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Publicado en Ciclo de Conferencias año 2015

Juan Antonio Varese

El fracaso de la expedición al mando de Juan Díaz de Solís por no haber descubierto un paso interoceánico que abriera una nueva ruta hacia las islas de la Especiería, había dejado la situación en punto cero. Portugal, mientras tanto, proseguía su floreciente comercio más allá de la India: había llegado a las Molucas en 1511 y fundado un fuerte en la isla de Ternate.

Fallecido Solís en alevoso y discutido ataque de los aborígenes, su cuñado Rodrigo de Torres tomó el mando de la expedición para emprender el regreso. Una de las naves, como ya se ha visto, naufragó en las inmediaciones de la isla que luego sería llamada de Santa Catalina, quedando los náufragos a vivir con los indígenas y dando origen a la leyenda de la Sierra de la Plata. Las dos naves restantes enfilaron directamente hacia Sevilla, adonde llegaron 4 de setiembre de 1517.

El arribo, que tanto podría interpretarse de éxito por la tierra descubierta como de fracaso por la anotada circunstancia de no encontrar el pasaje, coincidió con un momento de especial relevancia en vida política de la península, a tan solo dos semanas del juramento de un nuevo rey, esta vez un joven de 17 años que inauguraría una dinastía de procedencia alemana. En efecto, el 17 de setiembre de 1517 el joven Carlos de Habsburgo, recién llegado de Flandes, era coronado rey con el nombre de Carlos I de España y poco después también recibiría la corona como emperador de Alemania bajo el nombre de Carlos V.

Como buen joven tenía la mente abierta y el entusiasmo encendido para embarcarse en proyectos que le supusieren gloria y riqueza en el grado necesario para enfrentar los extendidos dominios a su cargo. Uno de los problemas pendientes era la competencia con Portugal por las tierras descubiertas, lo que planteaba el camino abierto a una arriesgada apuesta: por un lado la búsqueda de un paso interoceánico y por otro el tema de fondo de a quién pertenecían las Molucas: ¿estaban dentro o fuera de la línea imaginaria de las 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde, según lo dispuesto por el Tratado de Tordesillas?

Fue entonces que se produjo el encuentro entre las ambiciones del monarca y las expectativas de un marino portugués tan corajudo como pretencioso que decía conocer el secreto de un mapa que le permitiría encontrar un pasaje entre ambos océanos y por consiguiente llegar a las Molucas por la ruta de occidente.

El personaje

En el desarrollo histórico muchas veces resulta providencial el cruce de circunstancias y la coincidencia de los tiempos. Desengañado Magallanes de la falta de reconocimiento de su rey, había resuelto cambiar de bandera, lo que no consideraba traición a su patria. Al menos él no lo entendía así, no obstante a que tiempo después la Corona portuguesa lo acusara de ello e intentara hacerlo desistir de su proyecto.

Nacido en las inmediaciones de Sabrosa, al norte de Portugal, en 1480, era hijo por línea paterna de Rui de Magalhães, caballero hidalgo de la casa de D. Afonso, conde de Faro, señor de Aveiro y alcalde mayor de Estremoz, y por línea materna de Inês Vaz Moutinho. Su padre había ejercido entre 1472 y 1478 los cargos de juez ordinario, procurador de cámara y concejal en Oporto y en 1486 se había desempeñado como alcalde en Aveiro.

Con solo diez años de edad entró a servir de paje en la corte de la reina Leonor, consorte de Juan II de Portugal. Y ya por 1505 se embarcó en una de las 22 naves de la expedición de Francisco de Almeida que se dirigía a la India para conquistarla. Conocido por su hambre de hazañas y valentía, no hubo combate en el que no resultara herido, circunstancia que lo llenaba de orgullo.

En 1511 participó en la expedición organizada por el virrey Alburquerque destinada a la conquista de la Malaca (Malasia), desde donde, junto con un grupo de expedicionarios, se lanzó en busca de las ansiadas Molucas.[1] La expedición fracasó, pero su amigo Francisco Serrano[2] pudo llegar y radicarse en Ternate, una de las buscadas islas, desde donde mantuvo contacto epistolar con Magallanes.

Poco después se radicó en la India para dedicarse a los negocios, pero como estos no prosperaron tuvo que regresar a Portugal. Desde allí partió en una nueva expedición a Marruecos y fue gravemente herido en la batalla de Azamos, evento que lo dejó cojo para el resto de su vida. Acusado de vender armas y artículos al enemigo, perdió la confianza de sus superiores, siéndole denegada una recompensa que solicitó al rey Manuel el Afortunado por los servicios brindados a la Corona.

Ya por entonces tenía formado el convencimiento de que las Molucas se encontraban dentro del hemisferio correspondiente a España. Avalaban su teoría dos elementos importantes: un mapa dibujado por Martín Behaim,[3] donde figuraba un pasaje entre el océano Atlántico y el Mar del Sur, y la amistad con un extraño personaje que hizo correr ríos de suposiciones, un tal Rui Faleiro,[4] astrólogo y cosmógrafo portugués, autor de un método para medir las distancias con exactitud, además del convencimiento de la redondez de la tierra y de que era posible llegar al Lejano Oriente por la ruta occidental.

Quedan planteadas varias dudas respecto de su conocimiento previo sobre la existencia del estrecho, ya que Magallanes alardeaba de poseer el mapa de Behaim que señalaba el estrecho, pero no lo mostraba. Los historiadores, cada vez que reescribimos sobre la hazaña magallánica, nos replanteamos la pregunta de si la seguridad en la existencia del estrecho era real o más bien fue un golpe de intuición y acto de audacia.

Desengañado con la corte de Portugal, que no había valorado sus servicios ni prestado atención a su teoría de circunvalar el mundo, decidió cambiar de fidelidad. Le promediada la vida, era un hombre maduro para la época, con 37 años a cuestas, un pasado de aventuras, heridas y sin reconocimiento, pero se decidió a cruzar la frontera y radicarse en Sevilla. También debe haber influido su casamiento con Beatriz Barboza, hija de un pariente lejano, Diego Barboza, un portugués funcionario de confianza de la corte española y encargado de las atarazanas reales.

Al igual que Colón, hay más de una línea de paralelismo en la historia y el destino de ambos, optó por cambiar de bandera, más bien de rey en los conceptos de la época, para poder cumplir sus sueños de gloria.

Por influencia de su suegro tuvo oportunidad de entrevistarse con el flamante Carlos I para exponerle sus ideas y plantearle su proyecto de llegar a las Molucas a través del occidente. En otras palabras, completar el viaje planeado por Colón de llegar a la India, barajando como punto central de su argumentación el que las ansiadas islas se encontraban dentro del hemisferio español, por lo que se tenía el legítimo derecho para llegar hasta ellas y organizar el comercio por la ruta del Atlántico.

Capitulaciones

Las capitulaciones fueron firmadas el 22 de marzo de 1518 entre Carlos I, Fernando de Magallanes y Rui Faleiro. A estos últimos y sus descendientes les correspondería el gobierno de las tierras que encontraran, además de una vigésima parte de las ganancias resultantes de los descubrimientos.

Quedaban autorizados para armar una flota de cinco naves, cuyo monto asumiría la Corona, para emprender una expedición en busca de un estrecho desde donde dirigirse a las Molucas, teniendo sumo cuidado de no penetrar es territorio portugués. A Magallanes se le concedía el título de capitán general, pero debería dar cuenta de sus decisiones a los demás capitanes. El plazo para realizar la expedición era de diez años. Si encontraban más de seis islas podía considerarse señor de dos de ellas, por supuesto que bajo la soberanía del monarca español.

La oferta era demasiado generosa. De seguro que Fernando el Católico, más prudente y desconfiado que su joven e impetuoso nieto, nunca hubiera firmado unas capitulaciones tan amplias.

Una de las contradicciones del caso era que Magallanes, a pesar de ser el capitán general, compartiría el mando y las responsabilidades con Rui Faleiro, que no era capitán ni hombre de mar. Hecho extraño que, siendo tan ambicioso, hubiera aceptado compartir el mando con alguien de menor capacidad, lo que tal vez se explique porque Faleiro decía haber descubierto un método infalible para medir las distancias, indispensable para determinar si las islas estaban dentro del dominio español.

En realidad el método no se conoció nunca porque Faleiro no alcanzó a embarcar. Previo a la partida, tal vez poseído por la locura o por alguna maniobra de Magallanes que no quería compartir el liderazgo, abandonó el proyecto. Algunos dicen que perdió la razón, lo que fue motivo suficiente para que fuera sustituido por el astrólogo Martín de Sevilla y por el capitán Juan de Cartagena.

Faleiro se llevó el secreto del método a la tumba. Para el historiador y escritor español José Luis Comellas, Faleiro es el primer misterio en la expedición de Magallanes.[5]

Preparativos

Los preparativos fueron extensos y minuciosos porque la expedición debía durar varios meses y atravesar mares desconocidos. Se necesitaban embarcaciones bien preparadas, provisiones, municiones, insumos, chucherías para los intercambios comerciales, en fin, todo lo necesario para una navegación de altura sin precedentes. Tanto fue así que los preparativos demandaron 17 meses entre la firma de las capitulaciones y la partida de la expedición en agosto de 1519.

Lo más dificultoso, como suele acontecer en casos similares, resultó ser la elección de los tripulantes, que debía conformar a unos y otros intereses. La Casa de Contratación de Sevilla impuso el nombre de Juan de Cartagena para defender los intereses de la Corona, dura tarea porque debió de chocar muchas veces con el espíritu autoritario de Magallanes, que lo veía como un estorbo para sus decisiones.

Quedó al final compuesta de un aproximado de 265 hombres, de los cuales 24 eran portugueses, 22 italianos, 21 franceses, 5 flamencos, 3 griegos, 2 alemanes, 1 inglés y la mayor parte de españoles.

Una dificultad adicional la constituyeron las maquinaciones de las autoridades portugueses que, enteradas del cambio de bando de Magallanes y del viento favorable a la marcha de su proyecto, hicieron todo lo posible para impedir el viaje o por lo menos para entorpecerlo. Debe haber pesado en el recuerdo el caso de Cristóbal Colón, ocurrido casi treinta años antes, en que tras ser rechazado por la corte de Portugal fue aceptado por la de Castilla, terminando por descubrir el Nuevo Mundo. No fuera que resultara lo mismo y que el tozudo de Magallanes, portugués por añadidura, terminara por llegar a las Molucas por una ruta distinta. Los avezados espías y cautos informantes que los lusitanos disponían en Sevilla trataron de comprar conciencias e incluso le aconsejaron al rey que convocara a Magallanes a su corte para convencerlo de no realizar el viaje. El embajador de Portugal en Sevilla, Álvaro da Costa, tuvo un activo papel en esta suerte de guerra sicológica y estratégica, que como puede verse ha sido empleada en todos los tiempos.

Comellas llega incluso a aventurar que fueron los espías portugueses quienes enturbiaron las relaciones entre Faleiro y Magallanes, sembrando dudas sobre la cordura el astrólogo. Si bien los portugueses consideraban a Magallanes un traidor por haberse puesto al servicio de la Corona española, también esta última lo miraba con desconfianza, fundamentalmente por su actitud de seleccionar y dar preferencia a sus compatriotas como miembros de la tripulación.

Otra de las actitudes que despertó sospechas fue el enarbolamiento del pendón de armas de Magallanes en lo alto de la nave capitana durante los preparativos, porque se creyó ver en ello un velado homenaje a su patria de origen. A pesar de dársele la razón y permitírsele izar su bandera, el tema se constituyó en causa de frecuentes rivalidades y malentendidos entre españoles y portugueses durante la travesía. Dentro de los pocos que estaban a favor de Magallanes se encontraban Diego Barbosa ―su suegro―, Juan de Arande y el comerciante y armador Cristóbal de Haro.

La flota

La flota estaba compuesta por cinco navíos: cuatro naos y una carabela.

La Trinidad, de 110 toneles, inicialmente la capitana, iba al mando del propio capitán general Fernando de Magallanes. Le secundaban el piloto Estaban Gomes, (portugués), Juan Bautista de Punzorol (genovés), el contramaestre Francisco Albo (vecino de Rodas). Uno de los marineros era Leone Pancaldo, personaje que en el futuro tuvo renovado protagonismo al frente de una expedición a su mando, y entre los sobresalientes[6] iba Antonio Lombardo, natural de Lombardía, más conocido como Antonio Pigafetta.

La San Antonio, de 120 toneles, tenía por capitán a Juan de Cartagena, el representante de los armadores, personaje que desde el comienzo mantuvo una ríspida relación con el capitán Magallanes. También iban Andrés de San Martín como piloto de su Alteza real y Juan Rodríguez de Mafra, junto con varios extranjeros y unos pocos portugueses.

La Concepción, de 90 toneles, tenía por capitán a Gaspar de Quesada y piloto al portugués Joan López Caraballo. Entre la tripulación figuraban alemanes, flamencos, portugueses e italianos.

La Victoria, de 85 toneles, pese a ser la nao de menor tamaño, era la más nueva y mejor equipada. Iba de cargo del capitán y tesorero de la armada, Luís de Mendoza.

La Santiago, de 75 toneles, la única carabela, estaba capitaneada por el piloto Juan Rodríguez Serrano.

Conviene precisar que la época coincidía con la sustitución de las viejas y confiables carabelas, livianas y con poca capacidad de carga, por las naos, más robustas y aptas para transportar mercaderías y tripulantes. En vías de terminar la era de los descubrimientos, estaba por comenzar la de conquista, lo que requería de naves más aptas para los proyectos de transporte y colonización.

Para conocer la expedición contamos con tres diarios de navegación debidos a la pluma de tres cronistas que dejaron su versión con improntas distintas: el de Francisco Albo, el de Antonio Pigafetta y el de Juan Bautista de Punzorol.

El de Albo, de menos vuelo imaginativo y valor literario, resulta más detallado en lo geográfico y descriptivo en los detalles técnicos. El de Pigafetta refiere la descripción de paisajes y la narración de encuentro con los indígenas amén de la aparición de monstruos conforme a la fantasiosa la mentalidad de la época, en resumen una mezcla de realidad y fantasía que lo ha transformado en uno de los libros clásicos de la historia de la humanidad.

Partida

La expedición dejó el puerto fluvial de Sevilla el 10 de agosto de 1519 para anclar en el atlántico de Sanlúcar de Barrameda, donde completar los preparativos y ultimar los detalles lejos de las miradas portuguesas. No olvidemos que lo mismo había acontecido con la expedición de Solís, que para evitar los avistamientos de último momento hubo de trasladarse en procura de una ribera menos cosmopolita pero más marinera.

El 20 de setiembre se produjo la partida de Sanlúcar de Barrameda.

Tras una escala en las Canarias, descendieron por la costa africana hasta donde viraron al oeste, rumbo a la costa americana. La travesía duró más de lo previsto porque la zona por la que cruzaron desde África hasta Brasil, a pesar de ser la más corta en distancia, suele resultar inestable y peligrosa.

Estancia en el Río de la Plata

Interesa fundamentalmente a nuestro trabajo estudiar el período en que la expedición permaneció en el Río de la Plata. Fueron tan solo 27 días, del 10 de enero al 6 de febrero de 1520, en que, después de comprobar que el curso de agua no desembocaba en ningún estrecho, continuaron viaje con rumbo al sur.

Para el caso nos basaremos en el capítulo «Viages al Maluco» de la obra de Martín Fernández de Navarrete,[7] complementado por los diarios de Francisco Albo,[8] que describe la navegación efectuada con suficientes detalles como para poder reconstruir el derrotero, de Antonio Pigafetta y demás relatores del viaje.

De cuya compulsa resulta que el martes 10 de enero de 1520 la flota se encontraba «en derecha frente al cabo Santa María», la actual Punta del Este, tal cual lo reconoció el piloto Juan Rodríguez de Caravallo, que lo tenía sabido de Juan de Lisboa, piloto portugués que lo registró anteriormente cuando vino con Solís.[9] Fernández de Navarrete lo describe de esta manera:[10]

El 10 en latitud S. 35o estaban con el Cabo de Santa María, de donde corria la costa al O; la tierra era arenosa; dieron á un monte, que tenía la figura de un sombrero, el nombre de Monte vidi; navegaron por agua dulce y fondos de 5, 4, y tres brazas, reconociendo hasta lo mas interior de rio (de la Plata). Se trasladó Magallanes á la nao S. Antonio para ir a la otra parte del rio, de donde regresó hallando que tenía veinte leguas de ancho, y estos reconocimientos duraron hasta el 7 de febrero que tenían a la vista el Cabo de S. Anton, y les demoraba al S, corriendo este Cabo N.S. con Monte vidi, distante veinte y siete leguas.

Cuando estuvo sobre el Cabo de Santa María experimentó un fuerte temporal y varios aguaceros, y en el rio renovó la aguada, y se hizo mucha pesca. Se acercaron muchos naturales del país en canoas, pero sin atreverse á llegar a bordo hasta una noche en que un indio solo fue en una canoa, y entró en la capitana sin temor. Iba vestido de una pelleja de cabra, y Magallanes le mandó dar una camisa de lienzo y otra camiseta de paño encarnado; le enseñaron una taza de plata, y se la puso en los pechos diciendo que había mucho entre ellos, y al día siguiente se fue a tierra sin volver á aparecer.

Desde el Cabo de S. Anton corria la costa al S. hasta el Cabo de Santa Polonia que está en 37o, y el dia 8 siguió por ella hasta este Cabo

El día 13 lo pasaron en reconocimiento y a la tarde se adentraron en el río de Solís. Más adelante pasaron por el río de los Patos, que el historiador y comandante Laurio H. Destéfani identifica con el actual río Solís, que por entonces debería tener mayor calado que en el presente.

Navegaron por agua dulce y divisaron «una montaña como un sombrero» a la que Albo llamó Monte Vidi, por lo que el 15 de enero se habría bautizado a la futura ciudad de Montevideo que 200 años después sería fundada en las inmediaciones del cerro.

El día 16 anclaron frente a la costa de Colonia. Hay opiniones diversas sobre el lugar en base a la profundidad en brazas escrupulosamente mencionada. Para algunos se trataría de la desembocadura del arroyo Cufré (en inmediaciones de la Punta Jesús María) y para otros de la Punta Artilleros o de la isla San Gabriel, en la bahía de Colonia.

Desde allí resolvieron explorar el río en busca del paso entre los océanos. La Santiago, la nave de menor calado, fue enviada a explorar el río Uruguay, con lo que según algunos autores habría llegado hasta la desembocadura del Río Negro, resultando el piloto Juan Rodríguez Serrano su descubridor. Mientras tanto Magallanes habría transbordado a la San Antonio para ir a la otra parte del río y despachado a otra de las naves para explorar la costa del sur a ver si había pasaje para pasar.

Viendo lo negativo de los esfuerzos decidieron juntar leña y cargar agua dulce, que la encontraron «tan buena como en Sevilla».

El jueves 2 de febrero de regreso fondearon a la vista del Monte Vidi, seguramente en plena bahía de Montevideo. Tal vez hayan desembarcado y, lo más lógico, ascendido al pequeño cerro para divisar el panorama.[11]

El vienes 3 levaron anclas y tomaron rumbo sudeste hasta dar con un cabo al que denominaron Santantón en homenaje a la nao San Antonio, desde la que se lo divisó. Se trataba del cabo San Antonio que marca el límite sur del Río de la Plata.

Para la toponimia de la zona quedaron registrados algunos nombres: el río de Solís, el río San Cristóbal, el cabo de Santa María, el río de los Patos y el Monte Vidi.

En los diarios de Albo y Pigafetta y en las cartas de Brito y de López de Recalde el Río de la Plata aparece con el nombre de «Río de Solís»; en cambio en el del autor del derrotero escrito en portugués figura como «Río San Cristóbal», con cuyo nombre aparece también en el mapa de Maiollo de 1527.

Tras la interminable hambruna que los persiguió desde la salida del Río de la Plata, llegaron al puerto de San Julián, en la Patagonia. Un día después de la llegada se produjo una rebelión de la que resultaron dos de sus cabecillas ejecutados, otros dos abandonados y varios condenados a muerte para reestablecer la autoridad de Magallanes.

Cinco meses permanecieron en la bahía de San Julián, donde armaron un artillero en tierra para reparar y calafatear las naves. Algunos indígenas, que los españoles juzgaron de alta estatura, se acercaron al campamento vestidos con pieles que les llegaban hasta la rodilla y envueltos los pies en abarcas de cuero rellenas de paja, las que dejaban gigantescas huellas sobre la nieve por cuyo motivo fueron llamados Patagones.

Naufragio de la Santiago

Desde el campamento invernal de San Julián, Magallanes envió a la nave Santiago, que era la de menor tamaño, al mando del capitán Juan Serrano a efectuar un reconocimiento de la costa hasta ciertas leguas, previniéndole que si no hallaba el paso, se volviese.

A poco más de 20 leguas hallaron un río de una legua de ancho, el que llamaron Santa Cruz y en el que se detuvieron para pescar y cazar lobos marinos. El día 22 de mayo un reacio temporal le rifó el velamen y le hizo fallar el timón, dando la nao en la costa a tres leguas al sur del río. Se salvó casi toda la tripulación, que eran 37 hombres, excepto el esclavo de Juan Serrano, que se ahogó.

Los náufragos hubieron de regresar por tierra hasta el campamento, atravesando el río Santa cruz, comiendo las yerbas y mariscos que hallaban y padeciendo tantos fríos como penurias de todo tipo.

Magallanes, si bien lamentó la pérdida de la embarcación, se alegró del salvamento de los tripulantes, necesarios para continuar la ruta, proporcionándoles vino, pan y demás cosas y repartiendo a los náufragos en las distintas naves. Juan Serrano fue nombrado capitán de la nao Concepción.

Tiempo después envió a rescatar lo que se pudiera del naufragio y así lograron hacerse de los aparejos, algunas mercancías y pocos alimentos. De esta manera prosiguió la estancia en el campamento en procura de que llegara la estación propicia para continuar la travesía.

El 24 de agosto la expedición continuó viaje hasta el puerto Santa Cruz, donde aguardaron cinco semanas más. El 18 de octubre Magallanes dio la orden definitiva de zarpar en busca del estrecho. El 21 de octubre avistaron, según lo escrito por Albo, «una bahía abierta, a mano derecha una punta de arena muy larga, y el cabo que vimos ante de esta punta se llama el cabo de las Once Mil Vírgenes».[12]

El 1 de noviembre alcanzaron la bahía de Todos los Santos, continuaron viaje hasta la península de Brunschwig.

Regreso de la San Antonio

Magallanes envió a la San Antonio y la Concepción para explorar la bahía. El piloto de la primera, Esteban Gomes, aconsejó el regreso a Sevilla en procura de nuevas embarcaciones y pertrechos, pero Magallanes impuso su firme decisión de continuar.

Mientras esperaban el regreso de las naves observaron fuegos encendidos en el bosque, lo que llevó a bautizar la zona como Tierra del Fuego.

Como la San Antonio no regresaba se resolvió buscarla con las restantes naves. Quince días de búsqueda terminaron por hacerlos caer en la cuenta de que había desertado y emprendido el regreso a Sevilla o que se había perdido o naufragado, con lo que habría que considerarla perdida.

La realidad fue que la San Antonio navegaba de regreso a Europa por la ruta de África, arribando a Sevilla el 6 de mayo de 1521 al mando de Esteban Gomes.[13] Los tripulantes fueron interrogados por las autoridades ante lo insólito del regreso, lo que resulta una fuente invalorable de testimonios sobre la expedición que complementan las crónicas de los navegantes..

Cruce del estrecho y llegada a las Molucas

Por su parte Magallanes había perdido la nave más grande, con mayor cantidad de tripulantes y gran parte de las provisiones. Decidido a continuar la travesía, emprendieron el cruce del estrecho, que no resultaba fácil de navegar, se toparon muchas veces con bahías sin salida o pasajes innavegables.

Luego de sortear las dificultades que les ofrecía ese gran laberinto y de tener que replantearse el rumbo, el 27 de noviembre se encontraron finalmente en mar abierto. Magallanes le dio el nombre de Pacífico por encontrarse aguas tranquilas durante la mayor parte de su travesía por este océano, sin embargo el Pacífico suele ser todo lo contrario, ya que es a menudo azotado por tifones, huracanes y la actividad sísmica y volcánica golpean las islas de este océano y los litorales continentales.

En la ruta hacia las Malucas encontraron varias islas, dos de las cuales llamaron San Pablo y Tiburones, para luego alcanzar las Marianas y llegar a las Filipinas. El arrojado capitán Magallanes terminó sus días en la isla de Mactán, cuando fue herido de muerte en combate con los nativos el 27 de abril de 1521.

Los capitanes Juan Sebastián Elcano, Gonzalo Gomes de Espinoza y Giovanni Batista de Punzorol pasaron a ser comandantes de los navíos restantes. La Concepción debió ser abandonada por las malas condiciones de navegabilidad disponiéndose su abandono e incendio, mientras que Victoria y la Trinidad continuaron el viaje.

 El 7 de noviembre divisaron montañas lejanas que los pilotos indígenas que se habían sumado a la expedición aseguraron que pertenecían a las islas de las Especias. Estas al acercarse se definieron como varias islas coronadas por picos volcánicos. El 8 de noviembre llegaron a la isla Tidore: el objetivo había sido cumplido dos años y tres meses después del comienzo de la expedición y ocho meses después de la muerte de Magallanes.

Luego de abastecerse de especias decidieron regresar a España. La Trinidad se tuvo que quedar reparándose, pero la Victoria emprendió el retorno el 21 de diciembre. Llegan hasta Cabo Verde en busca de insumos, donde algunos tripulantes son atrapados por los portugueses por entrar en sus dominios. Elcano logra escapar y hacerse al mar. Llega a Sanlúcar el 6 de setiembre con apenas 18 sobrevivientes pero cumpliendo con el propósito de tan grande empresa.

La Trinidad tuvo un destino menos glorioso, luego de reparada y de emprender el retorno se topó con muchos problemas, entre ellos con los portugueses, que atacaron la nave y mataron a casi todos sus tripulantes. Solo cinco de los sobrevivientes regresaron a Europa. Juan Rodríguez escapó en un barco portugués. Los cuatro restantes, Gomes de Epinosa, Ginés de Mafra, Leone Pancaldo y Hans Vargue, quedaron presos hasta que fueron rescatados por Carlos V en 1527.

Biografías de miembros de la tripulación

A continuación daremos la nómina de los tripulantes más conocidos en las distintas embarcaciones al momento de la partida.

Trinidad

Nao capitana del porte de 110 toneles, 55 tripulantes.

Es abordada por los portugueses en las Molucas, que toman a los marinos que la tripulaban como prisioneros.

Fernando de Magallanes - Capitán Mayor de la Armada

Nació en Sabrosa, en el norte de Portugal, en 1480. Fue un militar, marino y navegante portugués de linaje noble, nombrado por la Monarquía Hispánica adelantado, capitán general de la «Armada para el descubrimiento de la especería» y caballero de la Orden de Santiago.

En 1505 se embarcó en la expedición de Francisco de Almeida que se dirigía a la India para conquistarla.

En 1511 participó en una expedición destinada a la conquista de la Malaca, desde donde se lanzó en procura de las ansiadas Molucas. La expedición fracasó, pero su amigo Serrano pudo llegar y radicarse en Ternate, una de ellas, desde donde mantuvo contacto con Magallanes.

Poco después se radicó en la India para dedicarse a los negocios, pero como no prosperaron tuvo que regresar a Portugal. De allí partió en una nueva expedición a Marruecos, fue herido en la batalla de Azamos y quedó cojo para el resto de la vida. Acusado de vender armas y artículos al enemigo perdió la confianza de sus superiores, siéndole denegada una recompensa que solicitó al rey Manuel el Afortunado por los servicios brindados a la corona.

Desengañado con Portugal y con la idea, surgida del contacto con la obra de Martín Behaim, de que se podía llegar al Mar del Sur desde el Atlántico por un estrecho al sur del Nuevo Mundo, decidió radicarse en Sevilla.

Por influencia de su suegro, Diego Barbosa, tuvo oportunidad de entrevistarse con Carlos I y el 22 de marzo de 1518 se firmaron las capitulaciones para realizar su expedición. Al mando de la Trinidad descubrió el estrecho que lleva su nombre el 27 de noviembre de 1520.

El 27 de abril de 1521 en la isla Mactán, una de las Filipinas, murió en combate con los nativos.

Esteban Gomes - Piloto

Nació en Oporto, Portugal, en fecha aproximada a 1483. Fue un cartógrafo y explorador que navegó en barcos portugueses durante su juventud. En 1518 se trasladó a Sevilla donde fue nombrado piloto de la Casa de Contratación.

Participó en la expedición de Fernando de Magallanes, la que desertó de la flota el 1 de noviembre de 1520, antes de llegar al estrecho de Magallanes, tomando el mando de la nave San Antonio. Regresó a España por la ruta de Guinea, llegando a Sevilla el 6 de mayo de 1521, donde fue encarcelado y sometido posteriormente a juicio. Luego de que la Victoria, el barco superviviente de la flota de Magallanes al mando de Juan Sebastián Elcano, llegó a España y después de que la tripulación contase su terrible experiencia, Gomes fue liberado.

Algunos autores lo proponen como el descubridor de las islas Malvinas en 1520, a las que habría denominado islas de San Antón.

Entre 1524 y 1525 lideró otro viaje de exploración de la costa oriental de Norteamérica, en busca de un pasaje por el norte. Como resultado de su expedición, el mapamundi realizado por Diogo Ribeiro en 1529 describe la costa este de América del Norte casi a la perfección, desde la península de Florida a la península del Labrador.

En 1535 Gomes se unió a la expedición de Pedro de Mendoza al Río de la Plata. Fue asesinado durante esa expedición en 1538 en el río Paraguay por los indios.

Juan Bautista de Punzorol – Maestre

Genovés, participó de la expedición como maestre de la Trinidad. Se cree que es el cronista de la expedición que firma «un piloto genovés».

Gonzalo Gómez de Espinosa - Alguacil

Navegante español nacido en Espinosa de los Monteros hacia 1479. Participó en la expedición de Magallanes y mientras Elcano completaba la primera vuelta al mundo, Espinosa, al mando de la Trinidad después de la muerte de Magallanes, intentaba llegar hasta América cruzando el Pacífico. Fracasó en su intento después de un viaje desafortunado y fue apresado por los portugueses. Fue rescatado por Carlos V en 1527. Falleció en Sevilla hacia 1530.

Francisco Albo - Contramaestre

Nacido en Grecia en fecha desconocida, fue un marino que participó como contramaestre de la Trinidad en la expedición de Magallanes y terminó el viaje de la primera vuelta al mundo como piloto de la Victoria.

Escribió el Derrotero del viaje de Magallanes desde el Cabo de San Agustín en el Brasil, hasta el regreso a España de la nao Victoria que narra la expedición. Se considera uno de los documentos más importantes y objetivos del viaje. Este importante documento se conserva el Archivo de Indias de Sevilla.

Antonio Pigafetta - Sobresaliente

Comenzó en Nació en Vicenza, Italia, aproximadamente en 1480. De familia noble, trabajó como explorador, geógrafo y cronista de la República de Venecia y fue caballero de la Orden de San Juan.

Formó parte de la expedición de Magallanes. Partió a bordo de la nao Trinidad y fue uno de los 18 hombres que regresaron a España el 6 de setiembre de 1522 a bordo de la Victoria, luego de haber completado la primera vuelta al mundo.

Fue uno de los relatores de la expedición, escrito en italiano y titulado Relazione del primo viaggio intorno al mondo (1524). Este relato es la fuente principal de información sobre el viaje de Magallanes y de la propia vida de Pigafetta.

Se cree que falleció en 1534, en Vicenza.

León Pancaldo - Marinero

Nació en la ciudad de Savona, Italia, en el año 1482. Se enroló en una de las naves de Magallanes como simple marinero. Fue uno de los tripulantes de la Trinidad apresados por los portugueses, después de pasar mil peripecias como prisionero lo llevaron a Lisboa a principios de 1527 para su juicio y se le concedió la libertad ese mismo año.

En agosto de 1536 partió de Cádiz con dos naves llenas de mercancías. Estaba previsto llegar a Perú por el estrecho de Magallanes. El 30 de noviembre de 1537 una de las naves naufragó a la altura de Río Gallegos. La mercadería que se salvó y todos los tripulantes se reunieron en la nave de Pancaldo, la Santa María. Trató infructuosamente de cruzar el estrecho pero los fuertes vientos y corrientes contrarios no se lo permitieron.

Llegó al Plata a fines de febrero de 1538 y fue guiado a Buenos Aires con la esperanza de vender las mercancías que le quedaban luego de todas las peripecias que sufrió. La realidad otra vez le fue adversa, pero su llegada salvó de morir de hambre y frío a los conquistadores de Mendoza, quienes pudieron vestirse con nuevas y buenas ropas, cambiar sus armas destruidas, y disfrutar de diferentes lujos.

Pancaldo murió en Buenos Aires en agosto o septiembre de 1540.

Ginés de Mafra - Marinero

Navegante nacido en Jerez de la Frontera, España, en 1493.

Formó parte de la expedición de Magallanes como marinero en la Trinidad. Ginés fue uno de los navegantes capturados por los portugueses en Benaconora. Fue encarcelado durante 5 meses en Ternate, trasladado a una cárcel en las islas de Banda, donde permaneció durante 4 meses. Fue uno de los cinco sobrevivientes, aunque no regresó a Europa hasta 1525-26.

Participó en la expedición de Ruy López de Villalobos como piloto de la nao San Juan.

Fue uno de los hombres del galeón San Cristóbal que llegó al puerto de Mazaua en 1543. Por causa de un temporal este buque se separó de la flota cuando navegaban el océano Pacífico, entre el atolón Eniwetok en las Islas Marshall y Ulithi, una de las Islas Carolinas. Falleció en 1546.

Axio, de Rodas – Cirujano Sin datos

Pedro de Valderrama – Capellán Sin datos

León de Ezpeleta - Escribano Sin datos

San Antonio

Nao de 120 toneles, 60 tripulantes.

Al mando de Esteban Gomes abandona la expedición antes de llegar al Estrecho de Magallanes y llega a Sevilla el 6 de mayo de 1521.

Álvaro de Mezquita - Supernumerario

Navegante portugués nacido hacia 1485, en fecha desconocida. Pariente de Magallanes comenzó el periplo con el cargo de supernumerario de la nao San Antonio.

Fue de los que regresaron a España a bordo de la San Antonio, luego que el piloto Esteban Gomes tomara el mando e hiciera regresar la nave a España.

Juan de Cartagena – Capitán y veedor de la Armada

Marino español, nacido en España en fecha y lugar desconocidos. Participó de la expedición de Magallanes como capitán de la nao San Antonio y veedor de la Armada, ocupando el lugar de Rui Faleiro, con las mismas atribuciones que el propio Magallanes.

Tuvo con este muchos encuentros hasta que Magallanes decidió ponerlo preso. Como resultado de este incidente Cartagena quedó prisionero bajo la custodia del tesorero Luis de Mendoza y se nombró al contador Antonio de Coca como capitán de la San Antonio, que fue luego sustituido por el sobrino de Magallanes, Álvaro de Mezquita.

Fue uno de los líderes del motín contra Magallanes del puerto de San Julián, del que resultó sentenciado a quedarse abandonado en tierra junto al clérigo Pedro Sánchez de la Reina. Juan de Cartagena debió morir poco después en el mismo puerto, en 1520.

Andrés de San Martín - Piloto de S.M.

Se desconoce su fecha y lugar de nacimiento. Fue un científico español, destacado por sus trabajos sobre náutica y astronomía.

Colaboró en 1508 con Américo Vespucio como apoderado en las reclamaciones que tenía pendientes contra los bienes del comerciante florentino Berardi. En 1512 fue nombrado piloto del rey y en 1516, tras la muerte de Díaz Solís, opositó al puesto de Piloto Mayor, pero el obispo Fonseca prefirió a Sebastián Caboto.

Además de piloto cumplió labores de cosmógrafo en el viaje de Magallanes. San Martín escribió diario de navegación que describe la ruta seguida con todas las posiciones de las estrellas y alturas y otras observaciones.

 Perdió la vida tras ser herido en el mismo combate en el que murió Magallanes en 1521.

Juan Rodríguez de Mafra - Piloto de S.M.

Nació en Palos de la Frontera, Huelva, en 1470. Fue un navegante y explorador. Participó en el segundo y tercer viaje de Colón (1493 y 1498), realizó diversos viajes a la Indias con su hermano Diego de Lepe y fue parte también de la expedición de Rodrigo de Bastidas al Darién (1500-1502)

En 1505 fue enviado, con cargo de maestre de la carabela Santa Cruz, a la toma de Mazalquivir. Los méritos realizados y la experiencia acumulada hacen que le nombren Piloto de Su Majestad, por Real Cédula a los Oficiales de la Casa de Contratación de 23 de mayo de 1512.

Continúa realizando viajes a las Américas hasta que se une a la expedición de Magallanes como piloto de la San Antonio. Falleció en Tidore el 8 de noviembre de 1521, al parecer de fiebre.

Nuestra Señora de la Concepción

Nao de 90 toneles, 45 tripulantes.

Frente a la isla de Bohol, cerca de la isla de Cebú, deciden quemarla por falta de tripulación suficiente.

Juan Sebastián de Elcano - Contramaestre

Nació en Guetaria en 1476. Fue un marino español, participó en la primera vuelta al mundo quedando al frente de la expedición tras la muerte de Fernando de Magallanes.

Era hijo de Catalina del Puerto y de Juan Domingo Elcano. En 1509 formó parte en la expedición militar contra Argel dirigida por el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros. Al regreso se estableció en Sevilla, y tuvo conocimiento del proyecto del marino Fernando de Magallanes, para descubrir una ruta a las Indias por Occidente.

En 1519 Elcano se alistó en la expedición de Magallanes como contramaestre de la nave Concepción, una de las cinco que componían la escuadra.

Murió de escorbuto el 4 de agosto de 1526 a bordo de la nao Victoria cuando participaba en la expedición de García Jofre de Loaisa a las Islas Molucas.

Juan de Acurio – Contramaestre Sin datos

Gaspar de Quesada – Capitán Sin datos

Sancho de Heredia – Escribano Sin datos

Joan López Caraballo – Piloto Sin datos

Nuestra Señora de la Victoria

Nao de 85 toneles, 42 tripulantes.

Es la única que logra retornar a España.

Luis de Mendoza - Capitán y tesorero de la Armada - Ejecutado en San Julián

Blasco Gallego - Piloto de S. A. - El Río Gallegos recibe su nombre de él.

Martín Méndez – Escribano Sin Datos

Antón Salomón – Maestre Sin Datos

Miguel de Rodas – Contramaestre Sin Datos

Santiago

Carabela de 75 toneles, 32 tripulantes.

Naufraga el 3 de mayo de 1520 en el estuario del río Santa Cruz.

Juan Serrano - Capitán, piloto de S.A.

Nacido en Portugal en fecha desconocida, fue un navegante hermano o primo de Francisco Serrano. Participó de la expedición de Magallanes como capitán de la nave Santiago. Falleció en la masacre de la isla de Cebú en 1521.

Otros tripulantes

Cristóvão Rebêlo

Hijo ilegítimo de Magallanes. Murió lanceado en Mactán en el mismo combate con los nativos donde murió Magallanes.

Duarte Barbosa

Nacido en Lisboa aproximadamente en 1480, fue un escritor y comerciante portugués hijo de Diego Barbosa, el suegro y amigo de Magallanes.

Publicó en 1518 un libro que contiene una descripción de las tierras que bordean el océano Índico. Durante el viaje de Magallanes escribió recuentos detallados sobre las culturas extranjeras que visitó.

Luego de la muerte de Magallanes fue nombrado capitán de la Victoria y comandante de la expedición junto a Juan Serrano.

Mientras estaban en la isla de Cebú, Enrique de Malacca, a quien Barbosa maltrataba y amenazaba con enviarlo a Portugal como esclavo de la viuda de Magallanes, complotó con el rajá Humabon para matar a los españoles. El 1 de mayo de 1521 el rajá Humabón les ofreció un banquete en el que los envenenó. Malacca falleció junto con otros de sus compañeros españoles.

Tripulantes que regresaron a España

Dieciocho hombres regresaron a Sanlúcar en 1522 a bordo de la nao Victoria: Juan Sebastián Elcano (capitán), Francisco Albo (piloto), Miguel de Rodas (piloto), Juan de Acurio (piloto), Antonio Pigafetta (sobresaliente), Martín de Yudícibus (marino), Hernando de Bustamante (marinero y barbero); Nicolás el Griego (marinero), Miguel Sánchez de Rodas (marinero), Antonio Hernández Colmenero (marinero), Francisco Rodríguez (marinero), Juan Rodríguez (marinero), Diego Carmena (marinero), Hans (artillero), Juan de Arratia (grumete), Vasco Gómez Gallego (grumete), Juan de Santandrés (grumete) y Juan de Zubileta (paje).

Doce hombres, que estuvieron retenidos como prisioneros en Cabo Verde, regresaron algunas semanas más tarde a Sevilla: Martín Méndez (secretario de la flota), Pedro de Tolosa (despensero), Richard de Normandie (carpintero), Roldán de Argote (artillero), Mestre Pedro (supernumerario), Juan Martín (supernumerario), Simón de Burgos (preboste), Felipe Rodas (marinero), Gómez Hernández (marinero), Bocacio Alonso (marinero), Pedro de Chindurza (marinero) y Vasquito (grumete).

Lograron dar la vuelta al mundo y regresar también a Europa cinco sobrevivientes de la Trinidad, aunque no fue hasta 1525 o 1526: Gonzalo Gómez de Espinosa (preboste), Leone Pancaldo (piloto), Juan Rodríguez el Sordo (marinero), Ginés de Mafra (marinero) y Hans Vargue (artillero).

Cronistas de la expedición

La hazaña contó con varios registros gráficos escritos, distintos pero complementarios entre sí.

En la propia expedición, para privilegio de la hazaña y registro de su historia, viajaban por lo menos cinco cronistas, tripulantes que sabían escribir y tenían la suficiente sensibilidad para darse cuenta que estaban siendo protagonistas de una de las hazañas más importantes en la historia de la humanidad, uno de sus momentos estelares al decir del escritor austríaco Stefan Zweig, obsesionado por el tema de las hazañas marítimas y la personalidad de sus realizadores y autor de un magistral ensayo sobre Américo Vespucio y otro sobre la hazaña de Magallanes.

Dentro de ellos debemos destacar cinco registros: el más importante y conocido es el diario de Antonio Pigafetta; otro que figura firmado «piloto genovés» suponiéndose que se trata del tripulante Juan Bautista de Punzorol; otro conocido como «un portugués amigo de Barboza», es decir anónimo; el consagrado y clásico relato del piloto Francisco Albo, de eminente y riguroso carácter técnico y, finalmente, la carta dirigida por Sebastián Elcano al Emperador Carlos V, narrando las peripecias y resultado del viaje que culminó la primera circunnavegación al mundo.

El libro de Pigafetta, pese a sus errores y exageraciones, ha sido la fuente más confiable y consultada por marinos, cartógrafos, cronistas e historiadores, entre ellos Fernández de Oviedo, Nicolás de Herrera y Fernández de Navarrete.

La narración de Pigafetta, que tituló Primer viaje alrededor del mundo, de la que no se conserva el original, se conoce a través de las copias que envió a distintos destinatarios: en primer término a Carlos V, entonces en Valladolid, otras copias a la regente de Francia, al rey de Portugal, al Papa y a Felipe Villers de L’Isla Adam, maestro de Rodas.

Años después, en 1524, Pigafetta solicitó autorización para publicarlo en forma de libro, lo que le fue concedido, pero no llegó a concretarlo. La referida versión apareció publicada en su idioma natal y anotada por Carlos Amoretti, el director de la Biblioteca de Milán.

Bibliografía

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Zweig, Stefan. Magallanes: el hombre y su gesta. Ma

 

[1] Archipiélago de Indonesia compuesto por 632 islas donde se cultivaban las especias. Estaban alejadas del mapa y eran muy pobres, salvo por las ansiadas especias que crecían en su microclima.

[2] Fue un navegante portugués, amigo personal de Magallanes, de quien posiblemente fuera primo. En su viaje de 1521 fue el primer europeo del que se tiene noticias de navegar hacia el este, más allá de Malaca, alcanzando las luego buscadísimas islas Molucas. Se alió con el sultán Bayan Sirrullah, que gobernaba Ternate, donde se estableció y se convirtió en su asesor personal. Murió en la vecina isla de Tidore en 1521 en circunstancias poco conocidas.

Pigafetta apunta que Magallanes habría realizado el viaje de circunnavegación basándose en la información de Serrano y que estaría al corriente de las vicisitudes de su amigo en la península.

[3] Nació el 6 de octubre de 1459 en Núremberg, Alemania y falleció el 29 de julio de 1507 en Lisboa. Fue un comerciante, astrónomo, navegante y geógrafo. Prestó servicios a Portugal, donde vivió prácticamente la mitad de su vida. Participó entre 1484 y 1485 en la Junta dos Mathematicos, con la tarea de analizar varios métodos para medir la latitud a partir de la altitud de los meridianos del Sol, debido a que la Estrella Polar que servía de referencia en el pasado no resultaba útil para los navegantes que cruzaban el ecuador, ya que no era visible en el hemisferio sur, lo que terminaba por causar graves problemas de desorientación.

Es el autor del globo terráqueo más antiguo que se conserva, el cual realizó por encargo de su ciudad natal, Nuremberg, en cuyo museo se conserva. Figuran en él el ecuador, un meridiano, los trópicos y las doce constelaciones del zodiaco. Según Antonio Pigafetta, Behaim realizó un mapa con posterioridad al globo terráqueo, donde figura la existencia de un canal interoceánico entre el Atlántico y el Mar del Sur. Este mapa habría sido tomado por Fernando de Magallanes, quien durante su estancia en Lisboa, seguramente haya trabado contacto con él.

[4] Nacido en  Covilhã a finales del siglo xv, fue un cosmógrafo y el principal organizador científico del viaje de Magallanes. El conocimiento de la longitud en el mar era fundamental, pues completaba los métodos ya conocidos para determinar la latitud y permitir la localización de los barcos en el mar. Rui Faleiro fue el gran artífice de la averiguación de la longitud a partir del lugar de observador.

[5] Comellas, José Luis. La primera vuelta al mundo. Madrid: Ediciones Rialp, 2012.

[6] No formaban parte de la tripulación, se puede decir que eran invitados o acompañantes del capitán. Lo normal era que viajaran tres, pero el número podía variar.

[7] Martín T. Fernández de Navarrete y Ximénez (Ábalos, La Rioja, 8 de noviembre de 1765 Madrid, 8 de octubre de 1844) fue un marino, escritor e  historiador español.

Su obra cumbre es la Colección de los viages y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines del siglo XV: con varios documentos inéditos concernientes a la historia de la marina castellana y de los establecimientos españoles en Indias, obra desarrollada en cinco volúmenes e impresa en Madrid entre 1825 y 1837. El capítulo IV está dedicado a las expediciones al Maluco de Magallanes y Elcano. Lo seguimos porque su relato está basado en la consulta de documentos originales y de crónicas de Antonio de Herrera y Tordesillas y demás cronistas y escritores de Indias así como la cita y consulta de los diarios de viaje de Francisco Albo y Antonio Pigafetta entre otros.

[8] Francisco Albo fue uno de los integrantes de la expedición inicialmente en el cargo de contramaestre de la Trinidad. Regresó a Sevilla como piloto de la nao Victoria, siendo uno de los 18 que arribó al puerto de Sevilla luego de completar la vuelta al mundo. Su diario de navegación comienza el 29 de noviembre de 1519 hasta el 4 de setiembre de 1522, es decir cuatro días antes de haber completado el periplo.

[9] Reflotamos acá una de las dudas planteadas en el capítulo destinado a la expedición descubridora de Juan Díaz de Solís en que se plantea la presencia de Juan de Lisboa en dos oportunidades: una en la expedición portuguesa junto con Esteban Froes y otra integrando la expedición de Solís. ¿Vino en ambas? La referencia de Albo al piloto Juan Rodríguez Caravallo no lo aclara.

[10] Fernández de Navarrete, Martín. Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines del siglo XV, Tomo IV. Madrid: Imprenta Nacional, 1837.

[11] En caso de haber ascendido al cerro sería factible que hubieran encontrado alguna piedra grabada con la leyenda Monte Vidi, delatora de la anterior presencia de la expedición de Américo Vespucio en 1502.

[12] Albo, Francisco; Pigafetta, Antonio; Elcano, Juan Sebastián; et. al. La primera vuelta al mundo. Madrid: Miraguano – Polifemio, 2012.

[13] Algunos historiadores sostienen que pudo haber sido el descubridor de las islas Malvinas, a las que habría denominado de San Antón en homenaje al nombre de la nave, durante el recorrido de regreso.

 

  

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