Historia y Arqueologia Marítima

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La Base Antartica de Hitler : Mito y Realidad

 

Introduccion Metodología La expedición antártica alemana de 1938 – 1939 La supuesta base alemana
La Operación Tabarín ¿Visitaron la Antártida los submarinos U-530 y U-977?

La Operación Highjump

El Almirante Byrd y los OVNI
¿Se hicieron detonar bombas atómicas sobre la Antártida? Conclusiones Agradecimientos Referencias

Por Colin Summerhayes (Scott Polar Research Institute, University of Cambridge, Lensfield Road, Cambridge CB2 1ER) y Peter Beeching (402–800 Eglinton Av. W., Toronto, M5N 1G1, Canada).

El original en ingles, en formato PDF fue publicado en:

 Polar Record, Volume 43, Issue 01, January 2007, pp 1-21 doi: 10.1017/S003224740600578X, Published online by Cambridge University Press 16 Jan 2007

NOTA del webmaster de Histarmar.

Cuando se estaba escribiendo este artículo, el autor pidió permiso de utilizar datos e imágenes de Histarmar, que a través de El Snorkel también le fueron facilitadas, con la intención de que el articulo final fuera libremente publicado y leído sin costo. Esto ocurrió en un principio, y por lo tanto coloque un link a la Universidad de Cambridge que lo publicaba. Dado que en la actualidad esto no se puede leer a menos que se le pague a la Universidad, va contra nuestros principios y por lo tanto he colocado la obra completa (escrita en ingles) en formato PDF en el sitio web de Histarmar, al cual se puede acceder AQUI.

Tambien han hecho una excelente traduccion al castellano Irai Freyre y Carlos Vairo, del Museo Maritimo Ushuaia, a quienes agradecemos haber dado la posibilidad de su lectura a los lectores de habla castellana, y que aquí se presenta..

RESUMEN. Entre enero y febrero de 1939, una expedición alemana secreta visitó la Tierra de la Reina Maud –Dronning (o Queen) Maud Land–, en la Antártida, con la aparente intención inter alia de establecer una base en aquel lugar. Entre 1943 y 1945, los británicos lanzaron una operación antártica secreta de guerra cuyo nombre clave era Tabarín. Aparentemente tomaron parte hombres del Regimiento de Servicios Aéreos Especiales (Special Air Services Regiment, SAS), las fuerzas británicas encubiertas que operaban tras las líneas enemigas.  En julio y agosto de 1945, luego de la rendición de los alemanes, dos submarinos alcanzaron las costas de Argentina. ¿Habían estado en la Antártida para desembarcar un tesoro u oficiales nazis? En el verano meridional de 1946 – 1947, la Armada de los EE. UU. pareció “invadir” la Antártida con un gran despliegue de fuezas. La operación, de nombre clave Highjump, se clasificó como confidencial.  En 1958, se detonaron tres armas nucleares en la región, como parte de otra operación estadounidense clasificada, de nombre clave Argus. Dada la falta inicial de información sobre estas actividades diversas, quizá no sorprende que algunos las hayan relacionado produciendo un patrón en el cual los gobiernos resultarían acusados de ocultar información sobre “lo realmente sucedido”. Estos datos servirían para crear el mito de una gran base alemana en la Antártida y de los esfuerzos aliados por destruirla. Partiendo de los saberes sobre la Antártida y de la información relativa a estas actividades publicada desde principios de la década de 1940, se demuestra lo siguiente:  los dos submarinos no pueden haber llegado a la Antártida; no existió una base alemana secreta durante la guerra en la Tierra de la Reina Maud; las tropas de los SAS no atacaron la supuesta base alemana; los hombres del SAS que estaban en la región en aquel momento se desempeñaban en trabajos civiles; la Operación Highjump se ideó para entrenar a la Armada de los EE. UU. para una posible guerra contra la Unión Soviética en el Ártico, y no para atacar una supuesta base alemana en la Antártida; y la Operación Argus tuvo lugar en el océano a más de 2000 km al norte de la Tierra de la Reina Maud. Posteriormente, estas actividades se desclasificaron y ya no resulta difícil separar la fantasía de la realidad, a pesar del hecho de que a muchos les parece tentador no hacerlo.


Introducción

Una de las expediciones antárticas menos conocidas es la de los alemanes que, a bordo de una nave llamada Schwabenland, estuvieron en el continente blanco entre el 17 de diciembre de 1938 y el 12 de abril de 1939, unos meses antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial.  Esta expedición visitó la parte occidental del territorio que actualmente se conoce como la Tierra de la Reina Maud (Fig. 1).

 La expedición surgió de la preocupación del gobierno alemán por el futuro de la industria ballenera nacional.  En esa época, la caza de ballenas era una actividad importante que suministraba aceite, lubricantes, glicerina (para producir la nitroglicerina usada en explosivos), margarina y otros artículos de primera necesidad (Lüdecke 2004: 75; Mills 2003: 552). Alemania invertía mucho en esta industria y su flota ballenera estaba integrada por cincuenta buques cazadores y siete buques factoría, los cuales produjeron 492 532 barriles de aceite en la temporada ballenera de 1938 – 1939.La flota operaba frente a la costa de la Tierra de la Reina Maud, que había sido descubierta por balleneros noruegos (Christensen 1935, 1939), pero todavía no se la conocía oficialmente por dicho nombre. Este territorio se había reclamado en nombre de Noruega, pero sin un anuncio oficial por medio de una proclama real (Mills 2003). El gobierno alemán lamentó no encontrarse en la misma situación en lo referente al Atlántico Sur, en donde Gran Bretaña imponía su derecho de cobrar derechos altos por las concesiones balleneras e imponía restricciones sobre esta actividad. Por lo tanto, se planificó una expedición secreta para reclamar un área de la Antártida para Alemania y buscar allí un lugar adecuado para una base de la flota ballenera alemana (Lüdecke 2004; Mills 2003).

 La expedición fue autorizada por Herman Goering como parte del plan alemán de desarrollo económico de cuatro años.  Entre los objetivos que se admitieron públicamente se encontraba la continuación de los estudios científicos iniciados anteriormente en ese siglo por Erich von Drygalski, aproximadamente a los 90° E, y por Wilhelm Filchner en el Mar de Weddell.

 Pero también tenía algunos objetivos militares secretos. En el viaje de regreso, tendría la misión de investigar si las aisladas islas brasileñas Trinidade y Martín Vaz, ubicadas a prácticamente 1000 km al este de Victoria en Brasil, eran adecuadas para el desembarco de la Armada Alemana, especialmente para los submarinos (Lüdecke 2004:81). Además, según Mills (2003: 552), Goering deseaba saber más sobre cualquier oportunidad estratégica que pudiera ofrecer el Atlántico, y también aprender sobre el funcionamiento de los aviones a bajas temperaturas, conocimiento que demostraría ser útil durante la invasión alemana a la Unión Soviética.

 Se planeó una serie de expediciones. La primera, en el período 1938–1939, iba a trazar mapas de la región por aire con fines de descubrimiento y exploración antes de presentar reclamos territoriales o decidir en dónde ubicar una base ballenera.  La expedición logró, en gran parte gracias al buen tiempo, sobrevolar el territorio entre los 5° O y los  15° E y pudo utilizar fotografía aérea oblicua para trazar mapas de un área de unos 250 000 km2 entre los 11° O y los 20° E aproximadamente, zona a la que denominaron NeuSchwabenland (Brunk 1986: mapa 3; Mills 2003). En esta área descubrieron una nueva cadena montañosa de más 800 km de extensión y 3000 m de altura a unos 200 km de la costa (Ritscher 1942).

Fig. 1. La Tierra de la Reina Maud, las montañas Mühlig-Hofmann y otras, la ubicación de la base Maudheim de la Expedición Antártica Noruego Británico Sueca de 1949 – 52, y las ubicaciones de las actuales bases nacionales. Un recuadro muestra el sitio de la Tierra de la Reina Maud en la Antártida. Las cotas se muestran a intervalos de 500 metros. El sombreado indica las plataformas de hielo a lo largo de la costa. Los afloramientos rocosos se representan en colores plenos. (Cortesía de Stein Tronstad, Norwegian Polar Institute).

 Los noruegos no habían visto estas montañas nuevas cuando exploraron y fotografiaron el borde frente a la Tierra de la Reina Maud desde el aire durante la expedición del Norvegia de 1929. Sin embargo, habían descubierto las Montañas Sør Rondane 200 km tierra adentro cerca de los 26° E, el 6 de febrero de 1937 (Christensen, 1939).

 Las expediciones alemanas de seguimiento planificadas para 1939–1940 y 1940–1941, que podrían haber conducido a la construcción de una base si el reconocimiento hubiera sido exitoso, no se pudieron llevar a cabo por el estallido de la guerra (Lüdecke 2004: 86–89). Los autores no pudieron hallar ningún documento alemán que indique que la actividad alemana continuó en la Tierra de la Reina Maud después de la expedición del Schwabenland y durante la Segunda Guerra Mundial (ver también Lüdecke 2004). De hecho, no hubo actividad alemana oficial en la Antártida hasta después de 1959, cuando los primeros alemanes pisaron la Tierra de la Reina Maud con la expedición rusa al Oasis Schirmacher (Gernandt 1984).

 Por el contrario, los británicos tuvieron presencia en la Antártida durante la guerra. Como parte de sus aspiraciones coloniales, Gran Bretaña reclamó el segmento de la Antártida ubicado entre las longitudes 20° y 80° O, que incluye la Península Antártica y prácticamente todas las islas circundantes, las Shetland del Sur, Orcadas del Sur, Sandwich y Georgias del Sur, cuyo conjunto se hizo conocido como Islas Malvinas y sus Dependencias; las Islas Malvinas eran las colonia británica más cercana (Fuchs 1982: 20).   La posesión formal de estos territorios se promulgó por Carta Patente en 1908 (enmendada en 1917). Entre 1925 y 1947, Argentina reclamó prácticamente la misma región, al igual que Chile en 1940 (Fuchs 1982: 20–21).

 Teniendo en cuenta que, a comienzos de la Segunda Guerra Mundial, Argentina y Chile mantenían buenas relaciones con Alemania, Gran Bretaña decidió, durante la guerra, que necesitaba demostrar ocupación como una de las vías para refutar estos reclamos coincidentes.   Los británicos eligieron hacer esto estableciendo bases con una dotación permanente que pudiera ser aprovechada para obtener información sobre la actividad naviera, para negar el uso de puertos a los barcos alemanes y para brindar apoyo a los equipos de investigación que desempeñaban tareas de descubrimiento geográfico e investigación científica (Fuchs 1982: 22 - 54). Con el fin de impedir que los enemigos potenciales usaran las islas como bases, se envió en principio al HMS Queen of Bermuda a Isla Decepción, en la costa oeste de la Península Antártica, en marzo de 1941 para destruir las reservas de carbón y perforar los tanques de combustible. Argentina había colocado marcas de soberanía en Isla Decepción. Pero éstas fueron destruidas en enero de 1943 por el HMS Carnarvon Castle, que izó allí la bandera del Reino Unido (Sullivan 1957).

 En 1943, Gran Bretaña comenzó a planificar la ocupación del territorio. La Armada Real montó un ejercicio militar secreto, bajo el nombre clave Operación Tabarín, para establecer bases en la península y en las islas situadas al oeste (Fuchs 1982: 22–54; Mills 2003: 489). Según estos autores, los intereses británicos durante la guerra no alcanzaban a la Tierra de la Reina Maud, 1000 km al este cruzando el Mar de Weddell.

 El siguiente hecho bien documentado relacionado con el tema de este trabajo tuvo lugar en las primeras horas del 10 de julio de 1945, dos meses después de la rendición alemana, cuando un submarino alemán, un U-530, entró en la base naval argentina de Mar del Plata (NARA 1985; Blair 1998). Aparentemente el Teniente de Navío Otto Wermuth, el Capitán del U-530, creyó que los argentinos le darían la bienvenida. Su llegada originó muchas especulaciones. Ignorando las noticias del suicidio de Hitler el 30 de abril, muchos creyeron que ese U-530 se las había arreglado para hacer desaparecer de Alemania a Hitler, Eva Braun, Martin Bormann y otros como por arte de magia y que los había desembarcado en la costa de la Patagonia o en una ‘Nueva Berchtesgaden’ en la Antártida.  El 16 de julio, se  publicó un informe detallado del supuesto vuelo de Hitler y su escondite en la Tierra de la Reina Maud, Antártida, en el periódico argentino Crítica, firmado por Ladislas Szabo, un exiliado húngaro que vivía en Argentina (Szabo 1947: 8). Se reprodujo en los diarios más importantes de todo el mundo, por ejemplo con el título “Hitler congelado en la Antártida” (Hitler’s on Ice in Antarctic) en Toronto (Toronto Daily Star, 18 de julio de 1945). Las especulaciones arreciaron cuando el U-977, comandado por Oberleutnant Heinz Schaeffer, apareció en Mar del Plata el 17 de agosto (Schaeffer 1952; NARA 1985; Blair 1998).

 Como al final de la guerra la Argentina se sumó a los Aliados, Wermuth y Schaeffer y sus tripulaciones se convirtieron en prisioneros de guerra y fueron interrogados por la Armada Argentina, la Armada de los EE. UU. y la Armada Real Británica (Schaeffer 1952).  El interrogatorio se centró en si Hitler y/u otros oficiales nazis de alto rango habían en realidad escapado de Alemania en submarino. Finalmente los interrogadores se convencieron de que el arribo tardío de los submarinos al Atlántico Sur era totalmente inofensivo. Wermuth y Schaeffer fueron liberados.

 Pero eso no puso fin a las especulaciones. En su libro Hitler is alive (Hitler está vivo), publicado en 1947, Szabo afirmaba que los dos submarinos eran parte de un convoy que había trasportado a Hitler y otros jerarcas del Tercer Reich a la Antártida, en donde el Schwabenland, a las órdenes del Almirante Dönitzse, había erigido “Nueva Berchtesgaden” entre 1938 y 1939. A pesar de las negativas de Schaeffer (Schaeffer 1952), el rumor continuó propagándose (ver Mattern y Friedrich 1975: 68; Landig 1980).

 Buechner y Bernhart (1989: 216) aportaron un a versión diferente: afirmaban que Hitler realmente había muerto en su búnker de Berlín, pero que luego el U-977 había trasportado sus cenizas a la Antártida, en convoy con otros submarinos, en route a Mar del Plata. Según estos autores, las cenizas se depositaron junto con otros tesoros nazis en seis cajas de bronce forradas en plomo que el U-530 había desembarcado en la Tierra de la Reina Maud y colocado en una “cueva natural de hielo muy especial en las Montañas Mühlig-Hofmann” (Buechner y Bernhart 1989: 188). Para otorgar un aire de autenticidad a este cuento, Bernhart afirmó haber sido integrante de la tripulación del U-530, a pesar de que su nombre no figura en el manifiesto del U-530 que proporcionó la Armada Argentina (Szabo 1947: 13–14).

 Al igual que el convoy fantasma, “Nueva Berchtesgaden” parece ser producto de la imaginación de Szabo (1947: 155) y desde entonces ha sido uno de los elementos preferidos de la mitología nazi (Goodrick-Clarke 2002). Varios autores aceptan la existencia de la supuesta base y que hubo una conspiración para ocultar información sobre el lugar (por ejemplo, Mattern y Friedrich 1975; Friedrich 1979; Stevens 1997, 2003; Choron fecha desconocida; Farrell 2005; y Robert 2005a 2005b, 2005c). Ampliando los dichos de Szabo (1947: 200–202), y construyendo cada uno sobre la base del anterior, van más allá y sugieren que las fuerzas estadounidenses atacaron la base alemana durante la Operación Highjump en el verano meridional de 1946 – 1947, que esas fuerzas fueron repelidas por las armas secretas de los defensores alemanes, y que en consecuencia las fuerzas estadounidenses tuvieron que abandonar el área antes de lo que estaba previsto.   Con el paso del tiempo, este cuento se tornó más elaborado.

Robert (2005a, 2005b, 2005c) publicó recientemente una versión distinta de estos hechos en una trilogía titulada Britain’s secret war in Antarctica (La guerra secreta británica en la Antártida). Robert asevera que no sólo realmente hubo una base alemana secreta en la Tierra de la Reina Maud durante la Segunda Guerra Mundial, sino que además los británicos la espiaron desde su propia base secreta en la Tierra de la Reina Maud. Este autor afirma que los SAS del Ejército Británico atacaron e intentaron destruir la base alemana cerca de la Navidad de 1945. Según Robert (2005c), ese intento fue infructuoso, como también lo fueron los posteriores intentos de la estadounidense Operación Highjump, y la base alemana finalmente fue destruida mediante la explosión secreta de tres bombas atómicas que se lanzaron sobre ésta en 1958 como parte de las actividades del Año Geofísico Internacional. Robert (2005c) afirma que la verdad sobre la base alemana y los ataques que Gran Bretaña y los Estados Unidos lanzaron sobre ella fue ocultada deliberadamente por los gobiernos de los dos países. El autor describe a este supuesto ocultamiento como “Una farsa de la historia”.

 Si fueran verdaderas, las teorías de Szabo, Robert y otros que se enumeran más arriba serían fascinantes para la historia y la ciencia. Es más, existe un elemento de verdad en todos estos cuentos.  Los alemanes realmente intentaron construir una base en la Tierra de la Reina Maud. Además, que hubo bases británicas secretas en la Antártida durante la Segunda Guerra Mundial. La Operación Highjump que fue principalmente un ejercicio militar cuyos resultados inicialmente se clasificaron y ocultaron a los ojos de la opinión pública. que se produjeron tres explosiones nucleares secretas dentro de la región general en 1958. ¿Pero se pueden entretejer estos hechos para armar un cuento global con un hilo conductor, como Robert, Stevens, Farrell, Friedrich, Mattern y Choron pretenden hacernos creer?     ¿O son simplemente fragmentos sin fundamento de la leyenda de la mitología nazi sobre la supervivencia de Hitler como sugiere Goodrick-Clarke (2002)?

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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