Historia y Arqueología Marítima

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Publicado en Ciclo de Conferencias año 2015

Por Juan Antonio Varese  jvarese@gmail.com

Lo que ha dado en llamarse el Siglo de los Descubrimientos por parte de Portugal representa una progresión constante desde 1415 con la conquista de Ceuta, en el norte de África, la llegada a la India en 1497, el descubrimiento del Brasil en 1500, la llegada a Cathay (China) en 1514 y el desembarco en Japón, el legendario Cipango, en 1543. Fue poco más de un siglo, con epicentro en la última década del siglo xv, en que la influencia comercial y política del imperio portugués llegó a proyectarse sobre territorios desconocidos y reinos legendarios y ocultos hasta ese momento para el mundo europeo.

Antecedentes

Avances en el Atlántico y las costas de África

Terminada la reconquista y expulsión de los moros de su territorio, el rey Dinis se preocupó de fomentar el comercio con los principales mercados europeos. Una de las primeras medidas fue el establecimiento de un fondo de seguro marítimo en beneficio de los comerciantes portugueses que vivían en Flandes y pagaban determinadas cuantías en función del tonelaje de la exportación de vinos y frutos del Algarve a Flandes e Inglaterra, así como el envío de sal, cuero y kermes[1] a países del norte, mientras que los artículos de importación eran armaduras, municiones, ropa ligera y diversos productos de Flandes e Italia.

Hacia 1317 el rey Dinis cerró un trato con el navegante genovés Emanuele Pessagno, nombrándolo almirante de la flota real con privilegios comerciales a cambio del aporte de navíos y sus tripulaciones, a fin de defender las costas de los piratas berberiscos y sentar, a la vez, las bases de una Marina Nacional. Favoreció asimismo el establecimiento de una comunidad de comerciantes genoveses en Lisboa y Porto, quienes se habían visto obligados a reducir sus actividades en el mar Mediterráneo.

En 1341 fueron oficialmente descubiertas las islas Canarias con el concurso de Pessagno. Estas, que eran ya conocidas por los navegantes genoveses, le fueron disputadas por el reino de Castilla en 1344 en sucesivas reclamaciones hasta que se quedaron con ellas según el Tratado de Alcacovas.

En 1353 se firmó un tratado comercial para que los pescadores portugueses pudieran pescar en las costas inglesas, allanando el camino para el futuro Tratado de Windsor de 1386. En 1387 varios mercaderes del Algarve se establecieron en Brujas.

En 1415 tomaron la ciudad norafricana de Ceuta, hecho que es considerado por los historiadores como el inicio de la expansión portuguesa en el Atlántico.[2]

Pocos años después, en 1420, comenzó a gravitar la figura de Enrique el Navegante.

Se conquistaron varias plazas en el norte de África como Alcazarseguir en 1458, Arzila en 1471 y Tánger, pero la vida de los portugueses en estas ciudades fortificadas fue siempre difícil debido a los constantes ataques de los moros. Los alimentos, el agua y otros bienes necesarios para la vida cotidiana debían venir de Portugal o ser comprados en tiempo de paz a precios muy elevados. Por este motivo la expansión se verificó por los caminos del océano.

En 1418 Tristao Vaz Teixeira descubrió la isla de Madeira. En realidad se habla de un redescubrimiento porque ya había noticias de su hallazgo desde el siglo xiv según la cartografía de la época. Se trataba de islas deshabitadas que por su clima ofrecían posibilidades de poblamiento y cultivo. En 1424 se inicia la colonización adoptando un sistema de capitanía. El infante Enrique decidió plantar caña de azúcar en la isla, considerada por entonces una especia.

En 1427 Diogo de Silves comenzó el contacto con el archipiélago de las islas Azores. Descubrió el grupo oriental, años después el central y finalmente el grupo occidental del archipiélago. También deshabitado, reunía condiciones para la colonización mediante el sistema de capitanías para la producción de azúcar, vino, trigo y ganado.

De allí en adelante le tocó el turno a la costa occidental de África. Gil Eanes dio el gran paso de doblar el cabo Nun, llamado también Bojador.[3]

Por entonces el príncipe Enrique se había instalado en Sagres, en el cabo San Vicente, donde fundó una escuela de navegación en la que reunió a los marinos, cartógrafos y astrónomos más famosos de la época, encaminando los esfuerzos al descubrimiento de la costa africana por iniciativa propia y sin intervención de la Corona hasta su muerte en 1460.

 En 1441 el marino Nuño Tristán llegó al cabo Blanco, haciendo incursiones en el llamado Río de Oro. Desde allí se organizaron las visitas anuales a Guinea y Mina para recoger esclavos y oro, que cambiaban por tejidos y trigo adquiridos en Madeira. En Lagos comenzó a funcionar un depósito de esclavos y productos de Guinea, que pasaría a ser conocido como Casa de la Guinea, luego Casa de Guinea y de Mina y finalmente Casa da India.

Dinis Dias descubrió en 1444 el archipiélago de Cabo Verde, comenzando la población de las islas con negros provenientes de Guinea Bisau para cultivar algodón.

En 1455 el papa Nicolás V dictó una bula declarando que las tierras descubiertas pertenecerían a los reyes de Portugal.

En 1460 Pero de Cintra llegó hasta Sierra Leona. Ese mismo año falleció Enrique el Navegante. En su lugar se nombró a su sobrino, el infante don Fernando, hijo del rey Eduardo.

En 1469 Alfonso V entregó la exclusividad del negocio en Guinea a Fernando Gomes, un mercader de Lisboa, mediante el pago de una renta anual.

En 1471 João de Santarém y Pêro Escobar, al servicio de Gomes, descubrieron la costa del golfo de Guinea, llamándola «la mina de ouro» de Sama, la costa de Mina, la de Benín, la de Gabón y las islas de Santo Tomás, Príncipe y Annobón.

En 1474 Alfonso V entregó a su hijo Juan II, con apenas 19 años, la tarea de los descubrimientos por tierras africanas. Más tarde, en 1481, le conferirá nuevo título y más poderes para la política de expansión ultramarina.

En 1483 Diogo Cao llegó al río Congo.

En 1487 Juan II envió a Alfonso de Paiva y Pero de Covilhá a través del Mediterráneo y del Mar Rojo en busca del reino del Preste Juan y de informaciones sobre navegación y comercio en el océano Índico, prueba del interés prioritario de llegar a la India.

En 1487 Bartolomeu Dias, al mando de una armada de tres carabelas, llegó al extremo sur de África, el cabo de las Tormentas, bautizado luego de Buena Esperanza, descubriendo la conexión entre ambos océanos.

En 1492 Abraham Zacuto es expulsado de España por ser judío, se estableció en Portugal llevando consigo las tablas astronómicas de su invención.

Tras la llegada de Cristóbal Colón a América se promulgaron tres bulas papales que concedían a Castilla el dominio de esas tierras.

En 1494 se firmó el Tratado de Tordesillas, un triunfo de la diplomacia de Juan II que consiguió una conveniente renegociación de los límites entre ambos estados sin intervención del papa. El mundo quedó dividido en dos áreas de exploración, la portuguesa y la española, en función del semimeridiano que debía pasar a 370 leguas de las islas de Cabo Verde.

Llegada a la India

El 8 de junio de 1497 partió de Restelo una armada al mando de Vasco da Gama que contaba con cuatro embarcaciones.[4] El 20 de mayo de 1498 arribó a Calicut, quedando establecido el descubrimiento de la ruta marítima hasta la India.

Descubrimiento del Brasil

Expediciones previas

Pocos meses antes del descubrimiento del Brasil por la armada de Pedro Álvares Cabral habían partido en esa dirección dos expediciones españolas, la de Vicente Yáñez Pinzón y la de Diego de Lepe.

La que iba al mando de Yánez Pinzón tocó tierra el 26 de enero del año 1500 a la altura del cabo San Agustín, en Pernambuco.[5] Yánez Pinzón era un navegante de experiencia, en 1492 había acompañado a Cristóbal Colón en el primer viaje como comandante de La Niña. Esta expedición la había financiado de su propio peculio con cuatro naves y una tripulación de 150 hombres, entre los que se encontraban sus sobrinos y los renombrados pilotos Juan de Umbría, Juan de Xerez y Juan Quintero, veteranos de los viajes colombinos. La flota partió el 18 de noviembre de 1499 en dirección a las islas Canarias, de donde tomaron rumbo a la isla Santiago, en el archipiélago de Cabo Verde, en la que permanecieron durante tres semanas. El 13 de enero de 1500 partieron con rumbo al sudoeste en dirección a las tierras que Colón y Alonso de Ojeda habían descubierto poco más de un año atrás, al sur de las islas del Caribe. Por supuesto que, al igual que Colón, Pinzón suponía estar dirigiéndose al sudeste asiático. La travesía fue rápida, una de las más breves entre las islas de Cabo Verde y la costa del Brasil, tan solo 13 días para recorrer una distancia superior a las 1400 millas náuticas. Tocó tierra frente a la punta de Mucuripé, en Ceará.

Poco después de su retorno a España, Yánez Pinzón narró las vicisitudes de la expedición al cronista de indias Pedro Mártir de Anglería, con énfasis en las peripecias con los indígenas de la zona.

La otra expedición que llegó a la costa del Brasil pocos días antes que la descubriera oficialmente la armada portuguesa de Álvares Cabral fue la iba bajo el mando de Diego de Lepe. Mientras que las naves de Yánez Pinzón remontaban las barrosas aguas del Amazonas, la otra cruzaba la bahía de Marajó. Se trataba de una flota de tres carabelas que había partido del puerto de Palos en diciembre de 1499. El recorrido fue más o menos parecido, partió en dirección a las islas Canarias y de allí recaló en la isla de Fogo del archipiélago de Cabo Verde. Prosiguió rumbo al sudeste, cumpliendo un recorrido semejante al del tercer viaje de Colón.

Al cabo de 20 días de navegación avistaron tierra a principios de febrero de 1500. No se tienen datos sobre el lugar, para algunos llegaron cerca del cabo San Agustín mientras que para otros a las inmediaciones del cabo San Roque, el punto más cercano a África, al norte de la actual ciudad de Natal. De allí se dirigió al norte en ruta parecida a la que Yánez Pinzón había recorrido un mes atrás.

También debe señalarse que el trecho entre Oiapoque y el río Corantijn (en la actual frontera con Surinam) había sido descubierto menos de un año atrás por la expedición del español Alonso de Ojeda. Esta había partido de Sevilla el 14 de mayo de 1499 y se contaban entre la tripulación el piloto Juan de la Cosa y el cosmógrafo florentino Américo Vespucio, este último como encargado de las mediciones, es decir de medir las latitudes y las distancias, en su primer viaje a América. La flota constaba de tres carabelas y una tripulación de 150 hombres, muchos de ellos «de baja calaña» al decir del historiador estadounidense Samuel Eliot Morison que los describía como casi piratas. El escritor brasileño Eduardo Bueno, autor del libro A viagem do descobrimento, menciona, como dato anecdótico, que durante la travesía pararon en el puerto de Safi, en Marruecos, para vender armas y pólvora, pero que aprovecharon para asaltar una carabela portuguesa y que también saquearon la casa de la hija de la amante de Colón en las islas Canarias.

A finales de junio de 1499 avistaron tierra, probablemente a la altura de las Guayanas, y continuaron luego por el golfo de Paria hasta pasar por la isla Margarita y descubrir las islas de Donaire y Curacao.

La expedición retornó a Cádiz a principios o mediados del 1500.

Descubrimiento oficial

Después de la llegada a la India por parte de Vasco da Gama, se preparó rápidamente una nueva y más grande expedición, esta vez al mando del hidalgo Pedro Álvares Cabral. La flota constaba de 12 naves y más de 1500 hombres.

A la altura del archipiélago del Cabo Verde desvió la ruta hacia el sudoeste y después de varios días de navegación alcanzó a divisar tierra en el mes de abril de dicho año. A lo lejos asomaba un cerro al que denominaron Monte Pascoal, anclaron en el llamado Porto Seguro y bautizaron la isla que suponían haber descubierto con el nombre de Vera Cruz, que luego llamaron Tierra de Santa Cruz y finalmente Brasil, en referencia a la abundante existencia de madera de palo brasil.

Al respecto queda planteada la polémica entre los historiadores si el arribo a la costa americana se debió a una trayectoria casual o al seguimiento de datos y referencias que pudo haber brindado Vasco da Gama o alguno de los pilotos o cosmógrafos de Lisboa.

De allí Pedro Álvares Cabral envió una nave de regreso para comunicar el hallazgo a Lisboa y continuó viaje rumbo a la India, el destino de su viaje. Llegó a Calicut en 1501 donde, luego de varias desavenencias con Samorín, se dirigió al sur donde fundó un puesto en Cochin, (Kochin).

Es importante recalcar que la colonización en Brasil recién se inició más adelante, durante el reinado de Juan III (1521-1557), en el año 1530 con la expedición de Martin Afonso Lopes de Sousa y luego con la creación de las primeras capitanías.

Américo Vespucio y el predescubrimiento

Don Juan II no esperó a recibir noticias sobre las tierras descubiertas para organizar, en secreto, una nueva expedición que partiría en 1501. Tal vez impulsado por los rumores despertados por las expediciones españolas de Vicente Yánez Pinzón o de Diego de Lepe y el temor de que los castellanos se adelantaran en su búsqueda de nuevas tierras o de un paso hacia el oriente a través del occidente.

La misión más probable sería la de explorar los nuevos territorios y realizar las mediciones pertinentes para determinar si se hallaban dentro del límite comprendido en las 370 leguas fijadas por el Tratado de Tordesillas. Para ello era necesario contar, además del concurso de marinos y cartógrafos, con el de un experto en la medición de latitudes y distancias. De ahí la convocatoria al florentino Américo Vespucio, recientemente regresado de un viaje por la zona en el que había demostrado su competencia en el tema, según método de su propia invención.

La propuesta fue clara y los términos ventajosos por lo que el florentino, en la mitad del camino de su vida, no dudó en aceptarla, embarcándose en una nueva expedición hacia la tierra allende los mares.

Tan secreta era la expedición que recién a último momento le fueron explicados los detalles. Parece mentira, pero solo se conocen los datos sobre la expedición que fueron proporcionados por Vespucio. No se tiene claro el carácter en que fue invitado, los nombres de las embarcaciones, ni la fecha de partida. Tampoco se conoce el nombre del capitán al mando, pero sobre esto algunos autores han aventurado tres posibles nombres en función de los pilotos de la época y sus trayectorias:

Gonzalo Coelho: nacido en Florencia aproximadamente en 1451 y fallecido en Sevilla en 1512, fue un marino y explorador al servicio de la Corona portuguesa. Estudió en Pisa antes de ofrecer sus servicios a Portugal. Se cree que Vespucio reconoció que su mal carácter y actitud caprichosa fueron los causantes del fracaso de la expedición.

Gaspar de Lemos: navegante portugués del siglo xvi que comandaba uno de los navíos de suministro de la flota de Álvares Cabral cuando descubrió el Brasil. Fue designado por este para regresar a Portugal con la noticia del descubrimiento de la tierra de la Vera Cruz. En tal circunstancia se supone que, casi pronta la expedición, le correspondió la suerte y el honor de ser designado por Manuel el Afortunado para ir al frente de la expedición de 1501.

André Gonçalves: nacido en Portugal en el siglo xv y fallecido en el siglo xvi, fue un marino y explorador recordado por su participación en las primeras expediciones al Brasil. Para algunos historiadores Gonçalves iba al mando de una de las naves de suministro que acompañaban a Pedro Álvares Cabral en el viaje que accidentalmente descubrió Brasil en 1500.

Perfil biográfico

Para conocer sobre la vida y obra de Américo Vespucio existen varias fuentes, como la biografía del escritor austríaco Stefan Zweig, Américo Vespucio. Historia de una inmortalidad a la que América debe su nombre, y artículos monográficos de gran valor como el artículo del capitán Francisco Valiñas, pero las fuentes directas para el conocimiento del personaje y de sus viajes y descubrimientos radican en las cartas que Vespucio mismo escribió.

Amerigo Vespucci, Américo Vespucio en su forma castellana, nació en Florencia, parroquia de Ognisanti, el 9 de marzo de 1454 en el seno de una familia acomodada. Tuvo el privilegio de vivir en una época plena de acontecimientos para la humanidad y la suerte de nacer en la Florencia de los Medici.

Como no se trataba del primogénito, pese a recibir una educación esmerada, no pudo heredar el cargo de notario que detentaba la familia, por lo que su padre lo dedicó al comercio, a través del cual tomó contacto con el transporte y la navegación.

Las letteres

De la expedición de 1501-1502, que es la que fundamentalmente nos interesa porque es la que habría descubierto el Río de la Plata y aún llegado hasta los 50° de latitud sur, coincidente con las Malvinas, no se tienen otras noticias que su propio relato contenido en las letteres (cartas), puesto que la expedición fue una de las tantas proyectadas y mantenidas en secreto por la Corona de Portugal. La principal y casi única fuente de datos la constituyen las cinco cartas de Vespucio dirigidas a personajes florentinos: la escrita en Cabo Verde el 4 de junio de 1501, la escrita en Lisboa en 1502 y la conocida como Mondus Novus, impresa en París en 1504, dirigidas a Lorenzo de Pierfrancesco de Medici, Il Popolano; la Fragmentaria, de la que no se sabe el destinatario ni la fecha, y la Lettera, fechada en Lisboa el 4 de septiembre de 1504, dirigida a Piero Soderini, jefe de Estado de Florencia.

El problema de la veracidad

La veracidad de los viajes y los datos consignados depende de la veracidad de las cartas. La reserva de datos oficiales fue tal que, de no contar con la información contenida en sus cartas, nada se sabría de la expedición. Fuera de las cartas no hay constancia alguna de los viajes ni de la presencia de Vespucio a bordo de las naves portuguesas. Al punto debemos considerar argumentos derivados de los tres tipos de fuentes: las toponímicas, las epistolares y las cartográficas.

Pero el problema no solo radica en la falta de fuentes, sino que también surgen dificultades dada la falta de acuerdo entre las cinco cartas vespucianas, por lo que resulta de fundamental importancia la tarea de analizarlas y discriminar las auténticas de las espurias.

Según Laguarda Trías es posible afirmar, a través del análisis de las cartas y la comparación con otros documentos de Vespucio y de la época, que las auténticas son las escritas en 1501 en Cabo Verde y en 1502 en Lisboa.

En ellas debe seguirse y estudiarse el desarrollo de la expedición, aunque sin dejar de lado las otras tres para tomar los datos que puedan estimarse como reales y no contradigan lo dicho en las auténticas.

Partida de la expedición

Si bien en las cartas no existe coincidencia respecto de la fecha de la partida de la expedición, en base a una de las consideradas auténticas debe entenderse que tuvo lugar el 13 de mayo de 1501.

La travesía de la armada, compuesta por tres naves, duró entre 64 y 67 días, plazo excesivo que parece señalar la existencia de dificultades y mal tiempo, hasta llegar a las costas brasileras el 17 de agosto de 1501, fuera de la línea equinoccial 5° hacia el sur.

Al bajar a tierra los nativos mataron a tres tripulantes y devoraron a uno de ellos tras asarlo a la vista de los expedicionarios. La navegación prosiguió a lo largo de litoral hacia el sur sin nuevos inconvenientes. Otras tribus de indígenas, a diferencia de las que encontraron al llegar, los acogieron hospitalariamente.

Hay discrepancias con respecto al lugar donde se hizo escala para buscar provisiones. En una de las cartas se dice que fue en la latitud 32°, lo que vendría a corresponder al territorio del actual Río Grande del Sur, pero la descripción del lugar no coincide. En base a lo expresado es posible que el lugar haya correspondido a los 25° de latitud sur.

La expedición siguió navegando a lo largo del litoral sudamericano, según la carta, hasta llegar a los 50° de latitud sur. Para algunos autores, en base al arrastre del error anterior, en realidad debió haber alcanzado los 45° sur. Algunos defienden que la expedición llegó efectivamente a los 50°, con lo que Vespucio habría alcanzado la altura de las islas Malvinas. Sin embargo la descripción de la zona no se corresponde con la geografía de las islas.

En la carta Fragmentaria se dijo que al haber llegado a los 32° la expedición cambió el rumbo y dirigió hacia el este, quedando la costa fuera de su vista, por lo que incluso podrían haber arribado a las costas occidentales de África. Pero como se ha comprobado que la Fragmentaria es falsa, se entiende que la modificación podría haberse anotado exprofeso para ocultar el hecho a los competidores europeos.

Ahora bien: ¿Llegó la expedición a la latitud del Río de la Plata? ¿Lo descubrió? ¿Penetró en el río y lo exploró?

Para responder estas preguntas Laguarda Trías toma en cuenta dos toponímicos rioplatenses que parecen provenir del viaje de 1501-1502, el cabo del Buen Deseo y Monte Vidi, este último meramente hipotético, que considera fundamentales.

No hay que olvidar que la expedición, llevada en secreto, no debía traspasar los límites del Tratado de Tordesillas (que para Vespucio llegaban hasta el río Cananor, más tarde llamado Cananea) pero como la verdadera y secreta finalidad del viaje era ir más allá, para evitar problemas diplomáticos y que el jefe de la expedición quedara libre de las responsabilidades derivadas de la navegación que le estaba vedada, el mando de las naves habría sido traspasado a Vespucio bajo el título de jefe provisorio o accidental, lo que nos permite recalcar el hecho de que el mérito y la gloria del descubrimiento recayeran en Vespucio.

Laguarda Trías sostiene que Vespucio fue el primero en llegar a la zona, que descubrió el río que terminaría llamándose «de la Plata», que habría recorrido parte de la costa y subido al cerro que se eleva junto a la bahía, donde probablemente haya grabado sobre la roca una inscripción con su nombre, la que terminaría por dar el nombre a la futura población que se levantaría en el entorno.[6]

La pauta se la da la inscripción «Vidi», encontrada en 1519 por hombres de la expedición de Magallanes en el cerro de Montevideo, en especial por el cosmógrafo Andrés de San Martín, quien fuera discípulo de Vespucio:

 V (espucci) i (nvenit) di (501), es decir, «Vespucio descubrió 501».

Cabe señalar que los viajeros acostumbran grabar sus nombres y la fecha en que estuvieron en determinados lugares. En la falda y el cerro de Montevideo han aparecido y aparecen inscripciones de esa índole.

También es posible considerar las fuentes cartográficas para probar la existencia del viaje y de los lugares descubiertos. Entre ellas se debe señalar el mapa Kunstmann II, que para Roberto Levillier[8] fue inspirado o es obra de Vespucio, puede que en su diseño personal o al menos como fuente directa de información. Las razones para considerarlo obra directa o indirecta suya se deben a que en el contorno donde figura el Brasil aparece dibujado un hombre asado por indígenas (que corresponde con lo narrado por él al llegar a la costa de Brasil), que muchos nombres de la nomenclatura del litoral coinciden casi plenamente con la asignada durante la expedición vespuciana de 1501-1502 y que se trata del primer mapa en que aparece el río Jordán, que según Roberto Levillier era el nombre asignado por Vespucio al Río de la Plata.

Otros testimonios cartográficos que ayudan a demostrar que la expedición a cargo de Vespucio llegó al Río de la Plata son un antiguo mapamundi conservado en la Biblioteca de Palermo, en el que se lee: «Questo rio della Plata cioè fiume d'Argento fu scoperto da Amerigo Vespuccio fiorentino l'anno 1501» («Este Río de la Plata, o también Río Argénteo, fue descubierto por el florentino Américo Vespucio en el año 1501») y una probanza posterior al año 1526 que afirma: «Hunc argenteum fluvium primus Americus Vespuccius intravit anno 1501» («Este río de plata fue avistado por primera vez por Américo Vespucio en el año 1501»).

El regreso

La expedición emprendió el retorno el día 7 de abril de 1502 y arribó a Lisboa el 7 de setiembre de dicho año. La duración total del viaje habría sido de 15 meses y 26 días.

En caso de que la expedición se haya realmente realizado no queda claro el papel que jugó el florentino en esta y el cargo que le tocó desempeñar. Se descarta el de observador comercial porque los lugares a visitar no necesitaban de quien cumpliera funciones mercantiles y también se descarta que haya ido como piloto porque Vespucio no poseía conocimientos especiales de navegación. Por el texto de las cartas es dable suponer que su función era la de determinar las coordenadas geográficas en el Nuevo Mundo, para lo que ideó con ingenio el método de las distancias lunares, el que trasmitió a su discípulo y apoderado Andrés de San Martín y que este aplico con éxito en el viaje de Magallanes.

Es lógico suponer que el Manuel el Afortunado no haya quedado satisfecho con las mediciones realizadas. La expedición se aventuró mucho más allá del límite acordado de las 370 leguas del archipiélago del Cabo Verde. Vespucio llevó a cabo su tarea objetiva e imparcialmente con lo que no conformó la voluntad de don Manuel, pues no todos los territorios descubiertos quedaban bajo su poder.

Vespucio tampoco quedó satisfecho con la paga por los servicios prestados o por la falta de consideración que le demostrara el monarca portugués, por cuyo motivo regresó a Sevilla. El rey Fernando reconoció su probidad en la defensa de la verdad geográfica y por tanto de los derechos de España, en premio de lo cual le concedió la naturalización en Castilla y el nombramiento como Piloto Mayor, cargo creado especialmente para él, lo que le asegurara un buen salario y un papel de importancia en los futuros viajes de descubrimiento.

Expedición de Esteban Froes y Juan de Lisboa

La disputa entre los reinos peninsulares de Portugal y Castilla por el dominio de las tierras descubiertas se verificaba tanto en el terreno de los hechos como en el campo diplomático, lo que suponía mantener en secreto la mayor parte de las actuaciones y tener montada una red de espionaje para manejar datos y comprar conciencias para estar al tanto de los planes de los reinos vecinos.

Esto hace que la historia de los descubrimientos difiera según se la mire desde la corte de Lisboa ―donde se guardaban tan bien los secretos que hasta los propios cronistas los ignoraban―, desde la corte de Castilla o desde la sin par Sevilla, a orillas del Guadalquivir, convertida en otro centro del comercio, la navegación y la cartografía, que contaba la presencia de marinos de todas partes del mundo, además de los comerciantes y financistas de los reinos italianos y alemanes como los Medici o los Fugger.

En tales circunstancias el rey de Portugal, Manuel el Afortunado, se enteró del proyecto castellano de enviar una expedición al mando de Juan Díaz de Solís a las Molucas por el este, traspasando la ruta del océano Índico hasta más allá de las posesiones portuguesas. De inmediato planteó una enérgica protesta ante sus suegros Fernando e Isabel, los Reyes Católicos, ya que la ruta prevista suponía invadir sus dominios.

Al mismo tiempo Manuel I capituló con Esteban Froes y Juan de Lisboa para que emprendieran un viaje exploratorio por la ruta de occidente en busca de un paso interoceánico siguiendo los pasos de la expedición de 1501 en que viajaba Américo Vespucio.

Se trataba de dos personajes de consideración. Juan de Lisboa, de quien se tienen pocos datos, era considerado uno de los mejores pilotos de la época. Había participado del viaje de Vasco da Gama a la India en 1497 y participó de la expedición de Gonzalo Coelho y Américo Vespucio en 1501. Tomando como fuente a la Nova Gazeta da Terra do Brasil[9] podemos decir que el financiamiento de la expedición estuvo a cargo de los comerciantes Nuño Manuel y Cristóbal Haro.[10]

La flota, compuesta por dos carabelas con 70 tripulantes cada una, partió de Lisboa en febrero de 1514 con rumbo directo a la costa del Brasil.[11] No se tiene clara noticia del itinerario de la expedición, pero es lógico suponer que fuera de descubrimiento tanto como de exploración de tierras y de busca de un canal cuya existencia se presentía evidente después del descubrimiento del Mar del Sur por Núñez de Balboa.

Luego de traspasar la Cananea pasaron por la isla de San Francisco del Sur en Santa Catarina. A partir de entonces la costa se volvió inhóspita y desierta, máxime sobre el litoral del actual Río Grande del Sur.

En julio de 1514 llegaron a lo que parecía ser la boca de un estrecho o la desembocadura de un gran río. La punta fue bautizada con el nombre de Santa María, sobre los 35° de latitud sur, la actual Punta del Este.

Dentro del estuario penetraron unas 50 leguas, mientras el río se iba estrechando las aguas se volvían oscuras y peligrosas. Una de las islas, la de Flores, fue bautizada así en homenaje a Esteban Froes, el primero en distinguirla. Recorrieron el río y lo bautizaron con el nombre de Santa María. Trabaron contacto con los indios, «hombres altos de largos cabellos negros». Eduardo Bueno entiende que de ellos recogieron indicios de las riquezas existentes en el interior del continente.

En el viaje de regreso los navíos se separaron. La carabela de Froes quedó un tiempo en la región dedicada a la recolección de pieles como las que usaban los indios. La carabela de Juan de Lisboa tomó rumbo a la factoría existente en Río de Janeiro, cargando la nave con troncos de palo brasil antes de emprender el regreso. Durante una escala en la isla de Madeira, Juan de Lisboa encontró un agente comercial de la familia Fugger a quien le relató de la expedición. Este lo transcribió en un noticiero que circulaba entre los accionistas de la empresa llamado Nova Gazeta da Terra do Brasil.

Mientras tanto Froes se encontraba en problemas. Durante el regreso, en julio de 1514, remontaba la costa con el navío averiado. Antes de caer atrapado por los indios, que se mostraron belicosos, se dio nuevamente a la vela hasta terminar arrastrado por la corriente hasta la altura de la isla de Puerto Rico, en territorio español. En la emergencia fueron tomados prisioneros de los españoles y trasladados a la isla de Santo Domingo, donde pese a los apremios no revelaron el verdadero motivo de la expedición. Quedaron detenidos durante dos años bajo amenaza de ejecución por haber entrado sin autorización en territorio perteneciente a la corona castellana.

En setiembre de 1516 fueron enviados a Sevilla, donde fueron cambiados por los nueve prisioneros españoles que Cristóvão Jacques había rescatado de la isla Santa Catalina en su primer viaje a la zona, como luego se verá.

Viajes de Cristóvão Jacques

La crítica histórica ha establecido que Cristóvão Jacques[12] realizó tres viajes a las costas del Brasil: el primero comprendido entre 1516 y 1519, el segundo en el año 1521 y el tercero entre 1526 y 29. Analizando las rutas y los tiempos de viaje es razonable suponer que solo en el segundo alcanzó el Río de la Plata.

Respecto del primero, cuando se supo en Portugal, a mediados de 1515, que una expedición española al mando de Juan Díaz de Solís estaba pronta para partir, se autorizó casi de inmediato la salida de otra al mando de Cristóvão Jacques, con la finalidad de fundar algunas colonias como la forma más conveniente de asegurar el dominio de las tierras descubiertas.

El escritor Gonzalo Bueno reconoce la escasez de datos respecto de esta primera expedición de Jacques, fundamentalmente porque se trata de otra de las tantas tañidas por el secreto. Probablemente haya partido el 21 de agosto de 1516, aunque se trate de una fecha tentativa. La flota estaba compuesta por tres naves y llevaba cerca de 300 tripulantes, entre ellos algunos colonos. Además de una misión colonizadora Jacques detentaba las funciones de comisario del palo brasil.

La expedición se dirigió primeramente a Cabo Frío, donde la expedición de Vespucio había fundado una factoría en 1504, pero como la encontró abandonada tomó rumbo a la factoría carioca. Apenas llegado se enteró del pasaje de la carabela de Francisco de Torres, cuñado de Solís, de regreso del descubrimiento oficial del Río de la Plata. La nave iba abarrotada de palo brasil y esperaba el pasaje de otra carabela que se encontraba retrasada.

Jacques decidió marchar al sur en su busca, pero al llegar a Santa Catalina se enteró de que el otro navío había naufragado poco antes y que habían quedado sobrevivientes viviendo con los indios. Jacques logró capturar a siete de los náufragos, los que fueron tomados prisioneros. Por lo tanto se entiende que no pasó de la isla Santa Catalina al sur. De regreso a la factoría carioca cargó una de las naves con palo brasil y junto con los prisioneros la envió a Portugal.

Como ya se dijo, en abril de 1517, tras una compleja negociación diplomática, los siete náufragos de Solís terminaron por ser cambiados por Esteban Froes y sus once marineros, presos desde hacía tres años. Mientras tanto Jacques se dedicó a mudar la factoría de Río hasta Pernambuco puesto que la distancia era menor. En mayo de 1519 retornó a Lisboa.

Respecto del segundo viaje de Jacques, en el que efectivamente habría llegado al Río de la Plata, existen varias fuentes documentales que lo acreditan. La primera, una referencia en la carta de Luís Ramírez (expedicionario de Caboto), otra en las probanzas de uno de los juicios entablados contra Caboto al regreso de su viaje y la tercera, finalmente, una cita en el Islario General de Afonso de Santa Cruz, cronista de Indias que estuvo en el Río de la Plata.

Según la carta de Ramírez, cuando Caboto se encontraba en el puerto de Santana, sobre el Alto Paraná, se enteró, por informes de los indios, que unas naves habían entrado en el río de Solís y se habían juntado con las suyas; Caboto no creyó la noticia, pero cuando remontaba el río Paraguay otros indios le dijeron que por el río de Solís habían entrado tres velas que dijeron estar junto con sus navíos. Estas dos referencias obligaron a Caboto a dar crédito al hecho de que habían entrado otras naves en el río. La expedición que había entrado era la de Diego García, pero como nadie sabía que esta venía «acordó el Señor capitán jeneral bolver abaxo, por que se temia que en la dicha armada venía Cristobal Jacques capitan del Rey de Portugal que otra vez como tengo dicho avia venido a este Río de Solís y prometió al dicho Francisco del Puerto que alli allamos que volvería, e si fuese quel dicho Cristobal Jacques abia entrado en el dicho rio nuestras naos estarian en mucho aprieto e la jente dellas y ansimesmo si hubiesen subido arriba a la fortaleza no hubiesen recibido algun daño».

En realidad Francisco del Puerto no fue el único en hablarle de Cristóvão Jacques. El 7 de junio de 1526, cuando la armada entró en Pernambuco, encontró a 13 hombres dedicados al corte y acopio del palo brasil, quienes le dieron informes del río de Solís y de la expedición de Jacques. Algunas fuentes afirman que de los hombres de la factoría algunos eran portugueses que habían ido a la zona con la expedición de Jacques y que fueron abandonados por este.

Por otra parte, Afonso de Santa Cruz, que estuvo en el Río de la Plata con Caboto, afirma en su Islario general de todas las islas del mundo que «antes de entrar en el río de la Plata ay quatro o cinco ysletas las quales van puestas levante a poniente unas pos de otras apartadas por una y media legua que se llaman yslas de Rodrigo Alvarez por las aver descubierto un piloto que con nosotros llevavamos dicho así; al autro destas ay otras dichas de Jacques que era un portugues llamado asi que las descubrió viniendo a este rio por capitan de una caravela desde la costa del Brasil a fama del oro que se dezia aver en el».

Respecto a la fecha en que el viaje se realizó, los documentos hasta ahora presentados permiten establecer un intervalo. Como al llegar Caboto a Pernambuco Jorge Gómes y otros hombres de la factoría ya habían regresado del viaje el Plata con Jacques, se puede afirmar que el 7 de junio de 1526, fecha de llegada de Caboto, constituye el término ante quem de viaje de Jacques.

Asimismo Jacques le había prometido al joven Francisco del Puerto regresar al río; como este grumete de la expedición de Solís se encontraba en el Plata desde 1516 esa fecha debe considerarse el término post quem.

La fecha más probable es que haya llegado a la zona en 1521. Además de los datos brindados por el genealogista Freire Montarrojo en dos de sus códices, nos basamos en una carta fechada 27 de junio de 1524 en Evora dirigida al emperador Carlos V por el embajador español en Portugal, Juan de Zúñiga. Se trata de un documento excepcional porque proviene de Portugal, fuente de datos escasa porque los portugueses eran muy sigilosos y mantenían sus expediciones en secreto. En la carta se habla de una expedición salida tres años antes, lo que permite ubicar la fecha en el año 1521.

En dicha carta no se menciona el nombre del jefe de la expedición portuguesa ni del río, pero se lo califica de maravilloso por quien lo exploró. Deducimos que el «río maravilloso» se trataría del Paraná, lo que convierte a Jacques en su descubridor.

Para justificar que el capitán de la expedición sea realmente Jacques resulta buena la comparación de los datos existentes con los resultantes de la carta de Ramírez. En primer término se aprecia la prioridad en la difusión de la noticia de que el río de la Plata y el Paraná eran la vía de acceso a una montaña rica en plata y oro. Respecto a la exploración del río Paraná, Ramírez dice haber hablado con Melchor Ramírez y Enrique Montes en el puerto de los Patos, el primero integrante de la expedición de Jacques. Y en tercer término el expedicionario deja abandonados a su suerte a los náufragos de Solís, actitud acostumbrada de Jacques.

Estas tres peculiaridades lo individualizan perfectamente, lo alejan de otros posibles como Magallanes o Caboto y coinciden perfectamente con la carta de Zúñiga.

Con respecto a la fecha de partida y la de llegada solo pueden hacerse simples inferencias. Como el pago de los 100.000 reales que el rey le otorgó para armar dos navíos se efectuó el 2 de setiembre de 1521, es razonable suponer que la partida debió ser posterior a esa fecha. Por otra parte, Freire de Montarroio y Zúñiga coinciden en que Jacques tenía licencia del rey Manuel y como este falleció el 13 de diciembre de 1521 hay que convenir que la partida tuvo lugar entre setiembre y diciembre de 1521.

En la carta de Zúñiga se dice que, en caso de no ser contratado por España, perdía dos años de incesante gestiones para repetirlo, el hecho significa que el regreso debió producirse en 1522, en los últimos meses del año.

En efecto, tanto en el viaje de ida como en el de vuelta, Jacques debió aprovechar los vientos generales que soplan en la costa del Brasil. Se sabe que estos vientos están sometidos a variaciones periódicas soplando desde el NE al ENE de setiembre a marzo y desde el SSE al ESE en los otros seis meses.

En suma, la duración total de la expedición de Jacques puede estimarse en un año, con una permanencia de tres meses en el río y navegaciones de cuatro y cinco meses. Estas conclusiones pueden sorprender a los lectores acostumbrados a las fantasías de ciertos seudoespecialistas para quienes la duración media de un viaje simple de ida o de regreso entre España y el Río de la Plata era de tres meses. En realidad solo durante los siglos xvii y xviii duraba eso, la duración del viaje en el siglo xvi era de cuatro a cinco meses cuando se hacían breves escalas, pero en caso de que las naves invernaran un simple viaje llegaba a durar un año.

Expedición colonizadora

En 1530 partió de Lisboa una nueva expedición a la costa del Brasil y con destino al Río de la Plata al mando del capitán Martim Afonso Lopes de Sousa.[13]

Luego del descubrimiento oficial del río en 1516 y del posterior hallazgo del estrecho de Magallanes que unía ambos océanos y dejaba abierta la ruta hacia la Especiería, Portugal decidió afirmar la planta en las tierras descubiertas y fundar poblaciones permanentes en algunos puntos del litoral atlántico. Entre ellos el que pretendía fijar como límite sur de sus posesiones, en la margen norte del Río de la Plata.

Para ello organizó en secreto una expedición que iría al mando de Martim Afonso Lopes de Sousa, nombrado gobernador del Brasil y con cargo de fundar algunas poblaciones. Su hermano, Pero Lopes de Sousa, que lo secundaba en el viaje como piloto de la nave Capitana, terminó por recoger la fama de la expedición por cuanto fue el autor del Diario de Navegación[14] convertido en uno de los primeros testimonios escritos que describen con imparcialidad y sentimiento el escenario americano.

La partida de Lisboa tuvo lugar el sábado 10 de Noviembre de 1530, con una flota de cinco naves rumbo a la América del Sur: la nave Capitana, de 150 toneladas; la nao San Miguel, de 125 toneladas, mandada por Héctor de Sousa; el galeón San Vicente, también de 125 toneladas, al mando de Pero Lobo Pinheiro, y las carabelas Rosa y Princesa, piloteadas respectivamente por Diego de Leite y Baltazar Gonçalves. En total la expedición constaba de 400 personas.

El 28 de diciembre hicieron escala en el puerto de Riveira Grande, de la isla Santiago del archipiélago del Cabo Verde. El 3 de enero de 1531 siguieron viaje hasta llegar al cabo de San Agustín, donde vieron una nave francesa dedicada al comercio clandestino del palo brasil, que al verse cercada por la armada portuguesa fue abandonada por sus tripulantes que huyeron a tierra para esconderse en la selva. Al sur del cabo San Agustín se apoderaron de otra nave francesa también cargada de palo brasil. Martim se enteró de la existencia de otra nao francesa en la isla de San Alejo y envió a su hermano al frente de dos carabelas a perseguirla. Fue rebautizada con el nombre de Nossa Senora Das Candeas y pasó a integrar la expedición.

En dicho paraje la nao San Miguel perdió la conserva y la armada no supo más de ella. En Pernanbuco se separaron las dos carabelas, que fueron a descubrir el río Marañon al mando de Diego Leite, y una de las naves francesas capturadas que fue enviada a Portugal cargada de palo brasil

El 1º de marzo de 1531 la nao Capitana, la Nossa Senora Das Candeas y el galeón San Vicente continuaron viaje hacia el sur. En la bahía de Todos los Santos incorporaron a la expedición a la carabela Santa María do Cabo, que se dirigía a Sofala.

El 30 de abril, después de luchar con vientos contrarios y soportar algunas tempestades, llegaron a Río de Janeiro. Martim Afonso envió cuatro hombres tierra adentro a explorar y estos volvieron al cabo de dos meses con novedades de que en el río Paraguay había mucho oro y plata. En Río pasaron unos tres meses que emplearon en construir dos bergantines para reconocer el Río de la Plata y acopiar víveres para un año.

El 1º de agosto zarparon de Río de Janeiro y el 12 de agosto fondeaban en la isla de la Cananea. Ahí se separó un grupo de tripulantes que se comprometía a recolectar esclavos, oro y plata en un plazo de 10 meses. Según Fernández de Oviedo, todos fueron muertos por los indios.

El 26 de setiembre continuaron rumbo sur y el 29 avistaron el puerto de Los Patos, en la costa de Río Grande del Sur, pero los vientos contrarios les impidieron entrar.

El domingo primero de octubre uno de los bergantines perdió la conserva, los vientos nordestes no les permitieron continuar el rumbo hasta que el 7 pudieron retomar el rumbo sur y se aproximaron al Río de la Plata.

El jueves 12 se encontraron al atardecer entre tres islas de piedra, actualmente las islas de Torres, donde cazaron lobos marinos. El sábado 14 de octubre Pero bajó a tierra firme, la cual encontró muy hermosa, con muchos arroyos, yerbas y flores como las de Portugal. Regresaron a las naves sin ver gente.

El 15 de octubre siguieron camino a lo largo de la costa hasta llegar a lo que creían era el cabo de Santa María, ahora se sabe que se trataba de Punta del Este. Al día siguiente fueron a una isla que estaba cerca del cabo, la isla Gorriti, donde se abastecieron de agua, leña y pesca. Luego siguieron camino, pero el clima y las tormentas hicieron que la expedición sufriera pérdidas y que las naves tuvieran daños.

Pero Lopes de Sousa siguió camino sin la nave Capitana. Recorrió la costa norte hasta las islas Dos Hermanas, frente a la actual Colonia, y navegó por el delta del Paraná.

Luego emprendió el regreso para reencontrarse con su hermano y enterarse de que la Capitana había naufragado en las inmediaciones del actual balneario Bella Vista, dos leguas al este del arroyo Solís Grande. Con ella se habían perdido muchos enseres necesarios para la población que pensaba fundarse.

Martim Afonso decidió, junto con el consejo de pilotos, maestres y todos lo que eran entendidos, que no debían ir por el río de Santa María arriba por muchas razones: una era por no tener mantenimientos, pues se habían perdido al naufragar la Capitana, otra era que las dos naos que quedaban estaban tan desgastadas que no se podrían sostener y la tercera era que el río parecía innavegable por los temporales que había en verano.

Martim Afonso mandó a Pero en un bergantín con 30 hombres a tomar posesión y poner unos padrones en tierra en nombre de Portugal. Estos fueron colocados en el estero de Quereandís, sobre el Paraná, y posiblemente en la isla de Las Palmas o Gorriti, donde Martim Afonso estuvo más de un mes esperando el regreso de su hermano.

Durante el regreso llegaron a la Cananea el 8 de enero y ahí quedaron hasta el 16 reparando una vía de agua. El 21 de enero entraron al puerto de San Vicente y fondearon en la playa de la isla del Sol.

Martim Afonso mandó a construir una casa en tierra para guardar en ella las velas y las jarcias, luego varó en tierra la nao Nossa Senora Das Candeas y decidió poblar allí. Hizo una villa en San Vicente y otra a nueve leguas, a orillas del río Piratininga.

Pero Lopes fue encargado de volver a Portugal con la nao Nossa Senora Das Candeas y el galeón San Vicente a fin de dar cuenta del resultado del viaje.

El 22 de mayo partió en el galeón San Vicente hacia Río de Janeiro, llegó el 24 y se quedó en espera de la nao Nossa Senora Das Candeas, que había quedado en San Vicente para repararse, la cual se le incorporó el 14 de junio.

El 4 de julio de 1532, luego de haber acopiado víveres para 7 meses, partieron de regreso. El diario termina bruscamente el domingo 24 de noviembre, en pleno Atlántico septentrional, desconociéndose la causa de haber quedado interrumpido.

Por otras fuentes se sabe que Pero Lopes llegó a Algarve a fines de diciembre del 1532 o principios de enero del 1533, pero que recién en agosto le fue posible entrar en Lisboa.

Por último queda por considerar el final de las expediciones portuguesas al Río de la Plata, que podemos ubicar en el año 1680, con la fundación de la Colonia del Sacramento. Se trataría de la culminación de un ciclo comenzado en 1501 con el viaje secreto de exploración que integraba Américo Vespucio y que luego reforzaron las expediciones de Esteban Froes, Cristovao Jacques y fundamentalmente la de Martim Afonso de Sousa, cuyo naufragio de la nave capitana frente a las costas de Maldonado impidió la fundación de un fuerte en el lugar, circunstancia que tal vez hubiera cambiado la historia de esta parte del mundo. La corona de Portugal siempre se consideró con derechos sobre la zona por considerarla el límite sur de sus fronteras con España. Pero la fundación de la Colonia del Sacramento y sus fundamentos legales son otra historia, que seguramente desarrollaremos en otra conferencia en la Academia Uruguaya de Historia Marítima y Fluvial.

Bibliografía

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Américo Vespucio. Historia de una inmortalidad a la que América debe su nombre. Buenos Aires: Claridad, 1996. 


 

[1] Un tinte escarlata para el teñido de las telas y vestimentas.

[2] Los navíos que marcaron la primera fase de los descubrimientos portugueses, en la etapa atlántica y africana, fueron las carabelas. Eran de navegación fácil y mayor capacidad de abordaje, ya que contaban con aparejo latino. Su carga reducida y la necesidad de numerosa tripulación eran sus principales inconvenientes. Para la navegación astronómica, los portugueses, como otros europeos, recurrían a instrumentos árabes como el astrolabio y el sextante, que aligeraban y simplificaban la navegación, e inventaron otros como la ballestilla o bengala de Jacob.

[3] El cabo Bojador está ubicado en la costa atlántica norafricana, al sudeste de las islas Canarias. El primer navegante europeo de que tenemos noticia en pasarlo fue el portugués Gil Eanes en 1434 en expedición bajo los auspicios de Enrique el Navegante. La previa desaparición de las embarcaciones que se aventuraban en sus inmediaciones había dado lugar a mitos como el de la existencia de monstruos marinos o el hervir de las aguas.

La principal preocupación residía en los frecuentes cambios en la dirección del viento, que comienzan a soplar del noreste empujando a los barcos irremisiblemente hacia el sur, sin posibilidad de retorno. Por otra parte, como las corrientes marinas discurren en sentido norte, se forman enormes bancos de arena de tal manera que lejos de la costa la profundidad suele alcanzar los dos metros, lo que solía ocasionar frecuentes naufragios.

Finalmente Gil Eanes consiguió rebasar el también llamado «Cabo del Miedo» alejándose de la costa, lo que le permitió seguir avanzando hacia el sur descubriendo los vientos alisios, que soplaban en el sentido de las agujas del reloj, permitiendo a los navegantes dirigirse nuevamente hacia el norte y regresar así a su punto de partida.

[4] En la expedición de Vasco da Gama se entiende que se utilizaron por primera vez las naos, embarcaciones más apropiadas que las carabelas para enfrentar la navegación oceánica. La combinación de las velas cuadras con las latinas les permitía aprovechar en mejores condiciones la dirección del viento.

[5] El capitán Max Justo Guedes, director del Servicio de Documentación de la Marina Brasilera, llegó a la conclusión de que Yánez Pinzón llegó a la punta de Mucuripe, al sur de la actual ciudad de Fortaleza, capital de Ceará, a medio camino entre el cabo Orange y el de San Agustín. Guedes se basó en los documentos oficiales y fundamentalmente en la polémica judicial que siguió al viaje.

[6] Respecto del nombre Montevideo, Laguarda Trías cita, para descartarlas, las dos teorías más conocidas sobre su origen:

1.       La de la exclamación del vigía de la expedición de Solís que gritó «Monte Vide-eu», construcción defectuosa con mezcla de idiomas, derivada de la variante más reciente del nombre y no de la primitiva.

2.       La de Monte IV D Este a Oeste, que según Laguarda «más conviene olvidar que recordar».

El origen más probable, para él, responde a que Américo Vespucci era nacido en Florencia, cuyo calendario señalaba el año 1501, porque comenzaba dos meses y 25 días después que el utilizado en el resto de Europa. De esta manera, a pesar de haber descubierto Montevideo en 1502, el habría escrito Vidi con el significado desarrollado anteriormente.

[7] Andrés de San Martín fue científico español del que se desconoce fecha y lugar de nacimiento. Fallecido en Mactán, Filipinas, en 1521, destacó por sus trabajos sobre náutica y astronomía. Discípulo de Vespucio, este le confirió atribuciones para representarlo en la reclamación contra los bienes de Berardi, su antiguo patrón. En 1512 se le concedió un salario de 20.000 maravedíes como piloto del rey. En 1516, tras la muerte de Solís, se ofreció para el puesto de Piloto Mayor, pero fue seleccionado Sebastián Caboto por decisión del obispo Fonseca. Fue elegido piloto para integrar la expedición de Magallanes en su carácter de experto cosmógrafo. Falleció durante la expedición.

[8] Diplomático e historiador argentino autor del libro América, la bien llamada.

[9] La Nueva Noticia de la Tierra del Brasil, Nova Gazeta da Terra do Brasil o Newen Zeitung Auss Presilly Landt es un panfleto raro, tal vez escrito en 1514 por un alemán, no identificado, al servicio de los banqueros Fugger. Es un trabajo curioso acerca de la vida de los aborígenes y el trueque practicado entre los navegantes y los indios escrito hacia el año 1514. Fue descubierta por el investigador brasileño Vernhagen.

[10]En la Nueva Noticia se indica la llegada de «un navío que Don Nuño, Cristóvão Haro y otros armaron». Los Haro eran una poderosa familia comercial que participaba en el tráfico del palo brasil, madera tintórea que servía para teñir la lana. Portugal era la nación que explotaba el palo brasil, de ahí la relación de los Haro con el rey Manuel cuando los hermanos Haro se trasladaron a Amberes en 1503. Cristóbal Haro sirvió al rey, entre otras cosas, despachando varias expediciones a América hasta 1517 en que se trasladó a Castilla. El «Don Nuño» de la Nueva Noticia, se ha establecido que se trata del portugués Nuño Manuel, hijo de un obispo y hermano de lactancia de don Manuel.

[11] Otras fuentes indican que Juan de Lisboa se encontraba en Marruecos durante 1513, por lo que es de suponer que la expedición debió llevarse a cabo en 1511 o 1512 y no en 1514 como plantea la Nueva Noticia, por el poco lapso de tiempo disponible, unos siete meses. Laguarda Trías plantea que el de 1514 pudo haber sido un viaje de engaño para dar a conocer el descubrimiento realizado en 1512. Otros autores sostienen, sin embargo, que si la nave de Juan de Lisboa hubiera estado lista para partir, solo en espera de su llegada, se hubiera contado con nueve meses para el viaje y la expedición pre descubridora podría haberse realizado en 1514.

Las dos naves armadas por Haro y Manuel comandadas por Diego Ribeiro, heraldo real, debieron partir de Lisboa a fines de 1511 o principios de 1512. Una habría ido al mando del mismo Ribeiro y llevado de escribano a Esteban Froes y el piloto Rodrigo Álvarez; la otra iría al mando de Juan de Lisboa.

Juan de Lisboa habría realizado otro viaje el 12 de octubre de 1514 y contado lo sucedido en el viaje anterior. La incógnita de si Lisboa realizó realmente el viaje anterior o solo este de 1514, además de que en su relato para la Nueva Noticia no menciona el agua dulce que tanto llamó la atención de Solís, hacen que este viaje solo pueda considerarse un predescubrimiento.

[12] Pocos detalles biográficos se conocen sobre Cristóvão Jacques. Navegante hábil y experto, se aventuró con solo dos carabelas a explorar el Río de la Plata y con solo 15 hombres remontó el Paraná. Inconmovible ante los ruegos, retuvo durante dos años en Pernambuco el capitán español Rodrigo de Acuña por haber penetrado en el territorio jurisdiccional portugués. Sordo ante las súplicas de los náufragos de Solís para que los llevase a Portugal, ante el temor de disgustar al monarca portugués, no vaciló en dejarlos abandonados entre salvajes. Implacable con los corsarios franceses que accedían a las costas brasileras a cargar clandestinamente palo brasil, les hizo una guerra despiadada. Y cuando creyó olvidado o postergado el favor real, acudió al embajador del país rival para ofrecer sus servicios.

[13] Martim Alonso Lopes de Sousa (Vila Viçosa, 1500 - Lisboa, 21 de julio de 1571), fue un noble, marino y militar portugués, recordado por haber participado en la primera expedición colonizadora en Brasil y por haber sido Gobernador de la India portuguesa (1542-45). Estudió en su juventud matemática, cosmografía y navegación. Estuvo al mando de la expedición de 1530 al territorio brasileño donde fundó, en 1532, São Vicente, la primera villa brasileña.

[14] El libro Diario de navegación. Pero Lopes y la expedición de Martín Afonso de Sousa (1530-1532) se presenta en edición por cuenta de la editorial brasileña Terceiro Nome con textos del historiador Ricardo Maranhão e ilustraciones del arquitecto e ilustrador Vallandro Keating,

El rescate del diario de navegación original que llevaba Pero Lopes está comentado e ilustrado por los autores, pero conserva en un apéndice el texto original escrito por Lopes día a día, y desde el cual verdaderamente es posible recuperar la visión paradisíaca de este continente tal como lo encontraron los conquistadores europeos.

 

  

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