista Chilena de Historia y Geografía nº 158 (1990): 67-80.

58 Humberto Barrera. “Ramón Cañas Montalva (26 febrero 1896-12)” Revista Chilena de Historia y Geografía nº 145 (1977): 280-283; Óscar Pinochet de la Barra. “Ramón Cañas Montalva, Un Tenaz Precursor Antártico” Boletín Antártico Chileno Vol. 15 nº 2 (1996): 2-4.

59 Revista Geográfica Militar Terra Australis nº 1 (1948).

60 Revista Geográfica Militar Terra Australis nº 3 (1950).

61 Revista Geográfica Militar Terra Australis nº 4 (1950).

62 Revista Geográfica Militar Terra Australis nº 9 (1953).

63 Revista Geográfica Militar Terra Australis nº 10 (1953).

64 Revista Geográfica Militar Terra Australis nº 14 (1956).

65 Revista Geográfica Militar Terra Australis nº 15-16 (1958).

66 Ramón Cañas Molvalva. “La Antártica: Visionaria Apreciación del General O’Higgins” Memorial del Ejército de Chile nº 194-195 (1944): 375-394; Ramón Cañas Montalva. “Zona Austral Antártica” Memorial del Ejército de Chile nº 202-203 (enero-febrero, 1945): 514; Ramón Cañas Montalva. “Zona Austral Antártica” Memorial del Ejército de Chile nº 209 (noviembre-diciembre, 1945): 34-42.

67 xequiel Rodríguez. “Viaje a la Antártica” Revista de Marina nº 497 (1940): 531.

68 “El Almirante Richard Byrd” Revista de Marina nº 495 (1940), pp. 135.

69 Carlos Tromben. “Se Gesta la Primera Expedición 1946/47” Boletín Antártico Chileno Vol. 16 nº 1 (1997): 2-3.

70 Rodríguez. “Participación de Dos Oficiales…”: 75.

71 “El Almirante Allard a Bordo del North StarRevista de Marina nº 494 (1940): 127.

72 Rodríguez. “Participación de Dos Oficiales…”: 73-74.

73 Rodríguez. “Participación de Dos Oficiales…”: 76.

74 Rodríguez. “Participación de Dos Oficiales…”: 77.

75 Rodríguez. “Participación de Dos Oficiales…”: 78.

76 Silvia Ripamonti. Visión de Julio Ripamonti (Santiago: Ed. Mar del Plata, 1986): 65-66.

77 En la primera expedición antártica chilena, la Sociedad Chilena de Historia y Geografía tuvo la oportunidad de enviar a dos de sus integrantes Eusebio Flores y Humberto Barrera. Este último también iba en representación de la Sociedad Científica de Chile, la Universidad de Chile y, el Comité Nacional de Geografía, Geodesia y Geofísica.

78 Humberto Barrera. “La Expedición Byrd a la Región Antártica” Revista Chilena de Historia y Geografía nº 96 (enero-julio, 1940): 285-294.

79 Tromben. “Se Gesta la Primera…”: 2 y 5.

80 Rodríguez. “Viaje a la Antártica…”: 531.

81 Rodríguez. “Viaje a la Antártica…”: 532.

82 Óscar Pinochet de la Barra. Medio Siglo de Recuerdos Antárticos (Santiago: Ed. Universitaria, 1994): 24.

83 Ramón Cañas Montalva. “Chile en el Pacífico – Argentina en el Atlántico, Factores de Estabilidad Continental” Revista Geográfica Militar Terra Australis nº 14 (1956): 65-66 y 80-81.

84 Cañas. “La Antártica. Visionaria Apreciación…”: 377; Salvador Reyes. Fuego en la Frontera (Santiago: Ed. Arancibia Hnos., 1968): 137.

85 Francisco Orrego. “Evaluación del Aporte de las Universidades Chilenas al Desarrollo y Conocimiento Antártico” En: Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile. Primer Seminario Nacional sobre la Antártica (Santiago: Ed. Universitaria, 1986): 67-81; Luis Komlos. “Desarrollo del Concepto de “Soberanía y Ciencia” en el Quehacer Antártico Institucional” Memorial del Ejército de Chile nº 473 (agosto, 2004): 161.

 
 

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