Historia y Arqueología Marítima

 

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APUNTES SOBRE LA HISTORIA DE LA CIENCIA ARGENTINA EN LA ANTÁRTIDA

 

 

Por Ricardo Capdevila - ENCUENTROS DE HISTORIADORES ANTÁRTICOS LATINOAMERICANOS • 1999-2011

1. INTRODUCCIÓN

La presencia Argentina en la Antártida se remite a los primeros tiempos de la nacionalidad. En esta primera etapa, señalada a partir de la presencia accidental del Almirante Guillermo Brown en el mar de Bellingshausen en 1815, es significativa por su carácter histórico político, pero es el interés comercial de cazadores de focas y ballenas el primer componente de la historia antártica a principios del siglo XIX. Así en 1818, el comerciante porteño Juan Pedro Aguirre, solicitó autorización al Consulado de Buenos Aires para instalar una factoría en las islas que llamó próximas al Polo Sud, concesión que fue otorgada en octubre de ese año, y que se vinculaba con las cacerías que sus buques realizaban en los mares antárticos. En 1829, al crearse la Comandancia Política y Militar de Islas Malvinas, se obligaba al Comandante a realizar el control de la actividad de caza en las islas adyacentes al Cabo de Hornos, que incluía las islas antárticas por el sur. Como hito posterior se señala la presencia de Luis Piedra Buena, promediando el siglo XIX, como tripulante de embarcaciones foqueras y luego como empresa propia con idéntico objetivo.

Terminado el período de la organización nacional, el interés y la presencia política, incorporan al ejercicio de la soberanía, pautada por las pocas posibilidades reales de ejercicio efectivo, el interés científico por las tierras más australes de nuestro territorio. Esta contribución sobre el tema específico de la historia de la ciencia argentina en la Antártida se trata, hasta donde sabemos, por primera vez en esta comunicación, que es solo una introducción con apuntes para un futuro desarrollo, por lo que contiene solo los hitos más significativos de esa actividad.

2. LOS PROLEGÓMENOS – EL INSTITUTO GEOGRÁFICO ARGENTINO

Como punto de partida de la inquietud por la actividad científica en la Antártida, debe señalarse la creación en 1880 del Instituto Geográfico Argentino. Fue su fundador, el doctor Estanislao Zeballos, distinguido diplomático, que, por primera vez, señaló en ese ámbito y otros, como la recientemente creada Escuela Naval Militar, la necesidad de que la República dedicara sus esfuerzos a un mayor conocimiento de sus tierras australes. Y así la recientemente creada institución geográfica, logró el apoyo del gobierno nacional para una expedición  ítalo argentina del explorador Giacomo Bove en 1882. En esta etapa debe recordarse también por lo visionario, el trabajo del profesor Bachman, de la Universidad de Córdoba,  que propuso por primera vez en el orden nacional e internacional, el establecimiento de varias estaciones en distintos lugares de la Antártida para realizar observaciones simultáneas de ciencias, como magnetismo y meteorología para que, reuniendo los aportes, permitiera confeccionar, con mayor exactitud, la carta del tiempo en toda el área austral. Este trabajo retrotrae en más de 20 años la fecha de iniciación de la ciencia argentina en aquel ámbito, en tiempo que estamos celebrando los cien años del observatorio meteorológico y magnético de islas Tierras Australes Argentinas1.

3. LA ÚLTIMA DÉCADA DEL SIGLO XIX

Esta etapa adquiere especial relevancia por sucesivos proyectos de inserción en la Antártidamovilizado por los congresos internacionales de geografía de Londres de 1895 y Berlín en 1899, en los que nuestro país tuvo activa participación. Los proyectos argentinos más significativos fueron el del ingeniero Julio Popper en 1892, en el que aportó un mapa del sector antártico argentino, utilizando relevamientos anteriores y el propio, que realizó con anterioridad a la presentación de su proyecto, solicitando la pertinente autorización al Ministerio del Interior. En este petitorio dice expresamente que las islas que denomina Shetlandias, las Shetland del Sur, corresponden a la soberanía de nuestro país. El mapa agregado al petitorio constituye un nuevo aporte al conocimiento geográfico2.

Otra iniciativa, también presentada como pedido de autorización al Ministerio del Interior, es la del explorador patagónico Luis Neumayer, quien solicita dicha venia para realizar estudios en la tierra de “Grand”, península Antártica. Con fecha 29 de diciembre de 1894, el Presidente Luis Saénz Peña, suscribía la autorización para realizar los estudios proyectados, con la siguiente limitación: “…no podrá en ningún caso el recurrente proceder a explotar, ya sea por su cuenta o la de terceros, las riquezas minerales o vegetales de las comarcas que recorre, debiendo en oportunidad elevar al gobierno un informe detallado sobre los estudios y observaciones verificados en los territorios de que se trata…”3.

En año 1896, el Instituto Geográfico Argentino, que entonces presidía don Francisco Seguí, aprobó un proyecto de expedición antártica “con el propósito de propender al conocimiento de la geografía nacional”, con vistas, también, a establecer una estación de auxilio para la navegación en las islas Shetland del Sur, misión para la que fue destacada la corbeta “Uruguay”

4. LOS CONGRESOS DE LONDRES Y BERLÍN

La convocatoria a los congresos internacionales de geografía realizados en Londres en 1895 y Berlín en 1899 respectivamente, constituye sin lugar a dudas, la llave que puso al mundo en la realidad del desconocimiento existente sobre las tierras australes. Las sociedades convocantes pusieron un énfasis especial en la necesidad de que el hombre conociera el más austral de los continentes. Debe destacarse la creación del Observatorio Meteorológico y Magnético en una isla próxima a isla de los Estados, que desde entonces se denomina isla Observatorio. La creación fue ordenada por una Resolución Ministerial del 10 de octubre de 1901 y obedeció a un pedido específico del presidente del segundo congreso citado, Barón de Richthofen. El objetivo, fijado por el congreso era claro: hacer las mismas observaciones meteorológicas y magnéticas que realizarían las estaciones que operarían en otras partes del continente, como lo había propuesto dos décadas antes el profesor Bachman. El observatorio fue inaugurado el primero de marzo de 1902 y funcionó en forma continua hasta el 31 de diciembre de 1915. El primer jefe del observatorio fue el teniente de marina Horacio Ballvé, quien intercambió información con las demás expediciones, especialmente con las de los doctores William Speirs Bruce y Otto Nordenskjold.

5. FRANCISCO PASCASIO MORENO

En la época que estamos refiriendo, hubo un argentino cuyo nombre es paradigmático en lo que hace a la ciencia argentina en la Patagonia y Antártida. Acreditado como uno de los hombres más destacados de la ciencia argentina en todos los foros mundiales, Francisco Pascasio Moreno, actuó en forma decidida en el apoyo a las expediciones polares, especialmente de la expedición sueca del doctor Otto Nordenskjold y de la Expedición Nacional Escocesa del doctor William Speirs Bruce. El logró de nuestro gobierno significativos apoyos materiales que ayudaron a estas expediciones de carácter privado, a la consecución de sus fines científicos.

6. EL COMIENZO: JOSÉ MARÍA SOBRAL

El primer científico argentino que invernó en la Antártida fue el alférez José María Sobral. Por la mediación del perito Moreno y en virtud del respaldo brindado por nuestro país a la expedición sueca, el doctor Nordenskjold incorporó a su expedición a este joven oficial de Marina, que se desempeñó como observador meteorológico, y en observaciones astronómicas y magnéticas. Sobral realizó, también, trabajos de relevamiento cartográfico, y fundamentalmente participó de la primera expedición terrestre hacia el sur del mar de Weddell, hasta las proximidades del Círculo Polar, sumando conocimiento geográfico de la costa este de la península Antártica, hasta entonces nunca recorrida por el hombre. Colofón de aquella histórica expedición sueca fue proveer los parámetros a los científicos actuales de observaciones que permiten un más ajustado estudio de lo que llamamos el cambio global, al tener los valores comparativos de cien años antes. No olvidemos que la corbeta argentina “Uruguay” rescató a todos los miembros de la expedición, aislada en el mundo polar por la pérdida del buque expedicionario “Antarctic”. Sobral, como sabemos, a poco de su regreso de la expedición polar, viajó a Suecia, donde se doctoró en geología, ocupando a su regreso a nuestro país, importantes cargos en funciones vinculadas con su ciencia, durante una vida que produjo una generosa bibliografía sobre geología de las tierras australes.5

7. LOS ESTUDIOS CIENTÍFICOS SE INSTALAN EN FORMA PERMANENTE: LA EXPEDICIÓN NACIONAL ESCOCESA Y EL OBSERVATORIO DE LAS ISLAS ORCADAS

La expedición polar de William Speirs Bruce, frustrado médico y veterano explorador polar, instaló, a su regreso del mar de Weddell, una pequeña estación meteorológica y magnética en la isla Laurie, de islas Orcadas del Sur. Allí invernó con su gente y su buque en el año 1903, y a su regreso, ya en el puerto de Buenos Aires, ofreció a nuestro gobierno las instalaciones de Orcadas, como una forma de dar continuidad a los estudios por él iniciados y por el interés que tales estudios que allí se realizarían significaban para nuestro país. La oferta fue aceptada por el gobierno, y el mismo Bruce llevó en su buque el “Scotia” a la primera dotación argentina. Este primer grupo de trabajo, aportó conocimientos importantes sobre la cartografía de la isla Laurie, así como, junto con Hugo Acuña el naturalista Luciano Valette estudió la flora y fauna del archipiélago, produciendo trabajos de zoología y botánica, que conforman la primera publicación original de esas materias de nuestro país, publicados con el título “Viaje a las islas Orcadas Australes” con la autoría del naturalista, en los Anales del Ministerio de Agricultura y Ganadería, Sección de Zootecnia, Bacteriología, Veterinaria y Zoología, Tomo III, Nº 2, impreso en los Talleres de Publicaciones de la Oficina Meteorológica Argentina, Buenos Aires, en el año 1906.

El Observatorio meteorológico y magnético de la isla Laurie, representa la primera ocupación permanente de tierras antárticas por un país con derecho a esas tierras, y fundamentalmente, es el registro más longevo de las ciencias meteorología y magnetismo del continente austral en la historia del hombre. Lo que nos permite a los argentinos, con orgullo, celebrar el primer centenario de la ciencia argentina en la Antártida.

8. EL OBSERVATORIO METEOROLÓGICO DE ISLA SAN PEDRO

La creación de la Compañía Argentina de Pesca en la ciudad de Buenos Aires en 1904 por el capitán Larsen y comerciantes de la plaza, con factoría en la isla San Pedro (Georgias del Sur), obligó a la instalación de un nuevo observatorio meteorológico de apoyo a las necesidades de las flotas pesqueras que operaban en la zona. Dependiente de la Oficina Meteorológica del Ministerio de Agricultura, funcionó entre los años 1906 y 1950, sumando conocimientos para la carta meteorológica del Atlántico Sur.

9. LA CARTA Nº 31 LOS TRABAJOS HIDROGRÁFICOS

En el año 1916, la Oficina Hidrográfica de la Marina, publicó la carta Nº 31 con el título “Fondeaderos de la Gobernación de Tierra del Fuego” en la que se incluía un mapa completo de las islas Orcadas del Sur, producto de los estudios hidrográficos realizados por la corbeta “Uruguay” en los viajes a las tierras polares, especialmente en la expedición del año 1915, al mando del teniente Ignacio Espíndola y llevando como segundo comandante al teniente de fragata Heraclio Fraga, padre del almirante Jorge Fraga, que fuera Director Nacional del Antártico. Este trabajo que completó un exhaustivo levantamiento de las costas del archipiélago, ajustando las extensiones de las islas y aumentando los sondajes, corrigiendo las cartas anteriores que se utilizaban para navegar en la zona. Para la tarea colaboró el comandante del ballenero noruego “Palmer” que realizaba cacería en aquel mar.6

10. EL MUSEO DE CIENCIAS NATURALES BERNARDINO RIVADAVIA

Durante la gestión del profesor Martín Doello Jurado, que se extendió desde 1923 hasta 1946, el Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, volcó su empeño en trabajos de investigación en las áreas australes. El iniciador fue el propio Doello Jurado, y en 1923 los naturalistas Aurelio Pozzi y Alberto Carcelles, realizaron los primeros trabajos de avifauna en las islas Orcadas del Sur, reuniendo una importante colección de vertebrados e invertebrados. La labor de estos pioneros se ha prolongado hasta nuestros días, en que el Museo trabaja en estrecha colaboración con el Instituto Antártico Argentino.7

11. PROYECTO DE VUELO TRANSPOLAR DE ANTONIO PAULY EN 1926

El 10 de junio de 1926, el ingeniero Antonio Pauly, multifacético hombre de ciencias, presentó ante la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos GAEA, el primer proyecto de vuelo transpolar. De la historia de este proyecto rescatamos la importancia que el expedicionario remarcó en aquella conferencia, poniendo de manifiesto lo fundamental que, para el logro significaba contar con la información meteorológica de más de 20 años que proveyó el observatorio de islas Orcadas del Sur y su par de islas de San Pedro, las mal llamadas islas Georgias del Sur. Debe señalarse la visionaria proyección del autor, que daba al empeño al manifestar que “no pasaran muchos años para que se inicien los vuelos comerciales transpolares”8.

12. LA DÉCADA DEL CUARENTA – EL DESPLIEGUE

A partir de la creación de la Comisión Nacional del Antártico en el año 1940 se intensifica la actividad científica en la Antártida. De esa época deben rescatarse los nombres de los doctores Francisco Gneri, Alberto Nani y Ernesto Motti, que en sucesivas campañas ampliaron los estudios en toda el área occidental de la península Antártica hasta bahía Margarita, al sur del mar de Bellingshausen, reuniendo importantes colecciones de ciencias naturales.9

13. EL INSTITUTO ANTÁRTICO ARGENTINO

En el año 1951, un visionario del futuro antártico argentino, el coronel Hernán Pujato, fundó el Instituto Antártico Argentino, institución cuyo objetivo era la promoción, coordinación y el desarrollo de las ciencias en la Antártida. A los trabajos de meteorología, magnetismo, zoología y botánica, se sumaron entonces la geología, la glaciología y los primeros estudios de alta atmósfera. La existencia de una institución centralizadora de la actividad científica antártica, trajo una ampliación de las labores de investigación, incorporándose acuerdos con otras instituciones extranjeras en planes conjuntos, que han enriquecido desde entonces el conocimiento de las tierras australes.10

14. EL AÑO GEOFÍSICO INTERNACIONAL

El interés por las ciencias antárticas, tuvo un gran desarrollo en el orden internacional en la década del 50. El Consejo Internacional de Uniones Científicas, organizó el Año Geofísico Internacional, que al igual que los congresos de fines del siglo XIX coordinó expediciones y países que junto a los establecimientos ya existentes, sumaron 55 estaciones de observación en la Antártida y archipiélagos subantárticos. Doce países operaron en el casquete polar austral, pertenecientes a doce países con intereses antárticos. Se creó el Comité Especial de Investigaciones Antárticas (SCAR). Nuestro país participó en estudios de oceanografía, geomagnetismo, sismología, química del aire, meteorología, auroras e ionósfera. Los trabajos se realizaron entre enero de 1957 y diciembre de 1958, y el Instituto Antártico Argentino coordinó la actividad de nuestros investigadores con los de otros países participantes. Uno de  los trabajos más destacados de ese tiempo fue el estudio del desplazamiento de la barrera de hielos de Filchner, que a la orden del glaciólogo César Lisignoli, recorrió y realizó mediciones en el terreno glaciar en una superficie de 2000 kilómetros cuadrados.11 Otro logro para destacar, fue el estudio de las auroras con observaciones sincronizadas y simultáneas en todo el casquete polar.12

15. EL TRATADO ANTÁRTICO

La intervención de Estados Unidos y la Unión Soviética, que decidieron permanecer en la zona hasta concluir los estudios luego de la terminación del Año Geofísico Internacional –esto ocurría en plena Guerra Fría- movió al primero de los nombrados a convocar a los países con intereses en la Antártida para suscribir un tratado que entró en vigencia el 23 de junio de 1961. Este instrumento singular, tenía y tiene como normas los principios de no militarización, el establecimiento de un “statu quo ante” en lo referente a las reclamaciones territoriales, la prohibición de realizar al sur de los 60º de latitud ensayos nucleares y utilizar esos territorios para depósito de desechos nucleares, y fundamentalmente, la libertad de 0investigación científica, y un sistema de control basado en inspecciones recíprocas entre las instalaciones de los países miembro. La Antártida se convirtió así en una tierra de paz, dedicada exclusivamente a la actividad científica, monitoreada por el Comité Especial de Investigaciones Antárticas (SCAR).

16. LA HISTORIA DE LA HISTORIA

Dentro de esta breve reseña, anotamos algo sobre la historia de la historia antártica. A más de las ciencias duras, y en el marco del Tratado Antártico, se le ha dado trascendencia al tema histórico. Desde la primera reunión Consultiva, ocurrida en Canberra, Australia en 1961, el tratado se ha ocupado de la conservación del patrimonio histórico mediante Recomendaciones. Nuestro país está cumpliendo con esas recomendaciones a través del programa MUSEOANTAR de restauración de sitios históricos volviendo a su estado original las construcciones de la expedición sueca del doctor Nordenskjold, programa que ha sido calificado como modelo para los países del Tratado Antártico. El ingeniero Lorenzo Dagnino Pastore, que desde la Facultad de Ciencias Económicas de Buenos Aires, con un equipo liderado por la profesora Ossoniak de Garibaldi, produjo el primer trabajo integral sobre la historia de la presencia argentina en la Antártida, desde el tiempo de los foqueros. Obra preliminar, junto a los trabajos de Enrique Fitte, con su investigador Julio Benencia. Y en materia de historia debemos mencionar también a Lauro Destéfani, a partir de la recuperación de la corbeta “Uruguay” por él realizado. Por último, destacamos los importantes aportes realizados por el primer historiador del Instituto Antártico, el licenciado Santiago Mauro Comerci, cuyos pasos seguimos en esta empresa.13

17. NUESTRO TIEMPO

La vigencia del Tratado Antártico, y la posición geográfica privilegiada por la proximidad geográfica para llegar a la Antártida, lo ha convertido, junto a la hermana República de Chile, en el puerto de acceso obligado para los países que desarrollan actividades en el continente austral, por lo que, los apoyos logísticos emergentes de tal situación, acompañan el más amplio despliegue de investigaciones científicas que se realizan en la Antártida.

 

ENCUENTROS DE HISTORIADORES ANTÁRTICOS LATINOAMERICANOS • 1999-2011

BIBLIOGRAFÍA

Headland R. “Chronological list of Antarctic expeditions”. Scott Polar Research Institute, Cambridge, 2000.

Instituto Antártico Argentino. “Recopilación de las Contribuciones 1-60”, Buenos Aires, 1961.

Instituto Antártico Argentino. “Publicaciones y Contribuciones Científicas 1955-1998”, Buenos Aires, 1998.

Nordenskjold O. y Otros. “Viaje al Polo Sur”. 2 Tomos, Editorial Garriga, Barcelona, 1904.

Sobral J.M. “Dos Años entre los hielos”. Imprenta Tragant, Buenos Aires, 1904.

NOTAS

1 Seguí, Francisco, “Las Regiones Polares”, en: Boletín del Instituto Geográfico Argentino, Tomo XVIII, Buenos Aires, 1897: 1-30.

2 Archivo General de la Nación, Ministerio del Interior año 1892, legajo 5, expediente 1745.

3 Capdevila R. y Comerci S.M., “Historia Antártica Argentina”, Dirección Nacional del Antártico, 2ª edición, Buenos Aires, 1986: 45-46.

4 Seguí, Francisco: 31-32.

5 Destefani, L.H., “El Alférez Sobral y la soberanía argentina en la Antártida”, EUDEBA, Buenos Aires, 1978.

6 Capdevila R., Comerci S. M. “Carta Nº 31, Edición 1916. Contribución Nº 252 del Instituto Antártico Argentino, Buenos Aires, 1979.

7 Comerci, S. M. “La presencia pionera del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia en el Antártico”, Publicación IAA, Nº 17, Buenos Aires, 1986.

8 “1926: Chile, Argentina y un proyecto de vuelo transpolar”. R Capdevila y S. M. Comerci, en: III Encuentro Historiadores Antárticos Iberoamericanos, Punta Arenas, Chile, 1996.

9 Díaz, Emilio. “Relatos Antárticos”, Editorial Losada, Buenos Aires, 1958.

10 Genest, E. “Pujato y la Antártida Argentina en la década del cuarenta”. Senado de la Nación, Buenos Aires, 1998.

11 Lisignoli C. A. “Movimiento de la barrera de Filchner, Antártida”, contribución del IAA Nº 81, Buenos Aires, 1964.

12 Instituto Antártico Argentino, “Informe al SCAR sobre actividades científicas antárticas del Año Geofísico Internacional 1957-1958”, Buenos Aires, 1960.

13 Pastore L. D. y otros. “Cronología de los viajes a las regiones australes”. Instituto de la Producción, Facultad de Ciencias Económicas, Buenos Aires, 1950.

 
 

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