Historia y Arqueología Marítima

HOME JUAN DÍAZ DE SOLÍS Y EL DESCUBRIMIENTO  Y EXPLORACIÓN DEL RIO DE LA PLATA Indice Academia ROU Hist Mar.y Fluvial

 

Publicado en Ciclo de Conferencias año 2014

Juan Antonio Varese jvarese@gmail.com

Con motivo de cumplirse el quinto centenario del descubrimiento del Río de la Plata hemos retomado el tema para mirarlo con lupa y analizarlo en profundidad. Muchos de los hechos y las fechas referentes al período del descubrimiento y la conquista de América suelen presentar incógnitas y versiones contrapuestas, al igual que sus protagonistas, cuyos datos biográficos resultan escasos o poco confiables.

Lo mismo puede decirse del descubrimiento y conquista del Río de la Plata, uno de los puntos en disputa entre los intereses de Castilla y Portugal, cuyas diferencias se manifestaron en los hechos tanto como en la diplomacia, lo que explica el secreto de algunas actuaciones, en especial por parte de la corona portuguesa, cuya sagacidad logró mantener en reserva o aún ocultar hechos que escaparon a la versión de los cronistas y que todavía hoy suelen dividir a los historiadores.A lo que colaboró la habilidad de sus embajadores que solìan abrir ojos, oídos y bolsillos para estar al tanto de los proyectos que se gestaban en los reinos vecinos. Como ejemplo el del embajador lusitano en Sevilla, que advirtió del proyecto de enviar a Juan Díaz de Solís en 1512 alas islas de la Especiería por la ruta del este. El espionaje volvió a plantearse durante los aprontes de la flota descubridora de Solís en 1515, que hubo de ser armada en Lepe para completar los preparativos. Como se puede apreciar, la observancia política o comercial en torno a las expediciones marítimas se daba tanto antes como ahora, porque la compra de datos y conciencias forma parte de la naturaleza humana de todos los tiempos.

El predescubrimiento

Debemos plantear, en primer término, el problema del descubrimiento del Río de la Plata. Para algunos historiadores fue visitado en secreto durante al menos dos expediciones enviadas por la corona de Portugal mientras que para otros el descubridor del rio que llevó su nombre fue el Piloto Mayor Juan Díaz de Solís, por cuenta de la Corona de Castilla.

No cabe duda que el descubridor oficial, a quien la historia debe reconocer el mérito y la gloria lo fue Díaz de Solís en hazaña culminada en febrero de 1516 yen la que perdió la vida. Quien fallece en medio de un hecho crucial tiene asegurado el pasaje a la inmortalidad.Pero, como quedan puntos no dilucidados y resabios de expediciones anteriores no denunciadas, es dable considerar la posibilidad de un «descubrimiento» previo mantenido de carácter secreto. Lo que habilita a suponer que la posición puede diferir según la perspectiva desde la que se lo mire. Queda claro el concepto de que descubrir requiere del hallazgo más la denuncia pública y la toma de posesión en nombre de la Corona que ha enviado al navegante. Es posible, por lo tanto, suponer que el Río de la Plata fue avistado en expediciones anteriores sin que se dieran los presupuestos básicos de su descubrimiento.

Para algunos, entre los que destaca el historiador Rolando Laguarda Trías,[1]la primera visita se verificó durante una expedición portuguesa de 1501-1502, bajo el mando temporal del florentino Américo Vespucio,[2] la cual habría alcanzado los 50º de latitud sur en su derrotero, navegado por el ancho río que bautizaron con el nombre de Jordán(Rio de la Plata) y alcanzado, de ser cierto, la altura de las islas Malvinas.

Para el mismo y otros autores también fue visitado y recorrido por otra expedición portuguesa al mando de Esteban Froes y Juan de Lisboa,[3]la que zarpó de Lisboa a principios de febrero de 1514 al frente de dos carabelas y 70 tripulantes, fletada por los armadores Nuño Manuel y Cristóbal de Haro, este último un rico comerciante belga residente en Lisboa. Si bien no existen referencias sobre su cometido es de suponer que fue enviada con miras a la exploración y búsqueda de un estrecho que permitiera alcanzar por el lado del poniente los dominios portugueses de Oriente. Pero como ingresó enlímites correspondientes a Castilla, según el Tratado de Tordesillas, la expedición fue mantenida en secreto. Lo mismo puede decirse de la expedición española de 1499 a cargo de Vicente Yáñez Pinzón, durante uno de los llamados “viajes menores”, que descubrió las costas de Brasil antes que lo hiciera la de Pedro Álvares Cabral el 22 de abril del año 1500, pero no tuvo efectos posesorios por estar ubicada dentro de los límites lusitanos según el tratado de referencia.

La flota de Froes-Lisboa tomó rumbo a la costa del Brasil a la altura del cabo San Agustín, desde donde enfiló hacia el sur. Luego de pasar la Cananea, el límite de los territorios portugueses hasta el momento, continuó frente a Sao Francisco do Sul y la isla de Santa Catalina para luego costear el litoral arenoso e interminable frente al actual estado de Río Grande del Sur, hasta que alcanzó lo que parecía ser la desembocadura de un ancho río que torcía hacia el oeste. Luego de bautizar una punta con el nombre de Santa María (actual Punta del Este), se adentraron en un mar que se amarronaba y angostaba al par que perdía su salinidad. Luego de unas cincuenta millas de cautelosa navegación y de haber trabado contacto con los nativos, a los que catalogaron de hombres altos con largos y negros cabellos, decidieron emprender el retorno. Finalmente, y antes de partir, bautizaron el río (de la Plata) con el nombre de Santa María.

En el viaje de retorno los navíos se separaron. El de Esteban Froes permaneció un tiempo en la región dedicado a cargar pieles de lobos marinos mientras que el de Juan de Lisboa hizo escala en la factoría existente por entonces en Río de Janeiro, para cargar troncos de pino brasil, madera tintórea muy apreciada en el momento para teñir las telas, y de donde tomó rumbo a la isla portuguesa de Madeira. Durante su estancia Juan de Lisboa trabó relación con un agente comercial de la familia Fugger a quien le hizo un pormenorizado relato de la expedición, el que fue publicado poco después en la Nova Gazeta da Terra do Brasil.[4]

La carabela de Froes, mientras tanto,aquejada de problemas, derivaba hacia las inmediaciones de la isla de Puerto Rico, en el Caribe, en jurisdicción de Castilla. Los tripulantes fueron tomados prisioneros y trasladados a la isla de Santo Domingo, donde permanecieron retenidos por más de dos años hasta que en septiembre de 1516 fueron conducidos a Sevilla para ser canjeados por nueve españoles naúfragos de la expedición de Solís que el portugués Cristóbal Jacques había recogido de la isla Santa Catalina.[5]Esta expedición no figura en las crónicas de la época ni tampoco es considerada porlos historiadores españoles contemporáneos. La fuente proviene de autores brasileños y portugueses durante investigaciones revisionistas. Entre nosotros fue estudiada por el historiador Rolando Laguarda Trías, que completó su investigación en archivos portugueses durante su larga estación en Lisboa, fruto de cuyo estudio resultó la consideración de la figura de Américo Vespucio en el predescubrimiento de 1502 y la puesta en valor de la expedición de Esteban Froes y Juan de Lisboa. Como vimos la fuente documental al respecto resulta de la Nova Gazeta da Terra do Brasil, publicada y difundida entre los socios de Fugger, y que probablemente se haya conocido en Sevilla con la consiguiente alarma de la Casa de Contratación y del propio Fernando el Católico, que temía la infiltración de la Corona portuguesa en sus dominios.

Era entonces menester apresurarse con un descubrimiento oficial del paso interoceánico y las tierras circundantes, las espaldas de la “Castilla del oro” para, de una vez por todas, asegurarsu dominio.

El personaje encargado de realizar esta expedición descubridora, no fue otro que Juan Díaz de Solís, que a la sazón ostentaba el cargo de Piloto Mayor.

Juan Díaz de Solís

Respecto de la biografía de este protagonista de la historia del Río de la Plata, el problema radica en los escasos y dispersos datos, cuando no contradictorios, que se tienen respecto de su persona, vida y obra. También está en duda el tema de su nacionalidad, fecha de nacimiento, datos deinfancia y primeros viajeshasta su radicación en la región de Andalucía en 1506.

Es de los pocos personajes de una época heroicaque no inspiró la pluma de ningún novelista, salvo la exhaustiva y rigurosa biografía del historiador chileno José Toribio Medina, por lo que se lo suele definir como un piloto «con mucha historia pero con poca biografía».

Para los cronistas de Indias y la mayoría de los autores españoles nació en Lebrija, localidad cercana a Sevilla, en el año 1470. Pedro Martir de Angleria, contemporáneo suyo, dijo haber escuchado de boca de marinos que lo trataron que se decía lebrijano, en lo que concuerdan Fernández de Oviedo, López de Gomara y Antonio de Herrera. Por su parte y en base al texto de las capitulaciones de 1508, también se lo decía vecino de Lepe, municipalidad de Huelva. Pero los historiadores portugueses, en base a documentos encontrados posteriormente (algunos citados en la recopilación de Martín Fernández de Navarrete), generalmente es considerado un compatriota, oriundo del Alentejo, consideración en la que está de acuerdo el chileno José Toribio Medina.

Se supone que de joven navegó por las aguas del Mediterráneo y el norte de África, participando en incursiones junto con corsarios franceses y que después de fundada navegó por cuenta de la Compañía de la India, empresa portuguesa,en viajes por la ruta del cabo de Buena Esperanza hasta el océano Indico.

Debido a su fama de marino, que tal vez ocultara condiciones negativas de su carácter, ante la negativa del rey de Portugal de pagarle una prestación convenida, optó por trasladarse a Sevilla. La verdadera causa, aunque el extremo no esté probado, era que dejaba atrás un juicio por haber dado muerte a sumujer en confusas circunstancias.

Lo cierto es que hacia 1506lo encontramos en las fondas y muelles de Sevilla en rondas de marinos, cartógrafos y buscadores de fortuna. Era un momento muy especial, en el que la ciudad sobre el Guadalquivir brillaba con el esplendor de la pujanza comercial, transformada en la capital administrativa de los descubrimientos geográficos y marítimos. Seguramente por recomendación de Vicente Yáñez Pinzón,[6]uno de los grandes marinos de su tiempo, haya sido convocado por el rey Fernando y entrado al servicio de la Casa de Contratación.

En 1508, deseoso de darle nueva vigencia a las exploraciones, el monarca hizo reunir una junta de navegantes en Burgos, para la que convocó a Américo Vespucio, Juan de la Cosa,[7] Vicente Yáñez Pinzón y el propio Juan Díaz de Solís, por considerarlos los pilotos más reputados del momento. La idea era adelantarse a los portugueses por la ruta del oeste para alcanzar el Maluco puesto que desde principios del siglo, con certeza total después de la aparición del plano de Martin Waldseemuller, se tenía claro que las tierras descubiertas por Cristóbal Colón representaban un Mundo nuevo y no una isla del sudeste de Asia como tozudamente siguió opinando el Almirante hasta su muerte, ocurrida en 1506. Por lo que era lógico suponer y menester encontrar un paso o estrecho que permitiera continuar la navegación hacia el oeste, lo que en el peor de los casos supondría explorar las costas del nuevo mundo hasta dar con un pasaje hacia la especiería.

La primera medida fue nombrar a Américo Vespucio como Piloto Mayor, con un sueldo importante y prerrogativas para examinar a los pilotos que navegaran por el reino. La siguiente fue enviar una expedición hacia la Castilla del Oro,[8] es decir la zona de tierra firme descubierta hasta el momento. La misma iría bajo un doble mando: Juan Díaz de Solís en la parte de mar y Vicente Yáñez Pinzón para cuando tocaran tierra. Dos las razones de tal división: Solís era reconocido como piloto pero no como hombre de experiencia en cuestiones administrativas y además, como toda expedición, tenía un transfondo de carácter comercial para el cual Pinzón tendría más experiencia.

Firmadas las capitulaciones el 23 de marzo, las naves se hicieron a la vela el 29 de junio de dicho año. Recorrieron las actuales costas de Nicaragua, Guatemala y se sostiene que alcanzaron las de Yucatán, con lo que también habrían sido los descubridores de la costa de México.[9]

Durante el viaje de regreso se plantearon diferencias entre los dos capitanes, seguramente con motivo de los resultados económicos, a consecuencia de lo cual Solís fue acusado de mala actuación y dispuesta su prisión por los oficiales dela Casa de Contratación. Pasó un año y medio en la cárcel pero el juicio terminó con su reivindicación, libertad y resarcimiento con 34.000 maravedíes. Incluso se le reinegraron los gastos que había tenido que emplear en su defensa.

Desde entonces las circunstancias le fueron favorables: fallecidos Américo Vespucio en 1512 y Juan de la Cosa en 1510 y retirado Yánez Pinzón, quedó expedito el camino para su nombramiento como Piloto Mayor, lo que fue confirmado el 23 de marzo del mismo año 1512.

Tras cartón Fernando el Católico le encomendó el mando de una expedición para fijar “in situ” la línea demarcatoria, lo que conllevaba corroborar el trazado de límites con Portugal. Pero, esto es lo original y lo importante, a diferencia de las anteriores la ruta sería la misma de las naves portuguesas,recorrer la costa de Áfricahasta pasar el cabo de Buena Esperanza y continuar más allá de los dominios portuguesesde la Indiahasta llegar a las mismas islas de la Especiería. La expedición le fue encomendada al flamante Piloto Mayor, quien seguramente contaría con experiencia en esa rutas.

Si bien los preparativos se llevaron a cabo con sigilo, al punto de que las naves se mandaron construir en Vizcaya, la discreción no fue suficiente para evitar que las noticias llegaran hasta losoídos de Don Manuel de Portugalquien exigió la inmediata suspensión del mismo porque entrañaba una intromisión en sus rutas y un pasaje por sus dominios. Mal que le pesase a Don Fernando, para evitar problemas políticos y complicaciones familiares –para colmo se trataba de su yerno- no tuvo más remedio que ordenar la suspensión del viaje, en espera de mejor oportunidad.

Con todo, y esta es otra de las dudas que se plantean los historiadores,el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo en su obra Natural é General Historia de las Indias, de 1541,asegura que el viaje se llevó a cabo pero tomando la ruta del poniente hacia la costa americana hasta alcanzar los 40 grados de latitud sur. Con lo que llegaron hasta la desembocadura del río de la Plata,

“que llamóse primero de Solís, el cual fue descubierto por Johan Diaz de Solis siendo piloto mayor […] en el año de mil é quinientos é doce años».

Esta breve referencia de Fernández de Oviedo, que deja planteada la posibilidad de un descubrimiento en 1512 por cuenta del propio Solís, fue recogido en la Historia General de las Indias (1552) de López de Gomara, con el agregado de que la expedición alcanzó los 40° de latitud sur, referencia que también repiten Ruy Díaz de Guzmán y Félix de Azara.

Pero pocos meses después un nuevo descubrimiento volvió a poner sobre el tapete la necesidad y la urgencia de descubrir un pasajeentre el Atlántico y el Mar del Sur: el 1.ode septiembre de 1513 el explorador español Vasco Núñez de Balboa[10] descubrió la existencia de la Mar del Sur, el futuro océano Pacífico.Fernando el Católico volvió a capitular con Díaz de Solís para emprender de inmediato una expedición descubridora, utilizando parte de los preparativos de la abortada el año anterior.

 La expedición de 1515 

Las capitulaciones e instrucciones fueron firmadas en Mansilla el 14 de noviembre de 1514 y menos de un año después, el 8 de octubre de 1515, zarpaban las tres carabelas del puerto de El Terrón, cercano a la localidad de Lepe.

El diario de bitácora que debió haber llevado Solís y completado Francisco de Torres al regreso, pese a ser afanosamente buscado por investigadores de la talla del brasileño Francisco de Varnahagen, del chileno José Toribio Medina, delos argentinosRoberto Levellier y Eduardo Madero y del uruguayo Francisco Bauzá, entre otros que renovaron la esperanza de encontrarlo traspapelado, no se encuentra en el Archivo de Indias. El historiador español Julián María Rubio[11], especializado en la historia de América, sostiene que el acta de declaración e interrogatorio a que fue sometido Francisco de Torres al regreso del viaje, como era norma en todos los regresos, debió haberlo tenido a la vista el cronista Antonio de Herrera y Tordesillas porque es el único que traza una descripción detallada de la travesía.

Pasemos a los preparativos de la expedición. Los mismos se llevaron a cabo cerca de la desembocadura del río Piedra que por entonces abría su barra hacia al Atlántico entre marismas y bancos de arena. El lugar quedaba muy cerca de Lepe, de donde eran oriundos su segunda mujer, Ana y su cuñado, Francisco de Torres, el segundo de a bordo. Los preparativos en Lepe se debieron a que había que armar las tres naves en secreto para evitar nuevas suspicacias de la Corona portuguesa, aunque claro está que el sagaz embajador lusitano terminó por enterarse, lo que no de extrañar puesto que planificar una expedición marítima suponía una serie de preparativos tan complejos como costosos; no solo había que pensar en las naves e implementos necesarios para una larga travesía sino en las provisiones para varios meses, agua dulce, armas y municiones. Y lo más difícil, reclutar la tripulación por cuanto había que tomar en cuenta la experiencia tanto como la salud, la buena disposición tanto como el comportamiento en un total aproximado de sesenta hombres.

La flota se componía de tres carabelas de pequeño tamaño, una de ellas de 70 toneles, la Santa María de la Merced preparada anteriormente para la expedición de 1512 y otras dos de 30 toneles cada una. Es de hacer notar que la capitana se abrió durante el traslado a Lepe por cuanto hubo de ser cambiada por otra carabela, tema sobre el que volveremos en un trabajo posterior.

Miembros de la expedición

Con buen criterio debemos suponer que Juan Díaz de Solís iba al mando de la capitana y su cuñado Francisco de Torres de otra carabela. En cambio Francisco de Coto, su otro cuñado(o su hermano según la opinión de otros autores), solicitó a último momento no ser de la partida a efectos de quedarse en Sevilla y detentar el cargo de piloto Mayor en sustitución de Díaz de Solís, probablemente para cuidarle el cargo.

Hay autores que incluyen el nombre del piloto Juan de Lisboa en la expedición. Se trata de un tema de gran interés en aclarar porque se trata de uno de los titulares del pre descubrimiento de 1513, ya citado, nada menos que el informante de la nota publicada en la Gazeta da Lisboa. Su presencia, dado que se trataba de uno de los mejores pilotos portugeses del momento, parece poco probable salvo que éste hubieracaído en desgracia ante la Corona portuguesa por su falta de discreción y optado, como tantos otros, por pasarse al servicio de Castilla. En caso de corroborarse el dato deberá ser estudiado en profundidad porque de seguro le quitaría méritos al descubrimiento de Díaz de Solís.

Pocos son los restantes nombres de los tripulantes que han llegado hasta nosotros. Don Fernando, como era de esperar, se reservó el nombramiento del contador y escribano, que recayó en Pedro de Alarcón y del factor, que recayó en Francisco de Marquina, hombres de confianza de la casa de Contratación y cuya misión era la de controlar las operaciones comerciales que se pudieran realizar.También se anotó la presencia del piloto Rodrigo Álvarez y el concurso del maestre Diego García de Moguer, personaje de posterior destaque en la historia del Río de la Plata puesto que volverá en 1527 al mando de su propia expedición.

Debemos, también, considerar a personajes que tomarán relevancia más adelante, como el marinero portugués Aleixo o Alejo García y los alfereces Melchor Ramírez y Enrique Montes, quienes cobrarán protagonismo al convertirse en sobrevivientes del naufragio de una de las naves ocurrido durante el tornaviaje.

Hubo otros tripulantes, cuyos nombres salen a luz gracias a episodios de los que nos enteramos posteriormente como fueron el despensero Martín García (enterrado en la isla que lleva su nombre) y el grumete Francisco del Puerto, de tan solo 14 años, único sobreviviente de la matanza, que quedó viviendo con los indios hasta su reaparición para la historia con motivo de la expedición de Sebastián Caboto, que llegó casi diez años después.

La partida

Pese a la falta del libro de bitácora el derrotero de la expedición se conoce merced de los datos ofrecidos por el cronista mayor de Indias, Don Antonio de Herrera en su Historia general de los hechos de los castellanos en las islas y tierra firme del mar océano.

La nao capitanacontaba con 60 toneles y las otras dos con 30. El rey contribuyó con 4000 ducados de oro como aporte a la expedición, tema sobre el que ordenó estricto silencio para evitar que fuera conocida su intervención directa e interés personal. Ordenó también facilitar, en concepto de préstamo, 4 lombardasy 60 coseletes o armaduras.

Díaz de Solís, Rodrigo de Torres, Marquina y Alarcón recibieron un adelanto de año y medio de salario y un adelanto en el convenio de reparto de futuras utilidades. De estas un tercio para los nombrados, un tercio para la corona y el tercio restante para la tripulación.

Descubierta la proximidad de la partida, el embajador portugués intentó sabotear la expedición. Pese a algunos contratiempos de última hora la partida tuvo lugar el 8 de octubre de 1514.

La costa del Brasil

La pequeña flota hizo una breve escala de reaprovisionamiento en las islas Canarias para luego enfilar hacia el oeste, dejándose llevar por los vientos rumbo a la costa del Brasil, a la altura del cabo San Agustín. De allí enfiló al sur hasta Cabo Frío y en dirección a la bahía de Guanabara, donde hicieron escala para obtener provisiones de los indígenas. Continuó el rumbo pasando por el cabo de Navidad, llegando el 28 de diciembre al río llamado de los Santos Inocentes, actual Santos. La navegación continúo a la vista de tierra, pasando el cabo Cananea (isla de Cananeia), bordeando una isla a la que Solís denominó de la Plata, posiblemente la de San Francisco o de Santa Catalina. El recorrido prosiguió por la costa brasileña pasando por el cabode las Corrientes y el 20 de enero de 1516 lo hizo frente a la isla de San Sebastián de Cádiz, las hoy islas de Torres (llamadas así en homenaje a Francisco de Torres, el cuñado de Solís y capitán durante el tornaviaje), frente al Cabo Polonio.

Puerto de la Candelaria

El 2 de febrero de 1516, luego de los 117 días de viaje, las carabelas anclaron en el puerto de la Candelaria, que suponemos la bahía de Maldonado. Como era de rigor una comitiva descendió a la playa para tomar posesión solemne de la misma en nombre de la Corona de Castilla, conforme al procedimiento habitual de alzar un puñado de tierra y clavar una cruz, bautizandola con el nombre de Puerto de Nuestra Señora de la Candelaria.[12]

El derrotero prosiguió hacia el oeste penetrando en una extensión de agua dulce que Solís denominó Mar Dulce y que gradualmente fue cambiando de color hacia el amarronado, seguro producto del arrastre de las tierras interiores.[13]

La expedición continuó viaje hasta la bahía de Montevideo, desde donde continuaron Díaz de Solís y algunos de sus hombres a bordo de la nave de menor calado.

Muerte de Solís

Poco después, con la intención de trabar relación con los indígenas y obtener los víveres frescos que les exhibían desde la orilla, desembarcaron Solís, Marquina, Alarcón, el joven grumete Francisco del Puerto y cuatro marineros más. Con esto demostró ser buen marino pero mal capitán e inexperto guerrero, porque cayeron en la trampa.

El capitán y sus hombres fueron emboscados y sorpresivamente atacados por los indígenas que los mataron y descuartizaron ante la impotencia del resto de los marinos, fondeados a tiro de piedra de la costa. El lugar señalado, en la Punta Gorda, límite entre el río Uruguay y el de la Plata, oficialmente donde nace éste último. Los cadáveres, según la crónica, fueron asados y comidos en medio de una trágica danza,[14]de la que el único que se salvó fue el joven Francisco del Puerto, que quedó conviviendo con los indios. Respecto de la etnia indígena se aseguró desde siempre que se trataba de charrúas, pero estos no eran caníbales, sí lo eran los guaraníes y los chandules, que vivían en las islas cercanas de la orilla opuesta.

El texto de Herrera habla de que los cadaveres fueron cortazos en trozos y devorados por los indios, circunstancia que plantea un problema de interpretación por cuanto los aborígenes de la región no practicaban la antropofagia. Siempre se dijo que se trataba de de indios charrúas, aunque hoy se los considera pertenecientes a la etnia guaraní.

El Piloto Mayor murió con pena y poca gloria a punto de cumplir los 46 años de edad.

El tornaviaje

La muerte del capitán confundió los ánimos y provocó una desazón general. El segundo de a bordo, su cuñado Francisco de Torres, tomó el mando de la expedición y ordenó el regreso, previa escala en la isla de Lobos para reaprovisionarse de carne de lobo marino, donde mataron más de 60 anfibios, en parte para salar y conservar como alimento y otra parte para vender los cueros en Sevilla.

Frente a la costa brasileña, en el llamado puerto de los Patos, entre la isla de Santa Catalina y tierra firme, naufragó una de las carabelas. Los sobrevivientes, entre los que se encontraban Alejo García, Melchor Ramírez y Enrique Montes, quedaron viviendo en la isla. Fueron luego, y esa es una importante consecuencia de la expedición de Solís, los difusores de la leyenda del rey Blanco y de la Sierra de la Plata. El nombrado Alejo García, efectuó la primera cala en profundidad por el interior del continente, ya que al escuchar de labios de los indios que existía una tierra rica en metales preciosos (reflejos diluídos por la distancia del imperio incaico) organizó una expedición junto con cuatro españoles y una comitiva de indios. La larga expedición al interior del continente fue precursora de la que habría de realizar Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Al regreso, sin haber alcanzado nada más que las primeras estribaciones de la Sierra de la Plata, aunque con suficientespiezas metálicas para justificar la empresa, García fue asesinado por los indígenas, tal vez por lo que lo acompañaron. Pero su aventura encendió los ánimos y fomentó la difusión de la leyenda de una montaña llena de oro y plata, la que terminó por trastornar los sueños de Caboto y llevarlo a cambiar el destino de su expedición hacia las islas Molucas, tan solo 10 años después.

El resto de la expedición de Solís arribó a Sevilla el 4 de septiembre de 1516, si no con el triunfo de la meta perseguida, al menos con el éxito geográfico de lo descubierto.

Fuentes para el estudio

Dadas las distintas versiones y planteos, es menester profundizar en las fuentes. Entre las directas, las de primera mano, deben figuran los derroteros o diarios de viaje llevados por el piloto o alguno de los tripulantes. No tuvo la expedición de Solís la misma suerte que la de Magallanes, tan solo cuatro años después, de contar con cronistas como Antonio Pigafetta[15] que se constituyó en un verdadero relator de la travesía que dio la primera vuelta al mundo, ni tampoco la certera descripción de Francisco de Albo, otro de los tripulantes.Como ya se dijo, la bitácora con anotaciones diarias y detalles de la ruta, que se supone consultada por Herrera, se ha perdido.

A falta de diarios o anotaciones personales debemos recurrir a elementos documentales como las capitulaciones firmadas entre la Corona y los exploradores, generalmente acompañadas de cláusulas reservadas o instrucciones secretas que debían abrirse recién después de la partida, forma de asegurarse el secreto del destino. Tampoco se encontraron, en este caso, las actas levantadas por los Oficiales de la Casa de la Contratación al regreso del viaje ni tampoco otra fuente documental que suele resultar valiosa, como ser los expedientes de los juicios por reclamaciones que solían ser tramitados al regreso.

Las fuentes indirectas son más numerosas. Entre ellas la referencia de los llamados cronistas de Indias, algunos contemporáneos de Díaz de Solís y otrosposteriores. Entre los primeros se ubicanPedro Martir de Anglería y Gonzalo Fernández de Oviedo y entre los segundos Francisco López de Gómara, Bartolomé de las Casas y Antonio de Herrera y Tordesillas.

También resulta interesante y valiosos los datos aportados por el gran recopilador e historiador Martín Fernández de Navarrete con su colección de viajes y descubrimientos, publicada en Madrid en el año 1829.

Lo mismo decimos del valor de los documentos y las cartas personales emergentes de los archivos y autores portugueses y luego de los historiadores brasileños.

Los historiadores latinoamericanos, por su parte, procedieron, en general, con una visión más amplia en la revisión de los textos antiguos y la retrospección de los acontecimientos históricos. Entre ellos, sobre fines del siglo XIX apareció el libro de José Toribio Medina, el gran historiador chileno. En las últimas décadas el tema ha pasado a estudio de historiadores rioplatenses, entre los que podemos citar a Eduardo Madero (argentino), Paul Groussac (francoargentino), Clemente Fregeiro, Horacio Arredondo (uruguayos) y fundamentalmente la investigación llevada a cabo por el historiador Cnel. Rolando Laguarda Trías (uruguayo).

El profesor Walter Rela, también uruguayo y autor de cronologías y aportes documentales, ha profundizado en las distintas expediciones dentro del contexto general del descubrimiento del Río de la Plata.

(Adjuntamos texto parcial de las Capitulaciones entre el rey y Juan Díaz De Solís[1], tomadas de la recopilación del Dr. Walter Rela, por considerarlas un documentos fundamenal para el análisis de la expedición).

Asiento que hizo el rey con su piloto mayor, Juan Díaz de Solís, en fecha 24 de noviembre de 1513, para ir con tres navíos a descubrir por la otra parte de Castilla de Oro.

El Rey- Lo que es asentado é concertado con vos Juan Diaz de Solis mi piloto mayor en el viage que por mi mando habeis de hacer en ir á descubrir por las espaldas de Castilla de Oro, é de alli adelante es lo siguiente:

Primeramente. Que yo mande dar por dicho viage 4000 ducados de oro, los 1000 para en primer dia de Enero del año venidero de quinientos quince é los otros 1000 para en fin de Marzo siguiente é otros 2000 a mediados del mes de Abril de dicho año, los cuales se pongan en poder de Juan Lopez de Recalde, mi contador de la casa de la Contratación de Sevilla, para que él vos los dé y entregue á los tiempos susodichos.

Item. Que vos seais obligado a llevar en dicho viage tres navios que sean suficientes para ello, el uno de sesenta toneles é los otros dos de cada treinta toneles, y en ellos habeis de llevar sesenta personas é mantenimientos para dos años é medio á vista é contentamiento del dicho contador Juan Lopez.

Item. Que yo sea obligado á pagar de entrada y de salida sueldo de gente ni otra cos alguna, salvo los 4000 ducados.

Item. Que vos el dicho Juan de Solisseais obligado de ir á las espaldas de la tierra, donde agora está Pedro Arias mi capitan general á gobernados de Castilla de oro, y de alli adelante ir descubriendo por las dichas espaldas de Castilla de oro mil é setecientas leguas é mas si pudieres, contando desde la raya é demarcacíon que va por la punta de dicha Castilla de oro adelante, de los que no se ha descubierto hasta agora, con tanto que no toqueis en costa alguna de las tierras que pertenecen á la corona Real de Portugal se guarde y cumpla muy enteramente.

Item. Que todo lo que nuestro Señor vos diere é hobieredes en el dicho viage, Yo haya de llevar é lleve la tercia parte, é la otra tercia parte sea para vos é las personas que contribuyederes en la costa alguna de el, é la otra tercia parte sea para la gente que con vos fuere, repartiendolo como vos os pareciere, é segun con ellos lo hobieredes concretado; e que yo no haya de llevar ni lleve quinto, ni otro derecho alguno demás de dicha parte.

Item. Que Yo haya de nombrar é nombre dos personas de confianza, servidores mios, para que vayan con vos al dicho viage, el uno para que sea nuestro fator é reciba la dicha tercia parte que yo he de haber de todas las cosas que en él se hobieren, y el otro nuestro contador y escribano, ante quien pase todo é tenga la cuenta e razon de ello, e que vos no podais hacer rescate ni negociacion alguna sinó en su presencia, e que al tiempo que hobieredes cada cosa hagais juntamente con el dicho fator y escribano particion y le entregueis al dicho fator la tercia parte que yo he de haber e las otras dos queden para que dispongaisdellas conforme á la susodicho.

Item. Que Yo vos mande dar prestadas cuatro lombardas de unas grandes que estan en la dicha casa de Contratación de Sevilla, e sesenta coseletes con sus armaduras de cabeza de los que estan en la dicha casa, con tanto que seais obligado á lo tornar todo cuando volvieredes del dicho viage de la manera que trajeredes.

Item. Que seais obligado á partir e hacer vela con dichas carabelas por todo el mes de Setiembre del dicho años de quinientos quince años.

Otro si. Por que vos el dicho Juan de Solis no quereis al presente suplicarme que vos haga ninguna merced, ni asentar ni capitular sobre ella cosa alguna, sinódejaislo para que visto los servicios que nos hicieredes que asiseais remunerado. Yo digo que lo miraré e haré con vos de manera que seais satisfecho e recibais mercedes por vuestros servicios.

Item. Que por vos hacer merced para ayuda de vuestra casa os mandaré dar vuestra quitacion e ayuda de costa al tiempo de vuestra partida, año y medio adelantado para dejar provenida vuestra casa como hombre de ha de ir tan largo viage.

Item. Que mandaré ir con vos á vuestro hermano y en lugar de otro que es fallecido recibiré por mi piloto a Francisco de Torres, vuestro amado hermano de vuestra mujer, pues decis que es persona suficiente para servir e ir también con vos, e para que dejen proveidas sus casas les mandaré dar un año adelantado sus salarios.

Por ende guardando e cumpliendo vos el dicho Juan de Solis todo lo que aqui contenido que a vos pertenece hacer, Yo por la presente vos seguro y prometo que mandaré cumplir con vos la dicha capitulación sin ninguna falta, Fecha a la villa de Mansilla á veinte e cuatro dias de Noviembre de quinientos e catorce años. -Yo el Rey.- Por mandato de S.A., Lope Conchillos.

Instrucción que dió el rey a Juan Díaz de Solís para el viaje expresado

(Archivo General de Indias en Sevilla ― Estante 1, cajón 1, legajo 9 de relaciones y descripciones.)

El Rey― Lo que vos Juan Diaz de Solis mi piloto mayor habeis de hacer para lo del viege que en hora buena habeis de llevar á descubrir en las espaldas de Castilla de Oro, es lo siguiente.

Habeis de ir a Sevilla e dar mi carta que llevais al contador Juan Lopez e mostrarle todo el despacho e concretar con el la paga que os ha de hacer de los 1000 ducados para el principio del mes de Enero del año venidero de quinientos e quince años, e lo que tanto pudieres proveer, hacerlo eis con toda diligencia.

Platicareis con el dicho contador todo lo que se ha de hacer e proveer para vuestro viage e tomareis su parecer e así le poned en obra con toda la diligencia e cuidado, conforme al asiento que con vos mandé tomar.

Hacermeeis saber lo que hicieredes hasta que placiendo a Dios os embarqueis, porque yo sepa en el estado en que tuvieredes el negocio o se provea lo que convenga.

Habeis de mirar que en esto ha de haber secreto e que ninguno sepa que yo mando dar dinero para ello ni tengo parte en el viage hasta la tornada, porque la gente que con vos fuere no se altere en decir que quieren sueldo ni parte, antes habeis de decir e publicar que vos e vuestros hermanos e gente a vuestra costa is aquellas partes bajo de donde está Pedrarias, e que yo vos hago merced de la licencia para ello e de las dichas lombardas e armas para el dicho viage.

Habeis de tener mucho cuidado en mirar que n toqueis en manera alguna en ninguna de las tierras que perteneces a la Corona Real de Portugal, porque nuestra voluntad es que lo acentado e capitulado entres estos reinos e los de Portugal se guarde e cumpla muy enteramente.

Luego como llegades á las espaladas de donde estuviere Pedrarias, enviarleeis un mensagero con cartas vuestras para mi haciendome saber todo lo que hubiéredes visto alli y enviadme la figura de aquella costa e lo mismo que me escribieredes escribid también Pedrarias y enviadle también otra figura de la dicha costa como la que á mi enviaredes e continuareis vuestro camino, e si la dicha Castilla de oro quedare isla e hobiere abertura por donde podais enviar otras cartas vuestras a la isla de Cuba, enviadme otro hombre por allihaciendome como bien saber lo que hubieredes hallado despues que me hobieredes escrito por via de Pedrarias, e la figura de lo que hobieredes descubierto escribidme largo e particularmente lo que pasardes vos de allí adelante.

La manera que habeis de tener en el tomar de la posesion de las tierras é partes que descubrieredes a de ser que estando vos en la tierra o parte que descubrieredes hagais ante escribano público y el mas numero de testigo que pudierdes e los mas conoscidos que hobiere un abto de posesion en nuestro nombre cortando árboles e ramas e cabando o haciendo si hobiere disposcion algun pequeño edificio e que sea en parte donde haya algun cerro señalado ó arbol grande, e decir cuantas lenguas está de la mar mas o menos e a que parte e que señas tiene, e hacer asi una horca e que algunos pongan demanda ante vos e como nuestro capitan e juez lo sentencies y determineis, de manera que en todo tomeis la dicha posesion, la cual ha de ser por aquella parte donde la tomaredes e por todo su partido e provincia o isla, e dello sacareis testimonio sinado del dicho escribano en manera que fagafé. Fecha en Mansilla á veinte e cuatro diaz del mes de Noviembre de mil quinientos e catorce añon. ―Yo el Rey, etc.

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[1]Rolando A. Laguarda Trías (1902-1998), historiador uruguayo reconocido a nivel nacional e internacional por sus trabajos en el ámbito de la geografía, la cartografía, la historia, la lexicografía y la etimología.

[2]Américo Vespucio, originalmente AmerigoVespucci, fue un destacado cartógrafo italiano que trabajó al servicio de España y Portugal. Nació en Florencia el 9 de marzo en 1451 y estudió en la escuela de aristócratas del convento de San Marcos.

Amigo de Cristóbal Colón, fue uno de los primeros en dudar de que su expedición haya llegado al continente asiático. Sus propias expediciones lo convencieron de que las tierras descubiertas por Colón no eran de ese continente, sino de un «mundo nuevo». Hacia 1504 elaboró el mapamundi donde aparece por primera vez el continente americano, incluido en 1507 en el libro Introducción a la Cosmografía donde bautizaron al continente descubierto como «América» en homenaje a Vespucio por ser el «descubridor intelectual» de este continente. Falleció en Sevilla el 22 de febrero de 1512.

[3]Juan de Lisboa fue uno de los pilotos portugueses más destacados de su tiempo. Seguramente participó de la armada de Vasco da Gama a la India en 1497 y fue piloto de la expedición al Brasil de Gonzalo Coelho y Américo Vespucio en 1503. Falleció en el año 1535.

[4] La Gaceta de la Nueva Tierra Brasil o Newen Zeytung auss Presillg Landt es un panfleto raro, tal vez escrito en 1514 por un alemán, no identificado, al servicio de los banqueros Fugger, que financiaron muchas expediciones y empresas de las cortes de Lisboa y Castilla y luego a Carlos V, emperador del Sacro Imperio Romano-Imperio Germánico. Es un trabajo curioso acerca de la vida de los aborígenes y el trueque practicado entre los navegantes y los indios escrito hacia el año 1514. La Biblioteca Nacional de Río de Janeiro tiene una muestra valiosa. Se trata de un documento fundamental para el estudio de la expedición de Froes y Lisboa y el predescubrimiento del Río de la Plata. Fue descubierta por el investigador brasileño Vernhagen.

[5] Ver Laguarda Trías,Rolando, La expedición de Cristovao Jaques al Río de la Plata en Revista Nacional número 219, Montevideo, 1964.

[6] Vicente Yáñez Pinzón, nacido en Palos de la Frontera (Huelva) alrededor del año 1461, fue un fue un navegante y explorador español. Navegó junto con Cristóbal Colón en su primer viaje al Nuevo Mundo en 1492 como capitán de la carabela La Niña. Descubrió las costas del extremo norte de Brasil en enero de 1500. Se cree que murió a finales de setiembre de 1514 en Triana aquejado por alguna desconocida enfermedad.

[7] Juan de la Cosa fue un navegante y cartógrafo español nacido en 1460 en Santoña. Conocido como el primer cartógrafo del Nuevo Mundo, participó en los primeros siete viajes a América. Murió en un enfrentamiento armado con indígenas en 1510 en Turbaco, Colombia.

[8] Castilla de Oro (o del Oro) fue una antigua gobernación que abarcaba el sureste de Centroamérica y el norte de Sudamérica, se extendía desde el golfo de Urabá ―al oeste de la actual Colombia― hasta las vecindades del río Belén, donde se iniciaba la región conocida como Veragua, que comprendía la costa caribeña de las actuales Nicaragua y Costa Rica y parte de la de Panamá, que estaba en litigio entre la Corona y la familia Colón. Desde 1510 la capital fue Santa María la Antigua del Darién, hasta que fue totalmente trasladada a la Ciudad de Panamá en 1520.

[9] Martín Fernández de Navarrete, en la Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron los españoles desde fines del siglo XV con varios documentos inéditos, cuenta que «la expedición reconoció las islas de Cabo Verde, después el cabo San Agustín y siguiendo hacia el sur la costa del continente llegaron casi a los 40º de aquel hemisferio tomando posesión por los reyes y por la Corona de Castilla de las tierras que iban descubriendo»(pág. 47 y 48).

[10] Vasco Núñez de Balboa (1475-1517), natural de Jerez de los Caballeros (Badajoz), había partido de Santa María de la Antigua del Darién, a orillas del mar Caribe (en la actual Colombia), la primera ciudad de la América continental, que había fundado dos años antes. La expedición, formada por 190 españoles y un millar de indios, arribó al puerto situado en tierras del cacique Careta y cruzó con gran dificultad el istmo panameño en busca de un nuevo mar, del que le habían hablado los indígenas. El 25 de septiembre de 1513, siguiendo las instrucciones de los guías indígenas, Núñez de Balboa se encaramó a una cima y contempló por primera vez el océano Pacífico, el más extenso del planeta, quedando demostrada la existencia de una masa de agua más allá del suelo americano.

[11] Julián María Rubio: Exploración y conquista del Rio de la Plata”, Editorial Espasa Calpe, colección América, Madrid, 1942.

[12] Antonio de Herrera lo narra de la siguiente manera: «Pasaron el Cabo de las Corrientes y fueron a surgir en una tierra en 29° y corrieron dando vista a la isla de San Sebastián de Cádiz, a donde están otras tres islas que dijeron de los Lobos, y dentro el Puerto de Nuestra Señora de la Candelaria que hallaron en 35°, y aquí tomaron posesión por la Corona de Castilla».

[13] Continúa Herrera describiendo los hechos:

Fueron a surgir al Río de los Patos en 34 grados y un tercio, entraron luego en un agua que por ser tan espaciosa, y no salada, llamaron Mar Dulce, que pareció después ser el río que hoy llaman de la Plata y entonces dijeron de Solís. De aquí fue el Capitán con él un navío que era una carabela latina reconociendo la entrada por la una costa de el río, surgió en la fuerza de él cabe una isla mediana en treinta y cuatro grados y dos tercios.

[14] El episodio, tan comentado como discutido, aparece descrito por Antonio de Herrera en los siguientes términos:

Siempre que fueron costeando la Tierra, hasta ponerse en el altura sobredicha, descubrían algunas veces Montañas, i otros grandes Riscos, viendo Gente en las Riberas: i en esta del Río de la Plata descubrían muchas Casas de Indios, i Gente, que con mucha atención estaba mirando pasar el Navío, i con señas ofrecían lo que tenían, poniéndolo en el suelo. Juan Díaz de Solís, quiso en todo caso ver, qué Gente era esta, i tomar algun Hombre para traer à Castilla. Saliò à Tierra con los que podian caber en la Barca: los Indios, que tenian emboscados muchos Flecheros, quando vieron à los Castellanos algo desviados de la Mar, dieron en ellos, i rodeando, los mataron, fin que aprovechase el socorro de la Artillaría de la Caravela: i tomando acuestas los muertos, i apartándolos de la Ribera, hasta donde los del Navío los podían vèr, cortando las cabeças, braços, i pies, asaban los cuerpos enteros, y se los comían. Con esta espantosa vista, la Caravela fue à buscar el otro Navio, i ambos se volvieron al Cabo de S. Agustin, adonde cargaron de Brasil, i se tornaron à Castilla. Este fin tuvo Juan Díaz de Solís, mas famoso Piloto, que Capitán.

[15] Antonio Pigafetta o de Pigafetta (1840-1534), fue un noble italiano que trabajó como explorador, geógrafo y cronista de la República de Venezia. En 1519 se dirigió a Sevilla y alcanzó a tomar parte en la expedición de Fernando de Magallanes, empresa que culminaría con la primera vuelta al mundo. La nao Victoria fue la única que regresó, con Pigafetta como uno de los 18 sobrevivientes de los 265 de la tripulación inicial. Convertido en cronista de los hechos, su relato fue publicado en 1524 con el título de Relazione del primo viaggiointorno al mondo, fuente principal y directa de información sobre la hazaña realizada.

 

  

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