Historia y Arqueología Marítima

 

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EL INSTITUTO GEOGRÁFICO ARGENTINO COMO PIONERO DE LA ACTIVIDAD CIENTÍFICA ARGENTINA EN LA ANTÁRTIDA

Indice Antartida

Ponencia en el XIV Encuentro de HistoriadoresAntarticos Latinoamericanos- Chile 2015

Por  Eugenio A. Genest- Argentina

En este trabajo se presentan una serie de propuestas presentadas por ciudadanos de diferentes nacionalidades que residían en la República Argentina a fines del siglo XIX. Estas iniciativas fueron canalizadas a través del Instituto Geográfico Argentino, una de las instituciones fundantes de las actividades científicas argentinas, especialmente en lo que respecta a las zonas patagónica y antártica.

Desde mediados del siglo XIX, los intereses manifestados por algunos países por las regiones del Polo Sur, tanto europeos como americanos, se extendían desde la búsqueda por la ampliación de los conocimientos geográficos y de otra índole, o por encontrar nuevos recursos vivos que paliaran sus ya muy explotadas costas –estos eran focas y ballenas. Fueron estos intereses económicos los que determinaron la realización de innumerables viajes a la región y en el futuro próximo serían la fuente de diferentes disputas por la posesión de estos parajes ricos en los recursos que sus economías requerían para continuar con su progreso.

El gran interés de la comunidad científica internacional se puso de manifiesto en los importantes y trascendentales Congresos Internacionales de Geografía que alentaban la investigación científica en zonas totalmente alejadas de sus países, tendientes a obtener a través de nuevos descubrimientos que permitiesen sostener sus altos niveles de producción industrial y procurar nuevas riquezas para sus países.

La República Argentina no era ajena a estos nuevos afanes de descubrimientos, por una parte, debido a que muchas de estas expediciones hacia el Sur recalaban en sus puertos y aprovechando sus visitas a la ciudad de Buenos Aires pronunciaban conferencias alentando a la ciudadanía a tomar parte en esta nueva corriente.

Este fue el caso del Instituto Geográfico Argentino fundado en el año 1879, como una sociedad científica para los estudios geográficos, que según la opinión del Lic. Santiago Mauro Comerci, había de ser en lo que restaba del siglo, la entidad señera de los intereses argentinos por su territorio antártico. El primer presidente de la institución fue el Dr. Estanislao S. Zeballos. Sus miembros eran jóvenes universitarios muy vinculados con el quehacer político y económico argentino, destacándose entre ellos: Luis A. Huergo, Augusto Ringuelet, Francisco Pascacio Moreno, Justo R. Dillon, Félix Rojas, Juan Pirovano, José León Suárez, Carlos Stegman, Angel Silva, Guillermo White, Francisco Lavalle, Carlos Berg, Juan Remorino y Juan J. Rey. Casi todos ellos cumplieron destacadísimas actividades por las que aún, actualmente, son recordados de muy diferentes formas.

El Instituto Geográfico Argentino publicaba un “Boletín” en el que se manifestaba un gran interés por todas las regiones de nuestro país, especialmente las inexploradas y habiendo hecho hincapié en las tierras australes prácticamente desconocidas por aquel entonces.

En 1880 el oficial de la Armada italiana Giacomo Bove, cuya experiencia como expedicionario hacia las regiones boreales databa de haber participado como guardiamarina en la expedición al Polo Norte del Dr. Nils Adolfo Nordenskjold, con el “Vega” en la búsqueda del paso del Nordeste. Bove proyectó una expedición hacia la Antártida y para cuya realización solicitó el apoyo del Instituto, tendiente a obtener el apoyo material necesario para el logro. Las autoridades de la institución recibieron con gran beneplácito esta iniciativa que no contaba con el respaldo oficial del Gobierno italiano. Según Comerci ese gobierno se encontraba interesado en las exploraciones al continente africano.

El Instituto decidió brindar su auspicio en 1881 a la denominada “Expedición Austral Argentina”, a cuyo frente estuvo Bove y que contó como uno de sus patrocinadores a Zeballos, quien decía en su discurso destinado a promover la formación de la Comisión Central Cooperadora de la Expedición al Polo Sur, “una sociedad científica del carácter del Instituto Geográfico Argentino no podía permanecer indiferente ante ese programa…por los grandes resultados a obtenerse para la ciencia, y que además abarcaba el estudio de regiones casi ignotas de la República…”.

En estas palabras de Zeballos se encuentra el pensamiento que animaba a los miembros del Instituto, en tanto a lograr un mayor conocimiento en lo atingente a los descubrimientos geográficos y científicos de partes casi no recorridas del territorio nacional.

Por razones políticas el Gobierno modificó el proyecto de Bove1, suprimiendo su etapa antártica y lo encuadró en una ley de octubre de 1880 que ordenaba el estudio hidrográfico de las costas patagónicas para obtener un mejor conocimiento de la zona y su señalización. Esta expedición efectuó relevamiento de la isla de los Estados y del canal de Beagle. Hecho que, según la opinión de Comerci, significaba “señalar los rumbos y apoyos para la ruta polar”. Será a comienzos de 1882 que el profesor Eugenio Bachman2, de la Universidad de Córdoba, se dirigió al presidente del Instituto en una carta donde propone la realización de una expedición para establecer bases en distintas áreas antárticas. La misma, debía de tener de carácter internacional y realizar observaciones simultáneas de los distintos fenómenos físicos y de la naturaleza en diversas disciplinas científicas (especialmente la gravimetría y meteorología), las que realizadas simultáneamente en distintos lugares permitirían corroborar los principios que rigen las grandes leyes de la meteorología y la gravimetría en el hemisferio sur.

Señalamos la figura del profesor E. Bachman, puesto que consideraba que la Argentina debía establecer sus leyes en su sector y que se ofrecía para dirigir alguna de estas experiencias y concretar así la prioridad Argentina en la Antártida. Según la experta opinión del Dr. Ricardo Capdevila “el plan de Bachman era profético y anunciaba varios años antes las resoluciones del Congreso de Geografía de Berlín de 1899 y la futura instalación de bases permanentes en la Antártida”. Informa el Contraalmirante Laurio H. Destefani3 que para el año 1884 los diarios de Buenos Aires anunciaron la pronta aparición de la edición de un Atlas Geográfico, que con un subsidio estatal editaría el Instituto Geográfico Argentino. Esto provocó un intercambio de notas con la Embajada del Reino Unido, puesto que en el mismo figuraban las islas Malvinas.

El Dr. E. Zeballos en el mes de noviembre de 1884, se dirigió a los cadetes de la Escuela Naval y les señalaba la división de las Fuerzas Armadas en lo operativo específico y la rama científica de apoyo a la primera, especialmente en lo geográfico. Destacaba que hacia el sur todo era un misterio, desde la vida que palpita en el fondo desconocido del mar, hasta la que se agita en las altas capas de la atmósfera, todo está invitando a la ciencia a llevar sus investigaciones. Se lamentaba que existieran pocas personas que se arriesgaran más allá de las latitudes de Tierra del Fuego, más allá todavía de las islas Shetland del Sur y de la Tierra de Graham4, que son los que han logrado entrever como un sueño en la noche de los tiempos la silueta de un Continente Austral que invade el mar polar en pos de cuyas tierras ignoradas el Instituto Geográfico Argentino ha pretendido lanzar una nave sin poderlo conseguir por el fatal enervamiento de nuestro país en punto a la navegación, que le ha impedido llevar la bandera argentina a la vanguardia del mundo, para clavarla, como el estandarte de Colón, en tierra entrevista pero jamás hallada por el hombre.

Este llamamiento de Estanislao Zeballos, es de gran valor para ilustrar la conciencia existente en ese grupo de destacadas personalidades argentinas en señalar el destino nacional en el continente antártico. Asimismo, pone de manifiesto la importancia de la labor del Instituto Geográfico Argentino para estimular y alentar la realización del gran desafío nacional en la Antártida. Menciona también la oportunidad perdida de efectuar estas tareas durante la proyectada expedición de Bove.

Pasarían muchos hasta que el entonces coronel Jorge E. Leal, siguiendo los lineamientos preparados oportunamente por el General Hernán Pujato, hiciera flamear la bandera argentina en el Polo Sur. También debemos mencionar otros proyectos canalizados a través del Instituto Geográfico Argentino, como fueron los presentados tanto por Julio Popper como Luis Neumayer, quienes solicitaron al Gobierno argentino autorizaciones para realizar expediciones en la Antártida. Ambos proyectos no llegaron a buen fin, pero son muy útiles para demostrar como la conciencia de la necesidad de exploración y descubrimiento en la región fueron alentadas por el Instituto.

El proyecto presentado por el ingeniero rumano Julio Popper, quien había fundado un establecimiento para lavado de oro en el Páramo, sobre la costa noreste de la isla grande de Tierra del Fuego tendía al establecimiento de una factoría en la Antártida para la faena y procesamiento de focas y ballenas. Para esto en 1892 presentó una solicitud al Ministerio del Interior argentino. Desgraciadamente esto no pudo llevarse a cabo por su prematuro fallecimiento. Posteriormente, en el año 1894, otro argentino por adopción, don Luis Neumayer,  elevó una solicitud a la Presidencia de la Nación consistente en una autorización para la exploración de la entonces desconocida “Tierra de Graham” (península Antártica), y estudiarla usando su experiencia de explorador patagónico, comprometiéndose a entregar al gobierno argentino los estudios que realizara. Esta solicitud fue girada a los diferentes organismos del Estado competentes para su resolución.

Fue el Almirante Solier, quien manifestó su apoyo al proyecto. Con fecha 29 de diciembre de 1894, el Presidente Luis Saénz Peña suscribió la resolución otorgando al señor Luis Neumayer autorización para realizar los estudios proyectados. En esta decisión se limita a Neumayer a no poder explotar las riquezas minerales o vegetales y obligándose a informar oportunamente al Gobierno argentino de sus hallazgos.

Por otro lado, en 1890 tuvo lugar en Londres una Conferencia Internacional para tratar asuntos relacionados con la Antártida. En esa Conferencia se convino que cada una de las naciones interesadas organizara sus propias expediciones con el objeto de investigar simultáneamente todo lo referente a las tierras antárticas, deshabitadas y cubiertas de hielo, pero a las que se señalaba como formando un nuevo y extenso continente.

En julio de 1895, se reúne en Londres el 6º Congreso Internacional de Geografía, contando con la asistencia de los más destacados hombres de ciencia del mundo. Durante sus sesiones, teniendo a la vista la información recogida en el Primer Año Polar Internacional, celebrado entre el 1º de agosto de 1882 y el 31 de agosto de 1883, se activó el interés por la exploración de la Antártida, donde ningún descubrimiento importante se había hecho en la última mitad del siglo, y los ambientes científicos ignoraban la existencia de ese clima riguroso, de cualquier forma de vida vegetal, aun la primaria.

A su término, el Congreso aprobó la siguiente recomendación: “Que el Congreso deja sentada su opinión de que la exploración de las regiones Antárticas, es la mayor tarea de exploración geográfica todavía por emprender. Que en vista de las contribuciones al conocimiento en casi todas las ramas de la ciencia que resultaría de tal exploración científica, el Congreso recomienda a las asociaciones científicas de todo el mundo, urgir y propiciar por los medios que juzguen más efectivos, que dicha exploración se concrete antes del fin de la centuria”. En relación con estos aspectos es sumamente importante rescatar los proyectos mencionados con anterioridad, para comprender en profundidad como en los círculos relacionados con los estudios geográficos tendientes al descubrimiento de las potenciales riquezas naturales que ofrecía el territorio nacional fueron encauzadas y alentadas profundamente por el Instituto Geográfico Argentino.

Para finalizar transcribimos la nota encontrada por el Licenciado Santiago Mauro Comerci5, gran investigador y pionero en la investigación histórica antártica argentina, en el Archivo General de la Armada, y en la que se ponen de manifiesto los grandes intereses argentinos por el continente blanco que en el momento eran interpretados por el Instituto.

Será a través de esta nota que se nos permitirá apreciar el carácter pionero en la investigación científica antártica del Instituto Geográfico Argentino, alentando nuevos descubrimientos de tierras y de recursos vivos y minerales, la toma de posesión por el Gobierno argentino, utilizando como medio de transporte a la cañonera “Uruguay”; la que posteriormente sería utilizada para el rescate de la expedición sueca del Dr. Otto Nordenskjold en la que participó el primer ciudadano argentino que invernó en la Antártida, el Alférez de Navío José María Sobral.

BIBLIOGRAFÍA

Ricardo Capdevila y Santiago M. Comerci, “Historia Antártica Argentina”, Dirección Nacional del Antártico, Buenos Aires, 1983.

Ricardo Capdevila y Santiago M. Comerci, “Apuntes para una Historia Antártica Argentina”, Mimeo no publicado, Buenos Aires, 1978.

Laurio H. Destefani, “Historia Marítima Argentina”, Publicaciones Navales, Buenos Aires, 1990.

ANEXO

NOTA PRESENTADA POR EL INSTITUTO GEOGRÁFICO ARGENTINO AL SEÑOR PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA.

“Buenos Aires, noviembre 23, 1896.-

Exmo. Señor:

El Instituto Geográfico Argentino, animado siempre en su propósito de propender al adelanto de la geografía nacional, ha resuelto contribuir una vez más con su esfuerzo para enviar una expedición a las más apartadas regiones del hemisferio austral, creyendo que es hoy el momento propicio de efectuar esta empresa que constituye una preocupación para el mundo científico y para el comercio y, teniendo en cuenta además que el desarrollo creciente de la República exige ya el afianzamiento de su dominio efectivo sobre todos los puntos respecto de los cuales le asiste un derecho incontestable.

El archipiélago de Shetland, hacia donde piensa enviarse la Expedición, se halla formado, entre otras, por las islas Clarence, Elefante, Rey Jorge, Nelson, Roberts, Greenwich, Livingston, Decepción, Nieve, Baja y Smith. Se extienden en una superficie de 260 millas nord-este a sud-oeste, hallándose su punta más oriental (isla Pan de Azúcar) en la latitud Sur de 61º15’ y en la longitud oeste de Greenwich de 53º50’. El límite occidental (isla de William Rook) se encuentra en los 63º17’ latitud sur y 63º 0’ longitud oeste de Greenwich.

En esos curiosos territorios, cubiertos en su mayor parte de altas cadenas de montañas, si bien la flora no representa valor alguno, no puede decirse otro tanto de los minerales y sobre todo de la fauna. Es un hecho vulgar, de todos conocidos, que la caza y la pesca de los lobos marinos en las regiones australes, han producido pingues beneficios a numerosas expediciones comerciales y, para no citar más que ejemplos comprobados por la verdad histórica, sólo haré mención de los viajes de Weddell, el marino inglés que descubrió estas islas en 1823, el cual a su regreso de varias expediciones, llevó a Inglaterra nada menos que 20.000 toneladas de aceite de lobos y 300.000 cueros que fueron vendidos a seis chelines cada uno.

En cuanto a riquezas minerales, puede decirse que el carbón, por ejemplo, que allí se encuentra fácilmente en la superficie, ofrecerá un ancho campo de explotación, sobre todo si, como es probable, las capas inferiores son proporcionalmente abundantes.

Todas estas, sin embargo, no son sino, someramente, las ventajas económicas que podrían resultar de la exploración de esas regiones; pero hay otros puntos de vista, todavía más trascendentales, que la aconsejan y la imponen a nosotros: en primer lugar una razón científica que será honor para la Armada y para esta institución y la razón política y humanitaria que nos obliga a la toma de posesión de esas islas, que están indicadas como punto de descanso y reparación de los buques corridos por las tempestades del Cabo de Hornos, pues hasta ella no llegan los fuertes vientos del Sud-oeste que tanto encauzan en las zonas más próximas del Continente.

Con esta empresa quedarían desvanecidos por completo los temores que infunden las Shetland a los marinos, debido al total desconocimiento que se tiene de ellas en general, que ha hecho a veces preferible la permanencia en el mar antes que el arribo a sus costas, cuando las borrascas de aquellas aguas los han arrojado cerca.

Es pues de urgencia establecer allí la estación destinada al socorro de los navegantes, previendo el desarrollo que ha de alcanzar nuestra marina mercante, en armonía con el aumento de población y del comercio de nuestro litoral marítimo. Así como, la Armada Nacional reportará grandes ventajas con la ocupación de estas islas, que ha de ofrecerle conveniencias en todo momento. El Instituto, Exmo. Señor, al iniciar una vez más la tarea de la realización del viaje a las Shetland, ha contado con los recursos suficientes para enviar al personal y material científico de la expedición, pero convencido de la magnitud de la empresa y de las conveniencias nacionales que hay en efectuarla, no ha vacilado en dirigirse a V. E. en la seguridad que prestará su apoyo, facilitando un buque de la Escuadra y los elementos necesarios para embarcar la Expedición, dando así a nuestra Armada la oportunidad de llenar uno de sus nobles fines. Dicho buque, salvo mejores opiniones técnicas, podría ser la cañonera “Uruguay” que por sus condiciones náuticas ofrece las más amplias garantías.

Si V. E. se digna acoger favorablemente este proyecto, que no se halla inspirado más que en el deseo de continuar siendo útiles al país y a la ciencia, quedará cumplido uno de los más honrosos propósitos anhelados por esta institución, reflejo de este caso de múltiples aspiraciones y de vastos intereses.

Aprovecho esta oportunidad para saludar a V. E. con su más elevada consideración.

FIRMADO: Francisco Seguí; Francisco M. Trelles; Enrique Larroundie”.

NOTAS

1 Destefani, Laurio H., “Historia Marítima Argentina”, 1990. “Acompañaba a Bove un destacado número de científicos italianos que hicieron exploración, observaciones y relevamientos de la isla de los Estados. En el Beagle se hizo una descripción de los indígenas y de su distribución geográfica”: 430.

2 Destefani, Laurio H., “el profesor Bachman era una austriaco nacido en 1835, marino de profesión y llegó a ser director general de un arsenal naval en su país. En 1870 viajó a la Argentina y fue nombrado por Sarmiento como 2º astrónomo en el Observatorio de Córdoba, se desempeñó como profesor de ciencias exactas y naturales en la Universidad de esa provincia”: 430.

3 Destefani, Laurio H.: 419.

4 Denominación usada en la época para designar a la península Antártica.

5 Comerci, Santiago M., Mimeo preparado por el Licenciado Comerci y el Dr. Ricardo Capdevila, para ser impreso por la DNA, Dirección Nacional de la Antártida, Buenos Aires, Argentina.

 

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